Capítulo 104: Adiós, mis seres queridos

Scar narrando:

La mañana siguiente, a primera hora, las leonas del ejército de Haki se despidieron de mí; Fue un doloroso adiós porque se trataba de mis amigas, mis grandes amigas, ahora se marchaban y aunque yo sabía que regresarían pronto, algo dentro de mí me decía que no las volvería a ver jamás. Las abracé a todas y les di las infinitas gracias por haber accedido a ayudarme en esta Guerra.

—Siempre estaremos contigo, Scar. –Dijo entonces Lazy-Eye, en nombre de todas.

—Tú eres nuestro gran amigo — Agregó Cintia.

—Gracias –Les dije con toda sinceridad y la voz algo quebrada—; Desde que ustedes llegaron aquí junto a su ex líder Haki, sólo han traído compañía y alegría a mi familia y a mí. Yo sé que ustedes pronto estarán de regreso y celebraremos juntos la victoria.

Después, Zira se acercó a mí llorando como una histérica;

—¡Scar, te voy a extrañar muchísimo!

Zira me daba violentos y desesperados lametazos. Yo estaba muy afligido como para corresponderlos.

—No te preocupes Zira, yo sé que ustedes pronto estarán de regreso.

—No olvides que yo te amo, Scar.

Acaricié ligeramente la cabeza de Zira.

—Yo también te quiero, Zira. —pero sólo pude decirle eso. En realidad siempre se me había hecho difícil decirle que la amaba, porque nunca estuve tan seguro de eso.

Por último, los pequeñitos Kovu y Vitani se acercaron a mí con lagrimitas en los ojos. La pequeña Vits no pudo contener su llanto:

—Te quiero mucho papi. No quiero ir con mamá.

Al escuchar esto sentí unas inmensas ganas de llorar. Sentí horrible al pensar que en varias semanas no vería a mi adorada hijita y la abracé con fuerza. Después me acerqué al pequeño Kovu, y le dije:

—Kovu… hijo… promete que vas a ser muy fuerte y que pase lo que pase, siempre cuidarás de tu hermana, ¿Lo harás, campeón?

—De acuerdo Scar, lo haré —Afirmó Kovu con decisión, secándose las lágrimas y fingiendo un poco de dignidad y valentía.

Abracé a mis cachorros; En mucho tiempo no había experimentado tanta tristeza. Me despedía de ellos, sin siquiera sospechar que esa despedida sería la última. Vi que a lo lejos la leona Cintia se despedía de su hijo Rakchasa, llena de tristeza.

…Y eso sólo me hizo sentir aún peor…

Después de una amarga y caótica despedida, con tristeza pude ver cómo la manada partía del reino para dirigirse hacia la guerra. Cerca de mí se encontraba Halima. Noté lágrimas en sus ojos, y supe de inmediato que eran por mi hijo Nuka. De pronto me sentí comprendido; ambos compartíamos un dolor profundo e intenso.

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