Capítulo 71: ¡Tenemos tanto en común!

Redactora:

El astro rey poco a poco iba ocultándose dando paso a una maravillosa puesta de sol. El cielo matizaba con hermosos tonos rojizos y azulados.

Elanna se sentó en algún lugar de la sabana a llorar desconsoladamente. Detrás de ella, Scar se le acercó silenciosamente y en un tono muy suave le dijo:

—¿Cómo es que un diamante tan hermoso y brillante como tú puede estar opacado por la tristeza?

Como si Taka estuviera ausente y con la cabeza gacha, Elanna comenzó a hablar:

—Yo no soy brillante cual diamante, soy sólo la oscura sombra de mi hermana.

Taka abrió la boca para contestar, pero la leona alzó la voz, así que la dejó continuar.

—Desde que era muy pequeña yo siempre me sentí desplazada por Sarabi. Cuando pensaban no me daba cuenta, mis padres solían decir "Sarabi es nuestro orgullo", en cambio siempre me reclamaban que yo les daba dolores de cabeza. En las reuniones familiares Sarabi era el centro de atención; Todos se ponían a platicar con ella, pero a mí me ignoraban por completo. Ella aprendió muy rápido las técnicas de cacería, pero yo nunca pude hacerlo bien. Siempre supe por cuál de las dos tenían preferencia mis padres.

Mientras hablaba, Elanna le inspiraba a Scar sentimientos de ternura. Nunca hubiera creído que se sentiría tan identificado con ella.

—¡Estoy sorprendido! —Exclamó el león de oscura melena—. ¡Tenemos tanto en común!

Elanna entonces, enjuagó sus lágrimas con su zarpa, cambio su expresión de tristeza, y sonrió ligeramente.

—Ya lo creo que sí, Scar.

—Y dime, Elanna, ¿por qué esas leonas estaban diciendo que desaprovechaste la oportunidad de reintegrarte a la cuadrilla?, ¿Acaso tú ya habías pertenecido a ella en el pasado?

—Cuando mi hermana quedó comprometida con Mufasa, se fue a vivir con él a La Roca Del Rey. Mis padres ya habían muerto así que Parvati y yo seguimos a nuestra hermana, y comenzamos a vivir en La Roca también. Ambas nos integramos a la cuadrilla de caza. Tenía apenas una semana de haberme integrado cuando una horrible noche de cacería, una imprudencia mía, casi le cuesta la vida a una de mis compañeras. Fui expulsada del grupo después de eso. Cuando Sarabi se casó, todo empeoró para mí. Las demás leonas sentían que yo era una inútil y que no contribuía a la manada. Sólo mi hermana se apiadó de mi situación. Trataba de consolarme pero no me permitía cazar. Esto molestaba mucho a las demás quienes me consideraban una holgazana. Debido a la escasez de alimento por la que todos en el reino estamos pasando actualmente, me reintegraron a la cuadrilla de emergencia. Era mi oportunidad, quería demostrar que yo sí podía hacerlo bien, que yo no era ninguna inútil. —el llanto se apoderó nuevamente de Elanna. —¡Pero fallé en mi intento!

Taka levantó una de sus patas y la abrazó tiernamente.

—Vamos preciosa, no llores más. Yo te protegeré, nadie volverá a humillarte en mi presencia.

Elanna pudo sentir la calidez de su alma y se reconfortó en él. Una paz inmensa la invadió. Se quedaron así por varios segundos. Scar se perdía en el suave y peculiar aroma de la leona. Después de un rato el león la soltó lentamente.

—¿Ya te sientes un poco mejor? –le preguntó con una inusual dulzura en el siempre frío león.

—Eso creo. —respondió Elanna.

Taka se quedó mirando hacia el horizonte por unos segundos.

—¿Sabes?, cuando me fui de casa, me adoptó una familia de Hienas. Su lideresa Fabana me acogió y…

Elanna lo interrumpió de golpe.

—¡¿Hienas?!, pero las hienas son…

—-Sé lo que estás pensando —le dijo Scar— Y quiero que sepas que todo lo que sabes sobre ellas es falso. Amé a Fabana como a una madre y siempre la llevaré en mi corazón.

Elanna lo escuchaba atentamente.

—Al principio las hienas compartían gustosas su comida conmigo, pero por circunstancias de la vida tuve que aprender por mí mismo a cazar, así pues creo que tú puedes aprender también. Si yo que soy león macho y que mi naturaleza no es propiamente cazar, no veo por qué tú no puedas hacerlo, es sólo cuestión de que tengas confianza en ti misma.

—¿En verdad lo crees? –preguntó Elanna sonriendo.

—En serio —le aseguró Taka, secando las últimas lagrimas que goteaban de los ojos de la tierna leona.

—Además, a diferencia mía, tú contarás con un maestro que te enseñará— le susurró Taka seductoramente al oído.

Mientras conversaban, el siempre despiadado y solitario corazón de Scar experimentaba en aquellos momentos extraños sentimientos de amor y compasión que no había sentido en años de desolación, Su respiración estaba agitada. En mucho tiempo no había sentido tanta felicidad. Elanna sería su inspiración. Su musa, su tesoro más preciado.