Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola! Realmente me pone muy feliz saber que la historia les está gustando. Esta vez, quiero enviarles un saludo más que especial a CristineC y KASANDRA POTTER por tomarse el tiempo de decir qué les va pareciendo el fic en un comentario. ¡Millones de gracias! ^_^Ahora sí, no los entretengo más, a leer.
My Only Wish This Year: En búsqueda de respuestas
21 de diciembre de 2001
Tres días. Sólo había soportado tres malditos días antes de salir como alma que lleva el diablo en búsqueda de las tan ansiadas respuestas. Las mismas que lenta e insidiosamente ocupaban todos y cada uno de sus pensamientos, volviéndolo en un ser con menores reacciones y reflejos de las que Neville Longbottom podría mostrar sobre una escoba.
Y a pesar de que este indigno accionar debería enfurecerlo a niveles insospechados, siendo que sólo contribuyen a fortificar las teorías de sus amigos acerca de su perturbadora obsesión por Malfoy, Harry no puede evitar pensar que bastante bien lo ha hecho hasta el momento. Porque viéndolo desde esta perspectiva… en otros tiempos no habría durado más de unas pocas horas, antes de enfocar todas sus energías en desentrañar el gran misterio que encierra su rival.
¡Vamos, que esta vez ni siquiera había usado su capa de invisibilidad o el Mapa del Merodeador! Aunque, pensándolo bien, ese último no le habría sido de ninguna utilidad en estas circunstancias siendo que ya no se encontraban en Hogwarts... ¡Pero aun así! Harry cree que al menos debería recibir alguna especie de premio o felicitación por haber hecho hasta lo imposible para apartar la tentación de sí y no salir directo a acechar a Malfoy, claro está, resguardado bajo la protección que le brindaría su capa de invisibilidad.
Un lastimero quejido escapa de los labios de Harry, sin embargo, rápidamente es ahogado cuando éste toma una de sus esponjosas almohadas y la utiliza para recubrir su rostro. Una vez hecho eso, amortigua no sólo un frustrado grito contra ella, sino que también oculta el intenso sonrojo que envuelve por completo su cara y orejas.
Harry no puede creer que esté intentando justificar de cualquier forma factible su obvio acoso hacia Malfoy. La vergüenza que lo acomete es tal que, de ser posible, ya habría estallado en combustión debido al fuego que siente crepitar en sus mejillas. Desafortunadamente, las cosas nunca son tan sencillas para él, por lo que no le es permitido escapar de la realidad de esa forma.
¡Oh, no! Primero el destino se encargaría de torturarlo innumerables veces, llenándolo de interrogantes sobre cada mínimo aspecto y detalle de la vida del rubio. Comenzando por dónde había estado todo este tiempo y qué había estado haciendo. ¿Cabía la posibilidad de que hubiera vuelto a Hogwarts? Duda que lo haya hecho. De lo contrario, él recordaría si Hermione lo hubiera mencionado en alguno de los encuentros que tenían con ella en los fines de semana que había salidas a Hogsmeade.
No, Harry está convencido de que Malfoy, al igual que él, no había retornado a terminar sus estudios. Entonces… ¿Qué había hecho durante todos esos años? ¿Quizás había comenzado a hacerse cargo de las empresas de su padre ahora que éste no podía hacerlo por obra de su arresto domiciliario? Y si era así… ¿Por qué en el nombre de Morgana bendita se encontraba trabajando en una jodida juguetería y no precisamente dirigiéndola? ¿Acaso Lucius y Narcisa se habían enfadado con su hijo por algún motivo y lo habían desheredado, forzándolo a tener que conseguir un temporal empleo hasta que las aguas se amansen?
Esta idea parece muy poco probable, no porque sea algo completamente estrambótico. Harry está convencido de que, en un momento de excedida ira, el padre de Draco podría llegar a ser capaz de esto y mucho más. No obstante, también debe reconocer que Narcisa jamás, bajo ningún punto de vista, le permitiría a su esposo tocar un simple cabello de su retoño. Y éste pensar sólo sirve para que la estima que llegó a adquirir por esa mujer se eleve a grandes escalas. Porque cualquiera que proteja a su rubio némesis merece ser tener su total y absoluto respeto.
Harry ni siquiera se detiene a darle un significado a lo que acaba de cruzar por su mente, demasiado concentrado en hallar una respuesta a alguna de las interrogantes que carcomen sus nervios. Ya que de haberle prestado más atención a esto, se habría percatado de que dichos sentimientos no son para nada acordes si son dirigidos a quien, supuestamente, es el chico que menos soporta en este mundo.
Frustrado a más no poder, lanza contra la pared que tiene enfrente la almohada que aun cubre su rostro y comienza a tirar de sus desordenados mechones de pelo, como si el simple hecho de jalarlos desplegara consigo las respuestas que necesita obtener. Harry inspira una gran bocanada de aire para tranquilizarse, dejándola salir en una pausada exhalación. Una vez que siente sus pulsaciones retornar a un ritmo normal, reanuda la búsqueda de explicaciones.
No descarta por completo el que sus padres estén enfadados con él, pero sin duda puede asegurar que no lo han desheredado. O al menos eso quiere creer. Por lo que, si no es éste el motivo por el que se encuentra trabajando como empleado en una tienda en el Callejón Diagon, entonces… ¿Cuál es? ¿Y por qué en el nombre de Merlín ninguno de sus amigos le había brindado refugio y un mejor trabajo en algunas de sus compañías? Si mal no recuerda, las familias Goyle, Nott, Parkinson y Zabini entraban todas en la categoría de "asquerosamente ricas". ¿Acaso ninguno de ellos podía ayudar a su amigo cuando él más los necesitaba?
Ante ese pensamiento, siente una incontrolable furia surgir desde lo más profundo de su pecho. De ser posible, Harry cree que si decidiera hablar en estos momentos, un fuerte e intimidante rugido como el de un feroz león escaparía involuntariamente de sus labios. Tratando de volver a normalizar sus emociones, repasa en su mente cada uno de los rostros de sus compañeros e intenta encontrar una justificación a tal ultraje.
De inmediato descarta el nombre de Goyle, ya que éste se halla preso por los crímenes cometidos durante la guerra, entre los cuales se encontró su intento de asesinato en la Sala de Menesteres; acusación que había aportado para demostrar los buenos accionares de Malfoy, contribuyendo así a librarlo de ir a Azkaban. Harry siente algo de remordimiento al no haber atestiguado a favor del corpulento Slytherin, pero de inmediato aparta esos sentimientos. Después de todo, eso había sido necesario para poner a salvo a Draco. Y si de nuevo le dieran a elegir a quién de los dos salvar, está total y absolutamente seguro de que volvería a preferir a Malfoy; no sólo frente a Goyle, sino por sobre cualquier otra persona. Siempre lo elegiría a Draco.
Aclarado ahora sí el por qué Goyle no pudo ayudarlo, el siguiente en ser eliminado de la lista es Nott. A pesar de que Malfoy y él no eran los mejores amigos, cualquier persona con una minúscula capacidad de observación podría haberse percatado de que ambos, como mínimo, mantenían una cordial relación. No obstante, Theodore Nott era parte de los Slytherins que creían ciegamente en los ideales de Voldemort. Nada ni nadie lo había forzado a unirse a las filas de Mortífagos. Por lo que, una vez que la guerra terminó, fue el primero en desaparecer del mapa para evitar ir a Azkaban. Y si mal no recuerda, aún siguen intentando dar con su paradero.
Este es motivo más que suficiente para excusarlo de no poder ayudar a Malfoy, siendo que él mismo tiene problemas mucho más difíciles que resolver. Y llegados al caso, Harry está seguro que, de haber tenido la oportunidad, Nott no le hubiera brindado una mano a Draco. No cuando todos los Malfoy terminaron, de una forma u otra, traicionando a Voldemort y cambiando de bando a último momento.
Aclarado esto, sólo quedaban dos personas en la lista. Y para mayor irritación de Harry, no consigue hallar ningún motivo que podría haberles excusado a alguno de los dos de ayudar a Malfoy. ¿Dónde diablos estaba la perra lambiscona de Pansy cuando Draco la necesitó? ¿Por qué Zabini no había sido el primero en ofrecerle un empleo, siendo que más de una vez se jactó de ser el único a quién el rubio consideraba un verdadero amigo?
Todas estas interrogantes sin respuesta comenzaban a terminar de desaparecer el último resquicio de autocontrol que le quedaba. Por lo que, levantándose de su cama, decide que ya había tenido suficiente. Era hora de obtener respuestas. Y las iba a conseguir a como dé lugar.
Harry se apresura a cepillar sus dientes y luego de vestirse con lo primero que encuentra en su armario, se desaparece sin mirar atrás y con decisión hacia un destino que desde hace tres días se ha grabado a fuego en su cabeza; mandando al diablo, en el proceso, a la vocecita dentro de su cabeza que le dice en un reprobador y fastidiado tono que está volviendo a obsesionarse con Malfoy.
Una vez que se encuentra de pie en el mismo punto en el que se desapareció la última vez, observa desilusionado cómo el estrecho callejón sin salida se encuentra vacío. No queda ni rastro de las enormes cajas que lo recubrían, ni mucho menos del atractivo rostro de Malfoy. Harry se golpea mentalmente por su estupidez, porque es más que obvio que no iba a hallarlo todavía forcejeando con las cajas.
Sacudiendo la cabeza para evitar que la vergüenza comience a agolparse en sus mejillas, sale de ese callejón y gira la cabeza hacia la derecha. Su aliento queda completamente atascado al ver la amplia y colorida tienda, repleta a más no poder de miles de diferentes juguetes desplegados en altas repisas. Las navideñas lucecitas colocadas alrededor de toda la vidriera, junto a los diferentes adornos esparcidos estratégicamente, le dan al lugar un aire mágico e impregnado de una calidez que sólo recuerda haber visto en el Gran Comedor de Hogwarts durante las fiestas.
Harry permanece aturdido unos segundos en la entrada disfrutando de cada detalle, mas logra salir de su estupor cuando alcanza a distinguir el característico brillo de una rubia cabellera. No queriendo seguir haciendo el ridículo parado en la puerta, abre la misma e ingresa con paso firme, tratando de volver a divisar a Malfoy entre toda la abarrotada juguetería.
Desgraciadamente, sus pies no muestran interés en colaborar y antes de que se dé cuenta, tropieza con unas cajas ubicadas en el suelo formando una pulcra pirámide. Las mismas se tambalean peligrosamente y justo cuando cree que todas se desmoronarán a su alrededor con un gran estrépito, siente un fuerte pecho presionarse contra su espalda y unos brazos extenderse a ambos lados de su cabeza, deteniendo al instante la hecatombe que podría haber ocurrido.
Harry suelta un aliviado suspiro y se prepara para agradecer a su salvador, cuando una inconfundible y socarrona risita se escucha detrás de sí. Excesivamente cerca, si debe aclarar.
─Es la segunda vez que te salvo en unos pocos días, Potter. A este ritmo, me convertiré para antes de año nuevo en el próximo héroe nacional.
Girando su cuerpo, ve el rostro de quien ha invadido todos sus pensamientos durante estos días. Cuidadosamente observa a Malfoy sonreírle con diversión, mientras aún lo mantiene prisionero entre su cuerpo y las tambaleantes cajas detrás de sí. Recién en ese instante, es consciente de la extrema proximidad entre ambos. Tan cerca están uno del otro que, simplemente con ponerse sobre las puntas de sus pies, Harry podría borrar la estúpida sonrisa de Draco a cabezazos… o besos… lo que ocurra primero.
─Con gusto te regalaría toda mi estúpida fama de héroe, Malfoy. Créeme cuando te digo que no todo es tan grandioso como parece.
─Lo reconozco, tienes un punto ahí. Las descontroladas fanáticas sin duda son uno de los molestos inconvenientes con los que debería lidiar. Mmm… creo que mejor voy a quedarme con mis chicos, al menos son mucho más divertidos y cariñosos.
─¿Chicos? ¿Qué chicos? ─No puede evitar dejar salir con cierto enfado a la vez que algo en su estómago se retuerce con incomodidad, no gustándole para nada la noción de que Malfoy tenga no sólo uno sino varios novios y que, además, como si esto no fuera más que suficiente, sean "cariñosos" con él.
─Obviamente me refería a los niños que tan amablemente arrastran a sus padres hasta aquí para que les compren los juguetes más costosos que están exhibiéndose en los mostradores. Tal vez tu pequeño cerebro aún no lo haya captado, pero trabajo en una juguetería, Potter.
Ante esta clara burla, Harry siente su sangre hervir con irritación y algo de excitación provocada por la cercanía que aún persiste entre sus cuerpos. Sus cejas se fruncen y una molesta mueca se esparce a través de su rostro, a la vez que sus mejillas se tiñen de un leve rosado. Aunque, siendo honestos, no sabe si es por haber vuelto a ser humillado por Malfoy o debido a los irrefrenables deseos que tiene de hacerlo callar con un ardiente beso.
Decidiendo que no importa demasiado el motivo, se fuerza a mantener a raya sus emociones, evitando así que se convierta en un claro sonrojo. Una vez hecho esto, lo siguiente en su lista a resolver es esa extrema cercanía entre ambos que no hace más que inquietarlo y elevar su nerviosismo.
Colocando ambas manos en el pecho frente a él, le propina a Malfoy un leve empujón para apartarlo de sí. Sin embargo y para mayor consternación de Harry, debido a la débil fuerza con que ejerce esta acción, queda ante cualquiera que los esté viendo como una especie de caricia.
Apiadándose del nervioso joven frente a sí, Draco da unos pasos hacia atrás y le regala una divertida mirada.
─Entonces, Potter… ¿Qué te trae por aquí, además de tu extraño fetiche por las cajas? ─Bromea, a la vez que se dirige a enderezar algunas de las que Harry ha desordenado con su tropiezo.
─¡No tengo un fetiche por las cajas, idiota! ¡Ni siquiera creo que eso exista en primer lugar!
Inmediatamente una molesta vocecita, la misma que unos momentos antes le advirtió sobre su obsesión con Malfoy, le hace notar que esto no es cierto. Él sí tiene un fetiche. Aunque éste no está dirigido a cajas de cartón, sino hacia cierto insidioso rubio de ojos imposiblemente grises y más atractivo de lo que debería ser permitido. Pero se asegura de no decir ni una palabra de ello, bastante humillación ya ha sufrido por un día, muchas gracias.
─Mmm… si yo fuera tú, no entraría en ese terreno, Potter. Te sorprenderías de la cantidad de cosas extrañas que algunas personas encuentran… excitantes. ─Draco termina de reacomodar la última caja en ese momento y lo observa con una intensidad tal que provoca que una descarga eléctrica recorra a Harry por todo el cuerpo. ─Pero no trates de evadir mi pregunta. ¿Qué hace el hombre más deseado por toda la población mágica, un viernes por la tarde en una juguetería? ¿No deberías estar saliendo con los miles de amigos que tienes o en una ardiente cita con alguien?
Harry no sabe si el enfadado arrastre de palabras con el que Draco deja salir la palabra "cita" es real o sólo un producto de sus secretos deseos por despertar celos en él. Pero de lo que sí está seguro es que, a pesar de no poder considerar esto como una cita, él si se encuentra junto a la persona con la que ha estado fantaseando por días y quien ha protagonizado cada uno de sus sueños húmedos. Nuevamente, eso es algo que no puede dejar salir y no sólo porque se hallan en una juguetería repleta de niños sino porque, además, Malfoy lo hechizaría hasta el olvido.
─Eh… Yo… ─Harry observa nerviosamente a su alrededor en busca de una excusa para justificar su presencia allí y la encuentra en unos estantes hacia la derecha, donde se exhiben unas pequeñas escobas para niños de no más de tres años. ─Vine a comprar un regalo de Navidad para mi ahijado.
─Oh… entiendo. ¿Cómo no lo adiviné antes? ─Por un instante, Harry cree entrever algo similar a la desilusión en la mirada de Draco. Pero así como aparece, es reemplazado de inmediato por una máscara que oculta cualquier emoción de sí. ─¿Tenías pensado regalarle algo en especial?
─Bueno, yo… lo cierto es que no tengo ni la menor idea de qué es adecuado regalarle a un niño de tres años. Así que pensé que, al trabajar en una juguetería, tú sí sabrías.
Ante esto, Draco sólo se encarga de observarlo fijamente. Es casi como si pretendiera hallar algo en sus verdes ojos, mas Harry no alcanza a comprender qué. Finalmente, parece llegar a una conclusión y soltando un resignado suspiro, desvía la mirada unos segundos y responde:
─Mira, Potter… Podría recomendarte cientos de juguetes de esta tienda que son adecuados para un niño de esa edad, aunque eso no puede garantizarte de ninguna manera que a tu ahijado realmente vaya a fascinarle. Sí, sin duda jugará con él hasta destrozarlo o hasta que encuentre otro juguete más divertido, pero si lo que quieres es hacerlo verdaderamente feliz entonces te recomiendo que, antes de comprar cualquier cosa, le preguntes a él qué es lo que le gustaría hallar debajo del árbol esta Navidad. No encontrarás en ningún otro lugar un mejor consejero que él.
─¡Pero sólo tiene tres años, Malfoy! ¡Aún no sabe qué es lo que quiere!
─Tú no tienes precisamente esa edad y tampoco pareces tener una idea de qué es lo que quieres.
Al ver el indignado gesto que se instala en las facciones de Harry, Draco se apresura a aclarar su ambigüedad.
─Me refería a lo que quieres llevarle como regalo a tu ahijado. ─Responde rodando sus ojos con marcado fastidio, como si no pudiera creer lo obtuso que es Harry. ─Confía en mí, Potter. Al menos esta vez hazlo. No hay nadie que sepa mejor lo que un niño quiere recibir para Navidad, que el mismo pequeño en cuestión.
Confianza, esa era una emoción muy fuerte y significativa… ¿Realmente podía confiar en Malfoy? Sorpresivamente, la intuición que tantas veces lo salvó en el pasado le confiere a Harry una seguridad y certeza muy firme de que así es. Sí puede confiar en Draco. Y más inaudito aún, es el hecho de que esta convicción abarca tópicos más allá del simple regalo para Teddy.
Con este inesperado descubrimiento en manos, Harry posa sus ojos en el mago frente a él y lo observa casi sin pestañear. Es como si tratara de demostrarle a través de su mirada que sí, él confía en Draco y que, por extraño que parezca, esta férrea confianza es parte de un sentimiento más amplio y complejo… uno que no tiene un nombre en específico aún, pero que está seguro de no poder relacionar con ninguna otra persona más que con él.
Harry no tiene idea de cuánto tiempo pasa simplemente atravesando a Draco con la mirada, ni tampoco le importa. Mucho menos se percata de que su boca y sus cuerdas vocales cobran vida por sí solas y dejan salir en un ronco susurro un monosílabo, hasta que es demasiado tarde.
─Sí.
─¿Sí, qué? ─Pregunta Draco totalmente desconcertado, pero sin apartar en ningún momento la vista de Potter.
─Sí. Sí confío en ti, Malfoy.
Y no dándole tiempo a Draco para que siquiera pueda procesar las palabras que han sido murmuradas con pronunciada emoción, Harry sale apresurado de la abarrotada juguetería, evitando así que su sonrojo lo haga brillar más que la nariz del reno Rudolph. Detrás de sí, un boquiabierto y estupefacto joven todavía continúa preguntándose qué diablos ha sido todo eso.
oOoOoOo
Notas finales: ¡Muchas gracias por tomarse el trabajo de leer! Espero que este capítulo también les haya gustado. Trataré de tener listo el próximo lo más pronto posible, así que… ¡A estar atentos! ;)Besito enorme y ya nos leeremos.
