Capítulo 33: Llamas e Ira.
Una noche, le pedí a Sarafina que saliéramos a caminar. Para evitar incomodidades a causa de los desplantes de Zira, nos fuimos una vez que esta se durmió.
La conduje a un claro estanque. Nos paramos justo en frente, sin hablar ninguno de los dos, bebiendo sorbos de agua.
La luna llena se reflejaba en el agua esa noche, los grillos creaban la melodía, el viento soplaba pequeñas y suaves brisas.
Después nos sentamos, uno enfrente del otro. Pude notar en sus ojos, un dejo de sensualidad. Se acercó a mí y comenzó a besarme, ese beso cálido y necesario para liberar mis más impíos deseos y lograr así mi negro propósito: Herir sus sentimientos.
Fue en ese momento cuando ella me entregó algo más que su corazón. La tenía atrapada en medio de una ola de pasión. Inocente su alma, negro mi plan.
La luna como única testigo de mis intenciones sombrías. La oscuridad de la noche escondería mi secreto, mi deseo de venganza. Se sacrificaría un alma pura como la de Sarafina, en nombre de mi dolor
La culpa llegaba a mí y se iba de nuevo.
Pero como Sarafina había dicho:
"El daño estaba hecho".
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