Después de aquel día, las cosas empezaron a mejorar… lentamente. Nathaniel seguía siendo muy tímido y reservado pero Marinette se dio cuenta de que era la única que se sentaba con el y supo al instante que era porque el se lo permitía. Normalmente era un chico solitario que no congeniaba con nadie pero por extraño que pareciese, se sentía a gusto con la peliazul. El pelirrojo tardó un poco en darse cuenta del verdadero interés de la joven por el arte. No fue fácil para Marinette conseguir que el chico estuviese mas cómodo y confiado con ella pero poco a poco, compartieron diseños, dibujaban juntos y hablaban libremente. No tenían muchas cosas en común pero compartieron sus gustos con libertad, de manera desinteresada. Mas adelante, Marinette intentó involucrarlo con Rose, Juleka y los demás pero eso fue casi imposible. Muchos lo consideraban un rarito, una especie de bicho raro de los dibujos y tonterías similares, y unido al carácter reservado del pelirrojo, fue un desastre. Debido a este hecho, Nathaniel tomó distancias con Marinette, sabia que sus intenciones eran buenas, pero fue tal la humillación para él que se aisló de todos aun mas si cabe. Eso entristeció sobremanera a la peliazul.

Por otro lado, Adrien echaba chispas cuando su amiga hablaba del pelirrojo. Nunca lo admitiría en voz alta pero con solo mencionar su nombre, sus puños se apretaban inconscientemente. A veces la culpabilidad se adueñaba de él y se reñía a si mismo por ser tan estúpido y celoso. No debería tener motivos, eran compañeros de clase y Marinette solo intentaba ser amistosa con él, ¿por qué diantres se comportaba tan… adolescente? Pues por eso mismo, las hormonas lo tenían enloquecido. Sus intentos por parecer imparcial e indiferente a sus monólogos del pelirrojo fueron un fracaso. Las discusiones cada vez eran mas frecuentes y no sin razón, realmente se comportaba como un idiota, un niñato y Marinette acababa harta de él, lo cual no pasaba siempre. Su amiga siempre había demostrado tener una paciencia digna de un adulto pero en los últimos meses, había conseguido sacarla de quicio mas de una vez. Tampoco ayudaba la visita inesperada de Chloe, una amiga de la infancia que hacia tiempo que no veía. Chloe Bourgueois, hija del alcalde de Paris, dueño del Hotel Le Grand Paris, mimada hasta las cejas, siempre a la moda y con aires de grandeza. Aun no había tenido el valor para contarle a Marinette sobre ella, de hecho nunca se la había mencionado y temía que en cualquier momento, se diera cuenta sin avisarla primero. No quería malentendidos.

En la Mansión Agreste…

Estaba en el salón viendo tranquilamente la televisión después de sus clases cuando su queridísima amiga de la infancia, hizo acto de presencia.

- ¡Adriencito mío! –exclamó Chloe con exagerada alegría. Se dejó caer en el sillón junto a él y le estampó un beso lleno de carmín en la mejilla.

- ¡Por dios, Chloe! –se quejó con una mueca mientras intentaba quitarse la pintura.

- Querido, no te apures, se quita rápido. ¿Qué andas viendo?

- Inuyasha, ¿por qué? –farfulló reclinando de nuevo y fijando su mirada en la tele.

- ¿Qué es eso? –frunció el ceño.

- Te lo expliqué ayer –bufó contrariado y cruzándose de brazos.

- En fin, no me importa –hizo un deje sin importancia con la mano y se arrimó todo lo que pudo al rubio, mimosa- vamos a hacer algo juntos, por favor.

- Estuve ayer todo el día contigo, Chloe. Fuimos a montar a caballo, te acompañé a muchas tiendas de ropa y zapatos y me obligaste a ir al parque de atracciones –protestó intentando deshacerse del abrazo.

- Pero si nos lo pasamos muy bien, rubius mi amor. Fue divino.

- Para ti –farfulló por lo bajini.

- ¿Qué has dicho?

- Nada nada y no me digas rubius

- ¿Prefieres Adrien-boo? –parpadeó coqueta.

- Adrien, me llamo Adrien –recalcó haciendo esfuerzos titánicos por no empujarla- ¿no entiendes el concepto de espacio personal?

- No seas malo conmigo, además he venido para decirte algo súper guay, ¿quieres oírlo?

- ¿De qué se trata? Espero que no sea una de tus anécdotas de famosos y esas cosas

- En realidad no, aunque recuérdame contarte una muy cool después ¿vale?

Adrien rodó los ojos con fastidio y deseó que la tierra se lo tragase y lo teletransportase a otro lugar mas agradable, como por ejemplo, la casa de los Cheng junto a su bichito. Esa idea lo hizo sonreír como un idiota.

- Bueno, suéltalo…

- Pues verás mi papi me ha dicho que probablemente nos quedemos en Paris por un tiempo y ha pensado en matricularme en el mejor colegio público de la ciudad. El Colegio Françoise Dupont ¿sabes? Es súper guay, o eso me han dicho, total, que le he sugerido que te meta conmigo para estar juntitos, rubius, ¿qué me dices?

La empalagosa expresión de su amiga fue opacada completamente por la reacción del ojiverde. Abrió mucho los ojos y la boca con sorpresa. El Colegio Françoise Dupont, era el mismo colegio donde estaba Marinette. ¿Aquello era una broma pesada? ¿O estaba ocurriendo realmente?

- ¿Estás hablando en serio? ¿El Colegio Françoise Dupont?

- Pues claro que si, querido. Sé de sobra que quieres ir a un colegio como los demás y como mi papi es el alcalde, será coser y cantar.

- ¡Eso es fabuloso! –se abalanzó sobre ella, eufórico de alegría y la abrazó fuertemente, sorprendiendo muchísimo a la rubia.

Por fin había luz al final del túnel. No tenia ni idea de por qué hacia Chloe aquello pero era tan buena la idea, mejor que la de su madre, que no podía rechazarla. Sentía el corazón acelerado con la expectativa de ver a Marinette todos los días, de ir juntos al colegio y volver a casa, compartir los deberes, los trabajos, todo. Se sentía tan feliz. Pero entonces se percató de algo y se separó abruptamente de Chloe, agarrándola por los hombros.

- Eres una buena amiga, Chloe. No sabes lo agradecido que estoy pero debes prometerme algo y es que no se lo digas a mi padre. No me dejará ir, lo entiendes, ¿verdad?

- No te preocupes, Adrien-boo, tú déjaselo a Chloe –sonrió gentilmente y acarició un mechón rubio de su frente.

Adrien ni lo sintió y no pudo captar el sentimiento oculto tras la sonrisa y la amabilidad de su amiga de la infancia.

En el Colegio Françoise Dupont…

Marinette se encontraba dibujando tranquilamente en el patio. Quería darle una sorpresa a Nathaniel para reconciliarse con él. Su inspiración y sus ganas la habían llevado a recrear en su libro de dibujos el boceto de un precioso caballo. Estaba retocando las crines cuando de repente le fue arrebatado su cuaderno.

- ¡Eh! –exclamó molesta levantándose de golpe.

- Vaya, vaya, qué interesante –canturreó la voz burlona de una chica pelirroja, cabello desordenado y con las puntas abiertas y rasgos algo asiáticos.

Se trataba de Alix, una de sus compañeras de clase, una chica impetuosa, temperamental, desconfiada y con el hobby siniestro de humillar a los demás. Últimamente andaba metiéndose mucho con ella y eso la ponía enferma al mismo tiempo que la intimidaba.

- Devuélveme mi cuaderno –intentó alcanzarlo sin éxito. Alix lo alejó de su alcance.

- No tan deprisa –se jactó ojeando a sus anchas aquel librito- pero fíjate que dibujos, que adorable… ¿por qué no vuelves a primaria querida? Es el mejor sitio para las niñas como tú que dibujan.

Marinette sintió las mejillas arder de la indignación. Sin poder controlarse, la empujó, ocasionando que tropezara y el libro se le cayó al suelo.

- Deja de meterte conmigo –gruñó entre dientes, recogiendo su preciado tesoro.

- ¿Cómo te atreves, niña estúpida? –la encaró con ojos llameantes. Era unos centímetros mas alta que la peliazul y podía llegar a intimidar si se lo proponía.

Aferró el cuaderno de nuevo y forcejearon duramente para conseguirlo. En medio de la pelea, el libro se abrió y Alix arrancó varias páginas de un tirón, llevándose consigo el dibujo del caballo.

- ¡No! –exclamó horrorizada. Soltó el libro por instinto y se arrodilló en el suelo con lágrimas atascadas en sus ojos. La hoja estaba arrugada y rota por varios lados.

- Qué ridícula eres, Marinette. Llorar por un estúpido dibujo. ¡Madura de una vez! –se rió con malicia.

En ese preciso momento, Nathaniel, que había estado en la biblioteca en su mundo, salió al patio y contempló la escena, perplejo. Ver a Marinette sollozando en el suelo y a Alix riéndose con su cuaderno en la mano fue demasiado para él. Sintió como la ira burbujeaba en su interior, la indignación y la injusticia de aquel acto tan humillante, a su compañera de clase, a la única amiga de verdad que había tenido. Apretó la mandíbula y con una voluntad que nunca había experimentado en su vida, se acercó con decisión hacia las chicas. Pilló a Alix por la espalda y la tocó por el hombro.

- Disculpa… -la llamó con un timbre de voz que no admitía replica.

- ¿Y tú quién eres, comadreja? –lo insultó sin miramientos.

En vez de responder, Nathaniel le arrojó un pequeño brote de pintura en pleno rostro. Alix jadeó de la sorpresa y escupió la pintura sobrante al instante. Gimió angustiada y se llevó las manos a los ojos, soltando el libro en el proceso. Entre insultos al pelirrojo, se marchó de allí directamente al baño, humillada. Ignorando algunos aplausos y murmuraciones de los demás estudiantes, el pelirrojo se arrodilló delante de la peliazul, preocupado.

- Marinette… -murmuró con un nudo en la garganta.

Ella, ajena a la acción heroica del pelirrojo, alzó la cabeza con los ojos llorosos y la sorpresa se vislumbró en su rostro. Abrió la boca para hablar pero las palabras se negaron a salir. Nathaniel esbozó una media sonrisa, repentinamente tímido y sin dejar de mirarla, le entregó su libro de dibujos.

- ¿Cómo…? –pudo decir, demasiado aturdida como para responder.

Tomó el libro con delicadeza como si fuera a romperse. Salvo las páginas arrancadas, el cuaderno parecía estar bien.

- ¿Estás bien? –preguntó, ansioso por oír su voz. Puso una mano en su hombro. Ese simple gesto reconfortó a la joven.

- Sii… -dijo entrecortadamente- pero Nathaniel…

- No digas nada –la interrumpió y se esforzó por no tartamudear delante de ella- soy un estúpido.

- Eso no es cierto –replicó segura de lo que decía y se olvidó enseguida de Alix- yo solo quería…

- Me porté mal contigo y lo siento –dijo rápidamente, lo suficiente para que Marinette le costara entenderlo.

La peliazul bajó la mirada apenada hacia las hojas que tenia en la mano. El pelirrojo siguió la dirección de sus ojos y se fijó en el dibujo del caballo.

- ¿Qué es esto?

- Era para ti –admitió en un susurro, avergonzada- como disculpa.

- Es precioso –sintió como empezaba a sonrojarse.

- Pero está roto. Tendré que repetirlo y pintarlo

- No tienes que pintarlo y no es tu culpa. Además sabes que prefiero el caballo blanco –intentó quitarle hierro al asunto.

Ella lo miró agradecida. La ayudó a levantarse y le ofreció un pañuelo para las lágrimas.

- Gracias, Nathaniel. Entonces ¿estamos bien?

- ¿Tú que crees? –sonrió de nuevo. Era mas fácil cuando se trataba de ella.

Cual sorpresa se llevó cuando la joven, movida por su gratitud y el cariño que le tenia, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Podría jurar que dejó de respirar en ese sentido solo para sentir su perfume y el tacto de sus labios en su piel.

Adrien se moría de ganas de contarle a Marinette la gran noticia pero pensó mejor que quería darle una sorpresa así que se lo ocultó hasta el momento adecuado. Mientras tanto, seguía viéndola como siempre, pasando grandes momentos juntos, algunos no tantos y seguía experimentando esas sensaciones extrañas en su cuerpo cada vez que estaba con ella. También percibió con sorpresa y cierta ingenuidad que la peliazul parecía sentir algo parecido. Se sonrojaba con mas frecuencia, se mordía el labio inferior, se ponía nerviosa cuando la miraba. Pero con la llegada de Nathaniel a su vida, esos gestos y reacciones ocurrían menos y no quería admitir que era por ese pelirrojo al que desconocía. Sin embargo, en vez de ser sincero con ella, ocultaba sus pensamientos mas profundos para sencillamente disfrutar de su compañía y seguir cultivando esa amistad tan especial.

Como bien le prometió Chloe, Gabriel Agreste no se enteró ni por asomo del plan para matricular a Adrien en el colegio y entre todos, lograron tal objetivo. La alegría del rubio de saber que podría estudiar como un niño normal no tenia limites. Su madre estaba encantada y feliz por su hijo y se lo agradeció profundamente a Chloe y a su padre.

Su primer día de clase estaba tan nervioso que apenas desayunó esa mañana. Estaba pletórico, deseaba tanto ver a Marinette y darle la sorpresa. Con una sonrisa radiante, acompañó a su madre hacia el coche y el chofer los llevó al colegio Françoise Dupont. Sus pies rebotaban nerviosamente en su asiento.

- Pronto verás a Marinette, se pondrá muy contenta al verte -le dijo su madre como apoyo.

- Estoy deseando verla. Será épico –rió contento.

- Eso seguro –sonrió María.

El coche se detuvo justo en la entrada y despidiéndose con dos besos, salió con energía, mezclándose con los otros estudiantes. Se maravilló de la arquitectura y de su interior. Se dirigió a secretaria y le indicaron donde estaba su clase. Estaba dirigiéndose hacia las escaleras cuando por fin la vio. Su cabello azul cayendo en cascada por su espalda era inconfundible. Pero su expresión de felicidad se borró de inmediato al verlo con Nathaniel y parecía tan cómoda con él. Oyó como soltaba una carcajada ante un comentario del pelirrojo.

- No pensé que fueses tan gracioso, Nathaniel –se burló dándole un empujoncito.

- Oye, no te pases. Me ha costado un mundo contarte ese chiste –replicó, rojo como un tomate.

- Podrías ser humorista

- Ni de broma –puso los ojos en blanco e intentó esconderse tras sus libros de clase.

- No seas exagerado, bobo –se agarró a su brazo pero él no la dejó.

- No hagas eso, Marinette –tartamudeó nervioso.

La peliazul hizo un mohín de protesta pero enmudeció cuando de repente sus ojos azules se toparon con unos ojos verdes que conocía muy bien. Su corazón dio un vuelco de la sorpresa y empezó a latir desenfrenadamente. Poco a poco, liberándose del shock emocional, una gran sonrisa apareció en sus labios.

- ¡Adrien! –gritó emocionada. Se olvidó por un momento del pelirrojo y corrió hacia él, henchida de felicidad e ignorando la expresión sombría del rubio.

Lo abrazó con tanta fuerza que casi lo tiró al suelo pero el ojiverde logró permanecer en el sitio, recibiéndola en sus brazos. A pesar de la mala impresión, abrió mucho los ojos con la efusividad de su mejor amiga y no dudó en corresponder. Por el rabillo del ojo, observó la cara de perplejidad del pelirrojo y luego como su ceño se fruncía. Ocultando una sonrisa de satisfacción, hundió el rostro en el cuello de la peliazul y apretó un poco mas su abrazo. Marinette se estremeció al sentir la respiración del muchacho en su piel y reprimió un jadeo por el torbellino de emociones. Se separaron unos segundos después para mirarse a los ojos.

- Sorpresa, bichito –sonrió con sus dientes blancos perfectos.

- Pero ¿qué haces tú aquí? –inquirió saber sin borrar su sonrisa.

- Pues resulta que voy a empezar a estudiar aquí… contigo –le informó con orgullo.

- ¿En serio? –dio un saltito de alegría y volvió a abrazarle brevemente- eso es fantástico. Eres un sinvergüenza, no me dijiste nada.

- No hubiera sido una sorpresa –dijo como si fuera obvio- ¿me ha salido bien?

- De lujo –rió feliz de tenerlo con ella. Fue entonces cuando se acordó de Nathaniel y se giró hacia él- ven, Nathaniel.

El pelirrojo tragó saliva y con mucho esfuerzo, se acercó a ella. Se mantuvo a una prudente distancia de los amigos, tenso y reservado. Adrien lo miró directamente a los ojos, sin titubear y parecieron saltar chispas entre los dos.

- ¿Y éste quién es? –soltó bruscamente sin darse cuenta.

- No seas borde. Él es Nathaniel, ya te he hablado de él. Nathaniel, este es Adrien, mi mejor amigo –lo presentó con orgullo y un timbre especial de cariño en su voz.

- Encantado –logró murmurar en un hilo de voz.

El rubio asintió con la cabeza en señal de saludo, mas por educación que por gusto. Volvió su atención hacia su amiga cuando de repente un chillido lo hizo voltearse sobre su espalda.

- ¡Rubius! –lo llamó la excéntrica Chloe, agitando la mano desde lejos y aproximándose a una velocidad alarmante.

Se abalanzó sobre él en un abrazo comprometedor sin que pudiera frenarla. Marinette se alejó unos pasos, abrumada por la efusividad de esa chica desconocida.

- Adrien, ¿quién es ella? ¿la conoces? –preguntó extrañada.

- Adrien-boo, eso te iba a decir yo, ¿quién es esta? Parece que le ha caído un zumo de arándanos en la cabeza –inquirió con un deje refinado que desagradó bastante a los presentes. No se separó de él ni por asomo.

- ¿Disculpa? –repitió la peliazul incrédula, como si no hubiera oído bien.

- Chloe, no te pases –la reprendió el ojiverde automáticamente.

- ¿Chloe? –miró a su amigo, en busca de respuestas.

- Soy Chloe Bourgeois, hija del alcalde de Paris, una diva de la moda y la bella novia de Adrien –declaró, acurrucándose, mimosa a su cuerpo.

Aquellas palabras penetraron en el corazón de la peliazul y aunque le costara procesarlo, sintió un agudo dolor en el pecho. Adrien abrió la boca para desmentir a Chloe. Se había ido de la lengua y bastante pero la expresión indescifrable de su amiga lo dejó sin aliento.


-AUTORA-

Review, por favor? :)

Hola! Siento mi ausencia. He estado ocupada con algunos trabajos que tenia atrasados. Disculpen de veras! pero no me he olvidado de escribir. Quiero que sepáis, bajo cualquier circunstancia, que aunque me tarde, mis fics los termino. Quiero que lo tengáis siempre presentes. Ante todo, muchas gracias por su paciencia.

Espero vuestros comentarios,

Os quiere,

Dama Felina