Capítulo 2 – Garras y alas

—¿Qué fue eso? —Se preguntó Applejack, que estaba comprando dos sacos de harina en el mercado del pueblo. Un fuerte sonido había llegado a los oídos de todos, y venía desde unas cuantas calles de distancia—. Disculpa, ¿Puedes reservarme esto un momento? Gracias. —Pidió al vendedor, pronto partiendo en la dirección que su oído le había indicado.

Galopó a través de las calles del pueblo con cierta ansiedad, sin saber exactamente con qué se encontraría al final del camino. Un giro aquí, una vuelta allá, y al doblar en la siguiente esquina se encontró frente a la puerta de la pastelería, donde una preocupada Pinkie Pie se encontraba paralizada. A unos cuantos metros frente a ella, Gilda y Rainbow Dash permanecían juntas, mirando en una dirección en particular. La poni terrestre se sobresaltó en el momento en que vio el cuerpo del unicornio que minutos antes había conocido, incrustado de lleno en el muro de una casa cercana, con sus patas hundidas en el concreto.

—¿Qué... qué pasó? —Preguntó en un susurro, mientras la poni que vivía en la casa donde estaba el unicornio salía a la calle y se encontraba con aquel extraño panorama. Con una mueva de terror, se alejó de ahí tan pronto percibió el peligro inminente.

—¡Applejack! —Dijo Pinkie al verla, y Rainbow se volteó hacia ella.

—¡Chicas! ¿Qué diantres está sucediendo aquí? —Preguntó la granjera.

—Applejack, ¡Ten cuidado! —Advirtió la pegaso—. ¡Ese tipo intentó lastimar a Gilda!

Frente a ellas, a más de veinte metros de distancia, el unicornio abrió los ojos de manera abrupta, sobresaltando a los presentes. Su mirada irradiaba un sentimiento de odio en su estado más puro, mientras intentaba liberar sus extremidades. Estaba atascado. Muchos de los ponis que contemplaban la escena en las cercanías comenzaron a alejarse, encontrando en aquel preciso lugar un peligro creciente. Uno que, como siempre, los Elementos de la Armonía controlarían con facilidad.

—Será mejor que todas ustedes se alejen de esa criatura, si no quieren salir lastimadas. —Sentenció con frialdad. Las dos ponis terrestres presentes no ocultaron su sorpresa al oír hablar de aquella manera al unicornio que antes habían conocido. El tenso ambiente que en un instante se había formado fue cortado por la risa casi histérica de la equina rosa.

—¡Muy buena, Blastie! —Reía con gran ánimo, su expresión contrastando con la de los demás presentes—. Por un momento de verdad pensé que Gilda estaba en peligro. ¡Muy bien! ¡Realmente me engañaste!

—Pinkie, cierra el pico. —Habló en voz baja la granjera, cortando la risa de su amiga.

—¿Qué? ¿Qué dije? —Se extrañó la yegua, pero el semental la ignoró.

—¡¿Qué rayos sucede contigo?! —Inquirió la grifo, furiosa—. ¡¿Por qué estás haciendo esto?! ¡Ni siquiera te conozco!

—¡¿Vas a negar lo que tú y los tuyos hicieron en Vizuri Shetani?!

—Vizu-... ¡¿Qué?! —Se extrañó la pegaso.

—¡¿De qué estás hablando?! ¡Ni siquiera conozco ese lugar! —Se excusó la grifo, pero el semental ignoró sus palabras, no tenía motivo alguno para creer en ellas.

—Ustedes. —Se dirigió a las tres yeguas—. Aléjense de esa criatura, ahora. —Rainbow hizo caso omiso a la orden, adelantando un paso para demostrar su determinación. Applejack y Pinkie no se movieron de su lugar, inseguras de cómo debían tratar con aquel enloquecido poni—. No lo repetiré de nuevo. —Sentenció, mientras el aura carmesí que antes le había cubierto por completo comenzaba a hacerse presente, emanando desde su cuerno hacia el resto de su cuerpo. Sus extremidades fueron impulsadas por la magia hacia afuera, cayendo de pie en el suelo—. De una forma u otra, cumpliré con mi objetivo.

—¡Quisiera verte intentarlo! —Se burló Rainbow, no sin antes voltear a hacer un rápido gesto con la cabeza a la poni granjera, uno que esta no tuvo problemas en comprender. Y así, Applejack y Pinkie se alejaron galopando a toda velocidad con destino a la biblioteca del pueblo para buscar la asistencia de la Princesa de la Armonía, mientras Gilda se posicionaba junto al Elemento de la Lealtad.

—Obviamente, este tipo no sabe con quienes se está metiendo. —Sonrió Gilda, a pesar del ardor en su cuello.

—No sé que clase de problema tengas con mi amiga, pero si quieres meterte con ella, tendrás que pasar por encima de mi. —Declaró Rainbow.

—Que así sea.

Aceptó Blast, impulsándose en un salto a gran velocidad contra la grifo, dispuesto a propinarle un golpe fatal sin siquiera tocar a la pegaso, pero esta lo evitó deslizándose bajo él con una mayor velocidad y propinando una fuerte coz en su estómago, la cual lo mandó a volar.

Obviamente, no había esperado recibir un ataque semejante por parte de una poni, así como tampoco esperó la lluvia de puñetazos por parte de la grifo que se había lanzado contra él justo después, culminando con una potente patada a su estómago que lo envió directo al centro del pueblo, generando un gran cráter bajo su cuerpo. Justo después, la grifo y la pegaso descendieron al suelo rápidamente, acercándose al cráter para cerciorarse de su victoria.

—Gilda, eso fue irresponsable, estúpido... —Dijo con seriedad, pero sonriendo ampliamente después—. ¡...y asombroso!

—¿Qué te puedo decir? Es mi forma de hacerlo. —Respondió, cuando el suelo se estremeció con un temblor.

Extrañadas, las combatientes dirigieron su mirada hacia el enemigo caído, desde cuyo cuerpo comenzaba a emerger nuevamente el aura roja con una mayor intensidad, mientras se incorporaba poco a poco con una mirada tan gélida como el hielo mismo.

—Dash, elévate. —Susurró la grifo, la alarma de sus instintos sonando a todo volumen—. ¡Elévate! ¡Ahora! —Tomó a su amiga del casco, emprendiendo un vuelo en dirección vertical en poco tiempo.

Rainbow la siguió sin dudar, y ambas se detuvieron en una nube a gran distancia del enemigo. Gilda podía notar en la mirada de su amiga el cuestionamiento en relación a por qué habían escapado de allí, y no habían terminado de patearle el trasero a aquel semental. La respuesta era simple: Gilda había visto en los ojos de su enemigo el odio que le movía a intentar exterminarla, y a simple vista podía notar que aquella aura roja no era normal, pues su extraña magia generaba un calor excesivo, tal y como el hierro al rojo vivo. ¿Cómo podía luchar contra eso? Sus garras quizá pudieran resistir el combate durante un tiempo, pero aún así no sería suficiente, y cualquier contacto cuerpo a cuerpo por parte del enemigo podría poner en peligro tanto su vida como la de su amiga y compañera.

—No te preocupes, aquí arriba no podrá... —Las palabras quedaron a mitad de camino en la garganta de Gilda cuando avistó al unicornio en tierra, en cuyo lomo parecían emerger... ¿alas? Si, no podía estar equivocada. Eran alas, hechas de aquella extraña magia roja—. Oh vamos, ¡Me estás tomando las plumas!

El semental se impulsó hacia el cielo, acortando las distancias en escasos segundos. Aquellas parecían alas de pegaso, pero eran casi transparentes. ¿Qué clase de poder estaba usando el unicornio? Tanto la pegaso como la grifo podían asegurar que nunca habían visto nada parecido en sus vidas.

Pero Blast no disimulaba su desinterés hacia la pegaso, pues él había visto debilidad en la raza a la cual pertenecía, la que habitaba aquellos territorios donde reinaba la paz, y consideraba que el ataque que Rainbow le había propiciado no había sido más que un golpe de suerte. Blast despreciaba el potencial de los ponis pero no el de los grifos, pues había sido testigo de las cosas que los mismos podían lograr si se les daba la oportunidad.

—Oh no, ¡Claro que no! —Gritó Dash al percatarse de sus intenciones, e inició el vuelo más rápido que pudo, ascendiendo y descendiendo sobre el lomo de su enemigo y propinándole la coz más poderosa que había efectuado en su vida.

Blast cayó de nuevo al pueblo y su cuerpo, cual proyectil, impactó y atravesó el tejado de Sugarcube Corner. Pasó a través del suelo del primer piso, y se dio contra el suelo de la planta baja, mientras los escombros sueltos caían sobre su cuerpo. Gran parte del edificio que constituía la pastelería cedió sobre el enemigo, sepultándole bajo sus restos.

—Oh, rayos. A Pinkie no le va a gustar esto. —Se lamentó la pegaso al regresar a la nube, junto a su amiga—. ¿Estás bien? —Preguntó a la grifo, preocupada.

—Tenemos que irnos de aquí. —Respondió. La pegaso la observó extrañada durante un momento.

—¿De qué hablas? Lo peor ya ha pasado. Ahora solo tenemos que...

—¡No Dash, esto aún no ha terminado! —Dijo la grifo, interrumpiéndola—. ¡Esa cosa todavía está viva y quiere matarme! No voy a quedarme aquí a esperar a que se levante. Y luego del golpe que le diste, tu tampoco deberías. —Alertó ella, cuando alcanzó a oír el movimiento de los escombros a lo lejos—. Tenemos que salir de aquí, ¡Ahora! ¡Vamos, vuela! —La impulsó a salir de aquella nube, pronto ganando una gran velocidad en su vuelo.

—¡¿Hacia dónde?!

—¡A cualquier lugar lejos de aquí!

Fue entonces cuando, debajo los escombros de Sugarcube Corner, el enemigo emergió nuevamente, con grandes heridas a lo largo de su cuerpo dado que el aura roja que le cubría no había alcanzado a protegerle a tiempo. Una fina gota de sangre recorría su frente, y sentía un dolor intenso en su pata derecha. ¿Estaba rota, o pronta a hacerlo? No lo sabía, pero sí sabía con precisión la ubicación actual de la grifo. No la dejaría escapar, no se lo permitiría.

"Aún no he recuperado mis energías. Mi escudo está fallando, y mis ataques no tienen la misma fuerza. Pero si puedo conseguir permanecer de esta forma al menos tres minutos más, será suficiente." —Pensó, y sus alas se extendieron nuevamente en un instante, emprendiendo vuelo a través del hueco en el techo que su propio cuerpo había formado, y voló en picada contra la grifo acompañada de la pegaso a casi quinientos metros de distancia. Ninguna de las dos alcanzó a verlo hasta que fue demasiado tarde.

—¡Es é-...! —Alertó la pegaso sobresaltada al voltearse, recibiendo de lleno el ataque del aura roja en el vientre, con una fuerza imposible que la mandó a volar a una gran distancia.

Apenas después el semental cargó contra la grifo, capturándola por la espalda y cayendo en picada hacia el suelo, tomando impulso con sus alas. Si hubiera contado con más energía, hubiera podido atravesarla de lado a lado con la estaca de su pata para así acabar con su vida de una sola vez, pero su estado actual le impedía semejante accionar. El calor del aura del unicornio comenzó a afectar el cuerpo de la grifo, y sus plumas y piel comenzaron a arder. La pegaso no perdió ni medio segundo para ir en su busca apenas se repuso del ataque.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame! —Intentaba zafarse la grifo.

—¡Te soltaré cuando esté seguro de que ya no volverás a levantarte! —Replicó su enemigo.

—¡¿Qué?! —Preguntó aterrorizada, su cuerpo resintiéndose por las quemaduras.

—¡Gil, resiste! —Gritó Rainbow, desesperada, con la línea sobre su vientre ardiendo como el infierno.

—¡¿Quién rayos te crees que eres?! —Le dio un codazo en el pecho al semental y logró zafarse. Del lomo de su enemigo emergió una extensión carmesí hecha del aura, que la atrajo hacia él de nueva cuenta. Ahora, ambos estaban cara a cara.—. ¡¿Quién eres?!

—¡Tu peor pesadilla! —Vociferó con una furia inigualable, a pocos metros de su destino final.

—¡Gil! ¡No! —Gritó Rainbow, habiendo aún una gran distancia que les separaba. No lo lograría a tiempo.

De repente una chispa, un resplandor, y la grifo que mantenía apresada había desaparecido. Apenas aminoró la caída con un único aleteo cuando sus cuatro cascos se impactaron en el suelo con una gran fuerza, agrietando el suelo a su alrededor. Cuando levantó la vista en busca de su objetivo encontró allí, a menos de treinta metros de su posición, a una alicornio lavanda con seria mirada, a la grifo en el lomo de esta, y a la pegaso aterrizando a su lado, respirando con dificultad a causa del esforzado vuelo que había efectuado. A simple vista, Rainbow podía ver que la grifo exponía fuertes quemaduras en pecho, abdomen y espalda, lo cual no hizo más que aumentar su furia.

Detrás de la alicornio se hallaba también un dragón púrpura de ojos verdes, protegido por lo que él reconocía como la armadura de la Real Guardia Equestriana. ¿Un soldado dragón en el reino de los ponis? Sorprendentemente, la idea no se le antojaba imposible.

—Así que tú eres quien ha estado causando tanto alboroto. —Dijo la alicornio, con seriedad.

—Parece que he llamado un poco la atención, ¿No es así? —Dijo, mirando en dirección a los presentes.

El resto del pueblo se había refugiado en sus hogares, esperando a que los Elementos de la Armonía redujeran al enemigo. Frente a él se encontraban la pegaso y la poni granjera, ambas con claros deseos de golpearle hasta la muerte, un dragón que le examinaba de arriba a abajo, y tras ellos una preocupada poni rosa . Y por último, mirándole directo a los ojos, la alicornio lavanda. Centrándose en esta última, fue cuando habló—. Les diré qué: aléjense de la grifo, y nadie más saldrá lastimado.

—¡¿Quién te has-...?! —Rainbow estuvo a punto de responder, pero Twilight la detuvo al poner un casco en su pecho.

—¿Qué es lo que quieres con ella? —Preguntó Twilight.

—Destruirla. —Dijo. La grifo abrió los ojos dificultosamente, y sintió el ardor de las quemaduras que el unicornio le había provocado. La princesa realmente le había salvado la vida.

—¿Y qué te hace pensar que vamos a permitírtelo? —Preguntó nuevamente.

—Por lo que puedo ver, tienen alguna clase de alianza con esta criatura. —Dio un paso al frente y la pegaso, la granjera y el dragón se pusieron en guardia—. No obstante, no tengo nada contra el resto de ustedes. Pero si se interponen en mi camino...

—Estoy segura de que podemos encontrar una solución al problema sin recurrir a la violencia. ¿Por qué no... dejas de destruir cosas y me acompañas a la biblioteca? —Invitó con seriedad, una que el unicornio correspondió en su respuesta.

—¿Qué te parece una contra-oferta? Ustedes me entregan a la grifo, y yo los dejo ir. Créeme, es una oferta que ahora mismo no deberías rechazar.

—Creo que no estás comprendiendo la situación en la que te encuentras. —Avanzó el dragón con una mirada amenazante, sus filosas garras expuestas.

—Por el contrario, dragón. —Permaneció inamovible, y la mayor parte del aura roja que cubría su cuerpo se concentró en su cuerno, en cuyo extremo una esfera roja comenzó a formarse—. Creo que ustedes no están comprendiendo la situación en la que se encuentran. —Continuó mientras la esfera carmesí aumentaba su tamaño poco a poco con el paso de los segundos.

—¿Qué... es eso? —Preguntó la granjera, extrañada—. Twilight, ¿Qué está haciendo?

—No tengo idea. —Parecía tan perdida como la granjera, incapaz de reconocer el hechizo del cual estaba haciendo uso—. Nunca había visto algo así.

—¿Alguna vez se han preguntado qué tan caliente puede ser el infierno? —Preguntó el semental a los presentes—. Si no se alejan de esa criatura ahora, Ponyville no tardará en averiguarlo.

—¡Déjate de bromas y termina ya con eso! —Ordenó Twilight, su autoritaria voz resonando en los cimientos—. No tenemos intenciones de pelear, solo queremos platicar.

—Aún no lo saben, ¡el verdadero peligro aquí es la criatura junto a ustedes! —Dirigió su mirada a la grifo sobre el lomo de la princesa—. No saben de lo que verdaderamente es capaz, pero yo sí. Lo he visto con mis propios ojos, y no permitiré que estos híbridos sigan caminando sobre la tierra. ¡No mientras viva! —Declaró con ira, la esfera solar en la punta de su cuerno aumentando su tamaño en mayor medida.

Twilight simplemente ya no podía seguir tomando riesgos por lo que, no tardando más de un segundo en preparar su cuerno, lanzó un hechizo inmovilizador contra el unicornio. El rayo lavanda alcanzó su cuerpo y comenzó a cubrirle bajo su resplandor, pero se desvaneció al cabo de pocos segundos, incapaz de cumplir con su objetivo.

—¿Qué sucede? ¿Por qué no funciona? —Se preguntó la hechicera.

—Es por esa aura roja. Funciona como alguna clase de aislante. —Razonó el dragón en voz alta, habiendo sido testigo de la escena—. Ustedes no pueden acercarse, así que yo me ocuparé de esto.

—¡Atrás dragón! —Ordenó el semental—. Si avanzas un paso más, volaré este pueblo en un instante. Aún puedo detener la explosión, pero solo lo haré a cambio de la grifo. Y si lo están pensando: por más que acaben conmigo aquí mismo, ¡Esta esfera no desaparecerá! —Advirtió, impactando a los presentes—. Ustedes deciden.

—Twilight... —Susurró Applejack, preocupada en extremo por los ponis refugiados en las cercanías, por su familia, y por ellos mismos. La alicornio consideraba sus opciones delicadamente, siendo que su naturaleza era resolver los problemas con diplomacia, pero tal opción resultaba imposible en estas circunstancias.

—No. —Respondió la princesa, inamovible, creando en un instante un campo de energía alrededor del unicornio, generándolo desde abajo hacia arriba y encerrándole en el centro.

—¡No pueden detenerme! —La esfera solar comenzó a brillar con gran intensidad, siendo llevada a su tamaño final de forma prematura dada la situación. — ¡He percibido tu poder princesa, y no se compara al mío en lo más mínimo! ¡No hay forma de que puedas detener este ataque con un simple-...! —La esfera estalló en el preciso momento en que el campo se había cerrado por completo, sellando el espacio en su interior.

El fuerte impacto sobre las paredes del campo generó un temblor que estremeció el pueblo con un poder aterrador. En su interior, lenguas de llamas bailaban al recorrer la esfera de un lado a otro, el enemigo invisible tras aquel espectáculo. Twilight, Pinkie, Rainbow, Applejack y el dragón observaban la escena con gran preocupación, atentos a cualquier imprevisto que pudiera surgir a continuación. El fuego dentro del campo de fuerza poco a poco se consumió por la falta de oxigeno y al poco tiempo la princesa desvaneció la protección. Ahora sólo quedaba un gran cráter humeante en el lugar donde antes había estado Blast, que había recibido de lleno la potencia máxima de su propio ataque.

Breves instantes después, el unicornio surgió de la gran columna de humo, cubierto por una débil aura roja que se desvanecía poco a poco, caminando tambaleante hacía Twilight. El cuerpo de Blast estaba gravemente lastimado, por no decir que estaba totalmente deshecho, y era casi incapaz de visualizar otra cosa a través de sus ojos dañados por su propio ataque, más allá de lo que parecía ser un bulto de color lavanda.

—Ustedes... —Habló el unicornio con voz rasposa, extendiendo su lastimado casco en dirección a la joven alicornio—. ...no saben lo que hacen. —Fue lo último que alcanzó a decir antes de caer al suelo, inconsciente.


Escribir dos ficciones al mismo tiempo se está tornando más difícil de lo que esperaba, considerando que no cuento con mucho tiempo libre. Pero eh, al menos lo estoy intentando.

A lo largo de la historia, quienes leyeron la primera versión notarán una gran cantidad de cambios. Quizá algunos les agraden, quizá no, pero puedo prometerles que la esencia original va a mantenerse, dado que los eventos principales no van a sufrir mayores modificaciones (mas si lo hará el comportamiento de los personajes, su forma de reaccionar, y su repercusión en la historia).

Otra vez te doy las gracias, argent1n0, por hacer de beta reader de mis historias en el último tiempo. En verdad, muchas gracias.

Y así, sin más que decir, me despido atentamente.

¡Hasta la vista! ¡Y gracias por leer!