Capítulo 77: La pureza del amor, las llamaradas del odio
En medio de la penumbra, un el pequeño Taka corría aterrado. A su alrededor sólo oscuridad. Detrás de él unas hienas encolerizadas lo perseguían; "¡Traidor!" Le gritaban. De pronto todo se desvaneció, para después encontrarse con un chamán. Este lo miró a los ojos y de manera acusadora le dijo: "te convertirás en un monstruo." Posteriormente el escenario cambió nuevamente; una luz blanca cegadora abarcando todo el espacio y una voz retumbando en forma de eco la preguntaba: "¿Quién eres tú, realmente?", todo se puso oscuro. Una sombra lo abrazaba sin que él pudiera moverse, dejándolo completamente inmóvil, mientras le susrraba; "He venido aquí para advertirte". Después el león caía en un agujero tenebroso y profundo a manera de espiral...
—¡Auxilio! —gritó el atormentado león en medio de la noche. Escalofríos recorrían su medula espinal. De pronto sintió que alguien lo sacudió.
—Scar... Amor mío… Despierta
Taka sudaba frio, lo invadía el terror. Tenía la mirada perdida.
—¡Han vuelto, Lannie! Me atormentan, me persiguen y quieren devorarme.
—¿Quienes, cielo? –preguntó Elanna, angustiada por su esposo.
—Y esa profecía... ¡Esa maldita profecía!... Aunque mi Fabana quiso destruirla, todo se ha cumplido al pie de la letra.
A Elanna se le nublaron los ojos, se lanzó sobre Scar y lo abrazó fuertemente.
—¡Oh, mi amor! ¡Cómo desearía que esa profecía no te atormentara!
Ambos lloraban; Scar de terror, Elanna de impotencia... impotencia al no poder desvanecer todos esos miedos que atormentaban a su amado esposo.
—¡Por favor, Elanna! Promete que nunca me dejarás. Mi vida está condenada por esa profecía: los súbditos me odian, la manada me desprecia, mi mejor amigo, Haki, se fue de aquí, tengo un hijo en el reino vecino que no podrá saber nunca que yo soy su verdadero padre, mi madre Uru y Fabana están muertas, pero tú, tú me haces levantarme cuando caigo… Tú eres lo único que tengo en esta miserable vida... ¡Tú, y ese niño que esperas en tu sagrado vientre!
Elanna lo miraba acongojada, y se preguntaba, ¿por qué los dioses se habían ensañado con él? ¡¿Por qué?!, la angustia al ver a su esposo así era inmensa, y lo único que podía hacer ella era quedarse ahí sentada junto a él, acompañándolo en su tortuoso viaje de vida. Ella abrió sus labios para decir en voz baja:
—Tú mismo lo dijiste, ¿no es así?, que nuestro amor podría controlar las fuerzas de la naturaleza, que juntos podríamos hacer que brillara más el sol, que juntos lograríamos detener el más furioso huracán."
—Sí, preciosa, tienes Razón. —Susurró el león de oscura melena cerrando sus ojos. Después dirigido su mirada al abultado vientre de su esposa, lo besó y dijo: —Aún no naces, y ya te amo.
Zira había escuchado toda la conversación mientras se hacía la dormida. Una lágrima recorrió su rostro. Tanto tiempo al lado de Scar, amándolo en silencio, y todo el crédito se lo llevaba Elanna, ¡Eso no era justo!, ¿Y ella qué?, ¿no contaba?, ¿Por qué para ella no podía había amor? ¿Por qué ella debía cargar con ese peso? ¿por qué sus sentimientos debían ser condenados al olvido? ¡¿Por qué?!
Zira, embriagada de profunda envidia y celos de la enamorada pareja, se dio cuenta de que debía levantarse y luchar a como diera lugar por lo que le pertenecía por derecho.
Debía actuar...Y pronto…
