Capítulo 86: El prejuicio de la Reina Leona
Pese al mal tiempo, la presentación de Vitani había maravillosa, llena de alegría y gozo. La llegada de la pequeña al mundo era una verdadera satisfacción, aunque desgraciadamente con ello también recaía sobre mí una importante y angustiante preocupación.
Una noche yo había salido a caminar, entre pesadillas con furiosas hienas y ataques de asma no pude conciliar el sueño. Cabe resaltar que todo esto se había incrementado de sobremanera, desde la ruptura con Elanna pues sólo ella me hacía sentir protegido, cosa que Zira no aunque me despertara amorosamente también. Así mismo, la mayoría de mis dolores y ataques de asma volvieron con mayor intensidad que nunca, definitivamente mi cuerpo me reclamaba que las cosas no andaban bien. Las palabras de Rafiki durante la presentación de Vitani de igual forma me atormentaban; Yo sabía que no tendría más opción que hacer de Vitani princesa. Ella debía ser mi heredera. Pero eso no me tenía contento. La tradición real me indicaba que si bien, no resultaba incorrecto tener heredera, lo ideal siempre era tener un hijo macho al cual ceder el trono. Las hembras debían ser herederas sólo como un último recurso, por ejemplo en casos extremos donde el león macho no hubiese tenido hijos varones y donde ya no hubiera más cachorros del género masculino en la manada (era mi caso, pues todos los leones macho que quedaban habían recibido ya, su cubrimiento demasiado pronto, y habían sido lanzados al "gran mundo"). Para rematar en la familia real casi todos habían sido herederos machos. La única gran excepción había sido mi madre; cuando ella era pequeña, su hermano de Nombre Obatalá, murió muy joven a causa de la mortífera enfermedad del Koh´suul, eso hizo que mi abuelo, el rey Mohatu, decidiera heredarla a ella al trono, pero como he dicho ya, eso fue a causa de la emergencia de que no había nadie más a quién cederle el poder. Para mi madre fue muy difícil que los súbditos la reconocieran como su reina y sólo hasta que se caso con mi padre Ahadi fue cuando los súbditos comenzaron a respetarla.
Así, por prejuicios sin fundamento derivados del protocolo real, sabía que mi hija sería discriminada, y también era posible que a pesar de ser la soberana legítima, no se le tomara demasiado en cuenta en el futuro. Miré al cielo y pedí ayuda. "¡Madre Uru, guíame por favor! ¿Qué debo hacer en estos casos? ¡No quiero que mi hija sufra lo mismo que tu sufriste cuando te nombraron reina!"
Y a pesar de mis miedos, no renunciaría a mi decisión de no hacer de Nuka un rey.
…NO LO HARÍA NUNCA.
