Capítulo 58: Chispazos del inconsciente
HAGA CLIC PARA VOLVER AL INDICE
Scar Narrando:
Pese a los meses que precedieron todo seguía igual para mí, o hasta peor:
Mi hermano, aún muerto, seguía siendo el centro de atención: "Mufasa era esto, Mufasa era aquello", en el reino no se hablaba de otra cosa. Así que se me ocurrió dictaminar una nueva ley: "Nunca, por ningún motivo, nadie debía pronunciar el nombre de Mufasa en mi presencia."
Por otro lado, Sarabi no parecía mejorar de su depresión; Yo No podía evitar sentir compasión por ella... Culpa... Sentimientos que quería evitar a toda costa... Y ¿de qué me había servido mi acción, si eso no había servido para obtener su amor? ¡¿DE QUÉ?!
Culpa, desesperación, rabia…, sentimientos que pronto se manifestaron en mi cuerpo, pues poco a poco mi salud comenzó a empeorar: Ahora no sólo eran ataques de Asma, también padecía fuertes dolores en mi cabeza, y en la parte central de mi espalda, así que muy a mi pesar, hice una visita a Rafiki. Zira me acompañó.
—¡Esto se ve muy mal, Taka!
—Soy Scar.
—Como sea, ¿No te has preguntado a que se pueden atribuir?—inquirió Rafiki de manera misteriosa.
—No —, dije en tono seco.
Rafiki lanzó un suspiro y comenzó a explicar:
—El asma, cuando después de mucho tiempo no se ha encontrado la cura, casi siempre se relaciona con un amor sofocante. Asfixiante; ¿Acaso hay un amor al que no has dejado ir? ¿Un amor que te sigue sofocando a pesar del tiempo? ¿Alguien a quien todavía te aferras?
Sarabi apareció en mi mente automáticamente. Y al ver mi mirada pensativa, Zira se mostró molesta. ¿A caso intuiría que pensaba en alguien más? ¿A caso estaría celosa?
Cuando abrí mi boca para responder Rafiki me dijo:
—No necesitas responderme. Sólo sincérate contigo mismo.
Rafiki me miró a los ojos. Su mirada era profunda y penetrante. Como si hubiera traspasado mis barreras mentales. Sentí algo de miedo.
—Los dolores de cabeza, cuando después de mucho tiempo no se ha encontrado la cura, casi siempre se relacionan con alguna cólera reprimida; ¿A caso hay alguien a quien le has guardado especial rencor? ¿Algo hay en tu vida que te causa resentimiento?
Miré hacia abajo. El rencor a Mufasa debía ser la explicación. Mi hermano tenía la culpa de todo lo malo que me pasaba según mi mente. Eso debía ser.
—También me ha dolido la espalda, y tú sabes que eso me ha pasado desde cachorro, y que ningún chamán me lo ha podido quitar nunca.
—¿En qué parte? —preguntó Rafiki.
—En la parte central —le respondí.
—Cualquier dolor en la parte central —comenzó a decir —, generalmente indica sentimientos de culpa; ¿Acaso hay algo que te genera esa sensación? ¿Hay algo que no te deja vivir en paz? ¿Algo que no te deja dormir? ¿La conciencia te tortura de alguna manera?
Sus palabras eran inquietantes, amenazadoras, turbadoras, al menos para mí, claro. De pronto sentí ansiedad, angustia aterradora e inexplicable que recorría mis entrañas.
—¡Calla, charlatán! —grité entonces, desesperado.
La reacción de Rafiki ante mi reacción fue extraña. Sonrió de manera irónica y me dijo:
—Tu inconsciente ha hablado por ti; ¡Tu culpa no te deja vivir!
Un escalofrío recorrió mi cuerpo; ¿A caso sabía lo que había hecho?
—Vámonos, Zira —le dije—, no tengo porqué escuchar a este demente.
—Puedes intentar huir de ti mismo —dijo el chamán de repente en un escalofriante susurro—, puedes olvidarte de quien eres, hasta puedes cambiar tu nombre si así lo deseas, pero jamás podrás engañar al peor verdugo: ¡tú mismo! ¿no te suena familiar?, enfermedades, pesadillas, miedos…
—¡Calla babuino! ¡Calla! ¡No quiero escucharte!
—Taka: tú nunca quieres escuchar. Lo mismo le dijiste a mi abuelo Ralafaki. Por favor Reflexiona sobre lo que te digo, si no quieres que tu existencia misma se torne difícil y llena de remordimiento.
—Vámonos, Scar — interrumpió Zira exasperada —, no entiendo para qué viniste con este anciano farsante, si yo he cuidado siempre de tu salud, no lo necesitas.
Y así, salimos del Baobad, pero la acosadora mirada del Chamán no nos soltó hasta que nos hubimos alejado lo suficiente del árbol.
