Capítulo 82. Los súbditos padeciendo la furia del destrozado rey.

Con respecto al pueblo, podríamos decir que Scar parecía haberse querido desquitar con él. Su consejero, el buitre Raczo, le informó que durante un buen tiempo muchos animales habían comenzado a huir del reino, las Pelelezas al parecer habían comenzado a bajar su rendimiento. Esto adjunto a sus sentimientos por Elanna, hicieron que Scar se volviera más exigente con el ejercito de hienas, a quienes tenía muy olvidadas; Las volvió a poner en alerta de los movimientos de los habitantes del reino. Las fronteras quedaron más patrulladas que nunca. Miles de pueblerinos que habían salido a probar suerte en otros reinos habían quedado divididos de sus familias, puesto que Scar había decretado que quienes habían logrado salir con anterioridad ya no podían regresar.

Muchos cachorros se vieron separados de sus madres, quedando al cuidado de tíos o abuelos. La ley olvidada, de pena de muerte cobró fuerza nuevamente, y por vez primera, en mucho tiempo, el reino presenció un primer caso: Raiza y Adhoc, los leopardos que habían asesinado a Fabana, años atrás fueron descubiertos hablando mal sobre el gobierno de Scar. Con una patrulla de al menos diez hienas cuidando que no escaparan, ambos leopardos fueron llevados ante el rey. Se les acusó de asesinato a una hiena y conspiración. Así, PENA DE MUERTE, se dictaminó.

Aquellos animales que conocían a los leopardos fueron a pedir al rey piedad, pero la furia de Scar y la ceguera que le provocaba el odio que se incrementaba en él, debido al desamor de Elanna, le impedían pensar con claridad.

El reino entero pagaba las consecuencias.

Al final del día, a las faldas de la roca del rey, miles de hienas se reunieron en círculo. En medio, los dos leopardos llenos de temor se abrazaban uno al otro.

—Todo terminará pronto, querida–, le decía Adhoc a Raiza.

Ante el horror de unos pocos espectadores, que en su mayoría eran amigos y familiares de los leopardos, las hienas despedazaban a la desgraciada pareja.

Las, hasta entonces amenazas, se convertían en terribles realidades.

Scar y las hienas, nunca hubieran imaginado que de manera muy indirecta, estaban vengando, la muerte de Fabana.

La dictadura de Scar, se volvió terrible. Entre las leyes nuevas que dictaminó, una muy desconcertante estuvo en boca de todos:

"Las relaciones de pareja están prohibidas."

Ya no había libertad de ninguna forma. Esa ley, era en verdad, el colmo de los colmos, y sería la causante de grandes crímenes en nombre del amor por parte del gobierno. Y un ejemplo más claro fue, de una pareja. Uno era una cebra y la otra una antílope Hipotrago. Esta es su historia:

Sibila, Hay que escapar juntos. Tu familia nunca te dejará estar conmigo. Tú eres una antílope Hipotrago, y yo una Cebra. Nuestro amor es criminal ante los ojos de los demás.

Lo sé, Chartok, amor mío. Sé que al ser de especies distintas todo está en nuestra contra. Pero, no sé… si huyo contigo, tal vez mi padrastro pueda hacerte daño.

Mi amor, no temas. Todo saldrá bien. Estaremos juntos. Hoy y para siempre.

Ambos animalitos comenzaron a frotar sus cabecitas, como abrazándose, muy dulcemente.

En ese momento, llegaron de improviso dos antílopes más. Eran enormes y musculosos. Tenían unos cuernos muy largos, rectos y puntiagudos. Estos tenían una forma anillada, que fácilmente podrían usar como filosas dagas. De hecho, Sibila también los poseía, pero menos largos y menos puntiagudos.

—¡Oh, no!–exclamó Sibila—, son mis hermanos, debes irte o te matarán.

No es que Chartok tuviera miedo, pero sabía que no podría defenderse frente a los musculosos antílopes ni de sus peligrosos cuernos, Así que escapó del lugar.

Sin embargo era tarde, pues los dos hermanos de Sibila, ya lo habían visto, y uno de ellos llamado Chevak, fue tras de él, el otro llamado Mistrek, amenazó a su hermana con sus poderosos cuernos. Miraba a Sibila de forma severa, lleno de furia.

—Nosotros como tus hermanastros mayores, y nuestro padre, te lo hemos advertido muchas veces: si volvemos a ver por aquí a esa cebra llamada Chartok, entre todos los machos de la manada, lo destrozaremos, ¿entendido?

De la boca de Sibila no pudo salir palabra alguna. Ella estaba paralizada por el coraje y el sentimiento de impotencia. Sus labios temblaban, sin embargo, al final solo pudo pronunciar tres palabras con sumisión.

—Sí, lo siento.

Ella y su hermano, regresaron al refugio de la manada. Sibila caminaba mirando hacia abajo, sin hablar, y empapada en lágrimas. Temía además, por la vida de su hermano, pero también sabía que Chartok era muy listo como para dejarse atrapar tan fácilmente. Si su hermano se atrevía a tocarlo, ella le odiaría de por vida. Por otro lado, los antílopes Hipotrago, no se caracterizan por ser rápidos. Ella sabía muy bien que Chartok lo arrebasaría muy pronto, y dejaría agotado a su hermanastro.

El alma de Sibila era como una olla de agua, a punto de explotar. Ya no soportaba tanta represión por parte de su padre y control por parte de sus hermanos. También estaba cansada de no poder expresar libremente su amor hacia Chartok, estaba harta de tener que ocultarse entre las sombras para poder verlo. Todas las noches ella lloraba y se preguntaba por qué había tanto prejuicio por pertenecer a especies diferentes. ¿Por qué tanto odio?

Y no solo eso, sino que ella había permanecido bajo la custodia de su padrastro Jambo y de sus hermanos, Chevak y Mistrek, luego de que su padre (exlíder de la manada, hubiera muerto bajo las garras de un guepardo). A raíz de eso, ella quedó bajo tutoría de él, pero no solo ella, sino que Jambo se quedó a cargo de la manada. Sin embargo, parecía más un tirano que un líder. Y centrándonos en la situación de Sibila, pues resultó ser un padrastro autoritario. Sibila no lo quería, pues él la maltrataba mucho, sobre todo a nivel psicológico. Siempre la hacía sentir menos, y él junto a sus hijos (por consiguiente hermanastros de Sibila) controlaban cada paso que Sibila daba, incluso su amor por Chartok, a quien habían amenazado con matar, si se acercaba a Sibila.

Más sin embargo, ocurrió algo inesperado. Una extraña enfermedad se apoderó de Jambo, y él tuvo que alejarse de la manada para no contagiarla, sin embargo, sus hijos no permitieron que su padre muriera solo, así que fueron con él, pero sabían que no podrían regresar a la manada, pues, si lo hacían toda la manada se vería amenazada si ellos se contagiaban, así que, la manada nunca los volvió a ver.

Un antílope más amable y confiable, quedó a cargo de la manada. Y para Sibila iniciaba una nueva vida. Por fin podría estar con su amado. Ya no habría para ella, más cadenas que la ataran.

Una noche después de que Jambo, Chevak y Mistrek, abandonaran la manada, Sibila fue a donde Chartok, para contarle la buena nueva. Ambos estallaban de regocijo. Sus corazones eran una llamarada de pasiones que habían querido salir desde hace mucho tiempo. Y todos esos sentimientos se fundieron en el más dulce de los besos. Después permanecieron frotándose dulcemente sus rostros, para expresar todo el amor que tuvieron que guardar durante mucho tiempo. Sin embargo, no estaban solos.

Dos ojos amarillos, observaban fijamente, de entre las sombras. Pronto, cuatro hienas salieron de la nada, y atacaron a la pareja, mas no la mataron. Solo la dejaron inconsciente.

Envuelta en oscuridad, se vio a sí misma, Sibila. Sus ojos permanecían cerrados, pero había vuelto en sí. Y en medio de esa negrura, pudo escuchar:

"Por la irrefutable ley, por el poder que Aiheu me concierne, impondré la sentencia a este antílope hiportago por haber violado el código que habla de los males del amor de pareja. La sentencia… ¡muerte!"

Al escuchar esto, Sibila abrió los ojos. De repente se encontró a sí misma en lo alto de La Roca del Rey. Scar estaba en el promorinto, vociferando la sentencia. Ella se levantó, y corrió hacia su amado, quien yacía herido en el suelo. Ella estaba en shock ante tal escena.

Al verla, Scar la tomó de un cuerno con su zarpa. "No tengo tiempo para lloriqueos" Le dijo, y la lanzó al suelo. Ella no pudo volver a levantarse, debido al golpe recibido, pero aún estaba consciente.

"… Y en base a lo dictaminado por la nueva ley que he impuesto," Seguía vociferando Scar. "Se ha de proceder, con la pena de muerte."

De repente, Sibila volvió en sí, y rápidamente se puso de pie. Pronto, pudo ver al menos cinco hienas, rodeando el cuerpo yaciente de Chartok. "¡Nooo!" Gritó, y corrió hacia él, sin embargo, cuatro hienas, le bloquearon el paso, de la misma manera que lo harían unos guardias en un castillo: Con sus patas simulando ser lanzas, también le gruñía amenazadoramente mostrándole los dientes.

A pesar de que Sibila golpeó a las guardias para poder ir a donde estaba Chartok, había sido muy tarde. Las hiénidos que lo habían rodeado, ya se encontraban devorando el cuerpo de la infortunada cebra macho. Sin embargo, aún tenía algo de vida… la suficiente para decirle a su amada por última vez, "Te amo."

Pronto, todo había terminado. Los espectadores que estaban a las faldas de La Roca Del Rey, pasaron a retirarse, indignados, y murmurando contra Scar y su gobierno. Perturbados ante el acto de injusticia, al saber que el único gran pecado de la pobre cebra había sido amar.

Scar, se acercó con sigilo a Sibila, quien lloraba desconsoladamente, frente a los restos de su amado, y le dijo con indiferencia: "Era mi deber." Sibila se limitaba a mirar a su amado, bañada en lágrimas. Scar continuó diciendo. "Eso te hará madurar. El amor no es más que una trampa que te condenará a tu perdición."

En ese momento, una gota de agua calló en la nariz de Scar. Él volteó al cielo, y vio que comenzó a llover. "Bueno, comienza a llover. Paso a retirarme. Puedes quedarte a llorar si así lo deseas."

Scar hizo una señal a las hienas, para que lo siguieran. Todos se introdujeron en la cueva real. Todos… menos Sibila. A ella no le importó que la lluvia se estuviera incrementando. Ella solo podía seguir llorando frente a los restos de su amado. Pronto, la lluvia se tornó tormenta. Las lágrimas se confundían con la lluvia. Ella tenía agachada su cabeza, y sus ojos cerrados. Y así se estuvo toda la noche. Scar, no pudo evitar sentir una mezcla de placer, y compasión al verla así… eran de nuevo, su lado Taka, y su lado Scar, luchando dentro de su corazón…. pero, ¿Si Elanna no estaba más, por qué habría de permitir que todos en el reino menos él, pudieran bañarse en las aguas cristalinas del amor?

Y mientras todo eso se suscitaba en el reino, al interior de La Roca, las cosas marchaban distintas…