Uno, dos, tres… diez segundos transcurrieron con dramática lentitud cuando por fin Adrien abrió la boca.
- Mari, esto no es… déjame…
- ¿Tu… tu no…novia? –murmuró su amiga entrecortadamente. Carraspeó estrepitosamente al notar su voz ronca y sacudió la cabeza anonadada.
- Rubius, querido, no me habías hablado jamás de esta… chiquilla –intervino Chloe mirándola de arriba abajo como si fuera una pobre andrajosa.
- ¡Ya está bien, Chloe! –se zafó de su agarre, claramente molesto- deja de decir estupideces.
- No, está bien –logró hablar de nuevo la peliazul. El tono de su voz provocó un escalofrío en el joven- no quiero molestar… esto…
- Chloe, querida, mi nombre es Chloe –le aclaró con suficiencia.
- Claro… Chloe. Disculpa a Adrien, es… -alzó la mirada hacia él, con siniestra calma, como si no le afectara lo que estaba pasando- muy despistado. Vamos, Nathaniel.
El pelirrojo se había mostrado reticente y al margen, siempre tan prudente, observando la escena y analizando las reacciones de su amiga.
- Espera, Mari, déjame… -intentó explicarse, con la extraña sensación de que algo iba tremendamente mal.
- Nos vemos en clase –lo cortó fríamente y siguió su camino con Nathaniel tras ella.
- ¡Oh, cuánto drama! ¿Cuándo piensas contarme que pinta esa chica arándano? –se miró las uñas despreocupadamente.
Adrien la fulminó con la mirada. Pensó mil y una formas de reñirla y ponerla en su sitio pero la indiferencia de su mejor amiga lo había dejado sin ánimos. Se metió las manos en los bolsillos y dejó a la rubia con la palabra en la boca.
Marinette no le dirigió la palabra en toda la mañana. Por mucho que se esforzó y rogó por ser escuchado, ella se mantuvo firme. Nunca la había visto tan seria, una seriedad que invitaba a pensar que estaba mas cabreada de lo que aparentaba. Para colmo, tuvo que soportar que esa comadreja la persiguiera a todos lados y eso le hervía la sangre. Podía entender la reacción de su amiga por no contarle sobre Chloe y aclarar su mentira, pero… ¿tanto le había molestado? Su mente estaba hecha un caos. Chloe no ayudaba tampoco en la situación, lo tenia hasta las narices, pero era tan idiota que no la despachaba como era debido. Esa no era su idea en su primer día escolar. Quería estar con Marinette pero todo le había salido muy mal… y todo por culpa de Chloe.
- ¡Bueno, está bien! –exclamó airado, cortando bruscamente el monólogo de la rubia- ya estoy harto, deja ya de contar tonterías.
- ¿Cómo que tonterías? –se ofendió Chloe con los ojos como platos- o sea, Adrien, se te ve muy estresado, te van a salir canas antes de tiempo.
- Si mi pelo se vuelve blanco, será por tu insufrible necesidad de parlotear todo el rato. Que te quede clara una cosa: NO somos novios, somos amigos. Así que compórtate como tal.
- ¿Cómo osas? –se llevó una mano al pecho, fingiendo que le rompía el corazón- ¿por qué te pones así? Ni que fuera el fin del mundo. No dije nada que no fuera cierto.
- Pero si nunca hemos salido –replicó entre dientes.
- ¿Eso es una cita? –pestañeó coquetamente.
- Si… o sea no, no, no. ¡Por Eiffel, Chloe! Deja de confundirme. Por tu culpa, Mari se ha enfadado conmigo.
- ¿Te refieres a…?
- No la insultes. Es mi mejor amiga.
- ¿Tu mejor amiga? ¡Por favor! Ambos sabemos que YO soy tu mejor amiga. Ese puesto me pertenece –sacó un pequeño espejo para pintarse los labios.
- Lamento darte malas noticias
- No bromees con eso, Rubius. Eres gracioso pero hay bromas que no paso.
- No es una broma y ahora si me disculpas… -se levantó de la grada. Estaba a punto de sonar el timbre del final del recreo.
- ¡Adrien!
La ignoró deliberadamente. Vio como Nathaniel salía de la biblioteca y sin pensar, lo agarró del brazo hacia el baño de los chicos. El pelirrojo solo tuvo tiempo de soltar una breve exclamación de sorpresa antes de verse a solas con él.
- ¿Qué haces? –exigió saber. Su voz casi sonó chillona y su expresión estaba entre desconcertado y asustado.
- Déjate de tonterías. Sé lo que pretendes con Mari –fue al grano.
- No sé de que me estás hablando –apretó su mochila y sus carpetas contra su pecho como si fueran su propio escudo.
- Mira… puede que a Mari la puedas engañar pero a mi no –siguió hablando con dureza. No pretendía ser tan brusco pero sus ojos verdes parecían arder.
- Oye, tío, no me interesan tus problemas con ella. Resuélvelo y déjame en paz.
- Ese es el problema. Que ella no me deja y se pone contigo. No sé si captas el mensaje –se acercó mas a él, lento y seguro de si mismo.
Nathaniel apretó la mandíbula en un vago intento de ser valiente. Esperaba que Mari no notara mucho su ausencia.
- También soy su amigo –dijo patéticamente.
- ¿Su amigo? –contuvo la risa, esbozando una irónica sonrisa- que bien lo disimulas. Eres mas astuto de lo que creía, ya sabes, como los zorros.
- Esto es acoso. Déjame en paz, lo digo en serio.
Adrien entrecerró los ojos, observándolo detenidamente. Nathaniel contuvo el aliento. Finalmente, el rubio se relajó y sonrió de buen rollo.
- Era broma –palmeó su brazo y vio con satisfacción como temblaba- solo quería asegurarme. Mari me importa, ¿sabes? Así que… no te metas, ¿quieres?
El pelirrojo asintió rápidamente. Esperó a que el chico saliera del baño y pudo respirar tranquilo.
La semana transcurrió lentamente. Muy larga para ambos amigos. Mari por fin le dirigió la palabra, pero solo para lo estrictamente necesario, es decir, para estudiar y hacer los deberes y los trabajos. Adrien notó que algo había cambiado. Ya no bromeaba, ni se reía, ni sonreía, era como si la risueña y divertida Marinette, su mejor amiga, se hubiera marchado lejos durante un tiempo. Ahora parecía una adolescente responsable y con esa mente tan creativa que rompía las reglas de los adolescentes comunes. No era que no lo fuese antes, pero parecía haber resurgido con mas fuerza y eso lo amargaba. La echaba de menos y se sentía tan culpable al mismo tiempo. Se había dado por vencido. Ella no lo escuchaba y parecía no tener intenciones para ello. Sus madres no tardaron en darse cuenta de que algo les pasaba. Para María no fue difícil sonsacarle información a Adrien, en cambio, Sabine se encontró con una pared al intentarlo con su hija.
Por otra parte, Gabriel se enteró del ingreso del colegio y montó en cólera. Quiso quitarlo, negándose en redondo que su único hijo fuera a un mediocre colegio público. Costó mucho hacerlo entrar en razón entre su mujer, su propio hijo, y hasta el mismísimo alcalde, por medio de Chloe, para dejar que Adrien siguiese estudiando. Como era de esperar, impuso las condiciones de que continuara sus estudios de chino, esgrima y modelo sin rechistar y Adrien aceptó. Le gustaba lo que hacia y no le supuso un problema aceptar las demandas de su padre. Estaba muy contento por continuar, a expensas de la reciente mala relación con Mari. A veces llegaba a estar tan ocupado que ni pensaba en sus problemas personales. En parte lo agradecía, lo ayudaba a distraerse.
El teléfono inalámbrico del escritorio de Marinette sonó mientras hacia los deberes. De mala gana, lo cogió para ver quien era. Suspiró y descolgó.
- Buenas tardes, Casa de los Cheng
- No hace falta que uses las formalidades conmigo.
La peliazul sonrió levemente al reconocer la voz de su artista favorito tras la otra línea.
- Es la costumbre, no me lo tengas en cuenta –le restó importancia.
- ¿Cómo estás?
- Estoy haciendo los deberes de mates. Insufribles matemáticas –recalcó con pesar.
- No te he preguntado eso, pero si, te entiendo.
- Estoy bien, Nath –dijo automáticamente. Una frase tan típica como inverosímil. No estaba bien, pero tampoco quería divulgarlo.
- ¿Aun siguen peleados?
- ¿Solo me has llamado por eso? Te creía mas interesante –bromeó sin mucho entusiasmo.
- Lo siento, soy pésimo para sacar temas de conversación, ya lo sabes
- Discrepo totalmente
- Ya tuvimos esta charla una vez, no me avergüences –protestó como si fuera un niño. Mari podía jurar que se había sonrojado. Soltó una risita- bien, te he hecho reír.
- Eso no es reír. Es una especie de bufido con gracia –replicó y lo oyó reír a carcajadas.
- Tú si que sabes hacer reír. Eres ingeniosa.
- Gracias. Normalmente no me halagas mucho
- No pienso hacerlo. Está prohibido
- Eres tan bobo… -suspiró con una pequeña sonrisa.
- Culpable. ¿Seguro que estás bien?
- Lo estaré. Mientras tanto, tengo deberes que hacer. Ya nos vemos mañana, ¿de acuerdo?
- Vale. Hasta mañana, Marinette
- Chao –se despidió y colgó el teléfono.
Nathaniel le hacia sentir bien. Era un buen amigo. Era callado y tímido pero su presencia la tranquilizaba y era tan inocente que la enternecía. Por no hablar del talento que poseía y los gustos que compartían. Era especial y se alegraba de tenerlo como amigo. Intentó no pensar en sus problemas pero era difícil cuando sus ojos verdes aparecían en su mente una y otra vez
Pero una tarde, cuando Adrien pasó por su casa con su mochila y sus deberes, Marinette lo atacó según subió las escaleras a su cuarto.
- ¿Es cierto?
Adrien se frenó en seco con cara de póker. Su amiga parecía a punto de estallar. Sus mejillas estaban teñidas de escarlata, la mandíbula apretada y una mirada dura como el granito.
- Emm… hola, yo también me alegro de verte –dijo con un tono irónico por el recibimiento.
- Adrien... –murmuró su nombre con paciencia, conteniendo su enfado. Y el chico sintió que se estremecía- ¿es verdad que acorralaste y amenazaste a Nathaniel en el baño hace una semana?
- ¿Esa comadreja estúpida se chivó? –soltó sin mas, cambiando drásticamente de humor.
- Pero ¿tú de que vas? No lo llames de esa manera
- ¿Ahora lo defiendes?
- ¡Es mi amigo! –aclaró.
- ¡Yo también soy tu amigo! ¡Tu mejor amigo! –contraatacó, mordaz y dolido. Lanzó la mochila por el cuarto, a saber donde- y me tratas de pena.
- ¡Tú me mentiste! –gritó cabreada y dolida también- nunca lo has hecho. Al menos él me hace sentir mejor.
- No me siento orgulloso, ¿vale? Y he querido explicarte pero no me dejas. Eres tan testaruda… pero me alegra que tengas un novio que te haga compañía.
La peliazul se mordió la lengua. Qué difícil parecía aquello. Lo echaba muchísimo de menos pero estaba muy dolida con él. Su orgullo parecía frenar su deseo de escucharlo. Siempre habían hablado, aun cuando el problema fuera grande. Entonces… ¿por qué le costaba tanto en ese momento? ¿Qué diferencia había?
- Él no es… -replicó pero enseguida enmudeció, mirándolo con incredulidad- lo estás haciendo a propósito, ¿verdad? ¿Te crees que soy idiota? Tu novia es una pija mimada que insulta por placer. Y pareces haber cogido sus costumbres –escupió las palabras con veneno, haciendo alusión a sus comentarios sobre Nathaniel.
Adrien se encendió por dentro. Apretó los puños. ¿Es que no se daba cuenta de lo mucho que le dolía estar separado de ella? ¿Lo mucho que la echaba de menos y que su único deseo era hacer las paces y volver a la normalidad?
- Eso fue un golpe bajo –farfulló, respirando dificultosamente.
- Tú caíste muy bajo con lo que le hiciste a Nathaniel. Él no tenia nada que ver. Si tienes un problema conmigo, lo arreglas conmigo y ya está. Es entre los dos.
- Solo yo quiero arreglarlo porque tú no me dejas –alzó la voz, movido por las emociones. Sintió que los ojos le picaban de rabia, creyó que iba a llorar.
- ¿Y qué me vas a decir? ¿Que esa tal Chloe no es tu novia? ¿Que solo es tu amiga y que casualmente no he oído hablar de ella en mi vida? –dijo con hiriente ironía, cruzándose de brazos.
- No me pareció relevante –intentó defenderse.
La observó con los ojos nublados por la frustración y la impotencia y ese estúpido pensamiento de que, incluso enfadada, Marinette era muy guapa.
- Eso se llama mentir, por si no lo sabias –bufó tremendamente molesta- pero ¿sabes qué? No importa, en realidad, me alegro, elegiste un buen partido. Parece una modelo, es rubia y estilosa. De tu tipo vamos –le dio la espalda para volver a su escritorio.
Su tono despreocupado volvió a encender la chispa en el corazón de Adrien. ¿Estaba insinuando lo que creía que estaba insinuando? Se estaba comparando con Chloe Bourgeois. Y encima se alegraba por él. ¿Cómo no podía darse cuenta? Ella era mil veces mejor persona y partido que Chloe. No supo si fue por las hormonas, la ira u otro tipo de emoción pero no pudo contenerse.
- Eres tan tonta…
- ¿Perdón? –se volvió hacia él como un resorte, incrédula- ¿qué me has…?
- Escúchame bien –la apuntó con el dedo mientras se acercaba un poco mas pero no demasiado- me importa un comino si me crees o no, pero Chloe no es mi novia…
- Deja de mentir ya, Adrien –dijo cansada de aquella conversación- no necesito que me expliques, simplemente quiero que seas sincero, nada mas. Se supone que somos los mejores amigos.
- He dicho que ella no es mi novia –protestó con seriedad- y mucho menos me gusta.
- ¿Por qué no? Lo tiene todo –se encogió de hombros. No sabia de donde le salía aquella actitud pero la verdad no le importaba.
- ¡Maldita sea, Marinette! ¿Por qué me lo pones tan difícil? ¿Es que no lo entiendes?
- ¡Pues no! ¡No te entiendo! ¿Vale? Déjame en paz –le gritó sin darse cuenta.
- ¡Chloe NO me gusta! ¡Me gustas TÚ! –soltó a bocajarro señalándola con ambas manos y mirándola intensamente a los ojos.
Marinette se congeló en el sitio cuando su mejor amigo pronunció aquellas palabras. Sus ojos se abrieron como platos y su corazón se detuvo para luego volver a la carrera como un caballo desbocado. Adrien solo podía mirarla, temblando como una hoja y queriendo que la tierra lo tragase después de aquella confesión.
-AUTORA-
Hola a todos!
HE VUELTO! Como habéis pasado esas fiestas? He podido actualizar antes de tiempo. Logré traerme mi portátil y tachan! estoy escribiendo jejeje. Este cap es un poco mas corto que el resto pero espero que lo disfrutéis.
Muchas gracias por vuestra paciencia. En mi perfil iré actualizando cualquier cosita.
Reviews? Si? Quiero saber de ustedes.
Abrazos,
Dama Felina
