Capítulo 68: Sarafina confronta a Scar

Scar narrando:

Después de aquella conversación con Zira, comencé a fantasear y a soñar despierto: Elanna siempre había sido muy dulce y amable conmigo. Cada vez que nos encontrábamos, yo podía sentir una gran felicidad. Era como magia. Había tanto que quería saber de ella. Y así iba yo, perdido en mis pensamientos; Elanna, ¡Elanna! ¡Elanna!, ¡qué maravilloso nombre!, perdida mi mente, navegando en la luz de su recuerdo, cuando inesperadamente sentí que había chocado contra alguien.

—Scar, ¿Qué te sucede? Estabas hablando sólo, como un loco y estabas… sonriendo de una forma grotesca.

No lo podía creer. Sarafina, estaba frente a mí, parada, con una expresión de susto y preocupación en el rostro.

—¡Por los dioses, Saffy! Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que conversamos. Lo último que supe de ti, fue que estabas viviendo en una cueva, muy cerca del baobad de Rafiki.

—Así es… Pero no vine a hablar de mi vida. Yo vine aquí a hablar de tu horrible reinado… y de Sassie.

—Pero Saffy... Tú conoces la ley... Nadie puede…

—¡Al diablo con la ley! —gritó ella—, es muy importante que hablemos.

La mirada de Sarafina echaba chispas, me imponía mucho. Parecía asesinarme con ella. Me horroricé tanto, que bajé la guardia y en un tono suave y amable le dije:

—Pero no te quedes ahí, Saffy querida, vamos a mi cueva y ahí conversaremos.

Apenas pisó la cueva, la leona comenzó a reprocharme:

—Scar, Sarabi ya me platicó lo que intentaste hacer con ella.

— ¡Oh! ¿De verdad? ¿Y, Qué hay con eso? –le contesté en tono irónico.

—Pues, que si vuelves a intentar algo así, yo personalmente me encargaré de descuartizarte, ¡Entendido!

—Cada palabra –le dije asintiendo con la cabeza, fingiendo gentileza.

—¡Debes respetarla! —continuó ella—: Y no quiero que te aproveches de la muerte de tu hermano, para acercártele.

Ese comentario en verdad se me hizo injusto.

—¡Pero mi hermano se aprovechó de mi auto-exilio para enamorarla!

—¡Pero es diferente! –Se exasperó ella, tomó aire, se calmó un poco, y al cabo de un momento prosiguió—: Ella no te ama.

—Sarabi me amó alguna vez. Ella misma me lo expresó —le dije concierta desesperación. Entonces noté en Sarafina, una mirada de compasión hacia mí.

—Sí. Lo sé. Ella me lo señaló muchas veces. Es muy cierto que ella se enamoró de ti, Pero eso…, está en el pasado.

Al decir estas tres últimas palabras, 'en-el-pasado', me quedé pensativo por varios segundos. Era cierto. Todo estaba en el pasado ya. La imagen de Elanna regresó a mi cabeza nuevamente, y con más fuerza que nunca.

—Todo en el pasado —susurré de manera casi imperceptible, perdiendo mi vista en la nada.

—¿Qué dices, Scar?

Volví en mí

—Ehmm, Nada. Pero por favor, prosigue Sarafina.

—Te decía que te mantuvieras lo más lejos de Sarabi, por tu propio bien.

—Tenlo por seguro —le dije en un misterioso murmullo. —Nunca más volveré a molestarla, y más ahora que ella entró en mi corazón.

—¿Ella? ¿Quién?

En ese momento me entró mucha inseguridad. Si Sarafina sabía que yo me refería a Elanna, talvés ella se encargaría de decirle lo que había intentado hacer con su hermana. No me convenía, así que cambié el rumbo de la conversación de manera inmediata.

—Alguien que conocí... Y bueno, recuerdo que también querías hablar sobre mi reinado, ¿Algún problema con él?

—Sí. Muchos. Sarabi me ha dicho que para la cuadrilla de caza ha sido más difícil que nunca conseguir alimento, también me contó que los reinos vecinos, excepto el de mi esposo, han decidido bloquear el tuyo. ¿Te das cuenta de la magnitud del problema?, los reinos vecinos eran un gran apoyo para nosotros. Y ahora que más los necesitamos, ya no contamos con su ayuda.

—¡¿Y has venido hasta aquí, sólo para reclamarme eso?!

—¡He venido hasta aquí para hacerte ver la realidad! –me dijo—. ¿Qué te ha sucedido? ¿Por qué no cuidas bien de estas tierras? ¿Acaso no te importan?

Sus preguntas eran como punzadas en mi cabeza. Yo ya no la soportaba un minuto más.

—¡Silencio, Sarafina! — Exclamé alzando más la voz, casi en un rugido—, ¡Sabes que no está permitido criticar mi manera de gobernar!

Ante mi reacción, Sarafina se asustó; se asustó mucho. Se quedó petrificada y en silencio por varios segundos, mirando mis ojos, muy decepcionada. Bajó la cabeza, y cerró los ojos.

—¿Dónde está el maravilloso y tierno Taka que una vez conocí? Ese Taka que soñaba con ser un buen rey. Ese Taka que anhelaba ser la estrella más brillante de todas.

Le di la espalda, y le dije en voz baja:

—Taka, ha muerto. Scar es lo único que queda de mí —le solté al fin, aunque yo sabía perfectamente que esto no era cierto. El "Taka" dentro de mí seguía presente. Muy presente, y eso me resultaba repugnante.

Una lágrima recorrió el rostro de Sarafina.

—Recuerdo que un día te dije —comenzó a decir—, que en caso de que tu estrella no brillara cuando murieras, yo abogaría por ti, para que fuera la estrella más brillante de todas.

—Sí, lo recuerdo.

—-Pues bien, quiero que sepas que yo anhelaba abogar por Taka, no por Scar.

Al escuchar esto, quedé petrificado. En silencio. Sentí una fuerte opresión en el pecho. Miré a los ojos a Sarafina, y por unos segundos pude percibir sus sentimientos de rechazo hacia mí, sin embargo aun debía preguntarle algo.

"Sarafina, sé que te voy a cambiar el tema pero por favor, Háblame de nuestro hijo; ¿Está bien…? ¿Es feliz?"

Sarafina me miró con total desprecio.

"¿Nuestro hijo? ¡Nunca vuelvas a decir semejante blasfemia! ¡Mheetu dejó de ser tu hijo el día que lo rechazaste!, ahora el único padre que tiene es mi esposo Shizazen."

Y con estas palabras, Sarafina me dio la espalda bruscamente y acto seguido salió de la cueva con paso firme y decidido.

En aquellos momentos yo sólo podía sentir rabia y asco de mí mismo.

"Mi abuelo Mohatu siempre me decía que los grandes reyes del pasado nos cuidan desde arriba. Me explicaba que el brillo de las estrellas dependía de las virtudes del corazón desarrolladas en vida. Desde que me contó esto yo siempre soñaba que mi estrella sería la más brillante de todas. Creo que fallaré en mi intento"

"Yo no lo creo. Estoy segura de que tú serás la estrella más bella y brillante en el cielo."

"¿Por qué lo afirmas con tanta seguridad?"

"Me salvaste. Eso demuestra la nobleza y valentía de tu corazón. Si yo pudiera hacer algo por ti, Si al morir tu estrella no brillara tanto como tú hubieras querido, yo abogaría para que resplandeciera como ninguna otra."