Capítulo 107: El orgullo detiene, pero el hambre levanta

Redactora:

Mientras tanto, otro tipo de problemas surgían en las desoladas Tierras del Reino:

—¡¿Pero, qué demonios significa esto, Sarabi?! –Vociferaba Scar, echando chispas de furia por los ojos—: ¿No puedo creer que esto sea lo único que la cuadrilla de caza pudo conseguir desde la mañana?

Sarabi se mantenía firme y serena, frente a los gritos del tirano.

—Sí, Scar. Es lo único que pudimos conseguir de alimento.

En el suelo, las leonas habían dejado un pequeño tejón muerto. Scar estaba furioso, aunque muy en el fondo, él sabía perfectamente que la culpa era únicamente suya.

—Les di la oportunidad de no ir a la guerra, envié en su lugar a mis amigos del ejército de Haki, ¡¿Y así es como me pagan?! ¡Un tejón!, ¡¿Así es como me responden?! ¡Trabajando de manera ineficiente!

—Scar, eres un... –La leona Minka estaba a punto de ofender a Scar, pero en cambio de eso tomó aire con fuerza y manteniendo la clama dijo: —Nosotras hacemos bien nuestro trabajo, de hecho, el que no lo hace bien... ¡Eres tú!

Entonces en los ojos de Scar brilló una chispa de enojo profundo:

—¡¿Qué has dicho?! ¡Cómo te atreves!

Sin miedo a nada, Minka continuó retando al rey:

—Exigimos salir de este reino para buscar mejores tierras. Tu reino ya no es habitable. Eres un pésimo rey.

A Scar se le dilataron las pupilas. Estaba encolerizado. Fulminaba a Minka cn la mirada.

—¡Cómo osas desafiarme!, ¡Tu insolencia te costará muy caro, Minka!

Acto seguido y de manera inesperada, Scar se arrojó sobre la valiente leona mordiéndola levemente, pero Sarabi y el resto de las leonas se abalanzaron sobre Scar para defender a Minka y lanzando muy lejos al viejo león.

—Sobre nuestro cadáver le harás daño, o a cualquiera de nosotras –exclamó Sarabi, jadeante, mirando desafiantemente a los ojos verdes del mal soberano. Scar entonces, sintió una gran impotencia, y comenzó a dar vueltas de un lado a otro como una fiera enjaulada llena de furia.

—Salgan de mi vista, o haré que el ejército de Pelelezas las mate a todas ustedes, ¡fuera de aquí!... ¡Y tú, Sarabi, más vale que trabajes arduamente para conseguir buena comida, o tendrás que vértelas conmigo! –Scar gritó frenético. Sarabi no pudo evitar sentirse intimidada ante tal berrido.

Las leonas se apresuraron a llevar a Minka con Rafiki, aunque la herida de esta valiente leona no era en realidad grave.

Scar Narrando:

Tratar con altanería a Sarabi me traía una enorme sensación de placer, pues, según mi neurótica mente, ella era la causa de todos mis males. En verdad, disfrutaba sobajarla y humillarla. Mis sentidos se deleitaban con su dolor y sufrimiento. Según mi mente enferma de odio, yo debía vengarme de ella por todo el sufrimiento que supuestamente me había causado, sin siquiera poder ver que yo era mi único y peor enemigo.

Cuando las leonas se retiraron, caminé hacia las fronteras del reino. Mi impacto fue enorme al descubrir lo flacas y pálidas que estaban las hienas patrulleras, sabía que las cosas no andaban bien con mi gobierno, incluso yo tenía hambre y sed, fue cuando a mi pesar supe que había llegado el momento de doblegar un poco mi orgullo, aunque eso sí; definitivamente no nos moveríamos de Las Tierras del Reino. Según mi retorcida opinión, mi gobierno era perfecto y yo me creía un gran rey, sentía que todos a mi alrededor eran unos malagradecidos que no apreciaban nada de lo que yo había hecho por ellos con mi esfuerzo, inclusive me creía mejor que mi hermano difunto Mufasa. Qué equivocado estaba. Me engañaba a mí mismo diciéndome que mi forma de gobernar era correcta, sólo que las cosas no habían salido muy bien en los últimos días. Sí, eso debía ser y nada más.

Me acerqué a Falkur, el jefe del ejército de Pelelezas, y le dije:

—Necesito que ustedes salgan del reino, y busquen comida, no importa que la frontera quede desprotegida.

Por alguna razón, noté un dejo de felicidad en Falkur, al escuchar estas palabras por parte mía.

Una vez dada la orden, Falkur y una pequeña parte del ejército de Pelelezas salieron del reino para iniciar su búsqueda de alimento.

Esto, de alguna manera, era un golpe a mi vanidad, pero bien dicen por ahí, que el orgullo tira pero el hambre y la necesidad levantan.