Capítulo 106: Guerra en el valle Kifo-Kisasi

El ex ejército de Haki -ahora de Scar-con Zira a la cabeza por un lado, y las tropas de los reyes Tuni, Sabaru y Shizán por otro, se reunieron en un valle apartado de la sabana africana llamado "Kifo-Kisasi", que en Swahili africano significa "Muerte y Venganza".

Éste lugar había sido testigo de diferentes enfrentamientos entre reinos vecinos. Era el punto de reunión para la guerra. Pero lo realmente reprochable era que ese lugar no había sido utilizado, desde el gobierno del rey león "Remtrand, el terrible", y eso había sido ya bastantes siglos atrás.

Antes de dar comienzo a la guerra, Zira había dejado en un lugar seguro y apartado a los cachorros Vitani y Kovu; una cueva ubicada de tal forma que quedaba oculta de ojos enemigos, y que los protegería del clima y la tempestad. Esta vez, Nuka había quedado al cuidado de ellos, y al día siguiente sería el turno de Lazy-eye. La leona Cintia, con mucho dolor, también había dejado a su cachorro Rakchasa oculto en el mismo lugar.

Los cachorros aguardaban temerosos los acontecimientos. Nuka sólo se dedicaba a consolar a la pequeña Vits, quien lloraba amargamente mientras que a Kovu lo ignoraba por completo, dejándolo temblando de miedo solo en un rincón. Afortunadamente, gracias a Rakchasa, Kovu al menos se sintió un poco más acompañado. Los tres hermanos y el pequeño Rak tenían mucho miedo y éste empeoró cuando el cielo comenzó a nublarse y por consiguiente a oscurecerse. Una tormenta de poderosos relámpagos caía del cielo. Ni una sola gota de agua, sólo relámpagos que resonaban sobre la sabana con toda su furia. El ruido era tan ensordecedor que podía atemorizar hasta el ser más valiente.

El terror de los cachorros aumentó cuando, en frente de ellos, vieron caer un enorme rayo, el cuál partió en dos un árbol. En esos momentos Kovu y Rak se colocaron detrás de las patas de Nuka para sentirse más seguros. Tal vez debido al impacto que le provocó a Nuka el suceso, éste no ofreció resistencia para que los niños se refugiaran detrás de él pese a que no los soportaba. Nuka sentía impotencia, pues a pesar de ser un león adulto, era tan cobarde que unos simples relámpagos podían atormentarlo terriblemente.

Ahora, sólo quedaba esperar.

Mientras tanto, los ejércitos de leones de ambos bandos se miraron mutuamente por unos instantes, esperando la orden de sus respectivas cabecillas para comenzar a atacar.

Jamás el ejército de Haki había sentido tanto miedo; por obvias razones, los ejércitos de los reinos vecinos Tuni, Sabaru y Shizan los superaban en número, nunca antes habían tenido que luchar contra tantos leones al mismo tiempo. Por aquellos viejos tiempos, Haki y Zian los habían entrenado muy duro para combatir, pero la gran cantidad de adversarios complicaba mucho las cosas.

Ambos ejércitos evaluaron unos segundos la situación.

—¡Ataquen! –Gritó Zira. Ambos ejércitos comenzaron a movilizarse. Pronto, se abalanzaron uno contra el otro, aumentando la velocidad cada vez.

La guerra había comenzado.

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