Capítulo 7 – Siempre a tu lado
Blast Fire – 14 Años | Shisui – 17 Años
El manto rojo rápidamente cubrió totalmente al joven poni, mientras aquel ahora sentía los músculos de su cuerpo contraerse, causándole dolorosos desgarramientos en diversas áreas de aquel. Pronto, no fue capaz de mantener el más mínimo control de su flujo de energía.
El padre galopó rápidamente al encuentro de su hijo con intención de auxiliarlo, pero una extraña extensión (la cual emergió de aquel manto) lo impactó directamente en el rostro, haciendo que retrocediera varios metros. Kanto se cubría con sus cascos, sintiendo un fuerte ardor en su mejilla derecha, del cual pronto conoció la causa, al descubrir su rostro.
Varias extensiones, que parecían ser lenguas de fuego, se extendían desde aquella aura roja en todas direcciones, incinerando todo el césped a su alrededor, mientras ahora el unicornio permanecía sobre sus cascos traseros, siendo sostenido únicamente por aquella aura, al tiempo que su ojo derecho se perdía en un resplandor rojo, y el izquierdo derramaba lagrimas de horror.
-¡Padre! ¡Ayúdame! –Gritaba y suplicaba Blast con total desesperación, habiendo perdido totalmente el control de sus habilidades, y de su cuerpo.
Kanto no sabía qué hacer; poseía el poder necesario para contrarrestar el ataque del unicornio, pero no era capaz de hacer uso de él, no contra su propio hijo.
Asili Hekima… no, es imposible. Sin embargo… -Pensaba la figura en las cercanías, oculta tras la flora del lugar, expectante de la situación.
-¡Por favor! ¡No puedo detenerlo! –Gritaba el unicornio, consternado, mientras que el rostro de su padre reflejaba poco más que la angustia que sentía.
Si hacía uso de aquella técnica especial para detenerlo, la vida de su hijo podría correr grave peligro, pero de no hacerlo, ¿Cómo acabarían las cosas? Kanto estaba acomplejado, era una difícil decisión, y no podía evitar preguntarse: ¿Cómo actuaria Felshak en aquella situación?
No le tomó mucho tiempo averiguarlo, pues momentos después oyó los fuertes gritos de su líder que provenían desde detrás de él. Al voltearse rápidamente, encontró que aquel se dirigía hacia su posición galopando a gran velocidad. Kanto sintió un alivio fugaz, que se esfumó por completo al notar el estado en que se encontraba el jefe.
El cuerpo entero de Felshak ahora expedía un resplandor de color celeste claro que se mantenía estable sobre su pelaje, mientras la sombra de sus ojos cambiaba rápidamente respecto a la del Hekima ordinario, pues se expandía desde su posición original, tomando la forma de líneas oscuras que se extendían alrededor de sus ojos, y a los lados de su rostro hasta un punto cercano a sus orejas.
-¡Kanto! ¡Aléjate! –Ordenaba el jefe, aún a la carrera.
-¿Qué… qué va a-…? –Cuestionaba balbuceante el joven padre, expresando sin reservas su temor pues sabía exactamente lo que su suegro pretendía.
-¡AHORA! -Grito una vez más, iracundo.
Kanto no tenía otra opción. Desesperado, se apartó rápidamente del camino de Felshak quien apresuró su paso y, concentrando rápidamente todo su poder en su casco derecho al llegar donde el unicornio, golpeó fuertemente y sin miramientos su vientre, haciendo que aquel exhalara todo el aire que contenía su cuerpo en una sola bocanada.
El tiempo se detuvo para todos los presentes mientras el casco del jefe impactaba a Blast. Instantes después, respondiendo al ataque, fue impulsado hacia adelante mientras, en el aire, aquel mantenía sus ojos bien abiertos, y la extraña aura que lo cubría se disipaba rápidamente.
Luego de ello, su cuerpo cayó inevitablemente en el lago, desde el cual no volvió a emerger. Kanto permaneció unos segundos atónito, antes de reaccionar.
-¡BLAST! –Gritó lleno de desesperación, al tiempo que galopaba rápidamente hacia el lago para luego saltar en él y sumergirse.
Mientras tanto Felshak, que aún continuaba rodeado por las llamas que el unicornio había generado (siendo protegido de ellas por aquel resplandor celeste), se paró sobre sus cascos traseros para golpear fuertemente el suelo con los delanteros. Luego de un gran estruendo, las llamas que comenzaban a extenderse a su alrededor, desaparecieron en su totalidad sin dejar rastro alguno, más que césped quemado.
Segundos después Kanto emergió del lago, llevando a su joven hijo sobre su espalda. Nadó trabajosamente hasta la orilla, para luego depositarlo en el suelo y atenderlo. Felshak había desactivado aquella inusual técnica y, mientras la extraña sombra en el área superior de su rostro regresaba a su posición original para luego desaparecer, permanecía con serena expresión.
-¡Blast! Blast… por favor, reacciona… ¡Vamos hijo, reacciona! -Decía el padre, golpeando su mejilla derecha con su casco, e ignorando a Felshak, que se había acercado a él.
Pronto, el unicornio comenzó a expulsar el exceso de agua que se había alojado en sus pulmones. Su padre suspiró con alivio.
-¡Blast! Cielos… gracias a los ancestros que estas bien. -Decía el joven al ver que su hijo, aunque con dificultad y con los ojos cerrados, aun respiraba. El unicornio no estaba inconsciente, pero el dolor que lo invadía le impedía incluso pronunciar palabra alguna. En ese momento, la expresión del padre cambió una vez más, antes de dirigirse al líder.
-Y usted… ¡¿Se puede saber en qué… cascos estaba pensando?! –Exclamaba Kanto mientras se incorporaba, para quedar cara a cara con el jefe.
-Me extraña en sobremanera que tú, Kanto de la Noche, considerando el poder que tienes te hayas quedado ahí parado… como un niño asustado. Hice lo que tú debiste haber sido capaz de hacer en un principio: detenerlo antes de que fuese demasiado tarde… -Explicaba aquel, muy seriamente.
-¿"Detenerlo"? ¡¿"Detenerlo"?! ¡Estuvo a punto de matar a mi muchacho! –Gritaba iracundo el joven padre.
-Quizá tú no sepas como tomar una decisión con la cabeza fría, pero yo sí. No tienes nada que reclamarme, pues de no ser por mí ahora quizá estarías muerto… muerto por los cascos de tu propio hijo. –Replicaba Felshak, irritado por las palabras de su yerno.
-El… no sabía lo que hacía, perdió el control por completo y… -Decía Kanto, bajando la voz.
-Lo sé, y es por eso que no puedo simplemente pasar por alto esta situación. Ahora carga a tu hijo, debemos volver a la aldea y tratar sus heridas, para luego convocar al consejo y hablar seriamente sobre esto.
Kanto no pudo hacer más que callar. Sabía que el jefe hablaba con verdad y no podía contrariarle, pero eso no ocupaba un lugar importante en su mente por el momento, lo que le preocupaba realmente ahora era tratar las heridas de su hijo, pues no eran lesiones ordinarias.
Media hora después, mientras los cálidos rayos del sol el atardecer aún decoraban el paisaje, ambas cebras regresaban a Vizuri, llevando al unicornio sobre sus hombros.
Apenas entrados en el lugar, saliendo del bosque fueron recibidos rápidamente por un ser muy allegado a ellos, que había acudido rápidamente al haber sentido desde su hogar un flujo irregular en la energía de su hijo, que se acercaba al pueblo.
-¡Blast! ¡Oh… oh Dios mío! ¡¿Qué… qué fue lo que paso?! ¡¿Acaso los atacaron?! –Cuestionaba con preocupación Shin, mientras galopaba rápidamente hacia su esposo y a su hijo, quien se encontraba gravemente herido.
-No, tuvimos… "problemas" durante el entrenamiento, pero eso no importa ahora, hay que llevarlo con Kuhn para tratarlo inmediatamente. –Respondió Kanto con seriedad.
-Sí, sí, debemos apresurarnos; padre, ¿Tú qué hacías con ellos? –Inquirió Shin, mirando en dirección a Felshak.
-Estaba cerca de su zona de entrenamiento, asique decidí ir a ver cómo iban las cosas… -Respondió el jefe relajadamente.
-Pero… ¿Qué fue lo que-…? –Cuestionaba la joven, siendo interrumpida por su padre una vez más.
-Les recomiendo que se apresuren, mas tarde habrá tiempo para explicaciones, pero si deseas que este niño no tenga secuelas será mejor que lo lleven con Kuhn de inmediato. –Concluyó Felshak, cortante, mientras se retiraba al pueblo y se perdía de vista.
Shin se encontraba desconcertada por la actitud que había tomado su padre, pero no era momento para pensar en ello. La pareja no perdió tiempo y, transportando al unicornio sobre sus hombros, se apresuraron a llevarlo donde el mejor curandero del pueblo.
Rápidamente llegaron a la morada del doctor, donde irrumpieron apresuradamente y sin avisar, abriendo la puerta de par en par, para encontrar al anciano removiendo un caldero burbujeante, probablemente preparando un nuevo brebaje. Aquel rápidamente dirigió la mirada a ellos, inquietado.
-Kanto, Shin… ¿Qué es lo que-…?
-Kuhn, ¡Necesitamos tu ayuda de inmediato! ¡Por favor! –Decía el joven padre, con desesperación.
El hábil doctor, al notar el estado en que se encontraba el unicornio, no perdió tiempo y rápidamente auxilió a la pareja, guiándola a que colocaran a su hijo boca arriba sobre una robusta camilla cercana, hecha de bambú y hojas de plátano.
Comenzó activando el Hekima, y haciendo uso de él para rápidamente hallar las zonas afectadas. El joven respiraba agitadamente, y se encontraba apenas consciente.
-¿Qué fue lo que pasó? –Cuestionó Kuhn, mientras realizaba la observación. Kanto le respondió rápidamente.
-No lo sé; estábamos entrenando en combate como de costumbre, pero algo muy extraño sucedió: su cuerpo comenzó a emitir un destello de color rojo, y comenzó a incinerar todo a su alrededor; si Felshak no hubiera estado ahí… no quiero ni imaginar lo que podría haber sucedido. -Relataba el joven guerrero, al tiempo que los ojos del doctor se abrían de par en par, para luego dirigirle una preocupada mirada.
-¿Crees… crees que haya sido-…? –Decía el curandero, para ser interrumpido por Kanto.
-No, lo dudo. Para empezar no se parecía en lo más mínimo. –Respondió aquel, con seria expresión.
-Entiendo que es algo inusual, amigo mío; pero entonces, ¿Qué más pudo haber sido?
-Esperaba que usted pudiera decírmelo… -Replicó, con mucha preocupación.
Kuhn calló, y continuó investigando mediante sus ojos especiales y el tacto de sus cascos en diversas zonas del cuerpo de aquel. Encontró con desagradable sorpresa que gran parte de los músculos del joven se encontraban desgarrados peligrosamente. Un claro signo de un uso excesivo de Hekima, aunque el doctor bien sabía que esa no era toda la historia.
Unos momentos más tarde, toda su atención se centró en el vientre del unicornio, el cual no solo presentaba daños similares a los del resto de su cuerpo, sino que había daños masivos en todos los tejidos cercanos. Un deterioro de esa magnitud tan solo podría haber sido provocado por una técnica en particular, que aquel había conocido muy bien durante la guerra sucedida años atrás.
-Por los ancestros… -Susurraba Kuhn imaginando la situación que pudo haber llevado a Felshak a esos extremos, y ganándose las miradas de absoluta preocupación de la pareja.
-¿Qué? ¿Qué sucede? –Inquirieron ambos, a lo que el doctor respondió sin quitarle los ojos de encima al unicornio.
-Shin, pronto, tráeme un mortero, dos flores de Kairazo, savia de roble de cien años, extracto de Yamelí, y granos de polen de Raikí; ¡Rápido y con cuidado! ¡Todo está sobre aquel estante situado! –Exigía el doctor, señalando el armario cercano a la puerta de su lugar de trabajo, mientras que rápidamente devolvía la atención a su paciente.
La sangre de Shin se heló por un instante al escuchar el pedido del doctor, pues ella bien sabía que aquellos medicamentos herbales solo se utilizaban en conjunto en casos extremos, donde el paciente sufría de graves heridas internas, y era posible que su vida peligrara. Su esposo desconocía aquel dato, por lo cual solo se limito a callar, intentando mantener la calma y obedeciendo la orden de Kuhn.
Los cascos del doctor tomaron en un instante una tonalidad verde claro, y aquel los colocó sobre el vientre de Blast rápidamente. Esta técnica permitía al usuario de Hekima (de la rama médica) hacer circular la energía de su flujo "normal" en serie con el del paciente (el cual se encontraba "irregular"), de forma que el flujo de energía en el cuerpo de este último poco a poco pudiera normalizarse, y comenzar a sanar las heridas parcialmente por sí mismo.
En tanto, la joven guerrera aparejaba cuatro frascos y un mortero, todo lo solicitado por Kuhn, en una pequeña mesa cercana a la camilla.
-Señorita Shin, con esto usted me deberá ayudar, pues rápidamente debemos actuar. Coloque todos los ingredientes en el recipiente, y moliéndolos rápidamente, agregue una pequeña cantidad de agua caliente. Luego, permítame la mezcla resultante, para a su hijo el tratamiento facilitarle.
La joven asintió, y sin perder tiempo hizo todo lo solicitado. En un abrir y cerrar de ojos el preparado estuvo listo. Al haber completado la primer parte del tratamiento, los cascos de Kuhn perdieron aquella tonalidad verde que habían tomado.
-Ahora, Kanto, debes sostener al muchacho, pues el efecto de esta preparación probablemente no sea de su agrado.
El joven padre hizo caso al pedido del sabio anciano, y rápidamente tomó al muchacho por los cascos traseros, mientras que aquel lo tomaba por los delanteros.
-Shin, vierte la preparación en su vientre, y espárcela rápidamente.
La joven madre se preparó mentalmente para lo que vendría, pues por causa de los ingredientes, sabía con certeza lo que sucedería. Comenzó a verter el contenido del mortero, espeso como la miel, sobre el cuerpo de su hijo, quien al tacto con el preparado dio un fuerte alarido, lleno de dolor y desesperación desde lo más profundo de su ser, estremecido.
El muchacho forcejeaba en un intento desesperado por liberarse de los cascos que lo aprisionaban, pues el dolor que sentía en su abdomen ahora se había centuplicado.
Mientras esparcía con su casco derecho aquella sustancia la joven madre cerraba sus ojos con fuerza, pues estar provocándole tal dolor a su hijo (sumado a sus desgarradores gritos de padecimiento), aunque fuera necesario, realmente la estaba matando por dentro.
Luego de unos interminables minutos de agonía, el joven unicornio quedó inconsciente por causa del dolor. Entonces, Kanto y Kuhn lo liberaron de su aprisionamiento para que luego el primero, siguiendo las órdenes del segundo, lo tomara por la espalda, sosteniéndolo mientras que Shin rápidamente colocaba vendas que pasaban por el vientre hasta la espalda del joven, rodeándolo varias veces. Terminado el proceso, fue recostado una vez más en la camilla, para que aquel pudiera descansar.
-Ahora se encuentra fuera de peligro, pero que no lo muevan de aquí les recomendaría, pues las heridas probablemente se abrirían.
-Esto… ¿Esta seguro? –Inquirió Shin, aun sin reponerse.
-No se preocupe señorita, me ha ayudado a hacer todo lo que debía. Ahora solo necesita tiempo para descansar, y hacer mucho reposo, hasta haberse recuperado del todo.
-Está bien, pero…
-¿Si?
-¿Te… te molestaría si me quedara aquí a pasar la noche? Es que… no me gustaría dejarlo solo… no ahora…
-No hay ningún problema señorita Shin; y tú también puedes quedarte Kanto, pues hay espacio para ambos.
-Te lo agradezco mucho Kuhn, pero ahora debo irme.
-¿No te quedarás? –Inquirió Shin con ojos lastimosos, haciéndole saber que realmente necesitaba que permaneciera a su lado en aquel momento.
-Amor, tranquila, volveré antes de medianoche, pero ahora debo hablar con tu padre, pues piensa reunir al consejo.
-¿Por… por qué?
-Por lo sucedido con Blast. Temo lo que puedan llegar a decidir, asique debo estar presente.
Shin lo observó con preocupación, misma mirada que dirigió al joven durmiente detrás de ella. Kanto entendió que aquella también quería estar allí, pero la misma preocupación por su hijo se lo impedía.
-No te preocupes, tú quédate aquí y cuida de nuestro muchacho; todo estará bien, te lo prometo. –Decía el joven, sonriéndole sinceramente, al tiempo que una mueca de molestia se dibujaba en su rostro al sentir el dolor por la quemadura en su mejilla.
-Kanto, ¿Estás bien? –Inquirió la joven guerrera.
-Sí, solo es un rasguño, nada grave. –Respondió, intentando mantener un aire relajado, al tiempo que el doctor se acercaba a él, poniendo uno de sus cascos en su mejilla afectada. Kanto gimió de dolor y lo apartó rápidamente, a lo que Kuhn respondió con seriedad.
-Sería buena idea que me permitieras sanar tu herida, pues creo que de esa forma, tu esposa estaría más tranquila.
-De acuerdo. –Respondió el, sentándose en el suelo para permitirle al doctor trabajar. Luego de haber frotado algunos pétalos de Kairazo en la quemadura, rápidamente colocó una venda en su rostro, para luego permitirle partir.
-Muchas gracias por todo Kuhn. ¡Los veré más tarde! –Dijo ya despidiéndose, saliendo del hogar, mientras el doctor caminaba tras de él.
-Doc, ¿Tu también vienes?
-Pues claro que si Kanto, recuerda que yo también formo parte del consejo, y no pueden discutir ningún asunto si me ausento. –Respondió aquel, como si de algo obvio se tratase, para luego voltearse, y así a Shin hablarle.
-Hay algo de comida en la alacena, por si tienen hambre. Y Shisui llegará en cualquier momento, de esto por favor no dudes en hablarle.
-De acuerdo, yo le avisaré que debió salir por una urgencia, no se preocupe. –Respondió cálidamente la joven, permaneciendo al lado de su hijo.
Y así, ambos salieron del hogar en dirección a la morada de Felshak, desconociendo el escenario con el cual se encontrarían.
En el hogar del jefe de la aldea, se habían reunido los ocho sabios, vistiendo las típicas capas ceremoniales al igual que Felshak, quien se encontraba en su asiento, en silencio.
Kanto se encontraba en el medio de las dos hileras que formaban los sabios, más precisamente junto a Kuhn, el fiel amigo de la familia.
Desde hacía ya algunos minutos, se había iniciado una fuerte discusión entre los ancianos, respecto al unicornio.
-¡Yo se los advertí! ¡Se los dije, y no quisieron escucharme! ¡Ese niño es una amenaza para los nuestros! ¡Nunca debimos permitirle quedarse! –Profería Akela, el sabio anciano más antiguo del pueblo, cuya rectitud no tenía comparación.
-¡Deberíamos haberlo entregado hace años, cuando a nuestras tierras arribaron los ponis pegasos! –Acompañó Kaa, un anciano de la rama médica cuya mirada era capaz de intimidar al más disciplinado de los guerreros.
-Es solo un niño, ¡Por todos los cielos! Aún no sabe cómo controlar a Hekima con precisión y celo; aquello a cualquiera de sus hijos o nietos pudo haberle pasado, ¡Solo por ser diferente no pueden juzgarlo! –Replicó el viejo doctor, con ira en su voz.
-Kuhn, tú y todos los presentes saben que ese niño no es normal, ¡Y lo que sucedió hoy lo es aún menos! –Respondió Nakoma, una anciana de aguda voz que tiempo atrás había participado en la guerra contra los leones. Tenía en su mejilla y parte de su cuello una extensa cicatriz recuerdo de aquello.
-¡Es cierto! Ese niño apenas sabe manipular el poder del modo Hekima, y aún así fue capaz de activar-… -Continuaba Akela, siendo interrumpido por el joven padre.
-Aún no estamos seguros de ello. –Dijo Kanto, con severidad.
-Un aura roja que cubría su cuerpo totalmente, con el poder incendiario del fuego; creo que no cabe duda de que de lo que estamos hablando aquí es una variación de Asili Hekima. –Replicó el anciano con seriedad, a lo que el joven respondió con estas palabras.
-¡No tiene sentido! El aura que lo cubría no era ni siquiera parecida a la de aquella técnica. Además, no hay forma de que alguien que aún no ha perfeccionado el modo Hekima ordinario pueda manipular algo tan poderoso como Asili, el solo hecho de activarlo conlleva décadas de entrenamiento y preparación.
-Pues parece que este niño no solo ha aprendido a usar el Hekima a una temprana edad, sino que en muy poco tiempo también ha aprendido a manipular a Asili. Creo que a veces olvidas que a quien cuidas no es a una cebra ordinaria, Kanto, sino a un unicornio; esas criaturas son muy raras, y sus cuerpos guardan grandes misterios que al día de hoy no han sido resueltos.
-Eso no tiene nada que ver en este asunto…
-En realidad, Kanto, si… tiene mucho que ver. –Interrumpió Felshak, quien hasta ese entonces (luego de haber planteado la situación) había guardado silencio.
-Por medio de mi hija Shin he aprendido mucho sobre las criaturas que habitan más allá de nuestros territorios. Los unicornios, en particular, son capaces de utilizar magia a través del cuerno de su frente a una temprana edad, cuando despiertan esta habilidad. Por lo general son capaces de hacer levitar ciertos objetos, pero hay otros muy singulares que son capaces de realizar poderosos hechizos que desafían incluso las leyes de la lógica. –Relataba Felshak, ante lo cual los presentes enmudecieron.
-Yo estuve presente durante el incidente, y puedo asegurar que aquella aura roja no apareció uniformemente en su cuerpo como debería haber sucedido con Asili, sino que comenzó a extenderse desde el extremo de su cuerno. Y aún cuando había cubierto su cuerpo en toda su extensión, no se mantenía uniforme, sino que se deformaba y cambiaba a cada instante. Mi teoría es que Blast despertó la habilidad propia de los unicornios mientras entrenaba con su padre haciendo uso de Hekima, y de alguna forma la energía del flujo natural de su sistema se combinó con la energía mágica que había despertado en ese momento, produciendo un desequilibrio en sus habilidades, lo cual lo llevó a perder el control de ambas, y accidentalmente, a despertar a Asili en una forma incompleta, pues la sombra bajo sus ojos no había cambiado respecto al Hekima ordinario. -Concluyó Felshak, luego de lo cual se hizo presente un incomodo silencio en el salón.
-¿Y qué cree que debamos hacer ahora? –Cuestionó uno de los ancianos, rompiendo el silencio.
-Esperar…
-¿Esperar? ¿Esperar qué?
-A que aprenda a controlar el poder que lleva en su sangre. Mientras tanto, sus padres le prohibirán estrictamente el uso de Hekima, de otra forma la situación podría repetirse, y las cosas podrían salirse de control.
-De acuerdo… -Respondió el joven presente, seriamente.
-Y algo más… cuando haya aprendido a respetar el don que lleva en su sangre y a hacer uso de él, yo tomaré tu lugar Kanto, y lo entrenaré con mis propios cascos. –Concluyó el jefe.
-Espere, ¡¿Qué?! –Se sorprendió el padre, al escuchar sus palabras.
-Si Blast realmente activó el Asili Hekima esta tarde, entonces necesitará el adiestramiento apropiado, uno que tú no puedes proporcionarle, pues a pesar de haber activado esta habilidad hace algún tiempo, aún no eres capaz de controlarla totalmente. Esa será la única condición para que el unicornio Blast Fire permanezca en estas tierras. De otra forma, tendríamos que recurrir a medidas drásticas y más dolorosas para ustedes, Kanto, para asegurar el bien de la aldea.
El joven padre recordaba los momentos de desesperación que había sufrido el mismo día cuando el jefe, habiendo activado a Asili, había golpeado sin miramientos a su hijo dejándolo gravemente herido. Claramente no se sentía cómodo pensando que su futuro "entrenamiento" con él pudiera acabar de una manera similar.
-Si el señor Felshak se encarga personalmente de entrenar a ese muchacho, entonces no tengo ninguna objeción. –Decía Nakoma.
-Estoy de acuerdo. Felshak es por demás el mejor guerrero de nuestra aldea, de que hará un buen trabajo con ese niño tengo la certeza. –Continuaba Kaa.
-En mi opinión, de esa forma pasará de ser una amenaza, a ser un útil miembro de la rama guerrera, lo cual puede resultar en una gran ventaja en caso de una guerra. –Concluía Akela.
-Creo que es lo mejor que podemos hacer por ahora. –Aconsejó Kuhn al joven padre.
Kanto suspiró con pesadumbre, al descubrir que no tenía opción alguna.
-De acuerdo, acepto sus condiciones, señor. –Dijo Kanto, con seriedad.
-Bien. Los nobles sabios del pueblo, ¿Tienen alguna objeción? –Inquirió el jefe, mirando en dirección a los ancianos. No hubo respuesta alguna por su parte.
-Entonces está decidido. –Concluyó finalmente Felshak, luego de lo cual, golpeó el suelo a su lado con el báculo ceremonial, dando fin a la reunión.
Al día siguiente, varias horas después de la llegada de la aurora, el unicornio aún permanecía dormido sobre la camilla en la que había sido situado.
Shin en tanto, junto a Shisui, habiendo acercado un pequeño sillón al paciente, permanecieron a su lado toda la noche.
Kanto había pasado la noche allí también, pero debido a sus labores las cuales no podía posponer, había partido temprano.
Kuhn, mientras tanto, descansaba cómodamente en su cama en la habitación contigua, pues aquel no despertaba hasta pasado el mediodía.
Al despertar ambas por causa de los rayos del sol, y luego de saludarse amenamente, notaron entonces que el joven paciente parecía estar sudando demasiado, y respirando agitadamente.
Al tocar su frente con su casco, Shin se percató de que aquel tenía algo de fiebre, probablemente por causa de la medicación que el día anterior le había sido administrada.
-Está muy caliente… -Dijo ella, buscando entre los materiales del doctor un paño, que sumergió en una fuente de agua fría cercana para colocar sobre la frente del muchacho, justo bajo su cuerno.
-Eso será suficiente. –Dijo Shisui.
-¿Tú crees?
-Así es. No se preocupe tanto por eso señorita, es solo un mero efecto de la medicina. –Explicó ella. La madre suspiró con alivio.
-Si tú lo dices, es suficiente para tranquilizarme. –Dijo ella, con una sonrisa.
-Gracias señorita.
-¡Oh cielos! ¡Mira que tarde es! Debería haber preparado el almuerzo hace más de una hora, debía liderar el equipo de recolección el día de hoy y… y ayer le prometí a Nalu que iríamos a recorrer el bosque Rikudo a buscar hongos Láfia… ¡Al amanecer! ¡Oh cielos, qué vergüenza! –Exclamaba ella al ver el sol a través de la ventana, yendo de un lado a otro, y hasta entonces impidiéndole a Shisui hablar.
-Señorita Shin, se debe usted calmar, o en consecuencia puede enfermar.
-Lo… lo siento mucho, querida. –Se disculpó ella, calmando sus ánimos.
-Descuide. Oh, y antes de partir el señor Kanto me pidió que, cuando usted despertara, le dijera que había dejado el almuerzo preparado sobre la mesa de la sala, que el advertiría a su equipo que el día de hoy presentarse no pensaba, pues su hijo enfermo estaba y en cama se encontraba, y que a la señorita Nalu de lo sucedido le hablaría, pues así ella no se preocuparía. –Decía la doctora, a lo que Shin suspiró aliviada una vez más.
Incluso ahora, el siempre está ayudándome. –Pensaba la joven madre, sonriendo.
-Muchas gracias linda, ¿Te apetece que almorcemos juntas?
-Estaría encantada. –Respondió ella, con mucho respeto.
Almorzaron, mientras platicaban, lo que Kanto había dejado preparado sobre la mesa: una pequeña ensalada de frutas. Shin sonreía, pensando que no podía exigirle mucho a su esposo pues no era precisamente un cocinero, pero la intención era lo que contaba.
-Iré a casa por algunos víveres, puede que debamos pasar el día de hoy aquí también, y no quiero vaciar la alacena de tu maestro. –Dijo la joven madre, riendo.
-Señorita Shin, no se preocupe por eso, hay suficiente comida para ello.
-Lo sé, pero no quiero importunarlos ni a ti ni a Kuhn. Me sentiría más cómoda si yo también aportara algo al hogar mientras aquí me encuentro.
-De acuerdo señorita, si eso la hace sentir mejor, le hare algo de espacio en la alacena, para que así los alimentos puedan caber mejor.
-Gracias linda. Volveré en un rato, avísame si Blast despierta, ¿Quieres?
-Claro, si Blast sus ojos abre, se lo avisaré al instante.
Shin asintió, y pronto salió de la morada del doctor, en dirección a su hogar. Shisui en tanto, tomó el lugar de la guerrera, velando por el sueño de su querido amigo. Minutos después de la partida de la madre, el joven comenzó a abrir los ojos.
-Por fin despertaste. –Dijo con una cálida voz.
-Shisui… uh… qué gusto verte. –Decía Blast, mientras la joven una vez más remojaba en una fuente de agua fría el paño de su frente, y rápidamente volvía a colocarlo sobre el unicornio, justo bajo su cuerno.
En muy pocos años, la apariencia de Shisui había cambiado en gran medida, pues ahora era mucho más alta, tenía un aro de oro en cada oreja, anillos en su cuello y brazo izquierdo, y se había dejado el cabello largo, decorándolo con un jazmín tras su oreja izquierda.
Tampoco está demás decir que, debido a su belleza, se había convertido en una de las solteras más codiciadas por los jóvenes del lugar. Pero por más que aquellos se esmeraban en cortejarla, ella no mostraba interés por ninguno en particular.
-Nos tenías a todos muy preocupados, pues estabas gravemente lastimado. Y ahora tienes algo de temperatura, reacción debida a la medicación.
-Demonios… ¿Qué… que fue lo que pasó? –Decía el joven, pronto recordando los sucesos del día anterior, a lo que reaccionó rápidamente.
-¡Papá! -Exclamó aquel mientras intentaba levantarse, dejando caer el paño y siendo devuelto a la camilla, gimiendo por causa del dolor que lo invadía. Shisui rápidamente se aproximo a él, para volver a acomodar el paño húmedo en su lugar correspondiente, y para calmar a su compañero.
-No te preocupes por él, apenas tiene un ligero raspón en su mejilla. Tú sin embargo, necesitaras de algunos días de reposo en esta camilla. Ahora estas fuera de peligro, gracias al cielo, pero sufriste daños muy serios. –Decía la joven doctora, a lo que Blast respondió con una mueca de resignación.
-Demonios… si tan hubiera podido controlarlo… -Susurraba él, enfadado.
-¿De qué hablas?
-Llevé al modo Hekima más allá del límite, y perdí el control sobre él. Recuerdo… recuerdo que mi pa-… mi padre estaba ahí, quiso ayudarme… pero lo lastimé. –Dijo él, apretando los dientes.
-Blast, no es tu culpa… -Consolaba ella.
-Lo es. Si hubiera sido más fuerte, no habría perdido el control. Si mi abuelo no hubiera llegado para detenerme…
-Pero ahora estás bien, y tu padre también. No tienes porque enojarte ni entristecerte, pues han corrido con mucha suerte. –Decía Shin, quien no obtuvo respuesta alguna, más que una cara larga por parte del joven.
-Vamos, anímate… todo estará bien. En unos días te habrás repuesto y pronto podrás continuar con tu entrenamiento. –Decía la joven alegremente.
-Gracias Shisui. En verdad, te lo agradezco. –Respondió el joven, sonriendo ligeramente.
-No es nada… conmigo siempre podrás contar, pues a tu lado siempre voy a estar. –Concluyó ella, sonriéndole sinceramente.
-Lo sé… en tanto tú y mis padres cerca de mí estén, me repondré en un santiamén. –Decía el joven cómicamente, con los ojos entreabiertos, por lo cual no alcanzó a notar con claridad la severa mirada que a él iba dirigida, por parte de la cebra.
-Sabes que no me gusta que me imites, no comprendo porque con eso insistes. –Decía la joven, algo molesta.
-Técnicamente, todos los integrantes de la rama médica hablan así; si yo hablo de esa forma, ¿Estaré calificado para ser doctor? –Preguntaba el joven, sonriéndole.
-Creo que la fiebre ha empeorado, pues más tonto de lo que ya eras has quedado. –Dijo ella, riendo para sus adentros.
-De acuerdo, ¿Y por qué no ser un medico guerrero? Podría tratar mis heridas mientras peleo. ¿Qué crees?
-Creo… que si vas a estar diciendo simplezas, será mejor que otra vez te duermas. –Decía ella, sonriendo, mientras acomodaba su almohada y lo cubría delicadamente con su correspondiente sabana.
-Ahora debo ir a avisarle a tu madre que despertaste, para que así deje de preocuparse. –Explicó la joven doctora.
-De acuerdo, ve tranquila… -Permitió el muchacho. En tanto, Shisui se dirigía hacia la entrada de la morada, cuando el unicornio habló una vez más.
-¿Alguna vez te he dicho… cuanto me gusta… tu aroma a jazmines? Ese perfume… en verdad me inspira paz. –Decía Blast desde detrás de ella, aún en cama.
Shisui abrió ampliamente sus ojos, mientras sentía el ritmo de su corazón acelerarse. Volteándose trabajosamente, se percató de que aquel joven permanecía con los ojos cerrados, y respiraba agitadamente a causa de la fiebre.
Pronto concluyó que aquel simplemente estaba desvariando por causa de ello, por lo que rápidamente calmó sus ánimos, para luego responderle con estas palabras.
-No lo creo… pero podrás decírmelo más adelante, cuando la fiebre ya no te ataque… -Decía la joven doctora, intentando mantener un aire relajado, y finalmente retirándose del hogar.
Al día siguiente, Blast había regresado junto con su familia a su hogar, para allí continuar con el reposo y dejar sanar sus heridas. Shisui, por causa de su preocupación hacia su compañero, pidió permiso para pasar la noche en su morada.
En la mañana, luego de la aparición de la aurora, la doctora ayudó a la joven madre a preparar el desayuno, y pronto apartaron un plato para el unicornio, que descansaba en su cuarto desde que había llegado.
Shin se dispuso a llevar el desayuno a su hijo, y Shisui la acompaño para darle al joven los buenos días. Pronto, ambas entraron en su habitación, mientras la madre decía estas palabras.
-¡Blast, el desayuno está listo! –Exclamaba alegremente.
-¡Madre, Shisui, miren esto! –Decía el joven ya despierto, mientras un libro en el estante de su habitación se acercaba a él, cubierto por un aura amarilla, para luego tomarlo con sus cascos. La joven madre se sorprendió un poco, pero la joven a su lado había quedado perpleja ante tal escena.
-¡Parece que este cuerno no era tan inútil después de todo! –Exclamó alegremente el muchacho.
-Es… sensacional… hijo, felicitaciones. –Alentaba la madre, mientras que la joven doctora había quedado perpleja.
-¿Acaso tú-…? ¿C-cómo es que-…? ¿Cómo has-…? –Balbuceaba la joven, no sabiendo que decir ante tal situación.
-Linda, tranquila, para los unicornios esto es… normal.
-Espera, ¿Para esto sirve mi cuerno en realidad? –Cuestionó Blast.
-Así es, en tu especie el cuerno ubicado en la frente sirve para realizar magia, trucos tales como la levitación que acabas de aprender a lograr.
-¿Magia? ¿Te refieres a… como un hechicero?
-Bueno, no exactamente. No tengo mucho conocimiento de ello, pero cuando viajé a Equestria, hace muchos años, pude ver que la gran mayoría de los unicornios a cierta edad, eran capaces de hacer levitaciones, tal y como tú lo estás haciendo ahora. Y había otros, muy singulares, que eran capaces de teletransportarse, transformarse, e incluso atacar mediante su magia.
-Me suena como a un cuento para niños pequeños. –Respondía el muchacho, con gracia.
-Pero es cierto, y es una de las ventajas que trae tu sangre.
-¿En verdad? –Cuestionó el joven, intrigado.
-Claro, y si aprendes a controlar tu poder, de seguro esa habilidad será muy útil en nuestro pueblo. –Concluyó la madre.
-Si tú lo dices… uh, ¿Shisui? ¿Estás bien? –Inquirió el joven, pues su joven amiga, habiendo quedado perpleja, aún tenía la boca abierta.
-Si… si... estoy bien… es solo… que me sorprendió un poco, es todo. –Decía ella, reponiéndose poco a poco.
-Disculpa si te asusté… -Dijo él, preocupado.
-No, no es eso, para nada. Solo me… sorprendiste, no te preocupes.- Dijo ella, sonriendo.
-Bueno, niños, yo debo ir a cumplir con mis labores. Blast, ¿Crees que puedas quedarte solo unas horas? –Dijo ella, colocando el plato de comida en la mesa de noche junto al lecho.
-Madre, creo que ya tengo suficiente edad como para que puedas dejarme solo por un rato. –Decía el muchacho, mientras la joven guerrera se aproximaba a su cama para abrazarlo cariñosamente, y luego besarlo en la frente, razón por la cual el joven se sonrojó ligeramente.
-Te veré mas tarde. –Dijo ella, ya despidiéndose.
-Claro. –Respondió él, mientras su madre se retiraba, y la joven doctora se disponía a despedirse y seguirla.
-Um, Shisui, ¿Te… te gustaría quedarte a desayunar conmigo? –Se atrevió a preguntar el joven.
-¿Yo? Uh… -Decía ella, dudando, pues al igual que la guerrera, había labores de las cuales debía ocuparse.
-Vamos, es muy aburrido cuando no hay nadie aquí. –Insistió el joven, a lo que su querida amiga respondió con una sonrisa.
-Claro, me encantaría. –Dijo ella finalmente.
Comieron juntos, mientras platicaban amenamente sobre los dones recientemente adquiridos del unicornio, sobre las prácticas de la cebra en cuanto a nuevos medicamentos desarrollados junto a su maestro, y los lugares que aún debían visitar juntos en cuanto el joven guerrero se hubiera recuperado.
El mismo día, al caer la noche, Shisui ya se encontraba en su hogar. Ahora permanecía pensativa, aun sentada en la mesa luego de cenar, mientras que Kuhn estaba en su sala de trabajo, experimentando con nuevos ingredientes para pociones y brebajes.
Se encontraba mirando directamente el vaso que antes había utilizado. Pronto, comenzó a cerrar fuertemente los ojos, y así permaneció durante algunos minutos, para luego abrirlos y descubrir con decepción que aquel no se había movido un solo milímetro.
Era de esperarse. Blast no había requerido de ningún esfuerzo para lograrlo, pues era una habilidad común en su raza. Aun así eso no la ayudaba, el hecho de que su compañero fuese capaz de manipular algo como la "magia" era simplemente maravilloso, pero era algo que ella, por más que lo intentara, nunca sería capaz de lograr.
Pero aún así, persistían las enseñanzas de su maestro, quien le repitió en muchas ocasiones que "nada es imposible". Recitando esa frase en su mente, como un mantra, la joven continuó intentando mover aquel objeto sin tocarlo, sin importarle lo demás.
Una semana más tarde, el joven unicornio se había recuperado, y había aprendido a manipular con eficacia la técnica de la levitación, pronto incluyéndola en su vida diaria para realizar sus labores más rápidamente.
Los demás pueblerinos se habían mostrado atemorizados en un momento dado, pero a la brevedad se les fue explicada la razón por la cual el joven podía hacer levitar los objetos que deseaba.
Algunos lo comprendieron, otros se mostraron indiferentes, y otros se mantuvieron distantes, pues no eran capaces de encontrar "normal" aquella habilidad.
Shisui no solo lo había comprendido y aceptado, estaba maravillada por causa de ello. Los días habían pasado, y lo sucedido aquella mañana no había perdido importancia en su mente. Deseaba con todas sus fuerzas poder ser capaz de lograr algo como eso.
En la tarde, mientras Blast y Kanto se encontraban ausentes, Shisui se presento en la morada de la familia para platicar con Shin, y hablarle sobre sus inquietudes, pues el tiempo había pasado y ahora la consideraba una amiga con la cual podía contar. Ambas se encontraban en el salón comedor, disfrutando de una taza de té.
-Ya veo… asique ese es el problema. – Dijo la joven madre finalmente, dando otro sorbo.
-Sí, es algo que desde hace varios días me ha estado molestando, y me hace sentir impotente… el hecho de no ser capaz de lograrlo. –Reveló la joven doctora.
-Tú no tienes la culpa Shisui, es algo para lo cual simplemente no estamos preparados. –Explicó ella, luego de lo cual la joven permaneció en silencio unos momentos, antes de hablar.
-Le he consultado a mi maestro sobre esto, pero incluso el carece de conocimiento sobre ello.
-Kuhn sabe muchas cosas, pero él nunca ha salido de nuestros territorios. -Dijo Shin, depositando la taza en la mesa.
-Lo sé, es por eso que con usted deseaba hablar, pues hace mucho tiempo, a muchos lares fue capaz de viajar.
-Bueno, no soy precisamente un libro abierto en cuanto a conocimientos, pero te ayudaré en lo que pueda. Dime, ¿Qué es lo que quieres saber?
-Si existen otras criaturas que sean capaces de hacer magia quiero saber, sin necesidad de un cuerno en su frente poseer.
-Bueno… es algo complicado. –Decía ella, cambiando su expresión.
-¿Por qué?
-He oído de ciertas criaturas que son capaces de hacer uso de cierta magia sin necesidad de cuernos, sino mediante un arte similar al nuestro para manipular a Hekima.
-¡¿En verdad?! –Inquirió ella, emocionada.
-Sí, pero calma tus ánimos hija mía, pues se trata de los lobos del noroeste. –Respondió ella, seriamente.
-¿Lobos? –Cuestionó con curiosidad, desconociendo tales seres.
-Así es. No son criaturas como nosotros; son extremadamente fríos y calculadores, no habitan en grandes manadas, no son muy sociables, y principalmente, son carnívoros.
-¿Car-… carnívoros? Inquirió una vez más, ahora preocupada.
-Si… son seres muy poderosos, que no suelen relacionarse con criaturas distintas a su especie, más que para devorarlas. Aunque por lo que sé solo se limitan a alimentarse de animales enfermos, pero nada les impide atacar a una presa sana contra la cual pueden ganar.
-Ya veo… -Decía la joven, algo decepcionada.
-La única forma en que pueden dejar a alguien permanecer con ellos es que el invitado tenga una pelea con el lobo alfa, el líder de la manada. Si este logra ganar, es aceptado en la manada y es tratado como un igual. Pero si pierde, es despedazado y devorado por el resto de sus compañeros. –Concluyó Shin, luego de lo cual Shisui sintió un escalofrió recorrer su cuerpo. La guerrera se percató de ello, y le habló con estas palabras.
-Lo siento, mi niña, pero esa es la realidad fuera de nuestras tierras. Yo he visto a lo largo de mi viaje cosas maravillosas, así como también cosas horribles, como la peor de las pesadillas. Eso es parte de crecer, pues terminas por comprender como funciona el mundo que te rodea.
-No, no, está bien señorita, de verdad. Me sorprende que usted sepa tantas cosas sobre el mundo fuera de nuestras tierras. Algún día me gustaría realizar un viaje tal y como el que usted ha hecho, visitar lugares más allá de las fronteras.
-De hacerlo, espero que no tengas pensado ir a ver a esas criaturas. –Dijo Shin, bromeando.
-No lo creo, después de todo no soy una guerrera. Además, nunca en mi vida he mantenido una pelea.
-Si quieres puedo entrenarte un poco. Sabes, nunca está de más saber cómo defenderse, sobre todo para chicas como nosotras. –Dijo ella, riendo.
-Se lo agradezco mucho, señorita. Pero cómoda quitándole su tiempo no me sentiré, cuando tiene labores mucho más importantes que atender.
-Oh claro que no, no es ninguna molestia. Pero si eso es lo que te preocupa, ¿Por qué no se lo preguntas a Blast? Estoy segura de que cuando termine de entrenar con su abuelo estará feliz de ayudarte. –Preguntó Shin alegremente, a lo cual Shisui se sonrojó ligeramente.
-Quizá… quizá pasado un tiempo se lo preguntaré, pues el entrenamiento que ahora está realizando es de extrema importancia a mi saber.
-Si, en este momento debe estar con su abuelo. Me gustaría saber cómo van las cosas… -Decía ella, no muy convencida del trato que probablemente le estaba dando su padre a su hijo.
-A mi también. Uh… señorita Shin, le agradezco mucho su tiempo, ahora debo regresar a mi hogar, pues con su trabajo a mi mentor debo ayudar.
-Claro, ve tranquila mi niña. Te esperaremos mañana para almorzar. –Dijo ella felizmente.
-Aquí estaré. –Respondió la doctora de la misma manera.
-Uh… ¿Shisui?
-¿Si señorita Shin?
-¿De casualidad tu… tu no…? –Cuestionaba la joven, no siendo capaz de formular la pregunta.
-¿Si?
-No, descuida, no es nada. Salúdame a Kuhn de mi parte. –Concluyó finalmente.
-Claro. –Dijo ella, para finalmente retirarse de la sala y de la morada. Shin permaneció en su asiento, sonriendo.
¿Pero en que estoy pensando? Si son tan solo unos niños... –Pensaba ella, riendo para sus adentros por causa de la loca idea que se le había presentado fugazmente.
Al atardecer, dos figuras permanecían inmóviles en el campo de entrenamiento establecido por Kanto y Blast. Ambos, un unicornio y una cebra de edad mayor, permanecían con seria expresión.
-¿Sabes porque razón te he citado aquí? –Dijo rompiendo el silencio el líder del clan.
-No, pero puedo darme una idea. –Respondió el muchacho.
-¿Recuerdas lo que pasó hace una semana? ¿Los sucesos que te llevaron a permanecer en reposo durante varios días? –Cuestionó el jefe, con severidad.
-Sí, lo recuerdo todo muy bien, incluso el momento en que usted me atacó. –Respondió el joven, muy seriamente.
-No creo que necesite decirte que fue por tu bien, y que no había otra forma. Intuyo que ya sabrás todo eso, ¿Verdad?
-Sí, lo sé. De otra forma podría haber llegado a lastimar a mi padre gravemente. No hace falta que me lo explique, señor Felshak.
Para su edad, es mucho más maduro de lo que esperaba… eso hará las cosas más sencillas. –Pensaba Felshak.
-Bien… entonces te lo explicaré claramente, ahora que sabes cómo manejar ese cuerno en tu frente.
-Se refiere a-…
-Así es. Yo les pedí a tus padres que me avisaran en el momento en que hubieras aprendido a controlar esa… "magia".
-¿Por qué? –Cuestionó con curiosidad.
-Porque por causa de tu sangre, guardas en tu interior un poder extraordinario, que no puede unirse a Hekima con facilidad. De no controlar ese don, ya no serías capaz de hacer uso de Hekima.
-¿De… de qué está hablando?
-El día que perdiste el control, despertaste un gran poder… no solo la magia que los unicornios como tú son capaces de usar, sino algo… un poder casi imparable, que nosotros conocemos como "Asili Hekima".
-¿Asili… Hekima?
-Así es, es una variación del Hekima ordinario que no solo aumenta tu fuerza, velocidad y percepción, sino que también te otorga los poderes de uno de los cuatro elementos de la naturaleza: tierra, agua, viento y fuego. Por lo que pude ver, tú posees el fuego.
-¿El fuego? Pero…
-¿Qué?
-¿Por qué el fuego? –Inquirió el joven, confundido. Felshak suspiró, y pronto se dispuso a explicarle.
-Nuestros ancestros creían que el elemento que cada uno de nosotros era capaz de utilizar dependía de nuestro espíritu, de nuestras almas. Muchos dicen que ello depende de nuestra sangre; nadie lo sabe con certeza en realidad. Pero una cosa es segura, es un gran poder, que también conlleva una gran responsabilidad.
-¿Y… por qué no me habían dicho nada sobre esto hasta ahora? –Cuestionaba una vez más.
-La verdad… no muchos niños saben sobre esto. Hay múltiples variaciones de Hekima, pero ésta en especial es una habilidad de la cual hicimos uso durante la guerra, la cual posee un poder devastador. Para hacer uso de ella, primero hay que perfeccionar el modo Hekima, y hoy en día no muchos usuarios son capaces de lograrlo.
-Pero aun no he perfeccionado a Hekima… ¿Cómo es posible?
-Como ya te lo he dicho antes… fue por causa de tu sangre…
-¿Qué?
-Al despertar la energía mágica de tu cuerpo, esta se combinó con la energía natural de Hekima, produciendo un desequilibrio entre ambas, lo que dio como resultado la activación prematura de Asili. Ahora, necesito que actives a Hekima, para confirmar mi teoría.
-Espere, ¿Quiere que active a Hekima? Pero… ¿Qué sucederá si… si-…?
-No te preocupes por eso, no dejaré que pierdas el control una vez más. Además, si ya has logrado controlar el poder que tu raza te concedió, dudo que vuelva a suceder. Ahora hazlo. –Ordenó Felshak.
Blast, no muy seguro, hizo lo solicitado y activó a Hekima. Una oscura coloración hizo acto de aparición bajo sus ojos, luego de lo cual, instantes después, su cuerno se cubrió de un aura roja (distinta al aura amarilla con la cual ejercía la levitación), la cual pronto se expandió a todo su cuerpo.
Tenía las sensaciones usuales que le provocaba el Hekima, pero esta vez había algo distinto, algo nuevo: se sentía algo sofocado por el calor que emanaba aquella aura, y su cuerpo también se sentía de una manera diferente, pero al menos ahora era consciente, y no había perdido el control de aquella habilidad.
-Ahora desactívalo. –Ordenó Felshak una vez más. El joven obedeció la orden y el aura roja que lo cubría pronto se disipó en el aire. El jefe pronto se acercó al joven, quien respiraba agitadamente.
-¿Cómo describirías tu flujo de energía mientras hacías uso de Hekima? –Cuestionó él.
-Uh… no lo sé… no se sentía igual que siempre. Cuando activaba el modo, sentía como si… como si todo estuviera en orden, en armonía. Pero ahora, siento todo lo contrario… -Intentaba explicar el joven guerrero.
-Entiendo… entonces intentemos con esto.
El cuerpo de Felshak, en un instante, comenzó a expeler un resplandor celeste claro, que se mantenía estable sobre su pelaje. La sombra que había aparecido bajo sus ojos, pronto comenzó a tomar la forma de líneas oscuras que se expandieron alrededor de sus ojos, hasta un punto cercano a sus orejas.
-¿Qué… qué es esto? –Preguntó el unicornio, sorprendido.
-Ahora percibe mi flujo de energía, y dime que sientes. –Dijo el jefe, severamente.
El unicornio obedeció la orden sin dudar, y se sorprendió al notar aquello.
-Está… en armonía… -Susurró el muchacho.
-Así es. –Dijo Felshak, para luego desactivar aquella técnica.
-¿Eso es… Asili Hekima?
-No, esto es un Asili Hekima "completo", capaz de manipular el poder del viento. Lo que tú eres capaz de usar también es Asili Hekima, solo que al no haber perfeccionado el modo Hekima ordinario, no eres capaz de activarlo completamente.
-Pero… por más que me esforcé no pude entrar en Hekima, pues al intentarlo, activé a Asili.
-Eso es porque ya no serás capaz de usar el Hekima ordinario.
-¡¿Qué?! –Cuestionó aquel, sorprendido y atemorizado.
-Tu sangre te lo impedirá, y en consecuencia activará el Asili Hekima, tal y como en las ocasiones anteriores.
-Entonces… ¿Qué haré ahora? –Decía él, muy preocupado.
-Hacer uso de él solo cuando sea totalmente necesario. –Dijo el jefe, a lo que el joven no respondió, pues ahora desviaba la mirada con cierta tristeza, pues haber activado el modo Hekima era algo que le había llevado mucho tiempo, dedicación y esfuerzo.
-No es una desventaja, muchacho. No muchos son capaces de activar Asili, mucho menos a tu edad. Si lo entrenas bien, serás capaz de lograr cosas que muy pocas cebras conseguirían.
-Entonces… ¿Cree usted que esto… sea una ventaja? –Dijo él, levantando la vista.
-Así es. –Respondió su abuelo, con seguridad.
-Disculpe…
-¿Si?
-Usted dijo antes que había múltiples variaciones de Hekima. Si Asili es una de ellas, ¿Cuales son las otras?
-Bueno, supongo que también deberías saberlo. Hasta ahora tú conoces dos modos: el Hekima ordinario, y Asili Hekima. Te lo explicaré brevemente… hay tres modos más.
-¿Tres?
-Sí, no han sido muy usuales en nuestra historia, pero vale la pena remarcarlos para que tengas conocimiento de ello. Estos son "Mara Mbili Hekima", "Kukubwa Hekima", y "Hadithi Hekima". El primero, "Mara Mbili Hekima", posee una duración máxima de 15 minutos, y solo puede ser ejecutado por dos usuarios de Asili, que al unir sus mentes a través de esta técnica adquieren un nivel de poder mucho mayor y una visión compartida; esto quiere decir que ambos pueden ver lo que ve el otro, lo que da menos lugar a puntos ciegos en una batalla. El segundo, "Kukubwa Hekima", consiste en llevar el modo Hekima ordinario más allá de los límites establecidos, logrando una fortaleza inigualable. Claro que al consumir la energía natural almacenada de una manera extremadamente rápida, la duración se ve reducida a 5 minutos, luego de lo cual el usuario queda indefenso ante un ataque enemigo, por eso solo se recomienda hacer uso de este modo en situaciones extremas.
-Puedo ver que son… técnicas muy poderosas. Infiero por ello que muy pocos habitantes de nuestro pueblo saben utilizarlas.
-Así es. Tan solo hay un joven en Vizuri Shetani que ha demostrado las aptitudes necesarias para ejecutar el "Kukubwa Hekima" con éxito, y no ha habido usuarios de "Mara Mbili Hekima" desde la última guerra… no porque sea una habilidad difícil de manipular, sino porque hay que mantener una perfecta sincronía con tu compañero, y además de no ser algo muy necesario en estos días, no es algo que muchos llegan a lograr.
-Entiendo…
-Y por último, pero no menos importante, está "Hadithi Hekima", o como muchos de nosotros lo llamamos: "Hekima Legendario". No tengo mucha información al respecto, puesto que tan solo una sola cebra en toda la historia ha logrado activarlo, pero se dice que es capaz de otorgar al usuario el mismísimo poder de los Dioses. Mi tatarabuelo, el legendario Kimba de la Luz, fue quien lo logró durante la primer gran guerra, cuando los clanes se disputaban los territorios de lo que hoy llamamos Upendo Umuvilivu. Cuando todo parecía perdido para nuestra raza, frente a los poderosos clanes a los cuales nos enfrentábamos, él surgió de entre las cenizas, con un aura blanca que era capaz de acabar con cuantos enemigos se atravesaban en su camino. Fue ese poder el que aseguró la continuidad de nuestra especie. Nadie sabe con seguridad como fue capaz de activarlo, ni cuánto tiempo fue capaz de mantenerlo. El nunca contestó esas preguntas, solo dijo que "nuestros ancestros lo habían iluminado".
-Es una gran historia, señor. –Dijo Blast, sorprendido.
-Sí, no es la más feliz puesto que muchos de los nuestros perecieron en ese tiempo, pero forma parte de nuestro pasado, de nuestra historia. Disculpa, he comenzado a divagar y me he desviado del tema principal. Bien, ¿Has entendido todo? –Inquirió finalmente.
-Eso creo… -Contestó el joven, con algo de timidez al estar bajo la fría y severa mirada de su abuelo.
-De acuerdo, entonces no tenemos porque perder más tiempo. ¡Posición de batalla! ¡AHORA!
El unicornio, nerviosa y rápidamente hizo lo indicado, colocando el casco delantero derecho más adelantado al izquierdo, inclinando un poco la cabeza, y colocando el casco trasero izquierdo un poco más atrás que el derecho.
-Mi trabajo ahora consiste en convertirte en un autentico guerrero, capaz de tomar decisiones difíciles en situaciones extremas, de reaccionar rápida y eficazmente ante un ataque enemigo, y de poner a tu familia y a tu clan por encima de todas las cosas. ¿Crees que estás calificado para algo así, Blast Fire?
-Si… -Susurraba el joven.
-¡No te oigo!
-¡Sí! –Exclamaba él, librándose de su timidez.
-¡Más fuerte! –Gritaba el jefe.
-¡Sí! –Exclamaba aquel, con seriedad y total determinación.
Felshak sonrió ligeramente, ante el valor de su nuevo discípulo.
-Muy bien, ¿Entonces consideras que estás listo para tu próximo reto?
-¡Si señor!
-Perfecto, porque ahora tendrás que luchar contra mí. –Dijo finalmente el jefe, por lo cual Blast calló por unos momentos, habiendo quedado perplejo.
-¿D-disculpe?
-Este será tu primer reto en el camino a ser un guerrero. Para empezar, tendrás que lograr golpearme, y claro, sin hacer uso de Asili Hekima.
-¿P-pero por qué?
-¿Qué tal si en una situación real de combate, en la que debas proteger a tu familia, se agota tu energía para activar a Hekima?
-Yo... uh… -Decía el, no teniendo una respuesta a tal pregunta.
-Por desgracia, tú dispones de un lapso de tiempo mucho menor al de nosotros las cebras para hacer uso de esta técnica, ya que la duración máxima de Asili es de 10 minutos. Por causa de ello, es muy factible que eso suceda, asique deberás estar preparado para cualquier situación.
-De acuerdo, lo haré. –Decía el joven seriamente, con determinación.
-Me alegra oír eso muchacho, ahora veamos que puedes hacer. ¡Ven aquí y dame tu mejor golpe! Claro, si es que puedes. –Exclamaba Felshak, sonriendo malévolamente.
Pronto, el unicornio se lanzó a la carrera, galopando a toda velocidad hacia su abuelo, listo para superar cualquier reto que se interpusiera en su camino, dispuesto a convertirse en el mejor guerrero de la aldea, y así ganarse el respeto de todos los habitantes.
Blast Fire – 16 Años | Shisui – 19 Años
Ya han pasado dos años desde que Blast comenzó su entrenamiento con Felshak, con el objetivo de aprender a controlar sus nuevas habilidades. Como era de esperarse, luego de haber controlado los dones que conllevaba su sangre, comenzó el entrenamiento para lograr manipular a Asili Hekima.
Ahora que la energía mágica había despertado en su cuerpo, le resultaba imposible hacer uso de la energía natural a su alrededor sin entrar automáticamente en el modo Asili Hekima (aún imperfecto, pues a pesar de que el unicornio había logrado activarlo, el controlarlo en su totalidad realmente conllevaba décadas de entrenamiento). Aquel le otorgaba, además de una oscura coloración bajo sus ojos de un Hekima ordinario, un aura mágica de color rojo que cubría y protegía su cuerpo, la cual era capaz de manipular a su antojo, tanto dándole la forma que deseara, como variando la fuerza del calor que emitía.
Había logrado entrenar esta habilidad a tal punto, que era capaz de crear diversas extensiones distintas a las de su cuerpo original (Incluso alas viables para volar por los cielos), pero ahí terminaban las ventajas de aquella aura. El joven debía ser extremadamente cuidadoso al hacer uso de ella puesto que, al igual que un Asili Hekima completo, consumía la energía natural mucho más rápidamente que un Hekima ordinario.
A pesar de haber pasado muchos años, la costumbre de dividir al clan en "rama guerrera" y "rama médica" persistía entre los habitantes. Aunque el oficio de cada uno ya no dependía de la sangre ni del linaje, pues cada cebra (o poni) elegía el rumbo que quería darle a su vida, no había impedimentos para hacer ambas cosas.
Por esa razón Shin, a pesar de pertenecer a la rama guerrera, tenía muchos conocimientos sobre medicina y sabía todo acerca de las hierbas medicinales que era posible hallar en sus tierras. Y por ello ahora Shisui, que pertenecía a la rama médica, le había solicitado a su mejor amigo y compañero de equipo que le enseñara al menos lo básico de un combate cuerpo a cuerpo, para así saber defenderse en caso de ser necesario.
Shisui era una de las mejores usuarias de Hekima puesto que el mismísimo Kuhn la había preparado en ese aspecto, ya que cualquier doctor que se precie de tal debía saber cómo aplicar el uso de la energía natural al tratamiento de los males y enfermedades en sus semejantes. Aquello le daba una ventaja excepcional a la hora de entrenar.
Transcurría el mediodía en un hermoso paraje cercano al bosque Rikudo, compuesto por un pequeño rio de marea baja, una cascada que desembocaba en aquel, y gran variedad de arboles a su alrededor. Allí, un unicornio le enseñaba a una cebra años mayor que él (la cual mantenía el modo Hekima activado), el arte del combate.
-Siempre cuida tu defensa, nunca ataques si sabes que te estás arriesgando a sufrir un daño mayor al que provocarás. –Explicaba el joven mientras la cebra, parada sobre sus patas traseras, ponía sus brazos en posición de cruz evitando el ataque de su compañero.
-¿Así está bien? –Preguntaba ella, sonriendo.
-Perfecto, ¿Y qué harás ahora si hago esto? –Dijo aquel, mientras rápidamente llevaba su casco trasero derecho directo al rostro de la joven, quien ágilmente cambió la posición de sus cascos para frenar la poderosa patada. Rápidamente tomando su pierna entre sus cascos, para luego arrojarlo lejos de su posición en dirección contraria. Al detenerse el unicornio a unos cuantos metros de la joven, aterrizando oportunamente, habló con estas palabras.
-¡Muy bien! Has avanzado mucho en muy poco tiempo… creo que ya estas lista. –Decía el joven, sonriendo.
-¿Lista? ¿Para qué? –Inquirió ella, con curiosidad.
-¡Para una pelea de verdad! –Exclamó aquel, mientras ahora galopaba rápidamente hacia la joven con claras intenciones de atacarla.
Al llegar donde su compañera, aquella reaccionó rápidamente ante el peligro, y mientras el joven dirigía su casco en un potente golpe hacia su pecho, Shisui lo esquivó hábilmente, haciendo uso de su velocidad para evadirlo y luego impulsarlo hacia adelante, valiéndose del poder de su enemigo.
La joven podía sentir la adrenalina de la batalla invadir rápidamente su cuerpo, mientras su respiración se agitaba, y gotas de sudor comenzaban a brotar de su frente.
-Nada mal, nada mal… pero tan solo evadiste mi ataque. No lograras nada de esa forma. Si lo que quieres es ganar, ¡Entonces debes luchar! –Exclamaba él, mientras se incorporaba una vez más, y galopaba rápidamente hacia su compañera.
Shisui reaccionó velozmente una vez más, propinando un fuerte golpe al unicornio, quien bloqueó y desvió el ataque con su casco izquierdo, mientras que hacía uso del derecho para golpear directamente su estomago.
La joven expulsó todo el aire de sus pulmones en una sola bocanada, mientras que el impacto del ataque la enviaba a los arbustos cercanos. Blast entonces se percató de que realmente se había excedido, con alguien que no poseía la misma experiencia y habilidad que él.
-Oh no… ¡Shisui! ¡Shisui! ¡¿Estás bien?! ¡Shisui! ¡Responde por favor! –Exclamaba el joven, galopando hacia el lugar donde había visto caer a su amiga.
En ese instante, una figura emergió entre los arbustos veloz como el rayo, y propinó al unicornio, quien galopaba en sentido contrario, un fuerte cabezazo, tomándolo totalmente desprevenido. Aquel cayó a varios metros de distancia al lugar del impacto.
-El factor sorpresa, ¿Recuerdas? –Dijo la joven, sonriendo.
-De acuerdo… quizá… quizá te subestimé un poco. Estás más… más preparada de lo que creía… -Decía el joven entrecortadamente, mientras se incorporaba.
-¿Por qué no… hacemos una apuesta? Si logro vencerte, tu harás lo que yo quiera, y si tú logras vencerme, hare lo que tú quieras. –Decía ella, sonriendo malévolamente.
-Creo que te estás confiando demasiado… -Respondió el joven.
-¿Qué ocurre, supuesto valiente? ¿Tienes miedo de que pueda vencerte?
-¿Qué es lo que has dicho?
-¿Acaso tienes miedo? –Replicó ella, sonriendo burlonamente, y con una ceja en alto.
-Oh no, mi querida Shisui, ahora si has cruzado la línea. –Decía el, sonriendo de la misma forma, mientras tomaba posición de batalla una vez más.
Estaba claro que Blast poseía una mayor experiencia en batalla, gracias a las enseñanzas de su padre y de su abuelo; pero Shisui, a pesar de no poseerla, sabía defenderse bastante bien gracias a él, y también se encontraba haciendo uso del modo Hekima (del cual era quizás una de las mejores usuarias), por lo que la batalla se encontraba en un equilibrio casi perfecto.
-¡Ven a por mí! –Exclamó el joven con total confianza.
Shisui rápidamente se lanzó a la carrera, no dispuesta a perder ante el unicornio. Cuando se encontraba a tan solo un metro del joven, quien la esperaba gustoso, su imagen se desvaneció en el aire.
Blast cayó en la confusión un segundo, pero casi al instante sintió a su enemigo impactar sus cascos traseros. El joven cayó de espaldas sin poder evitarlo, y pronto sintió como su compañera ejercía presión sobre sus brazos con sus cascos delanteros, inmovilizándolo, para quedar cara a cara con él.
-Velocidad incrementada mediante Hekima para una evasión rápida y ataque sorpresa… bien hecho. –Decía el joven, orgulloso.
-No eres tan hábil como pensaba, pues tu alumna ha ganado esta batalla… -Dijo ella, sonriendo con malicia una vez más.
-No lo creo… -Respondió él, con audacia.
Blast ahora sabía que, gracias a que su compañera estaba haciendo uso de Hekima, los golpes como el que estaba a punto de propinarle no causaban daños serios, pero aún así seguían siendo efectivos para la ocasión.
Pronto, el cuerno del joven se iluminó y un aura amarilla cubrió a la joven doctora, comenzando a elevarla, para finalmente arrojarla lejos de su posición. La cebra quedó a algunos metros de distancia luego de ello. Ahora, poco a poco ambos se incorporaban.
-Eso es trampa, y no es forma de tratar a una dama. –Lo regañó ella, entre risas.
-¿Creíste acaso que te dejaría ganar tan fácilmente?
-No creí que fuera a ser tan fácil ganarte, sin embargo aún está lejos de terminar este combate. –Decía la joven, al tiempo que tomaba posición de batalla, e iniciaba un rápido galope hacia el joven, con intención de atacarlo.
Aquel, mientras que Shisui propinaba un fuerte golpe con su casco derecho dirigido hacia su rostro, desviaba su ataque y la tomaba por el brazo, valiéndose de su fuerza para impulsarla hacia atrás, en dirección al lago.
En tanto ella, aun habiendo adivinado sus intenciones, lo permitió. Justo en ese instante, la joven tomó entre sus cascos el brazo que el unicornio había utilizado, arrastrando a su compañero junto con ella, y cayendo inevitablemente en el agua junto con él.
Momentos después ambos emergieron del lago, riendo y respirando agitadamente, abrazados. Pronto, las amenas risas se volvieron nerviosas, para luego dar paso a un incomodo silencio, mientras ambos jóvenes se miraban mutuamente a los ojos, como si estuvieran esperando algo de parte del otro.
-Creo… que es un empate… ¿Verdad? –Inquirió Blast, con una pequeña risa.
-Si… eso creo, uh… será mejor que salgamos del agua, ya ha sido suficiente por hoy… y estoy muy cansada.
-Sí, tienes razón… -Decía aquel, aún sin dejar de abrazar a su compañera, y sin cambiar su expresión.
-¿Sucede algo? –Inquirió ella, al notar la mirada del unicornio.
-No… n-no es nada, disculpa. –Dijo él, apartándose.
-Será mejor que volvamos, pues tengo algo de hambre. Además, si no inicio mis labores pronto, Felshak volverá a regañarme. –Decía él cómicamente, intentando mantener un aire relajado mientras salían del rio, y rápidamente tomaba de su bolsa, situada al pie de un árbol cercano, una tela que utilizaba para secar su pelaje y melena.
-El señor Felshak mucho te estima, después de todo eres parte de su familia. –Decía ella, mientras hacía lo mismo con la suya.
-Quizás, pero eso no me salva cuando llego tarde a nuestro entrenamiento, pues la última vez me hizo dar doscientas vueltas alrededor de la aldea como castigo.
-Bueno, si no quieres que eso se repita, será mejor que volvamos a la aldea con prisa. –Dijo ella, para tomar su bolsa, y pasarle a Blast la suya.
Antes de iniciar su regreso al pueblo, ambos sintieron una presencia que se aproximaba a aquel lugar, una que ambos reconocieron. Entre los arbustos, surgió una muy entristecida Shin, quien se encontraba en busca de los jóvenes.
-Madre, ¿Qué estás haciendo a-…? –Decía el muchacho, quien calló al ver que la madre se aproximaba a Shisui con tristeza, para finalmente abrazarla.
-Mi niña… ha… ha ocurrido algo terrible. -Decía entrecortadamente Shin, sollozando, y ganándose la preocupación de ambos jóvenes. Shisui, por causa de ello rápidamente asumió lo peor.
Todo el pueblo se había reunido en un lúgubre terreno, ubicado en el camino entre Vizuri Shetani y la montaña Hares. En el lugar se hallaban situadas gran cantidad de lapidas y cruces, que indicaban donde habían sido colocados los restos de quienes ya habían partido. Todas las cebras que allí se encontraban permanecían con triste expresión, lamentando la pérdida de un ser muy querido para ellos.
Blast y su familia, acompañando a la dulce Shisui, se hallaban delante de toda la multitud, frente a Felshak, que permanecía junto al espacio donde ahora descansaba el cuerpo del sabio doctor.
El viejo y sabio Kuhn había fallecido horas antes, mientras dormía. Fue Shin quien lo encontró en su cama, con un rostro que reflejaba paz. El querido y fiel amigo de la familia había partido de este mundo sin siquiera haber sido consciente de ello, en medio de un sueño.
Shisui permanecía abrazada a Blast, sollozando, cerrando sus ojos fuertemente, ojos que aun así dejaban escapar lágrimas de dolor. Para ella, no solo significaba la pérdida de su maestro, o de su gran amigo, significaba la perdida de alguien que hasta entonces para ella había sido lo más cercano a un padre que había conocido.
Felshak continuó diciendo unas breves palabras, para luego mirar en dirección a la dolida joven, quien lloraba desconsoladamente.
-Shisui… ¿Quieres decir unas palabras? –Preguntó Felshak, sin cambiar su seria expresión.
La joven intento calmarse, apartándose del abrazo del joven para secar sus lágrimas, y para luego dirigirse hacia el jefe, situándose a su lado para hablar con estas palabras.
-El gran Kuhn de las Sombras… admirado por muchos, ha ayudado a nuestro pueblo de múltiples maneras. Sirvió en la guerra como uno de los mejores doctores que ha visto nacer nuestra aldea. Es gracias a él que disponemos de medicinas hemostáticas de gran efectividad, e incluso de muchas otras más… -Decía ella, para luego cerrar sus ojos unos momentos, y abrirlos para mostrar una mirada llena de determinación.
-Pero eso nunca me importó. Lo que realmente tuvo valor para mí fue el hecho de que Kuhn… mi maestro… a pesar de conmigo no tener ningún parentesco, ha sido como un padre para mí desde mi nacimiento. El no solo me ha enseñado todo lo que sé, pues hace mucho tiempo el me ayudó a encontrar mi norte, a descubrir mi verdadera vocación, mi razón de ser. Por eso, si el día de mañana logro convertirme en una doctora respetada, será gracias a él, de eso no tengo duda. –Continuó la joven doctora, mientras las lágrimas comenzaban a surgir una vez más.
-No voy a presentar mis respetos, porque hacerlo significaría aceptar que él se ha ido, no solo que ya no se encuentra entre los nuestros. El vive en mí… a través de sus enseñanzas. Y por eso, yo me ocuparé de mantenerlas vivas, y a las siguientes generaciones transmitirlas. Los años podrán pasar, pero me aseguraré de que las generaciones venideras recuerden el nombre de Kuhn de la Sombras, no solo como el gran doctor que fue, sino como el valeroso padre y amigo… que todos conocimos. –Concluyó Shisui, que luego de secar sus lágrimas, tomó el jazmín que acomodaba en sus cabellos, para colocarlo sobre la sepultura.
-Nos volveremos a ver… -Susurró ella, derramando una lagrima que cayó sobre la flor, para luego volver junto a su amigo, a quien abrazo fuertemente una vez más.
Al terminar la ceremonia minutos después, todos comenzaron a retirarse con tristeza a sus hogares, menos Blast y su familia, que allí permanecían, acompañando a Shisui en tal difícil situación.
-Shisui, estoy seguro de que ya lo sabes, pero debo decírtelo una vez más: quiero… quiero que sepas que siempre estaré a tu lado… no importa lo que pase, hoy más que nunca. –Dijo el unicornio con sinceridad, abrazando a la joven.
-Gracias Blast… en verdad lo aprecio mucho. –Dijo ella, respondiendo al abrazo.
-Mi niña, las puertas de nuestro hogar siempre estarán abiertas para ti. Incluso nos sentiremos honrados si te instalas con nosotros, al menos hasta que haya pasado un tiempo.
-Señorita Shin, mucho se lo agradezco, pero no quiero importunarlos, pues sé que esto también a ustedes mucho ha afectado.
-Shisui, sé que es muy difícil para ti, lo es para todos nosotros. Pero lo más importante ahora es permanecer juntos, y estar ahí cuando necesitemos del otro. –Decía Kanto, que sabía con certeza que el regreso de la joven a su morada seria más doloroso de lo que ella imaginaba.
-Si… si están de acuerdo entonces, me gustaría quedarme con ustedes… aunque tan solo sea por unos meses.
-Mi niña… -Dijo Shin, aproximándose a la joven para abrazarla cariñosamente.
-Eres parte de nuestra familia, puedes vivir con nosotros el tiempo que quieras, estaremos felices de que así sea. –Decía ella, maternalmente, mientras que las lágrimas de la joven doctora comenzaban a surgir una vez más.
-Los quiero… los quiero mucho… -Decía la joven, sollozando audiblemente, al tiempo que el padre y el hijo se unían al abrazo. Ella no estaba sola, tenía una gran familia que la apoyaba.
En ese tiempo, Shisui se estableció en la morada de la familia durante un largo periodo, solo regresando a su antiguo hogar para continuar el trabajo de su maestro.
A lo largo del tiempo, el dolor de aquella perdida permaneció, tal y como la cicatriz que deja una profunda herida, era inevitable. Pero el apoyo que le daban Blast, su familia, y sus amigos, fue suficiente para ayudarla a salir adelante.
Pronto, la joven doctora comenzó a meditar sobre todo lo que Shin le había dicho años antes al hablarle de su viaje a través del mundo, buscando su lugar. Ella había descubierto que ese lugar, su destino, estaba en la aldea a la cual había pertenecido, ¿Pero qué tal si no sucedía de la misma forma con Shisui? ¿Era esa aldea realmente su lugar? ¿Su destino? Debía descubrirlo.
Blast Fire – 17 Años | Shisui – 20 Años
Transcurría una hermosa tarde de verano. Los rayos del sol del atardecer adornaban el paisaje. Los niños de la aldea jugaban alegremente, siendo observados por algunas madres, mientras que otras ya se encontraban preparando la cena para su familia.
Una gran bestia alada de rojas escamas y verdes ojos de aspecto felino observaba maliciosa y atentamente las vastas tierras de Vizuri Shetani, desde el borde de un acantilado.
-Vaya… es un inmenso terreno, y las montañas en aquel lugar se ven esplendidas. –Dijo visualizando a lo lejos la montaña Hares, entre otras.
-Será un buen lugar para vivir cuando termine con el… pero hay algunos insectos en las cercanías. Antes de establecer mi guarida aquí, será mejor que me deshaga de ellos. –Concluyó el monstruo para finalmente, abatiendo sus gigantescas alas, emprender vuelo y dirigirse hacia el lejano pueblo.
Ahora, al atardecer, dos jóvenes, un unicornio y una cebra, permanecían sentados sobre una roca blanca en el medio de un claro del bosque Rikudo, a unos cuantos kilómetros de Vizuri Shetani.
Ambos tenían una ligera mueca de tristeza en sus rostros, ambas por causa de lo que la joven había revelado a su compañero y amigo poco antes.
-Entonces, ¿En verdad te iras de la aldea? –Inquirió el joven unicornio, con tristeza.
-Así es, en unos días partiré, he estado pensando… que quizá lo que busco, lo que mi alma necesita, aquí no lo encontraré. –Decía la joven, explicando sus razones.
-Por favor, reflexiónalo. Sé que… sé que aún estás dolida por… por la partida del señor Kuhn, pero-… -Decía el joven, que se vió interrumpido por la cebra.
-Esto no tiene nada que ver con mi maestro. Es algo que he estado considerando desde hace mucho tiempo y… creo que ha llegado el momento de hacerlo. La verdad, ya no estoy segura de que este sea mi lugar, a donde estoy destinada a estar… pienso ir en busca de ese lugar.
-De acuerdo, si piensas irte de viaje, entonces no me queda más opción que acompañarte. –Concluyó él, reponiéndose.
-¿De qué estás hablando? –Inquirió la joven, sorprendida.
-Te prometí que siempre estaría a tu lado. ¿Qué clase de amigo seria si no pudiera cumplir una simple promesa? –Dijo el joven con gracia, como si se tratara de algo obvio.
-Blast… tú no puedes salir de estas tierras. Fue una condición que impuso el señor Felshak para que junto a nosotros permanecieras.
-¡Entonces huiremos! –Exclamó él, no encontrando otra salida.
-¿Qué?
-¡Huyamos! Si no queda otra alternativa, nos iremos sin que nadie se dé cuenta.
-No puedo permitir tales irresponsabilidades, pues aquello no haría más que romper el corazón de tus padres… –Explico ella, haciendo reaccionar al unicornio, quien ni siquiera había pensado en aquello.
-Yo…
-Debes quedarte aquí Blast, y cuidar de nuestra aldea con fuerza y sabiduría… como un verdadero guerrero lo haría.
-¿Pero a qué costo? Si no puedo permanecer junto a quien deseo proteger…
-¿Blast, de que hablas?
-Siempre he querido ser un guerrero, para proteger a mis seres queridos… ¿Pero qué sentido tiene… si para ello debo alejarme de la joven que más aprecio? –Decía él, mientras su voz comenzaba a quebrarse.
-Blast… ¿Acaso tú-…? -Decía la joven, siendo interrumpida por su compañero.
-Shisui… no quiero separarme de ti... –Reveló el, abrazando a la joven fuertemente, mientras una pequeña lágrima recorría su mejilla derecha. La joven, quien se sonrojó al sentir el contacto, respondió al abrazo rápidamente. Luego, se apartó un poco para secar sus lágrimas con su casco, y guió el rostro del joven para quedar frente a frente con él.
-Blast, no importa lo que pase de ahora en adelante… si extrañas mi presencia, solo deberás mirar las estrellas, pues debes saber que si se pudiera medir el cariño que por ti siento, es seguro que se extendería más allá del firmamento. –Decía ella cálidamente.
-No sé qué haré sin ti… -Decía el unicornio acariciando su mejilla con su pesuña en un gesto similar, con una melancólica sonrisa la cual Shisui acompaño, pero cambiando a una triste expresión poco después, mientras desviaba la mirada.
-¿Qué? ¿Qué sucede? –Se atrevió a preguntar el joven, preocupado.
-Blast hay… hay algo que quiero… que debo decirte, desde hace algún tiempo, y… y me lamentaré toda la vida si no lo hago antes de partir. –Decía ella entrecortadamente, tomando uno de los cascos del unicornio entre los suyos.
-¿De… de qué se trata? –Inquirió él, preocupado, al ver a su amiga tan afligida.
-Bueno… verás, quería decirte que… solo quería decirte que… que yo… -Decía Shisui, que antes de terminar la frase, sintió a su compañero apartarse de ella, para mirar en dirección contraria al pueblo. Tenía una extraña sensación.
-¿Blast? ¿Blast, qué sucede? –Inquirió la joven.
-Percibo algo… algo grande, y está aproximándose. –Decía él, con mucha seriedad.
-¿A qué te refieres? –Cuestionó ella, que pronto tomaba una expresión similar a la del unicornio.
En ese momento, lograron visualizar justo sobre ellos una enorme criatura alada de tonos rojos, que surcaba el cielo a una increíble velocidad, enfilándose en la dirección por la cual los jóvenes habían arribado al lugar.
El batido de sus alas hacia estremecer el suelo y los arboles, por lo que el unicornio tuvo la necesidad de tomar a su amiga y compañera entre sus brazos una vez más, pero esta vez para evitar que ambos fueran arrastrados por la potente corriente de aire. Una vez que el movimiento de los arboles cedió, ellos permanecían casi en el mismo lugar, anonadados.
-Oh Dios, esa energía es… es… -Decía Shisui, abrumada.
-Lo sé, es inmensa, y se aproxima a Vizuri a toda velocidad… no creo que este aquí de visita. –Concluyó Blast, mientras se incorporaba junto a su compañera.
-Debemos llegar lo antes posible y advertirlos. –Decía la joven.
-No, no hay tiempo, llegará antes que nosotros…
-Entonces, ¿Qué haremos? –Cuestionó preocupada.
-Prepararnos, ¡Ha llegado la hora de luchar! –Exclamó el, con una seria mirada embebida en determinación, que pronto dio paso a una oscura coloración bajo sus ojos.
Felshak permanecía sentado en el exterior de su morada, observando cómo los niños jugaban y reían frente a él. Aquella imagen le producía paz al jefe del pueblo, y lo remontaba al tiempo en que su hija había sido pequeña, y hacia exactamente lo mismo. Cerró los ojos unos momentos, para disfrutar de la tranquilidad del atardecer, anterior a la noche que se aproximaba.
-Mami… ¿Qué es eso? –Dijo un pequeño, apuntando con su casco hacia el cielo.
-Oh solo es… es… -Decía la joven, quedando atónita, mientras su feliz rostro pronto presentaba sin reservas su temor, al tiempo que un potente rugido se hacía presente en todo el lugar.
Felshak abrió los ojos abruptamente a causa del ensordecedor ruido, y pronto se levanto de la silla para hallar su origen. Al ver a la enorme criatura que sobrevolaba el lugar, profiriendo tales sonidos, entendió pronto que ello era un reto a batalla.
-Demonios… ¡Escuadrones de batalla! ¡Uno detrás de mí, cuatro rodeando el pueblo, y dos en el frente! ¡Los usuarios de viento de Asili Hekima vayan a las torres de vigilancia y esperen mis órdenes! ¡Los de tierra y agua manténganse en posición defensiva en las entradas del pueblo, y los de fuego manténganse detrás de mí! ¡AHORA! –Exclamó el líder, mientras activaba el Asili Hekima.
A pesar de haber vivido mucho tiempo en paz, las costumbres de batalla eran algo que ni Felshak ni las cebras mas entradas en edad habían olvidado. Rápidamente, el resto de las cebras que no eran capaces de manipular a Asili, se armaron con sus características lanzas de combate, al tiempo que activaban el modo Hekima.
-¡Váyanse de aquí, insectos! ¡Esta es mi tierra ahora! ¡Si no desean que incinere y masacre a cada uno de ustedes, entonces será mejor que se esfumen de aquí! ¡DE INMEDIATO! –Exigía el enorme reptil alado, hablando en equestriano, pues creía que aquellas criaturas eran simples ponis.
Los más pequeños temblaban asustados ante la extraña criatura que se hallaba ante sus ojos, no habiendo visto nunca en sus vidas algo semejante.
Shin, que se había aproximado rápidamente a su padre. Habló con estas palabras.
-¡Tu eres quien debe irse! ¡Este es nuestro pueblo! ¡Estas son nuestras tierras! ¡Y nadie, mucho menos una horrible bestia como tú, va a echarnos de aquí! ¡¿Lo has entendido?! –Gritaba la joven guerrera, enfurecida.
-¡Entonces será su funeral! –Exclamó aquel, comenzando a acercarse al pueblo.
-¡Shin! ¡¿Acaso esa craitura es un dragón?! ¡¿Entiendes lo que dice?! –Cuestionó su padre.
-En efecto, es un dragón, ¡Y quiere destruirnos, para tomar control de nuestras tierras! –Explicó ella brevemente a todos.
-Es suficiente para mí, ¡Todos oyeron! ¡Esa criatura no va a razonar con nosotros! ¡Que la mitad de la rama medica proteja a los niños, y que la otra mitad esté lista para tratar las heridas de los guerreros! ¡Los demás, prepárense! –Ordenó el líder, a lo cual todos respondieron.
-¡No son más que unos simples estúpidos! –Exclamó el dragón, lanzándose a toda velocidad contra el pueblo.
-¡Usuarios de tierra! ¡Elevación! –Exclamó el jefe. Las seis cebras correspondientes rápidamente respondieron, parándose sobre sus cascos traseros para golpear el suelo fuertemente con los delanteros.
En ese instante, diversas columnas de roca con una gran altura surgieron desde el suelo, en el exterior de las viviendas, a lo largo de toda la aldea. El dragón no tuvo más opción que elevarse una vez más para evitar lastimar su cuerpo.
-¡No bajen la guardia! ¡Este no es un enemigo ordinario! –Exclamó una vez más el jefe.
-¡Todos morirán! ¡Si no puedo destrozarlos con mis garras, entonces quemaré su aldea… junto con todos ustedes! –Exclamó, tomando aire en una gran bocanada, para luego expulsar una gran oleada de fuego a una distancia considerable.
-Lo sabía… -Susurró el líder.
-¡Usuarios de agua! ¡Apunten y ataquen contra esa llamarada! –Ordenó aquel. Las cebras, entre las cuales Kanto se encontraba, se colocaron en posición, y a través de su boca expulsaron una cantidad monumental de agua, lanzándola a gran velocidad contra el objetivo.
En total había trece cebras que hacían uso del agua mediante Asili Hekima, por lo cual la respuesta fue la esperada. El fuego no era capaz de alcanzar la aldea, y ambos se consumieron dejando únicamente un rastro de vapor.
-¡Padre! ¿Dónde están Blast y Shisui? No los veo por ningún lado. –Pregunto muy preocupada la joven. Su padre cerró los ojos unos momentos para agudizar su percepción, aprovechando que el dragón se había elevado una vez más.
-Vienen hacia aquí. Tu hijo ya está listo. –Respondió el líder, sonriendo ligeramente.
Y estoy seguro de que será un gran apoyo. –Pensaba Felshak, aún cuando aquel nunca se había enfrentado a un enemigo real.
En ese momento, una extraña figura cubierta por una especie de "aura roja", con alas rojas hechas de la misma, entró en el espacio aéreo del pueblo. Se trataba de Blast, quien sobrevolaba la aldea haciendo uso de sus habilidades, junto a Shisui, quien iba montada sobre él concentrando la mayor energía natural que era capaz de soportar, para que así el unicornio pudiera hacer uso de ella.
-En verdad se trataba de un dragón. Demonios… –Decía el joven, con ira en su voz, al encontrarse frente a frente a la bestia que había arribado al lugar, que ahora se encontraba a poco más de un kilometro de distancia.
-Concéntrate Blast, en este momento por tu furia no puedes dejarte llevar. Y no te preocupes por los nuestros, puedo sentir que ninguno de ellos ha resultado herido ni muerto. –Decía la joven. El unicornio suspiró con alivio.
-De acuerdo... entonces terminemos con esto de una vez. ¿Puedes sentir un posible punto débil? –Cuestionó el joven. Shisui cerró sus ojos, para así agudizar la percepción de su Hekima.
-¡Sí! Su espalda… a la mitad de la unión de sus alas, se siente un flujo de energía mucho menor que en el resto de su cuerpo de rojo color.
-Perfecto, entonces concentra toda tu energía y libérala a mi cuerpo en el momento en que impactemos contra él. ¿De acuerdo?
-¿Piensas atacarlo directamente? ¿No sería… más seguro atacarlo mediante la "explosión de fuego" de Asili?
-Mi madre me ha contado que los dragones tienen cuerpos preparados para resistir incluso el magma más ardiente, no estoy seguro de que mi fuego pueda afectarlo realmente. Además, recuerda que debido a la energía que consume aquel ataque tan solo puedo hacer un único estallido, Hekima se desactiva luego de eso.
-Entonces no tenemos muchas opciones… -Decía ella, algo preocupada.
-¿Crees que puedas con esto? Es nuestra... primer batalla contra un enemigo real.
-Claro, tu solo alístate, y asegúrate de que no nos maten. –Respondió con gracia.
-¡Confía en mí! –Exclamó él con confianza.
-Siempre lo he hecho… -Dijo la joven, mientras se aferraba más al cuello de su compañero, ahora casi cariñosamente. Blast sonrió ampliamente, y enfiló el rumbo hacia su contrincante rápidamente.
-¡Un par de moscas más no harán ninguna diferencia! –Exclamó con furia la bestia, para luego exhalar fuego a través de su boca, cubriendo totalmente a ambos combatientes.
En tanto, en tierra, Kanto y Shin estaban horrorizados, pues su hijo nunca en su vida había combatido de tal manera, y menos contra un enemigo con el cual no tenían ninguna experiencia.
-¡Blast! –Exclamó Shin, al ver a su hijo y a Shisui ser alcanzados por el ataque del enemigo.
-No te preocupes, está bien. Recuerda que su Asili es de naturaleza fuego. –Calmó Felshak a su hija, sonriendo con confianza.
-¡Aún así, debemos ir y luchar junto a ellos! –Exclamó la joven, con mucha inquietud.
-Tu hijo es probablemente el único de los nuestros que puede hacerle frente a un enemigo como este, pues es el único capaz de atacarlo directamente en el aire, a esa altura; será mejor que lo dejemos en sus cascos por el momento. Cuando seamos capaces de enfrentar al enemigo nuevamente, lo haremos. –Concluyó el jefe.
El unicornio surgió de entre las llamas, cubriendo a su amiga y a sí mismo con el aura roja de su cuerpo. El dragón, confundido, abandonó la idea de carbonizar a su enemigo y enfiló su rumbo rápidamente hacia aquel, con intención de atacarlos directamente.
-¿Estas lista? –Inquirió el joven.
-Cuando quieras. –Respondió ella, con confianza.
Antes de impactarse contra su enemigo, que iba a su encuentro, ambas figuras se desvanecieron en el aire en un instante, para acto seguido aparecer justo a espaldas de la bestia.
El unicornio, sin dudarlo y potenciado por la energía de su compañera, propinó con su casco derecho el golpe más poderoso que había dado en su vida, justo a la mitad de la espalda de la bestia.
El ruido ensordecedor del impacto llego incluso hasta quienes seguían la batalla desde tierra, a la espera de las órdenes del jefe.
El dragón gimió de dolor al sentir el golpe, y perdió algo de latitud por causa de ello, pero pronto repuso su vuelo, para luego voltear y enfilar su rumbo hacia los combatientes, ahora a mayor velocidad y más furioso que antes.
-Eso no salió como esperaba. ¿Aun te queda energía, verdad? –Inquirió el joven, nervioso, permaneciendo en el mismo lugar, pues no tenían lugar a donde escapar.
-No la suficiente para un ataque similar. –Respondió ella, con mucha preocupación.
-¡SON MIOS! –Exclamó el dragón, encontrándose a escasos metros de sus víctimas.
Demonios. –Pensó el joven, mientras veía la gran garra de su enemigo aproximarse rápidamente. No tenía muchas opciones.
En ese instante y sin miramientos tomó a su compañera por el brazo derecho y rápidamente la lanzó hacia el bosque que rodeaba el pueblo, mientras aquella gritaba su nombre con ira y confusión.
Acto seguido, sin poder evitarlo, recibió de lleno el furioso ataque de su enemigo, que lo envió en dirección contraria a casi un kilometro de distancia, luego de lo cual su cuerpo impactó fuertemente contra el suelo, siendo arrastrado a través de un extenso terreno.
Shisui en tanto caía en las cercanías del pueblo, con árboles y lianas que aligeraban su aterrizaje. Finalmente tocó el suelo, extremadamente agotada, y extrañamente ilesa, pues no tenía heridas mayores como esperaría luego de una caída como aquella. Momentos después, al incorporarse, la joven se percató de lo que había sucedido a su compañero.
-¿Blast…? –Inquirió la joven, con una voz quebradiza, y un nudo en la garganta, mirando en la dirección donde se había impactado el unicornio.
-¿Que… que es esto? –Se dijo a sí misma, mirando sus cascos, notando que estaba cubierta por el aura roja de su compañero, que poco a poco se desvanecía.
En ese momento cayó en la cuenta de que aquel le había proporcionado gran parte de su aura para protegerla, mientras que él había recibido de lleno un ataque mortal por parte de la bestia.
-Oh no… no puede ser, no… ¡Blast! –Gritó ella, con total desesperación, mientras que el dragón continuaba sobrevolando el área circundante sobre ellos, rugiendo con fervor.
