Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Feliz año nuevo a todos! Afortunadamente, pude terminar el capítulo a tiempo para dejárselos como regalo.

Antes de que los deje leer, quiero agradecerles infinitamente por todas sus alertas, comentarios y favoritos, que tan feliz me hacen. Y también quiero mandarles un saludo especial a Lunatica Drake Dark, LittleFeniix y AimeePancake96, por tomarse el trabajo de comentar. En verdad lo aprecio.

Ahora sí, espero que lo disfruten.


My Only Wish This Year (Un inesperado salvador)

18 de diciembre de 2001

Draco Malfoy. Quien lo había jalado de su abrigo y escondido detrás de esas cajas era nada más y nada menos que Draco Malfoy. Y si en algún grotesco punto se le cruzó por la mente que esto no era motivo suficiente para provocar que su quijada se abriera con infinita incredulidad, entonces la vestimenta que llevaba puesta el ex Slytherin terminaba de hacerlo. Porque ni en sus más locos y extravagantes sueños el siempre aristocrático y snob heredero de los Malfoy tendría oculto su sedoso cabello debajo de un afelpado gorro navideño.

¿Qué demonios hacía él con ese objeto puesto? ¿Por qué lo había ayudado a esconderse de sus lunáticas fanáticas? Pero por sobre todas las cosas… ¿De dónde había salido Malfoy?

Porque si mal no recuerda, no ha sabido nada más de él desde el juicio a su familia. Era como si una vez que fueron excusados de Azkaban de repente los Malfoy se hubieran esfumado de la faz de la Tierra e, inesperadamente y luego de no saber nada de Draco por tres largos años, reapareciera detrás de sí para salvarlo de unas acosadoras. ¿Acaso había caído en una dimensión paralela?

Sin embargo, no puede seguir dándole más importancia a estos pensamientos debido a que las sobrexcitadas jovencitas finalmente han conseguido abrirse paso entre los transeúntes y se acercan al lugar en el que Malfoy está bloqueándoles el acceso. Harry concentra todas sus fuerzas en no realizar ningún sonido que lo delate, rogando a cualquier deidad que pueda oírlo porque no le haya tendido una trampa y sólo esté escondiéndolo en ese callejón sin salida para que no pueda huir de ellas.

─¿Dónde está? ¿Dónde está? Vimos que entró aquí. ─Exclama agitada una de las jóvenes, quien no parece tener más de quince años.

─¿Dónde está quién? ─Pregunta Draco haciéndose completamente el desentendido, girando entre sus largos y finos dedos el gorro de lana.

─Harry Potter, quién más. Sabemos que está aquí, vimos cómo perseguía hasta este lugar el sombrero que tienes en tus manos.

─¡Oh, lamento mucho la confusión! Pero a quien realmente vieron fue a mi jefe, jovencitas. Verán, él también usa anteojos y su cabello es de color negro.

En los rostros de algunas de las chicas puede observarse un rastro de decepción, mas ninguna parece querer resignarse por completo aún. Esto queda más que claro cuando una pecosa pelirroja empuja a las otras hasta colocarse frente a frente con Draco. O mejor dicho "pecho a frente", porque la escasa estatura de la misma es tal que el rubio debe bajar su vista, como si estuviera mirando sus pies, hasta poder conectar las miradas.

─¡Al diablo con eso! Yo sé lo que vi y ese era Harry Potter. ─Parándose sobre las puntas de los pies, intenta mirar por detrás de las cajas. Por fortuna, el amplio pecho de Draco impide que consiga ver más allá de unos pocos centímetros. Totalmente frustrada, la impertinente jovencita le lanza un fuerte empujón a la vez que exclama ─¡Apártate, asqueroso Mortífago!

Esto enfurece a Harry de una forma completamente alarmante. ¿Cómo se atreve esa estúpida niñita a tratar así a quien tan amablemente lo ha rescatado? Realmente no había ganado una guerra contra un demente racista para que las discriminaciones continuaran dirigidas, esta vez, a quienes estuvieron en el bando perdedor.

La ira que lo recorre es tal que ni siquiera se percata del momento en el que saca su varita y comienza a incorporarse. No obstante, Draco parece notar sus intenciones porque suelta una sarcástica carcajada, esperando con ello que Potter capte la indirecta de permanecer oculto.

─Ja, Ja, Ja. ¡Oh, Salazar bendito! ¡Cuánta originalidad junta en sólo dos palabras! Por tal insólita innovación deberían darte una Orden de Merlín, Primera Clase.

Inmediatamente, el enfadado rostro de la joven se recubre de un fuerte escarlata, a tal punto de ocultar cada una de sus pecas. Al ver que ninguna de sus amigas parece ir en su auxilio, Draco deja salir una de sus características muecas autosuficientes, al mismo tiempo que alza una impoluta ceja en una forma que sólo él puede hacer.

─Como ya se los dije antes, Harry Potter no está aquí. ¿De verdad creen que el Auror estrella del Ministerio perdería su valioso tiempo escondiéndose detrás de unas cajas de juguetes? ─Pregunta con marcada socarronería, provocando que todas las jóvenes se sonrojen en clara vergüenza. ─Eso pensé. Ahora si me disculpan, señoritas… debo regresar al trabajo.

A pesar de esta afirmación, las más tercas de ellas todavía mantienen un leve rastro de desconfianza y no parecen mostrar signos de dejar tan fácilmente el tema. Por su parte, Draco no pierde un atisbo de su compostura y como si esto no tuviera nada que ver con él, suelta unas palabras que les harán cambiar de opinión como por arte de magia.

─Aunque, si aún no me creen… ¿Por qué mejor no lo comprueban por ustedes mismas? Ayúdenme a ingresar al depósito estas enormes y pesadas cajas que contienen a las nuevas "Muñecas Telitas" (quienes por cierto son el mejor regalo que pueden hacerle a sus hermanas pequeñas) y verán que estoy diciendo la verdad.

Ante esta simple mención de trabajo duro, todas las jóvenes comienzan a retroceder y negar fervientemente. Sin decir nada más, salen de allí a gran velocidad. Todavía escondido entre las cajas, Harry se encuentra boquiabierto debido a la eficaz forma con la que Malfoy se deshizo de esas molestas fanáticas y sólo utilizando unos pocos comentarios sarcásticos.

Cuando considera que ha pasado un tiempo prudente para que ninguna se haya quedado rezagada, Harry sale apresurado del escondite. Totalmente incapaz de contener su curiosidad y deseando bombardear al rubio a preguntas, se abre camino entre el resto de las cajas hasta posarse frente a Malfoy. A su vez, éste lo observa con una maliciosa sonrisita, a través de la que es posible alcanzar a entrever la inmaculada y perfecta línea de sus blancos dientes.

─¡Wow! ─Exclama con incredulidad, mientras continúa girando despreocupado el gorro en sus manos.

─¡Oh, cállate! ¡Y dame eso, idiota! ─Replica Harry enfadado, quitándole de un manotazo su gorro a Malfoy.

─¡No hay por qué, Potter! No tienes que agradecerme lo que hice. ¿Por qué habrías de hacerlo? Después de todo, no es como si tuviéramos un gran historial detrás nuestro que podría justificar con certeza el haberte traicionado y dejado que esas fanáticas se aprovechasen de ti.

Al escuchar el claro sarcasmo con que son arrastradas esas palabras, Harry no puede evitar sentir algo dentro de sí retorcerse vigorosamente, junto a un extraño picor que azota a toda su piel. No necesita de un espejo para saber que sus mejillas se han coloreado en vergüenza, porque el calor que percibe desprenderse de ellas es indicativo más que suficiente. Una vez más, Malfoy ha conseguido convertirlo un manojo de nervios y dejado sin esfuerzos en ridículo. ¡Jodido imbécil!

─Gracias. Por… bueno, ya sabes por qué.

Malfoy simplemente alza despreocupado sus hombros, no dándole demasiada importancia y simplemente se dirige a separar unas cajas de otras. Durante todo el proceso, Harry no puede evitar notar cada una de las marcadas diferencias físicas en su antiguo rival.

Con gran indignación, observa que del afilado y escuálido muchacho que recuerda de Hogwarts no ha quedado absolutamente nada. A pesar de que aún es delgado, todo su cuerpo parece haberse llenado de músculos en los lugares correctos, convirtiéndolo en un joven extremadamente atractivo. Harry se pregunta si es posible que ello sea producto del forzoso trabajo que conlleva levantar las pesadas cajas.

A pesar de que su cabello parece continuar teniendo una sedosa contextura y de seguir portando un rubio muy claro, la longitud del mismo se ha incrementado algunos centímetros, al punto de rozarle la parte baja del cuello. Harry observa fascinado cómo algunos mechones más largos escapan del gorro, dándole un aire más libre y sexy. Sin duda el hecho de no embadurnarlo en gomina ha realizado maravillas con él.

Cuando este involuntario pensamiento cobra sentido dentro de su mente, sacude la cabeza e intenta restarle importancia al posar nuevamente su atención en los notables cambios en Malfoy. Harry se dice a sí mismo que la vida continúa siendo una terrible perra, porque es una enorme injusticia que él no haya crecido más de unos pocos centímetros, tres para ser exactos, desde la última vez que vio a su compañero. En cambio, Malfoy parece haber añadido más de diez centímetros a su ya remarcada altura, sacándole con ello una cabeza de diferencia.

Harry eleva su vista hasta posarla en el afilado rostro de Malfoy y allí aprecia otro cambio en él. Sus llamativos y bellos ojos ya no se encuentran opacados por el terror como la última vez que cruzaron miradas. Por el contrario, los grises iris están cargados de diversión y algo que no alcanza a comprender. Sólo sabe que es un intenso sentimiento, el cual hace correr su sangre con mayor velocidad de la necesaria y cargarlo de una excitación que no ha sentido con nadie más.

¿Por qué? ¿Por qué su vida tenía que ser tan malditamente complicada? ¿Por qué tenía que ser Malfoy quien lo haga estremecer de esta forma? Únicamente Draco. ¿Por qué siempre era él?

Y entre tantos por qué cruzándose imparables en su mente, Harry comprende que esto no debería sorprenderlo demasiado. Después de todo, ya sea para bien o para mal, el destino de los dos siempre ha estado entrelazado.

No importaba cuánto proclamaran que se odiaban, ya que todo el tiempo estaban persiguiéndose y desafiándose el uno al otro, en una eterna y cliché persecución del gato y el ratón. Una en la que él era el curioso gatito desesperado por atrapar al escurridizo e inalcanzable roedor.

El sonido de una puerta abriéndose saca a Harry de sus tristes cavilaciones, sobresaltándolo lo suficiente como para replegarse, incongruentemente, más cerca del cuerpo de Draco. Por la misma, se asoma la figura de un canoso anciano de gafas cuadradas, larga y espesa barba blanca y con una afable mirada plasmada en sus celestes ojos. De inmediato busca a su alrededor hasta que posa la vista en Malfoy, identificando al instante al otro joven junto a él.

Caminando con cierta dificultad, se acerca hacia ambos. Harry se percata de la gran y vergonzosa cercanía en la que se encuentra con Malfoy, por lo que se aparta de un salto antes de brindar falsas sospechas al recién llegado.

─¡Ah, ahí estás, Draco! ¡Señor Potter, es un honor tenerlo aquí! Nicholas Clausell, a su servicio.

Rápidamente se apresura a estrechar la arrugada mano que se extiende frente a él, la misma que lo sacude con mayor fuerza de la que se podría esperar de un hombre tan mayor. De reojo, observa cómo Malfoy hace un esfuerzo sobrehumano por no soltar una fuerte carcajada al ver la sorpresa que de seguro se vislumbra por todo el expresivo rostro de Harry.

─Bien, no lo molesto más, seguramente debe tener muchas cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo con este viejo costal de huesos. ─Harry no tiene tiempo siquiera de replicar algo, porque el señor Clausell ya se está dirigiendo al atractivo joven a su lado. ─Ah, ya está el nuevo cargamento aquí. ¡Grandioso! ¿Serías tan amable de llevarlo adentro y de reponer los faltantes, Draco? Mis huesos ya no son capaces de soportar todo este peso. ¡Oh, bueno! No hay mucho que pueda hacer, ¿verdad? Después de todo, los años nunca vienen solos.

─No sé de qué habla, jefe. Usted aún está en su mejor estado.

Harry observa anonadado el verdadero aprecio con el que Malfoy deja salir ese halago, sin una pizca de maldad o sarcasmo. Con pesar se dice que, si todo el atractivo físico que Draco posee no terminaba de deslumbrarlo, esto efectivamente logró conseguirlo.

─Eres muy amable, Draco. Aunque, por desgracia, tus halagadoras palabras no cambiarán mi realidad física. No obstante, sí sirvieron para elevar un poco mi ego. Pero ten cuidado de no abrumarme con ellas o podrías convertirme en el nuevo Lockhart.

─¡Oh, jamás se me pasaría por la cabeza hacer algo como eso! Fue más que suficiente tenerlo como profesor todo un completo año, como para agradecerle eternamente a la naturaleza el que no haya creado una réplica de ese embustero. ─Nicholas deja escapar una divertida risita ante tal ocurrencia, mientras Harry no puede evitar estar de acuerdo con Malfoy. Sin duda nadie quiere otro farsante narcisista como Lockhart pisando este planeta. ─No se preocupe, jefe. Yo me encargo de ingresar las cajas.

Agradeciéndole por ello y despidiéndose de Harry con otro fuertísimo apretón de manos, el señor Clausell vuelve a ingresar a la trastienda, cerrando la puerta detrás de sí. Un incómodo silencio se extiende una vez que ambos jóvenes se quedan solos, mientras el gélido viento comienza a soplar con mayor intensidad.

─Puedes desaparecerte desde aquí si quieres. No estoy seguro de que alguien no vaya a reconocerte y más ahora que el callejón se ha despejado un poco.

Al ver que Potter no parece querer decir nada, Draco reanuda su tarea de separar por un determinado patrón las cajas. Por su parte, Harry siente unos incontrolables deseos de no moverse del lugar y simplemente quedarse disfrutando de la exquisita forma en que los músculos de Malfoy se tensionan cada vez que sus brazos ejercen fuerza sobre las pesadas cajas.

Desesperadamente, busca alguna excusa para retrasar su retirada, cualquier cosa que pueda brindarle un motivo por el cual permanecer aquí. Afortunadamente, su cerebro parece colaborar con él al regalarle una idea.

─Creí que habías dicho que tu jefe tenía el cabello negro como el mío, pero lo único de cierto en eso era que sí usaba gafas.

Draco detiene sus forcejeos con una de las cajas más pesadas y lo observa con suspicacia. Inmediatamente, se arrepiente de haber abierto la boca. Porque ahora Malfoy parece estar evaluándolo de tal forma que, por un minuto, Harry cree que el otro está tratando de leer su mente. Pero más importante aún, lamenta el hecho de haber perdido el buen espectáculo que estaba brindándole inconscientemente el musculoso cuerpo del rubio.

Cuando Malfoy finalmente parece llegar a una conclusión, deja salir un resoplido de risa y responde con un presuntuoso tono.

─En ningún momento especifiqué a qué edad mi jefe tuvo el cabello de ese color. Por lo tanto, lo que dije no fue en lo absoluto una mentira, Potter.

El leve arrastre de palabras con el que es dicho su apellido hace que un agradable escalofrío se extienda por todo su cuerpo. Harry se pregunta cómo es posible que el imbécil pueda hacer sonar un simple nombre de forma tan sensual y sin pretenderlo. Naturalmente, otra de las grandes injusticias en torno a su patética vida.

Draco parece satisfecho al volver a dejarlo sin palabras y dándole la espalda al Gryffindor, reanuda con su labor. No obstante, Harry no está dispuesto a pasar desapercibido tan fácilmente. Nunca soportó bien el ser ignorado por su rival… y definitivamente no iba a comenzar a hacerlo ahora. Sólo bastaba tomar como referencia la obsesiva forma con la cual lo persiguió durante su sexto año, cuando Malfoy mantenía su mente ocupada en asuntos más preocupantes que sostener una infantil rivalidad con él, para saber que esto era así.

Rápidamente se acerca hacia el lugar donde se encuentra Malfoy y coloca una mano en su brazo derecho, deleitándose con la fuerte musculatura que se percibe a través de la vestimenta del rubio.

─Déjame ayudarte. Es lo menos que puedo hacer para compensarte el que me cubrieras y te deshicieras de esas chicas.

─Potter… ─Draco suelta un suspiro y deja caer con un pesado ruido la caja en el suelo. ─Estaba bromeando antes. No tienes motivo alguno por el cual agradecerme. ¡Merlín, incluso yo no puedo ser tan cruel e insensible como para permitir que esas sobrexcitadas adolescentes se aprovechen de ti!

Por un instante, Harry piensa que no le importaría en lo absoluto que un sobrexcitado Draco se aproveche completamente de él. Inmediatamente, toma consciencia de lo que acaba de pasar por su mente y esto es más que suficiente para que se aparte del otro joven como si hubiera sido quemado por un fuego maldito. Resolviendo que ya han sido demasiadas emociones y descubrimientos por un día, da unos pasos hacia atrás y se prepara para aparecer. Sin embargo, antes de hacerlo posa su mirada en Malfoy y murmura:

─Mmm… de acuerdo. Entonces yo… te dejo trabajar tranquilo. Y de nuevo… gracias por salvarme, Malfoy.

Sin más, Harry desaparece del estrecho callejón con un sonoro pop, dejando detrás a un pensativo joven quien parece tener la vista fija en el punto en el que instantes atrás estaba parado el otro. Y antes de volver a su olvidada tarea, Draco susurra con algo similar al anhelo unas palabras al viento. Palabras que, de haberlas escuchado la persona a las que estaban dirigidas, hubieran acelerado mucho las cosas y evitado algún que otro vergonzoso actuar en un futuro no tan lejano.

─Feliz Navidad, Harry.


Notas finales: Espero que les haya gustado este capítulo. Trataré de tener listo el próximo lo más pronto posible.

Ahora sí, espero que terminen de pasar más que bien este 2015 que nos deja. Les deseo de todo corazón que el 2016 los llene de amor, buenos momentos, salud, suerte y por sobre todas las cosas… mucho Drarry, que tan felices nos hace. ;)

¡Feliz año nuevo! Y ya nos leeremos muy pronto.