CAPÍTULO 114: "Una Flor para Scar"

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Y ahí estaba Scar..., sentado en el promorinto de La Roca, con su mirada totalmente perdida, pero, ¿qué pensaba en aquellos momentos?, no parecía estar observando su reino como de costumbre, no. En aquellos momentos su mente divagaba, centrándose en algo más… desde aquel sueño con Fabana ya nada era igual para él, y en su corazón comenzaba a germinar la semilla de la incertidumbre, había algo que lo inquietaba desde entonces, y por ello había decidido realizar un recuento de su vida; desde su tierna infancia hasta aquellos días, siempre buscando encontrar el punto exacto que lo había hecho cometer aquellos errores tan atroces. Pero eso no era todo. También quería recordar aquellos momentos... aquellos escasos momentos en que su espíritu había experimentado al menos algo de felicidad, pues finalmente quería sentir que pese a tanto dolor, había existido razones para poder decir que de algo había valido la pena vivir. Así en un momento cerró sus ojos ensimismándose, y un muy especial recuerdo llegó a su memoria:

Era una hermosa noche y la luna llena brillaba en todo su esplendor. Mientras todas las hienas dormían, el cachorro Taka se había sentado en algún lugar apartado del cementerio de elefantes, a contemplar las estrellas. Estaba en verdad muy triste y se preguntaba constantemente: ¿Por qué su padre habría elegido a Mufasa en lugar de a él, para ser rey?, ¿Por qué había sido tan cruel como para haberle hecho semejante cicatriz en el ojo izquierdo?, ¿Qué había en él que estaba tan mal?, además extrañaba a su madre; la manera en cómo tiernamente lo acurrucaba entre sus patas delanteras para consentirlo, ó aquellas noches en las que le contaba bellas historias antes de dormir; historias que hablaban de valientes leones guerreros y hermosas princesas. De hecho, una de las historias que más le gustaba, era el del príncipe Kokú, un león que había luchado hasta el final por el bienestar de su pueblo, en medio de una terrible sequía y una espantosa guerra. Cada vez que su madre Uru le contaba específicamente esa historia, Taka soñaba despierto con el día en que sería igual a ese príncipe; Sería amado y respetado como él.
Al llevar a su mente todo esto, el pequeño Taka comenzaba a experimentar una gran nostalgia y poco a poco las lágrimas se apoderaban de sus mejillas. Y así, sentadito en medio del llanto, de pronto Taka escuchó un suave susurro que le dijo por detrás:

"Taka… ¿Puedo acompañarte?"

Al voltear para ver quién había dicho eso, el cachorro sonrió y experimentó una sensación de alegría. La pequeña Shenzi estaba detrás de él, con una hermosa flor en el hocico.

"Shenzi… ¿Qué haces tú aquí? ¿No deberías estar dormida?," Preguntó el joven león sin poder disimular su felicidad.

"Es que, estaba dormida, cuando de repente unos ruidos me despertaron. Vi que saliste de la cueva, y decidí seguirte." Shenzi se comunicaba con algo de dificultad, ya que la flor le obstruía el paso a su voz. "Por cierto, ¿Qué haces aquí solito?"

"Pensando en muchas cosas," Taka le contestó. "Preguntándome por qué mi padre prefirió siempre a mi hermano que a mí. Preguntándome por qué siempre he sido un cero a la izquierda para todos, mientras que mi hermano brilla con su simple presencia… pero tú Shenzi… ¿qué haces con esa flor'"

"Ah, ¡¿ésta?!" Exclamó Shenzi, para después acercarse a Taka y soltarle la flor de manera que cayera encima de las patas delanteras de este. "Bueno… yo… Ehmm… esta flor es… para ti".

Taka estaba muy sorprendido. Nunca antes le habían dado un presente tan bonito.

"Gracias, Shenzi." Dijo al fin, muy contento y un poco ruborizado.

"¿Sabes Taka?," decía Shenzi con un dejo de ternura; "es muy raro que en un lugar tan seco e inhóspito como este cementerio se den flores, por eso, para nosotras las hienas, recibir una flor, es el regalo más significativo que alguien nos puede dar, y sólo regalamos flores cuando en verdad queremos a alguien… por eso yo quiero que sepas que tú eres… lo que realmente quiero decir es que tú eres… para mí… bueno, yo…

Shenzi no dejaba de titubear. Taka miraba a Shenzi, con mucha ternura.

"¿Te puedo decir 'Hermanito'?"

Ante estas palabras, Taka no pudo otra cosa, que acercarse a Shenzi colmándola de cariñosos lametazos.

"¡Pero claro que sí!" exclamó el león con gravedad. ¡Cuánto te quiero… hermanita!"

Scar abrió sus ojos. "¡Qué tiempos aquellos!", dijo para sí mismo, con un dejo de nostalgia.