Capítulo 103: Juntos… ¿Por última vez?
Scar Narrando:
La madrugada llegó, y cuando salí a recibir los rayos del sol, recordé que mis Kovu, Vitani y Nuka irían con Zira a la guerra. Entonces pensé que sería una buena idea que ellos y yo pasáramos el último día juntos, antes de su triste partida.
El sol ni siquiera había terminado de salir, cuando desperté a los pequeños Vitani y Kovu; Ambos respingaron sus pequeñas naricitas y bostezaron con fuerza.
—¿A dónde vamos, papi? –Preguntaron ambos niños al unísono.
—Vamos a pasar el resto del día, juntos.
Los dos sonrieron ampliamente. Eso me hizo sentir bien.
Después desperté a Zira; quería que ella también estuviera presente. Tal vez yo no la amaba con locura, pero de verdad la echaría de menos. Ella era mi compañera, y fue quien permaneció a mi lado por tanto tiempo.
Por último me acerqué a Nuka con algo de temor a su reacción. En cuanto lo desperté, me miró con inmensa desaprobación.
—Ahora no, Scar. Déjame dormir tranquilo. Además quedé de pasar todo el día con Halima antes de mi partida a la guerra.
Una opresión en el pecho me invadió ante tal contestación.
—Como quieras, hijo –Le dije al fin. No le dije nada más, y Zira también respetó su decisión.
Kovu, Vitani, Zira y yo, pasamos el resto del día juntos; Pese a mi personalidad seria, los niños me incitaron a que los acompañara juguetear entre los pastizales. Las inocentes risas de los pequeños apaciguaban mi siempre atormentado espíritu, devolviéndome un poco de la inocencia que había perdido al haber despertado mi irascible lado Scar.
Por otro lado, Zira se mostró cariñosa y comprensiva conmigo en todo momento. Al caer el ocaso, me dio un cálido beso mientras una lágrima rodaba por sus mejillas.
Más tarde, los niños, Zira y yo platicamos de muchas cosas diferentes, me hacía bien la compañía de mi familia.
…En aquellos momentos sentía mi corazón hacerse pedazos; algo dentro de mí me decía… que aquel sería verdaderamente el último día feliz que yo pasaría con ellos. El último…
Redactora:
Por otro lado, Halima y Nuka pasaban el día juntos. Ambos enamorados estaban muy tristes; Sabían que en mucho tiempo no se volverían a ver.
—No quisiera que fueras a la guerra, Nukita, no quiero que te pase algo.
—Lo sé, pero qué puedo hacer; Mi padre quiere que le ayude a mi madre y al resto de las leonas a luchar.
Halima miró preocupada a su amado.
—Pero tú ni siquiera sabes pelear, ¡qué tal si te sucede algo malo!
—Ya lo sé —Nuka se enjuagó una lágrima con su Zarpa —; Eso es lo peor de todo y lo que me produce mayor tristeza. Soy un cobarde y un debilucho… Una vergüenza de león.
—¡ESO NO ES VERDAD! –Aseguró Halima con exasperación, acercándose a él, colocándose debajo de su barbilla y acariciándolo con inmensa dulzura—; Tú eres el mejor león del mundo.
—Te amo Halima, y siempre lo haré. Cuando regrese de la guerra, te juro que nos casaremos. Tú sabes que eres y siempre serás la luz que brille en medio de oscuridad. Tú siempre serás "mi sol de madrugada".
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