Capítulo 45: Ponzoña y mentiras.

REDACTORA:

Zira, sin ningún tipo de prudencia, soltó la noticia:

—Scar, traigo terribles noticias.

—¿Qué ocurre, Zira?

—¡Es Fabana!... Scar, lo lamento tanto.

—¡¿Qué dices Zira?! ¡Habla!, ¿Que le sucede a Fabana?

Entonces, con poco tacto y de manera brusca, Zira le soltó la noticia:

—¡Fabana fue asesinada por tu hermano!

-¡¿Qué cosa!? –Scar entonces lanzó un grito ahogado. Su mandíbula temblaba. Se llevó una garra a la boca. Sintió como si la sangre se le hubiera ido a la cabeza. Después comenzó a gritar de forma histérica y desgarradora:

—¡Imposible! ¡Fabana no puede estar muerta! ¡Y menos si mi maldito hermano le dio muerte!

Los rugidos del león estaban plagados de aflicción, de desesperación. Su mente de pronto se descontroló, se desconectó de la realidad. Miró al cielo y como si estuviera seguro de que alguien le respondería, gritó y rugió una y otra vez; ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué mi madre?!

Era un llanto muy triste. Un lamento de pérdida. Dolor insoportable como cuchillas desgarrándole en corazón, pues eso había sido Fabana para él; Una segunda madre.

—¿Pero, cómo sucedió esto? -, preguntó Scar intentando recuperar el aliento, con la voz entrecortada.

Zira mintió diciendo que Mufasa había asesinado a Fabana para ayudar a unos padres leopardos a vengar la muerte de su hijo, el cual la hiena había matado con el único fin de alimentarse.

—¡Pero Zira…! —Replicó Scar descompuesto—. Hace unos días Mufasa había decretado que...

—Pues ya ves que no. — Lo interrumpió Zira. — Tu hermano traicionó su palabra y le dio muerte a Fabana, en venganza.

Los ojos de Scar liberaron lágrimas de impotencia. Zira lo abrazó. De alguna manera ella también sentía una gran tristeza, pues a fin de cuentas, ella también habían convivido mucho tiempo con las hienas, el suficiente como para haberse encariñado con la fallecida, aunque por otro lado, ella sentía gran satisfacción de saber que Scar se quedaría con la idea de que Mufasa había asesinado a Fabana, pues con ello, cada vez se veía más cerca de sus oscuros objetivos.

Los ojos de Scar destellaron llenos de rabia y rencor. La serpiente del odio le susurraba al oído, siseando palabras envenenadas.

— ¡Maldito Mufasa! ¡Siempre destruyendo mi vida! — Murmuró Scar siniestramente —. Si él rompió su palabra y aplicó la ley de Talión Selvático con Fabana, entonces yo la aplicaré con él.