Capítulo 38: La iniciación de Rafiki: La Entrega del Cayado Sagrado.

Scar narrando:

Pasó un mes. Era extraño que Sarafina ya no estuviera con nosotros. A veces se extrañaba. Hasta Zira la extrañaba, por qué decía que desde que se había ido, tenía más trabajo, al tener tenía que ir ella misma, todos los días de cacería.

De algún modo, las cosas se habían tornado algo aburridas. Saffy se caracterizaba por ser muy bromista y juguetona, y eso se extrañaba.

Nuestro mayor entretenimiento era ir como cada cuatro días a visitar a las hienas. Eso hacía que nos entretuviéramos por las ocurrencias y humor negro de Banzai y Shenzi, haciendo así, el día más ameno. También ayudaban las largas pláticas con Fabana, pero sin Sarafina, para mí, no era lo mismo.

Durante esos días noté muy extraña a Zira. Estaba actuando muy barbera conmigo, y mucho más, ¿cómo decirlo?, "amable" de lo normal. Inclusive una noche, me invitó a caminar por ahí. Yo habitualmente salía a caminar con ella, pero no de la forma en cómo ella quería ese día; De noche, Bajo la luz de la luna, con el canto de los grillos y cerca de la resplandeciente y romántica laguna. Yo, francamente no acepté. Su transición de la leona ruda y agresiva, a gatita dulce y tierna comenzaba a asustarme. ¿Estaría mal de su cabeza?, me preguntaba una y otra vez. De verdad que había sido un tonto en aquella ocasión por no haber notado lo que era más que obvio.

Por cierto, sobre mi asma, yo casi no le había hecho caso a Ralafaki sobre los ajos. Raramente me los comía, por lo horrible que sabían, pero desde que a Zira le había entrado la loca idea de andar de zalamera conmigo, aquello se había vuelto una verdadera tortura: terminaba yo con un aliento terrible y una sensación en la boca espantosa.

Pero lo más insólito para mí, fue cuando una vez, me la encontré deshojando flores mientras decía:

"Me quiere... No me quiere..."

Entonces, fue cuando lo entendí: Ella estaba enamorada. Pero… ¿De quién?

Se me ocurrió que pudiera ser de un príncipe león llamado Tuni. Su padre Leo, era el rey León de uno de los cuatro reinos vecinos, además era muy querido por toda la manada. Su hijo era un joven muy apuesto y color blanco, por eso me imaginé que pudiera ser él.

Mientras yo intentaba descifrar ese dilema, entró a la cueva, como siempre, la más odiosa de las aves.

"Alteza segunda: hasta ahora nuestra relación no se ha basado en el pacifismo y respeto mutuo, por lo tanto he venido a hacerle un comunicado relámpago."

"Zazú," Le dije. "¡¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi cueva sin avisar?!"

Zazú no hizo caso, y prosiguió:

"Esta noche, se llevará a cabo el ritual de iniciación de chamanismo y entrega de cayado para el babuino Rafiki. Usted es Príncipe Segundo, así que, se solicitará su presencia unos minutos antes de que el sol se oculte."

Miré a Zazú con desgano.

"De acuerdo. Ahí estaré."

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Poco antes de que se ocultara el sol, Zira y yo, salimos directo al del baobad, donde se llevaría a cabo la ceremonia. Al llegar, vimos un montón de animales de todos tipos reunidos. La manada de leones estaba reunida también, y por ende Sarabi y Sarafina estaban ahí. Ambas me vieron llegar, y en cuanto me vieron me exterminaron con la mirada. Eso me dejó helado. Era muy incómodo que estuvieran allí, pero a la vez, me alegraba saber que ambas estaban bien. Ambas se veían lindas embarazadas, por supuesto que Sarabi aun más.

Y entre toda esa desaprobación sin embargo, una adorable leona se me acercó, saludándome con una amable y hermosa sonrisa: Era Elanna. Y de nuevo, extrañamente volví a sentir esas mariposas en el estómago cuando al verla.

— ¡Scar!, ¿cómo estás?

—¡Hola, Elanna ! — Le dije un poco atontado.

— Llámame Lannie, así me dicen de cariño —. Dijo, seguido de una suave y delicada risita que emitió a la vez que se tapaba la boca con una de sus zarpas

—Está bien… Lannie. —Dije en un tono bastante bobo. Y como si la mente me hubiera hecho una mala jugarreta, me había quedado pasmado, contemplando su hermosa figura. Su risa era cautivadora.

— ¿Pasa algo? —, preguntó al notar mi distraída mirada.

Yo reaccioné de inmediato.

— No, Nada.

— ¿Seguro?, te noté como distraído.

Pero, inesperadamente, Zira le dijo de una forma grosera a Elanna:

— ¡ A Scar no le pasa nada! No está enfermo, porque YO me encargo de su salud. —Acto seguido, bruscamente me jaló de la melena —Vámonos Scar, no tenemos porqué soportar a leonas chismosas y entrometidas como ella.

En el rostro de Elanna se dibujó una cómica expresión de desconcierto. No entendió nada de lo que había pasado. ¿Pero qué le pasa a esta niña?, se preguntó para sus adentros, totalmente confundida. Sentí algo de vergüenza, pero no supe si de Zira o de mí.

Zira me llevó jaloneándome de las melenas a un lugar alejado de Elanna para sentarnos a presenciar la ceremonia.

Unos babuinos comenzaron a tocar una especie de Bongos, mientras otros, hacían ruidos con sus cayados.

Todos guardaron silencio.

Todo el ritual se realizaba a las faldas del baobad.

Al frente, Estaban Ralafaki y Rafiki. Este último traía puesta una piel de antílope a manera de túnica. Ralafaki por su parte llevaba una piel de cebra, después de aclararse la garganta, y una vez que todos guardaron silencio, comenzó a hablar con los presentes.

— Hoy… celebramos un gran suceso: la iniciación de Rafiki como chamán. Esta noche, con Aiheu, los dioses, y los grandes reyes como testigos, entregaré mi cayado sagrado a mi nieto.

Se escucharon las ovaciones alrededor.

Los sonidos de bongos cesaron.

Ralafaki colocó una mano en la frente de Rafiki, Y comenzó a murmurar unas extrañas palabras.

Mientras esto sucedía miré al cielo, una increíble luna llena brillaba sobre nosotros.

Cuando Ralafaki terminó, Rafiki se hincó ante él.

Ralafaki rompió un fruto de baobad, hundió un dedo en él y le hizo una marca en forma de "S" en la frente.

Después Ralafaki dijo:

"En el nombre de Aiheu y de los dioses, yo te entrego los poderes que alguna vez Aiheu me otorgó por medio de mi abuelo, y que tu entregarás a tu futuro discípulo, y así de generación en generación. Te entrego el cayado sagrado que te conectará con los poderes de la naturaleza para que los uses con sabiduría, justicia y bondad, ¡De pie, Rafiki!

Rafiki se puso en pie.

Después Ralafaki se dirigió a los asistentes del evento.

— ¡Se ha cumplido la voluntad de Aiheu!

La ceremonia había finalizado.

Todos los presentes gritaron de emoción y alegría, excepto Zira y yo. La note molesta, y también noté que no dejaba de mirar con coraje hacia donde estaba Elanna.

— ¿Quieres que nos vallamos? —Le pregunté.

— ¡POR FAVOR! —Me respondió en un bufido.

Quise despedirme de Elanna, pero entre tanta multitud que iba saliendo de la ceremonia, ya no pude. Eso sin mencionar la mirada de odio que Zira me dirigió cuando le dije que si quería que nos fuéramos a despedir de ella.

Esa noche no pude dormir.

Mi dolor por Sarabi era muy profundo como para sanarlo, pero el recuerdo de Elanna podía llegar a ser muy buena anestesia, y por alguna razón todas las horas perdidas de sueño aquella noche se las había dedicado sólo a ella.

No la podía sacar de mi cabeza. Desde su sonrisa, su voz tan suave, su manera de mirarme, ese parecido tan peculiar a Sarabi... Esa extraña y maravillosa sensación que yo experimentaba al verla.

¿Qué era lo que me movía realmente?, ¿Que eran estos sentimientos?, ¿Sería acaso que me estaba obsesionando con la idea de su gran parentesco a Sarabi?, ¿Ó realmente había algo en ella, que poco a poco despertaba en mí, sentimientos que en mucho tiempo no experimentaba?