Capítulo 111: Una pérdida generadora de conciencia

Redactora:

El segundo día de guerra en el valle Kifo-Kisasi fue todavía más difícil de librar que el anterior para los guerreros de ambos bandos. Esta vez, tal como se había acordado, fue el turno de Lazy-Eye de cuidar a los cachorros, y Nuka fue enviado a combatir.

Fue un segundo día de batalla lleno de dolor y sufrimiento.

Los ejércitos comandados por los reinos vecinos, de nueva cuenta volvían a llevar la ventaja. El ejército de Zira estaba cada vez más y más débil, aunado a que Nuka definitivamente no tenía habilidad para pelear, aunque sí el conocimiento, gracias a los entrenamientos.

Las mordidas y zarpazos más terribles no se hicieron esperar. Ambos bandos luchaban con firmeza y dignidad hasta donde sus capacidades se lo permitían. Nuka fue de los más afectado, pues siendo tan frágil, se desmayó apenas recibió una leve mordida y un ligero golpe en la cabeza.

La lucha parecía interminable. El monstruo terrible de la guerra cubría el valle de "Kifo-Kisasi", y atrapaba entre sus garras a todos los leones involucrados. El viento presagiaba sus horrores.

El segundo día de guerra trajo consigo desesperanza absoluta. Angustia y consternación se respiraban en el aire.

Al caer el ocaso, el monstruo de la guerra se había vestido con tono carmesí y un aire triunfal, cobrando su primera gran víctima; una leona la cual había caído gravemente herida; se trataba de Cintia, la madre del pequeño Rakchasa.

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La conmoción por la muerte de la leona se apoderó de todos. Fue por esto que la guerra se detuvo. El orgullo tuvo que ser doblegado y ante tan horrenda escena, el rey Shizan, se apresuró a gritar: ¡Retirada!

Los miembros del ejército comandado por los reyes de los gobiernos vecinos doblegaron su orgullo, y contrajeron sus uñas, acto seguido dieron media vuelta. La lucha, había llegado a su fin.

Zira, cegada por la terquedad, gritó: "¡regresen acá y peleen, cobardes!". Fue entonces cuando el Rey Tuni, se volvió hacia Zira y le dijo: ¿No te da pena y horror lo que has visto? ¿Acaso quieres seguir con esto?, declaramos esta guerra finalizada, y eso será todo.

Zira estaba furiosa, ella no quería dejar de luchar. La terquedad la había privado de su razón.

Los ejércitos de los gobiernos vecinos, pasaron a retirarse, dejando a Zira con su coraje y sus ganas de seguir peleando.

Sin embargo, al pasar unos minutos, Zira buscó conectarse con los sentimientos de las demás leonas del ejército de Haki, ella también comenzaba a tomar conciencia de que haber cesado la guerra había sido lo mejor, después de todo Cintia había sido una de sus mejores amigas y el dolor por esa pérdida estaba empezando a apoderarse de ella también.

Guardando un minuto de silencio, todos le rindieron honores a Cintia, pero en especial Zira se sentía muy deprimida, la leona que había fallecido, en verdad le había dolido, porque la consideraba su amiga, y peor aún; ¿Y ahora cómo se lo dirían al pobre Rakchasa?

Scruffy y otra leona llamada Samanta, se ayudaron mutuamente para cargar a Nuka, quien aún estaba inconsciente por el golpe recibido en la cabeza.

Después se dirigieron a la cueva donde los pequeños Kovu, Vitani y Rakchasa, custodiados por Lazy-Eye aguardaban temerosos los acontecimientos.

—¿Qué sucedió? –Fue lo primero que preguntó Rak, al ver que todos habían regresado, menos su madre—; ¿Dónde está ella?

Scruffy, quien junto con los demás, había decidido que era mejor no andarse con rodeos, bajó la cabeza y con los ojos cerrados, le dijo:

—Perdimos a tu madre en la batalla.

El llanto y el silencio, reinaron el lugar. El pequeño quedó impactado por la noticia y se quedó mudo.

Cuando Nuka recobró la conciencia, se enteró de la muerte de Cintia también, y la tristeza se apoderó inmediatamente de él.

Todos guardaban silencio. Solo se escuchaban los tristes sollozos del pequeño Rakchasa.

Los cachorritos Nuka y Vitani, también lloraron, pues les dolía ver a su amigo tan mal. Ambos cachorritos abrazaron a Rak intentando consolarlo. Después todas las leonas se acercaron a él, con el fin de reconfortar al pequeño.

El ambiente que se vivía, era en verdad muy penoso.

Pasadas dos horas aproximadamente, las cuales fueron dedicadas al luto de Cintia, las leonas decidieron regresar a Las Tierras del Reino, muy desganadas.

Una guerra inútil, que se había cobrado una vida útil, dejando huérfano a un pequeño.

¡Qué despreciable!