Capítulo 12 – Repercusiones – Segunda parte
Luego de un arduo día de trabajo un corcel de manto rojo, crin naranja y ojos verdes cerraba la puerta de su habitación del lado de adentro para luego extraer el arnés de su cuello, pronto levantando las sabanas y disponiéndose a dormir, cuando algo lo tomó por sorpresa.
—¡¿Quién está ahí?! ¡¿Es que uno no puede dormir en paz?! -Exclamó con enfado una joven de manto rosado que se encontraba a su lado, con sus ojos cubiertos por un antifaz y agitando su casco en el aire en señal de demanda.
—¡Cállense ya, por mis herraduras! ¡Dejen dormir al prójimo! -Vociferó la abuela Smith desde la habitación continua, golpeando fuertemente la pared.
Sorprendido, el corcel descendió de su propio lecho solo para notar que junto a la pastelera descansaban también los gemelos Cake, que ahora bostezaban pesadamente al haberse despabilado. La joven se quitó el antifaz rápidamente, encontrándose con el mismo corcel que la observaba extrañado.
—¡Oh, eres tú Big Mac! Lo siento, ven, te haremos un lugar. -Le dijo felizmente, señalando el lado izquierdo de la cama. El corcel la observó completamente estupefacto durante unos momentos, y antes de poder razonar el motivo de su presencia allí, fue la voz de Applebloom la que llegó a oídos del semental.
—Lo siento hermano, olvidé mencionarte que Pinkie dormiría aquí con los niños puesto que tu cama es la más grande de la casa. -Se disculpó al asomar por la puerta, recibiendo una mirada llena de enfado por parte de su hermano en respuesta.- ¿Crees que puedas dormir en el sofá... solo por esta noche? -Cuestionó una vez más sin cambiar su incómoda expresión. Big Mac suspiró pesadamente, antes de responder de la misma forma.
—Sip... -Dijo él con ojos cerrados, antes de retirarse de la habitación y dirigirse al lugar indicado, seguido por la menor luego de cerrar la puerta, y oyendo un "¡Buenas noches!" por parte de la alegre poni rosada antes de alejarse.
—Perdona Mac, es solo que hoy pasaron muchas cosas y... -Se disculpaba la joven Apple, siendo interrumpida por el mayor.
—Descuida. -Replicó, con una sonrisa que la menor acompañó.
—De cualquier forma, debería haberte avisado, lo siento. Escucha, tu... ¿Qué crees que haya sucedido con el poni que atacó el pueblo? -Cuestionó con preocupación.- Applejack dijo que se habían encargado de él y que todo estaba bien, pero de seguro tu notaste también su mirada cuando regresó; no se encontraba para nada bien. También Pinkie, aunque ella nunca lo admitiría.
—De seguro lo han entregado a las princesas. AJ y Pinkie probablemente sintieron pena por él, y por eso estaban así cuando llegaron. Solo por si acaso, no les preguntes sobre ello por el momento, al menos hasta que sus ánimos regresen.
—¿De verdad crees que todo eso haya pasado? -Preguntó sin cambiar su semblante. El corcel de manto rojo le dirigió una despreocupada mirada.
—No deberías pensar en ello, mejor déjaselo a tu hermana mayor. Nosotros ya tenemos muchos problemas de los que ocuparnos como para añadir más a la lista.
—Tienes razón. Entonces... pasado mañana vendrán nuestros primos y tíos para ayudar en la reconstrucción de la pastelería, ¿Cierto?
—Sip.
—Uh... supongo que tendremos mucho trabajo por delante.
—¿Vas a avisar a tus amigas? Quizá quieran darnos una pesuña.
—No lo creo. Sweetie aún está en Canterlot preparando su presentación para el sábado en la noche, y Scootaloo... bueno, tenía pendiente su entrenamiento con Rainbow en estos días. Piensa entrar a Wonderbolts Academy el próximo año, asique debe poner su mayor empeño.
—Ya veo... -Replicó Big Mac al sentarse en el sillón de la sala en compañía de su hermana menor.
—Prácticamente apenas las he visto en los últimos meses, y casi nunca podemos reunirnos las tres como solíamos hacerlo. ¿Sabes? A veces extraño cuando eramos compañeras de escuela, cuando eramos... las "Cutie Mark Crusaders". -Decía ella con tono jocoso al restarle seriedad a tal nombre, aún cuando el mismo le traía una gran añoranza.- Eramos tan pequeñas, con tantos sueños e ilusiones. Al final... logramos conseguir lo que tanto deseábamos, pero...
—¿Pero?
—A veces desearía que no lo hubiéramos hecho. Digo, deseaba tanto crecer en ese entonces, pero ahora...
—Pero ahora deseas tanto volver a ser una potranca. -Completó él. La joven Apple le sonrió con una mezcla de tristeza y añoranza en su rostro.- AB... es algo normal, todos extrañamos aquella etapa con el pasar de los años, cuando crecemos y tenemos más responsabilidades que en ese entonces.
—La última vez que vi a Sweetie, nos sentamos en la colina más alta de la granja, y recordamos varias cosas de cuando eramos pequeñas, como cuando me ayudaron a engañar a Applejack, que se había puesto en papel de "hermana mayor sobreprotectora", para que yo pudiera repartir los encargos que teníamos pendientes. Casi me devoran en esa ocasión, y sin embargo ahora llevo los encargos cada mes.
—Eras temeraria en ese entonces, y lo sigues siendo ahora.
—Era irresponsable, inocente y boquifloja. Un cóctel para el desastre.
—Pero has madurado, y te has convertido en una yegua responsable, trabajadora y... nop, sigues siendo tan entrometida como cuando niña, eso no ha cambiado.
—Todo pasa muy rápido, ¿Verdad? Digo, hace diez años eran ustedes los que cuidaban de mi, ahora soy o quien debe hacerse cargo de ustedes. -Bromeaba, fingiendo cansancio mientras su hermano reía.
—Con el tiempo aprendes a cuidar de ti mismo, y de quienes amas. Así es la vida. Cuando quieras darte cuenta... tendrás a un corcel a tu lado, y a un potrillo en tus brazos.
—Debiste terminar en "y de quienes amas", ahora de verdad quiero volver a ser una potranca. -Decía ella, abrumada por la imagen que su hermano le había propiciado.
—Nunca cambiaras...
—¿Y qué hay de ti? ¿Tu si quieres tener a una yegua a tu lado? ¿Tener hijos?
—Quizá... algún día. La verdad es que aún no estoy pensando en eso. -Concluyó, no deseando hablar de ello con su hermana menor, aunque ella tenía otros planes.
—Oye... cambiando de tema, ¿Saldrán tú y la señorita Cheerilee el viernes en la noche? -Cuestionó, aún cuando el corcel sabía que para ella no era del todo un tema distinto. Sonrió ante la idea de, a quien el reconocía, la pequeña e inocente Applebloom.
—Quizá debamos postergarlo hasta la próxima semana, habrá mucho trabajo durante los próximos días. -Mintió él, fingiendo decaimiento.
—¡¿Es una broma?! -Levantó la voz. La reacción exacta que Big Mac esperaba. ¡Me tomó una eternidad lograr que la invitaras a salir! ¿Vas a echarte atrás ahora?
—Nop.
—Pues a mi me parece exactamente lo contrario, Mac.
—Siempre podemos hacerlo otro día, cuan-...
—No, vas a acudir a tu cita con la señorita Cheerilee el viernes, y si el problema es el trabajo, no tienes de que preocuparte, yo me ocuparé de la granja.
—Será mucho trabajo para ti. No muerdas más de lo que puedes masticar, AB.
—¡A quien morderé será a ti si faltas a esa cita!
—Y... piensas obligarme. -Dijo al recostarse, con tono jocoso.
—Big Macintosh, lo diré una vez, y solo una vez: vas a estar ahí el viernes en la noche, como que mi nombre es Applebloom. Y si no lo haces, pues... tendré que hacer públicas ciertas fotografías.
—¿Fotografías? -Cuestionó Mac, divertido por tal intento de extorsión.
—Sip, vergonzosas fotografías en las que apareces jugando con el peluche de Twilight. -Reveló malevolamente. La expresión de Big Mac cambió rápidamente a una de decepción.
—¿Quieres decir... las que tomaste cuando eras pequeña? Si, las publicaste en el periódico escolar al día siguiente. Al menos la mitad de Equestria pudo verlas.
—Oh, uh... bueno, entonces yo...
—Déjalo. No te preocupes, no voy a fallarles ni a ti ni a ella. No tienes de que preocuparte. -Le sonrió, tranquilizando a la joven.- Applebloom...
—¿Si?
—Dijiste que dormiría aquí, ¿Verdad?
—Sip, ¿Por qué?
—Si estás dejándome el sillón, ¿Tú donde dormirás? -Cuestionó el mayor, extrañado.
Los instantes pasaron mientras la potra mantenía aquella misma sonrisa congelada en su rostro, al percatarse de que no había planeado del todo bien el reparto de habitaciones para aquella peculiar noche.
Corría una tranquila noche de verano en un bello pueblo cercado por un frondoso bosque, donde podían oírse las risas de los niños que jugaban alrededor de la hoguera central. Habiendo pasado la hora del banquete, la mayoría de los adultos se habían sentado a una de las múltiples mesas colocadas en las cercanías a descansar, a platicar con sus familias, o a pasar el rato junto a su "alguien especial".
Los bailes alrededor del fuego por parte de los más jóvenes eran el espectáculo principal. El ambiente era tranquilo, y la calidez de la hoguera y las antorchas que iluminaban el lugar resultaba amena a cada cebra que disfrutaba de la celebración del verano. Aunque no solo las cebras disfrutaban de él...
En el cielo nocturno y estrellado, una figura sobrevolaba el lugar, envuelta en un brillante resplandor rojo. De aquella, cada tanto se desprendían plumas formadas por un aura del mismo color, las cuales se desvanecían con el pasar de los instantes.
Tan maravilloso espectáculo no parecía llamar excesivamente la atención de las cebras en tierra, puesto que a estas alturas aquel vuelo que el joven unicornio realizaba junto a su hermana en cada celebración se había vuelto una costumbre. Cada tanto sus padres observaban a ambas figuras danzando en el cielo nocturno con una sonrisa.
—¿Eso es todo lo que puedes hacer? -Cuestionó en tono burlesco y alegre la pequeña montada en su lomo.
—¡Claro que no! Solo estoy tratando de volar despacio para no asustarte, pequeñita.
—¡No me digas pequeñi-...! -Intentó gritarle con enfado, pero su grito pasó a ser de terror cuando su hermano mayor la soltó.
En plena caída libre con destino al suelo, la alcanzó en un fuerte abrazo y se desvió rápidamente, presionándola contra su pecho mediante sus garras carmesí, las cuales en aquel instante no producían un calor excesivo; se sentían como los mismos brazos del joven.
—¡¿Cuál es tu problema?!
—Vamos, ¿Crees que podría dejarte caer?
—Eso no cambia nada, ¡Eres un tonto!
—¡Y tu una pequeñita! -Exclamó entre risas, recibiendo un fuerte golpe en el rostro por parte de su hermana menor.- ¡Au!
—¡Para que se te quite!
—Venga, todavía me queda algo más que mostrarte.
—¿Eh? No, por favor, no, no lo hagas, ¡No! -Vociferó con el terror dibujado en cada una de sus facciones cuando, luego de ascender rápidamente a una altura considerable, se dejó caer con gran fuerza, girando a toda velocidad.
De haber hecho contacto con el suelo, quizá podría haber penetrado algunos kilómetros bajo tierra, cosa que no llegó a suceder puesto que a una escasa distancia del impacto se giró rápidamente, estabilizando el vuelo y descendiendo la velocidad.
Batiendo fuertemente sus alas mágicas para aminorar la caída, aterrizó rápidamente en el bosque. Su hermana menor se alejó de su abrazo para caminar por su cuenta, con la mirada perdida, provocando una pequeña risa por parte del mayor en respuesta.
—Creo que voy a vomitar... -Decía con voz temblorosa, tambaleándose, antes de apoyarse en el tronco de un árbol.
En ese instante, el aura roja que hasta entonces protegía al guerrero e iluminaba el lugar se desvaneció en un instante, y el lugar se sumergió en una penumbra absoluta. Lin no pareció sorprendida, pero el unicornio no comprendía el hecho de que su mejor técnica no hubiera durado los diez minutos correspondientes.
—¿Qué sucede? ¿P-por qué se ha acabado?
—Uh... solo se te acabó el combustible, ¡Gran cosa! -Replicó al haberse repuesto.- Vamos, ¡Si nos tardamos más nos perderemos la cierre de la celebración!
—Será mejor que no te duermas demasiado tarde, mañana tenemos nuestro entrenamiento al mediodía y no pienso pasar horas intentando despertarte.
—¡Cierra el pico y apresurate!
—¡Está bien, ya voy, ya voy!
En un instante iniciaron el camino de regreso a Vizuri Shetani. Blast y Lin trotaban velozmente a través de la galería de árboles, en un intento por llegar antes de que el jefe hablara por última vez en la noche, y las jóvenes cantaran melodiosamente al son de la música.
En ese momento, un grito desgarrador recorrió el bosque de punta a punta, no pareciendo provenir de la maleza, sino de un punto mucho más lejano: el pueblo de Vizuri. El mero sonido había sido suficiente para inmovilizar a ambos hermanos.
—No... -Susurró el mayor, al reconocer aquella voz.
—¡Mami! -Vociferó la menor, iniciando un rápido galope en medio de su desesperación.
—¡No! ¡Espera, Lin! -Intentó detenerla, sin ser capaz de alcanzarla a tiempo antes de que se internara en la maleza.- ¡Maldición!
Intentando superar su velocidad, Blast galopó como si su vida dependiera de ello. No alcanzaba a divisar la luz de las antorchas, aún a una escasa distancia del pueblo; no era una buena señal.
¡¿Qué está sucediendo?! ¡¿Acaso-...?! -Se preguntó, cuando una idea fugaz pasó por su mente. De alguna forma, creía haber vivido esa situación una vez.- No... ¡No! ¡Esto no puede estar pasando! ¡No de nuevo! -Vociferó al final, poniendo más empeño en su carrera.
Llevaba una buena distancia recorrida cuando una fuerte ventisca arreció, evidenciando su poder en el movimiento de las ramas de los árboles, seguido de un diluvio que descargó su ira sobre el mismo terreno, paralizando levemente al guerrero.
—¡Mami! -Oyó nuevamente un desgarrador grito a lo lejos, esta vez proveniente de su hermana menor.
—¡Lin! ¡Resiste!
Vamos, solo un poco... ¡Solo un poco más! -Pensaba él, aproximándose a toda velocidad a su hogar.
No fue más de un segundo, un pequeño instante, el que transcurrió desde que el unicornio emergió de la hierba, antes de que una gran sombra arremetiera contra él en la oscuridad, cargando un fuerte golpe contra su rostro.
Su cuerpo quedo tumbado en el frío suelo, incapaz de incorporarse momentáneamente pues se encontraba realmente aturdido. Desde su mejilla izquierda la herida recientemente abierta comenzó a sangrar levemente mientras, cerrando sus ojos fuertemente, intentaba incorporarse ignorando el dolor. En ese momento, si hubiera sabido lo que debería contemplar, de seguro hubiese deseado mantenerlos cerrados para siempre.
Al levantar la vista, su pueblo se encontraba completamente en penumbra, cuando sobre el mismo se formaban fuertes nubes de tormenta, cuyos relámpagos resaltaban en el cielo nocturno, seguido de fuertes y ensordecedores truenos.
Los habitantes de Vizuri se encontraban batallando fervientemente contra lo que parecían ser sombras, sombras tan negras como la noche misma, cuya forma era difícil de descifrar, y de orbes rojos que relucían entre sus tonos oscuros. Las mismas se deformaban, disociándose y agrupándose para evitar el ataque de los guerreros, quienes hacían uso de sus características lanzas y de su poderoso Asili Hekima para hacerle frente al enemigo.
Por desgracia, aquello no era suficiente...
—¡Lin! -Gritó una vez más, al ver a su querida hermana a lo lejos, intentando defenderse de las sombras que se abalanzaban sobre ella.- No, ¡No se los permitiré!- Vociferó, abalanzándose sobre sus enemigos.
Aquel intento resultó inútil cuando algo lo detuvo abruptamente. Su cuerpo automáticamente dejó de responder, quedando completamente inmóvil. Bajando la mirada -pues apenas podía girar sus ojos- encontró que estaba siendo atravesado de lado a lado por una lanza oscura, un arma que aquel conocía muy bien.
—N-no... e-est-to... n-no pue-de... est-tar... -Intentaba hablar, cuando la misma arma se incrustó más en su espalda, provocando un dolido gemido.- N-no... Lin... -Alcanzó a susurrar con lágrimas en los ojos, viendo a su hermana ser consumida por aquellas sombras con el terror marcado en su rostro.
Dirigiendo su mirada en múltiples direcciones podía ver lo mismo suceder al resto de sus compañeros, en un determinado momento a su madre, quien intentaba ir en su auxilio, y finalmente...
—P-pad-dre... -Era el último guerrero en pie, quien era capaz de abrirse paso entre las sombras haciendo uso de su mejor técnica: Kukubwa Hekima. Pero su cuerpo comenzaba a ceder ante su propio poder. Finalmente entabló un ferviente combate contra la sombra más grande, que parecía liderar a las otras. Él sabía lo que sucedería a continuación si permitía que aquello continuara.
Empleando todas sus fuerzas en el proceso intentó moverse, ir en busca de su ser querido y auxiliarlo finalmente, salvarlo del destino que le deparaba. No podía ceder, no podía dejar que aquello terminara de la misma manera. No iba a permitirlo.
Por el frente, dos sombras más lo atacaron de la misma forma que la anterior, incrustando aquellas mismas barras, esta vez, en su abdomen. Un líquido rojo comenzó a surgir desde su boca, liquido que momentos después comenzó a toser repetidamente. Continuó su camino realizando un gran esfuerzo, dando unos pocos pasos antes de que finalmente recayera sobre el toda la ira del enemigo.
Sus cascos, sus piernas, sus brazos, sus hombros, su pecho; cada área de su cuerpo fue atravesada limpiamente por el ataque de aquellas barras, dejando a la vista únicamente su rostro, que denotaba un dolor insufrible provocado por tales heridas. Pero ningún dolor, ni siquiera aquel, tenía comparación con el que sufrió aquel día, aquel dolor que en breves instantes sufriría una vez más por causa de su debilidad ante aquel enemigo.
Batiéndose en un combate a muerte, aquella sombra de rojos ojos atravesó a Kanto de la Noche mientras el mismo, con su casco, devolvía el ataque. La coloración de Hekima poco a poco comenzaba a desaparecer del rostro del orgulloso guerrero, mientras la sombra de orbes carmesí se desvanecía y el cuerpo de la cebra caía de espaldas, quedando tumbado en el suelo.
—N-no... no, por favor, no... -Susurraba, mientras las lágrimas comenzaban a correr por su rostro al contemplar tal escena mientras aquellas sombras continuaban inmovilizándolo, y la sangre escurría de sus heridas recientemente abiertas.
La pesadilla se repetía una vez más, y ni la mente ni el corazón del unicornio eran capaces de enfrentarlo. Estuvo a punto de perder la cordura cuando, de repente, una voz resonó en la escena.
¡SUFICIENTE!
Una poderosa voz recorrió hasta el último rincón del pueblo, al tiempo que un gran haz de luz azul marina disolvía las sombras circundantes, aquellas que intentaban retenerlo y, finalmente, las nubes de tormenta, dando paso a un tranquilo cielo estrellado. El pueblo ahora estaba en la más absoluta paz.
El cuerpo del guerrero cedió finalmente al carecer de un punto de apoyo, exhausto y mal herido. Para su sorpresa, la misma luz que envolvía el lugar recorrió también su cuerpo, sanando aquellas graves heridas. Al verse desprovisto del dolor infligido, el mismo buscó a su alrededor con la mirada a quien lo había auxiliado, sin éxito.
—Bienvenido seas... -Dijo la misma voz, ahora con un tono más suave y amable.
Al notar de donde provenía, el unicornio levantó la mirada, encontrándose con una figura que descendía desde los cielos, iluminada por el resplandor del astro de la noche. Se trataba de una alicornio cuyo manto era azul oscuro, sus ojos color turquesa, su crin y cola de un tono azul zafiro, mostrando en sus flancos una marca en forma de media luna. Su figura era majestuosa, con un aire sereno en su mirada.
—¿Q-quién eres tú? ¿Qué está sucediendo? ¿Fuiste tu quien causó... todo esto?
—Puedo responder a esas preguntas, pero primero necesito que te calmes, de lo contrario el universo a nuestro alrededor se verá realmente afectado, y no podré mantenerlo estable durante mucho tiempo antes de que despiertes... -Explicó seriamente. Esto último confundió aún más al joven.
—¿Despertar?
—Exacto, pues todo esto es simplemente un sueño.
—¿Un... un sueño? No, no puede ser posible.
—Si esto fuera real recordarías, por ejemplo, que fue lo que hiciste esta mañana. -En ese momento, el unicornio intentó hacer memoria de lo que había sucedido en la mañana, sorprendiéndose a si mismo al no encontrar la respuesta. Fue entonces que cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo.
—Pero tu... tu eres...
—Si, a diferencia de todo este escenario, soy tan real como tú. Ahora que tus ánimos se han calmado procederé a responder tus preguntas, pues de la misma forma espero que tú puedas responder las mías.
—Usted... es la princesa de la noche. Princesa Luna de Equestria, ¿No es así?
—Interesante, a pesar de pertenecer a una tierra diferente, al parecer me conoces.
—No, en realidad, mi madre me contaba historias sobre Equestria cuando era más joven, y quería aprender un poco más sobre la cultura de los ponis. Según ella existían dos hermanas alicornios: una que velaba por la seguridad de sus súbditos durante el día, y otra que velaba por sus sueños en la noche. Pero según ella también, la segunda había sido sellada para siempre en la luna, cuando intentó tomar por la fuerza el reino de Equestria. -Se explicó, permaneciendo entonces observando a la alicornio en silencio y con cierta duda, intentando descifrar si se encontraba frente a un enemigo.
—Tristemente, cada detalle de esa historia es cierta. Hace más de mil años, intenté derrocar a mi hermana mayor con el objetivo de traer las penumbras eternas a este reino, para poder tomar control del mismo. Exactamente siete años atrás, el sello se rompió y fui capaz de escapar con mis poderes oscuros en su máximo esplendor, pero mi alma fue purificada por los Elementos de la Armonía, cuyo poder fue capaz de aliviar los pesares de esta, la princesa de la noche.
—Los Elementos de la Armonía... -Intentó hacer memoria una vez más, sabiendo que ya antes había oído tal nombre- ¿Se refiere a... las yeguas que me recibieron?
—Las mismas. -Respondió seriamente. Pasaron unos momentos antes de que el guerrero abriera diálogo nuevamente.
—¿Qué es lo que quiere saber?
—Deseo saber de tu propia boca todo lo sucedido, desde que aquel singular grupo invadió sus tierras, hasta el día de hoy. Y principalmente, saber cuales son tus objetivos, lo que te motivó a llegar hasta aquí, lo que te hizo luchar contra Gilda en el centro de Ponyville, y lo que te lleva a seguir adelante.
Las siguientes horas pasaron rápidamente. La princesa de la noche oía con detenimiento cada palabra pronunciada por el semental, haciendo inferencias, y realizando conjeturas, sin cambiar su semblante.
Aunque sabía que se trataba de un sueño, Blast se sentía realmente extraño al estar sentado a la mitad de su pueblo, a altas horas de la madrugada, platicando con una yegua de gran altura cuya etérea melena cambiaba su forma a cada instante. Una diosa cuya belleza era imposible concebir en algún punto de la realidad fuera de aquel mundo temporal.
—Eso es todo...
—No creo que lo sea.
—¿Disculpe?
—Dices que has llegado hasta aquí en busca de la cebra nombrada Shisui, pues seguro estás de que con su ayuda lograrás liberar a tu gente de su prisión. Que batallaste con la grifo nombrada Gilda pues la creíste parte del grupo que atacó tus tierras. Y ahora se que estás dispuesto a llegar hasta las tierras de los grifos en búsqueda de tu clan. ¿Cuál es tu plan? ¿Ir por las calles tocando puertas?
—No lo sé... ni siquiera lo pensé cuando partí. No pude seguir el rastro de aquellas criaturas por agua, por lo que me vi obligado a buscar en primer lugar al único ser que sabía, podía ayudarme en esto. Viajé por muchos países a través del continente Nikal, siguiendo la pista que los lobos me habían proporcionado sobre su paradero a cambio de las joyas que llevaba conmigo, pero no me dijeron nada más. Allí supe que una cebra con su descripción, pero de nombre distinto, había permanecido en el pueblo de Emerald Shores durante seis meses, pero que había partido ya muchos años atrás rumbo a un lugar llamado Equestria. Partí al día siguiente, dispuesto a encontrarla.
La princesa de la noche permaneció pensativa unos instantes mientras aún observaba al semental, que le devolvía la misma expresión. Aquel, exasperado, finalmente decidió hablar.
—¿De qué va todo esto, princesa? -Cuestionó sin vacilar.- No creo que se haya metido en mi cabeza tan solo para preguntarme esto. Le pido por favor que vaya al grano.
—Mi hermana no se equivocaba con usted. -Suspiró profundamente.- He meditado la situación junto a ella. Examinado cada detalle del ataque a Vizuri, el aspecto de los grifos, y la forma en que atacaron. Llegamos a la conclusión de que un ataque de tales dimensiones solo pudo haberse efectuado con años de preparación, e información muy específica para la causa, difícil de obtener por medios convencionales. Es brutalmente obvio que estas criaturas se colaron en su territorio y fueron capaces de espiarlos detenidamente sin que los notaran-...
—Eso es imposible, nuestros vigías se ocupaban de...
—No me interrumpa. De seguro encontraron una forma de acercarse sin ser notados por los mismos vigías. Prepararon su ataque con una precisión milimétrica, con el mismo apenas presentando una falla. Usted. -Se detuvo a observarlo por un breve instante, con una mirada imperturbable.- Por una razón que aún desconocemos usted era una de sus prioridades, pero consiguió escapar. Dudo mucho que, siendo tan necesario para ellos, simplemente le dejen ir en paz. De seguro le están buscando ahora mismo, por cielo y tierra, y creo hablar con verdad cuando digo que ha tenido suerte de no cruzarse con ellos en el camino hacia aquí. Si es así, cada minuto que permanezca en Equestria estará expuesto a esta amenaza, así como nuestros súbditos. -Fue entonces que Blast comprendió cual era el punto de la princesa.
—Pretende deshacerse de mi, ¿No es así?
—Esa sería la salida fácil: deshacernos de usted y olvidar todo este asunto, evitando que cualquiera de nuestros habitantes, o nosotras mismas, pueda verse involucrada en tal asunto. -El unicornio tragó saliva al caer en la cuenta de que estaba a merced de la Diosa de la noche.- Para su suerte, no somos tan crueles como piensa. Tenerlo aquí mismo puede resultar en una gran ventaja, pues de esta forma estaremos seguros que tarde o temprano vendrán en su búsqueda. Para entonces, estaremos preparados. Los detendremos, y obtendremos de los atacantes la ubicación del Clan Vivuli.
—Aún así, hasta capturar a aquellas criaturas, los ponis que aquí habitan correrán un riesgo considerable. Podrían resultar heridos de desatarse una batalla semejante en este pueblo.
—¿Ahora le importa a usted el bienestar de nuestros súbditos? -Cuestionó, arqueando una ceja. El guerrero solo bajo la mirada, incapaz de responder ante tal cuestionamiento dado lo que había sucedido la tarde anterior.- Estar preparadas significa tener a los soldados necesarios en posición para enfrentar tal mal al aproximarse a nuestro territorio, no alcanzaran a cruzar la frontera sin que nosotras lo sepamos. De esa forma, estaremos seguros de que ningún civil correrá peligro y, en tanto, mientras esperamos que aquellos caigan en nuestra trampa, nosotras buscaremos información sobre el clan mismo por nuestra cuenta. Dudo que sea posible que tales criaturas hallan sido capaces de movilizar semejante cargamento sin que nadie lo advirtiera. Ni Balthosna ni ningún otro territorio perteneciente a los grifos tiene acceso a las aguas, por lo que deberán cruzar pueblos y ciudades específicos si buscan transportar a su gente a través del continente Amani. Las pistas están ahí, esperando, solo hace falta algo de astucia para hallarlas antes de que se pierdan en la memoria de los testigos. Y aunque no fuera así, y lo digo porque hay grandes probabilidades de que se resguarden en un territorio distinto al de Balthosna, los hallaremos gracias a usted haciendo uso del método antes nombrado.
—¿Y por qué haría todo eso? -Preguntó finalmente, confundido.- No pretenda que crea que lo hace por caridad, para salvar a nuestro clan. Nadie hace algo así solo por ayudar. Menos aún arriesgándose de tal forma.
—Aún no sabemos lo que trama el enemigo. Intentando encontrar la razón del secuestro del clan Vivuli, encontramos que lo más probable... es que buscaran su poder. Hekima es una técnica muy poderosa, que solo el nombrado clan posee la habilidad de manipular. Si lo que realmente buscaban era obtener tal poder, no será solo para conservarlo. Si decidieran hacer uso del mismo para atacar, deberemos de estar preparados, tanto para defender nuestro reino, como para defender a una nación hermana de ser necesario. Lo que me lleva al siguiente punto...
—¿Cuál?
—El hecho de que aún así, queda el cabo suelto de su crimen... -El joven agachó la cabeza, como si esperase con resignación el golpe fatal de la guillotina que tendía sobre él.- Le seré sincera, me ha usted sorprendido. -El guerrero la observó confundido.- Es un unicornio hábil, joven Blast. He visto a través de las imágenes que mi hermana compartió conmigo, y sus capacidades en batalla son más que admirables. De seguro necesitaremos de alguien con sus cualidades si un conflicto similar al que acabo de detallarle llegase a suceder. Lo he discutido con mi hermana hace algunas horas, y ella barajó mi propuesta como... aceptable. Estamos dispuestas a reducir su condena... considerablemente, si acepta formar parte de la Guardia Real Ecuestriana, al menos hasta que este conflicto se resuelva. Estará a nuestra entera disposición, y acatará nuestras ordenes sin cuestionar. De esta forma, tendrá una libertad limitada, pero será capaz de participar en el rescate a su clan llegado el momento.
—¿Es en serio? -Dudando de la veracidad de tal ofrecimiento.
—Vista su situación, no podría obtener mejor oferta que esta. O es eso, o es volverse residente de la prisión subterránea de Canterlot por espacio de 10 años, mínimo. Usted decide... -Concluyó con una seria mirada. Aquella era la única opción que le quedaba, su última oportunidad para redimirse, y obtener la ayuda de la realeza en su búsqueda por un precio que, a su parecer, era capaz de pagar.
—Acepto. -Dijo sin vacilar. La yegua asintió.
—La princesa de la Armonía le dará asilo en su hogar por el tiempo que considere necesario. Aunque, yo en su lugar, no saldría a las calles. Muchos le avistaron durante el ataque y puede que no se tomen a bien el hecho de que camine por ahí sin grilletes que le detengan. Lo demás se lo explicará la señorita Twilight apenas regrese a la biblioteca Golden Oak. Nos comunicaremos con usted a la brevedad. -Concluyó, incorporándose y disponiéndose a retirarse.
—Princesa Luna. -Llamó su atención. La yegua de la noche se volteó sin cambiar su expresión, mientras el semental se incorporaba y se dirigía hacia ella, manteniendo cierta distancia.- Gracias. -Una tenue sonrisa se presentó en el rostro de la yegua, apenas visible por causa del resplandor del astro.
—Le sugiero descanse por lo que queda de la noche, joven Blast. Mañana será un largo día. -Concluyó, extendiendo sus alas y emprendiendo vuelo hacia la luna, desvaneciéndose su figura segundos después.
La aurora amaneció temprano pues la diosa del sol no había logrado conciliar el sueño dada la gran cantidad de dudas que inundaban sus pensamientos sobre lo ocurrido en Vizuri Shetani. Si había algo en que ella y su estimada alumna realmente se parecían, era en que cuando un interrogante entraba en sus mentes, las mismas no estarían tranquilas hasta verlo resuelto.
Celestia caminó a paso lento a través de los silenciosos pasillos del castillo, deteniéndose únicamente para saludar a algún guardia que continuaba con sus labores y que pronto se retiraría al terminar su turno, mientras observaba con añoranza los bellos vitrales que decoraban el recorrido hasta su trono, y a través de los cuales los primeros rayos de luz se colaban alcanzando su pelaje y produciendo en ella una cálida sensación.
Al sentarse en el mismo trono, como cada día desde hacía ya mil años, podía sentir algo diferente. Quizá fuera por el hecho de que habían pasado ya varios años desde el último incidente, desde el ataque del Rey Sombra al Imperio de Cristal, que sus ojos no contemplaban el rostro de la maldad. O quizá fuera otra cosa. Quizá, tan solo quizá... un sexto sentido le advertía a la realeza que el hecho acontecido hacía ya dos meses en las tierras de Upendo era el preludio de algo peor que estaba por venir. Algo que, cabía la posibilidad, pudiera alcanzar su querido reino.
La sola idea generó un escalofrío que recorrió la espina de la princesa, desde su cola hasta la base de su cuerno. No quería pensar que algo así pudiera tomar lugar en algún momento, pero de suceder, no tendría más alternativa que tomar acción junto a su hermana, su sobrina y los elementos de la armonía para defender a sus súbditos por todos los medios posibles. Era su responsabilidad.
—¿Qué ocurre Celestia? ¿Acaso los cocineros no prepararon tu pastel favorito? -Preguntó una burlona voz de procedencia desconocida al notar el semblante intranquilo de la alicornio. La princesa suspiró y sonrió ligeramente, antes de dirigir la mirada a uno de los vitrales cercanos.
—¿Qué haces aquí, Discord? -Inquirió con un tono cansado y a la vez divertido. Los ojos de iris rojos que resaltaban en un poni terrestre del vitral a pocos metros de ella dejaron escurrir un líquido viscoso, el cual al tocar el piso tomó la forma del conocido Draconequus.
—¿Acaso está mal que visite a una de mis más queridas amigas? -Preguntó amablemente la criatura, sin verse afectada su feliz expresión.
—No, lo que realmente está mal es que irrumpas en el castillo sin siquiera anunciarte. -Respondió relajadamente.
—Lo siento, es la costumbre. -Se excusó.
—De todas formas, ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que te habías ido de viaje ayer en la mañana, para llegar a tiempo a una cena formal en Fillydelphia, y luego partir hacia Amani, si no me equivoco. -Se extrañó. Un Discord vestido de gala se aproximó a ella para susurrar en su oído.
—Lo hice, pero olvidé mi poni de felpa para dormir, asique tuve que volver por él. -Se excusó, tomando su sombrero negro y extrayendo del mismo un muñeco con los tonos y apariencia de cierta pegaso que ella bien conocía, abrazándolo con cariño. La diosa rió casi inaudiblemente al notarlo, gesto que fue advertido por el maestro del caos.- En fin, pensé que estaría bien que viniera a visitarte, ya que cuando partí ayer-...
—No te tomaste el atrevimiento. -Completó ella, sin cambiar su semblante sereno.
—¡Oh, vamos! No seas injusta. Tú estabas ocupada con tu papeleo de princesa, tampoco esperabas que viniera. -Se molestó, cruzándose de brazos.
—¿Y tú como sabes que estaba atendiendo mi "papeleo de princesa"? ¿Acaso estabas espiándome?
—Claro que no, solo adiviné. -Se atajó él.
—Aún así, he de admitir que es un bello gesto viniendo de ti. Gracias. -Le respondió con calidez, y una sincera sonrisa. Algo que incomodó un poco al draconequus, quien debió aclarar su voz antes de responder.
—Sí, claro. De cualquier forma, si me necesitan, como ya sabes, estaré en el continente Amani por un tiempo. Te traeré algún recuerdo cuando regrese. -Se preparó a partir, vistiendo ropa de playa con gafas oscuras incluidas, y sosteniendo grandes maletas marrones en sus garras.
—Agradecería que ese recuerdo no explotase o incubase alguna especie peligrosa, ¿Sabes? -Solicitó ella, recordando cuales eran los presentes que habitualmente eran de gusto para el maestro del caos.
—No prometo nada. -Respondió sonriente, disponiéndose a retirarse.
—Discord, espera... -Lo detuvo abruptamente. Al recordar lo sucedido en las tierras de Vizuri, Celestia creyó prudente que lo mejor era advertir de esto al draconequus, puesto que su presencia en el reino podría ser requerida de ocurrir un ataque similar. Pero luego de unos momentos, consideró que de suceder algo así podría avisarle mediante una carta oportunamente enviada, además de que no debería preocuparse por él, pues la misma criatura superaba en poder a la princesa fácilmente. Y de ser atacado, sería capaz de defenderse.- No, no es nada. Diviértete, y no olvides escribir... -Intentó sonar lo más convincentemente posible.
—¡Recibido! -Respondió alegremente, abriendo una puerta de madera en medio del corredor que aparentemente desgarraba el espacio, disponiéndose a aventurarse en su interior.- Te veré al regresar. ¡Arrivederci! -Se despidió finalmente, dejando el sonido de un fuerte portazo tras de sí, y una entrada que instantes después se desvaneció en el aire. La princesa quedó sola una vez más, dando un profundo suspiro que resonó en la habitación vacía.
—De acuerdo, es hora de empezar... -Susurró para si misma, al tiempo que oía el sonido de cascos aproximándose al salón del trono.
Al amanecer, luego de una larga excursión, una joven cebra de ojos azules y pendientes dorados había regresado al pueblo. El sol traído por la Princesa Celestia apenas comenzaba a asomarse en el horizonte, iluminando las calles de Ponyville con su cálido resplandor.
La doctora sabía que a estas horas, mientras que Spike y Trixie aún descansaban plácidamente, Twilight ya había comenzado su día, iniciando con pasión cada una de sus tareas y responsabilidades.
Ya se había vuelto una costumbre para ella traerle a la joven alicornio un te especial hecho con una planta que crecía en los límites de Equestria, lugar que ella solía visitar cada vez que podía para reabastecer sus reservas de hierbas medicinales.
Estuvo a punto de tocar la puerta cuando un pensamiento cruzó por su mente; lo recordaba, aún guardaba algunos libros sobre medicina de la princesa de la armonía en su morada, los cuales había terminado de leer poco tiempo antes de partir.
También era probable que, considerando la hora temprana en la que había arribado, su visita molestara a los compañeros de piso de la alicornio, por lo que decidió seguir el camino hacia su hogar para regresar en la tarde con aquellas obras que debía devolver.
Mientras tanto, en una de las habitaciones del hospital del pueblo, una grifo de pelaje marrón, plumas blancas y ojos ámbar descansaba tranquilamente sobre una cama de tonos grisáceos y sábanas azules, aunque no se encontraba sola.
Una unicornio de pelaje azul cielo, crin celeste claro, ojos violeta oscuro, y cutie mark en forma de media luna junto a una varita mágica, también estaba presente. El único problema era que la misma estaba durmiendo sobre la grifo en una posición perpendicular a la misma, dejando caer su cabeza y su extensa melena fuera de la cama, roncando audiblemente.
El sonido resultaba molesto ante el agudo oído de la criatura felina, la cual finalmente despertó. Al intentar frotar sus ojos únicamente fue capaz de alcanzar uno de ellos, puesto que el lado izquierdo de su rostro -pasando sobre su pico.- se encontraba completamente vendado.
Al recordar la razón por la cual tenía tales vendajes, llegaron a su mente los recuerdos del día anterior, el día que su vida había estado a punto de terminar. Colocando dificultosamente su garra frente a su rostro, cerró el puño fuertemente, siendo su corazón invadido por un profundo odio hacia el unicornio que la había atacado.
—¿Quieren un truco más? Trixie les dará un truco más, mi querido público, porque nadie es tan talentosa como la gran y poderosa...
La adormilada voz de la unicornio la sacó de sus pensamientos bruscamente, como si la misma hubiera arrojado un salvavidas al mar de emociones violentas contenidas en su mente. Al contemplar la tierna forma en que la misma se encontraba dormida, Gilda no pudo evitar sonreír a causa de la ternura que le generaba. Parecía una pequeña potrilla que había prometido quedarse despierta hasta tarde, siendo incapaz de cumplir tal promesa. Aún así, ya casi amanecía, y Trixie no debía de descuidar su trabajo como asistente de la Princesa de la Armonía.
—Psst... Trixie... -Intentó despertarla, empujándola gentilmente.
—Mi público me adora... -Susurraba, ahora con un hilo de saliva escapando de su boca. De repente la tierna visión de la cual la grifo había disfrutado hasta entonces se desvaneció.
—Trixie... vamos, levántate. -La obligó, empujándola un poco más.
—Si... la gran y poderosa Trixie derrotó a Twilight Sparkle en un duelo de magia, gracias por preguntar...
—¡Trixie! -Levantó ligeramente la voz, recibiendo un inesperado golpe de su pierna derecha al intentar acomodarse en tal posición, algo sin lugar a dudas había sido la gota que derramó el vaso para la joven grifo.
—¿Quieren un autógrafo de la gran y poderosa Trixie? Lo siento, pero deberán hablar con su agente-...
—¡Trixie! -Vociferó, lanzándola fuera de la cama con las fuerzas que aún le quedaban. Consternada, la unicornio se batió entre las sabanas de hospital de la grifo, aún ligeramente dormida.
—¡Lo siento mucho! ¡Por favor no se lo digan a nadie, Trixie pagará los pendientes, lo jura! -Se disculpó, con la sabana tapando parte de su rostro precisamente sobre sus ojos y sostenida por su cuerno, para luego continuar con su sueño, sentada en el suelo y sin apoyo alguno, volviendo a roncar en el proceso al cabo de unos segundos.
—No tienes remedio... -Susurró la grifo, con una visible sonrisa en el rostro, ahora mirando el sol a través de la ventana, cuyo resplandor iluminaba la habitación.- ¿Qué habrá sucedido? -Se preguntó, con cierta preocupación.
Mientras la misma estaba perdida en sus pensamientos, ahora sentada en su cama, no alcanzó a oír los murmullos provenientes del pasillo, murmullos por parte de la enfermera Red Heart y de alguien muy apreciada para ella. Esta última giró la perilla y asomó por la puerta entreabierta, intentando no molestar a la grifo si es que esta seguía dormida. Fue entonces que Gilda salió de su trance, dirigiendo su mirada a la entrada y encontrando algo que verdaderamente no esperaba.
Si bien era cierto que su amistad se había visto afectada siete años atrás cuando, ante sus ojos, la pegaso de crin multicolor había elegido a aquellas ponis tan odiosas en vez de a su amiga de toda la vida, habían quedado en buenos términos cuando la misma regresó años después.
No obstante, aquella amistad ya no era la misma. Sin dudas, las repercusiones que siguieron a la decisión que Rainbow había tomado aquel día en la fiesta de la alegre Pinkie Pie habían dejado su huella, pero hubo algo que aquello nunca afectó. Aunque no platicaran tan seguido como antes, sus conversaciones siempre eran amenas, incluso reían, y nunca se detuvieron a pensar en aquello que había sucedido tantos años atrás.
Durante los años que Gilda se ausentó, las tarjetas de cumpleaños, de la noche de los corazones cálidos, o incluso de la noche de pesadillas, nunca faltaron entre ellas. Y cuando la misma regresó a Ponyville, siempre se las arreglaban para verse durante los mencionados festejos y pasar un tiempo de caridad juntas. Quizá tuvieron sus diferencias en el pasado, pero nunca dejaron de considerar como amiga la una a la otra; el lazo de amistad que las unía realmente nunca había desaparecido. Aún así, fue una sorpresa para la grifo que la pegaso regresara a visitarla tan pronto como había hecho.
—Dash… no esperaba verte hoy. -Se sorprendió al ver a aquella atravesar el umbral de la puerta con una sonrisa.- Ven, pasa. -Continuó, invitándola.
Al apenas caminar unos cuantos pasos, la sonrisa de la pegaso dio paso a una mueca de confusión al ver a la unicornio que dormía plácidamente sentada junto a la cama.
—No preguntes. -Dijo ella al anticiparse, suspirando.
—De acuerdo, no preguntaré. -Respondió en voz baja.
—Anda, siéntate. -Señaló el banco junto a la cama de hospital, en el cual la pegaso tomó lugar.
—Vamos, no creíste que me iría y te dejaría con esta maniática hasta que salieras de aquí, ¿O sí? -Cuestionó, en un tono juguetón.
—No, pero tampoco hubiera estado mal que también trajeses el desayuno, ¿Sabes? La comida del hospital es una bazofia...
—Sabes que no sé cocinar, y... por otra parte, la pastelería probablemente esté... fuera de servicio por un tiempo.
—Sí, lo sé...
—Ayer fue una completa locura, ¿No crees? -Cuestionó la pegaso con aires de gracia, pero la grifo aparentaba estar completamente sumida en sus pensamientos.- ¿Gil? -La llamó ella, algo preocupada al notar su semblante. Su amiga se volteó lentamente hacía ella sin cambiar su expresión.
—¿Recuerdas... uh, recuerdas cuando las mantícoras fuera de sí escaparon del bosque Everfree y atacaron el pueblo? -La pegaso asintió lentamente, como si no hubiera necesidad de aclararlo.- Hasta ayer, esa había sido la última vez que sentí... miedo. Miedo a morir.
—Gilda...
—No voy a mentirte Dash, en ese momento yo... lo disfruté. Disfruté esa pelea, aún cuando sabía que no podía ganar. Cuando sentí mis garras hundirse en su carne, me sentí más viva de lo que nunca antes había estado. -Continuaba explicando ella. Rainbow el observaba en silencio, intentando elegir cuidadosamente las palabras de las cuales haría uso para confortar a la grifo en aquel problema del cual tanto tiempo atrás habían platicado.- Fue así hace tres años, cuando las mantícoras atacaron el pueblo. Cuando destruí el brazo de una de ellas, cuando arranqué su carne con mis garras, cuando la destruí, por primera vez en toda mi existencia me sentí... viva...
—Ya lo habíamos hablado antes, tú misma lo dijiste: Es algo por lo que cualquier grifo pasa en un momento así, y que debe superar-...
—No puedo... -Se resignó.- No puedo...
—Gil, escucha, se que puedes...
—¡No puedo superarlo! -Levantó la voz. La pegaso la observaba enmudecida, como si le doliera el hecho de no poder proporcionarle más palabras de aliento de las que ya le había dado tiempo atrás.- Yo... lo siento. Lo sé... cualquier grifo que se encuentra en una situación en la que debe luchar por su vida... lo sufre, y debe superarlo por su cuenta, debe ser capaz de controlar esas emociones.
—Tienes la sangre de una guerrera Gil, debes lidiar con ello tarde o temprano, y sé que tienes la fuerza para lograrlo. -Intentó levantar sus ánimos. Aquella la observó con una sonrisa triste.
—¿Cómo podrías saberlo? Cuando ya... ni siquiera yo estoy segura de conocerme a mí misma.
—Porque te conozco más de lo que tú crees conocerte, porque he estado junto a ti siempre... porque soy tu amiga, porque soy tu familia. -Explicó cálidamente. Gilda la observó atónita unos instantes, antes de sonreír. Se inclinó levemente para abrazarla, gesto al cual la pegaso respondió sin dudar.
—Si algún día llegara a conseguirlo, sé que será gracias a Trixie y a ti. -Susurró por sobre su hombro.
—¡Detengan la rueda de la fortuna, la gran y poderosa Trixie desea descender de inmediato! -Pidió la unicornio, en medio de aquel extraño sueño. Aquellas se apartaron para observarla, sonriendo ante su interrupción.
—O quizá solo a ti. -Concluyó. Ambas rompieron en risas ahogadas con puño y casco, en un intento por no perturbar a la joven aprendiz de hechicera. La grifo se interrumpió a si misma al cabo de unos segundos, gimiendo de dolor. La pegaso la observó preocupada, antes de que la otra levantara una garra en señal de que en un segundo estaría repuesta.- Disculpa, me hubiera reído más pero estas quemaduras duelen bastante cuando raspan el vendaje...
—¿Dijeron los doctores algo más?
—Que deberé quedarme por una temporada si quiero recuperarme, y poder usar mi ojo izquierdo al salir de aquí. Es una lástima que Zecora aún no se haya trasladado al pueblo, ella podría curarme en un segundo si así lo quisiera. -Resolvió la joven. Al oírla, la pegaso rememoró los sucesos del día anterior, en los cuales se perdió rápidamente.- A propósito, ¿Crees que ya haya regresado? -Preguntó, sin obtener más respuesta que una mirada ausente por parte de su amiga.- Dash... oye. Tierra llamando a Dash, ¿Puedes oírme?
—¿Eh? Uh, no, disculpa, no sé cuando tenía pensado regresar...
—Dash, ¿Qué te sucede?
—N-nada, ¿Por qué iba a... sucederme... alguna cosa?
—Eres una pésima mentirosa, Rainbow Dash, ¿Estás ocultándome algo?
—¡Claro que no! Nunca podría-...
—Dash...
—¿Qué? -Intentó fingir, recibiendo una mirada inexpresiva por parte de la grifo.- Vamos, sabes que nunca te...
—Dash.
—Nunca te...
—Dash.
—Nunca...
—Dash, ¿Qué sucede? -Preguntó finalmente, con preocupada expresión. La joven atleta suspiró profundamente, antes de corresponder a tal mirada.
—Está bien, te lo contaré, pero solo si me prometes que no te enfadaras.
—Prometo enfadarme, porque así es cuando me lo pides.
—Gilda...
—De acuerdo, prometo no enfadarme... demasiado. -La pegaso supo entonces que no podía pedir algo más, dada la información que estaba a punto de darle.
—El unicornio de llegó aquí ayer... sigue aquí, en Ponyville.
—Es una broma, ¿Verdad? -Preguntó incrédula, con una sonrisa forzada.- Tiene que ser una maldita-... -Renegaba al intentar incorporarse, siendo devuelta a la cama por el dolor de sus heridas.
—Gilda, cálmate-...
-¿Calmarme? ¡¿Calmarme?! ¡Ese bastardo sigue aquí! ¡El bastardo que casi me mata aún está aquí, y tu actúas como si-...! -Fue interrumpida y devuelta nuevamente al lecho por causa del dolor.
—Por favor, tómalo con calma.
—Ayer... dijiste que lo más probable era que se lo llevaran a prisión el mismo día. Casi me mató a mí, casi destruyó todo Ponyville a causa de eso. ¿Qué más debe hacer para que la justicia se encargue de él?
—En realidad Gil, las cosas son un poco… más complicadas de lo que parecían…
Y así, con una grifo embebida en ira desde el comienzo, la joven pegaso de crin arcoíris relató todo lo que había sucedido desde el momento en que dejó su habitación el día anterior. La grifo oía la historia de aquel extraño que el día anterior había intentado acabar con ella sin inmutarse, pero con un rostro cuyas facciones iracundas no se habían desvanecido.
—Ellos... secuestraron a su familia, y mataron a su padre. Cuando te vio aquí, lo primero que cruzó por su mente fue que... habías sido parte del ejercito que atacó sus tierras...
—¿Y qué se supone que debo pensar? "¡Oh, pobre poni desamparado! ¡Perdió a su papi, y se llevaron a sus hermanitos! ¡Y ahora va por ahí intentando salvarlos y matando grifos en el camino!" -Continuó, riéndo sarcásticamente al final, para luego dirigir su mirada a la pegaso que la observaba en silencio.- Lo único que se... es que ese maldito casi me liquida, que no me escuchó cuando afirmé mi inocencia de lo que fuera que hubiera pasado. ¿Por qué debería escucharlo ahora? ¿Por qué debería importarme?
—Solo te pido que... entiendas que-...
—¿Entender? ¿Qué es lo que estás diciendo, Dash? ¿Crees que debo sentir pena por él? ¡¿Es en serio?!
—Gil, yo no-...
—¡Mirame! ¡Mira en donde estoy! ¡Mira lo que me ha hecho! ¡¿Crees que puedo sentir pena por él?! ¡Lo siento por su padre, por su madre, por sus hermanos, pero por mi puede pudrirse en el séptimo infierno! -Vociferó finalmente, sorprendiendo a Rainbow, y más sorprendentemente sin despertar a Trixie. Al cabo de unos minutos, sus ánimos se calmaron nuevamente.- Mira... Dash, no tengo idea de que querrían los grifos con las cebras, ni me interesa, solo se... que la próxima vez que lo vea, no le dejaré las cosas tan fáciles.
—Lo mejor será que lo olvides...
—Me conoces muy bien, y sabes que no voy a olvidarlo.
—Podrás arreglar tus asuntos con él cuando todo esto termine. Por lo pronto, tenemos a todo un pueblo de cebras desaparecidas que buscar.
—¿Y qué harán al respecto? A Equestria no debería incumbirle un asunto semejante, ¡Ni siquiera tiene relaciones con ningún país de Upendo!
—Sabes tan bien como yo cual es la forma de pensar de las princesas.
—¿Meterse en asuntos ajenos sin importar qué?
—Ayudar a quien lo necesita. -La corrigió ella. La grifo se mostraba ajena a tal lema.
—Una más inútil que la otra, si me lo preguntas. -Concluyó, recostándose nuevamente en el lecho, disponiéndose a reanudar su reposo.- Entonces… ¿Esos grifos podían... regenerarse?
—Eso parece, ¿Puedes creerlo? Espera, tú no puedes hacer eso, ¿Verdad?
—Claro que no, idiota, es solo que-… -Iba a hablar, pero se detuvo en seco.
—¿Qué sucede?
—No, no es nada. Debo estar perdiendo la cabeza…
Al abrir la puerta de entrada de la biblioteca Golden Oak, la joven alicornio se encontró con un escenario que le resultaba reconocible de cuando Spike y Trixie salían a divertirse, más las actuales circunstancias que resultaban en ello no eran las mismas.
Varios libros estaban depositados sobre la mesa y el piso en forma descuidada -Probablemente por ella misma. No lo recordaba-. Las cortinas se encontraban cerradas, apenas alcanzando a detener el paso de los rayos solares. Decidió empezar por correr las mismas y dejarle paso al sol, para luego dirigirse al pie de la escalera.
—¡Spike! ¡Estoy en casa! -Llamó.
En la habitación, subiendo las escaleras, Spike abrió los ojos abruptamente, encontrando no solo que se había quedado dormido en medio de la tarea que la mismísima princesa Celestia le había encargado, sino también que ya era bien entrada la mañana, probablemente las 10 a.m.
Casi como un reflejo, dirigió su mirada al lecho rápidamente, encontrando que el unicornio no se había movido del lugar, y ahora permanecía con sus ojos abiertos detallando la nada misma.
—Tal parece que el turno noche no es lo tuyo. -Dijo finalmente, sin desviar la mirada.
—Muy gracioso.
—¿Spike? ¿Estás ahí? -Cuestionó una vez más la voz en el piso de abajo.
—Espera aquí. -Pidió el dragón.
—No es como si fuera a ir a algún lado, ¿No lo crees? -Replicó con desgano. Spike suspiró profundamente, no teniendo deseos de responder a la ironía.
Bajo las escaleras lentamente, poco a poco encontrando en su campo de visión a la alicornio que comenzaba a acomodar los libros en sus estantes correspondientes. Al notar que se aproximaba, Twilight le dirigió una alegre sonrisa.
—¿Y bien? -Cuestionó el dragón, curioso de la información que había obtenido la alicornio.
—Encontré algunas cosas que me llamaron la atención, y también hablé con Celestia. Me dijo que... que... -Relataba, mostrándose extrañada, intentando descifrar que era lo que le parecía tan extraño. Ante su expresión, Spike se limitó a sonreír.
—Trixie aún no ha regresado, se quedó en el hospital a pasar la noche. Te has acostumbrado demasiado a sus ronquidos.
—Supongo...
—Vino ayer en la noche a buscar algunas cosas, y luego se fue.
—¿Dijo a qué hora regresaría?
—No, probablemente se instale allí hasta que a Gilda le den el alta. Cualquier excusa es bienvenida para evitar el trabajo.
—Vamos, no seas tan duro.
—¿Yo tan duro? ¿O ella tan floja?
—Por favor Spike, ¿No podrías al menos intentar llevarte mejor con ella?
—Sería más fácil hacerme amigo de una Hydra.
—Vamos, sabes que Trixie te quiere... al menos un poco.
—¡Claro que me quiere! Encadenado en un calabozo, en la cima de una montaña, en el extremo opuesto de Equestria, si es lo que quieres decir.
—¿Alguna novedad? -Continuó, al desprenderse de sus alforjas. El dragón dudó un segundo.
—Quiere verla... -Dijo Spike finalmente. Twilight guardó silencio al voltear, contemplando su preocupada mirada.
—Supongo que era de esperarse...
—¿Qué haremos? No podemos ocultarla para siempre.
—¿Ocultarla?
—Cuando me preguntó por ella, le dije que solía frecuentar el pueblo, más no vivía aquí.
—Y no le has dicho que se encuentra en el bosque Everfree, ¿Verdad? -Spike se encogió de hombros.- Entiendo...
—Twilight, uh... -Llamó la atención de la alicornio.- Considerando que hay dos heridos graves: uno aquí, y otro en el hospital. ¿No crees que deberíamos buscar a un buen doctor? -Cuestionó finalmente. La joven princesa se sorprendió por causa de su resolución, pero al cabo de unos instantes, asintió con una ligera sonrisa en sus labios.
Inmediatamente luego de haber colocado un campo de fuerza alrededor de la biblioteca, la joven hechicera se adentró en el bosque Everfree en compañía de su leal guardián.
Por su mente pasaban un millón de preguntas, e imágenes fugaces de los posibles resultados que podía llegar a tener lo que ahora estaban haciendo, mientras el dragón escuchaba atentamente el relato de su encuentro con la Princesa Celestia.
—Entonces es así... -Dijo Spike finalmente.
—Sí. Las princesas decidieron que a lo mejor podía serles de utilidad el tenerlo a su disposición. La verdad... yo no estoy segura de hasta qué punto eso pueda ser buena idea.
—No te preocupes por ello, cooperará.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque pude conocerlo un poco mejor mientras tú estabas fuera.
—Aún así...
—Y si acaso se pasa de listo, podré con él.
—Esperemos no tener que llegar a ese punto.
—Créeme, si esto funciona, no tendremos que llegar a eso.
Así lo creía. Todo cambiaría desde el momento en que sus cascos golpearan la puerta de una vieja cabaña establecida en un gran árbol, cuya residente de manto gris a rayas y ojos claros les recibiría momentos después.
—¡Twilight Sparkle! ¡Spike! Que agradable sorpresa. Vamos, pasen, los invitaré a desayunar. Espero no tengan prisa en dejar mi cálido hogar. -Invitó la cebra cortésmente.
—En realidad, Zecora, venimos por una emergencia. -Continuó, algo incómoda.
—¿Qué ha sucedido? -Inquirió con preocupación al notar el semblante de la alicornio.- ¿Un accidente ha acontecido?
—Dudo que lo sepas, pero... hubo una pelea en el pueblo el día de ayer. Quienes se batieron resultaron gravemente heridos, y... requieren de muchos cuidados. Agradecería mucho si pudieras echarles un vistazo.
—Oh santo cielo, no tenía conocimiento... solo denme un momento, y prepararé mis implementos.
—De acuerdo, te esperaremos aquí... -Dijo finalmente, mientras la doctora se retiraba una vez más a su cabaña, y el sonido del movimiento de frascos y cuencos se oía desde el interior.
Twilight observaba a Spike con una mueca de preocupación que él correspondía. Si bien era cierto que estaban metiéndose en un asunto que no les incumbía, también sabían que aquel unicornio había, prácticamente, atravesado el mundo para encontrar a aquella doctora.
"La joven y su hijo se encontraban camino a casa, cuando de pronto, el muchacho, que platicaba con su madre tranquilamente, se detiene en seco, mirando en dirección a una de las tiendas. Shin lo observó extrañada, pero en ese momento, se percató de que era lo que había llamado la atención del niño.
En ese instante, aquel había quedado conmovido por la belleza de una de las jóvenes cebras que allí se hallaban, adquiriendo hierbas en una pequeña tienda, que al percatarse de esto, le sonríe cálidamente."
20 años habían pasado desde aquel instante, en que su mirada se había centrado en la joven que en un futuro ocuparía un lugar muy especial en su corazón. Y sin embargo ahora, tanto tiempo después, revivía los mismos sentimientos que en aquel momento lo habían tomado por asalto.
Aquella cebra de crin en punta, marca en forma de sol espiral, rayas grises que cubrían una mínima parte de su cuerpo, que adornaba sus brazos, cuello y orejas con relucientes anillos de oro, distaba mucho de la doctora que tanto tiempo atrás había conocido. 12 años habían transcurrido desde su último encuentro, pero a través de sus ojos azules, de su mirada… aún era capaz de ver en ella a la alegre joven con quien había compartido su infancia.
La doctora se encontraba atónita, aún no daba crédito de lo que sus ojos veían. ¿Se trataba de una ilusión? ¿De un sueño? Era prácticamente imposible que aquel guerrero se encontrara en aquel lugar, dado que nunca sería capaz de abandonar las tierras de Vizuri Shetani. Pero entonces… ¿Quién era aquel que se encontraba frente a ella?
La princesa de la armonía finalmente desvaneció el conjuro de las sogas que retenían al guerrero, las cuales pronto se desanudaron y cayeron al suelo de madera. El unicornio apenas se percató de su liberación, pues su atención se había centrado completamente en la doctora que aún no se había alejado de la entrada.
—¿Eres tú? –Cuestionó a la joven que lo observaba con incredulidad.- ¿En verdad eres tú? –Preguntó a la cebra una vez más, quien siendo incapaz de responder, asintió débilmente, intentando contener las lágrimas.- Por favor… dime que esto no es otro sueño… -Suplicó, no siendo capaz de contener las emociones que ahora afloraban en él.
La joven doctora se aproximó lentamente al lecho, frente al cual se detuvo unos instantes observando al paciente sin cambiar su expresión, para luego acercarse, y colocar los brazos alrededor de su cuello delicadamente.
—No lo es… -Le respondió finalmente, momento en el cual, casi por inercia, el guerrero hizo lo mismo, llevando sus brazos tras la espalda de la doctora y acercándola a él de la misma forma.
—Te he echado de menos… -Susurró a su oído, cerrando fuertemente los ojos.
REENCONTRARSE UNA VEZ MÁS, ¿Y ENTONCES?
¡Y aquí vamos de nuevo! Bien, debería empezar a resumir un poco más los eventos, de forma que la continuación de esta historia no se retrase tanto, y antes del fin del año que viene lleguemos a concluir este viaje que iniciamos a mediados del 2013.
Durante la estadía en Ponyville, estoy tentado a hacer uso de muchas ideas que me surgieron mientras miraba la serie, pero solo el tiempo dirá si todas ellas verán la luz. ¿Tienen alguna recomendación, comentario u opinión? ¡Envíenla, que los MPs y reviews son gratis!
Algo que aclarar: Aunque en esta ficción no se haga mención de elementos como el Árbol de la Armonía, o de Tirek incluso -Dado que la inicié al final de la tercera temporada-, si implementaré otros como la presencia de la banda "The Ponytones" en un futuro no muy lejano.
En fin, creo que eso es todo por el momento. Para concluir, les aclaro que actualizare lo más pronto posible, pues también estoy trabajando en otros dos proyectos que consumen bastante tiempo, y eso sin contar que estoy estudiando y trabajando a la vez.
Y ahora si, sin más que decir, ¡Hasta la vista! ¡Y gracias por leer!
