Capítulo 73: Amor y veneno.
REDACTORA:
Pasaron algunas lunas dentro de las cuales Elanna y Taka por fin encontraban algo de paz y sosiego en sus desdichados corazones, pero la vida no era miel sobre hojuelas para todos.
Una mañana, los dos enamorados se citaron al caer la tarde, a la sombra de una acacia. Lo que ellos no sabían es que una leona llena de celos los vigilaba muy de cerca.
—¡Oh, preciosa Elanna! Debajo de este árbol y con los dioses como testigos, quiero pedirte que aceptes ser mi bella esposa.
Elanna se sonrojó, miró fijamente los misteriosos ojos verdes de su amado, y con inmensa dulzura frotó su cara contra la de él.
—Nada me haría más feliz en esta vida que ser tu esposa.
Ambos leones se dieron un tierno abrazo leonino. Scar le susurraba a Elanna de manera seductora:
—Nuestro amor podría controlar las fuerzas de la naturaleza. Juntos podríamos hacer que brillara más el sol, y lograríamos detener el más furioso huracán.
Mientras tanto, Zira, quien estaba agazapada entre los pastizales, observaba con atención. Ella sentía como ardían llamaradas de celos en su negro corazón, así como una sensación de profunda tristeza y frustración. Su amado se casaría, y con ello las pocas esperanzas que quedaban de conquistar a Scar se iban desvaneciendo lentamente. Lo poco que quedaba del castillo de sueños que una vez había construido, se terminaba de destruir frente a sus ojos.
Lentamente y sin hacer ruido, Zira regresó a La Roca Del Rey, dejando detrás suyo a los enamorados, quienes disfrutaban de su amor, sin percatarse de que habían sido observados.
Al llegar a su destino, Zira encontró a su mejor amiga Lazy-Eye platicando con otra leona del exejército de Haki llamada Cintia.
—Lazy, ¿Puedo hablar contigo? -inquirió, Zira
—Por supuesto amiga, sabes que yo siempre estaré disponible para ti.
Cintia también se preocupó:
—¿Que te ocurre, amiga?— le dijo.
Cintia se había convertido también en una gran amistad para Zira. Era muy detallista con ella y buscaba apoyarla en sus momentos de necesidad.
—Salgamos afuera, y platicaremos —sugirió Lazy-Eye.
La noche había caído sobre Las Tierras Del Reino. Zira abrió su corazón a sus dos amistades quienes escuchaban, sintiendo mucha preocupación por el bienestar por su mejor amiga.
—¡Oh, florecita, no sé qué decirte! Pienso que lo mejor sería que intentaras olvidar a Scar. Piensa que lo tuyo, es sólo un capricho que te formaste en tu mente cuando eras cachorrita... nada más. —le dijo Cintia.
Zira lloraba desde lo más profundo de su corazón.
—Pero Lazy, yo lo he amado toda mi vida. Él me salvó la vida, él y yo hemos estado juntos muchísimo tiempo. Me aceptó cuando nadie más lo hubiera hecho.
—Talvés tengas razón Zira –decía Lazy tratando lo más que podía de apaciguar la tristeza de Zira—, ¿pero sabes?, cuando en verdad se ama a alguien se debe aprender a dejarlo ir. Piénsalo Zira.
Lazy no podía soportar ver a su amiga tan mal, así que automáticamente le dio un fuerte abrazo leonino, y una vez que se soltaron, Cintia le dio otro más y le dijo:
–Te dejaremos con los grandes reyes para que platiques con ellos —y con estas palabras, Cintia y Lazy, se retiraron.
Los consejos de Cintia y Lazy-Eye, aunque bien intencionados, no eran suficiente consuelo para el despedazado corazón de Zira. Sentía que no había nada en el mundo que pudiera ayudarla en ese momento, aunque no por eso dejaba de apreciar lo que sus dos mejores amigas en el mundo trataban de hacer por ella.
Zira, lloraba llena de decepción. Sus lágrimas salían de manera abundante como gotas de lluvia. Minutos más tarde decidió caminar, ¿hacia dónde?, Ni ella misma lo sabía. Sólo quería desaparecer del mundo por un momento. No quería que nadie la viera en ese estado.
Después de mucho andar, un brote de exasperación llegó a ella, y así no pudo evitar mirar al cielo y gritar:
"¡Me siento tan frustrada! Scar no me ama. Él solo tiene ojos para esa buena para nada de Elanna. ¡Lastimé los sentimientos de Haki por Scar, y Scar sólo me ve como una amiga! ¿Por qué Dioses? ¿¡POR QUÉ!?"
—Porque así es la vida, nena —dijo inesperadamente una varonil voz detrás de ella. Zira dio un brinco hacia atrás.
Un atractivo león de melena abundante y desaliñada, voz como salida de un barrio bajo y sonrisa como sacada de un comercial de pasta de dientes, estaba parado observándola por encima de su cabeza.
—Era como decía Scar… la vida es injusta—Le dijo Zira, sin tomarle importancia al extraño. Ella estaba tan sumida en su tristeza, que prácticamente estaba ignorando al guapo león que tenía enfrente, pero este siguió presentando resistencia a la indiferencia de Zira.
—¡Eso no es verdad! —dijo el león—, la vida no es justa ni injusta. La vida es eso: La vida.
Zira sonrió, dejando a un lado su tristeza.
—Veo que eres un león de ideas liberales.
—¡Así es! –Respondió el león –de hecho soy un filósofo del tipo optimista y vagabundo. Vivo bajo mis propias reglas.
—No puedo pensar como tú —comentó Zira—, me han sucedido tantas cosas malas últimamente que...
—Olvida eso, nena… La vida está hecha solo para gozarla. —el león comenzó a dar vueltas alrededor de ella observándola detenidamente.
—Eres una belleza rara… Así es como me gustan las leonas… Rudas y fuertes… ¡Cómo tú!
Zira rió, sonrojada.
— ¡Jé, jé! ¿Lo dices en verdad?
—Por supuesto pimpollo1… ¡Estas chulísima!
—Gracias.
—Pero, mujer —le dijo el desconocido león a Zira—, sécate esas lágrimas y diviértete, que la noche es joven.
Zira lo miró juguetona y maliciosamente.
—Tal vez un poco de diversión no me hará daño.
El desaliñado león, se le acercó y le robó un intenso y ardiente beso. Entre jugueteos peligrosamente arrebatados, pronto ambos se vieron envueltos en un poderoso y descomunal arrebato de pasión e inmenso deseo.
A la mañana siguiente Zira despertó sintiéndose muy extraña.
Pestañeó.
¿Dónde estaba aquel guapo león? Los primeros rayos del sol matutino le pegaban con gran fuerza en la cara. ¿Qué había sucedido?
Pronto se dio cuenta de que había amanecido. ¿Y el león con el que había estado anoche? Se levantó y lo buscó por todos lados. Él ya no estaba. Una especie de cruda moral comenzó a invadirla; había estado con un león desconocido. Ni siquiera le había preguntado su nombre. Todo había sido muy rápido. Pero… ¿Qué importaba ya, si Scar no la amaba?
Zira miró a su alrededor.
—¡Debo regresar a Las Tierras Del Reino! —pensó desesperada.
Para su alivio, tras su retorno, se encontró con Lazy-Eye y Cintia.
—¡Zira! ¿Dónde te habías metido? Scar nos pidió ayuda para buscarte.
Zira abrazó a sus amigas.
—¿Podemos platicar?
—Por supuesto, amiga.
Zira platicó con Lazy y Cintia por bastante rato sobre la extraña mezcla de emociones que estaba experimentando: confusión, tristeza, alegría, soledad… Todo a la vez.
1 "Pimpollo" y "Chulísima" son piropos populares para decir a una chica, algo vulgares.
