********** Conclusiones**********
No recuerdo como pasó… Solo sé que de un momento a otro, me había logrado poner en pie como si nada me hubiera pasado. No comprendía cómo era eso posible si las hienas me habían atacado de una manera brutal. Además, como por arte de magia, se encontraban frente a mí, Fabana y mi madre Uru, pero también… Sí, no podía equivocarme… ellos debían ser… un profundo terror me invadió de pronto...
"¿Mufasa…? ¿Abuelo Mohatu…?"
Ambos leones asintieron con la cabeza.
Con gran desconfianza, me acerqué a ambos, pues no me sentía digno de mirar a la cara a aquel familiar a quien en vida había asesinado. Creí también que mi abuelo estaría enojado conmigo por eso, no obstante, en sus miradas sólo se reflejaba una sorprendente templanza, y esto me dejó impactado.
"No temas," me dijeron al unísono. "Nosotros no conocemos el rencor."
Los tres nos quedamos viendo unos a otros enmudecidos. El silencio expresaba en aquellos momentos mucho más que las palabras. De pronto, una voz femenina por detrás de mí habló y esta me hizo sentir tranquilo apenas la escuché; Era mi madre Uru.
"Has sido muy valiente, hijo mío."
Aunque estaba muy emocionado por volver a verla, me limité a sonreír y a escucharla atentamente. De pronto, una segunda voz de mujer habló:
"Todo el dolor inmenso por el que pasaste, era para que tú crecieras a nivel espiritual."
Al escuchar esta segunda voz, miré a mi alrededor para ver de dónde había venido. Mi sorpresa fue enorme cuando vi a Fabana acercándose a mí, me hablaba en un dulce y cálido tomo de voz. Ese tono de voz que me había reconfortado tantas veces en mis momentos de soledad; "La vida está llena de obstáculos. Los tropiezos están presentes una y otra vez, pero lo importante es levantarse. Y tú, Taka, lo has hecho muy bien… has sido muy valiente."
Uru y Fabana tocaron mi cabeza. Cerré los ojos, experimentando una profunda sensación de alivio. Al abrirlos, Fabana sonrió tiernamente.
"¿Sabes, Taka?, hay alguien más aquí que quiere verte."
"¿Alguien que quiere verme? ¿Pero quién…?"
En ese momento, de entre las sombras, apareció de pronto una hermosa cachorrita de león, de ojos verdes y tierna mirada. Se acercaba lentamente hacia mí. Yo nunca antes la había visto, pero al vislumbrarla, experimenté de pronto una indescriptible sensación de felicidad.
"Fay… Madre… ¿Quién es ella?"
"Ella, mi querido Taka, es AnaLuna… tu hija."
Me quedé perplejo por algunos segundos, mirando a la pequeña con curiosidad y alegría.
"Eso significa que…"
Mis ojos comenzaron a nublarse.
"Sí, Taka… ella es el producto del amor entre Elanna y tú... tu pequeña hija… a la que no pudiste conocer en vida… Antes de que muriera en su vientre, tu amada Elanna había planeado nombrarla AnaLuna."
En ese momento las lágrimas comenzaron a emanar de mi rostro, pero éstas eran muy diferentes a lo que alguna vez había visto; al ser emanadas de mi alma, eran brillantes y doradas. Y así, lloré de alegría desde lo más profundo de mi espíritu, y después de eso, aproximándome a ella, comencé a colmarla de besos. Era mi hija. Producto del gran amor entre Elanna y yo.
"Te amo, papi," me dijo en un tono tierno y suave. Yo estaba empapado en aquellas lágrimas doradas.
Acto seguido miré a mi hermano y a mi abuelo a los ojos, y sonreí. Sin embargo, pese a este fabuloso encuentro, pude notar de pronto una mirada triste en Fabana y en Uru, así que me acerqué a ellas.
"¿Qué ocurre?", les pregunté en un susurro. Inmediatamente mi madre me miró a los ojos, y algo dentro de mí me inquietó al verla.
"Hijo… mientras estuviste en vida, hiciste mucho daño."
"Lo sé," dije y miré al suelo muy apenado.
"Es por esa razón que Uru y yo te llevaremos ante el dios Anubiam para que seas juzgado por tus actos, durante ese proceso ambas abogaremos por ti."
Experimenté entonces gran inquietud y recordé lo que Raczo me había advertido, pero de pronto, sentí que alguien había colocado una de sus patas en uno de mis hombros. Era Mufasa, quien me dijo:
"La divinidad es compasiva. Sé que será misericordiosa contigo. Además… siempre podrás regresar."
"¿Que siempre podré regresar?", pregunté extrañado.
"Sí", intervino entonces mi abuelo. "La divinidad es justa y no tirana. Pase lo que pase, todos terminan regresando al paraíso. Por otro lado, Anubiam siempre está abierto al diálogo y a la negociación."
Yo miré atónito a mi abuelo.
"¿Negociación, dices?"
"Por supuesto, Taka. Siempre hay opciones alternas para enmendar los daños que has cometido en vida. Por ahora, olvida un poco eso. Ven quiero que veas esto…", mi abuelo entonces se acercó a mí, y apuntó con su pata hacia donde se encontraba mi cuerpo inerte:
"¿Ya viste quien está junto a ti?"
Vi entonces que mi bella Elanna sollozaba junto a mi cuerpo muerto y desmembrado. Me acerqué a ella en un intento de consuelo, sin embargo, al querer tocarla, mis patas traspasaron su cuerpo.
"Lannie. Soy yo, Taka…. ¡Mírame…! ¡Estoy bien!"
Intenté acariciarla, pero de nuevo mi pata la trapazó.
"Ella no puede verte…", me dijo Fay, quien estaba atrás de mí.
Me entristecí. Comprendí lo que estaba ocurriendo.
"Yo… no quiero que sufra." Le dije con un dejo de nostalgia.
"Ella encontrará sosiego gracias a un buen amigo tuyo," me dijo mi madre Uru con una tierna mirada y acariciando mi melena. "Estará bien."
No pude evitar mirar a Lannie con melancolía.
Me acerqué a mi amada lentamente y me paré en dos patas para abrazarla. Ella no podía verme ni sabía que yo estaba allí, y aunque mis patas sólo la traspasaban, me puse a recordar cómo se sentía su calor, lo reconfortante de su terso pelaje. Acto seguido, con mucha tristeza, le di un último beso en su mejilla. Para mi sorpresa… pese a que me habían dicho que ella no podía ver ni sentir nada, yo estuve casi seguro que de alguna manera ella pudo percibirlo, cuando noté que se había quedado pensativa un momento, llevándose lentamente una de sus zarpas hasta su cara.
"Adiós… Elanna…," dije pausadamente.
Bajé mi cabeza, lleno de melancolía. Entonces, mi madre Uru se acercó a mí.
"¡Mira quién viene ahora!" Me dijo.
En esos momentos, vi a Zira, a la pequeña Vits, a Kovu, a Nuka, y al resto de leonas del ejército de Haki, acercándose a mi cuerpo destrozado e inerte. Apenas regresaban de la guerra. Llegando justo a tiempo para que yo pudiera verlos a todos reunidos una última vez.
Zira lloraba llena de rabia e impotencia, gritaba invadida por el dolor de la pérdida.
Vitani por su parte sollozaba, se recostó cerca de mi cuerpo, diciendo; "¡Papito!, ¿Por qué te has ido? ¿Por qué me dejas solita?"
Kovu se limitaba a lamentarse en silencio. Se veía muy mal. Me acerqué a los cuatro. A cada uno abracé aún cuando sabía que era inútil. Los traspasaba solamente.
"Mi pobre Zira", pensaba entre mí con gran congoja y arrepentimiento; "Tú que me amaste tanto, y yo que nunca pude quererte demasiado".
Sentí lástima por ella. Nunca había valorado la devoción que ella sentía hacia mí. Después de todo, ella siempre me había sido tan fiel y leal.
Segundos después, me acerqué a Nuka. Él no había soltado lágrima alguna. Sólo se limitaba a permanecer en silencio y de vez en vez, miraba hacia mi triste cadáver con evidente desprecio. Me dio un gran abatimiento su actitud. Yo había sido muy duro con él en muchas ocasiones, y le había negado su más grande sueño de ser rey. La verdad no lo culpaba por su indiferencia hacia mí.
Por último… me acerqué a Kovu y a Vitani. Los abracé. Quería aferrarme a ellos. No poder sentirlos porque los traspasaba y eso me generaba impotencia, y verlos llorar aún más. Permanecí parado cerca de ellos. No quería dejarlos solos.
Y justo cuando creí que nadie más vendría, pude ver cómo los buitres comenzaron a llegar para alimentarse de mi cadáver, pero uno de ellos me resultó familiar: era Raczo, quien gritaba una y otra vez a sus compañeros:
"Lo siento, pero éste león fue muy importante para mí. Y nadie de ustedes se alimentará de su cuerpo. Dejaremos que estos restos sean absorbidos por la madre tierra."
Los buitres, pese a ser carroñeros, también suelen hacer amistad con otro tipo de animales, así que sin dificultad comprendieron la situación, y se alejaron.
Pero Raczo, se posó sobre una roca, y al mirar lo poco que quedaba de mi cuerpo, cerró sus ojos y bajó la cabeza. Pude notar que una lágrima suya había caído al suelo.
"Mi señor…" dijo en voz muy baja y quebrada.
Pero, el tiempo se agotaba. En ese momento sentí la pata de mi amada madre Fay, sobre mi hombro:
"Es hora", me dijo. Al mismo tiempo, pude ver, como todas mis adoradas amigas del ejército de Haki, comenzaron a rendirme honores y a enterrar el resto de mi cuerpo bajo tierra. En ese momento, una enorme y cegadora luz brillaba sobre nosotros. Era una especie de portal místico.
"Adelante, hijo mío", dijo Fabana de pronto, apuntando con su pata hacia aquel resplandor.
"Pero… ¿Y mis hijos?.. ¿Y mi esposa?... ¿mis amigos?... ¡No quiero abandonarlos a su suerte!" Exclamé suplicante. "No quiero que estén tristes cuando me haya ido. ¡No quiero que sufran!"
"Es una promesa que a ellos no les pasará nada." Expresó Fabana. "Ellos aprenderán a enfrentar la vida solos. Son muy fuertes y valientes… Y eso lo aprendieron de ti… Estarán bien… créeme."
"Además, desde donde estés siempre podrás cuidar y ver por ellos," agregó Uru. "Vamos ya… es hora de partir."
Me volví unos segundos. Observé a mi familia una última vez, con un dejo de melancolía inquietud, hasta que sentí la pata de Fay sobre mí.
"Tú solo confía…", dijo una femenina voz que no pude distinguir. "La divinidad siempre es compasiva con los que verdaderamente se arrepienten."
Y así todos cruzamos aquel portal místico, que se cerró frente a nosotros.
Y me gozaré y me alegraré en tu misericordia, porque tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma…
SAL 31:7
Y si el viaje se te hace largo y difícil,
Y si el viaje te arrastra y te pierde,
Deja que esta oración sea tu guardiana,
A pesar de que el destino te lleve muy lejos
Recuerda que siempre guiaré tu camino."
CONCLUSIÓN NÚMERO DOS:9
"Te he hablado a ti; A ti que has abierto los canales que hicieron posible nuestra comunicación. Chamán de nuevos vientos, chamán joven, de buenos sentimientos. Ahora, es importante que tú que conoces mi historia, reveles una gran verdad; aún dejé deudas pendientes en el mundo terrenal, por ello ¡Escúchame! ¡ Escúchame con atención!: La reina Nala dará a luz a dos cachorros; Un macho y una hembra. La tradición indica que el macho debe ser el futuro rey. Debes impedir que esto sea así. La que debe ser coronada, es la niña que nacerá. Ella debe ser reina de Las Tierras del Reino, no su hermano. De nada habrá valido haberte contado mi historia, sino impides que esto ocurra. Muchos daños serán reparados gracias a esto. Impídelo a toda costa. Me despido ahora. Espero que mi historia pueda servir, no sólo a ti, sino a aquellos incapaces de ver mínimo una pequeña luz en su sendero oscuro. Tal vez sirva para guiar la vida de alguien más… Tal vez para guiar tu propio camino… Ahora, despierta…
"Despierta… cuatro… tres… dos… uno... ¡Sal del trance en el que te encuentras, Kaleb!, ¡Sal de ahí, ya!"
El joven Babuino, aprendiz de Chamán abrió los ojos. Se encontraba confundido. Había entrado en trance para después tener comunicación con alguien del más allá. Miró a su alrededor; todo había terminado, y sintió un gran alivio al saberse dentro del baobad de Rafiki sano y salvo. Había conseguido salir del trance.
Kaleb era el babuino que Rafiki había elegido como su sustituto para cuando él tuviera que partir de este mundo. Estaba en entrenamiento. Y en aquel día, practicaban la comunicación con espíritus del más allá.
"Cuéntame muchacho, ¿Qué tal tu experiencia?, ¿Qué espíritu habló contigo?"
Kaleb tenía las pupilas dilatabas. Estaba entre fascinado y aterrado, y Sentía frio… mucho frío.
"Scar… Scar me habló. Me contó su historia, y me hizo una petición extraña."
"¡Por los dioses inmortales!" exclamó Rafiki, quien estaba consternado. "¡¿Por qué, de todos los espíritus, tenía que ser Scar el que hablara contigo?! ¡Esto es horrible!"
¿Cómo saber si Scar se había convertido en un espíritu maligno? ¿Cómo saber las verdaderas intenciones de Scar al hacer esa extraña petición?...
¿Cómo saberlo?
¡¿Cómo?!
********** FIN **********
