Buenas tardes a todos ;)

Aquí está el capítulo final de ésta historia. Estoy contenta, ésta secuela me sirvió de mucho para escribir temática lemon, la verdad es que aún me sonrojo al leerme a mí misma. Sí, estoy loca XD

De momento es todo respecto a éste fic, dejemos a Diana descansar... aja XD Espero tener más ideas después, para redactar otro fic lemon, pero con otros personajes. Aunque ahora me he formado una idea especifica de Sesshomaru y creo que me va a costar modificarla.

En fin, gracias por leer y ya saben: Si tienen dudas, quieren sugerir, comentar o pedir algo, soy toda oídos, o mejor dicho ojos XD

Abrazos :D

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia porque me encanta éste anime.


Capítulo 7: Vínculo

Era la mañana del día siguiente, en unas cuantas horas se cumplirían tres días de estancia en la mansión del Oeste. Diana durmió toda la noche, perdió la noción del tiempo y fue el hambre, aunada al dolor de su cuerpo, lo que la despertó lentamente.

–Maldita sea, es suficiente. Si esto sigue así, creo que voy a morir… sí, voy a morir de placer jaja– rió la mujer en voz baja y con algo de modorra. –Aún no comprendo cómo es que soporté semejante actividad… fue increíble– continuó divagando.

–Eso se debe a la sangre de Lord Sesshomaru, tu cuerpo asimiló parte de su energía gracias al vínculo– se escuchó una voz al otro lado de la habitación. Era Aki, saliendo del área de aguas termales. –Ya está todo listo para que te bañes. –

–Hola Aki, ni siquiera me di cuenta de que estabas aquí. Dime qué hora es por favor– solicitó la joven.

–Es de mañana, pero el sol ya está en alto, dormiste toda la noche– contestó, al tiempo que se acercaba.

– ¡Toda la noche!, ¡No puede ser, ya es sábado!– dijo con irritación. –Ya debería de haber vuelto a mi época. –

–Escucha niña, estás muy débil y no podrás abandonar éste lugar aunque quieras. No hasta que puedas sostenerte en pie por ti misma. Vamos, camina despacio y sujétate de mí– le ofreció su ayuda para que se levantara.

–No entiendo porque me quedé dormida tanto tiempo– se quejó de nuevo.

–No tiene nada de extraño, es normal que una humana termine sumamente agotada después de aparearse con un demonio. En tu caso, me sorprende tu resistencia, pero tienes que recuperar energías si quieres regresar a la cueva– indicó la curandera.

–Necesito más de tu infusión de hierbas, estoy muy agotada todavía. –

–Sí, tengo todo listo. Ahora debes permanecer algunos minutos dentro del agua para que se relaje tu cuerpo– recomendó.

–Cielos, realmente fue demasiado ésta vez. Sé que ya puedo marcharme, pero siento tanto cansancio, que sólo quiero seguir durmiendo– expresó Diana, mientras comenzaba a asearse.

–Con el té recuperaras tus fuerzas, déjamelo a mí– afirmó la mujer zorro. –Lo que debe preocuparte ahora, es que la cueva de la que hablas esté abierta. –

– ¡Es cierto, no estoy segura si hoy pueda alcanzar la apertura del portal!– habló la mujer con preocupación. –Y seguramente tu caprichoso amo no querrá decirme cuando se volverá a abrir. –

–Pues sólo queda ir a revisar. Tan pronto te sientas mejor, yo te acompañaré– respondió Aki, al tiempo que alistaba el ungüento de tono coral.

– ¿Tu me acompañarás, es decir, sabes dónde está la gruta?– preguntó.

–Sí, conozco su ubicación. Además, son ordenes de Lord Sesshomaru, podemos ir caminando o en el dragón Ah-Un. –

–Vaya, pensé que se lo ordenaría de nuevo al pequeño sapo– comentó extrañada.

–Jaken se fue con el amo, salieron a cazar en la noche. En los alrededores se percibe mucha sangre de monstruos y otras criaturas. Al parecer, mi señor no quiere que tengamos complicaciones cuando salgamos rumbo a la cueva– explicó, mientras colocaba la sustancia sobre la piel de la humana.

–Complicaciones… si ya entiendo– razonó la joven, recordando a la criatura que la atacó a su llegada. –Al menos tú señor no es tan desconsiderado. –

–Diana, escucha con atención lo que te voy a decir– susurró la curandera disimuladamente. –Si no quieres que esto te vuelva a suceder, deberás alejarte de esa extraña caverna– continuó hablando en voz baja, al tiempo que la joven escuchaba en silencio. –No sé qué tan cerca vivas de ella, pero entre más te alejes, menos fuerza tendrá la marca de Lord Sesshomaru sobre ti. De lo contrario podría obligarte a venir más seguido de lo que crees– declaró con calma.

– ¿A qué te refieres con eso, acaso ustedes los demonios no sólo tienen un par de épocas de celo al año?– cuestionó intrigada.

–Así es en la mayoría de nosotros, e incluso en los InuYoukai es aún más espaciado. Sin embargo, Lord Sesshomaru no pudo controlar su instinto por más de cuatro lunas, por eso te obligó a venir. Pero ahora que ha descubierto que tú lo sacias completamente, puede tener la intención de llamarte más seguido o incluso obligarte a permanecer aquí– finalizó con seriedad.

–Eso se escucha demasiado perturbador… él hizo mención de que podía hacerme venir cuando quisiera… ¡Entonces, lo que dices podría ser cierto!– exclamó nerviosa.

–Tranquilízate, por eso te recomiendo que tan pronto estés de regreso en tu hogar, busques la manera de alejarte– dijo la anciana, ofreciéndole un poco de té.

– ¡No puede ser, ahora resulta que debo mudarme!, eso es bastante difícil para mí– se quejó nuevamente.

–Entonces, mi querida jovencita, deberás acostumbrarte a los caprichos de Lord Sesshomaru– contestó la mujer zorro.

–En serio Aki, no hay otras mujeres… o mejor dicho hembras, como él. Es decir, porque obsesionarse con una simple humana como yo, según sus palabras– reprochó irritada.

–Seguro que hay más demonesas de su especie, pero no en estos territorios. Además, el amo ha dejado muy en claro por muchos años, que no tiene pensado compartir el poder ni su mansión con ninguna hembra, sea de cuna noble o no. Tampoco demuestra tener sentimientos especiales por alguien, excepto el aprecio paternal por la pequeña Rin. En otras palabras, no está interesado en tener una pareja permanente– reveló Aki.

–Vaya, que especial es el señor del Oeste, pero vamos, ya no una pareja formal, que tal una amante más adecuada a su personalidad o al menos que sea complaciente con él– dijo la mujer.

–Diana, lo único que te puedo decir es que tu aroma y tú sangre lo han obsesionado, ¿O me vas a decir que no ha vuelto a tomar de tu sangre?– inquirió.

–Sí, lo ha hecho casi todas las veces que me ha poseído. –

–Es por eso, porque le agrada tu sangre, porque le perturba tu aroma y porque disfruta yacer contigo… dime, ¿Conoces algún ser vivo que rechace los estímulos agradables?– cuestionó la curandera, mirando detenidamente a la humana. – ¿No, verdad? Y lo mismo va para ti, lo disfrutas a pesar de todo y eso te mantiene vinculada con él. Así que mi querida Diana, también depende de ti, si quieres seguir visitando la mansión del Oeste– concluyó.

–Vaya situación, tengo que pensar muy seriamente tus palabras– respondió ella, soltando un suspiro. –Gracias, por tu consejo Aki, lo tendré muy presente– reafirmó, mientras pedía un poco más de té.

Ya era medio día y Diana seguía recostada en la habitación. El cansancio general aún no disminuía del todo y no deseaba ingerir más de la bebida curativa.

Ya es suficiente, no puedo esperar más, tengo que regresar– pensó.

Se incorporó, tomó su mochila y salió de la habitación con paso lento. Encontró a la anciana zorro cerca del pasillo de salida, quien al verla, preguntó.

– ¿Quieres irte ya?–

–Sí, vámonos de una vez. Pero no quiero que el dragón vuele, siento que me voy a marear– pidió la joven, refiriéndose a la montura de dos cabezas.

–Está bien, será por tierra– contestó Aki.

Minutos después, sobre el reptil bicéfalo, atravesaban el pórtico de salida donde los guardianes las miraron en silencio. Antes de comenzar el recorrido la curandera cuestionó.

– ¿Todo bien en los alrededores?–

–Sí, señora Aki. No hay rastro de criaturas ni demonios a la redonda– respondió una de las bestias.

–Bien, en marcha entonces– dijo, al tiempo que el dragón iniciaba la caminata con paso tranquilo rumbo al bosque cercano, el cual colindaba con el área donde se ubicaba la cueva de la Luna.

–Cielos, aparte del cansancio, sus rasguños me siguen ardiendo– se quejó.

–Lo siento Diana, ya no pude conseguir más plantas oscuras, tendrás que esperar a que cicatricen– le contestó la anciana.

–Bah, que me queda. Al menos, no volvió a morderme como la otra vez– comentó con ironía.

La mujer zorro solamente sonrío, mientras azuzaba al dragón para ir más rápido.

Rato después, llegaban a la misteriosa caverna. Diana echó un vistazo a los alrededores, no había nada ni nadie. Entonces se dio cuenta que tampoco estaban los restos de la sobrenatural serpiente que Sesshomaru había cortado por la mitad, aunque eso ya no importaba.

Con calma descendió de la montura.

–Gracias por tu ayuda Aki. Me voy de una vez, antes de que se le ocurra aparecer a tu amo. –

–Adiós niña, cuídate– se despidió la curandera con reserva, al tiempo que miraba de reojo a la distancia. Había alguien en los alrededores.

La mujer llegó a la entrada de la gruta, caminó lentamente hacia el interior a pesar de tener suficiente claridad. Miró las paredes laterales y después se encontró con el muro final. Esperó un poco y nada sucedió, así que decidió tomar asiento en una roca cercana.

–No me moveré de aquí, tengo que ser paciente– se dijo a si misma mientras observaba el techo del lugar.

Pasó aproximadamente un minuto, cuando de pronto una suave brisa le acarició la mejilla, haciendo que algunos mechones de su cabello le impidieran la visión. Al retirarlos, se dio cuenta del cambio de luz, ya no era la misma intensidad. Parpadeó un par de veces y observó a su alrededor, el portal había hecho su cambio.

– ¡Gracias!, gracias por estar abierta cueva extraña, prometo no volver a venir jamás– dijo con algo de burla, encaminándose a la salida.

Una vez afuera, se dio cuenta de que estaba nublado, pronto llovería. La gente del parque ya se retiraba, así que ella hizo lo mismo.

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Aki observó con atención a la joven hasta que desapareció en la cueva. Esperó algunos minutos y se acercó a la entrada, confirmando que tampoco se encontraba en el interior del túnel. Entonces subió de nuevo al dragón y comenzó su regreso.

Unos ojos saltones la miraron alejarse.

–Ya se fue la curandera, amo, ¿Por qué no hacemos lo mismo?– preguntó.

–Silencio Jaken– habló Sesshomaru.

Ambos habían estado observando todo el tiempo, a cierta distancia, desde que ambas llegaron hasta que la anciana se retiró. Sesshomaru permanecía pensativo sin dejar de mirar la entrada de la gruta.

–Amo, puedo preguntar porque esa humana le ha llamado tanto la atención– comentó el sirviente.

–Jaken, he dicho silencio– respondió con un tono más serio.

Esto hizo que el pequeño demonio se diera la vuelta para entretenerse con otra cosa en lo que su señor daba la siguiente orden. El Lord sonrío sutilmente para sus adentros.

Nada ha cambiado, nos sigue perteneciendo…– susurraron en su mente.

–Estás saciado, es suficiente– se contesto así mismo.

Por el momento, lo estamos…

Sesshomaru no dijo más, simplemente dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a su morada.

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Diana llegó a su departamento. Abrió la puerta, arrojó su mochila al suelo y cerró con llave. Como sonámbula, se dirigió a su habitación y se dejó caer sobre la cama. Liberando una exhalación de cansancio, se quedó profundamente dormida en pocos segundos.

Ya era de noche cuando despertó de nuevo.

–Tengo hambre, tengo sed y casi olvido las pastillas– se dijo así misma, al tiempo que bostezaba.

Se estiró un poco y después se levantó para dirigirse a la cocina.

–Estuve demasiado tiempo en ese lugar, aún estoy fatigada. Si no me recupero mañana, no podré ir a trabajar– meditaba en voz alta, mientras preparaba algo de comer.

Rato después, permanecía sentada en su cama, mirando a través de la ventana. La noche estaba despejada después de una ligera lluvia y se podía apreciar la luna brillante, iniciando su menguar. No podía conciliar el sueño a pesar de estar cansada. Había algo que no la dejaba tranquila y en su mente daban vueltas una y otra vez las palabras de la curandera.

"…deberás alejarte de esa extraña cueva"

"¿Conoces algún ser vivo, que rechace los estímulos agradables?"

–Aki tiene razón, si realmente él se ha encaprichado conmigo, es probable que me llamé de nuevo… y bien, si eso sucede, ¿Qué es lo que voy a hacer?– se cuestionó. –No quiero pensar en eso ahora. –

Suspiró, dejándose caer sobre las sábanas y cerró los ojos tratando de conciliar el sueño.

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Seis meses después.

Diana salía de la oficina, había sido su último día laboral, ya que por fin le habían autorizado sus vacaciones. Caminaba tranquilamente, ensimismada en sus pensamientos.

¿Qué es lo primero que haré?– meditaba.

De pronto, una sensación de ardor hizo que sus pasos se detuvieran de golpe. Su gesto fue de total desconcierto al darse cuenta que la marca de su hombro derecho había comenzado a punzar de nuevo.

¡No es posible… otra vez está sucediendo!– pensó con nerviosismo, mientras reiniciaba su caminata. –Es la misma sensación de la otra vezeso sólo puede significar una cosa– siguió divagando, al tiempo que aceleraba el paso.

Llegó a su departamento e inmediatamente se dirigió al baño. Una vez frente al espejo, comprobó que su expresión era de sorpresa, mezclada con una extraña emoción.

– ¿Me está llamado de nuevo?, no lo puedo creer. Ha pasado medio año, pensé que no volvería a hacerlo…– se dijo a sí misma.

Entonces desabotonó su blusa y descubrió su hombro marcado. La cicatriz violeta resaltó y un ligero cosquilleo se podía percibir en ella. Diana la observó por unos segundos, después suspiró e hizo un gesto de negación con la cabeza.

–No, no pienses en ello, será mejor que te distraigas en otra cosa y olvides ésta situación. –

Ya era de noche, la mujer dormía plácidamente abrazando una almohada. Su resuello era tranquilo y acompasado, su cuerpo estaba relajado, cubierto solamente por una delgada sábana. De pronto, algo la estremeció entre sueños y comenzó a sudar. Su pecho se agitó debido al cambio de su respiración.

Lentamente sus brazos soltaron el cojín y se dirigieron a su cuerpo, casi por inercia empezó a recorrer su propia piel, comenzando por sus caderas y subiendo con suavidad por su vientre. Una de sus manos subió a uno de sus pechos y la otra bajó al sur de su cuerpo. Se iniciaron gradualmente los jadeos, al tiempo que humedecía sus propios labios.

Sus ojos se mantenían cerrados y sus muslos rozaron entre sí. Esto generó una sensación satisfactoria en su entrepierna, que ya era palpada con suavidad por sus finos dedos. Volvió a gemir por el placer que se provocaba, percibió como su piel se incendiaba y la sensual caricia de su autoexploración ya le regalaba deliciosas descargas que recorrían su espalda.

Las palabras escaparon de su boca sin pensar.

–Deseo… deseo sentirte de nuevo… señor del Oeste…–

Ya no pudo contener el satisfactorio jadeo que le provocó el delicioso final de su hábil manoseo. Abrió los ojos de golpe, el clímax aún palpitaba en su húmeda feminidad, mientras su agitado respirar trataba de estabilizarse.

– ¡Eso fue delicioso… quiero más… deseo sentirlo…!– exclamó en medio del sopor del éxtasis.

De pronto tomó conciencia de lo que decía. Tratando de calmarse, se sentó en la cama, observando su mano con los restos de su propia lubricación.

– ¿Qué fue eso, porque tengo ésta sensación de nuevo?– se preguntó agitada, al tiempo que se levantaba para dirigirse al baño.

Frente al espejo, podía notar lo alterada que estaba. Seguía respirando con dificultad y una extraña sensación la recorría. Era ansiedad, era deseo, era el apetito carnal de su cuerpo.

Al día siguiente Diana despertó sin estar segura de lo que había pasado. Creía que se trataba de un sueño y no le dio importancia. Su rutina continuó sin novedad, se entretuvo con los quehaceres de su hogar y no pensó en nada más.

Ya en la tarde se encontraba sentada en el sofá viendo una película, cuando de pronto algo le llamó la atención. No sabía que era, pero la obligó a mirar por la ventana que permanecía abierta. Se levantó, fue hacia ella y percibió una ligera brisa. A lo lejos se podía apreciar el ocaso en el horizonte y más arriba en el cielo, una luna menguante brillaba en el inicio de la noche.

La luna… su luna menguante– recordó fugazmente. – ¿Pero qué diablos estoy pensando?, ¿Por qué de pronto me viene a la cabeza su recuerdo?, ¿Por qué tengo la sensación de que él va venir?– se cuestionó nerviosa.

Decidió intentar distraerse y regresó a su sofá. Las horas pasaron hasta que el sueño la obligó a retirarse a su cuarto.

En la lejanía, la bóveda celeste estaba iluminada por algunas estrellas y el cuarto menguante de la luna. De pronto, una esfera de luz blanca atravesó el cielo. Siguiendo un camino invisible, llegó al departamento de Diana, adentrándose por la ventana abierta. El brillante orbe transmutó inesperadamente, dejando en su lugar una figura antropomorfa.

– ¿Dónde estás mujer?, no tiene caso que te ocultes, puedo percibir tu aroma– habló el visitante con voz serena.

Y como si algo instintivo lo guiara, caminó hacia el lugar donde reposaba la humana. No hubo necesitad de forzar la puerta, ésta permanecía semi abierta. Entró en la habitación, ignorando todo a su alrededor. Su mirada ambarina únicamente se concentró en la mujer que yacía semidesnuda en el lecho. Se acercó con calma deleitándose la vista, recorriendo su figura y olfateando el olor de su celo. Sí, nuevamente la señal olfativa de su cuerpo lo llamaba y el vínculo de sangre le permitía sentir el deseo de la hembra.

La mujer se removió inquieta, una sensación de estar siendo observada la despertó. Cuando abrió los ojos, pudo notar claramente que una figura la miraba. Quiso gritar, pero los sonidos no salieron de su garganta. Se incorporó rápidamente y después se quedó inmóvil al darse cuenta de quien se trababa. La iluminación de su cuarto era tenue y suficiente para ver que quien estaba frente a ella, era el señor del Oeste.

Asustada, trató de arrinconarse contra la cabecera de su cama. Aún no podía creer lo que veía y comenzó a interrogar totalmente desconcertada.

– ¡¿Cómo… cómo es que estás aquí?, ¿Cómo cruzaste el portal?, ¿Cómo me encontraste?!–

Sesshomaru sonrió ligeramente, le divertía la reacción de la mujer.

–Sabías que esto sucedería, seguramente la anciana te lo dijo… tarde o temprano tú me llamarías. –

– ¡No es posible, tú no deberías poder cruzar esa cueva!– replicó Diana, tratando de calmarse.

–Tienes razón, no debería poder pasar. Sin embargo, el vínculo que nos une tiene muchas ventajas– dijo con malicia, al tiempo que se aproximaba a ella.

– ¡No te acerques o voy a gritar!– amenazó la joven.

–Piensa lo que estás diciendo mujer, no tiene caso que hagas eso… y no tiene caso que niegues tu deseo– respondió Sesshomaru con seguridad, mientras la recorría con la mirada. –Tú me has convocado y no puedes negarlo. –

Diana se quedó en silencio ante esas palabras. Recordó lo sucedido la noche anterior y a su memoria volvió la invocación que hiciera entre el delirio de su propio auto placer. Ella lo había llamado y el vínculo hizo el resto. Soltó una lenta exhalación antes de aceptar la verdad.

–Jaja, no puedo creerlo… – de pronto rió la mujer y su gesto se relajó. –Tienes razón, lo hice sin pensar y no lo voy a negar, realmente te llamé y en verdad te deseo de nuevo– dijo con tranquilad, mientras se sentaba en la orilla de la cama. –Pero antes que nada, dime, ¿Por qué has decidido venir por una simple humana?– preguntó, mirándolo a los ojos.

Sesshomaru alzó sutilmente una ceja en gesto de sorpresa, posiblemente tendría sus propias razones para haber decidido cruzar un portal a un mundo que no era el suyo, siguiendo la señal de una hembra humana que lo perturbaba y que a pesar de todo, lo disfrutaba. No se cuestionó porque lo hizo, eso no importaba ahora y la mujer no tendría la respuesta que buscaba, ya que ni siquiera el Lord del Oeste se lo explicaba.

–Eso es irrelevante en éste momento y la respuesta es la misma para la pregunta que yo te hago… ¿Por qué me has llamado?– contestó el demonio, tomándola con suavidad por la barbilla.

Ambas miradas seguían enfrentadas y en un instante los dos encontraron la respuesta que buscaban. En los ojos del otro se reflejaba. No hubo necesidad de más palabras, el inicio de su unión empezó con el beso nacido de sus bocas y el suave jadeo que escapó de sus labios, fue reflejo del deseo carnal de ambos.

Simplemente eran dos seres vivos que buscaban la satisfacción de un instinto básico por naturaleza, lujurioso y placentero por decisión mutua. Un acuerdo extraño y equitativo entre ambos, sin importar la especie, el tiempo ni el lugar.

=FIN=


Muchas gracias por leer mi fanfic, por seguirlo y por dejarme un comentario. Sé que no todos los que leyeron me dejaron su opinión, pero bueno, yo espero que les haya gustado. De momento voy a tomarme un par de semanas de descanso y después continuaré escribiendo mis locas ideas, esperando que siempre existan lectores que me regalen su tiempo para leerlas.

Saludos a todos ;D