Capítulo 69: Un ángel compasivo

SCAR NARRANDO:

Una noche, ya muy tarde, cuando el resto de la manada dormía, salí a contemplar los delicados rayos de luna que caían sobre mi desolado reino, haciéndolo lucir falsamente hermoso y perfecto. Una gran sensación de vacío recorría mi alma. Las palabras de Sarafina habían penetrado en lo más profundo de mi espíritu y rodaban por mi cabeza una y otra vez.

Miré el cielo estrellado y me estremecí, al pensar que mi estrella jamás brillaría; Ese sueño infantil se desvanecía cada vez más, conforme iban pasando los años. Cerré mis ojos y lleno de melancolía comencé a tararear aquella vieja canción que mi madre me había enseñado.

Y si el viaje se te hace largo y difícil,

Y si el viaje te arrastra,

Deja que esta oración sea tu guardiana,

A pesar de que el destino te lleve muy lejos

Recuerda siempre que seré tu eterna compañía

No pude evitarlo más, las lágrimas comenzaron a rodar en abundancia por mi rostro. Y como un milagro, segundos más tarde, escuché una angelical voz detrás de mí:

—Scar, ¿Te encuentras bien?

Me volví y la vi. Parada frente a mí, como un ángel, Elanna me contemplaba preocupada con una mirada que emanaba dulzura y fragilidad, ¿Sería acaso la señal que estaba esperando?, ¿Mis plegarias de auxilio habrían sido escuchadas?

—Eso creo –le respondí.

—¿Seguro? —me dijo—, yo juraría que te escuché sollozar hace unos instantes, ¿No te gustaría que platicáramos un rato?, La luna está hermosa esta noche y tengo insomnio.

Era, sin duda, la oportunidad que yo estaba esperando. La oportunidad de estar con Elanna a solas. Había tantas cosas que quería saber de ella, tanto por descubrir.

Nos paseamos por bastante rato; Su presencia lograba apaciguar las aguas turbulentas de mi interior. Su paz y su calma brindaban regocijo a mi atormentado espíritu, y mientras caminábamos no podía dejar de mirarla. Era más bella que la misma luna, su voz más sublime que el canto de mil pájaros, sus ojos ocultaban los misterios de su alma, esos misterios que debían ser solo para mí, esos misterios que yo mismo debía desentrañar.

Talvés porque apenas nos conocíamos, talvés porque era demasiado pronto, pero sólo hablamos de cosas banales, cosas muy sencillas, pero gracias a ello descubrí que sus flores favoritas eran los claveles y que disfrutaba observar los atardeceres.

Después de mucho andar, regresamos a La Roca Del Rey.

—Elanna, Estaba pensando...

—Dime…

—¿Te gustaría salir de nuevo conmigo a platicar mañana por la noche?

Ella sonrió, sus ojos parecieron brillar intensamente.

—¡Me encantaría!

Después de eso, no pude evitar decirle:

—Es increíble que no me odies.

—- ¿Y por qué habría de hacerlo?

—Creo que tu hermana ya te habrá puesto al tanto de muchas cosas horribles sobre mí —le respondí bajando la mirada y alistándome para una posible reacción de rechazo.

—No creas que mi hermana y yo tenemos la mejor comunicación— me respondió—, ¿Pero sabes algo? , aunque ella llegara a contarme atrocidades sobre ti…

En ese momento miró a mis ojos de una forma penetrante y seductora, acercó su boca a mi oído y en un suave y delicioso susurro, me dijo:

—No me importaría.