Capítulo 5 – Un nuevo día

El sol apenas estaba asomando en el horizonte, en las tierras de Upendo Umuvilivu, durante las primeras horas de la mañana. Había charcos de agua por doquier, indicios de la tormenta de la noche anterior. El mismo equipo de cuatro rastreadores, que dos días atrás habían ido en busca de la familia del jefe, ahora vistiendo únicamente una capa de color marrón claro (que cubría la mayor parte de sus cuerpos), se dirigían en un viejo bote hacia lo que alguna vez había sido la isla Rafiki, surcando el lago Zira. Mientras remaban, todos observaban con tristeza como, de aquel pequeño y pacifico lugar, no había quedado rastro alguno luego del incendio, que se consumió totalmente luego de la tempestad del día anterior.

El equipo de cebras descendió del transporte en la orilla de la isla, anclándolo para que este no fuese arrastrado por la corriente. Pronto se adentraron en el lúgubre lugar, donde los arboles que habían cedido, y los que aun permanecían de pie, habían sido reducidos a carbón, mientras que el resto de la flora había desaparecido casi por completo. En pocos minutos llegaron al lugar donde dos días atrás había impactado el dirigible proveniente de Equestria, y siguiendo las órdenes de su jefe, examinaron lo que quedaba de este minuciosamente.

Eventualmente, entre los restos del transporte hallaron los múltiples cuerpos sin vida de los equinos pasajeros, tal y como Shin les había contado. Había un total de diecisiete cuerpos; Una vez que reunieron a todos en un solo punto en las cercanías, iniciaron la labor de cavar allí mismo las tumbas necesarias para sepultarlos. Realizaron el trabajo tal y como el jefe había ordenado: colocando cruces en las tumbas, y un objeto personal de las victimas a un lado o sobre estas.

La cruz de la única unicornio que iba a bordo, tenía sobre ésta un bello collar de perlas blancas de lo más fino, una hermosa pieza de colección que casi daba pena abandonar en aquel lugar. Haciendo una pequeña reverencia frente a las tumbas, presentando los debidos respetos, el equipo finalmente se retiro al pueblo, a presentar informe a su líder.

Los calidos rayos del sol de la mañana atravesaban el cristal del pequeño cuarto, donde la joven pareja, y el niño al cual ésta pretendía cuidar hasta que se hubiera recuperado, dormían plácidamente. En poco tiempo, los rayos de luz alcanzaron el lecho de la habitación, más precisamente, a los rostros de las dos figuras que en el descansaban. A causa de esto, momentos después y con un gesto de molestia, la joven y el niño regresaron de su sueño, mientras el segundo bostezaba. Shin, enternecida, dejó escapar una pequeña risa, y se tomó unos momentos para observarlo, sonriente, antes de hablar.

-¿Has dormido bien? –Preguntó, sin dejar de sonreírle.

-Sí, estaba… muy cansado. –Dijo él, estirando sus cascos delanteros hacia arriba, haciendo un pequeño gesto de molestia, pues estos aún le dolían. La sonrisa de la joven pronto dio paso a una clara mueca de preocupación en su rostro.

Shin no quería tener que importunar al pequeño con las preguntas que, la noche anterior, lo habían llevado al borde del llanto, pero realmente necesitaba saber, realmente necesitaba preguntarle.

-¿Puedes… recordar algo ahora? ¿Algo… antes de haber despertado el día de ayer? –Inquirió, con mucha preocupación.

-No… no recuerdo nada, mami… ¿Tú… tú sabes por qué? –Preguntó el, con una triste mirada, dejando en claro que realmente necesitaba una respuesta.

-Yo... uh… –Dijo la joven Shin, mientras desviaba la mirada, siendo interrumpida por el niño.

-Quiero recordar, pero… es como si… es como si estuviera todo oscuro, como si me estuvieran… cubriendo los ojos. –Era la única manera en que el pequeño unicornio podía expresar lo que sentía.

-¿Qué fue lo que paso antes de eso? ¿Tú lo sabes? –Inquirió nuevamente el niño.

-Bueno… -Shin no sabía cómo explicárselo, ¿Y cómo hacerlo? ¿Debería decirle simplemente que había perdido a su madre, que no sabían nada de su padre, y que estaba a cientos de kilómetros de su patria, en un pueblo que nada tenía que ver con él? Habría sido demasiado, pero el pequeño no recordaba nada de eso, él en verdad creía que estaba en presencia de su familia, que estaba frente a su verdadera madre, y con contrariarlo, y decirle la verdad, lo único que lograría sería… Shin no podía siquiera concebir la idea de hacerlo, y no había mucho que pudiera hacer por el momento, más que "omitir" esos detalles, y tratar de darle al pequeño una historia convincente, que evitara que hiciera más preguntas al respecto.

-Creo… creo que estabas jugando cerca del rio y… caíste, y te lastimaste mucho, e-… esa es la razón de tus heridas, y quizás es por eso que no puedes recordar. –Dijo, tratando de mantener un aire relajado, sin ni siquiera estar convencida ella misma de su mentira. Pero para su suerte, el pequeño pareció creerle, aunque aún así, mantenía un rostro que reflejaba la tristeza que sentía.

-P-pero no te preocupes, en algunos días ya estarás muy bien, y podrás salir de nuevo a jugar, ¡Te lo prometo! –Dijo ella, ahora con alegría, para intentar confortar al pequeño.

-Gracias mami. –Dijo él, abrazándola cariñosamente, abrazo al cual la joven respondió rápidamente, metiéndose de lleno en su papel de "madre sustituta".

Momentos después, luego de separarse de su abrazo, el pequeño notó al otro ser presente en el cuarto, que descansaba cómodamente en el sillón, respirando pausadamente, apoyando su cabeza sobre uno de sus cascos, y dejando reposar su codo en el brazo del asiento. Estaba profundamente dormido. El pequeño dudó un momento antes de hablar.

-¿Y quién es él? –Preguntó con incertidumbre.

-¿T-tampoco lo recuerdas? –Dijo Shin, tratando de disimular.

-No…

-El es… es tu… tu padre… -Dijo la joven, que no encontraba otra manera de explicarle al niño la presencia de su esposo, en su habitación. Al escuchar esto, aquel se entristeció una vez más.

-¿Qué sucede Blast? –Preguntó ella, con un tono que inspiraba tristeza.

-Es que… n-no puedo recordar a nadie, y… y… -Decía el, con una voz que parecía quebrarse, tal y como la noche anterior.

-Sh… tranquilo mi niño, tu padre y yo te ayudaremos en todo lo que podamos, y pronto podrás recordarlo todo. -Lo calmó Shin, con un aire maternal que ni siquiera ella recordaba poseer.

-¿Tu crees? –Preguntó el, quien comenzaba a despojarse poco a poco de su tristeza.

-Claro, eres un niño muy inteligente y se que podrás lograrlo, y además siempre tendrás nuestro apoyo... –De decía su madre, serenamente, mientras acariciaba su suave crin. Al escucharla decir esto, momentos después el pequeño poco a poco se alegró una vez más, y le dedicó una sonrisa antes de responderle.

-¡Sí! –Dijo él con confianza, casi gritando. Al escuchar su "sonora" voz, poco tiempo después, Kanto también despertó, estirando sus cascos, y abriendo su ojos poco a poco, dirigiendo su mirada a las dos figuras en el lecho.

-Buenos días amor. –Dijo Shin cálidamente, en su idioma, no cayendo inmediatamente en la cuenta de que esto solo confundiría más al unicornio

-Buenos días cariño. Oh, y buenos días a ti también, muchacho… -Dijo él en su idioma también, para luego bostezar, mientras el niño los observaba extrañado.

-¿Qué están diciendo? –Inquirió confundido Blast. Shin se percató de su error rápidamente, y se adelantó a solucionarlo.

-E-esto… es… es, es el lenguaje que se comenzó a utilizar en nuestro pueblo hace poco, y… y tu también lo habías aprendido, pero supongo que también lo olvidaste por causa de aquel golpe. –Dijo la joven al unicornio, con un tono nervioso, mientras el niño ponía ojos tristes, por casi enésima vez en esa mañana.

-Perdóname mami, papi… lo siento mucho… -Dijo él, mientras se entristecía aun más. Kanto observaba la escena quizá más confundido que el mismo Blast, pues no era capaz de entender completamente el equestriano (pues apenas tenia conocimiento de algunas palabras), y claramente, no era capaz de comprender la razón de su tristeza.

-No tienes porque disculparte Blast, no es tu culpa, además, no será difícil que lo aprendas una vez mas, así que no tienes porque preocuparte por eso. -El pequeño, luego de unos momentos, solo sonrió dificultosamente, en señal de afirmación. Shin sabía que a este ritmo, tendría que volver sobre sus pasos una y otra vez para calmar al niño, asique lo mejor sería, antes de que las cosas empeoraran, hablar del asunto con su esposo y ponerlo al corriente, para luego decidir qué hacer.

-Bueno, ahora… tu padre y yo debemos ir a preparar el desayuno, ¿Crees que puedas quedarte solo un momento? –Inquirió, de manera muy maternal.

-C-claro… -Dijo él, mientras veía a su madre guiar apresuradamente a su padre con el brazo, a salir de la habitación.


Pronto, ambos se movieron al cuarto de la cocina, que era el que se encontraba mas alejado de la habitación, para evitar que el niño los oyera. Claro, Kanto seguía a su nerviosa esposa, totalmente confundido.

-Escucha, pasó algo… -Dijo Shin, con una actitud nerviosa, la cual no era normal en ella.

-Sí, lo noté… -Dijo su esposo, sarcásticamente.

-¿Qué sucede? –Inquirió confundido.

-El pequeño, el… no recuerda nada de antes de anoche, cuando despertó, y cree… cree que soy su madre, y que tu eres su padre. -Concluyó finalmente.

-¿Acaso no le dijiste que-…? –Decía Kanto, para luego ser interrumpido abruptamente por la joven.

-¡Claro que no! ¿Qué crees que sucederá si lo hago? –Exclamó ella, con muchos nervios.

-Bueno, yo-… -Fue interrumpido por su esposa una vez más.

-Está en otras tierras, solo, sin familia, y prácticamente rodeado de desconocidos, ¿Cómo crees que reaccionará cuando se entere de eso? ¿Y cuando empiece a hacer preguntas? ¿Qué le diremos? ¿Le diremos simplemente que esta a millas de su hogar, que su madre falleció y que no sabemos nada de su padre y-…? –Decía Shin, sin parar de hablar un segundo, con una actitud neurótica que su esposo no creía haber conocido nunca en su vida. Kanto la interrumpió.

-¡Shin, cálmate! Ya está bien, te estas ahogando en un vaso de agua. –Dijo él sonriendo, con un aire cómico, que no surtió efecto en su pareja, que suspiró pesadamente antes de volver a hablar, con un rostro muy serio.

-Decirle la verdad ahora solo lo hará sufrir más, de momento… debemos "fingir" que somos sus padres, para que no tenga miedo, al menos hasta que se recupere. –Concluyó Shin, quien luego de unos segundos, no fue capaz de mirar a la cara a Kanto, quien no parecía mostrarse convencido de su idea, quien tomó aire antes de hablar.

-Shin, por favor… ¡Míranos! Y míralo a él, ¿Crees que acaso podremos hacernos pasar por sus padres? ¡No nos parecemos en nada! –Dijo él, tratando de hacer razonar a su esposa.

-El no parece haberse percatado de eso, debemos intentarlo, amor. Hace dos noches, tu dijiste que haríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance por él… ¿Acaso no era verdad? –Dijo la joven, ahora mirándolo directamente, con unos ojos tristes que Kanto no era capaz de soportar. Poco después, suspiró pesadamente, antes de hablar.

-De acuerdo… entonces, ¿Qué debemos hacer? –Inquirió él, accediendo a la petición de su esposa. Shin le sonrió cálidamente, agradeciéndole, pero recuperando su seriedad rápidamente para así poder responderle.

-En primer lugar, al notar nuestro idioma, tuvo ciertas dudas, pero le dije que este era nuestro idioma "actual", que el equestriano que él y yo hablábamos es el idioma "antiguo", y que no recuerda el actual por causa de su perdida de memoria.

-¿Y acaso te creyó? –Inquirió, con una ceja en alto, y un aire cómico, pues era la excusa más increíble (literalmente) que se le hubiera podido ocurrir.

-Eso creo. De esta forma podré enseñarle nuestro idioma sin que sospeche nada, pero también necesitare tu ayuda, así que tú tendrás que aprender equestriano.

-¡¿Yo?! ¡Oh, vamos Shin! Tú sabes que no se me dan bien esas cosas, ¡Además soy pésimo como profesor! ¿Acaso no recuerdas cuando tu padre me envió a darles clases básicas de recolección de hierbas medicinales a los niños de la aldea?

-Ni me lo recuerdes, sus padres te estuvieron persiguiendo por horas porque los niños se habían metido en un campo de "broma venenosa" sin haberse dado cuenta… -Respondió ella, tratando de contener la risa que le provocaba aquel recuerdo, lo cual le resulto imposible. Ambos rieron un poco, antes de que Shin recuperara la seriedad para hablar nuevamente.

-Pero esto es importante, muy importante. Por favor cariño, necesito saber que me apoyaras en esto… -Dijo ella, tomando el casco derecho de su esposo entre los suyos, y dedicándole una cálida sonrisa, a la cual desde luego, Kanto no podía resistirse.

-De acuerdo… tu solo dime qué debo hacer, y considéralo hecho. –Dijo con confianza, guiñándole un ojo.

-Si… en primer lugar, debemos preparar el desayuno y comer con él. Me gustaría saber qué cosas ha olvidado y que cosas aún recuerda, así sabremos cómo debemos actuar.

-Como desees, amada mía. –Dijo el con un cierto aire cómico, mientras comenzaba a reunir los ingredientes de la alacena.


Prepararon el desayuno rápidamente, y en diez minutos ya estaban de regreso en la habitación del muchacho, quien se alegró al verlos una vez más. Kanto fue el primero en entrar, dirigiéndose directamente a la mesa de noche, al lado del lecho, y colocándola justo frente a la cama, donde Shin, que venía tras el, iba a colocar el desayuno.

-Aquí tienes Blast. Dijo Shin, quien ubicó una bandeja de bronce con frutas y vegetales variados como zanahorias, tomates, mazorcas, manzanas, kiwis, y bananas, pues no conocían los gustos del niño, y no podían arriesgarse a cometer otro error.

-¡Se ve delicioso! –Exclamó el pequeño con alegría.

-Puedes comer todo lo que quieras. -Dijo alegremente la joven.

Blast dudó un segundo, pero pronto se abalanzó sobre los deliciosos alimentos, sorprendiendo a la pareja por su actitud, pues parecía haber olvidado completamente sus heridas, mientras consumía con preferencia las zanahorias, las mazorcas, y las manzanas.

-Es un niño muy enérgico. –Susurró Kanto a su esposa, riendo, mientras el pequeño desayunaba.

-Si… lo es… -Decía Shin, mientras una pequeña lagrima escapaba de su ojo, la cual enjugó rápidamente con su pesuña, aunque no antes de que su esposo lo notara, y se aproximara a abrazarla cariñosamente con un solo brazo.

-No debes entristecerte por eso. El ya no estará aquí físicamente, pero sigue, y seguirá existiendo en nuestros corazones siempre… nunca lo olvides… -La calmó él, con una melancólica sonrisa.

-Si… gracias cariño. –Dijo la joven cebra, aun entristecida. Entonces el niño, que hasta ese momento solo se había concentrado en el desayuno, dirigió su mirada a sus padres, extrañado.

-¿No tienen hambre? –Inquirió él, invitando a la pareja a unirse a él.

-Sí, yo tener… algo hambre. –Respondió Kanto, dificultosamente, pues no dominaba el equestriano para nada (apenas sabía algunas palabras, aprendidas de su esposa), mientras Blast dejaba escapar una pequeña risa.

-¿Por qué hablas tan gracioso? –Decía el unicornio, mientras aun reía.

-Uh… tu padre ya ha olvidado casi por completo nuestro idioma antiguo. –Dijo Shin con un tono molesto, mirando a Kanto, haciéndole notar que hubiera sido mejor que no hubiera dicho palabra alguna. Pero aun así, quizá sería lo mejor, pues podría utilizar esa escusa para que su esposo pudiera entablar conversación con el niño, y así las cosas serían más fáciles.

Se sentaron a comer con el unicornio, mientras platicaban, jugaban, y reían. No era un nuevo mundo para ellos, pues años atrás, habían criado juntos a un niño de su propia sangre. Y así pasaron las horas, mientras en la habitación solo se escuchaban las risas de la pareja y del pequeño, quien se sentía muy a gusto con ellos, pues para él, Shin y Kanto eran realmente sus padres.


Unas horas después del alba, el jefe Felshak se presentó en la residencia de su hija, al ver que ni ella ni su yerno habían salido de casa, lo cual era algo extraño por parte de este ultimo más que nada, pues su hija ya le había dicho que no se presentaría a trabajar durante unos días.

Se acerco al umbral de la puerta del cuarto del pequeño, sorprendido, encontrándose con aquel en cama, despierto y sonriente, al igual que su yerno y su hija, que permanecían a su lado. Estaban riendo, Felshak no pudo evitar pensar que hacía años que no oía reír así a su querida hija, no desde el fallecimiento de su nieto.

Inevitablemente, nuevas ideas tomaron lugar en su mente, y ahora le era aun mas difícil encontrar palabras para tratar con ellos, por lo cual, por el momento, decidió retirarse a su morada, y meditar una vez más el asunto.

Pasado el mediodía, el jefe volvió al hogar, ahora sin importarle pasar desapercibido. Cruzó el umbral de la puerta e irrumpió en la habitación del niño, encontrando a la familia almorzando en una mesa de noche que había sido acercada a la cama para que el pequeño no tuviera necesidad de moverse de allí.

-Buenas tardes Shin, Kanto… -Dijo con cierta seriedad, refiriéndose a la pareja.

-Padre, ¡Que alegría verte por aquí! –Respondió Shin, con una sonrisa.

-Buenas tardes, jefe. –Respondió Kanto, con su característico tono grave.

-¿Quién es él? –Inquirió el pequeño curiosamente. Shin, a pesar de las consecuencias que sabia que podría conllevar con el jefe, se adelanto a responderle.

-El… es mi padre.

-¿Tu… eres mi abuelo? –Inquirió con una curiosidad mayor.

El jefe lo observo extrañado, y preocupado a la vez, pero antes de que pudiera decir nada, Kanto pensó y actuó rápidamente.

-Eh… jefe, me gustaría hablar con usted un momento. –Dijo Kanto, levantándose del borde del lecho donde se habían sentado para almorzar.

El jefe asintió seriamente, sin decir palabra alguna, y pronto salieron del cuarto, moviéndose a la habitación de la cocina, mientras Shin permanecía en el mismo lugar al lado del niño, quizás más nerviosa que su cónyuge.

-¿El abuelo se enojó? –Inquirió el niño preocupado.

-No, no, claro que no. Es solo que… quizás el abuelo no durmió bien. –Dijo Shin, para calmar al muchacho, lo cual pareció funcionar.

-¿Esperaremos a que papá regrese? –Inquirió una vez más.

-Claro. –Respondió ella, con una sonrisa.

Una vez en la habitación de la cocina, Kanto, con muchos nervios, cerró la puerta luego de que Felshak entrara.

-Escuche, hay algo de lo que debo hablar con usted. –Dijo el joven, con cierto nerviosismo.

-Antes que nada, podrías empezar por explicarme porque ese niño me llamó "Abuelo", ¿No crees? –Decía el jefe, frunciendo el seño. Kanto suspiró pesadamente antes de hablar.

-Bueno, el niño… ha perdido la memoria.

-¿Como… como es eso posible? –Preguntó confundido.

-No lo sé, pero no recuerda nada de antes del accidente, supongo que es por causa del golpe que sufrió en la cabeza… -Decía el joven, con cierta tristeza. El jefe dudó un momento, antes de hablar.

-¿Has llamado a Kuhn en primer lugar? –Inquirió con severidad.

-No… el sabio Kuhn ya no es tan joven, jefe, y luego de haberlo despertado ayer en la madrugada, no quería volver a perturbarlo una vez más. –Dijo Kanto, tratando de sonar lo más convincentemente posible, pero el jefe le conocía bien, tanto como a un hijo, y notó de inmediato que aquello era solo una mera excusa.

-Kanto… ya se lo he dicho a Shin, y ahora te lo diré a ti: el niño no puede quedarse, no pertenece aquí, pues su lugar está en Equestria con los suyos. Como yo, tú lo sabes bien, ¿Cierto?

-Si… lo sé, jefe. –Dijo él, mientras tragaba saliva.

-No quiero que te encariñes con él, mucho menos Shin, pues no quiero que sufra el día de su partida. –Decía el jefe relajada y seriamente, mientras que Kanto solo se limitaba a mirar hacia abajo.

-El niño… cree que Shin es su madre, y que yo soy su padre. –Dijo el, temiendo la reacción del jefe, quien permaneció en silencio unos segundos.

-Eres consciente de que ello complica aún más las cosas, ¿Verdad?

-No tuvimos el valor de decirle que… que su madre ya no está entre los vivos, por favor jefe, debe entenderlo... –Decía Kanto con un aire de tristeza, casi suplicando. El jefe suspiró de nueva cuenta, manteniendo su seriedad, antes de hablarle.

-¿Sabes acaso porque me convertí en el líder del clan, Kanto? –Inquirió, sorprendiendo al joven, pues no esperaba esa pregunta. Aún así, solo se limitó a responderle.

-Sí señor, porque hace muchas lunas, usted fue quien salvo al pueblo y a nuestras tierras de una destrucción segura...

-Así es, ¿Y quiénes fueron los que trajeron aquella desgracia a nuestra aldea? ¿Quienes nos llevaron a la batalla en la que se perdieron decenas de vidas inocentes? Incluyendo a mi honorable padre, y a mi amada esposa. –Decía el jefe, cambiando de tono.

-Los leones… -Respondió Kanto, casi susurrando.

-Exacto, los leones. El error de mi padre fue confiar en seres de otro clan, de otra especie. El confiaba en que aquella unión nos llevaría a una nueva era, confiaba en que aquella relación seria benéfica para ambos clanes, y tu seguramente recordaras cuan equivocado estaba… -Kanto comprendió entonces cual era el punto del jefe, pues él tenía tan solo cuatro años cuando aquello aconteció, y tuvo que sufrir a una temprana edad la falta de sus padres por causa de ello, pero no podía, no era capaz de concebir la idea de que tener a aquel pequeño en su pueblo, pudiera acarrear otra desgracia así.

-Pero Felshak… es tan solo un niño… -Respondió el, con un tono de voz que cada vez se hacia más débil.

-Aun así, no me arriesgare a que se quede y se convierta en una amenaza para nuestra familia. No pienso cometer el mismo error que mi padre, Kanto, por esa razón, apenas se haya recuperado, lo llevaré a Equestria yo mismo si es necesario, ¿Y si algo le sucediera a la aldea? ¿O a Shin? ¿Podrías acaso vivir con ello? –Dijo el jefe, casi gritando. Kanto no pudo hacer más que callar en ese momento.

-Esto no está en discusión. Si quieres tan solo un poco a tu esposa, entonces sabrás que es lo correcto. –Dijo Felshak, iracundo, ya retirándose.

-¿Ha visto a Shin? –Inquirió él, con tristeza.

-Sí, la he visto, ¿Por qué? –Respondió irritado, una vez más.

-Hacía… hacia mucho tiempo que no la veía sonreír así, jefe, ella está… está realmente feliz. -Dijo Kanto, desviando la mirada con unos ojos tristes y una sonrisa melancólica. El jefe sin embargo, no cambió su actitud.

-Le daré esta información a Kuhn, y le diré que venga aquí, a encargarse de examinarlo. –Dijo seriamente, retirándose de la habitación y de la vivienda, mientras Kanto permanecía en silencio, recapitulando en su cabeza todo lo que su líder y suegro le había dicho, por unos minutos, y luego regresando a la habitación del niño, donde su esposa y aquel lo esperaban.

-¿Qué fue lo que pasó? –Inquirió su esposa, preocupada, al notar la triste expresión de su rostro.

-¿Estás bien papi? –Inquirió el niño, de forma preocupada. Kanto fue capaz de entenderlo, y no pudo hacer más que sonreír, mientras se formaba un nudo en su garganta.

-Si… si mío muchacho, yo estar bien. –Dijo dificultosamente, para calmarlo. El pequeño rió una vez más, aunque su esposa no había cambiado su expresión, pues tenía una vaga idea de lo que probablemente su padre le había dicho.

Aún así, la joven no permitió que aquellos pensamientos la perturbaran, luego se lo preguntaría a su esposo con más calma. Por lo pronto, dibujó una sonrisa dificultosamente en su rostro para no preocupar ni al niño ni a su pareja, y se dispuso a terminar de almorzar con ellos.


Alrededor de una hora después, el sabio Kuhn se presentó en la morada de la pareja, con la orden de su jefe de examinar al pequeño, y determinar la gravedad de sus heridas y de su amnesia. La familia permanecía en la misma habitación, en las mismas posiciones, pues no se sentían con deseos de dejar solo al unicornio.

-Buenas tardes Kanto, Shin… -Saludó el doctor.

-Buenas tardes Kuhn, que gusto verte. –Decía la pareja alegremente.

-¿Quién es el? –Inquirió una vez más el pequeño, como hacia con todos los seres que se presentaban en la habitación.

-Es el doctor, el te ayudará a curarte. –Dijo Shin, sonriendo.

-¡Si! –Exclamó el pequeño alegremente, moviendo sus cascos delanteros, los cuales claro, le devolvieron algo de dolor por el brusco movimiento.

-Vaya vaya, es un niño con muchas energías. A este pasó, de sus heridas se repondrá en muy pocos días. –Le decía Kuhn a la pareja, que se había levantado de la cama para darle al sabio doctor el espacio necesario para trabajar, trasladándose al otro lado del lecho, permaneciendo cerca del niño en todo momento.

Y así, Kuhn inició su trabajo, evaluando los reflejos del pequeño, sus reacciones a diferentes estímulos, revisando sus heridas con mucho cuidado, cambiando los vendajes (tanto los de su frente, como los de sus cascos), y finalmente, haciéndole una serie de preguntas sobre las cosas que era capaz de recordar (como su nombre, su lenguaje, etc.), durante las cuales Shin oficiaba como intermediaria. Luego de casi una hora, finalmente guardó todo su instrumental en la bolsa que llevaba en sus costados, finalizando la sesión.

-En dos semanas de tus dolores estarás aliviado, y de este lecho ya te habrás levantado. –Dijo el viejo Kuhn alegremente a Blast, lo cual, Shin tradujo rápidamente al pequeño, quien se puso muy feliz al escucharlo, pero pronto cambio su expresión, para hablarle al doctor.

-¿Y… podré recordar… lo que olvidé? –Inquirió preocupado, mientras Shin y Kanto se miraban mutuamente con preocupación, para luego mirar al doctor. La joven tradujo rápidamente la pregunta para Kuhn, quien mantuvo un aire calmado, y le respondió.

-Claro, la amnesia es tan solo algo temporal, no hay dudas de que en muy poco tiempo podrás recordar. –Dijo Kuhn, sonriente. Shin lo tradujo rápidamente una vez más, y el pequeño asintió con felicidad.

Cuando ya se estaba retirando, invitó a la joven cebra a que lo siguiera al pasillo. Esta, sin dudarlo, asintió y salio de la habitación, dejando al niño en cascos de su esposo.

-¿Qué sucede? –Inquirió preocupada al notar el cambio en la mirada del doctor.

-Sus heridas físicas no son un problema, como he dicho, sin embargo, la complicación de su amnesia… es claramente todo un dilema. –Decía Kuhn, ahora con un aire de preocupación, que rápidamente transmitió a Shin.

-Oh cielos, ¿Acaso… es muy grave? –Inquirió con una preocupación mayor.

-Con exactitud no lo podría afirmar, más en un caso como este… quizá su memoria nunca pueda recuperar. –Dijo Kuhn seriamente, lo cual dejo a la joven impactada. Esta última no fue capaz de decir palabra alguna durante unos momentos, mientras que el doctor esperaba a que se repusiera para continuar.

-¿Qué… que deberíamos hacer? –Inquirió, aún desolada por aquella revelación.

-Lo que han estado haciendo, cuidar de él, por el momento. El señor Felshak pretende devolverlo a su tierra natal a toda costa cuando sus heridas hayan sanado, aunque con eso no estoy totalmente de acuerdo, pues necesita de otros cuidados.

-¿A qué te refieres? –Inquirió Shin, confundida, pues muy rara vez, si no es que nunca, el hábil doctor estaba en desacuerdo con el jefe de la aldea, al cual consideraba no solo como un amigo, sino también como un hijo.

-Señorita Shin, usted sabe bien que a su padre desde siempre he respetado, pues lo he acompañado en cada decisión que ha tomado, sin embargo, no puedo hacerlo en este momento, pues él no estará de acuerdo con mi criterio medico. Ahora el niño está bien, feliz y sonriente, pero la amnesia es causa no solo del golpe, sino quizás también del shock por el accidente, y como he dicho antes, puede que sea permanente. Aún así, si su memoria recupera, su reacción no será muy buena, y las cosas no mejorarían, si se entera de que ha perdido a su madre hace algunos días. Lo ideal sería que el pequeño con ustedes permanezca, no solo hasta que haya finalizado su recuperación, pues aunque su padre lo desee, no sería prudente devolverlo a Equestria en su condición. –Concluyó finalmente Kuhn, dándole a Shin su punto de vista médico. Aquella permaneció pensativa por unos momentos, antes de decirle estas palabras.

-¿Crees que puedas hablar con mi padre al respecto? Para… hacerlo entrar en razón…

-Lo intentaré, somos muy buenos amigos, pero en estas cuestiones, en nuestra forma de pensar diferimos. Además Felshak a veces se cierra totalmente, y entonces a nadie atiende.

-Lo sé, yo… intentaré hablar con él cuando Blast se haya repuesto de sus heridas, pues hoy preferiría quedarme en casa… a cuidar de él. –Decía Shin, algo apenada. Kuhn sonrió al escuchar esto.

-Algo de cariño le has tomado, ¿O acaso estoy equivocado? –Inquirió aquel, mientras que la joven permaneció en silencio, sonriente.

-Saluda a Kanto de mi parte, por el momento debo retirarme.

-Claro. Gracias por todo Kuhn, realmente eres un gran amigo.

-No hay de que, señorita, siempre estaré disponible si me necesitan. –Dijo el sabio anciano, sonriéndole por última vez, antes de retirarse.

Shin sabía que no podía darse el lujo de perder el valioso tiempo, pues si el pequeño iba a quedarse en su pueblo por un tiempo "prolongado", necesitaría hablar el idioma de su gente, de otra forma las cosas podrían complicarse aún más.

En ese momento, la joven regresó al cuarto del niño, y comenzó con la tarea de "ayudarle a recordar" su idioma, mientras Kanto permanecía a su lado en todo momento, pues aquellas clases le serían de provecho a aquel también.


Durante los días que debió permanecer en reposo, el unicornio aprendió de boca de sus "padres" gran parte del lenguaje de Upendo (con la escusa de enseñarle el "idioma actual" que supuestamente había olvidado), para así poder comunicarse fácilmente con el resto de los habitantes. Para su sorpresa, el pequeño era muy inteligente, pues prestando atención a cada palabra enseñada, en menos de dos semanas era capaz hablar su idioma casi fluidamente (aunque no perfectamente), se trataba de un niño muy singular.

Para la suerte de la pareja, el viejo y sabio Kuhn se encargó no solo de hacerle saber del estado del unicornio al jefe de la aldea (que se mostró indiferente ante esto), sino también al resto de los habitantes del pueblo, para que así supieran como debían actuar en caso de que aquel saliera de su casa, tan solo por un tiempo, hasta que se hubiera marchado de la aldea, como deseaba su líder.

Durante los días siguientes, varios integrantes del clan Vivuli se presentaron con el sabio Felshak del Trueno, líder del clan, en su hogar, preocupados por los problemas que podrían conllevar el tener a aquel niño en su aldea.

La mayor parte del clan no se mostraba para nada convencida de que aquello fuese una buena idea, claro, todos ellos pensaban de la misma manera que el jefe en esa cuestión, pero este los calmaba, diciéndoles que tan pronto como sus heridas hubieran sanado, partiría de la aldea en ese momento.

Durante aquellos días, el jefe Felshak ni siquiera se presentó en la casa de su hija, para evitar a toda costa hablar sobre el problema del unicornio, pues temía dejarse convencer por ella y permitirle a este permanecer allí, ya que consideraba que ello, más tarde, solo traería dificultades.

Luego de haber recuperado la movilidad de sus cascos, una tarde, mientras Kanto se encontraba realizando labores con su equipo, Shin ayuda al pequeño a salir de su cama, para que este lo acompañara a hacer las compras, y de camino, poder enseñarle el pueblo. Solo desde ese momento, Blast pudo finalmente, luego de dos largas semanas, ver más allá de las paredes hechas de bambú de su habitación y de su hogar, para poder ver el exterior.

Claro, como no recordaba haber estado allí antes, se trataba de un mundo totalmente nuevo para él. Las demás viviendas del pueblo, de uno o dos pisos, al igual que la suya propia, estaban hechas de bambú casi en su totalidad, aunque también tenían cristales en las ventanas, y los techos estaban hechos de alguna clase de paja.

Una llamativa vivienda que se encontraba en el centro del pueblo se veía a lo lejos, y se diferenciaba de las demás, pues tenía extrañas decoraciones en la entrada. Esta era probablemente la casa de su abuelo, el líder de la tribu, pero también llamaban la atención ciertas torres delgadas que cerca de esta se ubicaban, las cuales parecían estar destinadas a vigilancia.

Aunque el patrón de las casas construidas era similar, este se veía interrumpido por construcciones más pequeñas, que parecían ser tiendas, que ofrecían diversos productos. Los caminos eran de tierra (no estaban empedrados), y el pueblo en su totalidad estaba rodeado por el bosque, el cual no permitía visualizar nada más allá de este.

Entraron a la tienda de comestibles, y luego de adquirir algunos vegetales, los cuales la joven pagó con algunas monedas de oro, se retiraron. Shin se extraño de que el vendedor, Bicar, el esposo de una de sus más queridas amistades, ni siquiera se inmutara por la presencia del pequeño, es más, pareció ignorarlo totalmente. Claro que Blast no había notado esto.

Al alejarse unos cuantos metros del comercio, una joven cebra de pelaje gris, con rayas casi del mismo tono que cubrían la mayor parte de su cuerpo, de ojos color miel, con cinco aros dorados en su cuello, y una marca en forma de una manzana, se acerca a Shin.

-Shin, amiga mía, ¿Cómo estás? ¡Hace varios días que no te veía! –Exclamó alegremente aquella joven.

-Estoy bien, tranquila, es solo que he estado… algo ocupada. –Dijo ella, sonriente, señalando con la mirada al pequeño a su lado.

-¿El es…? –Inquirió con una sonrisa, siendo interrumpida por su amiga.

-Así es.

-Oh, y hola a ti también pequeño, quizá no me recuerdes, asique estaría bien que nos presentemos una vez más. Mi nombre es Nalu, ¿Tu cómo te llamas? –Inquirió sonriente la cebra.

-Soy… mi nombre es Blast Fire, mucho gusto señorita…-Dijo él, algo apenado.

-Que niño tan educado, debes estar orgullosa Shin. –Decía la alegre joven, tratando de disimular, pues Kuhn les había hablado a ella y a los demás habitantes sobre la situación del niño, y les solicitó de la forma más amable que, si llegaban a verlo, no comentaran sobre nada concerniente a su especie, y que fuera tratado como un igual, como si hubiera estado viviendo en aquel pueblo desde su nacimiento, para así no levantar sospechas en este.

-Claro que lo estoy. –Dijo ella, con una cálida sonrisa dirigida al niño.

-¡Nalu! ¡Ven aquí! –Exclamó su esposo, desde la pequeña tienda de víveres.

-Debo volver a mi lugar, espero verte por aquí más seguido Blast, pues has estado mucho tiempo dentro de tu hogar. –Dijo la joven, a lo que el muchacho solo se limitó a asentir y a sonreír.

-Te veré más tarde amiga, salúdame a Bicar de mi parte. –Dijo ella serenamente, refiriéndose al esposo de su amiga.

-¡Claro! ¡Y tú salúdame a Kanto! ¡Y dile que no he olvidado que prometió ayudarnos a cosechar la próxima semana! –Exclamó ella, riendo, antes de retirarse.

Pronto madre e hijo continuaron su camino hacia su hogar, mientras Nalu se dirigía a la tienda de su marido.

-¿Qué estás haciendo? –Inquirió él, molesto.

-Presentándome, ¿Acaso tiene eso algo de malo?

-Sí, que ni siquiera deberías hablar con él. Felshak lo dejó muy claro, ese pequeño ahora está bien, asique en los próximos días seguramente lo devolverán a su tierra natal, asique será mejor que solo lo ignores, pues dentro de poco todo volverá a la normalidad. –Dijo Bicar, que luego de decir estas palabras, retomó sus labores en su comercio, mientras la joven no podía evitar sentir algo de tristeza, mientras observaba a su amiga y a su "hijo" retirarse a su morada, pues hacía mucho tiempo que no la veía tan alegre, y bien sabia que ese pequeño era la causa de su felicidad.

La joven y su hijo se encontraban camino a casa, cuando de pronto, el muchacho, que platicaba con su madre, se detiene en seco, mirando en dirección a una de las tiendas. Shin lo observó extrañada, pero en ese momento, se percató de que era lo que había llamado la atención del niño.

En ese instante, aquel había quedado conmovido por la belleza de una de las jóvenes cebras que allí se hallaban, adquiriendo hierbas en una pequeña tienda, que al percatarse de esto, le sonríe cálidamente. Al acercarse ella a saludar a la joven Shin y al niño, este último se esconde tras su madre.

Era tan solo una pequeña, de cabello lacio de color gris y blanco, pelaje gris con rayas de un tono más oscuro que cubrían la mayor parte de su cuerpo, profundos ojos azules, una marca en forma de sol en sus flancos, y un aro dorado en su oreja derecha.

-Buenos días señorita Shin, y buenos días Blast. -Decía la jovencita con una aguda voz, deteniéndose a observar al unicornio.

-Ho-… hola… -Respondió él nerviosamente, sonrojado. A lo que ella respondió con una sonrisa.

-Que alegría verte, Shisui, parece ser que los ancestros nos han obsequiado otro hermoso día. ¿Estabas acaso obteniendo ingredientes para tu mentor?

-Así es, he adquirido tallos de kira, flores de amarezo, y fruto del hizura, para así a mi maestro asistir y preparar una potente cura. –Decía ella, mostrándole los ingredientes en su bolsa, para que aquella les dé el visto bueno, pues Shin poseía un ojo excepcional para las hierbas medicinales.

-Tienen buena pinta. Oh, por favor, saluda al sabio Kuhn de mi parte. –Decía la joven alegremente, despidiéndose.

El joven Blast no creía haber visto ni sentido algo semejante jamás, era como si estuviera frente a la hermosa mirada de un ángel. Tan cautivado por su belleza estaba, que no advirtió que sus mejillas se tenían de rojo, cada vez mas y mas. La niña notó esto, y rió un poco antes de asentir a lo dicho por Shin, y continuar su camino hacia su hogar. Una vez que estuvo a una cierta distancia, la joven se dispuso a hablar.

-Ella es Shisui del Sol, a la edad de 13 años se ha convertido en una de las mejores doctoras de nuestro clan, siendo ella alumna de Kuhn de las Sombras… -Decía la joven Shin, riendo para sus adentros, notando la expresión del pequeño, que permanecía casi boquiabierto, admirando a la cebra mientras ésta se retiraba a su morada.

-¿Blast? –Inquirió la joven, sonriente, al no recibir respuesta.

-¿Uh? ¿Q-qué sucede? –Respondió el, algo nervioso. Shin rió un poco por causa de su reacción.

-No, no es nada, vamos, regresemos a casa. Tu padre llegará en aproximadamente una hora, ¿Quieres ayudarme a preparar la cena?

-¡Claro! –Dijo él con alegría, para luego caminar al lado de su madre hacia su hogar, ocasionalmente volteando hacia atrás, buscando con la mirada a la niña que había conocido.


Y así pasaron quince días y quince noches, cuando una mañana, al alba, se presentaron en el pueblo cinco criaturas equinas blancas, aladas, con armaduras doradas, y frías miradas en sus rostros. El jefe Felshak, que se encontraba recorriendo el pueblo como cada mañana, pronto se acercó a los extraños visitantes, seguido de dos cebras de la rama guerrera que ahora ejercían como sus guardias, pues no sabían cuál era la causa de su visita.

-Buenos días señor, lamentamos importunarlos a usted y a los demás habitantes de esta aldea, pero necesitamos hablar con quien se encuentre al mando. –Dijo el soldado del centro, con severidad.

-Están ante él. Mi nombre es Felshak del Trueno, líder del clan Vivuli, ¿Quiénes son ustedes? ¿Y qué es lo que quieren? –Dijo el jefe con severidad, claramente a la defensiva.

Shin despertó de su sueño como cada mañana, antes que nadie, levantándose del sillón cercano al lecho (en el cual dormía cada vez se quedaba hasta altas horas de la noche, contándole historias al joven unicornio hasta que este finalmente caía en brazos de Morfeo) y acercándose a la ventana, encontrándose con el peor escenario posible en el exterior de la morada, los ponis finalmente habían arribado a sus tierras.

Los viajantes que habían llegado al pueblo eran nada más y nada menos que pegasos de la guardia solar, según se podía notar por la armadura que vestían. La joven sintió su corazón detenerse por un momento, al caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo.

El dirigible… estarán aquí por el accidente y… oh Dios no… Blast…. –Pensó la joven, que se volteó en dirección al muchacho (el cual yacía en cama durmiendo profundamente) con una gran preocupación, pues aquellos soldados probablemente se encontraban en el pueblo en busca de supervivientes del accidente, no había tiempo que perder.

Su esposo y el niño se encontraban profundamente dormidos, por lo cual no debía preocuparse por ellos, pero debería actuar rápidamente si lo que deseaba era no perder a Blast para siempre.

El pegaso del centro se acercó al jefe a una distancia considerable, mientras las dos cebras tras el jefe se adelantaban y tomaban posición de ataque. El joven se sorprendió, y encontró que aquello había sido tomado como un posible intento por atacar al líder, por lo cual se limitó a detenerse a escasos metros, y quitándose su casco en señal de respeto para referirse a aquél. El pegaso tenía pelaje blanco, melena rubia, y ojos azules. Su Cutie Mark estaba oculta por causa de la armadura dorada.

-Mi nombre es Cloud Skipper, sargento de la división primera de la guardia solar, al servicio de la Princesa Celestia de Equestria, deidad del sol. Mi equipo y yo hemos sido enviados aquí luego de no recibir información por parte de la tripulación del Platinum Star.

-¿Se refiere al dirigible que se estrelló en una de las islas del norte? –Inquirió el jefe.

-Precisamente, nos encontramos con los restos del transporte, y con numerosas tumbas al pie de este. Ustedes fueron quienes las cavaron para las víctimas del accidente, ¿Verdad?

-Así es, era lo menos que podíamos hacer por ellos. –Respondió el, cerrando sus ojos mientras hablaba, y abriéndolos al concluir.

-Mi pueblo se lo agradece de la manera más honesta, señor Felshak, en verdad. Ahora debo preguntar, pues este es el único pueblo en millas a la redonda, ¿Tiene usted conocimiento de que fue lo que causó aquel siniestro?

-No, mi gente halló el dirigible cuando ya se había estrellado.

-Entiendo, ¿Y ha habido algún superviviente al choque, que se encuentre en esta aldea? –Inquirió el joven. Para el jefe, había llegado el momento de poner fin a su problema.

-Bueno, verá… -Decía Felshak, que de repente fue interrumpido por la inconfundible voz de Shin.

-¡No! –Exclamó la joven, exaltada, acercándose rápidamente a su padre.

-No, no ha habido supervivientes de aquel accidente. Mi esposo y yo encontramos el dirigible antes que nadie, lo investigamos y no hallamos a ningún poni con vida, lo siento mucho. –Decía la joven, intentando disimular los nervios que la invadían, lo cual le daba al pegaso, quien la observaba seriamente, motivos de sobra para sospechar.

-¿Es eso cierto? –Inquirió ahora dirigiéndose a Felshak, para confirmar lo que decía la joven cebra.

El jefe se encontraba entre la espada y la pared. Claro que había un superviviente, un único superviviente: aquel niño unicornio que su hija había traído consigo, a quien estaba dispuesta a proteger a cualquier costo, como a un hijo, por más que no compartiera ningún lazo de sangre con él, por más que ni siquiera fuera de su misma especie.

El jefe dudaba una y otra vez, ese era el momento que había estado esperando desde que aquel muchacho se presentó en la aldea, amenazando con acabar con la tranquilidad de la cual sus habitantes habían gozado hasta el momento gracias a él. Pero exponer al niño en ese momento, y que aquellos ponis se lo llevaran a Equestria, a un orfanato, le rompería el corazón a su ser más amado en el mundo, a su única hija.

¿Qué otras opciones tenía? Ahora, pensándolo fría e imparcialmente, sin considerar lo que había sucedido con los leones en el pasado, ¿Estaba arriesgando de alguna forma a su pueblo al permitirle al niño allí quedarse? El pequeño no era capaz de recordar nada de su vida anterior, los pegasos no parecían tener conocimiento de la cantidad de pasajeros que en el transporte se encontraban, ¿Podría acarrear un problema de dimensiones internacionales el permitirle quedarse, cuando no había otra familia que estuviera esperando su regreso en su tierra natal?

El pensar en aquello no le hacía ningún bien al viejo Felshak, pues por más que tuviera que actuar por el bien de su aldea, le dolía el hecho de que, al volver, el muchacho pasara solo el resto de sus días, luego de haber conocido el calor de una verdadera familia. Pronto, emergió de sus pensamientos, para finalmente responderle al sargento, ahora estaba decidido.

-Así es… no ha habido ningún superviviente. Enterramos todos los cuerpos, y colocamos un objeto personal de cada equino fallecido sobre las cruces, para identificarlos de alguna forma. –Decía el jefe con mucha seriedad, claramente omitiendo un importante detalle. El pegaso dudó por un momento de aquellas palabras, pero pronto concluyó que se encontraba frente a respetados médicos y guerreros, que nada ganarían con ocultarle alguna información.

-De acuerdo. Felshak del Trueno, líder del clan Vivuli, mis más sinceros agradecimientos por su atención, si requerimos de algo más, lo contactaremos. –Dijo el joven pegaso, no muy convencido, mientras volvía a colocarse su casco, se dirigía al resto de su división, y rápidamente, todos emprendían vuelo en dirección a la isla Rafiki, probablemente a terminar con su trabajo, y para determinar cual había sido la causa del accidente.

Las dos cebras que protegían al jefe no se mostraron muy convencidas de que aquel no hubiera dicho nada sobre el unicornio, pero respetaron su decisión, y pronto se retiraron a retomar sus actividades. Felshak suspiró pesadamente, observando a los ponis alados marcharse, mientras su hija permanecía a su lado en todo momento.

-Gracias padre... -Decía Shin, con los ojos humedecidos.

-Sabes que no podría hacer algo que pudiera lastimarte, hija mía… ahora ve, no querrás que tu familia se preocupe si despiertan y no te encuentran en casa. -Decía él paternalmente, y dificultosamente dibujando una sonrisa en su rostro.

Shin sonrió ampliamente, intentando contener la alegría que sentía, con lágrimas de felicidad que corrían por sus mejillas, y abrazando cálidamente a su padre, quien respondió al gesto rápidamente.

-Gracias… -Susurró ella una vez más, conmovida.