Capítulo 55:
¿Victoria?, ¿Cuál victoria?, ¡Aún hay mucho que hacer!
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Ver a Mufasa yaciendo muerto en el piso, era como mi trofeo, mi mayor victoria y logro... pero nunca pensé en el precio que pagaría en el futuro por mi acción.
Les ordené a las hienas que no se alimentaran del cadáver de mi hermano, pues su muerte debía parecer lo más natural posible. Todos debían convencerse de que la estampida había sido la única causante de la muerte de Mufasa y Simba. Si las leonas encontraban a las hienas comiendo de él, podrían pasar por culpables ante los ojos de todos.
Una vez que Zazú recuperó la consciencia, le ordené que avisara a la manada sobre lo sucedido. Esta llegó, y en cuanto vio el cuerpo sin vida del Rey, todos comenzaron a llorar y a rendir honores.
Sarabi y Elanna estaban allí. La primera lloraba de una forma desgarradora, la segunda por su parte se mostraba indiferente; seria, pero indiferente. Era como si la muerte de Mufasa no hubiera tenido significado alguno para ella, y en mí se despertaba la inquietud de pensar que tal vez Elanna y yo no éramos tan diferentes; que posiblemente había similitudes en cuanto a nuestros sentimientos y resentimientos con respecto a nuestros hermanos, había algo que en verdad necesitaba averiguar sobre ella. Por otro lado, ver a Sarabi en ese estado era algo que me desanimaba, me hacía sentir un tanto culpable y tarde comprendí que haber asesinado a Mufasa no me garantizaba que Sarabi me entregaría su amor, tampoco que los miembros de la manada o los súbditos me alabarían y respetarían. Eso era algo por lo que aún debía luchar, lamentablemente.
En un momento, Banzai se me acercó y me dijo:
—¡Victoria, Scar!, Finalmente lograste lo que, durante toda tu vida, habías ambicionado, y nosotros también, ¿no es cierto?
¿Victoria?, aún no había victoria que celebrar. En aquel momento comprendí que aún muerto, Mufasa sería el que brillaría por siempre y yo seguiría siendo eterna sombra. Nunca hubiera imaginado que experimentaría estas sensaciones. Yo creí que una vez muerto mi hermano, todo sería perfecto. Darme cuenta de todo aquello era terrible.
Mi hermano; Amado y respetado por todos, ¿Quién era yo a comparación de él?, eso siempre había sido así, Y eso siempre sería así. Esto me hizo llorar de rabia, y con ello, todos afortunadamente pensaron, que mis lágrimas eran por mi fallecido familiar.
Como es natural, los buitres comenzaron a llegar. Todas guardaban silencio. Solo se escuchaban algunos sollozos. Poco a poco vi cómo lo que restaba mi hermano iba desapareciendo a garras de las carroñeras aves.
"Ojalá que así como está desapareciendo tu cuerpo, desaparezca tu esencia de mi vida." Pensé entre mí, mientras los carroñeros hacían su repugnante trabajo. Tan repugnante… como mi vida misma.
