Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! No tienen idea de lo mucho que me alegran todos sus alertas, favoritos y comentarios. En verdad se los agradezco, para mí es un honor saber que la historia les va gustando. Y antes de que los deje con el nuevo capítulo, quiero enviarles un saludo especial a Kuroneko1490, Little Feniix, Lunatica Drake Dark, Afrodita1 y AimeePancake96 por tomarse el tiempo y esfuerzo de comentar. ¡Muchísimas gracias!
Ahora sí, los dejo leer tranquilos. ¡Espero que lo disfruten!
My Only Wish This Year: Descubrimientos y nuevos interrogantes
22 de diciembre de 2001
Lo había arruinado absolutamente todo. A esa conclusión había llegado inmediatamente después de aterrizar en la solitaria sala del número doce de Grimmauld Place. Una vez despatarrado en el confortable sofá, con la cabeza completamente enterrada en uno de los pequeños almohadones del mismo y ahogando un fuerte grito contra éste, Harry descargó toda su frustración y vergüenza por su patético accionar.
Incluso hoy, un día después del desastroso e inexplicable momento de estupidez que lo abordó en la juguetería, en el cual soltó esas palabras que habían arruinado por completo su dignidad y pisoteado con cizaña su orgullo, Harry sigue sin poder explicarse cómo permitió que esto pasara.
¿Cómo, por los calzones verdes y plateados de Merlín, pudo ser tan idiota? ¿En qué demonios estaba pensando cuando se le pasó por su estúpida cabeza que decirle a Malfoy cuánto confiaba en él era una buena idea? ¿Acaso no se le cruzó ni por un segundo la idea de que con ello arruinaría cualquier ínfima oportunidad que tenía con él?
Y a pesar de que cientos de diversos reproches aún continúan danzando enfurecidos por su mente, en lo único que Harry puede enfocarse es en cuestionarse con macabra ironía a qué, exactamente, se refería con lo de tener una oportunidad con Malfoy.
¿En qué bendito momento Malfoy le había brindado siquiera una leve señal de sentirse atraído por Harry? ¿Cuándo demostró tener algún otro interés por su persona, más allá del que empleaba para dejarlo en ridículo con sarcásticos comentarios? Pero más importante y preocupante aún… ¿Desde cuándo él, Harry James Potter, quería siquiera tener algo más allá de una simple enemistad con Draco Malfoy?
Todo esto no dejaba de ser más que una gran y total injusticia. Una vez más, el destino aparecía para mofarse con insano deleite de su patética existencia. Y como si esto fuera poco, se encargaba de realizar las modificaciones necesarias para convertir su, hasta ahora, aburrida y solitaria vida en un absoluto calvario; con el único y cruel propósito de destruir sus nervios, añadir nuevos problemas y dejarlo en total ridículo frente a Malfoy.
Un fastidiado bufido escapa de los labios de Harry, a la vez que vuelve a remover distraído la comida de su plato. No entiende por qué esto debe ocurrirle a él. ¿Acaso el haberles salvado la vida a miles de personas a lo largo de todos estos años no era motivo suficiente para que la suerte estuviera de su lado por una vez? ¿Qué había hecho para merecer tal suplicio? ¿Por qué todo siempre tenía que ser tan complicado en su vida? O mejor dicho… ¿Por qué tenía que venir él mismo a complicarse las cosas de esta manera?
Porque sí, el destino podía llegar a ser todo lo perverso que pueda al enfrascarlo en tales tormentos; pero a pesar de ello, Harry no puede ser tan hipócrita como para atribuirle a éste el hecho de sentirse atraído por Malfoy. Oh, no… eso era total y absolutamente su responsabilidad.
No hay forma de culpar a nadie más que a él mismo por la forma en que el pulso se le acelera cuando sus oídos captan la socarrona risita de su némesis. Mucho menos de la descontrolada excitación que se extiende por cada poro de su ser cada vez que piensa en las contadas oportunidades que tuvo la fortuna de rozar el por demás atractivo cuerpo del rubio. Eso sin mencionar los incontrolables escalofríos que lo asaltan siempre que recuerda las intensas miradas que Draco le brinda, las cuales elevan los latidos de su corazón y despiertan una parte de sí que sólo desea entregarse por completo a él, sin importarle las posibles consecuencias. En cuerpo y alma. Pero más que nada en cuerpo, porque sin duda cierta parte de su anatomía no está segura de poder seguir encontrando alivio sólo con su mano derecha.
Harry gime cohibido al recordar las dos largas y solitarias noches en las que no ha hecho más que masturbarse en honor a Malfoy, utilizando su imaginación para recrear distintos escenarios en los cuales el ex Slytherin hace uso de su escultural cuerpo; logrando con ello dominarlo y brindarle el placer que nadie, jamás, ha podido darle en el pasado. ¡Por Godric Gryffindor, que el simple recuerdo de ello servía para ponérsela más que dura!
Olvidando por completo su almuerzo y sin la capacidad de poder ingerir nada en este momento, a menos que sea cierta parte de la anatomía de Malfoy, Harry toma su varita y envía los platos y vajilla hacia el fregadero donde más tarde Kreacher se encargará de lavar y ordenar todo. ¡Bendito sea el día que jamás le hizo caso a los insistentes y molestos sermones de Hermione con respecto a liberar a su elfo doméstico!
Caminando los pasos que restan hasta la sala, Harry se tira sobre el sofá cuan largo es, que gracias a su no tan importante estatura no es mucho que decir, en un intento por tratar de despejar un poco su mente. Sin embargo, sus pensamientos parecen estar plagados por una sola imagen. La de Malfoy.
No importa cuánto se fuerce a arrastrar sus cavilaciones hacia otros temas o personas, ya que todos y cada uno de ellos continúan, inevitablemente, volviendo a relacionarse con ese presumido rubio. Aunque, si debe ser completamente justo y honesto, lo poco que ha visto de Malfoy hasta ahora es indicativo más que suficiente para hacerle apreciar que casi nada ha quedado del vanidoso y petulante joven que se paseaba orgulloso por los corredores de Hogwarts junto a los dos gorilas que tenía por guardaespaldas, como si el colegio le perteneciera por el simple hecho de tener su presencia en él.
Por lo que ha tenido el gusto de ver, Draco ha crecido para convertirse no sólo en un hombre extremadamente atractivo, sino también en alguien más maduro y gentil. Sí, es cierto que aún continúa siendo un insufrible altanero que disfruta de aprovechar cualquier oportunidad para ponerlo en ridículo, pero… ¡Vamos! ¡Que no sería Malfoy si no lo hiciera!
Con todo esto sobre la mesa, Harry no puede evitar percibir cómo su piel se estremece, mientras que cada vello de su cuerpo se eriza al pensar en lo mucho que le gusta este nuevo Malfoy, arrogancia incluida y todo. Porque ya no hay manera de que siga intentando convencerse de lo contrario, cuando claramente esto es una batalla perdida de antemano. No existen excusas ni forma de negar tal notable realidad. Realmente le gusta Draco.
Desafortunadamente, este "gusto" hacia Malfoy no es simplemente provocado debido a su descontrolada libido. Por el contrario, dicha atracción está sobrecargada de miles de emociones complejas que llenan su pecho de una cálida sensación; a la vez que percibe algo removerse vigorosamente en su estómago, atiborrándolo de incertidumbre y unas irrefrenables ganas de hacer hasta lo indecible por acercarse lo más que pueda a él… de convertirse en la única persona que colme los pensamientos del rubio… de ser él, Harry Potter, de quien Draco se enamore…
Cuando este último pensamiento toma consciencia y sentido en la mente de Harry, entiende finalmente el significado de estos sentimientos; del por qué, pese a haber tenido otras relaciones en el pasado, jamás pudo sentir nada ni remotamente parecido por alguna de ellas. Porque, por primera vez en su vida, es capaz de sincerarse a sí mismo y aceptar lo que tanto tiempo ha mantenido oculto dentro de lo más recóndito de su ser. Este descubrimiento es nada más y nada menos que el hecho de admitir que él, Harry James Potter, está total y absolutamente enamorado de Draco Malfoy. Y si sus sospechas son ciertas… este no es un flamante enamoramiento. Por el contrario, remonta a varios años atrás, aproximadamente desde su sexto año en Hogwarts.
Luego de que esta realización toma control de cada pensamiento dentro de su cabeza, Harry siente deshacerse un fuerte nudo dentro de su pecho. Uno que, sin saberlo, ha estado llenándolo de soledad y un gran anhelo. No obstante, esta paz no dura demasiado. Ya que, como todo en su vida, otro problema aún mayor se encarga de arruinar el pequeño momento de alivio que tiene. Esta vez, el mismo viene dado en forma de un intenso y doloroso apriete en su corazón, originado por el hecho de que sus sentimientos muy probablemente no sean correspondidos.
Unos irrefrenables deseos de llorar y destruir todo a su paso arrasan a Harry, por lo que antes de que pierda el poco autocontrol que le queda, dirige sus pasos hacia su habitación. Luego de higienizarse y cambiarse las andrajosas ropas que viste, se desaparece con intención de despejar su mente de estos depresivos y desoladores pensamientos.
Sin embargo, no se percata del lugar en el que se encuentra hasta que escucha el sonido de las distintivas risas de niños pequeños, junto a los resignados retos que algunos padres sueltan al indicarles a sus hijos que no corran ni se separen de ellos. Frente a él y como si de una burla se tratase, se alza la abarrotada juguetería del señor Clausell. La misma en la que se encuentra el origen de todos sus calvarios.
No. Sin duda este no es el mejor momento para estar parado en ese maldito lugar, donde Draco fácilmente podría localizarlo. Y de así hacerlo, vislumbrar a través de sus expresivos ojos lo que realmente siente por él. Tomando la inteligente decisión de alejarse de aquí antes de que alguien lo reconozca, o antes de que la tentación lo desborde e ingrese a ver a su rubia obsesión, Harry gira con prisa para huir lo más pronto posible.
Para su mayor desgracia, o fortuna, según de dónde se lo mire, este brusco movimiento provoca que choque contra alguien que intenta ingresar en la tienda. Harry no necesita levantar la vista para saber con quién ha colisionado, el amplio pecho que tiene frente a sí y el firme agarre que siente sostenerlo para evitarle una caída le es más que suficiente para reconocer de inmediato la identidad del mismo.
Y la confirmación a sus sospechas se hace realidad cuando levanta la mirada hasta posarla en el atractivo rostro de Malfoy. Sus grises ojos parecen estar cargados de sorpresa y una intensidad que, nuevamente, eleva el ritmo cardíaco de su cuerpo. Por otra parte, los pómulos del rubio están algo sonrojados, producto de lo que Harry supone es el frío viento que azota a todo el callejón. Aunque el pensamiento es totalmente inoportuno, más debido a la escasa cercanía en la que se encuentran sus entrepiernas, Harry no puede evitar pensar si sus mejillas adquirirán esa misma tonalidad en otras circunstancias más privadas y excitantes.
Sin importar cuánto desee continuar siendo sostenido contra el cuerpo de Draco, forcejea de inmediato para colocar un poco de espacio entre ambos antes de que Malfoy note cierta dureza que comienza a formarse dentro de sus pantalones. Una vez ubicado a una prudente distancia, observa al desconcertado joven frente a sí.
Al igual que la última vez, Draco mantiene casi la totalidad de su cabello oculto por un gorro navideño, a excepción de algunos mechones que escapan del mismo. No obstante, eso no es lo que más lo impacta de todo esto. Lo que sin duda lo deja boquiabierto es el resto de la vestimenta de Malfoy. Totalmente anonadado, Harry repasa su vista una y otra vez por el ajustado traje rojo y blanco que tiene puesto, terminando en unas botas negras de lo que parece ser cuero de dragón.
Completamente avergonzado, Harry admite para sí mismo que de seguro esta simple imagen bastará para que, a partir de ahora, sea la protagonista de sus próximos sueños húmedos. Porque no hay forma de que su pervertida imaginación no cree un ardiente escenario; mismo en el cual este sexy Draco, vestido de esa forma, lo haga gemir y suplicar por más. Mucho más.
Totalmente perdido en sus lujuriosos pensamientos, Harry no advierte a tiempo los varios intentos que ha estado haciendo Draco por llamar su atención, hasta que siente un puño estrellarse con fuerza en su brazo.
─¡Auch! ¿Por qué me golpeas, idiota?
─Hace horas que estoy hablándote, pero simplemente te quedaste perdido vaya uno a saber dónde.
Cuando escucha estas enfadas palabras salir con marcada irritación, siente la vergüenza volver a adueñarse del color de sus mejillas, tornándolas incluso más rojas que el traje de Malfoy. Por fortuna, Draco no parece querer obtener una explicación a esto, lo cual Harry agradece con creces. Sin embargo, aún siente la necesidad de al menos disculparse por su momento de estupidez.
─Lo siento.
─Olvídalo. Entonces… ¿Vas a entrar o te vas a quedar haciéndole un mal de ojo a la puerta hasta que ésta se abra por sí sola?
Girando su rostro hacia atrás, se percata del por qué Malfoy lo ha estado llamando con tanta insistencia. En su afán por separarse del cuerpo de Draco, Harry ha terminado colocándose a centímetros de la puerta de entrada, obstruyendo el paso a los clientes que deseen ingresar o salir del establecimiento.
Volviendo a sonrojarse por obra de este momento de torpeza, empuja con más fuerza de la necesaria la puerta e ingresa en la abarrotada juguetería. Draco se apresura a seguirlo, sin poder evitar dejar salir alguna que otra socarrona risita. Al escuchar el claro tono de burla, Harry le lanza una furibunda mirada, pero esto sólo contribuye para que la risa de Malfoy se convierta en una auténtica carcajada; sin ningún rastro de malicia, sólo pura y sana diversión.
Y esto sólo sirve para que Harry comprenda lo muy jodido que se encuentra. Porque jamás en su vida creyó que el simple hecho de ser él quien pueda hacer reír a Malfoy provoque que su corazón lata desenfrenado en su pecho y aumente, de ser posible, aún más las ganas que tiene de besarlo hasta la inconsciencia.
Cuando finalmente Malfoy recupera el aliento, alza una de sus pulcras cejas y eleva una de las comisuras de su boca en un ladino gesto, haciendo que un asfixiante calor recorra cada parte del cuerpo de Harry. Sin esperar a ver si el otro lo sigue, Draco dirige con total confianza sus pasos por los extensos pasillos de la juguetería. No queriendo perderse entre la gran multitud de personas, Harry se apresura a seguirlo. Por un instante, una burlona vocecita dentro de su mente le espeta que, en realidad, a quien no quiere perder de vista es a Malfoy. Sin embargo, así como llega, la descarta sin miramientos.
─Entonces… supongo que ya sabes qué es lo que quieres.
Harry se detiene en seco cuando escucha estas palabras. Por su parte, Malfoy frena sus pasos y lo observa expectante y de brazos cruzados; acción que, como si de una cruel tentación se tratase, realza cada uno de los ligeramente marcados músculos que posee.
La ambigua pregunta deja a Harry pensando a toda prisa a qué se está refiriendo. Un gran nerviosismo lo asalta al creer que quizás Malfoy ya se ha percatado del gran enamoramiento que tiene por él. ¿Sería posible que alguna emoción se haya reflejado en sus expresivos ojos? ¿Acaso tan malo era ocultando sus sentimientos, como para que Draco los descubriera en unos pocos segundos?
No, sin duda eso no puede ser cierto. Es prácticamente imposible que él se diera cuenta en tan escaso tiempo, sin que haya habido algún desliz de su parte. El cual está seguro de no haber dejado salir, porque de otro modo ya estaría dándose cabezazos contra el primer estante que cruce su camino. Por lo tanto, Malfoy debe estar refiriéndose a otra cosa. Pero… ¿A qué?
─¿Disculpa?
Descruzando sus brazos, Draco rueda los ojos con exaspero, a la vez que suelta un más que irritado bufido. Nuevamente, utiliza todos estos simples gestos para demostrarle lo mucho que lo desespera la falta de comprensión que muestra Harry.
─¡Por Merlín, Potter! ¡Si fueras más lento, irías para atrás! Me refiero a lo que vas a regalarle a tu ahijado. ¿Acaso no estás aquí para eso?
─¡Hey! ¡No soy lento, imbécil! Si no soltaras cada maldita frase que dices como si fuera el jodido acertijo de una esfinge, no tendría por qué carcomerme los sesos pensando a qué te refieres.
─¡Oh, discúlpeme usted, gran salvador de almas inocentes! No tenía idea de que el dejar implícito lo que es sumamente obvio sea considerado como algo imposible de comprender. Y sólo por si acaso tu pequeño cerebro no sabe qué es, algo implícito es cuando…
─¡Sé lo que es algo implícito! ¡No soy idiota, Malfoy!
Ambos se lanzan miradas asesinas, en un intento por hacer que el otro acepte la derrota. No obstante, ninguno de ellos está dispuesto a dar el brazo a torcer tan fácilmente. Aunque los años han pasado, las acaloradas riñas por nimiedades y que tanto los caracterizaban no han disminuido en lo absoluto. La única diferencia a las de antaño es que, ahora, Harry siente no sólo la imperiosa necesidad de estampar a Malfoy contra el mostrador y asestarle un fuerte golpe, sino también de descargar toda su frustración con apasionados besos.
No tienen idea de cuánto tiempo pasan así, tratando de asesinar al otro con la mirada. Por fortuna, Draco parece llegar a comprender algo y soltando un resignado suspiro, aparta la vista de las llameantes esmeraldas que lo observan con enfado y se prepara para alejarse del disgustado Gryffindor, antes de que terminen desatando una batalla dentro de la tienda.
─Iré a buscar a otro empleado para que te atienda, así ya no tendrás que lidiar conmigo y mis tan molestas ambigüedades.
Al ver alejarse a Malfoy por uno de los pasillos, Harry siente una molesta sensación de desasosiego crepitar por todo su pecho. La molesta vocecita vuelve al ataque, sólo que esta vez lo hace para incitarlo a que deje de perder el tiempo y alcance a Draco antes de que sea demasiado tarde. Escuchándola por primera vez y siguiendo sus desesperadas órdenes, Harry corre hacia la esquina en la que lo vio desaparecer y logra alcanzarlo a medio camino de llegar junto a otro dependiente.
Utilizando toda la fuerza que posee, toma uno de los brazos del rubio y lo gira hasta que ambos están frente a frente.
─Malfoy, espera.
─¿Y ahora qué, Potter? ─Pregunta con claro enfado, soltándose del agarre de Harry y frunciendo el entrecejo.
─No vine aquí para que peleemos. ¿De acuerdo? ─Espera unos segundos para ver si Draco planea decir algo. Una vez que éste no parece tener nada que aportar, Harry continúa con su discurso. ─Y no quiero que otro empleado me atienda. Sólo quiero que… Mira, ¿podemos empezar de nuevo?
La intensa mirada que Draco le dirige es más que suficiente para hacer temblar en completo terror a cualquier otra persona. Sin embargo, Harry a penas se inmuta y mantiene conectados sus ojos con los grises frente a sí; mostrando con ello toda la historia que tienen, toda la gran cantidad de años que han pasado midiéndose uno al otro y dejando en claro que, sin importar cuán enfadados estén, ninguno de ellos se dejará intimidar por algo como esto.
Nuevamente, Draco parece encontrar las respuestas a sus interrogantes y soltando otro resignado suspiro, asiente en acuerdo.
─Bien. Entonces… ¿Qué es lo que tu ahijado quiere recibir para esta Navidad?
Y esa simple y precisa pregunta es más que suficiente para dejar a Harry luchando por encontrar una factible coartada a su presencia aquí. Porque no, él aún no tiene idea de qué es lo que Teddy quiere para Navidad y, dicho sea de paso, tampoco se ha tomado la molestia de ir a preguntarle.
¡Pero esto no es su culpa! El único responsable de sus martirios es el arrogante mago que tiene frente a sí, quien parece haberse adueñado de todos y cada uno de sus pensamientos. ¡Jodido imbécil! ¿Qué demonios se supone que iba a decirle ahora? Probablemente, Malfoy creerá que Harry es un completo idiota al venir a una tienda y sin tener idea de qué es lo que quiere adquirir de ella.
¡Oh, pero él sí sabe bien qué es lo que quiere obtener! Es sólo que, desafortunadamente, no está seguro de que Draco esté dispuesto a dárselo. Golpeándose internamente por haberse alejado del problema en manos, vuelve a observar de reojo sus alrededores, intentando hallar algo que pueda darle un motivo por su presencia allí. Además del hecho de venir a ver a Malfoy, claro está.
Al instante, Harry piensa que sin duda hay algo mágico en esta tienda porque es casi inexplicable el hecho de que siempre que necesita una excusa, la misma se la brinde uno de los estantes de la juguetería.
─No… Lo cierto es que aún no veré a Teddy hasta mañana al mediodía, pero… realizando algunas otras compras, recordé que también tengo que conseguir un regalo para Victoire.
─¿Victoire? ─Pregunta Malfoy con una mezcla de enfado y algo que no comprende bien, pero que suena muy parecido a la desilusión. No obstante, esas emociones rápidamente son reemplazadas por una molesta irritación. ─Soy un empleado de una tienda de juguetes, Potter. No un maldito consejero personal. Y por si aún no te has dado cuenta, aquí no vas a encontrar un regalo para tu novia.
La palabra "novia" es escupida con el mayor desprecio que jamás le haya oído hablar. Harry no tiene idea de cuál es el motivo del enfado de Malfoy ahora. Honestamente, él sólo pidió que le aconsejara qué regalarle a la pequeña hija de Bill y Fleur; y lo que obtiene son unas gélidas palabras, diciéndole que no encontrará aquí un regalo para su novia… ¿Novia? ¿Cuál novia?
Cuando esta realización cobra sentido en su mente, Harry quiere reír histéricamente por la confusión. La parte más orgullosa y vanidosa de sí le hace notar el pequeño arranque de celos que cree haber vislumbrado en los fríos ojos de Malfoy. Con mayor confianza de la que ha tenido en años, Harry frunce su ceño en fingido desconcierto y se apresura a sacar de su error al otro. Aprovechando en el proceso a dejarle bien en claro cuáles son sus preferencias sexuales.
─¡Oh, no! Estás confundido, Malfoy. Victoire no es mi novia. Ella es la hija de un año de Bill Weasley y Fleur Delacour. Y en el hipotético caso de que tuviera pareja… la cual, por cierto, no tengo… sin lugar a dudas no sería una mujer.
Decir que Draco queda completamente estupefacto ante esta declaración es poco. Las mejillas del Slytherin adquieren un leve tono rosado, producto de lo que supone es vergüenza al percatarse de sus infundados celos. Internamente, Harry se felicita por su astucia al dejarlo sin habla y hecho un manojo de nervios. ¡Al fin el destino se ponía de su lado por una maldita vez!
Tratando de eliminar el calor que siente en su rostro, Draco comienza a caminar por los pasillos, seguido muy de cerca por un más que ufano Auror. Luego de dar algunas vueltas, alcanzan uno totalmente repleto de cientos de diversos peluches. Harry no puede evitar abrir la boca con fascinación al ver las distintas criaturas mágicas plasmadas en afelpados y coloridos muñecos. Desde feroces dragones de todos los colores y razas, hasta tiernos y adorables kneazles.
─¿Dijiste que tiene un año?
Asiente distraído a la pregunta ya que su atención está completamente capturada por un gran fénix de peluche, el cual parece tener las alas encantadas para imitar las llamas del fuego. Draco nota de inmediato la anhelante e hipnotizada mirada con la que Harry observa fascinado al muñeco, provocando que una extraña y placentera sensación se extienda por su cuerpo. Tratando de despejar su mente de este pensamiento, toma uno de los peluches de la izquierda y lo coloca sobre las manos del Gryffindor.
─¿Un unicornio?
─No es un unicornio, Potter. Es un granian. ─Al ver la mueca de confusión en el rostro de Harry, rápidamente se apresura a explicar. ─Un granian es un caballo alado, rucio y particularmente veloz, según la descripción de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos". Aunque aquí lo traducimos como "el primer peluche en llamar la atención de todas las pequeñas bebés que pisan esta juguetería". Y en tu caso, será el regalo que te colocará como el tío favorito de Victoire esta Navidad.
Draco termina su presuntuosa explicación con una autosuficiente mueca plasmada en su rostro. Ante esto, Harry no puede quitarse de la cabeza la idea de lo sexy que se ve Malfoy cuando se pone en plan insolente-arrogante.
─Mmm… de acuerdo. Eres el experto aquí, así que no tendré más opción que creerte. ¿Cuánto cuesta el…? ¿Cómo lo llamaste?
─Granian.
─Granian, cierto. ─Deja salir distraído, removiendo entre sus dedos el blanco caballo alado.
─Tres Galleons.
─¿TRES GALLEONS? ─El fuerte grito que escapa de Harry sobresalta a una pareja de ancianos parada a unos metros de ellos, ocasionando que ambos los observen con marcado reproche. De inmediato, Draco se apresura a disculparse por haberlos asustado y le lanza una mortífera mirada al Gryffindor. Totalmente avergonzado, se acerca a Malfoy para susurrarle entre dientes. ─¿Estás bromeando? Si este tonto… y aburrido… pony alado cuesta tanto, no quiero ni imaginarme lo que valdrá ese fénix.
─¡No puedo creer que hayas igualado un granian con un pony! ─Draco no sabe si reír a carcajadas por la gran y fehaciente indignación que Potter tiene pintada en su rostro, o si sentirse completamente ultrajado ante tal aberrante comparación. Decidiéndose por una mezcla de ambos, quita el afelpado muñeco de las manos de Harry y lo eleva a la altura de la visión del Gryffindor. ─Voy a demostrarte por qué este granian vale todos y cada uno de los tres Galleons que cuesta, Potter. Primero y principal, no es ni tonto ni mucho menos aburrido. Además de hacer los típicos relinchos, también puede batir sus alas y despegar algunos centímetros. El material del que está compuesto es a prueba de manchas y está hechizado para que ningún bebé pueda tragarse ni un solo cabello de la crin del mismo. Y como si esto fuera poco, el granian también emite una tenue luminiscencia en la oscuridad para que el bebé no se asuste en caso de que despierte en la noche y se encuentre solo en su cuna…
Completamente anonadado y sintiendo una gran ternura instalarse en su pecho, Harry escucha atento toda la apasionada explicación; siguiendo con fascinación los movimientos de los finos dedos de Malfoy al demostrarle, a partir de acciones, cada una de las características del blanco pony alado… granian… o como sea que se llame, no podría importarle menos en estos momentos.
─…Así que, como podrás apreciar, el pequeño granian ha demostrado valer cada Galleon. ¿Potter?
─¿Qué? Ah, sí... es… completamente perfecto. ─Harry carraspea y desvía la mirada, sintiendo sus mejillas acalorarse al pensar que, precisamente, no estaba refiriéndose como algo perfecto al afelpado caballo alado, sino al joven frente a sí. ─Bien, supongo que lo llevaré.
La pagada sonrisa que se extiende por el rostro de Draco es más que suficiente para terminar de convencerlo de que el tonto peluche es la mejor opción. Sin perder más tiempo, Malfoy toma de uno de los estantes una caja con un nuevo granian y lleva a Harry hasta el mostrador cercano a la puerta de entrada. Una vez allí, toma papel plateado, cintas y un gran moño dorado de uno de los cajones del mismo para envolver el obsequio.
Sin embargo, en ningún momento Draco saca su varita para hacerlo. Por el contrario, comienza a envolverlo con sus propias manos. Harry frunce el ceño en confusión ante este inexplicable hecho. ¿Por qué Malfoy se tomaba el trabajo de hacer todo a mano, cuando un simple hechizo tendría listo el objeto al instante? ¿Acaso sería la forma en que lo hacían en esta tienda?
Lo más disimuladamente que puede, gira su rostro en búsqueda de otros empleados para confirmarlo. A unos metros de distancia, una joven de largo cabello castaño y con la misma vestimenta que Malfoy, saca su varita y la apunta a la gran caja frente a ella, haciendo que el papel rosa recubra cada centímetro de la misma. Con ello, se descartan sus sospechas de que quizás el señor Clausell quiera que realicen esta tarea a mano. Entonces, ¿por qué Malfoy no usaba también su varita?
Posando de nuevo la atención en el joven frente a sí, descubre que Malfoy trata de evitar su mirada y, a su vez, las mejillas del mismo parecen haber adquirido un poco de color, como si estuviera avergonzado por algo que Harry no termina de comprender.
─Emm… no es que me esté quejando, pero… ¿Por qué no usas tu varita para envolverlo como los otros empleados?
Cuando finalmente la acerada mirada de Draco conecta con la suya, siente su alma caer a sus pies. Los grises iris de Malfoy refulgen con un odio tan profundo y que no lo ha visto portar en tantos años, que por un momento Harry teme por su vida. No obstante, algo más allá de la rabia puede vislumbrarse por un segundo, algo similar a una mezcla de dolor y desilusión.
─El señor Clausell te cobrará en la entrada. Gracias por tu compra.
Y sin dirigirle una palabra más, Draco sale apresurado a atender a otros clientes. Totalmente aturdido, Harry se pregunta qué demonios pudo haber dicho para que Malfoy se molestara tanto. De inmediato lo asaltan unas irrefrenables ganas de ir tras él y forzarlo a que responda todas las preguntas que lleva acumulando en su mente durante días. Por desgracia, el señor Clausell ya se ha acercado a cobrarle y lo distrae de sus previas intenciones.
No tiene muy en claro cómo ni cuándo salió de la juguetería. Lo único que sabe es que, de un momento a otro, Harry se encuentra despatarrado en el sofá de su sala y con la vista perdida en la apagada chimenea. Por su mente, sólo se repite una y otra vez la decepcionada mirada de Draco. Y olvidado a un lado, queda el regalo perfectamente envuelto para Victoire.
oOoOoOo
Aclaración dentro de la historia: la descripción del granian está sacada, literalmente, de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos" de J.K. Rowling.
Notas finales: espero que les haya gustado el capítulo. Como siempre, trataré de tener listo el próximo lo más pronto posible. Besito enorme a todos y nos estamos leyendo.
