Buenas tardes :)

Perdonen mi tardanza, me enferme de gripa, tenía un poco de calentura y estornudaba sin parar, pero aún así les traigo el capítulo como prometí.

Es el penúltimo, espero que les guste, porque me costó trabajo terminar de escribirlo. Entre que me dormía y corregía XD, creo que terminé alucinando jajaja.

Gracias por leer y por sus comentarios ;D

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia porque me encanta este anime.


Capítulo 6: Convénceme

Diana despertó unas horas después, estaba sola en la habitación. Su cuerpo temblaba y dolía como la primera vez que él la poseyó. Sus quejidos comenzaron al tiempo que trataba de sentarse, el malestar era tanto que ni siquiera tenía fuerzas para llamar a la curandera.

–Maldición, esto es peor que haber sido drogada, ¿Por qué tengo esta horrible sensación?… es como si tuviera demasiada hambre– dijo para sí misma. De pronto recordó lo que hizo Sesshomaru. – ¡Me obligó a beber su sangre!– masculló con rabia.

La mujer se arrastró a la orilla y con lentitud bajó al suelo, se sostuvo como pudo y caminó al siguiente cuarto. Ni siquiera el suave aroma a flores silvestres lograba relajarla, la sensación de ansiedad le estrujaba el estómago. Sus piernas temblaban y aún sentía escurrir la humedad de su interior.

–Me siento mal, seguramente su horrible sangre me ha hecho daño… es un demente– se expresó con queja, al tiempo que entraba al agua termal.

Comenzó a tallar su piel con la esponja y el líquido aromático que siempre estaban a su disposición en la orilla. Se mojó el rostro y acarició su cabello, pasando por sus sienes, tratando de serenarse. De pronto se dio cuenta de que la esencia de Sesshomaru estaba más concentrada, no sólo sobre su piel, sino también debajo de ella.

– ¿Qué sucede, porque es tan fuerte su… su?… rayos, ni siquiera sé cómo expresar lo que siento– se quejó.

En ese momento se escuchó como abrían la puerta de la habitación contigua.

–Diana, ¿Dónde estás?– preguntó Aki.

–Estoy bañándome, ven por favor– respondió la joven con voz baja.

La curandera entró al cuarto, traía consigo algunas telas dobladas y un contenedor con remedios naturales.

– ¿Te encuentras bien niña?, ¿Por qué te escuchas tan débil?– cuestionó preocupada.

–No estoy bien del todo, tengo un ligero ardor en la garganta y en el pecho, además… me siento demasiado ansiosa– explicó la joven. Entonces puso más atención al gesto de la mujer demonio. – ¿Pero porque tienes esa cara?–

–Anoche percibimos la ira de Lord Sesshomaru, su energía estaba muy alterada y a todos nos puso nerviosos. Pensé que tu vida correría peligro– dijo la anciana.

Diana se extrañó un poco, pero agradeció profundamente la preocupación de la mujer zorro. Al parecer los arranques de ira de Sesshomaru no eran comunes y cuando sucedían, alteraban la cotidianidad de ese lugar, poniendo a todos en alerta.

–Gracias por tu preocupación Aki. Se puede decir que estuve en peligro, sin embargo, él se desquitó sin necesidad de matarme– comentó la joven con algo de molestia.

– ¿Qué sucedió niña?, hay algo raro en ti, la esencia de Lord Sesshomaru es más fuerte que nunca– dijo la curandera preocupada.

La mujer le explicó todo lo acontecido desde la noche anterior, hasta esa mañana. Aki solamente hizo un gesto de reproche con la cabeza, mientras la escuchaba.

–Ay Diana… eres muy atrevida y eso le irrita de sobremanera al amo. Por lo que veo, su obsesión contigo no terminará pronto y el hecho de que te hizo beber su sangre, lo confirma– declaró.

–Explícate por favor– pidió inquieta.

–La sangre de demonio puede ser peligrosa para un humano, si éste la bebe por accidente o con intención. Pero cuando un demonio, voluntariamente, se la hace tomar a un humano, simplemente se establece un vínculo, con el cual ambos pueden percibirse el uno al otro. En otras palabras, ahora estás atada al deseo de Lord Sesshomaru y él lo está al tuyo. Incluso más que con la marca de tu hombro– explicó Aki.

La humana abrió los ojos en grande, con evidente expresión de sorpresa y total desconcierto.

– ¿Quieres decir que no me dejará ir jamás de éste lugar?–

–No… tú te podrás ir cuando te lo permita. Pero tendrás que volver cuando él lo desee y cuando tú tengas la misma necesidad… te ira a buscar– respondió la anciana.

Diana rodó los ojos e hizo una mueca de fastidio, esa idea sonaba demasiado perversa e inadmisible. Ésta situación era lo más bizarro que le había pasado en la vida y su mente aún no terminaba de digerirla por completo.

–Esto es una locura… ¿Hay manera de liberarme?– volvió a cuestionar.

–No sabría decirte, las criaturas sobrenaturales tenemos diferentes comportamientos según la especie. Lo que te puedo decir, es que en éste instante, percibo la sangre de mi señor dentro de ti, está en reposo. Pero en algún momento, uno de los dos comenzará a llamar al otro– reveló la curandera.

– ¿Y luego qué?–

–No tengo que explicártelo Diana, cuando se tiene una necesidad, ésta debe ser satisfecha– finalizó Aki.

La mujer soltó un profundo y quejumbroso suspiro, negando con la cabeza. La tortura del demonio seguía presente, ahora en forma de perverso veredicto, vinculado a un instinto básico.

Un rato después, ya por la tarde, Diana permanecía sentada en el jardín interno. Aún estaba molesta por la situación y porque ya habían pasado dos días desde su llegada a la mansión del Oeste. Se sentía como fiera enjaulada y además tenía que tolerar la extraña sensación de su cuerpo, la cual seguía latente en menor grado, pero sin desaparecer. Era semejante a un síndrome de abstinencia, causado por la sobrenatural sangre.

Maldición, pensé que sólo mi especie se obsesionaba de forma insana. Pero al parecer algunas criaturas sobrenaturales comparten nuestros mismos defectos. Tengo que pensar en algo, si no miente, la cueva de la Luna está abierta en este momento– pensó la joven, mirando al cielo.

Entonces se incorporó, respiró profundamente y comenzó a caminar hacia el corredor interno que llevaba al gran salón, con una clara intención.

Sesshomaru se encontraba de nuevo en su diván, con los ojos cerrados y reposando indiferente. El señor del Oeste tampoco estaba tranquilo, al parecer su orgullo seguía inquieto. No quería reconocer que la humana lo estaba obsesionando más de lo que hubiera imaginado. Su atrevimiento sólo había incrementado el deseo de querer tenerla aún más sometida a su voluntad y a pesar de haberla castigado, no estaba satisfecho del todo.

De pronto su olfato le avisó del arribo de la hembra, sin embargo no se inmutó. Abrió los ojos y sonrió burlonamente.

– ¿Ya recuperaste la cordura, mujer?– preguntó con descaro.

La joven se acercó caminando lentamente, mirándolo a los ojos con gesto serio y un peculiar brillo en las pupilas. Su acompasado caminar y el movimiento de sus caderas poco disimuladas por la tela, hizo que desviara la mirada, distrayéndolo por un segundo, momento en el cual no prestó atención a la mano de la mujer.

Un sonido seco se escuchó por todo el lugar. La bofetada se estrelló en su fino rostro haciéndolo voltear ligeramente. La humana lo había golpeado, sin el menor atisbo de duda o miedo. Sesshomaru se quedó quieto, estaba sorprendido por tal acción, pero su sereno gesto no cambió. Entonces volvió a sonreír con malicia.

–Veo que aún no entiendes tu posición ante mí y te atreves a faltarme al respeto de ésta manera– dijo, volteando a verla. – ¿Sabes de lo que soy capaz de hacerte por haberme tocado?, ¿Quieres sufrir de nuevo?– amenazó, al tiempo que se ponía de pie ante ella.

Diana le sostenía la mirada, retrocedió un paso y lo encaró una vez más.

–Tenía que desquitarme por lo que me hiciste pasar en la mañana y por lo que estoy sintiendo ahora. Ya es suficiente de caprichos, ¿Qué más quieres de mi?– respondió con seguridad, a pesar de no saber cuál sería la reacción del demonio.

–Sabes lo que quiero… pero si vuelves a levantarme la mano, ésta vez lo tomaré por la fuerza y no me voy a detener– pronunció con frialdad, acercándose lentamente.

La mujer retrocedió sin desviar la mirada.

–Eso sería muy bajo para el señor del Oeste. Además, esto no estaría pasando si hubieras cumplido con tu palabra. Ya te di lo que querías y yo sólo deseo regresar a mi hogar. Pero tú no pareces dispuesto a liberarme. Si me sigo negando, sólo conseguirás frustrarte más y si quieres comportarte como un animal, hazlo entonces… pero después de ello, sabes que no podrás obtener nada más de mí– declaró Diana, sin el menor titubeo.

El Lord gruñó ante la respuesta, pero se mantuvo inmóvil. La seguridad con la que se expresó, indicaba que ella tenía la certeza de que él no intentaría violarla y menos asesinarla. A pesar de ello, aún podía seguir torturándola con su sangre, pero existía la posibilidad de que tampoco cediera. Ninguna de las dos opciones complacían al señor del Oeste y esto le molestaba, ya que la hembra tenía cierta ventaja y la estaba usando en su contra.

Al ver que el demonio no decía palabra alguna, Diana habló nuevamente con firmeza.

–La cueva está abierta, llévame por favor. –

Sesshomaru volvió a gruñir ligeramente, le dio la espalda y regresó a sentarse en altiva posición. Cerró los ojos y exhaló lentamente. Parecía meditar la respuesta que le daría, mientras ella permanecía en silencio. De nuevo la miró, buscando sus oscuros ojos y con una sutil mueca de lujuria reveló su intención.

–Convénceme para que te deje ir. –

No le había tomado mucho tiempo meditar una respuesta que inclinará la balanza a su favor. A pesar de sentir que su orgullo seguía irritado, había decidido cambiar la estrategia. Ahora esperaba la respuesta de la mujer con toda atención, satisfecho por haber forzado un nuevo escenario.

Diana hizo un gesto de extrañeza, segundos después, su ágil mente razonó la petición del demonio.

A pesar de mi comportamiento, no piensa dejarme en paz. No es nada tonto el señor del Oeste, ha volteado la situación a su conveniencia– pensó la mujer, al tiempo que soltaba un suspiro. –Sigues haciendo trampa, pero está bien, acepto siempre y cuando ésta sea la última vez– contestó con seriedad.

Sesshomaru disimuló una mueca de satisfacción y se recargó en espera de la siguiente acción por parte de ella. No respondió al condicionamiento, no tenia intensiones de aceptar tales términos y su silencio era su propia ventaja. La vio hacer un gesto de irritación al no escuchar una respuesta. No obstante, ella se atrevió a condicionarlo una vez más.

–Prefiero tus aposentos…– indicó, al tiempo que comenzaba a retroceder hacia la salida.

Ante tal gesto el Lord amenazó.

–No tientes a tu suerte, mujer. Ven aquí, no tengo intención de ir tras de ti– ordenó, manteniendo su posición.

La humana desapareció en el corredor. Un minuto después, Sesshomaru caminaba molesto hacia la habitación principal. De nueva cuenta la hembra lo estaba haciendo desatinar con su comportamiento, al dejarlo solo en el salón. En su interior, la criatura de ojos rojos se reía a sus anchas por tal situación.

¡Me encanta ésta mujer, me excita su manera de tratarnos jajaja!– se expresó la bestia gustosa.

El Lord solamente bufó ante el comentario, pero estaba dispuesto a tolerar la conducta de la joven, por el simple hecho de que nunca antes había disfrutado tanto al poseer a una hembra. Esa humana le proporcionaba demasiado placer cuando se entregaba por completo, haciéndolo aún más adicto a ella.

Entró a sus aposentos y la descubrió sentada en el borde del lecho, con brazos y piernas cruzadas, sonriendo con burla. Se notaba complacida por lo que había conseguido hacer, obligarlo a seguirla.

–Pensé que te quedarías en tu diván. –

–Silencio mujer, me estás colmando la paciencia de nuevo, ¿A caso quieres volver a sentir como te recorre mi sangre?– amenazó el demonio, mientras se aproximaba.

Diana no contestó y solamente desvió la mirada, restándole importancia a sus palabras. De pronto Sesshomaru llegó frente a ella y en un parpadeo la empujó hacia el centro de la cama, aprisionándola bajo su cuerpo.

La joven no se inmutó.

–Espera, me pediste que te convenciera, entonces suéltame– dijo con tranquilidad.

El demonio la miró por unos segundos, después decidió hacerle caso. La soltó y se recostó a un lado mientras ella se arrodillaba junto a él. La mujer lo miraba con detenimiento, parecía afinar los últimos detalles de una idea en su mente y después sonrió con picardía al tiempo que sus manos se posaban sobre el fuerte pecho.

Lentamente comenzó a quitar la bata que cubría el desnudo cuerpo del Lord. La jaló hacia los lados, él la ayudó alzando los brazos y finalmente la prenda fue arrojada al suelo. Su blanca piel olía con frescura y su hermoso cabello aún tenía rastros de humedad. Las marcas violetas parecían resaltar y las manos femeninas comenzaron a recorrerlas con suavidad. Se posaron en sus costados, subieron por su marcado estómago y alcanzaron sus pectorales.

Ella se deleitaba con el espectáculo, después de todo era digno de admirar. Tenía muy en claro su intención, lo complacería usando toda su experiencia para persuadirlo y obtener su libertad, pero de paso ella también lo disfrutaría. No era recomendable volverlo a desafiar, la desagradable experiencia de la mañana jamás la podría olvidar.

Lo miró de nuevo, al tiempo que sus manos continuaron el recorrido hasta tomar el rostro masculino con docilidad. Él no se resistió y ni siquiera tuvo tiempo de asimilar la situación, la mujer ya acercaba sus labios a los suyos para una sensual unión. Se posó con suavidad al principio, después comenzó a besar con más ímpetu, hasta que ambas bocas empezaron a bailar en un grato y húmedo beso. El aire les faltó y un lúbrico hilo quedó como testigo del sorpresivo gesto.

Ella se incorporó lentamente y comenzó a aflojar el nudo de su atuendo, con suavidad la fina tela resbaló por sus hombros, la marca violeta resaltó sobre su piel canela y un ligero cosquilleo se percibió. Sus pechos quedaron al aire y su cintura contuvo la caída de la prenda manteniendo ocultas sus caderas y todo lo demás.

Sesshomaru sintió un espasmo en su interior ante la visión y el proceder de la mujer, no esperaba un cambio de comportamiento tan repentino. De pronto cayó en la cuenta de que la hembra también había modificado su estrategia, después de todo, no era como las humanas de esas tierras. Él sabía que ella provenía de un lugar donde el tiempo y la realidad son diferentes y era de esperarse que su personalidad también lo fuera. Esto lo hizo sonreír para sus adentros, la nueva actitud de ella le prometía una interesante batalla para deshacer el empate en esta guerra de instinto y deseo.

Diana le seguía sonriendo al Lord y su mueca se amplió cuando, lenta y felinamente, se sentó sobre su abdomen y los muslos abrazaron sus costados. Sin titubeos se acomodó sobre él, tocando con insinuante cercanía el vientre del demonio, provocándole una nueva sacudida.

Las caderas femeninas permanecían disimuladas por la tela, pero su piel ya estaba desnuda por debajo, compartiendo su temperatura y suavidad. Sus manos se posaron de nuevo sobre el fuerte pecho y su rostro quedó frente al de él. Los gestos y el actuar de la fémina parecían más complacientes, más dispuestos a obedecer y al mismo tiempo, encaminados a dominar.

El Lord hizo un ademán de querer tocarla, pero ella lo detuvo.

– ¿Qué haces mujer?– preguntó.

–Ésta vez seré yo quien mande, tú sólo déjate llevar– contestó la joven, mientras desviaba los brazos masculinos contra las sábanas.

No le permitió responder, ya que inmediatamente se recargó sobre su pecho y sus cálidos senos lo acariciaron, atrapando su mirada y distrayendo su mente en un parpadeo. El demonio se agitó y comenzó a disfrutar de las atenciones que recibía.

De nuevo el rostro de la joven se acercó a su lado y el cálido aliento acarició su piel. Ella empezó a besar su cuello pausadamente, subiendo y acercándose a su puntiaguda oreja. La lengua recorrió la zona erógena, provocándole una deliciosa agitación, su sensibilidad se externaba ante el recorrido de la humana. Se quedó quieto, cerrando los ojos y permitiéndole el control. Su bestia interna se relamía los bigotes, le encantaba la situación.

Diana usó sus manos para recorrer los brazos, subió hacia sus hombros y comenzó a acariciar su torso con lentitud, dejando que las yemas de sus dedos palparan con finura la blanca piel del Lord. Éste reaccionó con rapidez y su respiración lo delató. La mujer pensó que necesitaría mucha paciencia y tiempo para estimularlo, pero con grata sorpresa comprobó que su sensibilidad no distaba mucho de la de un humano, así que lo aprovechó. Su dedos continuaron el recorrido, tan ligero que provocaba un pequeño erizamiento en la dermis, complementado por los besos sobre su cuello y el rozamiento de su piel contra la de él.

Por otro lado, sus cálidos senos permanecían tocando el torso, endureciéndose lentamente, al tiempo que ambos vientres intercambiaban suavidad y calor. Ella permanecía completamente recargada, sin que a él le molestara en lo más mínimo. Entonces el demonio aprovechó la posición para abrazarla por la cintura sin previo aviso, estrechando el acercamiento de sus cuerpos.

–Quieto, ten paciencia por favor– pidió la mujer, al tiempo que le tomaba las manos y las colocaba a los lados.

–No me condiciones, ¿Qué te hace pensar que me puedes dar órdenes?– cuestionó Sesshomaru.

– ¿Ordenes?, yo jamás me atrevería a eso, sólo te pido que esperes un poco más…– se justificó Diana, acercándose a su mejilla. –Déjame complacerte, señor del Oeste– finalizó, lamiendo de forma insinuante las marcas violetas.

Ese simple gesto hizo que Sesshomaru se estremeciera aún más. Su bestia gruñó con alegría al sentir su deseo crecer y se regodeó complacida por el mimo de la mujer. Para los InuYoukai era una caricia demasiado excitante el hacer eso, así que terminó por ceder ante la petición de ella. No la tocaría por el momento.

Diana sonrió complacida, punto para ella.

Claro que no te voy a ordenar, pero si te voy a condicionar, mi querido e insoportable demonio– pensó con malicia.

No estaba segura hasta donde podría manipularlo, pero lo intentaría. A final de cuentas, el sexo es una poderosa arma sabiéndola usar.

Las manos de ella se acercaron de nuevo a los hombros. Las yemas de sus dedos comenzaron un renovado tránsito, fino y acompasado, llegando a la mitad del pecho. Podía percibir el latir de su corazón y el subir y bajar de su respiración. Sus labios se posaron sobre la piel y ella no dejó de mirarlo, cuando éstos iniciaron el recorrido en un eje sagital hacia abajo.

Entonces desvió la mirada y su lengua empezó a cubrir el área con tibia humedad. En ese momento ella elevó su cadera y lentamente se incorporó, sus piernas la sostuvieron para comenzar a retroceder. El demonio se agitó ante la acción y de nuevo tuvo la intención de sujetarla, pero el cosquilleo de su lengua lo distrajo. Las sensaciones que le provocaba la hembra comenzaban a perturbarlo.

La mujer se mantenía elevada, retrocediendo lentamente mientras lo estimulaba. Bajando despacio y sin prisa, pasó de su pecho a su estómago, fresco camino avanzando hacia al sur. Sus manos se mantenían paralelas al recorrido, acariciando los costados, caderas y muslos del macho, quien seguía reaccionando.

Sesshomaru cerró los ojos y su mente se perdió debido a la estimulación. Su deseo estaba latente desde la noche anterior y ahora comenzaba a desbordarse ante el lascivo actuar de la humana. De un momento a otro la tomaría, no se contendría por mucho tiempo. Pero quiso esperar, deseaba ver hasta donde era capaz de llegar por ganar su libertad.

Un jadeo escapó de su boca al sentirla llegar a la pelvis. Los senos habían rozado su semi despierta masculinidad y una punzada se generó en su vientre. Inmediatamente abrió los ojos para encontrarse con la hembra reposada en un morboso abrazo de su zona inguinal. Ella seguía lamiendo su piel y de pronto alzó la cara hacia él, con gesto lujurioso, aumentando el descontrol de su bestia interior.

Diana le sonrió y su insinuante lengua recorrió las comisuras de sus labios en un gesto de antojo y provocación. Inmediatamente notó el brillo carmesí en los ojos de Sesshomaru, así que se apresuró a distraerlo de su intención. Su cuerpo retrocedió un poco más y su boca se acercó a la virilidad. En un instante la dureza se expresó en su totalidad y el palpitar de la sangre se mostró en las venas de su grosor.

¡Se ha excitado demasiado en muy poco tiempo!, no debí dejarlo con las ganas el día de ayer…– pensó sorprendida la joven antes de comenzar su lúbrica caricia.

Su lengua humedeció la mitad del tallo y el demonio jadeó con anhelo. Ella esperó un segundo y de nuevo volvió a lamer hacia arriba. Sonrió ante los sonidos del Lord y sus labios reflejaron el gesto sobre la palpitante hombría. Debía tener cuidado con los dientes, el macho no perdonaría semejante atentado.

De nuevo su lengua bajó, dejando un rastro de saliva para facilitar la felación. Sutil movimiento descendió, presionando en el lugar correcto, otro gemido escapó. Ésta vez la hembra se tomó más libertad al llegar al área testicular. Su lascivo manoseo sólo aumentaba el apetito del demonio, percibiéndolo en su propio interior.

Lo está disfrutando bastante, puedo sentirlo…– pensó la joven, al darse cuenta que algo dentro de ella interactuaba con las reacciones del Lord. –Es el vínculo que dijo Aki…– razonó, mientras volvía a besar.

La bestia en el interior del Lord se removía de un lado a otro, quería salir, dominar y poseer. La hembra lo tenía sumamente alterado y por su mente pasó la idea de provocarla con su sangre. Pero aún no era el momento adecuado, debía esperar un poco más y dejarse llevar. Las atenciones lo incitaban y su deseo ya escurría por las comisuras de su hocico, poca fuerza de voluntad le quedaba. Si Sesshomaru no hacía algo, la criatura lo obligaría.

Finalmente la boca femenina rodeó su grosor y la lubricación resbaló. El recorrido se hizo más rápido y posesivo, la piel recogía las descargas de placer al tiempo que se generaba una tremenda conmoción en el vientre del Lord. Rítmico subir y bajar abrazando su virilidad, lasciva succión generando más ansiedad.

Movimiento final, la joven comenzó a estimular con sus manos la base del miembro. El demonio jadeó con más fuerza al sentir la proximidad del clímax. Ella lo notó e incrementó la presión del agarre, delicioso estrujamiento que provocó su convulsión final. Diana apenas tuvo tiempo de liberarlo, sonriendo complacida ante el manar de su simiente.

Ahora que lo pienso… ¿Tendrá fuerzas para continuar después de esto?, no podré evitar burlarme si resulta que termina tan fatigado como un humano– especuló intrigada por tal posibilidad. – ¡Pero qué ideas tengo!, no puedo confiarme, él es una criatura sobrenatural… soy yo la que debe ser precavida– finalizó, mientras observaba al Lord perdido en su deleite.

En ese momento Diana sintió la ligera humedad gotear de su flor, también su excitación comenzó a manifestarse. Gateando con lentitud se acercó al lado de Sesshomaru y repitiendo el sensual gesto, volvió a lamer su otra mejilla bajando hacia el lóbulo de la oreja y subiendo de nuevo por ella. Otro gemido de satisfacción escapó mientras mantenía los ojos cerrados, disfrutando la relajación del orgasmo.

–Me dejaras ir, ¿Verdad?– ronroneó ella, cerca de su oído con insinuante modulación.

El demonio abrió los ojos y sutilmente le sonrió, al tiempo que la tomaba por la barbilla.

–Esto aún no termina…– contestó.

Entonces, sin previo aviso, la tomó por la cintura jalándola hacia él y obligándola a sentarse de nuevo sobre su vientre a escasos centímetros de su todavía, endurecida y lubricada virilidad.

Ella se sobresaltó y con la fuerza de sus piernas se resistió al contacto con el cuerpo del Lord.

– ¡Todavía no!– alzó la voz. – ¡Aún no estoy lista!–

Sesshomaru gruñó mientras la sujetaba por las caderas.

–Deja de protestar, el olor de tu sexo me grita que ya puedes recibirme y el aroma de tu cuerpo cambió desde hace rato– habló con malicia, mientras sus garras presionaban la piel de Diana.

Era cierto, ella estaba lista para la penetración, la lubricación que escurría por sus muslos lo permitiría sin problema y el anhelo de su cuerpo estaba tan presente como en el Lord. Sin embargo aún se sentía intimidada por su grosor, haciéndola dudar. La flexión de sus piernas comenzó a ceder ante la fuerza de él.

– ¡Espera…!– pidió ella.

–Te liberaré… – dijo Sesshomaru para distraerla. – Después de que me entregues todo de ti…–

La miró por un segundo y de pronto el gesto femenino cambió al instante, mientras la forzaba a sentarse sobre su virilidad. Ella no pudo resistir y su pelvis descendió, recibiéndolo por completo. La mujer gimió con fuerza al sentir la invasión y sus uñas se clavaron con rabia en los hombros del Lord. Sus pliegues internos fueron separados sin contemplación y su estreches le provocó ligero dolor. Los jadeos de queja escaparon, complaciendo morbosamente al macho, quien sonrío con perversión. Después de todo él seguía dominando.

– ¡Desgraciado…!– susurró ella, tratando de asimilar la tremenda sensación.

De nuevo su interior se contrajo y empezó a humedecerse todavía más. Él se incorporó ligeramente para sujetarla con más facilidad y ambas manos la mantuvieron inmovilizada al tiempo que se aproximó para besar y morder su cuello con suavidad.

Lentamente la mujer dejó de oponer resistencia, relajándose ante las bucales caricias. Poco a poco el demonio disminuyó la fuerza de su agarre, pero sin liberarla por completo. La joven no se dio cuenta en qué momento su molestia desapareció, su boca ya clamaba ante la creciente excitación.

Casi por reflejo comenzó a mover su cuerpo, tomando un rítmico vaivén y el sonido de los sexos se escuchó como una oda al vicio de la carne. Las sensaciones de goce aumentaron en su interior y ambos se miraron complacidos, dominados por el instinto. Ella lo abrazó por el cuello y él empezó a guiar sus caderas en un elíptico movimiento.

En ese instante Diana olvidó su meta, dejándose llevar por el dominio del macho. Ya pensaría en algo más y por el momento sólo quedaba gozar. De pronto percibió el filo de los colmillos sobre su hombro derecho. La pequeña incisión dejó escapar unas gotas de sangre, que inmediatamente fueron lamidas. La mujer ni siquiera se inmutó, sabía que él lo haría una y otra vez como extraño ritual para satisfacer algo en su interior. Entre jadeo y movimiento buscó su mirada… la bestia le sonrío.

–Eres deliciosa… – habló con lubricidad.

Por un segundo la mujer no lo reconoció, pero poco le importó y un nuevo beso los unió. Inmediatamente sintió la renovada fuerza de sus acometidas, a pesar de ser ella la que estaba arriba. Los sonidos de ambos siguieron inundando el ambiente y de pronto ella se agitó con fuerza, la estimulación de su vientre precipitó el placer en su botón. El delicioso calambre empezó a crecer, su piel se erizó y su espalda se arqueó. El movimiento de su lacio cabello seguía el ritmo impuesto por el Lord, a la par de sus caderas y en coordinación con su agitada respiración.

Él seguía sujetando la pelvis femenina, manteniendo la unión, mientras se embelesaba con el movimiento de sus pechos. Entonces sintió como el interior de la hembra lo aprisionó con más fuerza, obligándolo a gruñir de placer. Ella lo miró de nuevo con gesto de lujuria, pronto alcanzaría la cima final.

En ese momento, sin soltarla, cambió de posición recostándola y quedando sobre ella, aumentando la potencia de sus embestidas. La hembra estrechó las piernas a su alrededor y gimió sin control cuando el espasmo creció. En ese instante algo estalló en su interior, derramándose frenéticamente el orgasmo la alcanzó, obligándola a tomar más aire y a rasguñar la espalda del Lord.

Sesshomaru se deleitaba con el gesto de la mujer, el placer que obtenía al verla delirar era una deliciosa adicción, que junto con su bestia interna, disfrutaba con insana pasión. Su pelvis mantuvo los embates hasta que ella culminó. En ese momento se quedó quieto, manteniendo la presión sobre su vientre y concediéndole la prolongación de tan deliciosa palpitación. El rostro femenino no podía ser más satisfactorio, por instantes su mirada se perdía en el vacío y sus músculos faciales no alcanzaban a expresar semejante sensación.

¿Por qué es tan agradable esto, porque es tan adictivo?– divagaba la joven, perdida en el sopor del éxtasis. – ¿Por qué no se detiene ésta agitación, porque sigo deseando más…?– se cuestionó, al notar el anhelo en el centro de su ser.

Sólo un par de minutos el macho la dejó disfrutar, ya que comenzó a retirarse lentamente y sus pliegues internos temblaron ante el abandono. Lo miró de nuevo, sus ojos habían vuelto a la normalidad, pero su expresión de lujuria no había mermado y el susurro en su oído se lo confirmó.

– ¿Lista para continuar?– preguntó.

– ¿Qué… dijiste?– contestó con dificultad. –Estoy rendida… no puedo más. –

–No tiene caso que mientas, no puedes engañarme. Mi sangre indica lo contrario– dijo el demonio maliciosamente.

Diana se sobresaltó al comprender sus palabras, él percibía lo que ella sentía y no tuvo tiempo de pensar en nada más. Sesshomaru se incorporó y con la mano hizo un ademán frente a su rostro. La mujer sintió el latigazo de sensaciones en su médula espinal antes de siquiera haber recuperado el aliento. Inmediatamente se abrazó a sí misma e intentó levantarse, al tiempo que un nuevo jadeo le impidió protestar. La sangre de demonio comenzó a correr de nuevo por su cuerpo, sin embargo, ésta vez no fue abrupto ni desencadenado como en la mañana.

– ¡No por favor, no de nuevo!– se quejó ella.

El Lord se acercó a su rostro y se posesionó de sus labios, después la liberó y empezó a recorrer nuevamente su piel.

–Tranquilízate, ésta vez será diferente– dijo con sonrisa sutil, al tiempo que volvía a recostarla.

El hábil tacto se expresó sobre la mujer, sus manos recorrían centímetro a centímetro sus costados, circulando por sus curvas e incitando sus recovecos, siempre cuidando el filo de sus garras. Se acercó a su pecho y recargó su rostro contra el torso femenino, que se agitaba de nueva cuenta. Su corazón latía sin control y el fluir de la sangre humana, acelerada por la de él, generaba un excitante sonido que sólo sus oídos podían escuchar.

Diana se perdía en las convulsiones de su cuerpo, las descargas se incrementaban y su mente apenas podía procesarlas. Ella creía que de un momento a otro perdería la conciencia, no obstante, algo la mantenía en la realidad, algo que danzaba en su interior y le proporcionaba un golpe de energía. La mujer no alcazaba a comprender de donde venía, pero le permitió soportar la sensación adrenalínica que la invadió por completo. Su sensibilidad se incrementó y sus gemidos eran música para el Lord.

Sesshomaru no alargó la placentera tortura, la hembra estaba en el punto más álgido de su excitación y las únicas palabras que le escuchó decir, fueron una deliciosa petición.

– ¡Deseo sentirte una vez más!– suplicó la joven, quien se incorporó lentamente, insinuando otra posición.

Al verla el demonio sintió como su interior se agitó con más fuerza y la punzada de su sexo le ordenó que actuara de inmediato.

La mujer gateó hacia él con insinuante movimiento.

–Ven… señor del Oeste…– ronroneó obscenamente.

El Lord se relamió los labios antes de colocar su lengua en el hombro de la mujer para empezar a recorrer el canal de su espalda. Podía percibir como se estremecía al tocar específicamente esa área de su cuerpo. Se fue acercando detrás de ella, escuchándola suplicar, mientras sus manos continuaban acariciando. La flexión de sus piernas permitió el acercamiento de la pelvis masculina y el ansiado roce de sus intimidades.

La humedad seguía presente, invitando a continuar con el antiquísimo ritual de apareamiento. La contracción del interior femenino aumentaba a cada momento y la señal olfativa era la orden final para el macho, quien por instantes parecía perderse entre razonamiento e instinto. Sus manos la tomaron por la cintura, permitiendo la unión de su miembro con la cálida feminidad. Lento y suave comenzó a hundirse en el interior de ella, al tiempo que su torso la abrazó.

Diana se estremeció al recibirlo de nuevo y su interior le devolvió multiplicadas las sensaciones que le provocaba la penetración. Su boca gimió y sonrío sin control cuando las terminaciones nerviosas de su cuerpo convirtieron, casi de inmediato, la primera incomodidad en descargas de placer. Su médula espinal de nueva cuenta sufrió ante el tránsito de la sensitiva información. Su piel seguía erizada, reaccionando al contacto con la lengua del macho, quien no dejaba de recorrer, besar y morder sutilmente su espalda. Ella se sostenía sobre sus brazos y la flexión de sus piernas permitió un mejor ángulo para la fusión de sus sexos.

Sesshomaru esperó unos instantes, hasta que sintió la humedad de ella recorrer su piel. Respiraba entrecortado, tratando de no perderse en la placentera sensación de su miembro abrazado. Podía percibir el goce de Diana y ver parte de su expresión facial, complaciéndolo aún más. Así que controlándose, poco a poco inició con el primer movimiento. Esto provocó que los pliegues de la hembra se contrajeran, obligándolo a jadear. La mujer no se quedó atrás y sus propios gemidos lo secundaron.

La bestia de ojos carmesí permanecía extasiada ante la respuesta de la humana. Le encantaba sentir su piel, su calor y su humedad. Pero lo que más la hacía disfrutar, era el vínculo sensitivo que tenía con ella. La sangre de demonio fluía impetuosamente por su cuerpo, permitiéndole disfrutar todavía más. Esa deliciosa respuesta carnal, tenía embelesada a la criatura.

Ambos cuerpos seguían el ritmo impuesto por el instinto y el deseo, ambos emitían lascivos jadeos como respuesta al placer que los invadía. El macho se sostenía sobre ella con ambos brazos, mientras su cadera se movía en una oscilación feroz. La hembra soportaba el embate sin caer sobre el lecho, con los ojos cerrados, perdiéndose en el mar de sensaciones que el incesante movimiento le provocaba. Su mente estaba en trance y las comisuras de sus labios dejaron escapar un hilillo de transparente saliva que humedeció las sábanas, expresión inequívoca del intenso goce en el que se encontraba.

El demonio disfrutaba de la deliciosa opresión de su masculinidad cuando de pronto sintió un espasmo en el vientre, pronto llegaría su final, sin embargo quería arrastrar a la mujer junto con él. Sin detener el movimiento sobre ella, una de sus manos alcanzó el vientre femenino y con suma delicadeza acarició el botón de placer. La mujer levantó el rostro lo más que pudo, al tiempo que clamaba con fuerza. La estimulación casi la hizo perder la cordura, su vientre convulsionó y el inminente éxtasis comenzó a expandirse en su interior.

En ese momento la presión que sentía el Lord le indicó que la hembra estaba llegando al clímax, por lo que también se dejó arrastrar, aumentando la intensidad de sus embestidas. En un instante alcanzaron la cúspide final, gimiendo al unisonó, sintiendo el estremecimiento de sus cuerpos ante el delirante y poderoso orgasmo que en ambos estalló. Húmedas consecuencias, agitadas respiraciones y el aroma de su unión colmaron la habitación.

Diana seguía tratando de no perder la conciencia, su respiración continuaba alterada y el sudor aún perlaba su piel. Su cuerpo no dejaba de temblar, la convulsión del placer todavía palpitaba en su interior cuando Sesshomaru la liberó. También él estaba fatigado, a pesar de ser un demonio, su energía había fluido en demasía y parte fue absorbida por la mujer con la ayuda de su sangre. La carnal batalla no perdonó a ninguno de los dos, ésta vez había sido demasiado y sus cuerpos clamaban por descanso.

Antes de hablarle, el señor del Oeste sonrió satisfecho para sus adentros al verla tendida sobre su lecho.

–Puedes marcharte cuando lo desees… si es que logras levantarte– dijo con expresión burlona.

–Idiota… claro que me voy… a largar de éste sitio…– apenas alcanzó a contestar Diana.

Ya no tenía fuerzas y al terminar la última palabra, sus párpados cayeron. La relajante oscuridad se apoderó de ella, soltó un profundo suspiro y su cuerpo se relajó ante el anhelado reposo. El Lord la observó por unos instantes más.

Indomable hasta el final, que humana tan peculiar…– pensó, mientras se incorporaba con calma.

Él también necesitaba descansar, pero dejaría a la hembra reposar a solas, se lo había ganado. En silencio abandonó sus aposentos, dirigiéndose a otra habitación.

Las horas pasaron y finalmente la noche llegó.

En el comedor se encontraban el fiel sirviente y la curandera. Estaban bebiendo té, mientras practicaban un antiguo juego de mesa.

– ¡Te gané, eso no te lo esperabas!– dijo Jaken entusiasmado.

–No te confíes, todavía me queda un movimiento– le respondió la anciana.

De pronto ambos se miraron sorprendidos y giraron los rostros a la entrada. Sesshomaru llegaba caminando con paso lento y relajado. Esto los sorprendió, dado que él casi no pisaba ese lugar.

–Anciana, vigila a la mujer hasta que despierte y atiéndela hasta que se recupere– ordenó el demonio. –Ya sabes qué hacer cuando quiera marcharse. –

–Si amo, como ordene– respondió la mujer zorro. –Mi señor… piensa dejarla como está, es decir…– trató de cuestionar.

–Sí… yo nunca me retracto de lo que hago y menos si ha sido por mi propia voluntad. Así que mantente reservada curandera– finalizó Sesshomaru con seriedad.

–Como ordene mi Lord– confirmó Aki, haciendo una reverencia.

–Jaken, ven conmigo– volvió a ordenar mientras se dirigía a la salida.

– ¡Pero amo bonito, estoy a punto de ganar!... ¿Amo?, ¡Amo ya voy, espéreme!– dijo el pequeño demonio, mientras salía corriendo tras su señor.

La anciana zorro los miró alejarse y solamente suspiró.

Tengo que preparar más ungüento y té… realmente me sorprende la resistencia de esa joven, logró calmar el instinto de Lord Sesshomaru– pensó para sí misma, al tiempo que recogía las fichas del juego.


Continuará...

Wow :D éste el capitulo más largo que he escrito hasta ahora, espero no se les haya hecho pesada la lectura. Por favor regálenme un comentario y déjenme saber su opinión y sus reacciones.

Saludos a todos ;)