Capítulo 87: El cachorro de Chumvi y Kula1.
Como recordará querido lector, Nala era una cachorrita cuando Scar tomó el poder, por tanto, en aquellos días sus amigos, los leones de nombre Chumvi y Kula lo eran igualmente:
Ambos fueron la compañía más grande que Nala tuvo haciendo de su dolor, ante la supuesta muerte de Simba, algo más soportable.
Al crecer, Chumvi y Kula se enamoraron, se casaron y justo por aquellos días les había nacido un pequeño y adorable cachorrito al que nombraron Mabatu-Habusu, y como era de suponerse, había llegado el momento en que el matrimonio sería lanzado de la manada, para iniciar una vida en el gran mundo solos como pareja, sin embargo era tan el aprecio que Nala sentía por ellos dos, que personalmente les suplicó que se quedaran. Sin embargo, ella no era la única interesada…
Fue una tarde en la que la pareja decidió solicitar a Scar el permiso para quedarse y no tener que partir al gran mundo. Sin ofrecer demasiada resistencia, Scar aceptó, pero, ¿Cuál era su verdadero motivo para aceptar?
Scar, quien estaba cansado de los rechazos de Sarabi y harto de estar matrimoniado con una leona que no le inspiraba demasiado amor ni deseo como lo era Zira –y más después de que la leona de su vida, Elanna, lo hubiese abandonado- comenzaba a desesperarse cada vez más de su solitaria situación, y empezaba a ver con ojos de lujuria a casi todas las leonas del clan.
Kula, con su pelaje marrón muy parecido al de él, y sus bellos ojos cafés, era un blanco extremadamente tentador para Scar, y por si fuera poco, el hecho de que estuviera casada, la convertía en un imán irresistible, en la manzana prohibida de su paraíso.
Pero Scar también sabía que Chumvi era un león joven y fuerte. El león de oscura melena sabía muy bien que si intentaba ponerle una garra encima a Kula, Chumvi podría salir en su defensa, y contra él no tendría posibilidades, eso sin mencionar que el joven tendría la fuerza necesaria para arrebatarle el trono. De esta forma, Chumvi se convertía en una verdadera amenaza para el pobre ojiverde, más sin embargo él también sabía que no estaba solo; contaba con sus aliadas, las hienas, quienes de forma individual no podían ser más fuertes que un león, pero con cientos de ellas, no se podía decir lo mismo.
Así en una ocasión, al caer el crepúsculo, Scar pidió a Kula hablar con ella a solas sobre su desempeño en la cacería, y lo hizo justo una tarde en que el resto de la cuadrilla estaba fuera haciendo su trabajo. La condujo hacia su cueva personal, y una vez que se aseguró de haberse quedado a solas con ella, le mintió:
"Bella Kula, tu desempeño en la cuadrilla ha sido terrible, según me ha dicho Sarabi. Eso no es bueno, ¿y, sabes por qué?"
Kula estaba sentada. Extrañada. Sabía que eso no era verdad, pero era tan insegura de sí misma, que se limitaba a mirar al piso. Por otro lado su sexto sentido le decía que algo no andaba nada bien; Scar sentado a unos pocos centímetros de ella mirándola de manera lujuriosa no podía ser algo normal. Era tan penetrante manera en que la miraba, que Kula no pudo evitar sentirse incomoda, inquieta, aunque eso no le impidió decir en voz muy bajita:
"Eso que me dices no puede ser cierto; Sarabi siempre me felicita por mi buen desempeño."
"¡Oh!" exclamó Scar rolando sus ojos y simulando sorpresa. "pues eso no es lo que ha llegado a mis oídos. El problema de esta situación es que yo les di permiso a tu esposo y a ti de quedarse en La Roca Del Rey, pero si las cosas siguen así, me temo que tendré que hacer que se vayan, y créeme, eso me va a doler más a mí que a ustedes," en este punto Scar hizo una ligera pausa, tomó aire, y mirando a Kula con cierto brillo de malicia en los ojos, continuó diciendo: "¿Acaba de nacer tu cachorro, ¿no es así?"
Con el ceño fruncido, Kula asintió con la cabeza pero no dijo nada más. Su boca temblaba de impotencia pues intuía que el león de melena negra se traía algo entre manos.
Scar sonreía de manera burlesca, expresando en sus ojos sus verdaderas intenciones. Suspiró con fuerza, miró hacia el techo y dijo con voz muy suave, y algo perversa:
"Kula, Kula, Kula… he recibido tantas quejas de ti… sin embargo…"
"¡¿Sin embargo, qué?!" Interrumpió Kula algo asustada.
Scar no perdió su tono tranquilo pero perverso.
"Sin embargo aún puedes salvar esta situación."
A continuación Scar acarició con su Zarpa la suave mejilla de Kula. Esta última miró al león con asco, Scar ignoró la reacción de la leona y su zarpa pasó de la mejilla de Kula hasta su cuello acariciándolo.
"Mírate, eres tan hermosa y tu color marrón es perfecto para heredar a mi descendencia…"
"Aléjate de mí," dijo Kula enérgica, apartándose de él.
"Vamos preciosa, no te pongas difícil," decía Scar aproximándose una vez más hacia Kula invadiendo su espacio personal. "elígeme, y Mabatu-Habusu no sufrirá los contratiempos del gran mundo, tú sabes: hambre, frio, calor. Hazte mi amante y no solo permitiré que tu esposo y tu sigan viviendo aquí, sino que además haré de tu hijo, mi heredero. Él será el futuro rey león, y el resto de hijos que yo tenga contigo serán nombrados príncipes segundos." Era aquello tal vez la oportunidad que estaba esperando Scar de heredar su trono a un cachorro macho.
"¡Jamás!" gritó Kula, lanzándose hacia Scar con el fin de derribarlo, pero para pura mala suerte de ella, Scar alcanzó a empujarla con su Zarpa al suelo, dejando a la leona fuera de combate, mas no inconsciente.
Scar estaba encolerizado, y así, violentamente comenzó a gritarle a Kula:
"¡Serás mía, lo quieras o no!"
Pero entonces un rugido se escuchó por detrás. Era Chumvi.
Él, minutos atrás, había sido engañado por Scar, quien le había pedido ir a conseguir algunas hierbas para sus ataques de Asma. Cuando éste le replicó que ese era trabajo de Rafiki, Scar simplemente amenazó con correrlo a él y a su esposa del reino si no accedía a su mandato, a lo que Chumvi no tuvo más remedio que aceptar. El usurpador por su parte, sabía que conseguir esas plantas llevaba bastante tiempo, lo que le daría oportunidad suficiente para quedarse "a solas" con Kula, pero no contó con que Chumvi regresaría antes de tiempo. El león soltó las hierbas que llevaba en su hocico y gritó enardecido:
"Scar, ¿Qué le estás haciendo a mi esposa?"
"Al rey no se le cuestiona," reprendió Scar con firmeza, pero con algo de miedo en el fondo.
"¿¡Ah, no?!" vociferó Chumvi, quien terminó de descomponerse ante la sarcástica respuesta de Scar. "Yo te enseñaré quien hace las preguntas."
Así, Chumvi se abalanzó sobre Scar. El viejo león no tenía oportunidad contra Chumvi, pues este era más joven y fuerte, pero entonces, como era de esperarse, Scar pidió refuerzos.
"¡Guardias!" gritó. De pronto seis hienas se lanzaron sobre Chumvi, y así una batalla campal comenzó; las hienas lanzaban mordidas con sus poderosas mandíbulas, de vez en vez Chumvi lograba defenderse quitándoselas de encima, golpeándolas con sus poderosas garras, pero mientras se quitaba una, la otra ya le estaba mordiendo el cuello.
Chumvi terminó por agotarse frente a las hienas hambrientas y poderosas. Ante la mirada de horror de Kula, Chumvi perdía la vida mientras gritaba de dolor. Las hienas lo mataron y devoraron en cuestión de segundos, dejándolo en los puros huesos. Kula estaba destrozada; su amado esposo Chumvi muriendo ante sus ojos.
"¡No!" gritaba una y otra vez. "¡No! ¡No! ¡Noooo!"
Comenzó a llorar enérgicamente y sin control, pero un grito rotundo de Scar, la hizo callar en seco.
"¡Cállate!, si sigues así, tu cachorro será el que pague las consecuencias, ahora, sal de aquí y reúnete con la cuadrilla de caza."
Kula estaba muy perturbada, su mente como desfragmentada. En ese momento tal vez pudo habérsele lanzado a la yugular a Scar, para vengar a su esposo, o tal vez matar algunas cuantas hienas en represalia, más sin embargo, su reacción fue la que menos se esperaría nadie:
"Sí, lo haré, Scar", dijo sin más y se fue, tal como se lo ordenaron, en busca de la cuadrilla de caza.
Como era de suponerse las encontró dentro de la cueva real. La primera en acercársele fue Nala.
"Kula, ¡Gracias a Aiheu que estás bien!" le dijo su amiga con una amplia sonrisa. "Creímos que algo te había pasado, y con las Pelelezas-a-Ufalme patrullando la frontera, yo…
Pero Kula la pasó de largo, como si no la hubiera visto. Ella corría hacia un punto específico dentro de la cueva real. Nala la siguió hasta allí.
"¿Qué haces?" le preguntó a su amiga.
"Me voy del reino… y no volveré" respondió tajante la leona de pelaje marrón.
Nala no daba crédito a sus oídos. "¿irte? ¿Pero, a dónde?"
"¡Lejos de ese tirano asesino!" exclamó Kula de manera brusca. Nala no tenía idea de la tragedia que había ocurrido minutos atrás.
Mientras seguía avanzando a este punto especifico, Kula le respondió con una voz semejante a la de alguien que está sumergido en profundo llanto:
"¡Acabo de comprender que en Las Tierras del Reino, ya no puedo quedarme un minuto más!"
Finalmente Kula llegó a ese punto específico, y ese era el pequeño espacio donde su cachorrito Mabatu-Habusu dormía plácidamente. Ella rápidamente lo cogió por la parte superior del cuello con su hocico. Después de cogerlo, se dispuso a salir corriendo de la cueva real, pero en un momento, pasó junto a Nala. Ambas amigas, atónitas se miraron la una a la otra a los ojos; era un adiós con la mirada, una despedida definitiva en un código que solo ellas entendían.
Fue todo en fracción de segundos. El resto de las leonas de la manada, incluida Sarabi, no entendían qué ocurría, pero se limitaban a mirar atónitas y sin comprender nada, cómo Kula salía de La Roca Del Rey, y esta vez… para siempre.
Justo en aquel momento comenzó a llover ligeramente. Kula bajaba de La Roca con cuidado, pero rápidamente su bebé comenzó a llorar.
Conforme huía, el llanto de su pequeño se hacía cada vez más alto. Eso no ayudaba: los gritos del bebé la delatarían en su escape… pero debía intentar…
La leona corría lo más rápido que sus patas le permitían alejándose cada vez más de La Roca Del Rey, sin embargo se sentía observada. Como si alguien estuviera monitoreando cada uno de sus movimientos. Y no estaba equivocada…
Cuando por fin llegó a los limites del reino, miró hacia arriba agradeciendo a Aiheu: Ya no importaba lo que vendría después, no tenía idea de cómo se las arreglaría en el futuro para sacar adelante a su pequeño, pero eso no importaba ya; cruzando aquellas fronteras se vería libre de las garras del malvado dictador, y la muerte y sacrificio de Chumvi no habrían sido en vano.
Pero, justo cuando iba a cruzar, unas siniestras risas provinieron de entre los arbustos, seguidos de unos extraños cuchicheos.
Kula levantó sus orejas como antenas, y enderezó su cabeza en posición de alerta.
"¿¡Quien está ahí?!" prensó asustada. Lo hubiera gritado pero eso hubiera implicado soltar a su bebé de sus mandíbulas. Su pequeño se columpiaba ligeramente debido a los movimientos bruscos de su madre, y esto solo empeoró su llanto.
De pronto, de entre las sombras, Falkur, el hiénido soldado encargado de vigilar que nadie escapara de las tierras del reino, salió y detrás de él, todo el ejercito de hienas guardianas de la frontera comandadas por él.
Gruñendo y a la vez sonriendo de manera perversa, las hienas se acercaban cada vez más a Kula.
"¿Qué haces aquí tan solitaria, querida?" preguntó Falkur, con una siseante voz. "Sabes que está prohibido atravesar la frontera y escapar."
Kula, aunque sin poder hablar, lo miraba desafiante.
"Eso lo veremos," pensó, y acto seguido dio un brinco, y corriendo logró atravesar los límites del reino. Por fin había salido del reinado de terror.
Sin embargo, las hienas habían quedado enfurecidas ante su osadía.
"¡Tras ella!" escuchó que Falkur gritó.
Ella de pronto comenzó a sentir pánico, además de rabia, pues esto no era para nada legítimo; dentro del reino, las Pelelezas podían ejercer su represión y control si querían, fuera de él, se suponía que no tenían ninguna autoridad.
Volteó hacia atrás, y al ver a tantas hienas juntas, supo finalmente que no tendría ninguna oportunidad…
Miró hacia adelante, y para su horror, al menos unas cinco hienas la acechaban, y al echar un vistazo hacia diferentes direcciones, se dio cuenta de que la tenían rodeada. Su destino era inevitable.
"¡Ríndete, leona!" dijo una de las hienas. "No tienes escapatoria."
Así entonces, una lágrima brotó desde su ojo izquierdo hasta el suelo. Cerró los ojos, y en su mente rezó esta oración:
"Poderoso Aiheu, ahora que todo ha terminado para mí, te encomiendo a mi hijo Mabatu-Habusu. Cúbrelo con tu divina melena, a partir de ahora, y hasta su último destello de vida."
Entonces hizo algo inesperado; con una impresionante fuerza, lo lanzó con sus poderosas mandíbulas, muy lejos. Eso era lo único que ahora podía hacer para salvarlo. Ninguna hiena se dio cuenta de esto porque todas tenían puesta su atención en acabar con Kula, y tal vez por un milagro del mismo Aiheu.
En aquellos instantes, entre grandes risotadas y perversos gruñidos, una a una, las hienas se lanzaron a ella: mordidas y gritos de dolor. Agonía llegó para la desafortunada leona Kula, quien aún seguía viva. Lo que no sabían los hiénidos, era que su festín sería interrumpido por el mismo Scar.
1 Chumvi y Kula son personajes oficiales de Disney que aparecen en la saga oficial "Six New Adventures" en el cuentito llamado "Nala´s Dare", en la siguiente historia de esta saga "Causa-Efecto=Claro-Oscuro" he colocado un resumen de este cuentito en un capitulo particular, que a su vez complementa dicho escrito. Por ahí hay rumores falsos de que son hermanos: Yo leí la histoia oficial, y puedo asegurar que eso es FALSO.
