Capítulo 118:
La esencia de Mufasa en el rostro de Simba.
*CAPITULO PARTICULAR*
Even in death, his shadow looms over me.
There he is!
No! There he is!
…And There!
Scar in: The Madness of King Scar song,
From the Original Brodway Cast Recording.
Fue entonces, cuando de la nada, escuché un potente rugido QUE retumbó por todo el lugar. Yo brinqué hacia atrás, muerto de miedo.
De entre las sombras, la silueta de un león se acercaba más y más hacia mí. Sentí que la sangre se me iba a las patas; "¡Por los dioses!", pensaba yo; "¡El fantasma de Mufasa!, ¡viene por mi alma!, ¡Ha venido a juzgarme!, ¡Viene a vengar su propia muerte!, ¡Alguien por favor despiérteme de esta horrible pesadilla!, ¡Lannie! ¡Zira…! ¡Alguien, por favor!", había entrado yo en un ataque de histeria absoluta, mi paranoia estaba acabando con lo poco que me quedaba de cordura:
"¡¿Mufasa?!", exclamé con voz agitada. "¡NO!, ¡Tú estás muerto!"
Y justo cuando pensé que aquella figura me exterminaría, en vez de eso, cambió su rumbo y se acercó a Sarabi para ayudarle a recobrar la conciencia.
En mi estado de shock, me dediqué a observar con detenimiento a aquel león. No cabía duda. Era Mufasa. Con pensamientos como esos, creí que por fin había perdido el juicio y no dejé de creerlo, hasta que un revelador comentario que hizo Sarabi me devolvió algo de lucidez a mi atormentada mente:
"¿Simba?, ¡Estás vivo!, ¿¡Cómo puede ser?!"
¡¿Qué?! ¡¿La bola de pelos aún seguía con vida?!¡Eso simplemente no podía estarme pasando! ¡Debía ser una broma! ¡Sí! ¡Eso debía ser…!
"¡Simba!", dije al fin, con una alegría y cordialidad fingidas; "Que gusto me da verte… Vivo". Esta última palabra la dije en tono despectivo, volteando a ver a las hienas, quienes despavoridas, tragaron saliva y se escondieron entre las rocas.
"Dame una buena razón para no hacerte pedazos." Me dijo Simba desafiante, acercándose a mí de manera tan imponente que no me quedó más opción que irme haciendo más para atrás cada vez, hasta que me acorraló, quedando yo bloqueado por las paredes de la roca.
"¡Oh, Simba!, tienes que entenderlo… Las presiones de gobernar el reino.", mi voz se quebrantaba cada vez más a causa del pánico que me invadía.
"Ya no son tuyas… Apártate, Scar."
En esos momentos comencé a armarme de valor, al pensar en aquellas que habían depositado su confianza en mí, y que me reconocían como rey: Las Hienas.
"Lo haría… Lo haría con gusto… Sólo que, hay un pequeño problema, Ehmm… ¿Ves a las hienas?" Le pregunté señalando con una de mis negras y afiladas uñas apuntando hacia arriba justo donde miles de hienas observaban expectantes esperando el momento para atacar. "Ellas creen que yo soy el rey". Finalicé, colocando una zarpa en mi pecho, y sonriendo en un intento por convencer a Simba, de una manera amable.
"¡Nosotros no!" Gritó de repente una voz femenina que venía desde el fondo. Era Nala. "¡SIMBA ES EL VERDADERO REY!"
Muy cerca de donde estaba Nala, pude ver a Parvati -la hermana menor de Sarabi y madre de Halima- y a Sarafina ayudando a Sarabi a levantarse. Y justo cuando estaba a punto de prohibirles que lo hicieran, Simba se puso enfrente de mí, interrumpiendo.
"Tú lo decides Scar: o dimites, o peleas."
En esos momentos, un dejo de malicia iluminó mi rostro, y un recurso que yo tenía a mi favor vino a mí; un recurso que, bien utilizado garantizaría mi estancia en el trono: El sentimiento de culpa que yo le había implantado a Simba de cachorro en base a mis mentiras.
"…No quiero ser responsable de la muerte de un miembro de la familia, ¿Estás de acuerdo Simba?"
Vi cómo la respiración de Simba comenzó a agitarse cada vez más. Estaba comenzando a flaquear, y yo, a ganar terreno.
"No va a funcionar, Scar", dijo Simba intentando disimular valentía; "Ya lo he olvidado."
"¡Ah, sí!," comencé a decir, cada vez más confiado; "Pero… ¿Y, tus fieles súbditos, también lo olvidarán?"
"¡Simba…!", exclamó Nala de pronto; "¿De qué está hablando Scar?"
Esa expresión de Nala había sido como música para mis oídos. La desconfianza hacia Simba por parte de sus seguidores comenzaba a sentirse en el aire. El viento soplaba a mi favor.
"¡Ah!" Exclamé extasiado… y aliviado: Era mi oportunidad de poner a todos, en contra de Simba. "¿Con que, no les has dicho tu feo secreto? ¡Bien, Simba!, es tú oportunidad de hacerlo. Diles quién es el responsable de la muerte de Mufasa."
Por dentro estaba que brincaba de gusto. Y más al ver la cara de angustia de Simba. El silencio reinó por unos momentos.
"Yo," dijo al fin Simba. Todo terminaría pronto.
Todos se consternaron al escuchar la declaración del Joven león. Sarabi se acercó lentamente hasta Simba, y con la zozobra que sólo una madre puede sentir al ver que sus hijos han dado malos pasos, le dijo, en un intento de proteger a su pequeño:
"No es cierto, ¡Diles que no es cierto!"
Simba dirigió su mirada en dirección al piso, lleno de vergüenza, sin siquiera poder mirar al rostro de su madre.
"Es cierto." Declaró al fin.
Era mi oportunidad de defender lo que me pertenecía, y no la iba a dejar pasar tan fácilmente:
"¡Lo vieron!", grité acusadoramente con voz muy potente para que todos me escucharan sin excepción. "¡Lo confiesa!, ¡ASESINO!"
Simba aterrado, intentó defenderse, sin éxito:
"¡NO…! ¡Fue un accidente!"
Lo interrumpí de inmediato, y comencé a rodearlo con el fin de atemorizarlo más e imponerme ante él. Los papeles cambiaban. Ahora él era el cachorro asustadizo, y yo El poderoso Rey Scar.
"De no ser por ti, Mufasa estaría vivo. Es tu culpa que muriera, ¿acaso lo niegas?"
"No", respondió Simba con una evidente expresión de pánico en el rostro.
"Pues… eres… ¡CULPABLE!" Sentencié.
"No… No soy un asesino", expresó Simba, en un último intento por defenderse. Sin embargo era mi presa. Ya no habría escapatoria para él.
Detrás de mí, el ejército de Pelelezas comenzó a seguirme. Entre todos rodeamos a Simba y lo acorralamos. Contra su voluntad, lo guié hasta la punta de La Roca del Rey.
"¡Oh, Simba!, estás en problemas", le decía yo, lleno de perversidad y crueldad; "Pero esta vez papi no te podrá salvar… Y ahora… ya todos saben el… Por qué…."
Hice un movimiento brusco el cual espantó a Simba, haciendo que resbalara y quedara colgando de la punta de La Roca Del Rey, sosteniéndose pobremente con sus garras, aferrándolas hasta donde su capacidad le permitía, a las paredes del peñasco.
En ese momento, un rayo cayó por debajo de La Roca provocando un incendio. Si Simba caía sería su fin. Ya no había nada que temer. Era el momento de que la verdad quedara al descubierto. Le daría a Simba ese privilegio, antes de su inexorable muerte.
"¡Ahora!, esto me resulta familiar. ¿Dónde he visto esto antes?, ¿Déjenme pensar?" Decía yo juguetona y Sarcásticamente, mientras fingía estar recordando. Me deleitaba enormemente con la cara de sufrimiento de Simba; "¡Oh, sí!, ya recuerdo. Esta es justa la manera en que tu padre se veía antes de morir1."
Hábilmente, encajé mis uñas en las zarpas delanteras de Simba, el cual en respuesta lanzó un grito ahogado. Lo sostuve con fuerza, embelesándome con su dolor.
"Y aquí está mi pequeño secreto", le susurré al oído, sin saber que con eso, yo estaba cavando mi propia tumba; "¡Yo maté a Mufasa!"
Nunca hubiera imaginado que revelárselo a Simba, sería el acabose, ¡Mi ruina entera!
Con extraordinaria fuerza, una fuerza que parecía emanar desde lo más hondo de su ser, Simba tomó impulso, abalanzándose sobre mí, tirándome al suelo y acorralándome colocando sus patas en mi cuello, casi ahogándome. Creí que moriría. Pude notar la furia en sus ojos. Una furia que me llenó de un inmenso pánico.
Diles la verdad –Ordenó Simba, al momento que ejercía mayor presión en mi cuello. No tuve más opción.
"Yo… lo… maté...", dije al fin, con gran dificultad.
"Que te oigan todos", Me obligó Simba.
Sintiendo una gran humillación, no tuve más remedio:
"Yo… maté… a Mufasa…"
En ese momento una gran revuelta comenzó; El ejército de Pelelezas se lanzó contra Simba, entonces las demás leonas comenzaron a defenderlo. La guerra entre hienas y leones se hacía cada vez más intensa. En esos momentos, sólo me arrepentía una y otra vez de haber enviado a mis amigas del ejército de Haki y a Zira a la guerra, si no hubiera sido por culpa de eso sé que me hubieran ayudado en la batalla. Además ellas sabían a la perfección cómo pelear. ¡Qué momentos más malos había escogido para enviarlas a la guerra! , sólo me quedaba esperar un verdadero milagro.
En medio de toda esa revuelta, y gracias a la gran cantidad de polvo que se había levantado del suelo, me escabullí e intenté huir. De nueva cuenta yo estaba actuando con vergonzosa cobardía. Entonces, pude percibir que un bulto me perseguía; Era Simba, quien me había descubierto. Todo estaba perdido.
"Asesino." Exclamó Simba acusadoramente, acercándose cada vez más a mí de forma intimidante.
"¡Simba!, ¡Por favor!, ¡Ten piedad!, ¡Te lo suplico!"
"No mereces vivir." Me dijo. Y, ¡Que cierto era aquello!, ¡En verdad no lo merecía! ¡Todo ese tiempo solo me había dedicado a hacer daño a los demás! ¡Yo no era más que un pobre diablo, un miserable!
"Simba… Pero si soy… parte de… la familia…"
En ese momento volteé y vi a las hienas. Debía salir de ese embrollo de algún modo, y lo primero que se me ocurrió, fue decir:
"Las hienas son… ¡las verdaderas enemigas!, la culpa es de ellas. Fue su idea, y…"
¡Por los dioses!, más miserable y traidor no pude haber actuado. No logro comprender lo que me hizo traicionar aquellos quienes habían depositado su confianza en mí... ¿Habría sido la profecía? ¡NO!, era yo mismo el que había llevado mi vida hasta ese crítico punto... Y aún no me explico, ¿Cómo pude ser capaz de haberlos traicionado de esa despreciable manera?... los traicioné a todos de la manera más horrenda: ¡Banzai! ¡Edd! ¡Shenzi! ¡Ejercito fiel de hienas Pelelezas!... ¿Qué les había hecho?, ¡Por los dioses!, ¿En qué estaba pensando en esos momentos?
Redactora:
Shenzi, Banzai y Edd, se sentían inmensamente culpables; En aquellos tiempos, tras la muerte de Mufasa, habían dejado con vida a Simba, traicionando así la confianza de Scar, el león de melena negra que había sido para ellos como una especie de hermano y mejor amigo. Scar había sido engañado por ellas, cuando él les había dado todo en la vida. ¿Qué harían cuando todo esto terminara? ¿Perderían la amistad de Scar para siempre?, Shenzi era la que más se había preocupado de los tres. Amaba a Taka como a un cuarto hermano, así que cuando los tres vieron a Simba, ahí, parado justo frente a ellos, como todo un adulto, e indiscutiblemente vivo, la tensión se había incrementado: ¿Este suceso significaría la ruptura absoluta de su vínculo afectivo con Taka?
Entonces, a las tres hienas sólo les había quedado una cosa por hacer: Ayudar a Scar a luchar contra Simba.
"Hay que ayudar a Scar", les dijo Shenzi a sus hermanos; "Después de nuestro grave error de dejar a Simba con vida, es lo menos que podemos hacer."
"De acuerdo, Hermanita." le respondió Banzai. "Hay que echar una mano a nuestro compa2 del alma."
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Las hienas se dispusieron a buscar al león de la cicatriz en el ojo, pero cuando por fin lo encontraron, un lamentable suceso, haría que la rueda del destino cambiara bruscamente su rumbo.
1 Fragmento traducido directamente de la versión en inglés.
2 "Compa" es un modismo popular muy utilizado (y no sé si en otros países de America Latina, para hablar de un "compadre", es una especie de abreviación divertida.
