Capítulo 9 – En la oscuridad de la noche – Primera parte

Agitado galope, sudor en su frente. Una joven cebra se abría paso en medio de la noche iluminada por la luna llena, a través de la flora de un frondoso y lúgubre bosque. Se encontraba huyendo, suplicando ayuda, en un estado de total desesperación. Corría a través de la vegetación, evitando los tenebrosos árboles cuyas ramas se asemejaban a garras, deseosas por capturarla.

Las pisadas de las criaturas que la perseguían se hacían cada vez más audibles, se sentían más cercanas. No había salida posible; estaba agotada, y no podría seguir a la carrera por mucho más tiempo. Pronto, halló con sorpresa una cueva cercana a su posición, algo difícil de visualizar por causa de las ramas que crecían a su alrededor. Sin dudarlo un instante se internó allí, encontrando en ella un lugar en el cual resguardarse momentáneamente.

Oyó aquellas pisadas acercarse a su ubicación poco a poco, mientras su corazón se estremecía, al tiempo que cubría su boca con sus cascos, intentando con todas sus fuerzas evitar proferir algún sonido que pudiera delatarla. Aquellos seres parecieron balbucear algunas palabras, apenas a unos cuantos metros de ella, y pronto se alejaron, no encontrando allí a su deseada presa.

La joven comenzó a respirar agitadamente; un tumulto de horribles emociones la tomaba por asalto, y su corazón golpeaba su pecho como una fiera salvaje fuera de control, intentando escapar de su jaula. Segundos después, al no ser capaz de oír nada más proveniente del exterior más que el cantar de los grillos, exhaló con alivio, intentando calmarse, asumiendo que ya no había nada que temer, y ahora estaba a salvo.

-No puedes… correr. No puedes… escapar… de tu destino. -Dijo una grave y dolida voz, cual anciano en sus últimos momentos de vida, desde el interior de la cueva fría.

La sangre de la joven se heló en un instante, y el latir de su corazón se detuvo bruscamente, al sentir el peligro inminente.

-Tú… nos devolverás… la vida… -Continuó.

Segundos después, volteándose trabajosamente y con temor, aquella divisó a lo lejos dos faroles de rojo color, que resplandecían en la oscuridad con singular intensidad, y desde su posición múltiples brazos y garras se abalanzaron en su dirección, acabando con ella profiriendo el grito más horrible y desgarrador.


-¡Shisui! –Exclamó un unicornio despertando abruptamente y sentándose en la cama, aspirando y exhalando con agitación y consternación, mientras un sudor frío en su rostro hacia acto de aparición.

Instantes después examinó rápidamente su ubicación, y al darse cuenta de donde se encontraba -descansando en el lecho de su habitación- pronto comenzó a calmarse. Con el paso de los minutos, sus miedos desaparecieron lentamente, y su respiración se normalizó poco a poco.

-Una pesadilla… solo fue… una pesadilla… -Susurró él, para finalmente dejar caer su cabeza en la cómoda almohada una vez más, quedando mirando en dirección al techo durante unos instantes, pensativo, antes de voltear hacia su izquierda y centrar su mirada en el pequeño florero de la mesa de noche. En tal adorno, se hallaban colocados bellos jazmines, de un tono blanco angelical.

Aquel solía renovar las flores con frecuencia, para mantener en su habitación aquel perfume que tanto apreciaba, y de esa forma, nunca olvidar a aquel ser, dueño de todo su afecto, a quien le recordaba.

-Solo fue… una pesadilla… -Se repitió a sí mismo en voz baja una vez más al haberse relajado finalmente, convenciéndose de ello, pronto perdiéndose en sus propios pensamientos, pensamientos que resonaban en su mente con gran frecuencia.

¿Cuánto tiempo ha pasado ya…? Es cierto, en unos días se cumplirán… 12 años. 12 años. Shisui… -Su mente se centró un instante en aquel rostro sonriente, que antaño había sido capaz de cambiar su estado de ánimo, sin importar cuán decaído estuviera.

¿Dónde estás…? ¿Qué estarás haciendo…? ¿Cuánto has cambiado en todo este tiempo…? ¿Me extrañarás tanto como yo te extraño a ti…? –Eran preguntas que no podía evitar hacerse cada vez que la recordaba, asumiendo ciertos aires de nostalgia y preocupación durante aquellos momentos.

Pero no podía dejarse llevar por los recuerdos, pues tenía varios compromisos que atender ese mismo día, y al observar sol colarse entre las cortinas, ya alto en el cielo, cayó en la cuenta de que iba tarde para cada uno de ellos.


Blast Fire – 29 años

Un joven unicornio abrió la puerta de su hogar, encontrándose de lleno con los fuertes rayos del sol de verano de un hermoso y cálido día. Poco después sus ojos se acostumbraron a ello, y pronto pudo disfrutar del bello paraje de su aldea.

Ya siendo mediodía, podía sentirse en el lugar el delicioso aroma del almuerzo. Los niños jugaban tranquilamente a lo largo de todo el pueblo, ya fuera con un balón, a las escondidas, u otros juegos que ellos mismos concebían. En el último tiempo las risas de aquellos habían hecho de ese momento del día uno de los más agradables para el unicornio, quien al notarlo no podía evitar sentirse… "un poco viejo", a pesar de que prácticamente se encontraba en la flor de su juventud.

-¡Buenos días, Blast! –Exclamó un jovencito de escasas rayas, crin en punta y ojos verdes, alegremente mientras corría hacia él.

-¡Shiari! ¡Buenos días! ¿Cómo estás? -Saludó él, acariciando rápidamente la rígida crin del niño con su casco.

-Bien, estábamos jugando Harákampira, ¿Te apuntas? –Le dijo, mirando en dirección a sus amigos detrás de él.

-Lo siento, quizá más tarde, hay algunas cosas de las cuales debo ocuparme primero. Ahora que lo pienso, no te he visto en lo que va de la semana, ¿Qué sucedió? –Cuestionó con curiosidad.

-Mi mamá me castigó. –Reveló él, con seriedad.

-Uh… ¿Qué fue lo que hiciste esta vez? –Cuestionó una vez más.

-Solo… Daima y yo solo quisimos ir a las montañas del sur, pero ni siquiera llegamos a salir de la aldea antes de que nuestros padres nos detuvieran. No hicimos nada malo…

-O al menos no llegaron a hacerlo. Sabes bien que en estas épocas las criaturas que allí habitan suelen salir durante el día, es muy peligroso que se aventuren en esa zona ustedes solos.

-Pero… nuestros padres trabajan turnos dobles durante el verano y el otoño, y no tienen tiempo para llevarnos… queríamos ver a las aves Rhea, quienes pueden cambiar el color de su plumaje a todos y cada uno de los tonos conocidos, antes de que emigraran, ¡Y eso será en menos de un mes! –Explicó él, con cierta desilusión reavivada por el recuerdo

-¿Y no hay nadie más que pueda llevarlos? –Inquirió él, a lo que el joven respondió negando con la cabeza.

-De acuerdo, si tanto lo desean… más tarde hablaré con sus padres y yo mismo los acompañare la otra semana, en mi día libre, ¿Qué dices?

-¿En verdad? ¿Lo dices en serio? –Inquirió el joven, emocionado.

-Claro, siempre y cuando se comporten hasta entonces, y obedezcan a todo lo que yo les diga, ¿De acuerdo?

-¡Seguro! ¡Se lo contaré a Daima, se pondrá muy feliz! –Respondió, al tiempo que detrás de él, los demás niños, incluyendo al nombrado, llamaban su atención para reiniciar el juego.

-Claro, ahora ve y diviértete. Hablaremos más tarde.

-Sí, ¡Muchas gracias Blast!

-Cuando quieras, Shiari. ¿Te veré mañana en el entrenamiento?

-¡Allí estaré! –Respondió, para chocar su casco con el suyo, y finalmente retirarse al campo de juego, establecido entre la casa del unicornio, y la de Nikatari, su vecino.

Han pasado doce años desde la partida de Shisui; desde entonces los aldeanos han seguido con sus vidas normalmente. El joven unicornio no ha sido la excepción; pues con el paso del tiempo se había vuelto un valioso miembro del equipo de recolección y, no menos importante, un habilidoso guerrero ahora perteneciente a la división primera de la rama guerrera, que al igual que cada uno de sus miembros, ocupaba al menos dos días de la semana -establecidos por el jefe de la aldea- para entrenar a los más jóvenes, quienes estaban deseosos de seguir su misma senda.

Cinco años atrás, había construido su propio hogar a escasa distancia del de sus padres, pues a pesar de que era inevitable que aquel "dejara el nido", no deseaba alejarse mucho de ellos, y menos aún habiendo una jovencita que requería de su guía y compañía.

Una casa de un único piso, hecha casi en su totalidad de paja y bambú, con no más de un recibimiento, cocina, comedor, y una habitación. Era más que suficiente para subsistir, aunque el joven realmente solo hacía uso de ella para dormir, pues almorzaba y cenaba en casa de sus padres, y el resto del día se mantenía ocupado (ya fuera trabajando, o simplemente pasando tiempo de caridad con sus amistades y familia).

Pero, ¿Qué esperaba lograr allí, en aquel pacifico lugar? Pues precisamente, mantener esa paz era el objetivo que se había impuesto a sí mismo a lo largo de los años. Había muchos clanes conformados por especies diferentes a la suya más allá de sus territorios, quienes deseaban con fervor las riquezas de Vizuri Shetani. Durante los últimos años, el clan Vivuli había repelido exitosamente tres intentos de invasión por parte de las perspicaces jirafas, los veloces guepardos, y los poderosos canguros.

Los clanes enemigos habían caído en la cuenta de que sería imposible para ellos tomar control de aquellas tierras mientras las cebras las habitaran, por lo cual finalmente se resignaron a ello -o al menos eso parecía-. Claro, no era seguro, pero había una mínima probabilidad de que aquellos intentaran algo similar una vez más algún día, y por causa de ello, los guerreros del clan Vivuli debían de estar preparados para enfrentar cualquier situación similar que pudiera presentarse. El joven en cuestión era parte esencial de aquellos guerreros, quienes eran la defensa principal de la aldea en caso de una emergencia como tal.

El unicornio ya había emprendido camino hacía su antigua morada, cuando alguien le llamó la atención, justo detrás de él.

-Asique levantándote tarde otra vez, ¿Eh? –Exclamó una cómica voz masculina, muy familiar. El joven suspiró y sonrió al oírla, antes de voltearse.

-Y apostaría lo que fuera a que tú también, Kaijin. –Respondió él con un tono similar, encontrándose un joven cebra de ojos verdes, una larga crin en punta, pelaje casi blanco, con escasas rayas grises en su cuerpo, y una marca en forma de una hoja en sus flancos.

-Pero al menos yo no tenía un encargo especial de recolección por parte del señor Kimimaro. –Le dijo, con cierta gracia.

-Oh, demonios, lo… lo olvidé completamente.

-Descuida, no te aflijas, dudo que lo requiera con urgencia. Solo avísale que lo harás mañana sin falta, estoy seguro de que no tendrá problema alguno. –Le dijo relajadamente, para luego aproximarse, y pronto llevar un casco atrás del cuello del unicornio, para atraerlo y darle un fuerte abrazo.

-¿Cómo estás, hermano?

-Ahora que te veo, mucho mejor.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado? –Cuestionó preocupado, al apartarse.

-No he dormido muy bien, desperté en varias ocasiones a lo largo de la noche.

-Demonios… Blast, te dije que no bebieras tanto del Shekairiuma de Mao, por eso apenas lo probé. Además de que posee ingredientes a los cuales ciertos estómagos son muy vulnerables (como el tuyo y el mío), recuerda que es una receta antigua, capaz de provocar alucinaciones en ciertas ocasiones. Ahora que lo pienso, creo que fue una bebida algo extravagante para una fiesta de cumpleaños.

-Sí, supongo que se veía y sabía mejor de lo que parecía. –Concordaba, no teniendo deseos de entrar en detalle en cuanto a sus pesadillas, probables productos del consumo de aquel preparado.

-En cualquier caso, ¿Cómo está la pequeña Kirian? Hace poco había cogido un fuerte resfriado… -Intentó desviar la conversación el unicornio.

-Sí, pero luego de que Hiuka la tratara, se recuperó en menos de lo que canta un gallo. Ese joven, con tan solo 15 años, es toda una promesa en cuanto a lo que medicina respecta; ha elaborado nuevos medicamentos muy efectivos.

-He escuchado a Felshak hablar de él en múltiples ocasiones, y lo he visto varias veces cuando era pequeño, pero nunca he tenido oportunidad de cruzar palabra con él. Por lo que sé, la mayor parte del tiempo se encierra en su hogar, experimentando con nuevas formulas.

-Sí, no es muy sociable que digamos, pero es un buen chico, créeme.

-No lo dudo, pero realmente me gustaría tener la oportunidad de platicar con él.

-Dentro de poco será la celebración del verano, seguramente allí lo verás. No creo que sea tan amargado como para perderse los festejos. –Replicó muy seguro el joven.

-Tienes razón.

-Apropósito, y hablando de eso, ¿Ya tienes a alguien con quien ir en mente? –Inquirió con curiosidad.

-¿A la celebración? Iré con mi familia, como todos los años. –Respondió con seguridad.

-Claro, pero… no te interesaría más ir… ya sabes, ¿Con una joven? –Cuestionó una vez más, ganándose una mirada con aires de gracia por parte de su compañero.

-¿Al menos esta vez? –Continuó, sin cambiar su expresión.

-La dama con la que asisto cada año podría mosquearse si lo hago, ¿No crees? –Explicó, a lo cual su compañero respondió con un audible suspiro.

-Aún me cuesta creer que esa pequeña tenga tanto poder sobre ti.

-Si te sirve de consuelo, a mí también me cuesta creerlo. –Le contestó, riendo.

-Oh, antes de que lo olvide: el jefe me pidió que te avisara que… que… ¡Ah sí! Que había reorganizado los equipos de recolección.

-¿En verdad? –Inquirió con sorpresa.

-Sí, y parece que nos agruparon a ti y a mí con Taka y Sérafi. –Explicó el joven.

Al escuchar ello, el unicornio no hizo más que mostrar una pequeña mueca de disgusto, pues aunque tenía una buena relación con la segunda, las cosas no habían terminado muy bien la última vez que había cruzado palabra con aquel joven sobre los métodos para almacenar los alimentos, el invierno anterior.

-Hebi me comentó hace unos momentos que la ubicaron en el grupo de Tekira, su esposo, asique no creo que esté muy disgustada por el cambio, uh… ¿Sucede algo malo? –Cuestionó, al notar su expresión.

-No, no es nada, es solo que-… no importa, olvídalo.

-Ahora que trabajaran juntos podría ser tu oportunidad. Siendo tú, no la desaprovecharía. –Le dijo, con tono de burla.

-¿Hablas de Taka? –Preguntó, sorprendido y confuso.

-No, idiota, hablo de Sérafi. No creo que haya probabilidad alguna de que puedas entenderte con Taka, en cambio, si hablamos de su hermana… -Decía el joven, con un cierto tono sugerente, al cual el unicornio respondió con una pequeña risa.

-Vamos, no digas tonterías, es apenas una niña.

-Claro, y tú eres todo un vejestorio. De hecho, esas arrugas no te sientan nada bien, ¿Sabes? Deberías pedirle a la señora Merikiú que las trate, mi abuela dice que tiene medicinas exfoliantes muy efectivas que-…

-Vamos, ¡Termina ya! Me refiero a que es 10 años menor que yo. La conozco desde que llegué aquí, cuando tan solo era una bebe.

-Ha pasado mucho tiempo desde que llegaste aquí, "viejo", y hoy en día Sérafi no es una bebe, es una de las jóvenes más hermosas de la aldea. Muchos aquí darían incluso sus patas traseras por estar a su lado.

-Si tú lo dices…

-No lo digo yo, lo dicen todos los muchachos que la han visto. Vamos, ¿Acaso vas a decirme que no te has fijado en ella? –Cuestionó él.

No hubo respuesta por parte del unicornio, más que una leve sonrisa en sus labios, que confirmaba su afirmación.

-Lo sabía, ¡Aún queda algo de sangre caliente ahí dentro! –Le dijo cómicamente, colocando un casco en su pecho.

-No molestes. –Le regaño entre risas, apartándolo con su brazo.

-Oye, ¿Y por qué no la invitas a la celebración?

-¿Disculpa? –Cuestionó, sorprendido por la sugerencia.

-Vamos, ¿Por qué no? Ambos son solteros, la pasan bien juntos, y ambos tienen la misma pasión por la batalla.

-Porque… porque no tengo interés en salir con alguien por el momento. –Respondió rápidamente, intentando mantener el optimismo que hasta entonces había mostrado, aunque la pregunta realmente lo había incomodado.

Luego de unos momentos de perplejidad ante sus palabras, Kaijin cambió su expresión a una más seria, antes de adelantarse y hablarle una vez más.

-Te conozco muy bien, Blast, y no me es difícil saber cuándo me estas ocultando algo, ¿Qué es lo que te sucede? –Cuestionó. No hubo respuesta alguna de parte de su amigo, quien había tomado una expresión más seria.

-Recuerdo que hace algunos años, los ojos de la joven Shika se iluminaban al estar cerca de ti. Y también recuerdo que al confesarte ella los verdaderos sentimientos que guardaba en su corazón, tú solo la rechazaste, a pesar de haber llevado una buena amistad con ella por mucho tiempo. Nunca te pregunté porque lo hiciste, pues asumí que simplemente no sentías lo mismo por ella, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que has evitado cualquier posibilidad de poder tener a alguien a tu lado, sin importar que tan buena fuera la relación. ¿Por qué? ¿Acaso quieres pasar en soledad el resto de tu vida?

-No estoy solo, y lo sabes. –Respondió en su defensa.

-Sabes bien a lo que me refiero; hablo de una buena mujer, alguien con quien poder compartir tu vida, con quien compartir los momentos de alegría y de tristeza, alguien en quien puedas confiar ciegamente y que aquella confianza sea devuelta en ti de la misma manera. Pero a este paso, fácilmente llegarás a la edad del jefe de nuestra aldea y seguirás viviendo en soledad. Blast, por favor, tan solo dime ¿Qué es lo que te sucede? ¿Qué es lo que estas esperando? –Inquirió él, con cierta preocupación.

No era la primera vez que el joven tocaba ese tema en los últimos años, sin embargo el unicornio, al igual que en ocasiones anteriores, permaneció en silencio algunos momentos, con seria expresión, antes de contestar.

-Supongo que aún no he conocido a la indicada. –Dijo él finalmente, aunque claro, esa no era la verdadera razón de su situación, y Kaijin desconocía aquello, no habiendo estado a su lado cuando su relación con

Shisui había tenido lugar.

Aquel permaneció en silencio algunos instantes, antes de tomar una expresión más alegre y comprensiva, cambiando su estrategia, y hablándole de esta forma.

-Pero eso no significa que no puedas disfrutar de la equivocada. –Le dijo con una sonrisa, desviando la conversación hacia donde deseaba.

-¿A qué te refieres?

-Tan solo piénsalo, la celebración del verano no será sino hasta dentro de dos semanas, cuando las lluvias comienzan a cesar; hasta entonces tienes tiempo de invitar a alguien…

-Kaijin, tú… -Iba a regañarlo, cuando este lo interrumpió abruptamente.

-Blast, escucha, no estoy pidiéndote que te cases, ni siquiera que busques una relación a largo plazo, no estoy pidiéndote nada de eso. Solo quiero que al menos te des oportunidad a ti mismo de comenzar a vivir la vida en compañía de alguien que no sea de tu propia familia. Solo… invita a alguien a la celebración, y diviértete, es tan simple como eso. Tampoco estoy pidiéndote que invites a Sérafi en contra de tu voluntad, solo me pareció una buena opción, pues ahora trabajaremos junto a ella, y hace ya algunos años que llevan una buena amistad desde que formaron un equipo provisorio para enfrentar a los guepardos.

-Lo recuerdo bien. Con tan solo 14 años ya podía preverse que en un futuro se convertiría en una hábil y poderosa guerrera, tiene grandes posibilidades de ascender a la primera división algún día. Pero aún así, digamos por un segundo que cedo a tus "sugerencias", ¿En verdad crees que haya alguna remota posibilidad de que acepte mi invitación?

-Es probable, pues incluso ya han bailado juntos durante la anterior celebración.

-Sí, pero eso fue simplemente un baile, sabes bien que pedirle formalmente que sea mi pareja ese día es algo completamente distinto.

-De cualquier forma no perderías nada con intentarlo. Tan solo invítala, a ella o a cualquier otra joven que esté disponible; baila, disfruta de los festejos, y solo entonces dejaré de molestarte. –Le dijo él, entre risas.

-Hemos sido amigos durante 7 años, y al día de hoy no entiendo cómo puedes hacer que las cosas parezcan tan fáciles.

-Yo no soy quien las hace ver fáciles, eres tú quien las hace ver complicadas.

-De acuerdo, si con ello consigo librarme de ti… la invitaré más tarde, después del trabajo. Y de no aceptar, ya no volverás a hablar sobre el tema, ¿De acuerdo?

-¡Ese es el espíritu! –Exclamó el joven guerrero, golpeando su espalda fuertemente, en un gesto de afecto que estremeció al unicornio.

-Uh… entonces, ¿A la misma hora de siempre? –Inquirió Blast finalmente, al haber llegado a su destino.

-Claro, y asegúrate de no llegar tarde, o te las tendrás que ver con el jefe otra vez. –Bromeo él, chocando su casco con el del joven.

-Es un hecho, ¡Saluda a Khrista de mi parte!

-¡Lo haré! –Dijo, para finalmente retirarse.

Mientras veía a su joven compañero adelantarse y alejarse, Blast simplemente no era capaz de alejar aquellas ideas de su mente. Todos sus compañeros de su misma edad ahora estaban casados, algunos incluso, como era el caso de su querido amigo, ya tenían hijos.

Su madre estaba deseosa de que encontrara pronto a esa alguien especial con quien compartir su vida, pero hasta entonces él no había estado dispuesto a ello. Era por eso, que tenía la certeza de que en el hecho de que hubieran puesto a aquella joven en su mismo equipo, su madre tenía algo que ver.

-¡Ya llegué! –Exclamó el joven al cruzar el umbral de la puerta, entrando en el recibimiento del hogar. No hubo respuesta alguna, sino un silencio sepulcral, que solo se veía interrumpido por los sonidos provenientes del exterior.

-¿Hay alguien? –Inquirió confundido al no obtener respuesta, mientras cerraba la puerta desde adentro. Su familia siempre estaba presente a esas horas, por lo cual le pareció extraño el hecho de allí no encontrarlos.

En tanto, una extraña figura había estado observándolo desde que había ingresado a la vivienda, tomada de las vigas que sostenían el techo, sonriendo maliciosamente.

Qué extraño… -Pensaba aquél, disponiéndose a entrar en las habitaciones.

En ese preciso instante, mientras avanzaba a través del recibimiento, aquella figura se impulsó desde su posición en dirección hacia el unicornio desprotegido. Aquel profirió un breve grito al sentir el impacto, en el instante en que sintió un cuerpo extraño caer sobre él, y a este pronto tomarse de su cuello, mientras sus cascos cedían por completo.

-¡Sorpresa! –Profirió con felicidad una aguda voz.

-¡¿Lin?! –Exclamó confundido y con enojo el joven, al notar a la niña sobre él, con feliz expresión.

Se trataba de una pequeña cebra de diez años, de ojos color verde claro, largos cabellos que caían a los lados de su rostro, y rayas de un tono gris claro cubriendo su cuerpo casi en su totalidad.

-¡Por los ancestros! ¡Me has dado un susto de muerte! –Exclamó con enfado, mientras se incorporaba, con aquella jovencita aún sobre su lomo.

-Te oí llegar y quise intentar el "ataque sorpresa" que les enseñaste a los niños el otro día, ¿Te sorprendiste? –Le explicó, mientras se posicionaba sobre su cabeza, trepando por su cuello.

-Mucho… pero, en primer lugar: eso… no es un ataque sorpresa, es casi provocarle un infarto a tu hermano mayor; y en segundo lugar: ¿Estuviste espiando las clases otra vez? –Cuestionó, mirando hacia arriba, en dirección a la pequeña.

-¿Tiene algo de malo? –Preguntó, sonriente.

-No, pero aún eres muy joven para hacer cosas tan peligrosas. Ya te he dicho que papá y yo te entrenaremos cuando tengas la edad apropiada y puedas manipular a Hekima con libertad, no hace falta que empieces antes de tiempo. A todo esto, ¿Dónde están nuestros padres?

-Fueron a visitar a la señora Nalu hace unas horas… ¡Mira, ya regresaron! –Exclamó felizmente al ver que se abrían las puertas del hogar. Entonces dos conocidas cebras, quienes presentaban algunos ligeros signos de vejez, ingresaron en la morada.

-Buenos días Blast, que gusto verte. –Saludaron ambos.

-Buenos días… -Saludo él, abrazándolos uno a la vez, aún con la pequeña sobre su cabeza.

-¿Cómo has pasado la noche? –Inquirió su madre, mientras su padre acariciaba la crin de su querida hija, y se dirigía a la cocina, cargando sus alforjas.

-No muy bien, en realidad… -Respondió él, sabiendo que no tenía caso ocultar ciertas cosas a su madre, quien era capaz de leerlo con tanta facilidad como si de un libro abierto se tratase, si se lo proponía.

-¿Por qué? ¿No podías dormir?

-No exactamente, verás… tuve una pesadilla.

-Hermano, ¿No estás ya bastante grande como para tener pesadillas? –Interrumpió cómicamente la joven.

-Lin… no hay que ser un niño pequeño para tener pesadillas, cualquiera puede tenerlas, a cualquier edad. –Le explicó su madre a la niña.

-¿Quieres contarme que sucedió? –Cuestionó al unicornio, al terminar.

-Bueno, en ella… estaba Shisui. –Reveló él, dejando el resto a la imaginación de la madre.

-Oh… -Fue lo único que fue capaz de decir, antes de ser interrumpida por su hija.

-¿Shisui? –Inquirió con curiosidad la pequeña.

-Ya te lo he contado… es… una vieja amiga. -Aclaró él, con una sonrisa.

-¿Solo una amiga? No me hagas reír… -Respondió desdeñosamente.

-¡Lin! ¿Qué modales son esos? –Exclamó con enfado la guerrera.

-¡Pero es cierto! ¡Cada vez que habla de ella sus ojos se ponen… como de tonto! –Dijo, intentando explicarse.

-¿Disculpa? –Inquirió, despectivo.

-¡No hay de que! Pero trata de no volver a hacerlo, es realmente molesto. –Respondió felizmente la niña. El joven exhaló profundamente, no teniendo ánimos para seguirle el juego a su hermana menor.

-Lo sabes, ¿Verdad? Que en dos días se cumplirán-…

-Doce años. Si, lo sé… -Completó Shin, con una melancólica expresión similar a la suya.

-¿Crees que ella… este bien? ¿Crees que vaya a regresar pronto?

-Estoy segura de que ella está bien, Blast, hablamos de Shisui después de todo, pero… no estoy segura de cuánto tiempo más vaya a estar ausente; podrían ser semanas, meses, incluso algunos años más...

Claro, si es que algún día regresa. –Pensó él, con cierto dolor.

"Es una promesa…" –Recordó. Palabras que ahora resultaban como un puñal en su corazón.

-Hermano, ¿Estás triste?

-¿Eh? No, no, claro que no, solo estaba… pensando en algo.

-Una chica que te hace sentir mal no es para ti… -Explico ella, con cierta tristeza.

-Eres muy joven para discutir algo como eso, ¿Sabes? –Le replicó él, sonriendo.

-¿Por qué los mayores siempre dicen lo mismo? –Refunfuñó la pequeña, provocando una pequeña risa por parte de los presentes.

Aquel tierno rostro, el cual podría ser sin dudas la representación misma de la inocencia, conmovía al guerrero, quien le dedicaba una melancólica mirada a la joven sobre él.

-¿Y ustedes? ¿Cómo pasaron la noche? –Cuestionó, al emerger de aquellos pensamientos.

-Bueno, tu hermana no era capaz de conciliar el sueño luego de que te fuiste. –Explicó, mientras la jovencita escondía su rostro en los cálidos cabellos del unicornio, apenada.

-¿Otra vez? –Cuestionó él, mirando hacia arriba una vez más. No hubo respuesta por parte de la pequeña, quien desviaba la mirada.

-Dijo que no podría dormir si no le contabas una historia, pero para entonces ya eran altas horas de la noche, y no quise perturbar tu sueño. –El joven exhalo profundamente, para luego sonreír, y mirar hacia arriba una vez más.

-Oye… te prometo que hoy me quedaré a pasar la noche, y te contaré una buena historia, ¿Qué dices?

-Claro… –Susurró ella, convencida, emergiendo de sus cabellos.

-De acuerdo, ¿Qué les parece si almorzamos? Su padre cocinará el día de hoy.

-¡Sí! ¡Papi, yo te ayudo! –Exclamó felizmente, saltando de la cabeza de su hermano, y dirigiéndose a la cocina, siendo seguida por Shin y Blast.

-¿Qué harás esta tarde? –Inquirió la madre.

-¿Luego de trabajar? Bueno, tenía deseos de jugar una partida de ajedrez con Lin, hace mucho tiempo de la última.

-¡Es cierto! –Exclamó la muchacha, desde la cocina, a lo cual el joven respondió con una audible risa.

-¿Y terminarás muy tarde el día de hoy?

-No, no lo creo. Por lo general somos tres, pero al parecer trasladaron a Hebi a otro equipo, y a Kaijin y a mí nos agruparon con Taka y Sérafi, así que probablemente terminaremos más rápido.

-¿Taka y Sérafi? ¿Los hijos de Lai y Naráe? –Inquirió, con sorpresa.

-Así es… -Dijo él, sentándose a la mesa de la cocina junto a su madre, mientras que su padre y hermana preparaban el almuerzo con entusiasmo, junto al fregadero.

-Cielos… casi no puedo creerlo. Parece que fue ayer cuando tuve a ambos en mis brazos. –Decía Shin, con mucha nostalgia.

-Ambos han crecido y madurado. Ahora Taka, a la edad de 22 años, pronto se casará con la bella Iarali, hija de Bicar y Nalu. Y Sérafi, bueno... ella aún es joven, estoy seguro de que pronto encontrará a alguien que cuide bien de ella. –Continuó el padre de espaldas a ellos, sonriendo.

-Kanto… Sérafi apenas ha cumplido 19 años, no es necesario apresurarse por casarse si aún no has encontrado a alguien a quien amar. –Replicó Shin con delicadeza, sabiendo que aquel tema no era del agrado de su propio hijo.

-Blast, ¿Estás bien? –Cuestionó al notar sus facciones, que denotaban seriedad.

-Si… no, en realidad no… bueno, tal vez. Es que… quería preguntarte algo.

-Lo que quieras, ¿De qué se trata? –Inquirió ansiosa, al notar que se trataba de algo importante.

-¿Acaso… hablaste con el abuelo para que reorganizara los equipos de recolección? –Cuestionó con curiosidad.

-Claro que no, ¿Por qué lo haría?

-No lo sé, solo… me pareció extraño.

-Pues sí, es algo inusual… si quieres luego hablaré con él y le preguntaré.

-No hay necesidad de molestar a tu padre por eso. –Le dijo Kanto a Shin, para luego dirigirse a Blast.

-¿Acaso te molesta de alguna forma trabajar junto a ellos?

-N-no, claro que no… es solo que Kaijin, Hebi y yo hemos trabajado muy bien juntos durante el último tiempo, y el abuelo no suele hacer cambios tan bruscos, y a mitad de año, a menos que el equipo no funcione adecuadamente.

-Pues… quizá Felshak vio que si los organizaba de otra manera, podrían obtener mejores resultados en sus labores, no hay nada raro en eso, ¿O sí?

-Si… es probable. –Respondió, no muy convencido.

-En fin, ¿Quieres tus mkalis con o sin granos de rikioji?

-Con, por favor.

-¡Yo también, yo también! –Exclamaba la jovencita.

-Claro, claro, descuida, hay suficiente para todos. –Le dijo, regresando a su labor.

-Si llegas a tener algún problema, tan solo avísame y yo hablaré con mi padre, ¿De acuerdo? –Le susurró su madre, con calidez.

-Claro, gracias mamá. –Respondió con el mismo tono.

-Yo prepararé la mesa en el comedor, ¿Puedes ayudarme?

-Seguro. –Respondió el joven.


Luego de disfrutar de un ameno y delicioso almuerzo en compañía de sus seres queridos, Shin y Lin se levantaron de la mesa, disponiéndose a salir.

-Acompañaré a Lin hasta la morada de Miliah, luego retomaré mis labores. Chicos, ¿Creen que puedan lavar los platos? –Inquirió la madre, con una ceja en alto.

-Claro, ve tranquila querida. –Respondió Kanto.

-No te preocupes, nos encargaremos. –Siguió Blast.

-Muchas gracias, los veremos en la tarde.

-¡Adiós papi! ¡Adiós Blast! –Exclamó la jovencita.

-Adiós, cuídate, y no te metas en problemas, ¿Quieres? –Le dijo el padre.

-¡Lo intentaré! –Respondió alegremente, para finalmente retirarse junto a su madre.

-Bueno, ¿Vas a ayudarme con esto? –Cuestionó con una irónica sonrisa, señalando la mesa con la mirada.

-¿Acaso tengo otra opción? –Preguntó él, con una expresión similar.

Y así pasó casi media hora, antes de que los poderosos guerreros pudieran terminar con sus difíciles adversarios: cuatro platos sucios y algunos utensilios de cocina que requerían un cuidado levemente mayor. Al terminar con la difícil labor a la cual ninguno estaba habituado, habiendo lavado el último plato sucio, Kanto se dirigió hacia una de las sillas de la mesa en la cocina, y se desplomó sobre ella, suspirando con fingido cansancio.

-Uh… ya estoy viejo para esto. -Decía él, sonriendo.

-Apenas lavamos la vajilla, aún tienes que cumplir con tus labores diarias. –Le recordó su hijo.

-Eso es lo que me desgasta, el solo hecho de pensar que aun hay varias tareas de las cuales debo ocuparme, preferiría pasar el resto del día en casa, y dormir una larga siesta.

-Vamos, esmérate al menos en darle un buen ejemplo a tus hijos. El solo hecho de pensar que en el futuro me desgastare como tú por algo tan trivial, me deprime en sobremanera.

-Tengo cincuenta años, Blast, ya no estoy rebosante de energías como cuando tenía tu edad.

-A menos que tengas la edad del abuelo, esa no es ninguna excusa.

-Quizás, pero de cualquier forma, no me hago más joven con cada día que pasa, y dentro de unos años ya no estaré aquí. –Le dijo él, con fingida melancolía.

-Oh, por favor, no empieces con eso de nuevo. Te lo repetiré una vez más, por si no me has escuchado las cien veces que te lo dije antes: TIENES 50 AÑOS, ¡50! Apenas has llegado a la mitad de tu vida, y si desde ahora te quejas de sentirte viejo, y de que en algunos años más partirás, no quiero ni siquiera imaginarme lo que me espera cuando llegues a los 80.

-Si es que llego a esa edad, claro. –Respondió el padre, intentando mantener una seria expresión, aunque en realidad deseaba carcajearse en ese preciso instante frente al rostro de su hijo.

-Vamos, termina ya. El día en que Lin se haya casado y tenga su propia familia tendrás entonces tu permiso para empezar a hablar sobre el tema.

-¿Lin? ¿Acaso tú no piensas casarte, y darme algunos nietos?

-¿Disculpa? –Cuestionó, sorprendido por la pregunta.

-No pido demasiado, cuatro, o cinco al menos, y que alguno de ellos lleve mi nombre. –Le dijo él, con una grata sonrisa.

-¡Oh, por favor! ¡Ni siquiera-...! –Decía, en medio de fuertes carcajadas, que pronto se hicieron cada vez menos audibles, y su expresión cambió, antes de continuar.

-Ni siquiera… sabemos si "eso" es posible. Sabes que pertenezco a otra raza; dudo que haya alguna forma de que pueda… bueno, ya sabes, dejar descendencia. –Aclaró él.

-Pues, será cuestión de buscar a una joven interesada en el trato e intentarlo, ¿No crees?

-¿Por qué siempre tenemos que terminar platicando sobre lo mismo? Siempre encuentras la forma de llegar hasta ese punto precisamente.

-Porque soy tu padre, y tengo un permiso especial para hablar del tema contigo.

-Supongo…

-Vamos, no deberías deprimirte por eso, recuerda: ¿Qué es lo que siempre te he dicho? Todo tiene solución…

-…excepto la muerte. Me lo has dicho al menos un millar de veces, y contando.

-Porque es un consejo que de verdad te serviría si lo pusieras en práctica cuando frunces el seño por causa de esos pensamientos. Ahora, en cuanto a ese "problema"… la solución es sencilla, simplemente busca a alguna joven sin pareja, sal con ella, compórtate como un caballero, y tarde o temprano las cosas se darán.

-Haces que suene tan sencillo… -Le respondió, con una pequeña risa.

-Es cuestión de puntos de vista. Yo al menos puedo hablarte desde la voz de mi propia experiencia. La juventud no es para siempre, Blast, y tu no la estás aprovechando mucho que digamos.

-Claro que si, por ejemplo, ahora debo ir a trabajar mientras dure mi vitalidad, y tú deberías hacer lo mismo, pues tu juventud aún no ha acabado. –Le dijo a su padre mientras se incorporaba, quien rió un poco antes de sonreírle con sinceridad y contestarle.

-De verdad me alegra verte tan realizado, me hace sentir orgulloso el ser tu padre. –Le dijo, a lo cual el joven sonrió de la misma manera, antes de acercarse a él y abrazarlo con firmeza.

-Y yo, orgulloso de ser tu hijo.

-Lo sé, no hace falta que lo digas. –Respondió el padre, soberbio. El unicornio suspiró, antes de apartarse.

-La edad no ha afectado tu sentido del humor, por desgracia.

-Y espero que no la afecte en los años que me quedan, al menos por ahora, pues de otra forma tu madre probablemente se aburriría de mí.

-Vamos, no digas tonterías. Bueno, ahora sí debo ir a trabajar. ¡Te veré más tarde! –Lo despidió, disponiéndose a retirarse.

El padre, al verlo de espaldas mientras se retiraba, se encontraba dubitativo. Deseaba que las cosas se dieran naturalmente, pero el solo hecho de haber intervenido tan solo una vez, lo hacía sentir como si estuviera engañando a su propio hijo, llevándolo por un camino que él no deseaba, cuyas indicaciones estaba intentando reescribir.

Al considerarlo desde ese punto de vista, decidió que lo mejor sería hablarlo cara a cara con él, sin mentiras ni engaños, y que de esa forma el joven fuera consciente de que aquellas indicaciones no se encontraban allí hasta hace poco tiempo.

-Espera, Blast… -Lo detuvo, con cierta duda.

-¿Si?

-Ven, siéntate, quería hablar de algo más contigo.

-¿Qué sucede? –Cuestionó con curiosidad, al sentarse a la mesa una vez más, junto a su padre.

-Seré directo, fui… fui yo quien le solicitó a Felshak que cambiara los equipos hoy en la mañana.

-¿Tu? Pero, ¿Por qué? –Cuestionó, sorprendido.

-Se que no debería entrometerme pero… bueno, solo quería que tuvieras la oportunidad de… conocer mejor a Sérafi…

-¿Conocerla? La conozco desde que llegué aquí, cuando su madre aún la llevaba en sus brazos.

-No me refiero a eso. Sé que es muy joven, pero es muy lista, fuerte, decidida, y tiene las agallas de una buena guerrera.

-Lo he notado.

-¿Tu qué piensas de ella? –Cuestionó con curiosidad.

-¿Qué pienso? Bueno… que es una buena chica, es… inteligente, bonita… espera, ¿Acaso quieres llegar a donde creo que quieres llegar?

-Solo estoy dándote la posibilidad de conocerla mejor, es todo. –Respondió con tranquilidad.

-Papá, la conozco, hemos sido buenos amigos durante cinco largos años.

-Pero nunca te has molestado en acercarte a ella. –Corrigió él.

-Quizá porque no estoy buscando una relación. –Respondió con firmeza.

-Lo siento hijo, pero es una respuesta que simplemente ya no me convence. Antes dudaba, pero ahora estoy seguro… de que esa no es toda la historia. –Explicó él.

El unicornio tragó saliva, al encontrarse frente a la severa mirada de su padre, quien al parecer tenía las ideas claras sobre la situación que aquel estaba pasando, desde hacía ya mucho tiempo.

-¿Qué quieres decir?

-Me refiero… a que "ella" es la razón, ¿No es así? –Cuestionó con seriedad, sorprendiendo a su hijo, quien respondió evasivamente.

-Eso no importa… -Le dijo, desviando la mirada levemente.

-¿Qué no importa? ¡Bah! ¡Claro que importa! –Exclamó Kanto, sorprendiendo al joven por su elevado tono de voz.

-¿Qué no importa, dices? ¡A mí me importa! ¡Y a tu madre también le importa! –Decía él, pronto calmándose, y asumiendo una expresión más tranquila segundos después, luego de lo cual el ambiente del lugar poco a poco fue relajándose-. Blast… Desde que Shisui dejó la aldea no has vuelto a ser el mismo. Añoro al niño que solía reír todo el tiempo, e iluminaba este hogar con la calidez de su sonrisa. –Explicó, con gran melancolía en su voz y en sus facciones.

-Ese niño… aun esta aquí, solo que ha crecido… -Le decía, con un tono de voz similar.

-Quizá su rostro denote felicidad… -Le dijo él, sosteniendo su rostro con su casco derecho.

-Pero su corazón está triste. -Continuó, llevando el mismo casco hacia su pecho. El joven desvió la mirada y permaneció en silencio.

-Soy tu padre, te conozco mejor que nadie, y hace mucho tiempo quería hablar de esto contigo. Blast, en un principio sabíamos que ella iría en busca de su "lugar en el mundo". Ya han pasado doce años, y tal vez deberías… comenzar a asumir la idea de que quizá ya lo haya encontrado, y probablemente ya no vuelva a esta aldea. –Explicó él con serenidad, con palabras que resultaron como un puñal en el pecho del joven.

-Tú no sabes eso… -Le respondió, con dolida voz.

-Es cierto, no lo sé, pero piensa esto: si ella no fuera a volver a nuestra aldea, ¿La esperaras toda la vida? ¿Qué tal si sus sentimientos han cambiado durante todo este tiempo? ¿Qué tal si volviera aquí dentro de doce años más, y entonces ya no sintiera lo mismo por ti? ¿Qué tal si la esperas durante todo ese tiempo en vano?

-Calla… no digas más… por favor… -Suplicaba él, cerrando fuertemente los ojos para que así las lágrimas no fueran capaces de escapar de su encierro.

-Un gran sabio dijo una vez… que la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes. Tú no estás dispuesto a abrirle las puertas a la felicidad mientras ella esté ausente; quizá, para cuando regrese, ya habrás perdido tu juventud, la oportunidad de tener una esposa, una familia, la oportunidad de ver a tus hijos crecer… es algo que nunca recuperaras si lo dejas ir ahora.

-¿Acaso estás diciéndome… que debo olvidarla? –Cuestionó al abrir sus ojos, con seriedad y una miraba que emanaba tristeza pura, desde lo más profundo de su alma.

-Solo estoy diciendo… que no debes atar tu felicidad a alguien más. Aquello logrará todo lo contrario, pues en su ausencia ahogaras en tristeza cada uno de tus días, durante el resto de tu vida... –Explicó, manteniendo una seriedad que el joven no recordaba haber visto nunca. No podía seguir en aquel lugar, debía salir de allí, antes de prorrumpir en llanto.

-Se está haciendo algo tarde… en verdad debo ir a trabajar… -Le levantó rápidamente, dirigiéndose a la salida, no siendo capaz de oír una sola palabra más.

-Blast… –Llamó Kanto. El unicornio se detuvo en el umbral de la puerta, mientras que su padre se incorporaba, y se dirigía hacia él. Al voltearse, una lagrima finalmente escapó de cada uno de sus ojos; aquellas pronto fueron enjugadas por el casco de su ser querido.

-Prométeme que lo reflexionaras. Por favor, lo único que deseo es que seas feliz… es lo único que deseamos. –Le decía cálidamente, pronto abrazándolo paternalmente.

-Lo sé… pero…

-Si deseas esperarla, no te lo impediré, pues se bien que tus sentimientos por ella son verdaderos. Pero piensa bien lo que te he dicho, medítalo, y busca la respuesta en tu corazón; es el único que puede decirte lo que debes hacer.

-Sí… lo sé. -Le contestó.

Permanecieron abrazados durante algunos minutos, en silencio, el cual fue roto únicamente por las palabras del padre, que fueron respondidas con la misma calidez por el menor.

-Te quiero mucho, hijo.

-Y yo a ti, papá. –Respondió, abrazándolo fuertemente, tal y como cuando era pequeño. El recuerdo de aquellos días enternecía a Kanto, quien devolvía el abrazo gustosamente, haciéndole saber que siempre estaría ahí para apoyarlo, sea cual fuese la decisión que tomara en el futuro.


Bien entrada la tarde, con el sol justo sobre su cabeza, Blast se encontraba recostado sobre la rama de un árbol a la entrada del pueblo, con las alforjas de recolección dejadas al pie de su ubicación. Los rayos solares se colaban a través de las hojas, y a pesar de tener sus ojos cerrados, estos le molestaban levemente.

Ya se tardaron demasiado… o quizá fui yo quien llego algo temprano… -Pensó él.

Hasta entonces había estado meditando las palabras de su padre. Tal vez no fueran lo más agradable que había oído de su boca hasta entonces, pero eran sinceras, y él bien sabía que en ciertos puntos tenía razón, aunque esa verdad le doliera en sobremanera.

El unicornio no se hacia más joven con cada día que pasaba, y a pesar de mostrar una sonrisa a todos a su alrededor, esa misma sonrisa no representaba lo que sentía en su interior. A pesar de estar acompañado de su familia y amigos, cuando regresaba a su hogar en la noche, al recostarse su fría cama, sentía la verdadera soledad invadir su hogar tanto como su propio corazón, soledad que con el paso del tiempo se haría más notoria y más agobiante de lo que ya era.

¿Volverás algún día? –Volvía a preguntarse en su mente, mientras una ráfaga de viento pasaba a su lado, y agitaba las ramas de los árboles, permitiéndole, al abrir sus ojos, una bella vista del cielo nublado sobre él.

Desearía ser como las nubes, pues ellas no tienen preocupaciones, no tienen ataduras, no sienten tristeza ni soledad, y no hay limites para los lugares que pueden alcanzar… son libres… –Pensaba aquel, cerrando sus ojos una vez más, cuando de pronto oyó una femenina voz, que provenía de un punto inferior, al pie del árbol.

-¡Oye, Blast! ¿Acaso estás durmiendo? –Cuestionó con gracia una joven junto a otras dos cebras. El guerrero entonces abrió abruptamente sus ojos para dirigir su mirada hacia ella.

Se trataba de una joven de largos, grises y lacios cabellos, ojos de un llamativo tono violáceo, pelaje gris claro, rayas apenas más oscuras que su pelaje en la mayor parte de su cuerpo, con una marca en forma de flor en sus flancos, y aros dorados en cuello y brazos. Tenía las alforjas de recolección listas en sus costados, al igual que los otros dos jóvenes.

-Claro que no, solo estaba descansando. Ya se habían tardado demasiado. –Les explicó aquel, bajando de la rama y cayendo justo a su lado, tomando las alforjas rápidamente y colocándolas en su respectivo sitio.

-Eso no te da derecho a tomar una siesta, tenemos trabajo que hacer, y siendo el líder de equipo, no estaría mal que te lo tomaras con un poco más de seriedad. –Le replicó Taka con severidad, un joven de corta crin blanca, pelaje gris claro con rayas que no resaltaban mucho del color de su pelaje, ojos azul claro, y una marca en forma de lanza en sus cascos, a lo cual el joven unicornio le respondió con una despectiva mirada, no llegando a decir palabra alguna en respuesta, pues fue interrumpido por el optimismo de su querido amigo.

-Bueno, eso ya no importa. Parece que trabajaremos juntos de ahora en adelante… Sérafi, es la primera vez que entras en recolección, ¿No es así? –Inquirió Kaijin, tratando de relajar el ambiente.

-Sí, y me alegra que así sea. Será un cambio agradable al trabajo de cuidado de los cultivos al cual me encontraba habituada hasta hace unos días. –Respondió, con un suspiro.

-Es un trabajo después de todo, no deberías quejarte hermana. –Le corrigió, despectivamente.

-Ya veremos como te quedan los cascos después de laborar la tierra durante cinco años seguidos, entonces podrás hablar. –Le contestó Sérafi con relajada voz, pero con notable enfado e irritación.

-Oigan, tranquilos, no tienen porque discutir. Ahora estás con nosotros, y si todo marcha bien, podrás trabajar en recolección el tiempo que desees. Bueno, ¿Dónde iremos hoy, señor líder? –Inquirió con tono de burla, en dirección al unicornio.

-Los equipos últimamente han estado explorando mucho el oeste, y hay muy pocos en la zona este; creo que deberíamos ir allí. –Explicó, con tranquilo semblante.

-¿Estás seguro? –Preguntó Kaijin, con cierta duda.

-Claro, ¿Por qué no?

-Bueno, estaría bien si fuéramos solo nosotros, como siempre, pero hay algunas zonas peligrosas en esa dirección, y Sérafi no tiene experiencia alguna en recolección... sin ofender. –Se disculpó al final.

-No hay problema. –Respondió la joven, sin inmutarse.

-No te preocupes por eso, si vamos con cuidado no sucederá nada. –Respondió el guerrero, con una sonrisa que inspiraba confianza sus dos compañeros y amigos, más no así en Taka, a quien no le agradaba en lo más mínimo.

Para aquel, durante la última vez que habían cruzado palabra, había quedado muy claro que el unicornio gozaba de la protección y el apoyo de Felshak en caso de cometer un error o de tomar una decisión equivocada, ventaja de la cual no gozaría ningún otro trabajador de la aldea aparte de su hija, y aquel joven, cosa que disgustaba al guerrero en sobremanera.

-De acuerdo, si tú lo dices… entonces pongámonos en marcha, mientras más pronto terminemos más pronto regresaremos. –Le dijo Kaijin, con expreso optimismo.

-Claro, ¡Vamos! –Exclamó el unicornio, ya poniéndose en camino.

-¡Papá! ¡Papi! –Exclamó una pequeña de ojos azules, crin blanca en punta, y pelaje gris oscuro, corriendo hacia ellos.

-Kirian, ¿Qué sucede? –Preguntó Kaijin, aproximándose a la niña.

-Mamá se siente mal, y me pidió que fuera por ti para ir con un doctor.

-Oh cielos… de acuerdo, tan solo aguarda un instante –Le dijo, para luego dirigirse a sus compañeros-. Perdonen, pero debo irme.

-¿Quieres que vaya contigo? –Preguntó el unicornio, algo preocupado.

-No, tranquilo, no es necesario, lo más seguro es que debió caerle mal la comida, después de todo anoche fui yo quien debió cocinar. –Explicó entre risas, intentando relajar el ambiente. El unicornio y el resto de sus compañeros, sin embargo, no cambiaron su expresión, mostraban preocupación.

-Uh… de acuerdo. -Le dijo finalmente, no muy convencido.

-Ustedes vayan en paz, yo me ocuparé de esto, y si tengo tiempo más tarde, los alcanzaré. –Respondió, aproximándose a su amigo.

-De acuerdo, sabes que si necesitas cualquier cosa, puedes contar conmigo. –Le dijo, chocando su casco con el del joven.

-Claro, lo sé. ¡Los veré más tarde! –Se despidió, para luego voltearse y trotar hacia el pueblo en compañía de su hija.

-¿Crees que estará bien? Me refiero a su esposa… -Decía Sérafi, algo preocupada también, cuando su nuevo compañero ya se había perdido de vista.

-No te preocupes, estoy seguro de que está bien. Kaijin es muy mal mentiroso, si no hubiera sido sincero cuando dijo lo de la cena, lo hubiera notado.

-Si tú lo dices, al fin y al cabo lo conoces mejor que yo.

-Sí, bueno, creo que ya nos hemos retrasado más de lo debido. –Dijo Taka, no con muchos ánimos.

-Tienes razón. De acuerdo, en marcha. –Dijo el joven, con optimismo.


Había pasado ya una hora desde que el equipo de tres había salido del pueblo en dirección al territorio este de Vizuri. La vegetación que invadía los bosques impedía el pasaje de la luz del sol, por lo cual se trataba de un lugar poco iluminado, en el cual se podía oír el cantar de las aves en múltiples direcciones, aunque era difícil visualizar a aquellas criaturas en tan inmensa flora.

Los tres jóvenes que conformaban el equipo caminaban formando una fila, pero en determinado momento, la guerrera se adelantó para posicionarse junto al unicornio.

-¿Y… como está Lin? –Preguntó Sérafi, intentando romper el silencio.

-¿Mi hermana? Está bien, como siempre. Ahora se encuentra jugando con una de sus amigas…

-La semana pasada estuve platicando con ella, es muy agradable, y muy inteligente.

-Es una niña muy especial. Hace poco mi madre comenzó a enseñarle las hierbas básicas para componer medicinas simples en caso de una emergencia, y fue capaz de aprender y aplicar todos esos conocimientos en no más de unos pocos meses.

-Me lo ha contado, se sentía muy orgullosa de ello…

-¿Y tus padres?

-Se han ido a las montañas Hares para disfrutar de su día libre, volverán en la noche.

-¿Por qué no fuiste con ellos? –Preguntó, extrañado.

-¿Bromeas? Es mi primer día de trabajo como recolectora, no me lo perdería por un mero día en las montañas, y menos cuando tengo la oportunidad de trabajar con chicos experimentados en esto, que pueden instruirme. –Concluyo la joven, con una amena risa, a la cual el unicornio respondió con una sonrisa, antes de ser asaltado por la pregunta de su otro compañero.

-Blast, ¿Sigues creyendo que esto es buena idea?

-¿De qué hablas?

-De lo que dijo Kaijin. La zona a la cual nos dirigimos puede ser peligrosa para quien no tiene experiencia, y mi hermana nunca ha trabajado de esta forma.

-Vamos, no tienes de que preocuparte Taka, sabes bien que aprendo rápido.

-Y sueles meterte en problemas con la misma velocidad. Por favor, ni siquiera sueles salir del pueblo con frecuencia, no sabes nada sobre los peligros que habitan fuera de nuestra aldea.

-Para eso estamos nosotros, para guiarla y ayudarla en lo que necesite, y de esa forma pueda hacer un buen trabajo.

-Gracias Blast, al menos alguien aquí sabe cómo tratar a una dama. –Agregó, con orgullo.

-¿Por qué no simplemente cierras la boca, y cumples con tus labores? Es la única razón por la cual estás aquí. –Respondió con rudeza.

-Taka, por favor, ahora somos un equipo, ¿No puedes ser un poco más amable con-…?

-Tú mejor métete en tus asuntos, es mi hermana, y yo decido como debo-… -Decía él, interrumpiendo con irritación, antes de que su expresión cambiara drásticamente.

El unicornio y la cebra parecieron haber reaccionado ante el mismo estímulo, estímulo ante el cual Blast rápidamente se volteó, y ambos guerreros quedaron enfrentados entonces, con frías miradas en sus rostros, que provocaban el temor de la joven presente, que preveía lo peor.

-No, por favor, no hagan esto… no aquí, no ahora… -Decía ella con enojo y frustración ante sus actitudes, temerosa de lo que podría llegar a suceder en ese lugar.

El aire de la zona entonces se había tornado tan tenso que fácilmente podría haber sido cortado, mientras aquellos poderosos guerreros se preparaban para lo que vendría a continuación. Pasaron unos cuantos segundos, antes de que el menor presente hablara.

-Estás listo, ¿Verdad?

-Claro que sí. -Respondió él, con una sonrisa maliciosa, y una mirada que inspiraba confianza pura.

-Bien, ¿A la cuenta de tres? –Cuestionó una vez más, a lo que su oponente respondió afirmativamente, asintiendo con la cabeza.

Mientras este comenzaba el conteo, el corazón de Sérafi se estremecía, al caer en la cuenta de que estaba en medio de una batalla que seguramente no llegaría a buen término. Ella sabía bien que su hermano y su amigo no se llevaban bien, debido a sus personalidades tan diferentes la una de la otra, razón por la cual no podían ni siquiera permanecer juntos en la misma habitación por mucho tiempo desde su última discusión, pero nunca habría esperado que aquello llevara a algo más que un intercambio de insultos.

Deseaba interrumpir, no quería que las cosas llegaran a tal punto, pero puesto que ella aún desconocía como manipular a Asili, sus poderes se encontraban en un nivel muy diferente, totalmente fuera de su alcance, e interponerse resultaría inútil en tal situación.

El conteo llegó a su fin y ambos se abalanzaron a grito de batalla el uno contra el otro, mientras un aura de rojo color bañaba al guerrero de cálida crin, y una de marrón claro hacia lo mismo con el de crin monocromática. La joven estuvo a punto de suplicar que se detuvieran, aún sabiendo que sus ruegos de nada servirían, pero para antes de que lo hiciera llegó a divisar como ambos continuaban su paso al lado del otro, tomándose de los hombros de su oponente para, con sus brazos derechos afilados como lanzas gracias a sus respectivos poderes, atravesar a las criaturas que se habían arrojado en su ataque.

La joven guerrera se sorprendió al notar que las criaturas en cuestión eran arañas Kripia, insectos de gran tamaño y gran velocidad, de un aspecto grotesco y de un tono muy oscuro, que ahora permanecían colgando de los cascos de ambos compañeros, mientras un líquido viscoso brotaba de sus heridas, y cubría el suelo el lugar poco a poco.

-No sabía que pudieras moverte tan rápido… -Le dijo el unicornio.

-Hay muchas cosas que todavía no sabes de mí. –Le respondió con el mismo tono, al tiempo que ambos se despojaban de sus enemigos, quienes caigan al suelo como cuerpos sin vida. Sus fluidos no permanecían sobre los guerreros, puesto que el aura que los protegía también los repelía.

-Aún no se ha acabado, ¡Sérafi! ¡Formación de batalla! –Exclamó Taka mirando a sus espaldas. La joven que hasta entonces había permanecido inmóvil, observando la escena con incredulidad, debió reaccionar rápidamente y despojarse de su sorpresa, para dirigirse hacia sus compañeros, formando con ellos un círculo mirando al exterior, para cubrir la mayor área de visión posible.

Ahora podían verlo; había toda una colonia de las criaturas que acababan de matar aproximándose en todas direcciones. Se dirigían hacia ellos por tierra, y saltando a través de los árboles cercanos, dispuestos a cazarlos, como ellos bien sabían.

-¿Por qué no fui capaz de sentir su presencia? Y si habían visto venir a esas criaturas, ¿Por qué no se enfrentaron a la que estaba a sus espaldas en un principio? –Se atrevió a preguntar la joven.

-En primer lugar, porque su energía natural es casi imperceptible; recuerda que son insectos, no tienen sangre caliente, y la aquella energía circula por sus cuerpos de una manera muy distinta a la nuestra. Blast y yo apenas lo sentimos cuando estuvieron a escasos metros de nosotros. Y en segundo lugar, porque no lograríamos voltearnos a tiempo y propinar un ataque efectivo antes de que aquellas criaturas nos alcanzaran, era mucho más sencillo ir por la que acosaba a nuestro oponente.

-¿Y qué haremos ahora?

-Huir no es una opción, parece que establecieron su nido hace poco en algún punto bajo este enorme lugar. No nos dejarán escapar tan fácilmente. Nuestra única oportunidad es acabar con todos y cada uno de ellos. Sérafi, ¿Crees estar lista? –Cuestionó Blast al finalizar, pero la joven estaba demasiado preocupada por el avance de sus enemigos como para poder responder con afirmación.

-Más vale que lo esté, de otra forma los tres moriremos en este lugar. –Completó Taka con excesiva sinceridad, al instante que divisaba en su frente a la primer criatura que iba a su encuentro, contra la cual cargó, y momentos después atravesó con una furia sin igual, habiendo terminado a una distancia considerable del punto original.

-¡Ten cuidado! ¡No debemos separarnos! –Exclamó el unicornio en respuesta a sus actos, justo cuando otras criaturas saltaban desde la copa de un árbol en su búsqueda y la de su compañera. Aquel no fue lo suficientemente veloz como para contraatacar.

La joven a su lado tomó el valor necesario y se adelantó para proferir una fuerte patada aérea al enemigo de su frente derecho, haciendo uso de él para embestir al izquierdo. Aquel ataque no había bastado para debilitarlos, pero había evitado que los hirieran.

-¡Blast! Tengo entendido que tu Asili es de naturaleza fuego, si implementas algún ataque de ese tipo en este lugar probablemente ninguno de nosotros saldría de aquí con vida, ¡Tenlo en cuenta! –Le dijo Taka con firmeza, al notar como la energía que cubría a su compañero se incrementaba.

-Lo sé, no has de inquietarte Taka, pues esa no es mi única habilidad. –Le respondió, mientras que desde el lugar donde normalmente aparecían sus alas temporales, poco a poco emergían dos extensiones alargadas y afiladas como lanzas, las cuales se dirigían directo a los enemigos que Sérafi había atacado, atravesándolos de lado a lado sin darles tiempo a reponerse, y así acabando con sus miserables vidas, luego de lo cual estás extensiones volvieron a su lugar de origen.

-Los ataques de fuego no son lo único que permite mi Asili. –Completó el experimentado guerrero con orgullo.

-¡Bien pensado! –Exclamó el otro mientras se ocupaba, mediante un fuerte barrido con la lanza de roca generada en su brazo, de dejar fuera de combate a los cuatro enemigos que se abalanzaban hacía él.

Al tiempo que las criaturas continuaban su avance sin detenerse un segundo, sin darles tiempo para respirar siquiera, Sérafi, mientras intentaba repelerlas mediante potentes ataques, contemplaba con angustia e impotencia el hecho de que mientras que sus compañeros eran capaces de utilizar poderosas técnicas de ataque gracias a su Asili, ella apenas podía enfrentarlos en una batalla cuerpo a cuerpo, sin tener la opción de luchar de otra manera.

-¡Blast! Lo sientes, ¿Verdad? –Cuestionó el guerrero de crin monocromática.

-¡Sí!

-Hermano, ¿Qué sucede? –Inquirió la joven.

-Se están agrupando…

-¡Nos atacaran… todos juntos de una sola vez! –Aclaró el unicornio.

-Oh Dios… ¿Qué vamos a hacer?

-Si nos quedamos aquí, nuestro final será inevitable. ¡Debemos movernos a un campo abierto!

-Concuerdo con Taka. Cerca de aquí hay una zona abierta que da a un acantilado, probablemente podamos sacar ventaja de ese terreno.

-¿Estás seguro? –Cuestionó su compañero, cuando a lo lejos, gracias a su aguda visión, logró divisar a las arañas gigantes que se aproximaban a gran velocidad.

-¡No, pero no tenemos otra opción! ¡Corran! –Exclamó con temor el guerrero, un temor que no había experimentado en mucho tiempo.

Estaba claro que aquel, tiempo atrás, había sido perpetrador de una hazaña tal como la de enfrentar a un dragón cara a cara, pero para desconocimiento de los demás, aquel sufría de un profundo temor hacía aquellas criaturas producto del episodio que había vivido junto a su querida amiga hacía ya tantos años. Pero no era momento de sucumbir ante aquel terror, había tres vidas en juego, incluyendo la suya propia, y el dejarse llevar por un instante, inevitablemente le costaría caro.

Pronto, el equipo de tres se movió ágilmente a través del bosque en la dirección indicada por el guerrero de cabellos cálidos, abriéndose paso a través de los árboles, los arbustos y las enredaderas, siempre sin mirar hacia atrás, pues bien sabían que aquellos seres los perseguían sin cesar.

Minutos después, emergieron de la oscuridad del bosque, a un campo abierto en el cual la vegetación era realmente escasa, pues solo había algo de césped que recibía perfectamente la luz del sol sin la interrupción de sombra alguna; el lugar en cuestión, tal y como Blast había predicho, se encontraba junto a un precipicio.

-¡Cuidado! –Exclamó el unicornio al emerger, con el mayor volumen de su voz, a lo cual los guerreros respondieron haciéndose a un lado de la abertura que habían generado, de la cual instantes después comenzaron a brotar aquellos monstruos, los cuales estaban dispuestos a acabar con ellos en aquel lugar.

Rugiendo con fervor, varios grupos se abalanzaron hacia cada guerrero individualmente, buscando dividirlos, para luego atraparlos uno por uno. Aquellos no advirtieron que, mientras el grupo frontal se abalanzaba sobre ellos, las criaturas que se ubicaban detrás, aún bajo el abrigo de la vegetación de la zona cercana, preparaban su ataque.

Aún así no podían ceder terreno; Blast continuó haciendo uso de las lanzas de aura que emergían desde su espalda, aún sabiendo que aquellas consumían una peligrosa cantidad de energía, mientras que Taka se mantenía junto a Sérafi, protegiendo en todo momento a su hermana menor, haciendo uso de las lanzas de roca de sus brazos, El combate se había tornado intenso, ambos guerreros luchaban con interminable pasión, pasión que no solo surgía por proteger sus propias vidas, sino también la de su ser querido.

Los dos experimentados combatientes eran capaces de destruir de un solo ataque a cada criatura que los acosaba, luego de lo cual estas caían al suelo como trozos de materia inerte e irreconocible de antaño algo viviente. Sérafi se mantenía en la retaguardia, vigilando el avance de sus enemigos, y esperando el momento de actuar.

Claro, la batalla que estaban enfrentando no era nada comparado a los intentos de invasión de los varios clanes de Upendo, pero aunque el enemigo era un grupo de criaturas algo desorganizadas en su ataque, ellos eran un equipo de solamente tres guerreros contra aproximadamente cincuenta oponentes, lo cual parecía tornar la balanza de la actual situación a favor del enemigo.

Pasaron los minutos, y ya cuando creían haber acabado con el último grupo de criaturas, desde las penumbras del bosque emergieron cinco telarañas en un poderoso lanzamiento con dirección al cielo, luego de lo cual poco a poco comenzaron a descender a la zona en la cual se encontraban.

Taka y Blast se percataron inmediatamente del ataque y su objetivo, por lo cual, aumentando el nivel de su Asili, se tornaron rápidamente alrededor de Sérafi, quien con asombro observaba que pronto sus auras aumentaban su tamaño y la protegían, casi chocando la una con la otra. Aquella energía resultante, expedida por sus cuerpos, deshacía los viscosos hilos que caían sobre ellos.

Luego de esto, para su desagradable sorpresa, el Asili Hekima del cual hasta entonces habían gozado se desactivó, pues habían alcanzado el tiempo límite de la técnica, y poco a poco sus cuerpos volvían a la normalidad, escena que la joven guerrera observaba con desesperación.

-¡Mierda! –Exclamó Taka con impotencia.

-Demonios… esto no puede estar pasando. ¿Aún te queda energía para Hekima, verdad? –Cuestionó el unicornio, mirando en dirección a su compañera.

-Sí… reuní la energía suficiente antes de salir de la aldea.

-¡No hay tiempo para una transferencia! ¡Esas cosas ya vienen hacia aquí! –Exclamó Taka.

-¡Lo sé! ¡No estaba hablando de eso, sino de que ella debe luchar en el frente de ahora en más! –Explicó el joven. Taka lo observó estupefacto durante unos instantes, antes de responderle con un cierto nivel de ira manifestado en sus facciones y voz.

-¿De qué demonios estás hablando? Mi hermana no tiene la-…

-No hay tiempo para discutir esto ahora Taka, ustedes ya no pueden hacer uso de Asili, soy la única que aún tiene energías para combatir aquí. –Decía ella, con firmeza y seriedad, a lo cual el joven respondió con una mirada llena de incredulidad.

Si había algo de lo cual Taka estaba orgulloso, era de su habilidad para examinar una batalla, reconocer las ventajas y desventajas rápidamente, y planear una estrategia en consecuencia. A causa de ello, sabía bien que aquella era la única opción posible.

Ellos ahora no disponían de la fuerza de la cual habían gozado hasta entonces, y a pesar de que conservaran la energía vital necesaria para poder luchar, sus ataque simplemente no serían efectivos para con sus enemigos, quienes ahora tenían la ventaja del terreno, puesto que las telarañas a su alrededor dificultarían enormemente el movimiento del equipo.

-Si algo llegara a ocurrirte… nuestros padres nunca me lo perdonarán. -Decía él, con angustia en su voz, expresando claramente entre líneas que quien nunca se lo perdonaría, no sería nadie más que él mismo.

-Saldremos de esta, hermano, tan solo confía en mí… al menos esta vez. –Le respondió ella, con calidez en su voz. Blast no podía evitar recordar a su hermana en aquel instante, pues de estar en el lugar de Taka, sabía bien que sentiría exactamente lo mismo, habiendo reaccionado de la misma manera; no le era difícil entender su angustia.

Segundos pasaron después de haber concluido la joven sus palabras, luego de las cuales, el último grupo, de tres criaturas en total, emergió desde las sombras. Las arañas se abalanzaron hacia sus respectivas presas, dando por hecho que ya ninguna de ellas podía defenderse, y tal fue su sorpresa cuando la que se ubicaba en primera línea recibió una fuerte coz en su abdomen por parte de la combatiente femenina del equipo, haciendo retroceder a las que la seguían.

La parte inferior de su cuerpo comenzaba a derramar aquellos fluidos, pero aún podía moverse, aunque con cierta dificultad. La criatura herida, la mayor, rugió una vez más, provocando cierto estremecimiento en la joven al frente, ante el cual claro, no cedió, ni cambió su expresión de fuerte confianza y determinación. Al instante, las dos arañas a sus espaldas se arrojaron en su búsqueda, encontrándose de lleno con la embestida de los guerreros a los cuales creían haber despojado de sus poderes.

Blast, al igual que Taka, se arrojó sobre su respectiva presa, poniéndola de espaldas contra el suelo, intentando sostener las ocho patas de la criatura únicamente con sus cuatro cascos, quedando prácticamente cara a cara con ella, cara a cara con la muerte en su más cercana aproximación. No está de más describir el terror que sentía invadir hasta la última fibra de su ser al contemplar el grotesco rostro del monstruo, que derramaba saliva en cantidad a través de sus fauces, las cuales lanzaban fuertes mordiscos al aire, en un intento por librarse y alcanzarlo.

Mientras que el guerrero cebra parecía estar cumpliendo eficazmente con su cometido, el unicornio estaba siendo presa de todos sus miedos, y de no hacer algo con eso, pronto cedería ante ellos.

Sérafi se encontraba cara a cara con quien parecía ser la líder -o más bien la madre- de aquellos insectos, y era ahora la única capaz de detenerla. El movimiento de sus cascos se veía ralentizado por los hilos adheridos al suelo, mientras que su contrincante era capaz de moverse libremente; debía encontrar rápidamente la forma de terminar con ella, pues no contaba con mucho tiempo.

La criatura rugió con fervor antes de lanzarse en la búsqueda de la joven, quien habiendo preparado cuerpo y mente, la recibió gustosa, evitando su ataque con la mayor rapidez que permitían sus cascos. Colocándose instintivamente a sus espaldas, trepó por su abdomen hasta su cabeza, y aún arriesgándose a lastimar sus brazos, la rodeó por lo que parecía ser su cuello, que se encontraba peligrosamente cerca de una abertura de grandes colmillos.

De haber estado en condiciones normales, claramente habría perdido ambos brazos en las fauces de la bestia, pero Hekima permitía gozar de un poder, velocidad y percepción sin igual, y es por ello que eso no sucedió, sino que pronto, mediante un esfuerzo extremo, fue capaz de separar aquella extensión de lo que era el resto del cuerpo.

Tras apartarse rápidamente la guerrera, cayendo sobre las telas de araña que cubrían la zona, el cuerpo de la bestia tanteaba con sus patas delanteras en el lugar donde alguna vez había estado el centro de su sistema, y luego de haberse movilizado frenéticamente durante algunos segundos, la bestia finalmente se desplomó en el suelo, sin vestigio alguno de vida, más que algunos espasmos que provocaban la leve contracción de sus múltiples extensiones.

Se sentía orgullosa de sus logros; había cubierto con éxito a sus camaradas, una hazaña digna de contarse, pero pronto despejó su mente de esos pensamientos, pues ese no era el fin. Recordó que sus compañeros aún estaban manejando la situación con las criaturas restantes, y aproximándose a la mayor velocidad que permitía el actual terreno, destruyó con el poderoso golpe de su casco derecho la cabeza de la bestia que retenía su hermano, para luego dirigirse a la del joven unicornio quien, sudor en frente, temblor en sus patas delanteras, estaba a punto de ceder.

Para su fortuna, antes de que ninguna desgracia sucediera, la joven hizo lo mismo que con la anterior desdichada criatura, y la destruyó en un abrir y cerrar de ojos. En ese instante, los fluidos viscosos habían salpicado el rostro del aterrado unicornio quien, sin habla, luego de observar la escena ante él, y de oír a los hermanos decirle algunas palabras -las cuales no logró reconocer por su estado-, reaccionó, y se apartó rápidamente de aquel cuerpo inerte, con consternada expresión.

Segundos después, la mueca de terror que había invadido su rostro pasó a ser una de alivio, su acelerada respiración pronto se normalizó, y los músculos de todo su cuerpo se relajaron, mientras dejaba escapar audibles exhalaciones. Al instante, sintió un suave pero fuerte casco posarse sobre su hombro, sensación frente a la cual abrió rápidamente sus ojos, encontrándose con la gentil muchacha de la cual estaba en compañía.

-Blast, ¿Estás bien? –Preguntaba, mientras los rasgos de su Hekima se desvanecían, con un tono y expresión tan cálidos y comprensivos que eran capaces de conmover al afligido guerrero, quien pronto comenzó a reponerse.

-No lo trates como a un niño, hermana, solo está algo consternado, pues has destrozado los sesos de esa basura frente a su hocico, es todo. –Interrumpió Taka, con una sínica sonrisa en su rostro, a diferencia de Sérafi, no reconociendo la fobia que afectaba al joven.

-Entonces, ahora que todo ha acabado… ¿Qué haremos? ¿Volveremos a la aldea para informar a Felshak de que estas criaturas habían alcanzado nuevo territorio? ¿O trataremos de recuperar la normalidad de este día, y haremos eso en la noche? –Cuestionó el joven, con tono sarcástico, mientras pateaba con su casco delantero lo que parecía ser la cabeza de la madre de aquellas criaturas. Habiéndose repuesto, Blast le respondió con estas palabras.

-Creo que lo mejor sería regresar a la aldea, informar a Felshak, y regresar a nuestros hogares para recuperarnos. Todos estamos realmente exhaustos, y… no creo que podamos soportar el duro trabajo que conlleva la recolección.

-¿Estás seguro?

-Esa es mi opinión, pero si ustedes se sienten con ánimos para hacerlo, no tendré más opción que acompañarlos, pues sería una imprudencia separarnos y volver cada uno por su cuenta a la aldea en un momento como este. –Aclaró él.

-¿Tú qué dices, hermana?

-¿Yo? –Inquirió, sorprendida.

-¿Intentamos continuar con nuestro trabajo, o regresamos a casa? –Preguntó una vez más.

-Creo… creo que lo mejor será que regresemos, Taka. Nos hemos alejado mucho del camino, perderemos al menos una hora más antes de llegar a nuestro destino, y no dispondremos de mucho tiempo para concretar nuestras labores con regularidad. Lo mejor será volver, informar a Felshak de lo acontecido, y regresar mañana, cuando todos estemos en mejores condiciones. –Decía ella, al contemplar el estado en que el unicornio se encontraba, no pudiendo concebir la idea de obligar a su querido amigo a hacer un mayor esfuerzo en la situación en la cual se encontraba.

-De acuerdo, si es lo que quieren… entonces regresemos a casa de una vez. –Dijo él, toscamente, no deseando seguir perdiendo el tiempo en aquel lugar.

-Blast, ¿Puedes levantarte? –Cuestionó ella extendiendo su casco derecho, el cual el unicornio no se negó a tomar.

-Sí… muchas gracias. -Decía, siendo auxiliado a incorporarse.

-Cuando quieras. –Le respondió, con dulce sonrisa.

El joven guerrero ya adelante, observaba escéptico la escena tras de él, pero al devolver la mirada al frente, encontró con la más horrible sorpresa a una de las arañas a las cuales se habían enfrentado, en pleno salto hacia su ser, a escasos centímetros de su rostro, a punto de engullirlo de la forma más espantosa imaginable.

Por fortuna de los ancestros, sus reflejos fueron lo suficientemente veloces como para tomar por los colmillos a la criatura haciendo uso de sus cascos. El joven cayó de espaldas inevitablemente, con aquel monstruo encima de él, cuyo repugnante aliento sobre su rostro se tornaba nauseabundo e insoportable.

Los guerreros restantes reaccionaron rápidamente ante aquel ataque, descubriendo con temor que aquella batalla aún no había encontrado fin, pero antes de poder hacer nada, apenas habiendo divisado a su compañero en pleno ataque, fueron tomados por sorpresa por la araña restante que se dirigía ellos, quienes se encontraban peligrosamente cerca del borde del precipicio.

Las telarañas aún dificultaban sus movimientos por lo que no pudieron llevar a cabo el esquive deseado, y a causa de ello, pues la criatura se había centrado en la joven, ésta recibió de lleno su embestida, la cual involuntariamente los llevó a caer, cazador y presa, al precipicio de la escena.

Ambos compañeros de la joven gritaron su nombre con el mayor terror en sus voces, mientras que aquella se envolvía en una batalla en caída libre contra aquel ser del cual pronto se separó, cayendo a una considerable distancia de ella.

El unicornio no lo pensó dos veces, y apenas un instante después de su caída, sin vacilar, se arrojó por el precipicio en busca de su compañera, pronto tomando el control y llevando sus brazos atrás para ganar la mayor velocidad posible.

Logró interceptar a la joven guerrera en el aire, quien profería gritos de terror por la caída, y de asombro al notar quien había ido en su búsqueda, y ahora la tomaba en sus brazos.

-¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡¿Estás loco?! –Increpaba la joven, con una mezcla de asombro, horror, y desesperación.

-¡Si, y me alegra estarlo! ¡De otra forma esto de seguro no funcionaría!

Así le respondió, mientras las sombras de Hekima hacían acto de aparición en su rostro, expandiéndose más de lo que naturalmente lo harían, haciendo evidente que estaba forzando aquella técnica más allá de los límites permitidos, lo cual conllevaría graves consecuencias a futuro.

Una débil aura cubría su cuerpo, de la cual hacía uso para intentar expandir sus alas, las cuales para su desgracia, se desgarraban y desvanecían en poco tiempo.

Mierda… con esta energía no es suficiente… no es suficiente… maldición… ¡MALDICIÓN!

Sérafi comprendía lo que estaba sucediendo; la energía de la cual disponía el joven unicornio, aún forzando a Hekima en un intento de exprimir más poder, no era suficiente para hacer uso de sus habilidades.

La situación era extrema, sus dos vidas terminarían en aquel momento si no hacían algo pronto. No disponían de tiempo ni siquiera para hacer una rápida transferencia, las alas del joven no se extendían, y ahora sus destinos descansaban en los cascos de la guerrera.

La adrenalina, el temor a la muerte, y el fuerte deseo de proteger a su querido amigo, la ayudaron en un momento de extrema desesperación, a encontrar el verdadero camino al poder en su interior.

Cerró sus ojos, se dejó llevar por aquel impulso, y pronto la sombra de Hekima que había aparecido bajo ellos comenzó a extenderse a ambos lados, hasta cerca de sus orejas, mientras un aura roja comenzaba a cubrir su cuerpo en su totalidad, expandiéndose incluso al del unicornio, flameando cual ardiente fuego, con un fuerte resplandor. Aquel observaba incrédulo la escena frente a su rostro, siendo testigo de cómo su nueva compañera liberaba por primera vez el verdadero poder de Asili Hekima.

-¡Blast! ¡Ahora! –Exclamó ella, sin abrir los ojos, intentando mantener aquella transformación el mayor tiempo posible. Ahora, su aura comenzaba a mezclarse con la de su compañero, y pronto las sintió combinarse completamente, manteniendo la armonía.

Era el momento. El unicornio se sorprendió al percibir con cuan perfección su aura se complementaba con la de aquella joven, y en los breves instantes que les quedaban antes de llegar al suelo, este realizó un último intento de extender sus alas, el cual finalmente dio frutos.

Extensiones enormes creadas por energía pura surgieron del lomo de aquel, alimentadas por el poder de la guerrera y las cuales, agitándose fuertemente, aminoraron su caída, pero aún así no eran suficientes las energías que poseían para mantenerlas el tiempo necesario.

Ya a escasa altura del suelo, las alas de aquellos se desgarraron inevitablemente, se desvanecieron, y al desactivarse sus respectivos Asili ambos cayeron aún abrazados sobre la flora de la zona, partiendo rígidas ramas en su camino, dañándose con espinas y afiladas hojas, para luego romper la última rama cercana al suelo, impactándose fuertemente contra él y solo entonces separándose, débiles y malheridos.


Taka se esforzaba por escapar de la criatura que lo aprisionaba e intentaba por todos los medios engullirlo, pero tan pronto como la desesperación por saber que había sucedido con su hermana y compañero se tornó insoportable, sosteniendo parte de la criatura con dos cascos traseros y uno delantero, hizo uso del casco derecho para golpear el rostro –si de esta forma podía llamarse- de la bestia.

Lo golpeó repetidas veces, potenciadas por la ira y desesperación que invadían su ser, mientras las extensiones de la criatura arañaban su rostro, su abdomen, y sus patas. Aquellos movimientos cada vez se volvieron más pausados, más lentos, hasta que finalmente cedieron, y al voltearse el joven cebra, la bestia cayó al suelo, inmóvil, con el centro de su sistema destrozado a discreción.

Solo entonces, cuando la criatura hubo yacido muerta a su lado, se dirigió dificultosamente hasta el borde del precipicio, observando con temor una caída que parecía tener kilómetros antes de llegar a suelo alguno. Gritó los nombres de sus compañeros con el más absoluto temor, y al no obtener respuesta alguna, pronto tomo una determinación.


La joven guerrera lentamente abrió sus ojos, intentando divisar la zona a su alrededor. Era un bosque sombreado prácticamente igual al del cual provenían, cuyos árboles impedían cualquier pasaje de la luz del sol. Al intentar movilizarse, pronto descubrió un dolor punzante que invadía la totalidad de su brazo derecho. Al observarlo, notó una grave herida en el área que producía tales sensaciones, y fue entonces cuando recordó y fue consciente de lo que había sucedido.

Con desesperación, comenzó a mirar a su alrededor, y pronto encontró a escasa distancia al joven que la había auxiliado. Observó también que aquel estaba inconsciente, y notablemente herido de gravedad. No perdió tiempo, y ágilmente comenzó a desplazarse hasta donde su amigo, para verificar su condición.

Al haber llegado hasta el cuerpo, y de examinarlo brevemente, determinó con terror las heridas que afligían a su compañero. Extrajo con cuidado las alforjas de sus costados, solo para notar que había una rama clavada en uno de ellos, la cual parecía haber ganado una importante profundidad gracias a la caída que habían sufrido.

-Sérafi… -Susurró él, con dolida voz y ojos entreabiertos.

-¡Blast! ¡Blast, aquí estoy! Aquí estoy, no te preocupes, te llevaré a Vizuri de inmediato, y estarás bien… pronto estarás bien, te lo prometo…

-Sérafi, no… no puedo… no llegaré a nuestro pueblo a tiempo, con esto dentro de mí… -Explicó, teniendo completo conocimiento de su situación.

-¡No te rindas ahora! Lo lograremos, no tengas dudas, saldremos de aquí acomodé lugar… -Alentaba ella, con desesperación.

-No, debes… quitarla… aquí.

-¡¿Estás loco?! Si lo hago… si lo hago te desangraras, y no podré-…

-Por eso me sanaras antes… de que eso suceda. -Explicaba, respirando agitadamente.

-Blast, no me pidas algo como eso… te lo suplico, no me pidas algo así; casi no me queda energía, y mis técnicas médicas no son nada comparado con las de-…

-Estoy… perdiendo la consciencia. Deberás tomar… una decisión ahora. Sérafi, por favor… te necesito. -Decía el joven, no soportando por más tiempo aquel dolor que lo invadía.

Al oírlo, el corazón de la joven se estremecía en sobremanera. Si bien era cierto que su madre, siendo doctora, le había enseñado lo básico en el arte de curar las dolencias de sus semejantes, no se sentía preparada para algo así, nunca en la vida hubiera pensado que alguna vez debería tomar la responsabilidad de una situación como aquella, pero así fue.

Ahora, su querido amigo permanecía en el suelo, débil y apenas consciente, debatiéndose entre la vida y la muerte. Ella era la única que podía salvarlo, era la única capaz de hacer algo al respecto. No podía flaquear, no cuando uno de los seres que más apreciaba en verdad la necesitaba.

-Prepárate… esto no va a gustarte. -Decía ella, decidiéndose finalmente, y mordiéndose el labio inferior mientras que tomaba en sus cascos el objeto que producía aquellas dolencias.

Blast, apenas consciente de ello, apretó fuertemente con sus dientes la rama que Sérafi había colocado en su boca segundos antes.

Instantes después, ya preparada para lo que vendría, la joven comenzó la dolorosa extracción de aquel objeto perjudicial, razón por la cual el unicornio profirió el grito más desgarrador que hubiera escuchado durante su corta vida. Renegaba de aquel, intentando no moverse por causa del sofocante ardor, tratando de contener las lágrimas que se esmeraban en salir de sus ojos por causa de su condición.

Una vez fuera aquel objeto, al tiempo que la sangre del guerrero comenzaba a emerger de su honda herida, la joven inicio la labor para la cual se había preparado mentalmente, y colocando sus cascos -tenidos por un aura de color verde claro- sobre el área afectada, y ejerciendo una fuerte presión para evitar el sangrado, comenzó el tratamiento.

Mientras que la herida comenzaba a cerrar, los gritos ahogados del joven, aminorados por la rama que mantenía en su boca, se hacían cada vez menos audibles, y pronto casi imperceptibles, mientras sus ojos poco a poco se cerraban, justo cuando el tratamiento estaba a punto de culminar.

-¡Blast! ¡Blast no te duermas ahora, abre tus ojos! ¡Abre tus ojos, por favor! –Suplicaba ella al haber terminado su labor. Con gran preocupación, acercó su rostro al de él, confirmando con terror sus temores.

-No, no…. ¡No! ¡No me hagas esto Blast, por favor! ¡No me hagas esto! ¡Por favor! ¡No puedes dejarme así! –Lo agitaba ella, intentando hacerlo reaccionar.

Un nudo comenzaba a formarse en su garganta, las lágrimas emprendían libremente un viaje a través de sus sonrosadas mejillas, y la tristeza, el dolor y la cólera pronto se adueñaban de su corazón.

-¡Reacciona! ¡Reacciona, maldición! -Exclamaba ella, golpeando su pecho con todas sus fuerzas.

-¡No vas a dejarme, no de esta forma! ¡No voy a dejar que termines así! ¡Despierta, maldito desgraciado! –Exclamó con todas sus fuerzas, al tiempo que asestaba un fuerte golpe en el pecho del unicornio, que le provocaba una fuerte y repetida tos, reflejo ante el cual la joven guerrera había quedado perpleja.

Pasaron algunos segundos antes de que aquel joven, aún aquejado por aquel gran dolor, recuperara la consciencia, y fuera capaz de divisar a la triste joven frente a él.

-Séra… fi… -Susurró aquel, a lo cual la guerrera respondió con la mayor de las alegrías.

-¿Blast? ¡Blast! –Exclamó la joven, llena de dicha, arrojándose sobre su querido compañero.

-Uh… es-… -pera…

-¡Blast ¡Blast, gracias a los ancestros que estas bien! ¡Tuve mucho miedo! ¡Pensé que ibas a morir! ¡Y yo-…! Yo… -Decía ella gritando histéricamente, y abrazando al paciente fuertemente, como si hubiera temido que en el aire se desvaneciese. Entonces cayó en la cuenta de la situación en la cual se encontraba con el joven unicornio, débil y extrañado, observándola.

-Disculpa, no debí-… no quería-… esto-… lo… lo siento. –Decía ella, muy apenada, apartándose un poco.

-Descuida, no es nada, solo necesito… un momento para descansar.

-Si… está bien. –Le respondió ella, en un tono más relajado.

Y así transcurrieron los minutos, mientras ambos guerreros permanecían en silencio, con la más joven cuidando de que el mayor pudiera recuperarse lentamente de sus aflicciones.

No pasó mucho tiempo antes de que aquel pudiera recuperar la capacidad de expresarse sin dificultades, y su cuerpo dejara de resentirse por la herida recientemente tratada. Luego de esto, finalmente se sentó.

-Espera, ¿Ya estás mejor?

-Si… al menos creo poder incorporarme, ¿Tú estás bien?

-Sí, no te preocupes por mí, estoy-… -Decía ella, justo cuando una mueca de dolor se dibujaba en su rostro, entonces tomándose el brazo derecho con el casco izquierdo.

-Sérafi, ¿Estás bien?

-Sí, no es… más que un raspón… -Lo calmó ella. Sin éxito pues aquel tomó rápida y cuidadosamente su brazo, resolviendo que no era así.

-Eso no es un mero raspón, ¿Agotaste tus reservas? –Cuestionó él para saber porque no había cuidado ella misma de sus heridas.

-Si…

-Ya veo… -Respondió, pronto estirando sus cascos para alcanzar la alforja que a una distancia prudencial había sido colocada por la joven. La abrió rápidamente, y tomo de ella múltiples hierbas.

-¿Qué vas a-…?

-Si esperamos hasta volver a la aldea es probable que se infecte, debemos tratarla aquí y ahora. –Aclaró, pronto moliendo aquellas hierbas con sus propios cascos sobre una hoja de plátano.

-Claro, pero…

-¿Si?

-¿Seguro que te encuentras bien? –Cuestionó ella, preocupada.

-Mi cuerpo se siente entumecido, y mis costados, el pecho y la cabeza me duelen como no te imaginas, pero estaré bien.

-Me alegra oír eso… –Decía ella, pronto mostrando una mueca de molestia al sentir el picor por causa del mejunje que en su brazo había sido colocado.

-Perdona… -Se disculpó, luego de lo cual tomó uno de los tirantes de las alforjas, arrancándolo, y haciendo uso de él para envolver la herida, cuidando que el preparado permaneciera en el mismo lugar, ajustando el provisorio vendaje fuertemente.

-Eso debería bastar hasta que regresemos.

-Es más que suficiente, gracias. –Le respondió ella, dedicándole una grata y gentil sonrisa, y una tierna mirada, los cuales fueron devueltos de la misma forma por su compañero.

Apenas habiéndose completado el provisorio tratamiento, fueron interrumpidos al oír el movimiento de los arbustos, ante el cual Sérafi reaccionó rápidamente.

-¡Hermano! Hermano, ¿Eres tú? –Decía ella con felicidad, felicidad que se vio desvanecida completamente al recibir un pesado rugir como respuesta. Sus músculos se paralizaron completamente al descubrir al causante.

Desde la hierba surgió el enemigo… aquella araña contra la cual había luchado en medio de su caída. Ahora estaba allí, aunque débil por causa del impacto del descenso, aún era capaz de moverse con agilidad, y estaba claro que no había llegado allí con intenciones de disculparse por lo que había sucedido.

Una mirada de horror hizo acto de aparición en los presentes, quienes carecían de la energía y fuerza necesarias para enfrentar al enemigo, frente al cual se encontraban completamente desprotegidos. Blast apretaba fuertemente los dientes, y maldecía en su interior sintiendo una gran frustración, al darse cuenta de que se encontraba totalmente vulnerable frente a un enemigo al cual consideraba ridículamente débil como para ser muerto por él.

Aquella criatura, sin perder tiempo, se precipitó rápidamente hacia sus presas, hambrienta, sumergida por completo en la locura provocada por tener frente a ella un delicioso, inusual y suculento aperitivo. A escasa distancia de los jóvenes, en el medio de su salto fatal, fue atravesada en el aire por una filosa columna de roca que había emergido desde el suelo al instante.

Detrás de ella, un agitado Taka permanecía con sus cascos delanteros juntos e impactados sobre un punto en particular, respirando agitadamente, observando cómo pronto los intentos de la bestia por escabullirse se hacían más pausados, hasta ceder totalmente al final, dejando caer sus extremidades, las cuales apenas alcanzaban a rozar el frio suelo.

Luego de ello, los cascos del joven guerrero cedieron de pronto, lo cual provocó la total preocupación por parte de Sérafi.

-¡Hermano! –Exclamó la joven, galopando desesperadamente hacia el guerrero, con las pocas fuerzas que le quedaban.

-Tranquila… estoy bien, no es nada, no son heridas graves… -Decía él, en un tono de voz semejante a un susurro.

-¿Estás seguro? –Cuestionó, al ver los múltiples rasguños a lo largo de todo su cuerpo, productos del combate anterior.

-Sí, no te preocupes por mí.

-Taka, ¿Cómo llegaste hasta nosotros? –Inquirió el unicornio, sin haberse movido de su posición.

-Es cierto, te habías quedado sin energía al igual que Blast, ¿Cómo es que-…? –Cuestionaba la joven, siendo interrumpida por su hermano, quien sabía bien que no valía la pena ocultar aquel hecho.

-Hice uso… del impulso Akieri… para descender por el precipicio rápidamente. -Reveló él. Su hermana permaneció atónita unos instantes, razonando lo que había oído, no pudiendo creer sus palabras, antes de increparlo.

-¡¿Estás… demente?! ¡¿Cómo pudiste hacer algo tan irresponsable?! ¡¿Sabes… sabes lo que te pudo haber sucedido?! ¡¿Tienes una mínima idea de lo que-…?!

-¡Si, lo sé…! –Le gritó, interrumpiendo su regaño- Lo sé… el impuso Akieri convierte gran parte de nuestra energía vital en energía natural aprovechable por Hekima, y se que al haber hecho uso de él puse en riesgo mi vida, pero ahora mismo no tenía otra opción.

-¡Eso no cambia nada! ¡Pudimos haber encontrado otra forma! ¡No había razón para que te arriesgaras de esa forma!

-¡Claro que sí! ¡Tú eras esa razón! –Exclamó, no soportando más las acusaciones de su familia, quien calló abruptamente

-Sérafi, si algo te hubiera pasado, yo… no se que hubiera hecho. Tú… eres lo más importante que tengo en mi vida… -Reveló él, con dolida voz.

-Es por eso que siempre cuido de ti, es por eso que me interpuse cuando decidiste unirte a la rama guerrera, es por eso que no quería que tuvieras que venir aquí, y es por eso que daría hasta mi propia vida con tal de salvar la tuya. –Continuó.

-Idiota… ¿Qué hubiera pasado si tú-…? Si tú… -Decía ella, intentando contener sus lágrimas a medida que su tono de voz iba disminuyendo, siendo incapaz de completar la pregunta.

-Ustedes dos… ambos… son unos imbéciles. –Concluyó, no sorprendiendo a aquellos con sus palabras.

-Casi perdieron sus vidas por intentar salvar la mía… ¿Qué habría sido de mí si hubiera tenido regresar sola a Vizuri? –Dirigiéndose a Taka- ¿Cómo hubiera mirado a los ojos a nuestros padres? –Dirigiéndose a Blast- ¿Cómo hubiera mirado a los ojos a la señora Shin, al señor Kanto, y a la pequeña Lin? –Cuestionó ella, con dolida voz, cuestionamiento ante el cual ninguno de los guerreros respondió de inmediato.

-Tan solo respóndanme…

-Sérafi…-Susurraba Taka, siendo incapaz de decir una palabra que la consolara, y sorprendiéndose al escuchar al unicornio tras de él.

-Sérafi, sabes bien que te aprecio mucho, pues eres una muy preciada amiga mía… y aún así, por más que no existiera un sentimiento tal hacia ti, mis acciones no hubieran cambiado en lo más mínimo… lo mismo si los lazos de sangre y cariño que tienes con tu hermano tampoco existieran, puedes estar segura de que nuestro actuar no habría cambiado. Habríamos dado la vida por salvar la de nuestros semejantes, pues ese es el espíritu de nuestro pueblo, ese es el espíritu del clan Vivuli, ese es el espíritu de nuestra gran familia…

Le aclaró él. El joven Taka sonrió ligeramente al escuchar aquellas palabras, con las cuales concordaba. El unicornio pronto se repuso, y caminó lentamente hasta el lugar donde se hallaban sus dos compañeros, extendiendo su casco hacia el guerrero, quien luego de observarlo unos instantes, sorprendido, no se negó a su ayuda.

Una vez repuestos y de pie, ambos miraron en dirección a Sérafi, para el unicornio decirle con dulce tono de voz.

-Vamos… es hora de regresar.

Aquella los observó incrédula unos instantes, antes de sonreír, conmovida, al tiempo que una pequeña lagrima corría por su mejilla.


El sol ya se retiraba en el horizonte, cuando el grupo de tres guerreros se encontraba a escasos kilómetros de Vizuri Shetani. Taka, a pesar de haber debilitado su cuerpo en sobre manera, era capaz de caminar, por lo cual llevaba en hombros a Blast, quien aún se resentía por la herida recientemente tratada, mientras que Sérafi permanecía a su lado, casi a la misma velocidad, pues le era algo difícil apoyar su casco derecho por causa de los sucesos anteriores.

Aun así, aquellas molestias no eran motivo de desanimo para el nuevo equipo cuyos miembros, para sorpresa de la menor, platicaban amenamente durante su regreso, al haber ganado cierta confianza luego de las batallas libradas el mismo día.

-Vamos, es prácticamente imposible. –Decía Taka, incrédulo.

-No del todo, en realidad. –Aclaró Sérafi.

-¿Acaso tu le crees?

-Pues no es imposible atravesar las cuevas de Alhara sin fuente alguna de luz, resultaría muy difícil, pero no imposible.

-Debería verlo para creerlo. Apropósito, ¿Por qué razón fuiste allí? –Cuestionó a Blast.

-Fue hace muchos años. El señor Kuhn de las Sombras, que en paz descanse, nos había encargado a mí… y a Shisui, mi antigua compañera de equipo, buscar flores de Kaikozu, las cuales solo crecen en la penumbra absoluta, y resultan dañadas si son expuestas a cualquier fuente de luz.

-Shisui… si, la recuerdo, partió de la aldea hace más de diez años. El jefe le tenía un gran aprecio.

-No solo el jefe se lo tenía… toda mi familia la estimaba mucho.

-Y puedo adivinar por tu tono de voz, que tú eras quien más la estimaba.-Aclaraba él, a lo cual el joven no respondió, habiendo quedado sumergido en sus propios pensamientos.

-No hay respuesta, lo sabía. –Le dijo, triunfal.

-Taka… -Le susurró ella, regañándolo por su actitud.

-¿Qué? No he dicho nada malo. –Se excusó.

-No, está bien, descuida, la verdad es que yo... realmente la estimaba. –Decía él, con un rostro y mirada que inspiraban melancolía en su estado más puro.

El guerrero en quien se apoyaba reconoció aquellas facciones entonces, dedujo su causa, y justamente por eso intentó desviar la conversación.

-En cualquier caso, ¿Para qué necesitaba las flores el viejo Kuhn? –Cuestionó finalmente.

-Había estado experimentando con medicinas que no solo ayudaran al organismo a cicatrizar las heridas con el paso del tiempo, sino a regenerar el área dañada en cuestión de instantes. Tenía una fe ciega en que aquellas flores poseían esa propiedad, y se desilusionó mucho al descubrir que se equivocaba.

-Una medicina como aquella hubiera revolucionado a nuestro pueblo entonces, nos habría hecho prácticamente invencibles. –Le decía Taka, sorprendido.

-He oído que hace poco, un joven de la rama médica llamado Hiuka le solicitó a Felshak los registros de las investigaciones que Kuhn había efectuado a lo largo de los años. Al parecer desea continuar su legado. –Le comentó Sérafi.

-Justamente hoy había estado platicando sobre él con Kaijin, me enorgullece que alguien desee continuar con la labor del señor Kuhn. A este paso se convertirá en un médico de renombre en muy poco tiempo. –Decía Blast, con orgullo.

-Sí… sé que hay muchos doctores disponibles en el pueblo, pero ahora mismo podríamos ir con él a tratar nuestras heridas y verificar que tan bueno es, pues apenas si lo he visto en ocasiones especiales. –Sugirió Sérafi.

-Claro, dudo que tenga problema alguno en recibirnos. Uh, al fin… siento que podría dormir una semana corrida luego del día de hoy. –Les dijo Taka, al contemplar finalmente el pueblo de Vizuri a unos cuantos kilómetros, descendiendo por las colinas.

El majestuoso Vizuri Shetani se levantaba a lo lejos; un paraje lleno de paz, alegría y armonía. Blast observaba el lugar con detenimiento, sintiendo la más absoluta tranquilidad en su alma, y la felicidad invadir su ser, al saber que sus seres más queridos en el mundo allí habitaban, y siempre estaban cerca de él.

El unicornio desconocía el lugar donde había nacido y crecido junto a su madre biológica, pero no lo lamentaba, pues no creía -Ni siquiera consideraba- que la belleza de aquel lugar pudiera superar a la de su actual hogar, cuyos majestuosos paisajes aliviaban cualquier pesar, e inspiraban paz constantemente a todos sus habitantes.


Tal y como habían acordado, esa misma tarde fueron a visitar a Hiuka, un joven de crin lacia, ojos grises, rayas de un gris fuerte en su pelaje blanco, y una marca en forma de cruz en sus flancos; aquel les recibió gustoso en la morada que compartía con su querido padre, Maiken, un gran guerrero que años atrás había luchado en las numerosas batallas efectuadas por defender los territorios de Vizuri, que en la actualidad se dedicaba enteramente al cuidado de su hijo, habiéndose retirado del campo de batalla.

Cada integrante del equipo tomó lugar en las camillas asignadas por el joven quien, en orden de la gravedad de cada paciente, fue tratando a Blast, a Sérafi, y finalmente a Taka, realizando una combinación de medicamentos y técnicas diferentes para cada uno.

Al recibir las noticias de su regreso, la familia de Blast asistió rápidamente a la morada del joven doctor, para comprobar con sus propios ojos que su querido hijo estuviera con bien.

Estando todos presentes, Taka comenzó a relatarles los sucesos del día, y los conflictos que habían debido enfrentar. Claro, omitiendo hechos como la caída de Sérafi y Blast, aludiendo sus heridas a los enemigos enfrentados.

Todos, incluyendo Hiuka mientras trataba a sus pacientes, oían el relato atentamente. Al finalizar, Shin y Kanto se veían algo preocupados, pero aliviados, mientras que Lin observaba a la joven sentada en la camilla adjunta a la de su hermano con la más profunda de las admiraciones.

-¡¿En verdad te enfrentaste a esa asquerosa araña tu sola?! ¡¿Sin Asili?!

-Así es; el que no seas capaz de activarlo, no significa que no puedas luchar, y aumentar tus habilidades de otras formas. –La alentó ella.

-¿Lo ves? ¡Te lo dije! –Exclamó ella, triunfal, en dirección hacia Blast, quien ahora estaba siendo tratado.

-Nunca he dicho que no podías luchar por causa de no poder activar a Asili, te dije que no debías luchar porque aún eres una niña.

-Sérafi, ¿Cuántos años tenías cuando comenzaste a entrenar? –Cuestionó con curiosidad.

-Ocho años… -Le dijo, con una tímida sonrisa.

-¡¿Lo ves?!

-Sérafi, por favor, deja de ayudarme. –Solicitaba, resignado.

-Lo siento. –Respondió, con una pequeña risa.

-No es únicamente Blast quien te prohíbe aprender, pues nosotros le prohibimos a el que te enseñara. Podrás iniciar tu entrenamiento cuando hayas aprendido a manipular a Hekima con libertad, y solo entonces tendrás nuestro permiso. –Le aclaró Kanto.

-Que injusto… -Refunfuñaba.

-Lo siento, pero son las reglas. –Completó Shin, sonriendo.

-Bueno, con eso debería bastar. En unos cuantos días, esas heridas, cosa del pasado serán. –Le dijo Hiuka al terminar.

-Increíble, en verdad… me siento genial. Gracias Hi-… –Decía, bajando velozmente de la camilla y sintiendo sus cascos debilitarse, cayendo al suelo y provocando el sobresalto de su familia.

-¡Oye! Debes de esperar, no he dicho que de tu lugar aún te pudieras levantar. –Alertó el doctor.

-Hubiera estado bien… que me lo dijeras antes. –Decía él, con su dolor renovado, y el rostro estrellado en el suelo.

-Vamos, la herida que sufriste fue muy profunda, créeme que tomará más de unas cuantas semanas su completa cura, pues por más que Sérafi la hubiera tratado superficialmente, y yo haya completado el tratamiento, requerirá de algún tiempo para que te repongas totalmente de esto. –Explicó, ayudándolo a incorporarse, y a tomar lugar en la camilla una vez más.

-¿Cuánto?

-Es difícil decirlo, considerando tu condición, yo diría que de tres a cuatro semanas hasta su completa sanación. Durante ese tiempo deberás evitar cualquier tarea que requiera de un esfuerzo físico excesivo, pues de otra forma tus heridas se abrirían una vez más, sin previo aviso.

-Demonios…-Balbuceó el joven unicornio.

-No tienes porque frustrarte; lo mejor será que guardes cama, dudo que enfrentes la ira de Felshak por llevar las cosas con más calma. –Le aclaró, con cierta gracia.

-Quizás… al tratarse de mi abuelo, es difícil saberlo.

-Si haces caso a mis indicaciones y todo marcha bien, de tus heridas te repondrás en un santiamén. Una vez que haya terminado con su tratamiento -dijo, dirigiéndose a Taka y Sérafi-, les diré lo que pueden o no hacer, respetando mis indicaciones en el establecido lapso de tiempo.

-Seguro… disculpa Hiuka, ¿Puedo hacerte una pregunta? –Dijo Sérafi, con la curiosidad marcada en su expresión.

-Claro, ¿Qué quieres saber?

-He escuchado… que hace poco has solicitado la información que Kuhn estuvo almacenando a lo largo de sus años, ¿Puedo preguntar por qué ahora? ¿Por qué no antes?

-Bueno, no sé si muchos de ustedes lo sabrán, pero mi padre… muy enfermo el está. Su corazón no funciona como debería, y esto lo obliga a guardar cama casi todos los días. Desde que tengo conocimiento de su situación, me he esmerado en aprender todo lo que pueda sobre a lo que medicina respecta, siempre buscando más información, nuevas medicinas y técnicas para curar, teniendo fe en que a mi querido padre, algún día lograré sanar. –Reveló él, con entusiasmo en su voz al finalizar.

-Ya veo…

-Es muy noble de tu parte, Hiuka. –Decía Shin, con orgullo.

-Por eso a Felshak los documentos del doctor Kuhn le he solicitado, pues su hogar, desde la partida de su discípula, ha estado abandonado, y he oído que había hecho grandes avances en sus últimos años, que no llegaron a ser vistos pues no tuvo tiempo de culminarlos.

-Kuhn era un gran tipo; un doctor de vocación, y un buen amigo. –Decía Kanto, nostálgico.

-También lo he oído; era alguien de presencia muy grata, muchos de los sabios lo echan ahora en falta.

-Creo que "todos" los que llegamos a conocerlo, en verdad lo echamos de menos.

-Es una lástima que antes de que tuviera la capacidad de recordar aquel partiera. Siento que, de haberlo conocido, mi intrusión en la medicina hubiera sido mucho más temprana y completa.

-Es muy posible. –Le respondió, con gracia-, creo que hubiera sido el mentor perfecto para ti, ambos tienen una pasión casi insana por la medicina, por más irónico que eso suene.

-Gracias señor Kanto… eso creo… -Decía el doctor, con una pequeña risa.


El sol ya se retiraba en el horizonte cuando todos, habiéndose despedido del joven doctor, salieron de su morada. En el exterior, donde ya habían comenzado a colocarse las antorchas como de costumbre, se sentía una leve y cálida brisa, que presagiaba el inicio de una tormenta que no tardaría mucho en llegar.

-Será mejor que vaya a informarle a Felshak de los sucesos del día, luego guardaré cama hasta mañana. –Le aclaró Taka a su equipo, quienes asintieron.

-De acuerdo, nosotros nos retiraremos a nuestro hogar, yo también necesito de un buen descanso. –Respondió Blast.

-Disfrútalo mientras puedas, pues mañana tendremos trabajo. Hiuka nos habrá negado iniciar una batalla, o realizar grandes esfuerzos físicos, pero no nos prohibió las labores de recolector; hay muchas cosas que podemos hacer sin esforzarnos en sobremanera.

-Lo sé, mañana a la misma hora, ¿Verdad?

-Claro. Bueno, eso es todo, ¡Nos veremos mañana! ¡Y a ti te veré en unos momentos! –Les dijo a todos, y le aclaró a su hermana menor antes de retirarse.

-Entonces, ¿Vamos a casa? –Cuestionó Lin a sus padres.

-Sí, tu hermano necesita descansar, y nosotras aún debemos preparar la cena. –Decía Shin, mientras pronto la familia emprendía el camino a su morada. Al voltearse, Blast advirtió que Sérafi regresaba sola a su hogar, con melancólica expresión, de la cual, no encontraba en su mente posible razón.

El unicornio siempre meditaba sus palabras, antes de que estas emergieran de su boca, pero por alguna razón, imposible de explicar para él, ni siquiera se detuvo a pensar lo que diría a continuación.

-Espera, Sérafi… ¿Quieres que te acompañe? –Inquirió el guerrero, a lo cual la joven se volteó sorprendida, no menos que la familia de aquel.

-Sé que tu casa está cerca de aquí, pero aún así… no me gustaría que tuvieras que regresar sola… -Intentaba explicarse.

¿Por qué había dicho eso? ¿Por qué lo preguntó? A medida que intentaba darse una razón por su petición, el sorprendido rostro de la joven provocaba en el cierto nerviosismo, que dificultaba mucho su expresar. Para su sorpresa, no fue una negativa o evasiva lo que recibió, como habría esperado luego de ello.

-Me encantaría. –Le respondió ella, en un principio sin cambiar su expresión de sorpresa, pero pronto sonriendo ante su propuesta.

-De… de acuerdo. –Le dijo, para luego dirigirse a Shin.- Madre, iré a casa en un momento.

-Claro, tómate tu tiempo, te esperaremos para cenar. –Asintió comprensivamente.

El unicornio no perdió tiempo y se acercó rápidamente a su compañera, junto a la cual emprendió el camino de regreso. En tanto, durante aquellos instantes, la familia no se había movido de su posición, observando atentamente la escena, y solo hablando cuando aquellos jóvenes se habían perdido de vista.

-Atrapado. -Susurró el padre, con una pequeña risa.

-Kanto… –Le regañó su esposa, desaprobando que así se expresara.

Antes de que las inevitables preguntas del miembro más joven de la familia iniciaran –algo inevitable luego de un momento así-, ya habían emprendido entonces el camino a su hogar.


Ambos jóvenes caminaban el uno junto al otro, sin apresurar el paso. Al parecer no tenían apuro alguno por llegar pronto a la vivienda de la menor presente. Aún así, caminaban en silencio, no sabían que era lo que debían decir en aquel momento. Pero fue la más joven quien intentó romper el incómodo silencio que entonces se había formado.

-Bueno, hoy fue un día muy…

-¿Inusual?

-Sí, esa es precisamente la palabra, "inusual". Era lo que menos esperaba de mi primer día de trabajo, si te soy sincera.

-Aunque no lo creas, no solemos enfrentar problemas como este todos los días. –Le aclaró, con una pequeña risa.

-Eso espero, pues de ser así no me será fácil adaptarme.

-Tranquila, no es un trabajo difícil. Es una pena que no hayas podido sacar provecho de este día.

-¿Qué no le saqué provecho? ¿Estás bromeando?

-¿Por qué lo dices? –Inquirió con curiosidad.

-¡Pues porque al fin pude despertar mi Asili! –Exclamó, con una gran sonrisa.

-Es cierto, cielos discúlpame, debes de estar muy feliz.

-Quitando el hecho de que estuvimos a punto de morir, este fue uno de los mejores días de mi vida. –Reveló ella, con mucha felicidad.

-También lo fue para mi el día que logré activar a Hekima, no así la ocasión en la cual activé a Asili, pues hubo algunos… inconvenientes ese día. –Le decía, algo incómodo.

-Si… lo he oído en una ocasión.

-Pero cambiando de tema, ahora que has logrado activar a Asili, necesitaras de un extenso entrenamiento para poder controlarlo a la perfección.

-Me sería de mucha ayuda un maestro con mi mismo elemento, ¿Sabes? –Sugirió la joven. El unicornio la observó sorprendido por la petición unos instantes.

-Vamos... no vas a negármelo, ¿O sí?

-N-no, claro que no. De acuerdo, entrenaremos una vez a la semana, pero debes saber que necesitarás de varios años antes de ser capaz de tener control total sobre este poder; quiero que seas consciente de que no es algo que puedas lograr de la noche a la mañana, son años de esfuerzo.

-Nunca he tenido un poco de trabajo duro, maestro. –Le respondió, con gracia.

-Me alegra oír eso, ¿Estarás bien?

-Claro que sí, no soy tan frágil como Taka lo supone pero, ¿Y tú? Tú fuiste quien realmente salió lastimado allá atrás.

-Oye, no te preocupes por mí, en serio, comparado a las heridas que he sufrido en el pasado, las de hoy fueron meramente superficiales. –Le explicó, intentando calmarla, justo cuando habían llegado a su destino.

-Ya veo. Entonces, ¿Nos vemos mañana?

-Uh… claro, si, a la misma hora.

-De acuerdo, entonces… hasta luego. –Se despidió ella, con una tímida sonrisa.

-Sérafi. –Llamó su atención, con cierta duda.

-¿Si?

-Disculpa la pregunta, pero… solo quería saber si tú… quería preguntarte si… si no tienes planes para la celebración del verano. –Preguntó él, con gran nerviosismo. Horas antes había prometido a su buen amigo que, luego del trabajo, invitaría a su nueva compañera a la celebración, y como era sabido, aquel nunca faltaba a sus promesas.

-¿Para… la celebración del verano? Bueno, yo… -Respondía ella, con cierta duda en su voz.

-Cielos, discúlpame, en verdad, fue… un atrevimiento muy grande de mi parte, te pido me perdones, por favor. No… no te quitare más tiempo, ¡Nos veremos mañana-…! –Se despedía, intentando retractarse, extremadamente avergonzado.

-¡Blast, espera! –Exclamó, no deseando que el unicornio se retirara. Aquel se volteó inmediatamente, sorprendido.

-Yo… nunca dije que tenía planes… -Aclaró, con fingida timidez.- ¿Por qué lo preguntas?

-¿E-en verdad?

-Pues claro, ¿Por qué mentiría? Ahora, ¿Qué era lo que querías decirme? –Inquirió una vez más, con el mismo tono.

-¿Yo? Yo quería… quería preguntarte si… si no te gustaría… uh… -Decía él, maldiciéndose a sí mismo y a sus nervios, quienes estaban haciendo de aquel momento algo verdaderamente vergonzoso.

Ante su comportamiento, propio de un potro de 15 años quien invita a alguien a salir por primera vez, dando un suspiro, la joven decidió actuar, sin importar lo demás. Adelantándose un paso más, colocó su casco derecho en la boca del unicornio, quien calló al instante, para evitar que dijera nada más.

-El día del festival, dentro de dos semanas, ven a buscarme al anochecer, no antes. Me gusta la raikímodra, y el yikrioki. Me pondré mi mejor vestido, y las más bellas de mis alhajas. Tú ven con la vestimenta más elegante que tengas, y… no menos importante, espero que sepas como mover esos cascos. –Concluyó, con una seductora sonrisa.

-¿Eso… es un sí? –Fue lo único capaz de decir, acompañado de una pequeña risa, luego de oír a su compañera, quien se aproximó un poco más, para plantar un gentil beso en su mejilla izquierda, gesto que tensó al joven más de lo que ya estaba.

-Nos veremos mañana. –Le respondió ella al apartarse, con un suave volumen de voz, para luego voltearse e ingresar a su morada, dedicándole una última mirada al joven cuya expresión estupefacta le parecía tan hilarante, y tan tierna a la vez.

-Hasta luego. –Dijo ella, para finalmente cerrar la puerta.

El unicornio permaneció así, rígido como una roca por unos cuantos segundos, hasta que finalmente reaccionó, para susurrar estas palabras.

-Hasta… luego… -Fue lo único que pudo decir.


Antes de regresar a su morada, había algo más que debía de hacer. Kaijin había regresado a su hogar en la tarde, pues su esposa no se sentía muy bien. A pesar de no haber oído nada sobre ello (lo cual dejaba en claro que nada malo había pasado), era su deber como amigo ir a visitarlo, y asegurarse de que todo estuviera en orden. Tocó la puerta algunas veces, luego de las cuales una pequeña lo recibió con gran felicidad en el umbral.

-¡Tío Blast! –Exclamó, lanzándose contra el pecho del unicornio, y abrazándolo fuertemente, gesto que aquel no tardó en responder, abrazando a la jovencita con el otro brazo, impidiendo también que se cayera.

-Oh Kirian, ¿Cómo esta mi sobrina favorita?

-¡Oye! ¡Soy tu única sobrina! –Lo corrigió, apartándose un poco.

-Con más razón debo preguntarlo.

-Muy bien, ¡¿Qué me trajiste?! ¡¿Qué me trajiste?! –Cuestionaba con emoción.

-Perdona Kirian, pero con todas las cosas que sucedieron hoy… no he tenido tiempo de traerte un regalo. –Explicó el joven, ante lo cual el ánimo de la pequeña parecía haber decaído en sobremanera.

-Pero… quizá tenga algo por aquí que pueda gustarte… -Le dijo, con su boca tomando de su melena una flor de tintes azules, la cual colocó detrás de la oreja izquierda de la pequeña.

-¡Oh cielos! ¡Gracias, gracias tío! –Exclamó, abrazando al joven una vez más, con moderada fuerza y gran afecto.

-No es nada linda, me alegra que te haya gustado. Oye, ¿Sabes si tu mamá y tu papá están? –Cuestionaba, al tiempo que veía como el joven Kaijin se asomaba por el pasillo.

-Y yo me preguntaba el porqué del alboroto. Debí suponerlo… -Le dijo, con fingido sarcasmo, el cual el joven guerrero era capaz de reconocer de inmediato.

-Vamos, si me dices que no estabas esperándome, sabré que estás mintiendo.

-Hija, ¿Por qué no vas a jugar afuera? Y les presumes a las otras niñas la flor que te trajo tu tío.

-¿Van a hablar de cosas de adultos? –Inquirió, despectiva.

-Eso no te incumbe, ahora ve. –Respondió con el mismo tono el padre.

-Eso lo dice todo, ¡Hasta luego tío! –Lo saludó, besándolo en la mejilla, para luego retirarse.

-Es una niña estupenda, solo que le cuesta reconocer a las figuras de autoridad cuando las tiene enfrente. –Le aclaró el padre.- Ahora ven, vamos…

Le dijo, dirigiéndose al pasillo una vez más, seguido del unicornio. Atravesaron este, hasta llegar a la cocina en el otro extremo de la morada, donde la joven Khrista -una cebra de lacios cabellos grises, pelaje blanco, con franjas de un gris oscuro, ojos verdes, y varios aros en su cuello y orejas- esperaba pacientemente sentada a la mesa, en la habitación ya iluminada por el débil resplandor de las velas.

-Buenas noches, Blast. –Saludó ella, con calidez.

-Buenas noches, Khrista, que gusto verte.

-Lo mismo digo.

-Anda, siéntate. –Le dijo su amigo, más como una orden que como un ofrecimiento. Aunque el unicornio sabía bien que esa era la actitud del joven guerrero cuando se encontraba nervioso, pero no preguntó las razones, pues bien sabía que era posible que aquella fuera la razón de que allí se encontrara.

-Gracias, ¿Te encuentras mejor? –Inquirió a la joven frente a él.

-Sí, gracias por preguntar.

-¿Ya te ha examinado un medico? ¿Estás enferma? –Cuestionó, con algo de preocupación.

-No, claro que no, todo está muy bien. –Aclaraba, con una amplia sonrisa.

-De hecho, queríamos hablarte sobre eso. –Decía Kaijin, con una expresión similar.

-¿Sobre qué?

-Bueno, estuve hablándolo con mi esposa, y queríamos que fueras el primero en saberlo.

-¿Saber qué? Vamos, ¡Hablen de una vez! –Exclamó con una sonrisa, la cual pronto comenzó a desvanecerse dando paso a una expresión de asombro, pues por causa de las miradas que aquellos intercambiaban, podía darse una idea de cuál era la buena nueva.

-Espera… ¿Acaso…?

-Estoy embarazada… -Reveló con una amplia sonrisa, y una dicha y felicidad casi imposibles de ocultar.

-Vamos a tener otro bebe… -Revelaron ambos, con una felicidad tal, que no podía ser expresada en su totalidad por las facciones de sus rostros.

-Oh cielos… ¡Oh cielos! –Fue lo único que fue capaz de decir, con una gran sonrisa, antes de levantarse de su asiento, y dirigirse hacia ellos para abrazarlos fuertemente.

-No tienen una idea... de cuanto me alegro por ustedes. Muchas felicitaciones…

-Gracias, hermano…

-¿Saben cuánto?

-Solo dos semanas. –Le aclaró ella.

-Es… increíble, en verdad, no me lo creo…

-Sabes, estuvimos hablándolo, y como los hermanos mayores de Khrista fueron los padrinos de Kirian, quiero que tú seas el padrino del niño o la niña que nazca.

-¿E-en verdad? –Cuestionó, gratamente sorprendido.

-Blast, soy hijo único, pero siempre te he considerado como mi propio hermano, no puedo pensar en nadie mejor que tú para serlo.

-Gracias, en verdad Kaijin, gracias. Me hace sentir muy feliz, es un gran honor. –Reveló, abrazando fuertemente a su querido amigo. Luego de unos momentos, aquel joven dejo hacer sus brazos.

-Uh… yo ya te he soltado, ¿Por qué tu no? –Inquirió de manera cómica. La joven a su lado estalló en carcajadas, y el unicornio se apartó rápidamente, claramente fastidiado.

-Escucha, sé que tengo mi atractivo, pero tengo esposa e hijos. –Siguió, fingiendo seriedad.

-Infeliz, compórtate… al menos cuando tu esposa esté presente.

-No te preocupes, ya estoy acostumbrada.

-Sí que lo estás.

-Y… ¿Ya han pensado en algún nombre?

-Acabamos de enterarnos de que pronto tendremos un miembro más en nuestra familia, aún no nos hemos puesto a pensar nombres… –Le aclaró él, con ciertos nervios.

-Está bien, disculpa, no era mi intención molestarte. –Se disculpó, al notar las facciones de su compañero.

-No estoy molesto, estoy… feliz… pero a la vez me siento… nervioso…

-Esa es la ansiedad, tal y como la última vez. –Le aclaraba ella, recordando su primer embarazo.-. Cariño, relájate, yo también me siento de la misma forma.

-Lo siento, es solo que…

-Sh… está bien. –Lo calló con su casco, para luego plantar un tierno beso en sus labios, beso que cobró algo más de sentimiento con el paso de los segundos, logrando que el joven unicornio presente comenzara a sentirse algo incomodo.

-Disculpen, uh... he olvidado que tengo algunas cosas que hacer en casa, ¡Los veré mañana! –Se despidió, cuando el joven se separó unos momentos de su esposa, para así hablarle.

-¡Oye, espera! ¿No vas a quedarte a cenar?

-Lo siento, pero le prometí a mi hermana que hoy cenaría en casa y pasaría allí la noche.

-Oh, entiendo. De acuerdo, hablaremos mañana, y espero que antes de que termine la semana puedas acompañarnos a cenar, como un buen amigo lo haría. –Le dijo, casi regañándolo.

-Claro que sí. Ahora debo irme, ¡Muchas felicidades! ¡Y saluden a Kirian de mi parte!

-Claro, ve tranquilo.

-Siempre eres bienvenido en nuestro hogar, Blast. Salúdanos a Shin y a Kanto, por favor. –Lo saludó Khrista.

-Seguro, ¡Que tengan buenas noches! –Se despidió, saliendo de la habitación, y luego partiendo de aquel hogar.


Bien entrada la noche, aquel joven regresó a la morada de sus padres con una amplia sonrisa, luego de haber recibido las buenas nuevas. Su mente se mantenía centrada en aquel momento, en que su querido amigo, junto a su esposa, le habían revelado que una vez más serían padres. Aquello no hacía más que llenar de dicha a aquel joven, y más lo hacia el hecho de que pronto seria quien apadrinara al niño que vendría.

Aquella mueca de felicidad que mantenía en su rostro cambió abruptamente a una de sorpresa al abrir las puertas de su antiguo hogar, encontrando al jefe de la aldea sentado en el sillón del recibimiento, quien se volteó inmediatamente al verlo. Su rostro denotaba seriedad, y al mismo tiempo amenidad, al ver a aquel joven luego de tantos días.

-Blast… que gusto verte. –Decía, con grave voz, levantándose de su asiento y dirigiéndose a él para saludarlo.

Aún con el paso de los años, el gran jefe de la aldea se veía rebosante de vitalidad como antaño, cuando había asumido el cargo como líder de su clan. Apenas si había mostrado unas cuantas arrugas más desde que había cumplido los 70 años, y continuaba exponiendo una gran habilidad en combate cuerpo a cuerpo, ahora notablemente curtida por tantas batallas enfrentadas en el último tiempo.

-¿Abuelo? ¿Qué… qué estás haciendo aquí? –Cuestionó, sorprendido.

-¿Acaso no puedo visitar a mi familia?

-C-claro que sí, es solo que… casi nunca lo haces. –Aclaró, algo incómodo.

-Tengo muchas responsabilidades, Blast. El que no lo haga no significa que no lo desee. Las cosas han estado muy tranquilas el día de hoy, y es por eso que me tome un tiempo para venir aquí.

-Me alegra que así sea –Decía, con una sincera sonrisa-, apropósito, ¿Dónde están mamá, papá, y Lin? –Cuestionaba, al tiempo que sintió dos pequeños cascos posarse sobre sus ojos, con su dueña trepada a la espalda del joven.

-¡Adivina quién soy! –Exclamó, con una aguda voz.

-¿Acaso una preciosa jovencita de claros ojos con quien debía jugar el día de hoy?

-Es posible.

-Tu hermana ha estado esperando con impaciencia tu regreso.

-¡Abuelo! –Exclamó, esperando a que fuera el unicornio quien adivinara.

-¿Acaso se trataba de Lin? Nunca lo hubiera imaginado. –Decía él una vez que su hermana había despejado su vista, mirando sobre su espalda.

-¿Qué sucedió, qué sucedió? ¿La invitaste a salir? –Cuestionaba, totalmente eufórica.

-Eso… no es de tu incumbencia… -Decía, con calmada voz.

-¡Lo sabía! –Exclamó, con felicidad.

-¿De qué está hablando? –Inquirió el anciano, intrigado.

-Nada en especial, abuelo, en serio.

-De acuerdo, entonces-… -Decía el anciano, siendo interrumpido por la pequeña.

-¡Oye! No importa que día tengan su cita, pero hoy tienes que quedarte aquí.

-Claro que sí, sabes bien que nunca falto a mis promesas.

-¡Eso espero! ¡Mira, ya he preparado todo para-…! –Explicaba felizmente, señalando la mesa de la sala frente al sillón -en la cual estaba preparado el tablero de ajedrez, con todas y cada una de sus piezas listas para la batalla-, siendo ella ahora interrumpida por su abuelo.

-Lin querida, disculpa, ¿Te molestaría permitirme jugar una partida con tu hermano mayor? –Preguntó amablemente.

-Uh… seguro, no hay problema.

-Gracias, ven muchacho. –Lo guió el anciano, sentándose una vez más.

-Sí, claro. –Asintió, para acercar uno de los sillones más pequeños de la sala, y colocarlo frente a la mesa, enfrentado contra Felshak, asumiendo el control de las piezas blancas. Y así iniciaron la partida, con el movimiento de uno de los peones por parte del unicornio.

-Entonces, ¿Dónde has dicho que estaban mamá y papá? –Cuestionó a la pequeña frente a él, que había tomado lugar junto a su abuelo.

-No lo dije –respondió con gracia-, mamá y papá están en la cocina preparando la cena, y yo vine aquí a acompañar al abuelo hasta que terminaran.

-Ya veo. –Respondió, al tiempo que su abuelo efectuaba un movimiento con el caballo.

-Ya has hablado con tu padre sobre el cambio de equipos, ¿Verdad? –Cuestionó, al terminar.

-Así es…

-¿Deseas que los organice tal y como estaban antes, o…?

-Uh… no te preocupes por eso, está bien. Nos… acostumbraremos… -Decía él, sonriente.

-Como digas. –Le respondió, sonriendo también, deduciendo su razón en base a su expresión, su decisión, y las palabras de la pequeña momentos antes.

-Taka me comentó lo que sucedió en la tarde.

-Pasamos por algunas dificultades antes de regresar aquí, si.

-Mañana enviaremos un equipo de rastreadores para registrar la zona apropiadamente, no podemos permitir que una situación así pueda darse una vez más con otro grupo.

-Lo sé…

-Me alegra que fuera tu equipo el que tuviera que enfrentar la situación, pues creo que de haber sido otro, probablemente no hubieran regresado.

-Créeme cuando te digo que escapamos por los pelos. Claro, no eran enemigos poderosos, pero nos superaban ampliamente en número, y ninguno de los integrantes del equipo conocía bien las fortalezas y debilidades de sus compañeros.

-Era una situación complicada, ya veo… pero me alegra que hayan podido sortear los obstáculos que se interpusieron en su camino.

-Sí, yo también estoy feliz de ello.

-Puedo darme cuenta… -Respondió, con burlona sonrisa.

-¿Qué?

-Nada, nada… -Respondió el jefe.

Unos cuantos minutos después, ninguno de los dos se había movido de su lugar, habiendo quedado completamente compenetrados en aquel juego, mientras que la joven Lin observaba atentamente cada movimiento por parte de los combatientes.

-Limitas mis movimientos sin dejar de proteger al rey, dándole a la reina y a las torres un buen rango de ataque. Bien hecho, ¿Quién te enseñó a jugar de esta forma?

-Mi padre, hace mucho tiempo…

-Y pensar que fui yo quien le enseñó a él a jugar.

-¿En verdad? Pues permíteme decirte que le has enseñado demasiado bien.

-El ajedrez siempre ha sido uno de mis juegos favoritos, ¿Sabes? –Decía, con una ligera sonrisa.

-Lo sé, me lo has dicho varias veces.

-¿Y alguna vez te he dicho porque? –Cuestionó el anciano, tomando una expresión ligeramente más seria.

-No, creo que no.

-El ajedrez es de gran ayuda para alguien que dirige a los demás, para un guía, para un líder. Tú llevas a aquellos soldados de madera a la guerra, conociendo sus virtudes y defectos tan bien como los tuyos propios, y empleando esos conocimientos para enfrentar a tu enemigo con eficacia. Respóndeme esto… -Le dijo, para luego mover la reina hacia adelante, acercándolo peligrosamente a dos piezas rivales: el Alfil y el Rey.- ¿Qué pieza salvarías ahora?

-Pues… el Rey sería la opción más obvia, ¿Verdad? –Cuestionó Blast, con cierta duda.

-Sí, lo sería… -Respondió con seriedad.

-Pero… ese no parece ser tu punto.

-¿Serías capaz de sacrificar al alfil con tal de salvar al rey?

-De no hacerlo, el juego terminaría, y…

-Y perderías.

-Efectivamente.

-¿Quién es el Rey para ti? –Cuestionó abruptamente. Aquel joven, sorprendido por la pregunta, no fue capaz de encontrar otra respuesta en aquel momento.

-Bueno… es la pieza más importante del juego, supongo.

-Así es, eso es "dentro" del juego, pero ahora puedes olvidarlo; olvida el juego, y piensa que esto es real; ¿Quién sería entonces el Rey para ti?

-¿A qué viene esa pregunta? –Cuestionó, intrigado.

-Solo respóndela. –Respondió ásperamente.

-Uh, no lo sé… ¿Tú? –Preguntó, a lo que su abuelo negó fríamente con la cabeza.

-No lo estás razonando bien; no estoy hablando de posiciones de poder, eso sería demasiado trivial.

-¿Cómo?

-Lo pondré de otra forma; piensa que ahora estás en medio de una batalla real, luchando con fervor contra un enemigo de un poder devastador, al lado de tus camaradas; no eres el guía, ni el estratega. Tú… eres el alfil. Las posibilidades que tienes de ganar son las mismas que las que tienes de perder. Ahora, te encuentras frente a un alto mando del ejército enemigo, y eres lo único que se interpone en su camino hacia el Rey, ¿Serías capaz de sacrificarte por el Rey? –Cuestionó Felshak con mucha seriedad.

Blast se encontraba perplejo, sabía que no era para tomarse las cosas a la ligera cuando su abuelo cuestionaba a alguien de esa forma, y era por eso que debía meditar muy bien su respuesta.

-Olvida cualquier obligación. Lo que estás haciendo proviene desde las más profundas intenciones de tu espíritu por proteger lo más importante para ti. Pero la pregunta es: ¿Por qué estás luchando? ¿Por proteger a tu aldea, acaso? ¿Por proteger a su líder? ¿Quién es el Rey para ti? ¿Cuál es su valor? ¿Y qué tan lejos estarías dispuesto a llegar para protegerlo? –Cuestionó seriamente.

El joven unicornio se sentía agobiado por tales preguntas, pero de alguna forma, estaba seguro de tener la respuesta a cada una de ellas.

-Tomate tu tiempo… pero debes saber que en una situación real, no tendrías tiempo suficiente para razonar tu propia respuesta, es por eso que deseo que lo hagas aquí… y ahora.

¿Qué era lo que debía proteger? ¿Por quién debería luchar? ¿Qué tan lejos estaría dispuesto a llegar? Lo sabía, en lo más profundo de su ser, el conocía esas respuestas.

-El rey… -Decía el joven, en cuya mente se dibujo la imagen de la familia de su mejor amigo, con su hija pequeña sobre su lomo, festejando con una de sus tantas morisquetas, y la de la suya propia, con su pequeña hermana sonriendo, junto a sus padres…

-Frente a mis ojos, el Rey… son los niños de este pueblo… los que están junto a nosotros, y los que están por venir. –Decía, recordando a Khrista al acariciar su vientre, y la expresión de felicidad pura de Kaijin, quien se encontraba a su lado.

-Son nuestro presente, nuestro futuro. Ellos continuaran escribiendo la historia que un día nosotros comenzamos, ellos son quienes contaran las leyendas de nuestro pasado, para en un futuro, formar parte de aquellas. Son lo más importante en nuestras vidas; son el Rey por quien debemos luchar, aún si es a costa de nuestras propias vidas. Ningún precio sería demasiado alto, si es por ellos que lo pagamos. –Le dijo, para luego mover la pieza representativa del Rey, apartándolo de la línea de ataque.

-Me has preguntado qué tan lejos llegaría para protegerlo… para proteger aquello que más amo. Sin dudas lo sacrificaría todo… todo, pues ningún precio sería demasiado alto... –Concluyó, luego de lo cual Felshak, dibujo una ligera sonrisa en su rostro.

-Has madurado mucho, niño… -Decía en bajo volumen de voz, con gran orgullo.

-Gracias, abuelo. –Agradecía él sus palabras, con una grata sonrisa. Entonces, el jefe se levantó de su asiento.

-Díganle a sus padres que me disculpen, pero ahora debo retirarme… olvidé que tenía algunos asuntos pendientes. Los veré en la mañana.

-Espera, ¿No… terminaremos la partida? –Cuestionó, extrañado. El viejo Felshak se volteó para sonreírle ligeramente, y así responderle.

-No es necesario, pues ya sabes que es lo que tienes que hacer, ¿No es así? –Preguntó, con la misma sonrisa. Aquel lo comprendió entonces, y respondió de la misma forma.- Que tengan buenas noches, niños.

-¡Adiós abuelo, cuídate! –Lo despidió Lin, observando como aquel cruzaba el umbral de la puerta, saliendo del hogar.

Al haber cerrado la puerta del lado de afuera, miró en dirección al cielo claro, pensativo, antes de bajar la mirada y emprender el regreso hacia su morada.

Algún día… serás un gran líder… -Pensó para sí mismo, sonriente, antes de comenzar a caminar.

-Oye, Blast.

-¿Eh? Oh, disculpa Lin, me he dejado llevar por un momento, ¿Qué querías decirme?

-Tú… eres el alfil. -Decía ella sosteniendo la pieza de ajedrez frente al rostro del joven, emulando la grave voz del jefe, a lo cual el joven rompió en carcajadas.

-Oye, si tu abuelo llegara a oírte…

-Vamos, no seas aguafiestas. ¡Además aún me debes una partida! –Exclamó, algo molesta.

-De acuerdo, de acuerdo, hasta que la cena esté lista. –Asintió él, con una sonrisa.

Unos minutos después, aquellos jóvenes vieron interrumpido su juego, por una gentil voz que irrumpía en la sala para llamarlos a la mesa.

-Niños, la cena está lista. –Llamó Shin, desde el pasillo.

-Oh, solo unos minutos más, estoy a punto de terminar con mi enemigo. –Solicitó la menor, a lo cual la madre sonrió ampliamente, asintiendo, para regresar al cuarto de cocina.

-En tus sueños, pequeña.

-Lo siento, pero yo soy quien tiene la ventaja aquí. –Decía ella, orgullosa, moviendo con su casco la torre a tan solo unos casilleros del Rey.

-Disculpa Lin, pero la próxima vez será mejor que cuides de las piezas que tengas en el frente de batalla, y también de las que hayas dejado en la retaguardia. –Aconsejó, al tiempo que hacía uso del aura color ámbar producto de su cuerno para mover su Reina en dirección hacia el Rey enemigo, habiendo colocado múltiples piezas tales como alfiles y caballos en una posición estratégica, de forma que aquella preciosa pieza no tuviera ninguna posibilidad de escapar.

-Jaque mate. –Le dijo finalmente, con una sínica sonrisa. Luego de observar el tablero unos momentos, aquella joven dejó caer su cabeza al pie de este, con una expresión de total desilusión.

-No es justo. –Se lamentó, casi en un susurro.

-Lo siento, pero para que hayan ganadores, también debe haber perdedores.

-Uh, gracias por hacerme sentir muchísimo mejor. –Le dijo, con cierto enfado.

-Para eso estoy aquí. –Le dijo, sonriente.

-¡Niños, la cena se enfría! –Exclamó una vez más.

-Vamos, no te deprimas, mañana podrás darme la revancha. –La alentó, levantándose de su asiento.

-¡Y mañana te derrotaré! ¡Es una promesa! –Exclamó incorporándose, llena de determinación.

-Así se habla. –Le respondió, orgulloso, antes de encaminarse junto a ella hacia el salón comedor.


Mientras disfrutaban de una amena cena, la familia se ponía al día en cuanto a sus planes para el resto de la semana, como pensaban organizar los días laborales ahora que las tormentas estaban próximas, y como proseguiría la práctica de Lin para manipular el poder del modo Hekima, lo cual ella había solicitado con urgencia, deseando poder entrenar junto a su padre y a su hermano lo más pronto posible.

Al haber finalizado, cada uno ayudó en la tarea de lavar y guardar la vajilla, para luego Shin y Kanto, después de haber despedido a sus hijos, retirarse a su alcoba. Habiendo quedado solos, ambos hermanos se retiraron al cuarto de la menor, quien apenas al haber ingresado, trepó a la cama rápidamente, deseosa de oír la historia que su hermano tenía para relatarle.

-De acuerdo, cálmate. Veamos, hoy te contaré-…

-¡La niña de la montaña! ¡La niña de la montaña! –Interrumpió abruptamente, sonriendo ampliamente.

-¿Qué? Oh vamos, te he contado esa historia decenas de veces, ¿No quieres que narre la que te he preparado para hoy?

-Anda, por favor… ¿Si? –Suplicó, haciendo uso de sus tiernos ojos contra el unicornio, algo que fácilmente dio resultado.

-No es justo, sabes que no puedo decirle que no a esa mirada… de acuerdo, te la contaré una vez más. –Se resignó el joven, sonriente.

-¡Si! –Exclamó ella, sumergiéndose en las sabanas, para acomodarse y emerger únicamente parte de su rostro desde ellas, reposando en su almohada.

-Había una vez… una jovencita de largos cabellos y verdes ojos como esmeraldas llamada Rin, que tenía muchos amigos, tanto otras cebras como tiernos animales. –Relataba él, con relajada voz.

-¿Y tenía un conejito?

-Así es, de todos los animales su mejor amigo era un pequeño conejo blanco como la nieve, de tiernos ojos color avellana. El la acompañaba a todos lados y siempre cuidaba de ella; era como su ángel de la guarda… –Narraba, haciendo uso de su magia para acobijar a la pequeña, quien se acomodaba rápidamente.

-¿Y cómo se llamaba? –Inquirió ella, con curiosidad.

-Ángel… su nombre era Ángel. Ambos vivían en una pequeña cabaña en las montañas, alejados de todo. Cuando la pequeña se enfermaba, o se encontraba triste, aquel tierno pequeño se esforzaba por ayudarla a recuperar su salud y buen ánimo. Siempre estaba a su lado, y aunque ella no lo sabía, aquel pequeño había jurado protegerla siempre, pues la consideraba su única amiga de verdad. Un día, ambos decidieron descender por la montaña, en busca de cerezas que a la pequeña tanto gustaban…–Le relataba, pronto sentándose en el sillón junto a la cama.

Minutos después, sin haber oído el final la historia, la joven Lin ya había caído en un profundo sueño, sonriente, mientras que el unicornio permanecía en el mismo lugar con expresión similar, no teniendo deseos de moverse a la habitación continua. Deseaba permanecer al lado de su hermana menor, y velar por sus sueños.

Los años pasaban rápidamente, y no podía evitar pensar: ¿Durante cuánto tiempo podría disfrutar de un momento como ese? Si en algunos años, aquel le ofreciera contarle una historia de la misma forma que en aquella noche, la joven probablemente le respondería de mala manera, por no decir insultante, alegando que ya no tenía edad para cuentos de niños. Rió un poco para sus adentros al imaginar tal escena, para la cual seguramente no debería faltar mucho tiempo.

Pronto, su amplia sonrisa dio paso a una melancólica expresión, al repasar los sucesos de aquel mismo día; mas precisamente, su mente se posaba en la conversación que había mantenido con su padre en la tarde. Aquellas palabras aún resonaban en su cabeza, todas y cada una de las ideas que le habían sido planteadas en ese momento fueron organizadas en su mente, ordenadas, consideradas y reconsideradas a lo largo del día, y ahora creía estar seguro de poder tomar una decisión definitiva.

Debía dejar de esperar algo que probablemente nunca llegaría, a un ser querido que quizá nunca regresaría; debería seguir adelante, debería… debía dejarla ir. No podía seguir atando su felicidad a alguien que quizá nunca volvería a ver, a alguien cuyos sentimientos era muy probable que hubieran cambiado en tantos años de ausencia. Era la determinación que entonces había tomado, una muy difícil elección, una por la cual debería haberse quebrado, y sollozado hasta el amanecer… pero para su sorpresa no fue así.

Debería estar no menos que triste por tomar una decisión como aquella, debería estar derramando lágrimas de dolor por su causa, pero su corazón se encontraba tranquilo, ni siquiera se había inmutado por tal determinación. El sabía la razón; era porque esa simple idea había estado vagando en su mente durante los últimos años, se había acostumbrado a ella con el tiempo, y ahora finalmente, la había aceptado.

Aún así, aún con la ausencia de aquel ser a quien tanto apreciaba, creía tener a su alcance todo lo que necesitaba para ser feliz. Padres íntegros, una hermana para la cual era un ejemplo a seguir, amistades junto a las cuales disfrutaba de cada momento y, ¿Quién sabe? Tal vez un nuevo amor que lo esperaba a la vuelta de la esquina.

Mientras poco a poco sus ojos se cerraban, una sonrisa se dibujo en su rostro al caer en la cuenta de que estaba considerando lo que en la mañana de ese mismo día había tomado como un desvarío por parte de su buen amigo.

El sabía que estaría realmente feliz si aquella joven regresara, pues lo quisiera o no, era una parte muy importante de él, pero no podía seguir atando a ella su felicidad, pues ahora veía aquello como algo totalmente egoísta.

Sus pensamientos pronto se vieron interrumpidos por un gran resplandor que se filtraba por la ventana, seguido de un fuerte estruendo, que advertía el inicio de las tormentas, las cuales el bien sabía, durarían algunas semanas.

Mientras veía comenzar a caer las gotas de lluvia a través de los cristales, sus parpados comenzaban a pesarle, y el sueño se hacía presente por primera vez en la noche. Ya no se sentía con ánimos de seguir pensando sobre ello, tenía más deseos de conversarlo con la almohada. Sabiendo que mientras estuviera allí, su hermana no temería la ira de la tormenta, finalmente cerró sus ojos, listo para partir al mundo de los sueños.


Una sonriente Shin regresó a su habitación entonces, donde su esposo la esperaba con paciencia en su lecho.

-Ya se han dormido, tal parece que no tendremos que preocuparnos de que Lin se despierte, pues su hermano mayor a caído en un profundo sueño a su lado. –Explicó ella, con ternura.

-Ya veo… -Decía él, pronto retomando su lugar y disponiéndose a dormir, cuando sintió a su esposa subir a la cama, meterse bajo las sabanas, y trepar por su pecho para abrazarlo, sonriendo ante su gesto.

-Ésta… es la mejor parte de las noches de tormenta. –Susurraba Shin, con cariño.

-Me recuerda a los viejos tiempos…

-Oye, aún no somos tan viejos.

-Tal vez, pero debes admitir que hace mucho tiempo que todos los miembros de nuestra familia no duermen bajo el mismo techo.

-Quizás, pero es comprensible. Nuestro hijo ahora tiene otras responsabilidades, y no creo que haga mal al decirlo, pues se que piensas lo mismo, que no pasara mucho tiempo antes de que siente cabeza, y tenga deseos de formar su propia familia. Y dentro de algunos años más, lo mismo sucederá con nuestra pequeña.

-Ansío intensamente ser testigo de esos momentos.

-Y yo. Y entonces seremos solo nosotros dos, una vez más… -Decía, con melancolía.

-No pareces estar muy conforme.

-No digas tonterías, es solo… que me hace feliz, pero me entristece a la vez, el saber que nuestra casa, antaño llena de bullicio y alegría, pueda quedar teñida por el frio silencio de la soledad…

-Si eso es lo que te preocupa, comenzaré a recitar canciones y poemas por los pasillos, tal y como lo hacía cuando éramos jóvenes.

-Te lo agradezco, pero mis oídos aún no se han recuperado de aquel entonces. –Le respondió con gracia.

-Vamos, sé muy bien que te gustaba. –Le dijo, al tiempo que ella se acercaba un poco más, y plantaba un gentil beso en sus labios.

-Aún me gusta. –Le dijo con dulce voz, besándolo una vez más, y regresando a su lugar al terminar, en brazos de su querido protector.

-Es más, ¿Por qué no comienzas ahora?

-Pero… ¿No molestaría a nuestros hijos?

-Claro que no, tienen el sueño infinitamente más pesado que el tuyo.

-De acuerdo, entonces… ¿Qué quieres que-…?

-¿Recuerdas la canción del día de nuestra boda? –Inquirió ella, con tierna mirada.

-¿Debo hacerlo? –Cuestionó, algo apenado.

-Debes, si deseas hacer feliz a tu esposa. –Le respondió ella, con cómica voz, tal y como solía responderle en su juventud. Y así, aquel respondió a su pedido.

Es poco decir… que eres mi luz, mi cielo mi otra mitad,

Es poco decir… que daría la vida por tu amor y aún más,

Ya no me alcanzan las palabras, no

Para explicarte lo que siento yo

Ni todo lo que vas causando en mí,

Lo blanco y negro se vuelve color

Y todo es dulce cuando está en tu voz

Y si nace de ti…

Te voy a amar, y hacerte sentir

Que cada día yo te vuelvo a elegir,

Porque me das tu amor sin medir

Quiero vivir la vida entera junto a ti…

Es poco decir… que soy quien te cuida como ángel guardián,

Es poco decir… que en un beso tuyo siempre encuentro mi paz,

Ya no me alcanzan las palabras, no

Para explicarte lo que siento yo

Ni todo lo que vas causando en mí,

Lo blanco y negro se vuelve color

Y todo es dulce cuando está en tu voz

Y si nace de ti…

Te voy a amar, y hacerte sentir

Que cada día yo te vuelvo a elegir

Porque me das tu amor sin medir

Quiero vivir la vida entera junto a ti…

Y así, disminuyendo gradualmente el volumen de su voz, terminó, con una satisfecha Shin en sus brazos quien sonreía ampliamente. Aquella se acercó al rostro de su cónyuge, para plantar un beso más, esta vez en su mejilla, tomando la otra con su casco, y pronto regresando a su lugar.

-Dices que el tiempo ha pasado, pero muchas cosas prevalecen, como mis sentimientos por ti, que no han cambiado desde el día en que nuestras miradas finalmente se encontraron, reflejando en nuestros ojos el alma del otro. Aquel día en que nació este gran amor que sentimos el uno por el otro…

-Y el cual espero, nunca cambie. –Respondió cómicamente.

-Nunca lo hará… -Susurró, acurrucándose en el pecho de quien sería su almohada aquella noche, como todas en las cuales había lluvia de por medio.

-Buenas noches Kanto…

-Buenas noches Shin, amada mía… dulces sueños. -Susurró, besando la frente de su querida esposa, y pronto disponiéndose a dormir, pues al día siguiente, con o sin tormenta, les esperaba un nuevo día.


Unas horas después, la tormenta había desatado su furia sobre las tranquilas tierras de Vizuri Shetani. Las fuertes ráfagas de viento huracanado sacudían las ramas de los arboles con violencia, las gotas de lluvia resonaban fuertemente sobre los techos y cristales de los hogares, y los rayos y centellas estremecían a los más pequeños, quienes aún no habían logrado conciliar el sueño.

En tanto, a varios kilómetros del pueblo, cerca de la entrada del puente Bagheera, había movimientos que no debería haber; sonidos inusuales, que presagiaban el inicio de una cruel pesadilla, que amenazaba con destruir hasta el último bastión de paz de aquella aldea.

Desde el bosque frente al puente, bajo el cual el agua fluía con la ira y violencia de la naturaleza, comenzaron a emerger extrañas figuras, no siendo propias del lugar.

Se trataba de decenas de criaturas hibridas, de las cuales la mitad inferior de su cuerpo parecía pertenecer a alguna clase de felino, y la mitad superior, a un ave de rapiña. La musculatura de sus cuerpos era notable, y sus miradas no mostraban sentimiento alguno; eran ojos muertos, sin expresión.

Al frente de todos había una criatura que sobresalía, de ojos azules que irradiaban una fría mirada capaz de intimidar al más valiente de los guerreros, y cuyo pelaje y plumas blancas resaltaban con cada destello producto de la tormenta.

-Es hora… -Dijo finalmente, con una voz gruesa y grave, siendo seguido por todo su escuadrón.


¡Buenas! ¿Cómo están? ¡Tanto tiempo! ¿Creyeron que había dejado de trabajar en esto? ¡ERROR! Disfruto mucho relatándoles esta historia, y por más que algunas veces me tarde demasiado para sacar una nueva entrega, aunque me lleve años, voy a llevarla hasta el final. Es un compromiso que tomé cuando escribí el primer párrafo del Capítulo 1.

Lo sé, pasaron MESES desde la última actualización, disculpen la demora (aunque podrían haber tomado entonces al Capítulo 8 como un "mid-season finale" de haberse tratado de una serie de TV, entonces el lapso de tiempo entre un capítulo y otro tendría más sentido), pero el caso es que mi vida cambió drásticamente a lo largo de los últimos meses, lo cual inevitablemente repercutió en el desarrollo de esta obra. Claro, espero que la duración del presente capítulo pueda compensar la tardanza.

Hay varias cosas que debería aclarar acerca de ésta entrega, pues supongo que tendrán algunas dudas, pero voy a ahorrarme mis comentarios sobre "En la oscuridad de la noche" hasta la segunda y última parte del capítulo, donde se revelará el final de las memorias del protagonista de turno.

Como siempre, espero sus comentarios y reviews (No sean vagos che, me tomé casi 3 meses para escribir esta entrega, no les cuesta nada tomarse 5 minutos para escribir un comentario sobre lo que les gusto, lo que no les gustó, lo que les pareció interesante, o lo que les pareció una reverenda m*****).

Aquellos son un incentivo para seguir haciendo esto, pues me demuestra que hay gente a quien realmente le interesa esta historia. Además una crítica, ya sea constructiva o destructiva, siempre me ayudará a mejorar en los capítulos venideros.

Bueno, dicho esto, tal y como siempre me despido, ¡Nos vemos la próxima! ¡Y gracias por leer!