Capítulo 36: El daño está hecho.

Esa mañana, amanecí fatal por culpa de mi asma. Me estaban dando unos espasmos tales que Sarafina tuvo que acompañarme al árbol de Ralafaki. Me recetaron ajos. Ralafaki me había indicado que tenía que comer dos al día. Lo último que me Faltaba; ¡tener que comer esos asquerosos ajos!... Pero, ¿qué me impulsaba a comerlos?... En realidad no debería haberme importado mi salud, pues después de aquella noticia, mi único deseo, era morir. En fin…

Aquella tarde, Zira salió cacería, pues como todos sabemos, Sarafina estaba embarazada. Esta última por su parte había estado más susceptible que nunca. Tal vez debido a su estado, su ternura se había incrementado. Y fue por esa razón que la bella Saffy se me acercó muy amorosamente. Sus ojos brillaban como dos luceros. Mas sin embargo yo… no pude más que arruinarlo todo. La suerte estaba echada, y mi negro plan en marcha.

"¿Sabes, Scar?," me decía en un tono suave y dulce. "Desde que te conocí, supe de inmediato, que tú eras el amor de mi vida." Mientras decía esto, pude notar como su rostro se ruborizaba con cada palabra pronunciada. "Nunca hubiera imaginado lo feliz que sería a tu lado. Y ahora, con este regalo de vida: ¡Nuestro futuro hijo!, producto de nuestro gran amor, yo…"

Fue entonces cuando un impulso dentro de mí salió a flote: después de todo el dolor que albergaba mi corazón, éste sería el momento para llevar a cabo mi sombrío –y repugnante- cometido.

"Pues, yo no estaría tan seguro, si fuera tú," Le dije con despotismo y de manera cortante.

Sarafina borró la sonrisa de su rostro y en su lugar apareció una mirada de confusión.

"¿A qué te refieres?," susurró nervioso.

"Me refiero a que ese bebé que esperas, no es ningún producto del amor."

Pude notar una expresión de horror y decepción en la mirada de Sarafina. Comencé a sentir compasión, pero ya no podía encadenar nuevamente la monstruosidad que había liberado. Ella se quedó muda, mientras el veneno de mi boca seguía derramándose con mis palabras.

HAGA CLIC PARA VOLVER AL INDICE

"Sí, Sarafina. Es lo que tú piensas. Yo NO te amo. Solo te utilicé… Te usé porque yo necesitaba que alguien me acompañara en mi dolor. ¡Yo no quería ser el único que sufriera por amor!"

Sarafina parecía en shock. Se quedó completamente paralizada. Inmóvil. Con las pupilas dilatadas, y con su mirada perdida por unos minutos.

Entonces pude notar como de su fino rostro se había derramado una pequeña lágrima. Y después, Rompió el silencio.

"Mi cachorro Nunca…" Comenzó a decir en un susurro casi imperceptible.

"¿Que dices Sarafina?"

Sarafina estalló llena de rabia. Su corazón estaba totalmente hecho pedazos. Comenzó a gritar de una forma desgarradora.

"¡Eres un desalmado!, pero, ¿sabes algo?, ¡ Juro que mi cachorro, jamás... Entiéndelo bien, Scar… Jamás sabrá quien es su padre!... ¡Sé que algún día te arrepentirás de lo que hoy nos estás haciendo a los dos –dijo refiriéndose igualmente a su bebé-, pero para ese día ya será muy tarde! ¡Te lamentarás de no poder verlo ni abrazarlo, y eso te dolerá más que nada en el mundo!"

Después hizo una pausa… yo no sabía cómo actuar ni qué decir. Un silencio tenso se hizo en el ambiente, hasta que ella volvió sus ojos hacia mí. Llenos de dolor. Llenos de decepción. Después me dijo:

"Sarabi tenía razón. Ella no es ninguna mentirosa como yo creí, ¡Tú sí!... Y yo que te entregué mi amor. Mi verdadero amor, mientras tú, ¡Solo te burlabas de mí!"

Sarafina rompió en llanto, y salió corriendo de la cueva.

Esa fue la última vez que la vi, hasta pasado un buen tiempo.

Zira entró justo en ese momento a la cueva. "Scar, ¿Qué son todos esos gritos? ¿Qué pasó?"

"¡Ay Zira!, Tú solo quédate con la idea de que tal vez esta sea la última vez que veamos a Sarafina". Para mi sorpresa, en el rostro de Zira se dibujó una sonrisa llena de júbilo, con un toque de malicia.