Capítulo 48: Scar y Shenzi comparten sus percepciones.
Scar narrando:
Durante esos días, el ambiente en el Cementerio se había tornado silencioso y deprimente. Zira y yo nos quedamos en él durante cuatro semanas para hacer compañía a las Hienas en su dolor. Todos estábamos muy deprimidos. La jauría entera estaba muy afligida especialmente Shenzi, Banzai y Edd. La pérdida de su madre había sido devastador para ellos.
Así, una noche, mientras todos dormían, unos espasmos terribles de asma me atacaron, así que tuve que sentarme a esperar a que se me pasaran, y justo cuando estaba a punto de volver a cerrar mis ojos, escuché que una voz me dijo en un susurro.
—Scar... ¿Estás despierto?
Shenzi estaba parada frente a mí. Bostezaba. Se veía cansada.
— ¿Qué haces despierta, Shenzi? —Le pregunté.
— Es que tengo insomnio —me respondió—, aún cuando me siento cansada, no logro dormir.
—¿Quieres que platiquemos un rato? —Le pregunté.
—Por supuesto —respondió.
Salimos de la cueva, y transitamos por todo El Cementerio, a la vez que conversábamos, pasando por encima de gran cantidad de huesos y esquivando los cráteres de metano que de vez en cuando, liberaban algunas fumarolas verdes o rojas emitiendo un sonido siseante. No hacía frío. Era una noche muy apacible y agradable. Había una hermosa luna en cuarto menguante que brillaba sobre nosotros.
—¿Sabes, Scar?, ¡tengo miedo! —Comenzó a Decir Shenzi—, me siento desamparada; No sé cómo voy a liderar a toda la manada yo sola; ¿Te das cuenta de todas las hienas dependen de mí?, Y ahora que nos hemos independizado de los dominios de Mufasa, las cosas se complicarán para nosotros. —La hiena soltó un gemido desesperado. —¡¿Qué voy a hacer, Scar?! ¡¿Qué voy a hacer?!
—Shenzi, eso no va a pasar nunca —le dije—, de eso yo me encargo, pero es muy necesario que me ayuden, y una vez que yo te ofrezca como regalo al cachorro de Mufasa, tus hermanos y tú deben comprometerse a matarlo.
—¿Falta mucho para que crezca? —preguntó Shenzi preocupada.
—Simba es apenas un bebé —le respondí—, pero tienes mi palabra; apenas crezca un poco más, yo se los enviaré aquí para que lo exterminen. Imagina todos los beneficios que tendrán: Vengarán a Fabana, se darán un festín con el cachorro, y con ello me ayudarán a obtener el trono; ¿no es grandioso?
—Pero... ¿Qué hay de Mufasa? —Preguntó Shenzi—, aún cuando matáramos a Simba él seguiría siendo Rey.
—Eso ya lo veremos después —le respondí en seco—, por el momento el plan inmediato es asesinar al futuro Rey.
Entonces, Shenzi me miró con sospecha, y me comentó:
—Me doy cuenta de que ser rey NO es el único objetivo que tienes.
—¡Exacto Shenzi! —le respondí con una amplia sonrisa y en un tono irónico—, tienes toda la razón. Ser Rey es sólo uno de mis tantos objetivos, también hay una parte de mí que desea ver destruido a Mufasa. Verás; mi hermano ha arruinado mi vida en muchos aspectos; Se quedó con la leona de la que yo me había enamorado, siempre fue el consentido de mi padre, se quedó con el trono que a mí me pertenecía, mató a Fabana, y las traicionó a ustedes.
Después miré al cielo, y el diálogo se convirtió en un monólogo. La mandíbula me temblaba mientras que de mi boca salían palabras llenas de rencor y desprecio.
—Mi hermano Y su vida perfecta. Pero eso se acabó. Mufasa, te llegó tu día de pago.
