Último capítulo... Creo que hasta ahora no había sentido tanta tristeza con respecto a este fic. No me ha quedado tan bien como quería, pero estoy bastante satisfecha con el resultado final de todo el fanfic.

Con respecto a una pregunta que me hizo AsukaHyuga, el brazo de Sara es tipo a... Edward de Fullmetal, de hecho, cogí de ahí la idea, así que... bueno, a mi me molaba bastante la idea y me la imaginé así jajaja.

Vamos a dejarnos de tontunas, y a leer, os espero al final del capítulo :)

Zoro se incorporó sentándose en la cama con los brazos cruzados y observando a Sara desde arriba, ella seguía tumbada.

- ¿Por qué no respondes?

- Tengo que pensarlo Zoro – contestó levantándose ella también.

- ¿Qué diablos tienes que pensar? Antes me has dicho que querías venirte.

- Ya, claro que quiero irme con vosotros, me muero de ganas, pero tengo mi vida aquí – le explicó lo más calmada que pudo – Tengo mi vida aquí – volvió a repetir.

El espadachín terminó por levantarse de la cama. Se puso los pantalones y comenzó a dar vueltas por la habitación, pensando.

- ¿Y Franky y Usopp? – Preguntó en un intento de convencerla – ¿A caso has pensado en Chopper?

- Claro que sí…

- Luffy te admira, se quedó destrozado cuando pensó que te había perdido.

- ¿Y mi padre? No puedo dejar todo así como así – le dijo intentado hacerle entrar en razón – Es más complicado de lo que crees.

- ¡¿Y yo qué?! – Ambos se quedaron mirando ante aquella pregunta del espadachín – ¡¿Qué pasa conmigo?! ¡Dime! – El espadachín había llegado a su límite.

- Para.

- ¿Y qué piensas hacer? – Le preguntó ya medio desesperado – ¿Quedarte toda tu vida sirviendo a borrachos? ¿Limpiando cristales del suelo?

- ¿Tienes algún problema con mi trabajo? Por primera vez en mucho tiempo soy feliz. Este es mi sueño. Mi vida ya ha tenido suficientes altibajos.

- ¡Eres una camarera!

- ¡¿Y qué más da?! – explotó a la vez que se levantaba de la cama sujetándose la sábana como podía.

- ¡NO! ¡No da igual!

- ¡He dicho que pares!

- ¿Por qué? ¿Qué pasará? Nos marcharemos y tú te quedarás aquí, ¿y qué?

- Oye…

- ¿Se supone que ya no te volveremos a ver? – le decía aún muy cabreado.

- ¡Yo no he dicho eso! – le gritó ya histérica.

- Tú te mereces algo más, vales para mucho más que para servir copas – le decía Zoro.

- ¿Qué narices te molesta? – Estaba fuera de sí, había logrado sacarla de sus casillas – ¡Aún no lo he decidido! Me muero de ganas por volver a estar con vosotros, pero hay otras cosas. Y si te vas y decido quedarme, ¡vuelve a por mí! ¡¿Qué más da que me quede?! ¡Por el amor de Dios, yo te quiero Zoro! Y te esperaré. Es lo único que importa.

Sara se sentó a modo de indio en la cama, con la sábana aún cubriéndole el cuerpo desnudo. El espadachín suspiró. La chica le acaba de hacer una declaración que le había dejado completamente mudo. Aquello sirvió para terminar la pelea. Pero después de haber escuchado como le pedía que volviese a por ella… ¿Estaba siendo egoísta?

- ¿Qué otras cosas?

- ¿Qué? – Le preguntó Sara. No salía de su asombro, la había ignorado.

- Habías dicho que había otras cosas y que era más complicado de que creía. Esta vez no quiero mentiras, quiero que me lo digas.

Tras una breve pausa, Sara al fin contestó:

- He… Bueno, he comenzado a estudiar de nuevo – confesó algo avergonzada – Me gustaría ampliar mis conocimientos científicos para algo más que para construir bombas – Se quedó callada durante unos segundos – Prometo pensarlo – Zoro la miró sabiendo que había perdido esa batalla – Ven, siéntate.

El espadachín le hizo caso y ella le abrazó y le dio un beso en la mejilla.

- De acuerdo. Piénsalo.

La besó, cogió sus cosas y se marchó.

No se vieron en toda la mañana. Cuando volvió a aparecer por la puerta del bar, Sara se relajó.

- ¿Puedes relevarme? – le pidió a Shakky.

- Claro.

Ambos salieron del bar.

- Ha llegado Franky. Está en el barco – Sara se le quedó mirando, aterrada "¿qué le iba a decir?" – Solo… ve y dile cuánto le has echado de menos – Sabía hasta lo que pensaba en ese instante. La chica se limitó a suspirar mientras miraba en dirección al Sunny – Lo entenderá.

- Vale. Voy para allá.

- ¿Quieres que te acompañe?

- No, tranquilo. Gracias.

Sara le dio un beso en la mejilla y comenzó a caminar dirección a Franky.

El espadachín vio a lo lejos aquel caluroso reencuentro. Cómo Sara se había lanzado a los brazos de Franky. El cyborg la había recibido con los brazos abiertos sin cuestionarle absolutamente nada. ¿Por qué él tuvo que enfadarse? Pero era normal, pensaba que estaba muerta y de repente… aparece ahí. Le tenía envidia, ella no había sido así con él.

- Tsk – chasqueó con la lengua. Se giró y se dirigió camino al bar.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- ¡NO PUEDO CREERLO! – Exclamaba Franky - ¡Todos pensábamos que habías muerto!

- Ya… No sabes cuánto lo siento. Os prometo que no tenía cómo contactar con vosotros – se justificó muy apenada Sara.

- Bueno, a decir verdad, Luffy nunca perdió la esperanza – la chica sonrió ampliamente y después de una pausa, Franky continuó – Volverás ¿verdad?

- Si, eso creo… Tengo que pensarlo.

- Te hemos echado mucho de menos.

- Y yo a vosotros.

Se quedaron muchísimo tiempo charlando en el Sunny, incluso a las pocas horas, llegó Nami, la cual enloqueció de felicidad al verla.

- ¡Luffy no paraba de decirlo! – Decía emocionada – ¡Siempre lo dijo y nadie le hacía caso! Oh… Lo siento Sara – se disculpó al decir aquello – No es que no creyésemos en ti, es que… ya sabes.

- No no, lo entiendo. No te preocupes.

- ¡Luffy se llevará una buena sorpresa!

Cuando comenzó a anochecer, la chica comenzó a mirar de reojo en dirección al bar, estaba algo ansiosa por Zoro, apenas había sabido algo de él en todo el día.

- Zoro no se ha tomado muy bien eso de que quizás no vuelvas, ¿no? – Sara solo asintió.

- Pasa del musculitos – la científica desvió la mirada, algo avergonzada - ¡Oh Dios mío! – Exclamó Nami llevándose las manos a la boca - ¡Estás enamorada de ese cabeza hueca!

- ¡¿QUÉ?! – Se sorprendieron Franky y Sara a la vez.

- Ya se os veía en el barco. No hace falta que finjas sorpresa – aquello dejó sin habla a la chica – Ni tú tampoco Franky, tú también lo pensabas. Todos os veíamos.

Sara comenzó a sentirse incómoda con aquello.

- Tengo que irme – dijo tomando el camino hacia el bar.

- Oye Sara – la llamó Nami – Zoro solo es un poco cabezota. Pero al final te apoyará en tu decisión.

Desde tierra, la científica sonrió. En aquel momento, aquella decisión, ya estaba tomada. Y tenía que hablar con su espadachín antes de que llegase el momento de partir.

Zoro estaba solo en la barra, los pocos clientes que había, se habían esfumado.

- ¿Qué tal está Franky y Nami?

- No has ido a saludarles – le dijo sentándose a su lado.

- Ya tendré tiempo de hacerlo – dio un sorbo a su vaso – Ahora, me gustaría disfrutar de este tiempo contigo – le dijo a la vez que le pasaba el brazo por la espalda y la acercaba a él.

Sara sonrió, apoyó su cabeza sobre el hombro de espadachín. Así es como le gustaba estar.

- Ya he tomado una decisión.

- Lo sé – comentó brevemente mientras le acariciaba el brazo – Vámonos a la habitación, ya lo contarás luego.

A los dos días llegó Usopp, Sanji y Chopper. Sólo faltaban Robin y Luffy. El encuentro con Usopp fue… de lo más esperado por Sara en meses. Los había echado tanto de menos, aquellas tardes en el taller… Se acercaba la hora de la partida.

- Vendrás con nosotros, ¿no? – le preguntaba Usopp.

- Nami fue de compras, ve a buscarla, tenemos que estar listo para cuando venga Luffy y Robin – le ordenó el vice-capitán.

- ¡A sus órdenes! – Usopp estaba tan entusiasmado que ni siquiera esperó una respuesta por parte de la chica.

Sara se acercó a la mesa donde se encontraba su padre y se sentó a su lado.

- ¿Tienes miedo? – le preguntó su padre.

- No sabes cuánto – le respondió sin mirarlo.

- Siempre estaré orgulloso de ti, ¿lo sabes no? – Sara le miró y lo abrazó.

- Gracias papá.

Zoro se sentó a la mesa con los dos.

- Zoro… tenemos que hablar – le dijo al fin Sara.

Acto seguido, Edmond se levantó de la mesa y los dejó solos. Hubo un silencio, que a la chica le pareció una eternidad.

- No vas a venir, ¿verdad? – Sara negó con la cabeza y Zoro no pudo evitar mostrar cierta decepción.

La chica no dejaba de jugar con los pulgares. El espadachín se dio cuenta que había cosas que nunca cambiaban. Y que había sentimientos que nunca iban a cambiar.

- No me pidas que abandone mi vida – le suplicó Sara.

- Después de dos años… Solamente he podido aspirar a pasar contigo dos días.

- Ya…

- Me dijiste que me querías, ¿es cierto?

Sara se quedó petrificada. ¿Ahora sacaba el tema?

- Bueno, estuvimos discutiendo y…

- Es una pregunta muy simple Pack, ¿sí o no? – le presionó Zoro.

La chica suspiró.

- Te lo diré si dejas de llamarme "Pack" – le dijo de mala gana.

- Déjalo, es imposible hablar contigo de algo, me sacas de mis casillas – dijo levantándose de la mesa y dándole la espalda – me voy a pescar, necesito despejar la mente.

- Sí – le dijo antes de que abriese la puerta y se fuese – Claro que te quiero. O eso creo. He estado pensando en ti estos dos años. Me crucé medio mundo para poder coincidir contigo aquí y ahora – El espadachín se giró para verla – Pero el quererte no implica que deje todo lo que he conseguido durante estos años e irme contigo. Mi meta es muy diferente a la tuya. Yo ya viví mis aventuras, he comenzado a estudiar, he recuperado a mi padre y tengo una vida tranquila – Sara también estaba de pie, mirándole, algo avergonzada, no estaba acostumbrada a hablar de sentimientos y la cara impasible de Zoro no la estaba ayudando a nada – Así que deja de juzgarme por no querer seguir tu camino. Si no quieres volver a por mí, lo entenderé porque…

Pero Zoro la besó.

- Pienso hacerlo.

- ¿Qué? – le preguntó sorprendida.

- Pienso volver a por ti. Puedes estar segura de eso – Sara lo abrazó – Solo tendremos que esperar un poco más para estar juntos. Espéreme, volveré.

La besó y se marchó, pero antes de cerrar la puerta tras su espalda, le dijo:

- Yo también te quiero, Sara.

Se quedó sola en el bar. Perdió la noción del tiempo, ni siquiera se había dado cuenta de que habían pasado horas hasta que Rayleigh apareció.

- ¿No piensas ir a despedirte de Luffy? – la chica lo miró – Tus amigos están armando un buen alboroto, ven, se alegrará de ver que durante estos años, tenía razón.

Cuando llegaron al centro de Sabaody, los pudo ver, a Sanji, Zoro y Luffy, corriendo seguidos por la Marina, pero éste último se dio cuenta de que allí estaba Rayleigh.

- ¡RAYLEIGH! – gritó a pleno pulmón.

- Vine a ver cómo estabas, pero parece que no tienes problemas. No cabe duda de que eres mucho más fuerte.

- ¡Sí!

- Ahora, apresúrate y reúnete con tus nakamas.

- Rayleigh, gracias por todo durante estos dos años.

- Tú no sueles ser así, vete de una vez.

- ¡Luffy! – no pudo aguantar más.

La cara del capitán se iluminó.

- ¡SARA! ¡Estás viva! ¡Sabía que lo estabas! – rió.

A Sara le fue difícil esconder ciertas lágrimas que asomaban sus ojos.

- Luffy yo…

- Lo entiendo – solo dijo eso, no hizo falta explicaciones – ¡Rayleigh! Cuídala. Es una de mis más valiosas amigas. ¡Sara, Rayleigh! Lo lograré, me convertiré en el Rey de los Piratas.

Y ahí, a unos pocos metros, la chica pudo volver a ver aquel chico con tantas ilusiones. Los tres compañeros se alejaron.

- Ya te sabes el atajo, corre hacia el barco y despídete de ellos, yo entretendré a la Marina.

La chica no lo pensó dos veces y salió corriendo. Y al fin pudo ver el Sunny y todos ellos allí, esperando para zarpar, vio como el buque se hundía en las profundidades del agua y no pudo evitar notar como las lágrimas le caían.

- ¡Chicos! – Todos se giraron a tiempo de poder verla – Muchas gracias por todo. No os olvidéis de mí, yo no lo haré nunca – dudaba de que alguno pudiera escucharla, su voz apenas salía de la garganta, estaba quebrada por la tristeza.

- ¡Eso ni lo pienses! – le contestó Luffy.

Y al fin, el palo mayor, se hundió y todos ellos se fueron.

Zoro se quedó mirando la superficie mientras se hundían, pensando tristemente en cómo ella estaba al otro lado mirando al fondo, así, sin verse, sus miradas se cruzaban.

- FLASH BACK –

- Pienso volver a por ti. Puedes estar segura de eso – Sara lo abrazó – Solo tendremos que esperar un poco más para estar juntos. Espérame, volveré.

La besó y se marchó, pero antes de cerrar la puerta tras su espalda, le dijo:

- Yo también te quiero, Sara.

- FIN FLASH BACK –

Y por supuesto, volvió.

Miles y miles de gracias a todos, me ha encantado poder subir este fanfic en esta página, sé que quizás no he tenido apenas seguidores, pero las poquitas personas que me han leido me han hecho muy feliz con sus comentarios y podéis estar seguros, que si vuelvo a escribir algún otro fanfic, lo subiré aquí.

Una vez más, millones de gracias a todos y siento si no os ha gustado de algún modo el final, sé que no es quizás lo que os esperábais, pero creo para Sara, era el mejor final que le podía dar, amo la pareja de Zoro y Sara, pero creo que cada uno tenía su destino y su camino, su amor es de esos que... perduran en el tiempo.

Un placer, ha sido un auténtico placer escribir para ustedes.