Buenas madrugadas a todos, sí, me estoy desvelando en este momento XD
Les dejo el capítulo 2 con gotitas de Lime XD, hasta el próximo empieza el Lemon ;D Pensaba dividirlo en dos partes, pero no quiero extender tanto ésta historia, así que van a tener que leer un poquito más aquí :D
Gracias por su tiempo :3
Nota: A los que empiezan a leer este fanfic por primera vez, les recomiendo que antes lean INSTINTO, de lo contrario algunas cosillas no les van a quedar claras ;3
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia porque me encanta este anime.
Capítulo 2: Agitación y Sometimiento
La noche era tranquila, la luna llena derramaba su luz platinada y el silencio reinaba en el departamento de Diana. Ella dormía profunda y tranquilamente, o eso parecía.
Me gusta marcar lo que es mío…
Susurraron en su mente y ella por inercia rascó suavemente su hombro derecho, después se revolvió entre las sábanas buscando una nueva posición, su respiración seguía serena.
Tú ahora me perteneces ante humanos y demonios…
Volvieron a declarar, de pronto su relajado ensueño comenzó a perturbarse. Se agitó en medio de su cama y empezó a sudar. Una extraña pesadilla se estaba generando y su respiración dejó de ser calmada.
Te estaré esperando ansioso la próxima vez que regreses…
De nuevo esas palabras, que creía haber olvidado hace tiempo, se pronunciaron entre oscuros sueños. El despertar fue abrupto y un ligero nerviosismo recorrió todo su ser, había soñado con él.
–Otra vez… ¿Cómo es posible?– se preguntaba la joven mientras trataba de controlar el sobresalto. Con lentitud salió de la cama y se encaminó a la cocina.
Habían pasado cuatro meses desde que logró salir de la cueva de la Luna. Aunque el perturbador suceso seguía fresco en la memoria, su vida había podido continuar sin ningún problema. No obstante, desde hace tres días había comenzado a tener alteraciones del sueño y extrañas reacciones en su cuerpo, el cual parecía evocar la experiencia carnal con el soberbio demonio.
Lo había estado soñando casi a diario. Durante el día no pasaba nada y la cotidianidad la distraía, pero durante la noche, una sensación de calor la invadía entre sueños, donde se veía de nuevo en ese extraño lugar, perdido en un tiempo antiguo. La visión siempre era la misma, el Lord del Oeste la llamaba desde la entrada de la caverna y posteriormente se encontraba en su lecho, siendo poseída por él.
–Esto es demasiado, tal vez debería ir con un especialista– habló para sí misma. –Claro Diana, ¿Y qué le vas decir?, que cruzaste un portal tiempo-espacio llegando a una época antigua, donde un demonio estuvo violándote por unos días. Y que ahora sueñas que te llama de nuevo para seguir haciéndolo… sí, es muy fácil de explicar– se burló.
Terminó de beber agua y se dirigió al baño. Frente al espejo comenzó a revisar las marcas de su piel. La cicatriz de color violeta en su hombro derecho había comenzado a punzar ligeramente en esos días.
– ¿Qué rayos sucede, porque…?– se quejó Diana al sentir el ligero ardor de la marca. No sabía a qué se debía, pero era inevitable recordar al que se la había hecho. –Esto es tú culpa maldito demonio. –
Volvió a su cama y se recostó sin cubrirse con la sábana, el leve calor que sentía le impedía conciliar el sueño adecuadamente. Más tarde y con algo de lentitud, por fin consiguió dormir. La noche siguió y el extraño llamado volvió a presentarse entre visiones oníricas.
Ven mujer, tu dueño te llama…
Ya era de día cuando Diana despertó sobresaltada una vez más, las palabras resonaban en su cabeza. No quería aceptarlo, pero debía hacer algo al respecto, esto no podía continuar así.
Durante el desayuno comenzó a meditar en la posibilidad de regresar a la cueva. Sabía que ese extraño lugar se mantenía intermitente en su apertura, pero de igual forma estaba segura de que nada podía atravesarlo desde el otro lado. Ese temor se disipó poco después de su regreso, pero ahora empezaba a preocuparle la idea de ser ella la que debía cruzar de regreso.
A pesar de todo, el final de esa aventura no fue para nada desagradable… ¿Y a quién no le gusta repetir las experiencias placenteras de la vida?
…
Era jueves por la mañana, Diana había solicitado un par de días a cuenta de vacaciones en su trabajo. Lo había decidido, volvería a ese extraño lugar, necesitaba saber si podía encontrar una solución a la incómoda punzada de la cicatriz y a las inquietantes pesadillas con él, las cuales ya comenzaban a mermar su calidad de sueño. Preparó algunas cosas en un pequeño morral y salió de su departamento rumbo al parque turístico, en busca de la misteriosa cueva.
Tiempo después, se encontraba frente a la gruta, había poca gente a su alrededor, pero la suficiente como para que se dieran cuenta si traspasaba la cinta de restricción. No estaba segura si conseguiría entrar y tampoco sabía si el portal se encontraba abierto. Lo que si percibió de inmediato, fue que la marca comenzó a aguijonear con más fuerza, era tolerable, pero no cesaba la sensación en su piel.
–Cielos, cada vez es más molesto– pensó, al tiempo que se tocaba el hombro.
Echó un vistazo a su alrededor y poco a poco se acercó a la entrada. En un breve instante, cuando nadie miraba, se agachó por debajo de la cinta y se adentró en la caverna. La luz del día era suficiente para dar una ligera claridad a los primeros metros del túnel, ella caminó despacio tratando de no tropezar, mirando fijamente hacia el fondo. De pronto llegó a la pared de roca, no había paso, sólo un poco de penumbra que le permitía no ser vista desde afuera.
–Nada… creo que no está abierto el portal… no sé qué rayos hago aquí… es más, ni siquiera he pensado en qué decirle– razonó Diana su situación, al tiempo que se sentaba en una piedra.
Se quedó mirando fijamente la pared, esperando una respuesta. Y como si sus palabras hubieran sido escuchadas por la gruta, comenzó a soplar una ligera brisa. En un instante ella percibió el tenue cambio de luz por el rabillo del ojo, cuando volteó, el túnel ya era diferente.
– ¡Ha sucedido de nuevo!… esto es bastante difícil de asimilar– dijo, incorporándose lentamente.
Respiró hondo y comenzó a caminar con cautela rumbo a la nueva salida. De la nada, su instinto le advirtió que había algo afuera. En ese momento percibió el leve dolor en la marca de su hombro, obligándola a detenerse. Tragó saliva, esperó unos segundos y después reanudó su marcha con más lentitud. Estaba a punto de salir de la caverna, cuando su campo de visión se amplió.
A escasos metros de la gruta había una criatura enorme, parecida a una serpiente. El monstruo volteó a verla con una mueca amenazante, comenzó a reptar en su dirección y con un rápido movimiento se lanzó sobre ella. Diana solamente alcanzó a gritar mientras se cubría la cara.
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Sesshomaru se encontraba caminando por el bosque, sin la compañía de su sirviente. Ésta actividad la había estado repitiendo en los últimos días. Se encaminaba al arroyo adyacente a la enigmática gruta y se sentaba en la orilla a esperar. Había pasado un rato mirando al cielo y el lento andar de las nubes, cuando de pronto algo alertó a su olfato. Se levantó de inmediato y comenzó a percibir lo que sus desarrollados sentidos le comunicaban, olisqueó el aire y sonrió complacido.
–Ya está aquí…–
Emprendió la marcha rumbo a la cueva. De repente gruñó molesto, había percibido algo más.
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Diana sintió como la muerte se arrojaba sobre ella. Se cubrió el rostro esperando el impacto, sin embargo nada sucedió. El sonido del aire cortándose y el ruido de un cuerpo desgarrándose llegó a sus oídos. No quiso abrir los ojos, pero la sensación de ardor en la cicatriz alcanzó su punto más alto en ese instante, obligándola a llevarse una mano al hombro para tratar de apaciguar la molestia.
Abrió los ojos con la mirada posada en el suelo y de pronto el charco de sangre amenazó con humedecer sus zapatos. Ella retrocedió de un salto, al tiempo que contemplaba la escena completa. La monstruosa serpiente estaba cortada sagitalmente y se desangraba sin control. A unos metros del cuerpo se encontraba un demonio de largo cabello plateado, que la miraba fijamente.
– ¿Por qué tardaste tanto, mujer?– fue lo primero que pronunció con fría serenidad el Lord del Oeste.
Diana estaba en shock, retrocedió unos pasos y se recargó en la entrada de la gruta al tiempo que las arcadas de asco invadieron su garganta. Él comenzó a aproximarse, evitando el cadáver y terminando de desmaterializar el látigo verde entre sus dedos.
Su olfato inmediatamente se colmó del aroma que despedía la mujer y su bestia interna se regodeó de gusto al reconocerla. Ésta vez no entró en frenesí porque ella no estaba en su "periodo de celo", pero al percibirla tan cerca, inevitablemente se relamió los labios.
La mujer trataba de respirar más lento, alzó la vista y lo encaró.
–Yo… yo no tenía intenciones de volver… tú lo hiciste ¿Verdad?, tú tienes la culpa de que ésta maldita cicatriz me esté doliendo– habló con molestia mientras él la miraba sin inmutarse.
–Sí, yo te he llamado…– contestó el demonio, acercándose aún más.
– ¿Por qué lo has hecho?– preguntó la joven, sosteniéndole la mirada a los ojos ambarinos.
–No me cuestiones, eres una simple humana– respondió Sesshomaru.
–Una simple humana a la que salvaste de esa cosa. Dudo que lo hayas hecho desinteresadamente, así que dime, ¿Por qué estoy aquí?– replicó la mujer con determinación a pesar de sentir un calambre de nervios en el estómago.
El demonio no respondió, solamente se limitó a sonreír ligeramente mientras su mirada la recorría con descaro, pasando por la abertura de su blusa y bajando por la curva de sus senos, los cuales se mantenían disimulados por la tela.
A él no le importaba que la mujer lo desafiara mirándolo directamente a los ojos, tampoco le molestaba que lo cuestionara sin prudencia alguna. Por el contrario, le parecía divertido ver sus intentos de resistencia, sus protestas y reclamos por algo que seguramente ella no alcanza a comprender del todo.
Estaba claro que esa humana jamás entendería la posición que tenía ante él, nunca se daría cuenta de lo cerca que estuvo de morir en ese primer encuentro en el bosque. Y el señor del Oeste tampoco tenía intenciones de revelarle, que lo único por lo que era "especial" para él, era porque conseguía alterar su instinto.
Esa mujer sin siquiera saberlo, emitía un aroma de celo tan atrayente que lo perturbó al grado de dejarse llevar por el deseo, lo obligó a ignorar su desprecio por los humanos y lo incitó a poseerla una y otra vez sobre su propio lecho, con todas las recompensas del placer y el éxtasis que implica el vicio de la carne.
Debido a esto último, su bestia interna le exigió que la llamara para que volviese a cruzar el portal. A final de cuentas eran el mismo ser y ambos anhelaban probar nuevamente a esa hembra humana. Los dos compartían un sólo instinto primitivo, pero Sesshomaru no admitiría sus deseos ante nadie.
La atrevida mirada lo dijo todo, Diana se estremeció al entender que sus sueños le habían susurrado la verdad.
–Deja de mirarme así por favor, sólo quiero regresar a mi casa, yo no debo estar aquí– comentó la joven, al tiempo que desviaba la mirada de los ojos ámbar.
–Bien, si eso es lo que deseas, entonces eres libre de marcharte, no te estoy deteniendo– respondió de pronto el demonio, dándole la espalda y comenzando a caminar rumbo al bosque.
La mujer se sorprendió por un instante, pero de inmediato supo que no sería tan fácil.
– ¡Espera no te vayas, ésta maldita cicatriz no deja de punzar y esos sueños no me dejan dormir…!– replicó enojada.
–Y no te dejarán en paz hasta que yo decida lo contrario. En cuanto a la marca… jamás se borrará, el vínculo conmigo es permanente – contestó el Lord con descaro, sin detener sus pasos.
–Esto no está sucediendo…– pensó Diana, tratando de digerir las palabras.
Entonces volteó a la cueva y comenzó a caminar hacia el interior. Pero apenas dio unos pasos, el dolor volvió a crecer en su hombro, obligándola a sujetárselo con la mano.
– ¿Pero qué diablos pasa?– se quejó la mujer, mientras volvía a la salida.
Giró la vista, Sesshomaru aún era visible, así que empezó a seguirlo y tan pronto estuvo cerca de él, la molestia comenzó a disminuir. En ese momento comprendió la verdad y se detuvo de golpe.
–Así que ya te diste cuenta…– habló Sesshomaru, quien también interrumpió su marcha y volteó a verla.
– ¡Eres un maldito tramposo!, me tienes atada con esto, si me voy, no dejará de dolerme ¿Verdad?– le reclamó Diana.
–Te lo dije la otra vez… ahora me perteneces y también te advertí que volverías– respondió, acercándose a ella.
–Basta por favor, sólo deseo tener una vida normal– pidió la joven al tiempo que retrocedía.
–Tu aburrida vida humana puede continuar, me tiene sin cuidado. Sólo me interesa lo mismo que a ti– dijo el Lord.
– ¿A qué te refieres?– cuestionó la mujer, extrañada e incómoda por su cercanía.
–Ya sabes porque estás aquí, lo has soñado y también lo deseas, de lo contrario, mi marca no estaría punzado en tu piel– explicó el demonio dando otro paso.
– ¿Por qué estás tan seguro?, tu no me conoces– indicó la joven con cierta duda. Algo de extraña verdad tenían sus palabras.
–No necesito conocerte, ni tú a mí, simplemente es el instinto que nuestras especies comparten– contestó, al tiempo que la acorralaba contra un árbol cercano.
Su mano izquierda se deslizó lentamente sobre la tela de la blusa, después la jaló despacio, dejando al descubierto el hombro con la marca violeta. Diana se estremeció por la acción, sin embargo se quedó quieta. Los movimientos del Lord eran lentos, indicándole que no pretendía dañarla, aunque sus palabras ya comenzaban a generar cierto temor en ella. De pronto sintió su piel siendo tocada por los labios del él, quien depositó un suave beso sobre la cicatriz… ésta dejó de punzar inmediatamente. Ella no pudo contener un pequeño gemido.
–Ya no duele ¿Verdad?– preguntó Sesshomaru, mirándola complacido al ver su reacción.
–Yo… no…– trató de hablar la mujer, pero no sabía con certeza que decir.
Claramente sintió como su piel se erizó con el pequeño beso, pero lo que más la sorprendió fue el suspiro liberado por su boca.
Sesshomaru decidió ir más allá, volviendo a acercar su rostro al hombro de la mujer. Su nariz se llenó del sutil aroma femenino y sus manos la tomaron por la cintura, obligándola a repegarse contra él. Su boca comenzó de nuevo a rozar la piel del cuello. Su cálido aliento erizó los poros y el sutil recorrido se extendió centímetro a centímetro hasta llegar al lóbulo de la oreja. Con la punta de la lengua tocó suavemente y ella se estremeció entre sus brazos, señal inequívoca de que lo estaba disfrutando.
La joven se agitó ante la caricia, las terminaciones nerviosas de su piel la traicionaban al reaccionar de esa manera. El sentirlo tan cerca y el roce de esa lengua, comenzaron a alterarla. Inmediatamente se dio cuenta de la verdad en las palabras del demonio. Muy en el fondo sabía que su reacción se debía a que lo estaba disfrutando, muy dentro de sí misma sabía que lo estaba deseando. Su cercanía la puso más nerviosa, podía sentir sus manos sujetarla posesivamente… y a ella le agradaba esa sensación de fuerza y poder que él emanaba.
– ¡Diana, reacciona ya!, ¿Qué rayos te está pasando?, ¿Recuerdas a que viniste?, ¿Por qué estás aquí?– se cuestionó la joven. – ¡Carajo, no te engañes a ti misma!…venias a solucionar la incomodidad de la cicatriz y a evitar los extraños sueños, ¿No es así?, pues él ya te dijo la verdadera razón y ahora lo acabas de comprobar– se reclamó a sí misma.
–Vamos, intenta mentirme, tu cuerpo me dirá la verdad– dijo de repente Sesshomaru, sonriéndole con burla al ver el desconcierto en su rostro.
–Yo no…– intentó hablar Diana nuevamente, cuando de pronto, un nuevo jadeo escapó de su boca en lugar de palabras.
El descarado demonio empezó a tocarla sobre la vestimenta, fue sorpresiva la libidinosa caricia a lo largo de sus caderas.
– ¿Aún quieres negar tu propio deseo?, no es buena idea ir en contra de los instintos… ahora lo sé– volvió a hablar el Lord, mientras su mano recorría sin mesura las formas de ella. A pesar del extraño atuendo que portaba la mujer, podía sentir el calor de su cuerpo.
– ¡Basta, deja de tocarme así!– se quejó tratando de apartarlo, pero sus palabras sonaron con poca intención y perdieron valor al ser acompañadas por otro gemido.
– ¿En serio quieres que me detenga?– preguntó con cinismo el señor del Oeste.
La mujer tuvo la intención de contestar, pero él se lo impidió inmediatamente. Ambas manos tomaron su rostro, obligándola a mirarlo antes de poseer sus labios en un dominante beso. La atrevida caricia comenzó a tener repercusiones en ella, al ser invadida por agradables sensaciones que se encaminaron a su mente. De pronto algo la dominó y su cuerpo dejó de obedecer, ya no opuso resistencia a la cercanía del Lord y lo peor de todo, su boca empezó a responder a tan deliciosa y húmeda unión.
Un instante después, el demonio la liberó lentamente y ella trató de controlar su agitado respirar. Fue placentero, no lo podía negar, ese beso la perturbó de nueva cuenta haciéndola temblar.
–Ya me diste la respuesta que quería– dijo Sesshomaru, sonriéndole con burla.
–Eso no es justo, te estás aprovechado de la situación– reprochó ella, al tiempo que sus manos trataban de empujarlo.
–Tu cuerpo no parece muy dispuesto a rechazarme, ¿Quieres ver hasta donde puedes resistirte?– amenazó con malicia.
– ¡No, no te atrevas!… hablemos por favor, podemos llegar a un acuerdo, sólo te pido que me liberes de esta situación– pidió ella nerviosamente.
–Sabes lo que quiero… si me lo das, te liberaré del llamado y te podrás marchar después, sin dolor en la cicatriz y sin sueños que te llamen– declaró con frialdad.
Diana lo miró fijamente y en ese momento comprendió lo real de su situación. Sesshomaru la hizo volver para satisfacer sus deseos y al mismo tiempo le demostraba que ella también lo ansiaba. La mujer podía percibir cierto anhelo en su interior, no lo podía negar, tiempo atrás había deseado volver a experimentar las caricias del atractivo demonio y aunque la distracción de su vida cotidiana la alejaba de esos pensamientos, de vez en cuando su cuerpo le susurraba ese carnal apetito. Pero de todas maneras, no dejaba de ser un chantaje, un lascivo acoso por parte de él.
–No entiendo porque me condicionas de esa manera, yo no he hecho nada en tu contra, ¿Por qué tengo que ceder a tus deseos nuevamente?– cuestionó la mujer.
–No tengo por qué darte explicaciones, no le entrego cuentas a nadie y siempre obtengo lo que quiero. Ya deberías de saberlo– contestó el demonio con cierta irritación.
La mujer se angustió al ver que no tenía manera de eludir semejante situación, pero aun así, decidió averiguar.
– ¿Si accedo, será sólo por ésta ocasión?, ¿Después me dejarás completamente libre?– preguntó nerviosa.
El demonio levantó una ceja y la miró con cierta burla antes de responder.
– ¿Te atreves a condicionarme?… si yo quisiera, te podría apresar permanentemente en mi morada y tomarte las veces que se me antoje, con o sin tu consentimiento– dijo, con filo en la voz y un siniestro brillo en los ojos.
La mujer tembló aún más y de nuevo desvió la mirada, tratando de apartarse de él. El abrazo se hizo más fuerte, apresándola contra su armadura a escasos centímetros de las púas.
– ¡Suéltame, no es justo lo que haces, no tienes derecho sobre mi!, yo no pertenezco a éste lugar ni a éste tiempo– se quejó Diana.
–Puedes irte, pero el llamado no te dejará en paz aunque estés del otro lado del portal. Mi marca te obligará a regresar cuando yo lo desee, las veces que yo quiera– sentenció Sesshomaru con crueldad.
– ¡Prácticamente me estás esclavizando!– le reclamó ella, intentando soltarse en vano.
–Si te quisiera como esclava, te mantendría presa en mis aposentos. Sin embargo, mis apetitos no son constantes, no tiene caso obligarte a permanecer aquí. Así que te estoy dando la libertad de vivir en tu tiempo y sólo tendrías que presentarte ante mí cuando te lo ordene– declaró cínicamente el Lord, realmente disfrutaba del poder que tenía sobre ella.
–Eres un miserable, ¿Qué clase de trato es ese?– reprochó.
–Escucha mujer, ésta vez no estoy haciendo un trato contigo, es un convenio bajo mis condiciones, donde no tienes voz ni voto– explicó el demonio.
Diana estaba furiosa, a pesar del miedo y de la amenaza que representaba su cercanía. Sin embargo, no podía tolerar la imposición del Lord. No parecía ser tan mala, ya que podría regresar a su vida cotidiana y solamente tendría que atender al demonio en sus caprichos cuando éste quisiera… ¿Cuántas veces y por cuánto tiempo?, no lo sabía.
– ¿Y si me niego…?– susurró la mujer casi sin querer, arriesgándose a lo inesperado.
Sesshomaru hizo un gesto de molestia, la miró por unos segundos y después sonrió perversamente. Se apartó un poco de ella sin liberarla por completo, mientras tomaba su enorme estola y la dejaba caer lentamente al suelo. Entonces jaló a la mujer con la suficiente fuerza para hacerla caer sobre la suave prenda. Él la siguió, colocándose encima e impidiéndole el movimiento con su propio peso… dejando en claro sus oscuras intensiones.
– ¡Espera, ¿Qué pretendes?!– gritó la joven angustiada, tratando de apartarlo.
El demonio sujetó sus muñecas contra la estola y su rostro quedó frente a ella.
–Claro que puedes negarte, pero en ese caso… ¡No te irás ilesa y te garantizo que esto jamás lo vas a olvidar!– dijo con fiereza.
– ¡No, así no por favor!, ¡No lo hagas!– volvió a gritar sin poder liberarse.
El Lord sonrió con lujuria al tiempo que aproximaba su rostro al cuello de la mujer y su lengua comenzaba a recorrer la piel canela, dejando un rastro húmedo.
– ¡Basta, detente por favor, a la fuerza no…! ¡Acepto, acepto tu convenio!– gritó Diana con un nudo en la garganta y los ojos al borde del llanto.
Sesshomaru escuchó complacido las palabras de su víctima, aunque por un instante se sintió tentado a continuar con sus siniestras intenciones. Después de todo, lo que buscaba era saciar su apetito.
– ¡Tranquilízate idiota!, ya accedió a nuestros deseos… – gruñó su bestia interna.
El Lord del Oeste se quedó quieto, respirando cerca del oído de Diana. Podía sentir como la hembra temblaba bajo él y el olor de su miedo se hacía presente, incitándolo. El demonio alzó el rostro con una mueca de satisfacción.
– ¿Así que ya lo pensaste mejor?– preguntó.
Diana respiraba descontroladamente, la amenaza de ser violada por un demonio no era nada fácil de superar. Pero a pesar del miedo que la recorría, trató de conservar la calma.
– ¡Eres despreciable!… pero tu ganas, será como desees– dijo la mujer con lentitud, dado que los nervios no la dejaban hablar con claridad.
Sesshomaru la liberó y después le ofreció la mano en un extraño gesto de ayuda.
–Esto no puede estar pasando… sin embargo, no deseo vivir un trauma de ese tipo y menos con un demonio– pensó Diana, todavía temblando, mientras tomaba la mano del Lord.
Al ver que la mujer no dijo nada más, el señor del Oeste sonrió complacido, siempre obtenía lo que quería y aunque fuera por las malas, ella terminaría sometiéndose a su voluntad.
–Bien, parece que ya entendiste… vámonos– indicó Sesshomaru impasible.
–Quiero pedirte algo– dijo Diana, mirándolo de nuevo. –Llama a la curandera, por favor. –
–Mujer, hablas demasiado– contestó el demonio, antes de tomarla por la cintura y levantarla en vilo.
Diana protestó, sin embargo no pudo hacer nada más que cerrar los ojos y aferrarse a él. Nunca asimilaría la idea de volar, ya fuera sobre un dragón o en los brazos de un demonio y tampoco podía evitar el doloroso calambre en su estómago, provocado por la adrenalina del momento.
…
Poco después, la mujer sintió el descenso a tierra y posteriormente él la bajó con suavidad. Abrió los ojos para darse cuenta, que de nuevo, se encontraba en la mansión del Oeste.
–Ve adentro– ordenó Sesshomaru y sin decir más, se alejó volando de nuevo.
–Cielos, esto es desconcertante– pensó diana, mientras echaba un vistazo alrededor.
Se encontraba en el patio, no había nadie en ese momento. Más allá, estaba el pórtico de salida, vigilado por las mismas bestias que viera meses atrás. Comenzó a caminar rumbo al interior, cuando de repente un pequeño demonio de cara verde le salió al paso.
–Has vuelto, humana– dijo Jaken, mirándola con disgusto.
–Tú de nuevo, rana fea– contestó Diana, soltando un suspiro.
–Así que de nuevo calentarás el lecho de mi amo, deberías sentirte honrada– dijo el sirviente sin tacto alguno.
Diana lo fulminó con la mirada.
– ¡Pequeño idiota!– gritó, al tiempo que le pegaba en la cabeza con el puño cerrado.
– ¡Auch, estás loca!– se quejó, sobándose el golpe mientras la veía alejarse. –Finalmente la hizo regresar… después de todo, la tentación es grande, ¿Verdad amo?– pensó Jaken, quien ya sabía que la hembra humana volvería a pisar los aposentos de su señor.
La mujer entró a la mansión susurrando maldiciones por la impertinencia del sirviente, le molestaba que ese pequeño bicho estuviera al tanto de todo. Aunque si lo pensaba bien, era probable que todos en ese lugar lo supieran, a fin de cuentas eran demonios y sabían que ella era humana. Se notaba el temor y respeto que le tenían a su amo, así que probablemente jamás andarían comentando algo sobre lo que su presencia significaba.
Continuará...
