Capítulo 91: Infancia y personalidad

*Scar Narrando*

La pequeña Vits y el niño Kovu llenaban cada uno de mis desolados días. Eran como un pequeño oasis en medio del inmenso desierto. No pude convivir demasiado tiempo con ellos, pero cada segundo que pasé a su lado era el más valioso para mí.

Cuando ambos leoncitos cumplieron sus primeras semanas de vida, fue una gran satisfacción verlos caminar por primera vez. Los muñones que tenían por cola me inspiraban gran ternura. A lo largo de mi vida había experimentado muchos tipos de afecto, pero el amor de padre era algo nuevo y diferente para mí; de alguna manera me estaba cambiando un poco la visión que siempre había tenido sobre el mundo y la vida.

Vitani era una niña muy curiosa y lista. Era también bastante resistente a los cambios bruscos de temperatura, y a diferencia de Nuka, ella casi nunca se enfermaba.

Shenzi era la que más pasaba tiempo con ella. La tía Shenzi, como Kovu y Vits le decían, ocupaba un lugar muy especial en su corazón, sin embargo no era la mejor influencia. De ella adquirió un particular humor negro que dejaba sorprendidos a muchos, debido a su tierna edad. También aprendió a contestar hábilmente con ironías y sarcasmos, por su parte, la hiena se identificaba mucho con Vitani debido a su rebeldía innata, que muchas veces caía en la insolencia.

"¡Me recuerda a mí cuando era cachorrita!" Decía Shenzi con mirada triunfal. Explotando en risas, yo la corregía diciéndole:

"Más bien, te recuerda a ti, como has sido siempre."

Por su parte, Kovu había sido siempre un cachorrito muy tranquilo, apacible y sano. No era muy travieso, pero por supuesto que sabía divertirse y hacer diabluras de vez en cuando. Vitani era quien lo sonsacaba generalmente. A ambos les gustaba correr, perseguir la cola del otro, cazar lagartijas, pero lo que más disfrutaban era jugar a las luchitas. A pesar de su cortísima edad eran unos cachorritos muy hábiles y fuertes cuando de jugar rudo se trataba. Vitani crecía creyendo que Kovu era su hermano de sangre. Ni Zira ni yo consideramos necesario que ella supiera la verdad. Así, Vitani y Kovu se volvieron como uña y mugre. Nadie podía separarlos.

También les gustaba molestar a Zazú, a quien ya tenían mareado, porque siempre le pedían que cantara para ellos:

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"¡Canta otra vez!" Le ordenaban felices.

"Creo niños que por hoy ya es suficien…"

"Zazú," Le interrumpía yo, "no puedes desobedecer a los pequeños príncipes, ¡Ahora canta!"

Zazú me miraba con fastidio, sin embargo era muy obediente:

"De acuerdo, su alteza serenísima." Y expirando aire con fuerza, el pobre cálao fastidiado, comenzó a entonar:

"Tengo un montón de ricos cocos,
Ahí están en fila, ¡Míralos!
Grandes, chicos, ¡Tan enormes como ves!"

Apenas terminaba, cuando los niños gritaban de nuevo:

"¡Otra vez! ¡Otra vez!"

"¡Oh, no!, ya no, por favor, piedad Alteza."

"Ni modo Zazú. Eso te pasa por ser el cálao más desagradable que haya conocido, además eres mi sirviente y prisionero y por ende debes obedecer. Ahora a cantar."

"¡Ya que!", exclamó, para después entonar de nuevo:

"Tengo un montón de ricos cocos…"

Una vez hicieron cantar esta canción a Zazú, al menos unas treinta veces seguidas

De esta manera y con todas estas travesuras de por medio, los lazos entre Kovu y Vitani se incrementaban, pese a ser medios-hermanos.