Capítulo 3 – Bajo los vendajes

Habían transcurrido dos horas desde el incidente acontecido en el pueblo de Ponyville. El sol ya comenzaba a retirarse en el horizonte mientras los ponis que antes se habían refugiado para esperar a que el peligro pasara salían de sus casas para evaluar los daños en el centro del pueblo. Más allá de unos detalles mínimos en las viviendas ya fuera por golpes fuertes o fuego mágico, no había nada que no pudiera repararse o limpiarse con facilidad. Aunque claro, quienes habían resultados realmente afectados por la situación fueron los Cake, que habían perdido su casa y establecimiento por segunda vez en sus vidas, y Gilda, quien había resultado gravemente herida.

Carrot se encontraba boquiabierto al lado de Cup, quien permanecía con la misma expresión que su esposo, con sus hijos a su lado mientras observaban los restos de lo que una vez había sido Sugarcube Corner, la pastelería del pueblo. Luego de unos minutos, el potrillo fue el primero en romper el silencio.

—¿Y ahora que haremos mami? —Inquirió un pequeño pegaso color crema de crin marrón, con una triste mirada en sus ojos.

—Yo… no lo sé, Pound.

Fue lo único que pudo decir una afligida Cup a su pequeño mientras bajaba la mirada, con los ojos humedecidos, al caer en la cuenta de que no solo habían perdido su forma de ganarse la vida, sino que también habían perdido su querido hogar. La pequeña unicornio de pelaje amarillo y crin naranja mantenía una expresión similar a la de su hermano, que ponía de manifiesto la tristeza que la invadía por dentro.

—¡Oigan, chicos! —La voz de una joven poni terrestre amarilla de crin roja que se acercaba a toda velocidad los sacó de sus pensamientos.

—¡Apple Bloom! ¡Qué gusto verte! ¿Qué haces por aquí? —Inquirió Carrot Cake, al ver a la hermana menor de una de las amigas más cercanas a la familia.

Apple Bloom ya no era una potrilla, ahora tenía casi la misma altura que Applejack y, al igual que ella, tenia un cuerpo con buena musculatura y curvas atléticas. Hace tiempo que había dejado de usar su querido listón rojo para dejarse su cabello suelto, y ahora usaba un sombrero muy parecido al de su hermana mayor. También, luego de una gran espera, había logrado conseguir su cutie mark, la cual resultó ser nada más y nada menos que una manzana en forma de corazón.

—¡Solo venía para decirles que, si lo que necesitan ahora es un lugar donde quedarse, pueden venir a Sweet Apple Acres el tiempo que deseen hasta que logren restablecerse! —Dijo la potra, dibujando una sonrisa en su rostro que proyectaba una gran confianza.

—Te lo agradecemos mucho Apple Bloom, pero no queremos molestar a nadie… —Dijo Cup con calidez, no queriendo importunar a la familia de su amiga.

—¡Oh, por favor! ¡No serán ninguna molestia! Es más, ¡estaremos más que felices si deciden quedarse en nuestra granja! —Exclamó, dispuesta a convencer a la familia.

Carrot se limitó a negar con la cabeza, haciéndole saber a su esposa que la joven no aceptaría un "no" como respuesta.

—Muchísimas gracias. —Dijo la pareja al sonreírle sinceramente, al tiempo que sus hijos festejaban y luego corrían a abrazar a la potra con mucho cariño. Era una gran amiga.


Mientras tanto, en una de las habitaciones del hospital del pueblo, una grifo yacía en cama aún inconsciente. Sus brazos y garras estaban vendados, al igual que su pata izquierda, su cuello y la mitad izquierda de su rostro, a razón de las quemaduras que había sufrido con anterioridad.

Allí, una muy preocupada Rainbow Dash se encontraba sentada en una silla a su lado, pues no se iría tranquila hasta ver despertar a su vieja amiga.

Momentos después, la grifo abrió con dificultad su ojo derecho, examinando detenidamente la habitación y notando un bulto azul que se encontraba a su lado, a escasos centímetros de ella. Pronto fue capaz de distinguir el rostro de su preocupada amiga y compañera de trabajo.

—¿Gilda? ¡Gilda! ¡Despertaste! —Gritó una muy aliviada Rainbow, con los ojos humedecidos.

—Si, y te agradecería que no levantaras así la voz. La cabeza aún me está dando vueltas. —Susurró con dificultad la paciente mientras sonreía, feliz de que Dash se encontrara a su lado en ese momento.

—Bienvenida. —Susurro la pegaso, al tiempo que una pequeña lágrima recorría su mejilla.

—¿Acaso estas llorando? —Se burló ella—. ¿Qué paso con la antigua Dash? La que no le teme a nada, la que nunca en su vida derramaría una lágrima por nadie. —Preguntó, y la pegaso se frotó los ojos con el casco.

—Todo es culpa tuya, si le hubiéramos pateado el trasero a ese tipo... —Dijo con el mismo tono, mientras su melancólica expresión daba lugar a una fría mirada y su sonrisa desaparecía, al tiempo que acercaba sus cascos a las vendas que envolvían su vientre. La grifo no pudo evitar notar esto, tomando una expresión similar—. No te preocupes por esto, no es nada. Es solo que aún arde un poco. —Intentó restarle importancia, pero la expresión de su amiga no cambió.

—¿Qué fue lo que pasó con ese sujeto?

—Luego de que Twilight te salvó, él... amenazó con destruir el pueblo, junto con todas nosotras. —Susurró Dash, mientras mantenía una seria expresión, desviando la mirada—. Por suerte, Twilight nos salvó, y derrotó a ese loco con un solo movimiento. —Concluyó la pegaso, ahora sonriente.

—La princesita, la querida alumna de Celestia… ¿Por qué no me sorprende? —Dijo la grifo despectivamente.

—Oye, no digas eso. De no ser por ella quizá ninguna de las dos estaría aquí ahora.

—Está bien, cálmate. Tienes razón, supongo que algún día le daré las gracias. —Dijo con desdén, dejando en claro que ni en sueños agradecería a la alicornio, ni siquiera por el hecho de haberle salvado la vida. Rainbow Dash se limitó a suspirar con pesadumbre a causa de ello.

—Entonces, ¿qué hicieron con él? —Preguntó, desviando la mirada.

—Creo que las demás chicas se lo llevaron a la biblioteca para discutirlo. —Respondió Dash, algo preocupada.

—¿Por qué no fuiste con ellas? —Preguntó, confundida. La pegaso le sonrió con gran confianza.

—¿Tu qué crees? No hubiera podido estar tranquila de saber que una de mis amigas se encontraba sola en una fría cama de hospital, asique decidí esperar a tu lado hasta que despertaras y hasta que ella llegara. —Dijo felizmente, pero esto último confundió aún más a la grifo.

—¿Ella? —Preguntó intrigada al tiempo que alguien pateaba la puerta de la habitación con todas sus fuerzas, acercándose rápidamente hacia la cama donde yacía la grifo.

Se trataba de Trixie, una unicornio de pelaje azul cielo y crin celeste claro, ojos color violeta oscuro, con cutie mark en forma de media luna junto a una varita mágica. La misma saltó sobre la cama y abrazó fuertemente a la paciente.

—¡Gilda! ¡Eres una estúpida! ¡¿Cómo te atreves a arriesgarte así?! —Se apartó con los ojos humedecidos, antes de enfurecerse con la grifo y comenzar a sacudirla—. ¡Pudiste haberte matado idiota! ¡Eres una tonta! ¡Tonta! ¡Tonta!

—¡Trixie, déjala! ¿No ves que está delicada? —Intentó apartarla, con cierta dificultad en el proceso.

—¡O-oye! ¿A quién le e-estás dicie-endo delica-ada? —Protestaba la grifo.

—Basta ya. —Cortó Rainbow, y la unicornio se detuvo, calmando sus ánimos y bajando de la cama.

—Tienes razón, la tonta es la gran y poderosa Trixie por preocuparse tanto por una grifo mayor que, supuestamente, sabe cuidarse sola. —Le dio la espalda, y Gilda sonrió.

—Vaya, ¿así que te preocupaste por mi? Creí que dijiste que no te importaba nadie más que tu misma. —Dijo ella, divertida.

—Cierra el pico. —Dijo ella, exasperada.

Rainbow Dash observaba la escena con cierta ternura, al ver que la grifo y la unicornio que anteriormente habían sido unas gruñonas testarudas y antipáticas a quienes no les interesaba tener a nadie cerca, habían descubierto lo importante que era la amistad, para la una y para la otra.


Ahora, en la habitación de la Princesa de la Armonía en la biblioteca de Ponyville, yacía en cama el unicornio amarillo de melena dorada con un mechón naranja, con un aura lavanda alrededor de su cuerno y sogas que inmovilizaban sus cascos delanteros y traseros, ahora atados a la cama. Allí, una pegaso amarilla de crin rosa y marca en forma de tres mariposas trataba sus heridas, colocando vendas y gasas con delicadeza. Al otro lado de la habitación, el dragón de escamas púrpuras y armadura dorada permanecía recostado contra la pared, vigilando atentamente el tratamiento.

La pegaso se sorprendió al notar que bajo el pelaje de Blast, en su piel, había múltiples cicatrices de heridas que no correspondían a su combate contra Gilda, pues se notaba a simple vista que llevaban al menos algunos meses ahí. La pegaso no pudo evitar pensar que esta no era la primera vez que su peculiar paciente tenía un combate así, pues al parecer ya había mantenido batallas tan feroces como la anterior mucho antes de haber llegado al pueblo.

—Oye, Fluttershy. ¿De verdad no te molesta hacer esto? —Preguntó el dragón seriamente. La pegaso amarilla estrujó los paños húmedos en un pequeño cuenco antes de continuar.

—No. —Respondió secamente.

—Sabes que esas heridas se las hizo a si mismo, cuando intentó destruir Ponyville. ¿Cierto? —Dijo, pero su amiga no respondió—. Solo digo que nadie pensará mal de ti si decides no curarlo.

—Um… disculpa, Spike. ¿Podrías pasarme las vendas? —Señaló a los pies de la cama. El dragón se incorporó con desgano y fue en su búsqueda, acercándole las vendas y solo entonces notando las cicatrices en el pecho y vientre del unicornio.

—¿Qué... cascos...? —Dijo al contemplarlo, y al examinarlo con detenimiento llegó a una rápida conclusión—. Son marcas de las garras de un grifo. Esto no se lo hizo Gilda, ¿cierto?

—No lo creo, yo diría que es de hace algunos meses. —Respondió, inexpresiva.

—Meses... —El dragón permaneció pensativo por un momento—. Este tipo de seguro acabó con otros grifos antes de venir aquí. ¿Aún así vas a seguir tratándolo? —Volvió a preguntar.

—Alguien tiene que hacerlo. —Respondió Fluttershy como si de algo obvio se tratase, mientras continuaba con el tratamiento.

El dragón continuó observando desde aquella posición en silencio y, poco tiempo después, el unicornio despertó. Un terrible dolor parecía extenderse a cada rincón de su cuerpo, y ni siquiera se sorprendió al encontrar que estaba completamente inmovilizado, privado de sus capacidades mágicas a causa de una extraña aura que rodeaba su cuerno.

Lo siguiente que notó allí fue al dragón que lo miraba directamente a los ojos. Fue entonces que, al ver que no tenía forma de responder ante un posible ataque, por primera vez en mucho tiempo, el unicornio se sintió indefenso. Luego notó a la pegaso amarilla a su lado, quien ahora trataba las heridas de energía mágica en su cuello.

—¿Qué es lo que estás haciendo? —Preguntó con severidad. La tímida pegaso apenas fue capaz de levantarle la vista.

—Pues, um… estabas muy lastimado, así que traje medicinas y vendas para curarte. —Explicó ella.

—¿Por qué?

—Estabas muy lastimado. —Dijo con cierta lástima.

—¡Esa no es una respues-...! —Intentó incorporarse, pero la garra del dragón rápidamente posicionada en su cuello le detuvo, sorprendiendo incluso a la pegaso.

—Oye, tranquilo. Ni se te ocurra hacer una tontería. —Amenazó él. Los músculos del unicornio te tensaron tanto como era posible, antes de forzarse a relajar su cuerpo poco a poco, momento en que el dragón se apartó—. Así está mejor. —Dijo, volviendo a sentarse junto a la cama.

—Spike, eso no era necesario. —Le reprochó.

—Lo siento Fluttershy, pero cuando se trata de esta clase de ponis es mejor no arriesgarse. —Replicó él, mientras la pegaso retomaba su trabajo. Al verla colocando gasas y vendas a lo largo de su pecho, brazos y piernas, el unicornio no podía dejar de preguntarse...

—¿Acaso no sabes lo que he hecho?

—Si, lo sé. —Respondió Fluttershy.

—Entonces... ¿por qué?

—Luego de lo que hiciste, nadie sería capaz de aceptarte en un hospital. Y si no se tratan tus heridas, podrías terminar con una infección, o una peligrosa enfermedad.

—No lo entiendo. —Dijo él, volteándose hacia la ventana—. No lo entiendo...


Mientras tanto, en la sala principal de la biblioteca de Ponyville, cuatro de las seis portadoras de la armonía se encontraban discutiendo que era lo que debían hacer ahora con el prisionero, mientras esperaban pacientemente la llegada de la princesa del sol, que había sido convocada poco después del incidente.

—¡Deberíamos encerrarlo en el calabozo bajo el castillo de Canterlot y tirar la llave! ¡Es lo que merece! —Vociferó una muy malhumorada Rarity, que no veía otro castigo posible para el unicornio.

—Tengo que concordar con Rarity, Twilight. Tan solo mira lo que le ha hecho a Ponyville. Además, si tú no hubieras llegado a tiempo… no quiero ni pensar que es lo que podría haber pasado. —Dijo Applejack, considerando que el castigo propuesto por la unicornio era el más adecuado.

—No lo sé, chicas... aún no puedo entender que fue lo que lo hizo actuar así. Lo conocí antes del incidente con Gilda, y no parecía la clase de poni loco loco loco que hace algo como eso sin razón. —Dijo Pinkie, no muy convencida de la medida propuesta.

—¡Pinkie Pie! ¡No existe razón alguna para atacar a nadie de esa forma, por más que se tratara de alguien tan desagradable como Gilda! ¡Ni mucho menos para destruir nuestro pueblo, nuestro hogar! —Exclamó Rarity, cuya ira comenzaba a manifestarse al recordar las fechorías que el prisionero había cometido.

—¡No-no quise decir eso! Me refiero a que... simplemente, no parecía malo.

—No puedes juzgar un libro por su portada, supongo. —Comentó Applejack, algo desanimada.

—Así es. —Dijo Twilight, quien hasta ese momento permanecía con sus ojos cerrados, pensativa, considerando las opciones que tenían y cuál debería ser el siguiente paso—. De acuerdo, debemos evaluar la información de la cual disponemos hasta ahora: un unicornio, al parecer pacifico, llega a Ponyville via tren. El unicornio se encuentra primero con Pinkie, quien con su… extrema capacidad de socialización… —Dijo con delicadeza—. ...molesta al unicornio al punto que este le grita, pero sin reaccionar de una forma demasiado violenta, como lo hubiera sido la agresión física. Luego se encuentra con Applejack, quien le ofrece un techo al ver que el poni no tenía lugar a donde ir y se encontraba en muy malas condiciones. Este último estaba buscando a alguien que se encontraba en la pastelería, que casualmente era la mismísima Pinkie, ya que al parecer necesitaba de su ayuda para encontrar a alguien más… Pinkie, ¿Acaso te dijo a quién estaba buscando realmente?

—No, verás, antes de decírmelo él se puso muy triste. Creo que pasó por muchas cosas horribles antes de venir aquí, y no parecía estar fingiendo cuando me lo contó. —Dijo la poni rosada, con tristeza.

—Otro punto importante: al parecer el unicornio pasó por situaciones muy difíciles antes de venir a Ponyville, lo cual podríamos suponer está directamente relacionado con los grifos, basándonos en la reacción que tuvo al ver a Gilda. Luego de esto, el unicornio se precipita rápidamente contra ella al tiempo que una extraña aura roja se forma en su cuerpo, la cual al parecer le da poderes especiales. Nunca he escuchado de un hechizo con estas características, y debo admitir que estoy impresionada de la energía mágica que este sujeto fue capaz de manipular para generar aquel ataque, ya que se requiere de un nivel mágico muy elevado para lograr algo así. —Concluyó Twilight, quien ahora tenía más preguntas que respuestas.

—Entonces, ¿qué crees que debamos hacer con él, Twi? -Preguntó la poni granjera.

—No lo sé Applejack, pero no debemos tomar una decisión apresurada, no sin antes tener todas las piezas del rompecabezas.

—Así es, mi estimada Twilight. —Dijo al entrar con una voz tranquila y relajada una unicornio alada de una gran estatura, con pelaje blanco y ondulante melena azul, celeste, turquesa y rosa, ojos luminosos como estrellas, y una marca en forma de sol. Tras ella entró también la pegaso de melena arcoíris.

—¡Princesa Celestia! —Exclamaron todos los presentes al ver que la deidad del sol había arribado finalmente. Sin embargo, la alicornio blanca mantuvo una expresión seria, mientras todos asumían facciones similares y otra vez se hacía el silencio que segundos después, antes de que la princesa dijera palabra alguna, fue interrumpido por Fluttershy.

—Ya he terminado con el paciente. Ahora está despierto y Spike está vigilándolo, aunque requerirá de unos cuantos días para… ¡oh cielos! ¡Princesa Celestia! Disculpe, no la oí llegar. —Dijo una muy apenada Fluttershy, a lo que la princesa respondió con una sonrisa.

—Está bien mi querida Fluttershy… —Dijo cálidamente la deidad.

—¡¿Fluttershy?! Por favor, ¡dime que no curaste a ese sujeto! —Inquirió la pegaso recién llegada.

—Um, pues… verás, yo… —Fue lo único que alcanzó a decir, antes de ser interrumpida por su amiga.

—¡Por todos los cielos, Fluttershy! ¡¿Qué sucede contigo?! ¡¿Acaso no sabes lo que le hizo a Gilda?! —Inquirió Dash con una ira que se manifestaba poco a poco a través de sus facciones.

—Lo sé, Rainbow. Pero- pero yo… —A la pegaso amarilla le costaba encontrar las palabras adecuadas al contemplar la mirada embebida en furia de su querida amiga. Para su suerte, fue la alicornio blanca quien respondió en su lugar.

—Pero ella no estaría actuando de acuerdo a su elemento si le negara su ayuda a un poni que la necesita. ¿No es así, Fluttershy? —Dijo a Rainbow relajadamente, para luego dirigir su mirada a la amable pegaso amarilla.

—Si, así es princesa. —Dijo ella con una sonrisa tímida.

Rainbow se limitó a desviar la mirada con una mueca de disgusto en su rostro, claramente aún no convencida por su actitud. Acto seguido, la princesa habló para todos los presentes.

—Estoy al tanto de todo lo acontecido y creo que antes de tomar una decisión debemos escuchar la otra parte de la historia, de boca de nuestro peculiar invitado. Twilight, te has encargado de inmovilizarlo, ¿no es así? —Preguntó a la alicornio lavanda.

—Si princesa, sus cascos están inmovilizados mediante cuerdas especiales imposibles de romper sin el hechizo adecuado, y lancé un conjuro de aislamiento sobre su cuerno, lo que impedirá que utilice magia de cualquier tipo por el momento. —Explicó ella.

—De acuerdo, entonces… creo que es hora. —Dijo con un suspiro.


Blast Fire permanecía recostado mirando el techo, considerando las opciones que tenía. Era brutalmente obvio que pronto se lo llevarían de allí a un calabozo, donde probablemente pasaría el resto de su vida. Él lo comprendía, pues estando en el lugar de los ponis pueblerinos él habría demandado lo mismo. Lo comprendía, pero obviamente no lo aceptaba. Aún tenía muchas cosas por hacer y no dejaría que lo encerraran ni que lo asesinaran, no hasta haber cumplido su objetivo.

Un dragón lo vigilaba atentamente recostado contra la pared en un rincón de la habitación, un hechizo había incapacitado su cuerno, y era incapaz de mover ninguno de sus cascos por causa de las sogas y del dolor proveniente de sus graves heridas recientemente tratadas.

La única opción que tenía era, en el momento en que quisieran trasladarlo de allí, atacar a sus carceleros y escapar tan rápido como pudiese de aquel lugar, soportando el dolor de su cuerpo, y luego vería como arreglárselas con el hechizo que inutilizaba su cuerno. Pero sabía que de intentar este método de escape solo tendría una oportunidad, y si fallaba, todo estaría perdido.

Pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver que la puerta de la habitación se abría, y poco a poco iban ingresando en él sus "jueces".

En el cuarto entraron dos ponis terrestres, dos pegasos, una unicornio, y dos unicornios alados, y el dragón se unió a ellos. Según su madre, los unicornios alados o alicornios eran las máximas figuras de autoridad de Equestria, quienes velaban por la paz y seguridad de sus ciudadanos, y como él bien sabía, había perturbado esa paz. Se sorprendió al ver que también ingresaban las cuatro ponis que había conocido durante su corta estancia: Pinkie y Applejack, las amables ponis terrestres que ahora lo observaban con ciertas dudas que se manifestaban en sus rostros, la pegaso amarilla que minutos antes lo había tratado, quien lo miraba seriamente, y la veloz pegaso azul que lo había agredido, Rainbow Dash, que ahora lo observaba con desprecio puro.

Sintió también cierta curiosidad al observar al dragón que estaba parado frente a él con una actitud seria, inexpresiva. Ya había tenido oportunidad de ver a otros dragones en anteriores ocasiones, pero este no parecía un adulto, sino más bien un "adolescente". Además lo desconcertaba el hecho de que estuviera junto a las equinas, pues los dragones tenían fama de no acercarse a seres a quienes consideraran "inferiores" a ellos más que para devorarlos.

—Vaya… no pensé que mi juicio sería tan pronto. Entiendo que las autoridades estén presentes, al igual que el dragón quien probablemente sea mi verdugo, pero puedo preguntar: ¿por qué se encuentran aquí también algunos civiles? ¿Son el comité de seguridad del pueblo o algo por el estilo? —Dijo pesadamente el prisionero. La unicornio blanca dio un paso al frente.

—Somos los Elementos de la Armonía, habitantes del pueblo de Ponyville y protectoras de las tierras de Equestria al servicio de sus reales majestades, así que será mejor que cuides de tu vocabulario para con nosotras, ¡infame! —Dijo la unicornio con furia y desprecio.

Momentos después, Rarity sintió sobre ella el casco de la alicornio lavanda que la invitaba a calmar su ira, mientras el unicornio permanecía sereno en todo momento. Entonces fue la alicornio blanca la siguiente en hablar.

—Me temo que no nos estamos conociendo en las mejores circunstancias señor, sin embargo, me presentaré como es debido. Princesa Celestia de Equestria, deidad del sol, emperatriz de la luz, y gobernante de las orbitas solares. —Concluyó la princesa, esperando su respuesta. Aún así, el unicornio no se inmutó al escuchar su titulo, y solo se limito a responder a la formalidad.

—Blast Fire, habitante del pueblo de Vizuri Shetani en las tierras de Upendo Uvumilivu, miembro del clan Vivuli al servicio del honorable y poderoso jefe Felshak. —Dijo, cerrando los ojos y esperado las siguientes palabras de la princesa. Las mismas tardaron en llegar, mostrándose sorprendida al oír el lugar del cual provenía el semental mientras los demás presentes aún se miraban entre ellos, confundidos. Antes de que la princesa del sol hablara una vez más, fue Twilight quien interrumpió.

—¡Eso es imposible! ¡Upendo Uvumilivu es un lugar muy peligroso para los ponis, y sus habitantes no aceptan a forasteros! ¡Mucho menos el clan Vivuli, un clan de médicos y guerreros muy respetados! ¡Es imposible que provengas de allí! —Exclamó Twilight, irritada por tan descaradas mentiras.

—Quizá debería informarse mejor... su majestad. —Dijo el unicornio, haciendo mofa del título de Twilight, lo cual enfureció aún más a ella y a sus amigas.

—Suficiente. —Elevó la voz la princesa del sol para luego observar al prisionero, quien permanecía indiferente—. Ya habrá tiempo para despejar la dudas sobre tu procedencia, aunque eso no es lo más importante. Lo que importa aquí, es el delito que cometiste contra uno de mis súbditos. —Dijo con severidad la princesa, mientras que Blast solo se limitó a suspirar con pesadumbre.

—¿Por qué no me da su castigo, y terminamos con esto de una vez? —Inquirió el unicornio, sin muchas intenciones de platicar.

—Porque conocemos la consecuencia, pero no la causa. Es por eso que deseo escuchar tu parte de la historia, saber que fue lo que te llevó a cometer semejante acto de violencia en contra de la grifo Gilda.

—¿Acaso importa? Dudo que crean alguna de mis palabras, si ni siquiera me creen cuando les digo de donde provengo. —Dijo Blast, claramente fastidiado.

—Es cierto... no podemos creer en tus palabras ahora, pero si en tus recuerdos pues ellos no nos mentirán. —Dijo relajadamente la princesa, mientras seguía observando fríamente al prisionero.

—¿A qué se refiere? —Preguntó, confundido.

—Se dé un hechizo, uno mediante el cual podremos ver tus recuerdos, tus experiencias y prácticamente toda tu vida. Claro que, si no tienes nada que ocultar, no tendrás problema alguno en permitirnos utilizarlo en ti... —Concluyó Celestia con severidad. Twilight observaba a su mentora, confundida. ¿Acaso estaba hablando del mismo hechizo que implementó en ella poco antes de su coronación como princesa de Equestria?

Blast dudó un momento de la conclusión de la princesa. ¿Estaba acaso dispuesto a abrirse así ante un montón de extraños, quienes además lo estaban juzgando? ¿Estaba dispuesto a abrir su mente, y compartir su vida con aquellos seres? ¿Estaría realmente dispuesto a algo así?

Luego de pensarlo unos minutos, concluyó que ya no tenía nada que perder. Estaba camino a un calabozo, quizá por el resto de su vida, y no había mucho que pudiera hacer para remediarlo. Y si la princesa del sol conocía su historia, quizá pudiera minimizar su condena, quizá favorecería su situación.

—Una vez que hayamos visto lo que debamos, decidiremos tu sentencia. —Esclareció la princesa.

—Espere, ¿qué clase de cosas puede ver con ese hechizo?

—Absolutamente todo. Seremos testigos de cada instante de tu vida.

—Absolutamente todo, ¿eh? —Dijo el unicornio, con pesadumbre. Claramente, no le hacía gracia compartir sus experiencias más personales con aquellos desconocidos, pero vista la situación no le quedaba otra alternativa—. Hágalo de una vez.

La princesa se acercó lentamente a la cama para apoyar su cuerno sobre la frente de Blast, donde comenzó a brillar cual estrella mientras que la habitación se iluminaba con una luz blanca pura, cegando a todos los presentes.


El fuerte ruido de los truenos, la luz cegadora de los relámpagos, ambos resultaban aplacados por las paredes de la habitación. A la luz de las velas, un potrillo recién despierto yacía en cama. Miró a su alrededor sin saber donde se encontraba, ni cómo había llegado a aquel lugar, y en la escasa luz de la estancia notó a una poni sentada junto a su lecho, observándole con ternura.

Se trataba de una yegua de color blanco que poseía rayas grises en todo su cuerpo, profundos ojos verdes como esmeraldas, una hermosa melena lacia de un tono gris más claro, y extraños adornos dorados como aros en su cuello y orejas. Al notar que su invitado había despertado, la poni no tardó en romper el silencio, produciendo extraños sonidos que el potrillo no alcanzó a comprender.

Desconociendo el lugar donde estaba y a la poni que se encontraba frente a él, al potrillo le fue difícil aplacar su miedo y tristeza, y no tardó en comenzar a gimotear. En ese instante la equina se apresuró a abrazarle, aún hablando con sonidos que el potrillo no comprendía, pero producidos en un tono que, de alguna forma, le resultaba tranquilizador.

Segundos después, el pequeño dejó de percibir los truenos y relámpagos pues se encontraba completamente centrado en los ojos verdes de la poni de rayas, quien no había dejado de abrazarlo en ningún momento. No mucho después, el pequeño cayó dormido en brazos de aquella poni, y supo que no había nada que temer.