Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Muchas gracias por todas sus alertas, favoritos y reviews. En verdad lo aprecio. Y quiero enviarles un saludo especial a Kuroneko1490, Little Feniix, To Black, yumeatelier, xonyaa11, mESTEFANIAb, Afrodita1 y ShibuyaRen por tomarse el tiempo de comentar qué les va pareciendo la historia. ¡De verdad se los agradezco infinitamente!
Ahora sí, antes que los deje leer, quiero dedicar este capítulo y los que restan al maravilloso actor que lamentablemente nos dejó el pasado jueves. Alan Rickman, donde sea que estés, quiero agradecerte por todo el talento que nos has regalado a lo largo de estos años. Gracias por tantas emociones que nos has hecho sentir con sólo unos simples gestos. Gracias por ser el mejor Severus Snape que podríamos haber tenido. Y por sobre todas… gracias por ser una maravillosa persona. En nuestras mentes y corazones quedarás por el resto de nuestras vidas. ALWAYS.
My Only Wish This Year: Auror al combate y un peligroso rival
23 de diciembre de 2001
─…Y entonces le dije claramente a esta desvergonzada señora que si se atrevía a tocar el pavo (que como ya mencioné antes, mi esposo había tomado primero) me encargaría de…
─¡Ni una sola palabra de lo que ella está diciendo es verdad, Auror Potter! Mi esposo ya había reservado ese pavo con anterioridad. Puede preguntarle al señor Thompson, él le dirá que estoy en lo cierto y no esa vieja arpía.
─¿A quién llamas vieja arpía? ¿Acaso te has visto en un espejo? ¡Hasta la raíz de una mandrágora es menos fea y arrugada que tu rostro!
─Señoras, por favor, compórtense. Se los suplico. No hay ninguna necesidad de llegar a la violencia.
Harry se encarga de pedirles con toda la paciencia que puede reunir, que para estas alturas no es mucha, mientras se frota con la yema de los dedos la frente en un intento por atenuar el dolor de cabeza que comienza a sentir instalarse en su sien. No obstante, ninguna de las mujeres parece querer dejar ir el tema. Por el contrario, incrementan la discusión con viles y maliciosos insultos, dirigidos a causar el mayor daño posible al orgullo de su contrincante.
─Pierde su tiempo, Auror Potter. Hace horas que esas dos no han hecho más que discutir por nimiedades. Y no importa cuánto les he pedido que resuelvan sus asuntos en otro lado, ambas están empecinadas a terminar esto aquí. ─Responde resignado el señor Thompson, dueño de la tienda de víveres donde dichas mujeres mantienen la acalorada discusión por algo tan banal como un pavo relleno para Navidad. ─Lamento haberlo molestado, pero una vez que comenzaron a lanzarse hechizos… bueno, comprenderá que no me quedó otra opción más que llamar a los Aurores.
Harry asiente distraído, rebuscando en su mente alguna forma de hacer que las dos delgadas y para nada agraciadas mujeres, quienes le recuerdan inequívocamente a su tía Petunia, dejen de discutir de una vez por todas. Logrando con ello que él pueda salir de aquí y terminar con su agotador día laboral. Sin embargo, ambas brujas parecen estar más cerca de comenzar otro duelo que de terminar con esta absurda pelea.
La punzada en su cabeza aumenta aún más al ver cómo a su alrededor comienza a formarse todo un círculo de curiosos, quienes se encargan de señalar y lanzar varios comentarios mordaces sin tapujo alguno. Harry suelta un irritado bufido, a la vez que maldice internamente esta maldita época del año; la misma que, como si de una gran ironía se tratase, no ofrece la tan esperada unión y solidaridad entre los miembros de la población mágica, sino todo lo contrario.
En estas fechas, la mayor parte de las personas dejan salir lo más oscuro y horrendo de sí, sólo por ser quienes más sobresalgan en su cena familiar. Motivo que, inevitablemente, lleva a realizar vergonzosos espectáculos en una abarrotada tienda, todo por obra de una disputa sin sentido, provocando que Aurores como él tengan que trabajar el triple al ser llamados por los preocupados dependientes para resolver esas estúpidas y nada importantes peleas. Sin distinción de día u horario. A lo largo de todo el mes de diciembre, los Aurores deben verse envueltos en agotadores turnos e, incluso un domingo a la mañana como hoy, donde se supondría que el ajetreo sería menor, la situación sólo parece haberse incrementado.
¡Por la larga y blanca barba de Dumbledore, él no se había unido al Cuerpo de Aurores para esto! Totalmente irritado, Harry piensa que posee asuntos más urgentes e importantes que resolver (unos que incluyen a cierto rubio de ojos grises) que esta patética discusión entre dos mujeres con demasiado tiempo libre y sin nada más interesante que hacer que colmar su paciencia. Aunque, obviamente, ese es un pensamiento para nada profesional, por lo que debe contentarse con mantener todos sus reproches para sí mismo. Sin importar cuánto quisiera poder decirles lo poco que le importan a él estas estúpidas discusiones, las cuales sólo contribuyen a que todavía no haya podido ir a arreglar las cosas con su rubia obsesión.
Cuando el recuerdo de la decepcionada mirada de Draco se cuela de nuevo en su mente, Harry siente algo dentro de sí apretar dolorosamente su pecho, impidiéndole respirar como corresponde. Aún no sabe qué fue lo que dijo como para provocarle tal descabellada e incongruente reacción. Tampoco tiene ni una idea del por qué todavía no lo ha visto utilizar magia, siendo que Malfoy solía atarse hasta los zapatos con un hechizo. ¡Por Merlín, que ni siquiera había descubierto aún por qué estaba trabajando en una jodida juguetería!
¡Oh, pero sin duda esto no iba a quedarse así! Él se iba a encargar de averiguar todos y cada uno de los tan guardados secretos de Malfoy, así sea lo último que haga en esta vida. No importa cuánto intente evadirlo, se aseguraría de desentrañar el gran misterio que encierra el Slytherin. Y si en el proceso de obtener las tan anheladas respuestas lograba hacer que Draco se enamore de él… Qué mejor reacción colateral que esa, ¿verdad?
Abruptamente sale de sus pensamientos cuando ve, por el rabillo del ojo, a una de las brujas clavar amenazante su varita en la yugular de la otra. Mandando el último resquicio de paciencia que posee a volar más rápido que una Snitch, Harry entiende que la única forma en la que podrá enfocar todas sus energías en el propósito que realmente desea conseguir es terminando cuanto antes su turno. Lo cual significa que primero deberá ocuparse de estas dos fastidiosas mujeres.
Mientras todo el resto de las personas parecen ocupadas en la pelea, Harry alza la varita y se lanza un hechizo Sonorus.
─¡YA ES SUFICIENTE! ─El grito retumba atronador por la abarrotada tienda, sobresaltando al instante a todos los presentes. Colocando en sus facciones la mirada más amenazante de su repertorio, Harry observa con llameantes ojos a su alrededor. ─Todo aquel que no esté directamente relacionado con esta disputa… ¡Largo de aquí ahora mismo! ¡Y no quiero tener que volver a repetirlo!
El intimidante tono con el que se impone causa escalofríos en cada uno de los curiosos que se arremolinaron a disfrutar del espectáculo. Y en menos de tres segundos, la tienda queda completamente vacía a excepción de los causantes de tal escándalo y del dueño del establecimiento. Tornándose hacia las responsables de hacerle perder el tiempo que podría estar empleando para descubrir los secretos de Draco, Harry deja salir con el mayor enfado posible.
─En cuanto a ustedes dos… Si no quieren pasar lo que resta del año en una celda en Azkaban por provocar disturbios en la vía pública… entonces, señoras, les sugiero que tomen sus varitas y se desaparezcan de aquí cuanto antes. Si vuelvo a oír que alguna de ustedes continúa causando problemas y forzando a que los Aurores tengamos que perder el tiempo con este tipo de nimiedades, cuando podríamos estar haciendo algo mucho más productivo e importante como, por ejemplo, salvar la vida de otras personas, me aseguraré con gusto de demostrarles por qué fui el único que pudo derrotar a Voldemort. ¿Estoy siendo lo suficientemente claro?
─Sí. ─Responden ambas brujas, totalmente sonrojadas y asustadas.
─¿Sí, qué? ─Pregunta Harry mortalmente serio, pero riendo por dentro al ver las caras de terror en todos los presentes.
─Sí, Auror Potter.
Sin decir una sola palabra más, ambas brujas salen apresuradas del lugar. A su vez, los respectivos maridos de las mismas, y quienes permanecieron en un prudente silencio durante todo el intercambio, le lanzan una atemorizada mirada a Harry y siguen sin rechistar a sus mujeres. Una vez que todos desaparecen, el señor Thompson comienza de inmediato a agradecerle por su impecable trabajo, ofreciéndole al instante el dichoso pavo que tantos problemas acarreó en compensación por las molestias ocasionadas.
Como es de esperar, Harry se niega y simplemente afirma que no es necesario que le regale nada, ya que éste es su trabajo. Aunque, siendo completamente honestos, de haber sido en otro momento y bajo unas circunstancias más favorables sí hubiera aceptado el apetitoso pavo. No obstante, lo único que pasa ahora por su cabeza es terminar cuanto antes aquí, para poder dirigirse al destino que tanto ha anhelado pisar desde ayer.
Cuando finalmente sale de la tienda del señor Thompson, Harry envía un mensaje con su Patronus a los Aurores de guardia, explicando que la situación ya está controlada. Implícito queda el hecho de que su turno terminó, pero sabe que sus compañeros lo entenderán sin necesidad de palabras. Una vez que el majestuoso ciervo desaparece a gran velocidad dejando una estela plateada a su paso, se apresura a dirigir sus pasos a la izquierda.
El camino se le hace eterno y justo cuando cree que llegará más rápido si directamente se aparece en el callejón sin salida donde vio a Malfoy por primera vez, Harry vislumbra la luminosa y alegre vidriera de la juguetería. Sin siquiera detenerse a pensar en qué es lo que le dirá a Draco para justificar su presencia allí, empuja la puerta e ingresa. Extrañamente a lo esperado, la gran estancia se encuentra completamente vacía.
Harry frunce el ceño en confusión ante este hecho, porque el resto de las veces que ha estado allí jamás ha podido dar más de dos pasos sin toparse con algún cliente. Girando su rostro hacia la derecha y en el lugar donde siempre se encuentra sentado el señor Clausell, sólo ve olvidado un pergamino con lo que supone es un inventario. No entiende cómo es posible que el lugar esté completamente solo, más estando tan cerca de Navidad. ¿Le habría ocurrido algo al señor Clausell? ¿Y en dónde estaba Malfoy? ¿Acaso Draco se había enfermado? Quizás era eso. Malfoy había enfermado y por ello no se encontraba aquí. Porque no es probable que algo más grave haya ocurrido, ¿verdad? Nadie se habría atrevido a lastimarlo, ¿cierto?
Un irrefrenable nerviosismo lo asalta, a tal punto de hacer temblar sus manos. Desesperado, trata de hallar una explicación, lo que sea que pueda sacarlo de esa desgarradora sensación de terror que lo invade al creer que alguien, por algún pérfido motivo, haya herido gravemente a Draco… o algo mucho peor aún.
Afortunadamente, un gran reloj colgado en la pared frente a él le da un indicio del por qué la tienda aún se encuentra vacía, ya que el mismo marca las diez de la mañana. Por lo que tiene entendido, la mayoría de las personas realizan primero el resto de las compras antes de pisar la juguetería, asegurándose con ello que los pequeños se comporten durante todo el proceso en el afán por obtener los tan preciados regalos que desean recibir este año.
Sí, sin duda eso explicaba la falta de clientes. Harry se golpea mentalmente por no haber pensado en ello antes. Probablemente el haber trabajado durante toda la noche ha ocasionado que pierda la noción del tiempo. Después de todo, nadie más que él conoce mejor los horarios en los que hay mayor ajetreo en cada tienda del callejón. El tener que recorrerlo todos los días gracias a los llamados que reciben los Aurores originados por los distintos disturbios es más que suficiente para advertir este patrón.
Por supuesto que nada tenía ver con el hecho de que, durante todos estos días, ha estado buscando cualquier pretexto para aparecerse frente a las puertas de esta tienda sólo para poder captar de reojo la figura de Malfoy trabajando dentro. Claro que no. Porque, sin lugar a dudas, eso se vería ante los ojos de cualquiera como un comportamiento sumamente extraño y obsesivo. ¿Verdad? Y probablemente algo espeluznante también… ¡Morgana, estaba tan jodido!
Unos ruidos de cajas moviéndose unos estantes por delante lo sacan del castigo mental que está dándose. Sin perder ni un segundo más, Harry dirige apresurado sus pasos hasta alcanzar el origen del sonido. Al doblar en una de las esquinas, finalmente puede ver la perfecta figura de Malfoy subida sobre una pequeña escalera, mientras se encarga de reacomodar lo que parecen ser unas muñecas.
Para mayor tortura de Harry, las largas y tonificadas piernas del rubio se marcan deliciosamente en ese ajustado traje rojo por obra de la tensión que ejercen al mantener el equilibrio. Al elevar un poco la vista, siente la boca hacérsele agua al notar la firme y respingona parte trasera de su compañero. Con insano anhelo, no consigue evitar preguntarse qué se sentirá apretar esas sólidas nalgas, mientras Draco golpea implacable ese punto dentro de su cuerpo que sabe lo hará lloriquear e implorar por más.
Harry es sacado sin miramientos de sus lujuriosas y placenteras fantasías por un fuerte chirrido. Concentrando toda la atención en sus alrededores, observa que el mismo proviene de la escalera que Malfoy está descendiendo. De inmediato lo atacan unos incontrolables deseos por sostener el inestable objeto para asegurarse de que no se lastime. Aunque la molesta vocecita, quien para estos entonces la reconoce como su conciencia, le dice que sería mucho más provechoso para su situación si Draco se cayera. Así por lo menos podría ponerse en el papel de caballero de brillante armadura, quien presuroso iría en auxilio del bello príncipe.
─¡Oh, Merlín bendito, es sexto año de nuevo!
Ese frustrado y por demás irritado arrastre de palabras vuelve a sacarlo de los perturbadores y macabros consejos que está proporcionándole su no tan noble conciencia. Frente a sí, Malfoy lo observa suspicaz detrás de unos gélidos ojos grises, mientras aprieta con fuerza la pequeña escalera plegable que tiene en sus manos. Harry trata de darle un sentido a lo que Draco ha dicho, mas su cerebro no parece ser capaz de hacer las conexiones necesarias, demasiado aturdido por la intensa mirada que el Slytherin le está dando.
─¿De qué estás…?
─¿Has venido otra vez a cortarme con una espada invisible hasta dejarme desangrando en el suelo? ¿O acaso necesitas que estemos en un baño para hacerlo?
Las frías palabras se tiñen de marcado rencor. No obstante, los hermosos ojos de Draco no pueden evitar reflejar una pizca de dolor con cada pregunta que es dicha. Por su parte, Harry siente sus mejillas arder cuando capta el significado de lo que Malfoy ha dicho. Al instante siente sus manos temblar y un desagradable escalofrío recorrerle todo el cuerpo al rememorar esa desgarradora escena en la cual, por un imprudente accionar suyo, estuvo a punto de matarlo en el empapado suelo de un baño en Hogwarts. De repente, Harry tiene la imperiosa necesidad de implorar por el perdón del Slytherin, mientras que un gran arrepentimiento carcome dolorosamente su ser.
─Yo… yo no sabía… no tenía idea de… ¡Nunca quise hacerte eso!
La desesperada y afligida exclamación resuena por todo el desierto pasillo en el que se encuentran, sobresaltando inexplicablemente al joven frente a sí. Sin embargo, la sorpresa no dura demasiado. De inmediato, Draco vuelve a alzar su característica máscara de frialdad, la misma que no deja traspasar ninguna emoción de ella, y observa fijamente a Harry. Sus acerados ojos penetran en lo más profundo del alma del Gryffindor, intentando hallar una explicación a una compleja interrogante.
A pesar de sentirse completamente intimidado bajo el férreo escrutinio de Malfoy, Harry se asegura de devolverle la mirada con seguridad para poder trasmitirle a través de ella todo lo que no puede expresar en palabras. El silencioso intercambio dura unos segundos más, aunque ninguno parece darle demasiada importancia o siquiera mostrar indicios de querer decir algo para llenar la incómoda quietud del lugar. Finalmente, Draco es el primero en salir de esa especie de trance en el que se encuentran al desviar la mirada y soltar un resignado suspiro.
─Sólo hazlo, Potter. Y termina de una maldita vez con todo este obsesivo acoso. ─Al ver que Harry no parece mostrar señales de comprender a qué se refiere, Draco aferra con mayor fuerza la escalera y espeta. ─¡Hazlo, búrlate! Ríete de lo bajo que he caído al convertirme en esto. Jáctate de cuánto vas a carcajearte junto a los Weasley esta Navidad cuando les digas lo patética y miserable que es mi vida. Dime lo mucho que me odias y cómo me merezco todas y cada una de las cosas que me ocurren. ¡Hazlo, Potter! ¡Grítame cómo deberías haberme dejado morir esa noche en el fuego maldito para que al menos así no continúe siendo un jodido desperdicio de espacio en este mundo!
─¡Basta! ¡Ya basta! ¡Detente! ¡Por favor, detente, Draco!
Draco abre desmesuradamente sus ojos al oír el gran desespero y angustia en el tono de Potter, pero más aún al darse cuenta de que, por primera vez en su vida, éste lo ha llamado por su nombre y no por su apellido. Totalmente confundido, observa cómo el cuerpo del joven frente a él parece temblar descontrolado, mientras sus verdes y expresivos ojos desbordan miles de desgarradoras emociones.
Por su parte, Harry sólo desea quitarle la estúpida escalera de las manos para así poder aferrarlo con fuerza entre sus brazos, asegurándose de murmurar contra ese níveo cuello lo muy equivocado que está y lo desacertados que son sus pensamientos… de cómo, en realidad, jamás podría sentirse feliz por su desdicha, siendo que verlo sufrir le provoca mayor dolor del que jamás creyó posible poder sentir… de dejarle en claro el infinito e indescriptible terror que sintió esa noche al creer que lo perdería para siempre entre esas mortíferas llamas… pero por sobre todas las cosas, de confesarle, finalmente y de una vez por todas, cuánto lo ama.
No obstante, todas estas emociones parecen atorársele como un nudo en la garganta, impidiéndole respirar adecuadamente e instalando una dolorosa sensación, similar a la que percibiría de tener clavada en ella cientos de pequeñas agujas. Harry posa la vista en la penetrante mirada de Malfoy y por fin logra hacer que sus cuerdas vocales reaccionen.
─¡No vuelvas a decir algo como eso jamás! ¿Me oíste? ¡Tú no eres un desperdicio de espacio en este mundo!
Ante esto, Draco no dice nada, pero le dedica una incrédula mirada como si no terminara de creer en esa aseveración. Harry no puede hacer más que apretar a los costados sus puños en un intento por controlar los asesinos deseos que despiertan en su ser, dirigidos a quien sea que haya instalado esa idea en la mente de Malfoy. Él más que nadie conoce el amargo sentimiento de saberse no más que una pérdida de espacio y tiempo para otros. Y de cómo unos malintencionados comentarios pueden hacerte creer que no eres nada, que jamás podrás ser más que un fenómeno y que, sin importar lo que hagas, siempre estarás solo.
El sólo hecho de pensar que alguien esté tratando a Draco de la misma forma en que los Dursley lo trataron a él es motivo más que suficiente para incrementar alarmantemente sus instintos asesinos. Al mismo tiempo, siente su magia correr desenfrenada por toda su piel como una leve corriente eléctrica, dispuesta a desatarse descontrolada como la caída de un rayo en medio de una tempestad.
─¿A qué has venido, Potter? ─El abatido murmullo despeja un poco el inquietante desborde de las emociones de Harry, mas Draco no parece notarlo y simplemente continúa hablando. ─¿Qué es lo que buscas? Porque es obvio que no has venido aquí por el regalo de tu ahijado, siendo que ayer dijiste que no lo verías hasta hoy al mediodía. Y como vez, ni siquiera son las once de la mañana aún. Así que… ¿Por qué estás aquí? ¿Qué quieres de mí?
¿Qué se supone que va a decirle ahora? ¿Qué lo que realmente quiere y ha estado buscando todo este tiempo es a Draco? ¿Qué se ha enamorado perdidamente de él y en algún momento que ya ni siquiera recuerda? ¿Qué daría toda su fortuna por tener una sola oportunidad con él, para poder demostrarle que ambos están hechos el uno para el otro? No, nada de eso puede decirle. Al menos todavía no. Primero debe hacer que Draco deje de encerrarse a sí mismo y confíe en él. Y la única forma de hacerlo es demostrándole que él sólo quiere descubrir sus secretos para no lastimarlo inconscientemente.
─¿Realmente quieres saber el verdadero motivo por el que estoy aquí?
─¡Por favor, ilumíname! ─Replica con marcado sarcasmo.
─¡Estoy aquí por ti, imbécil! ─Grita exasperado al escuchar el irónico tono de Malfoy. Draco, por su parte, vuelve a quedar boquiabierto ante esto y sin poder hacer ni decir nada. Aprovechando el momento de desconcierto, Harry continúa con su explicación. ─Estoy aquí porque no he podido sacarme de la cabeza lo que ocurrió ayer. Todo parecía estar bien y de repente te molestaste por algo que, por más que lo intento, no puedo descifrar qué es. Sólo te hice una estúpida pregunta, y de un momento a otro, te pusiste todo raro y estabas mirándome con tanto odio… como solías hacerlo en Hogwarts… ¡Y quiero saber por qué! ¿Qué fue lo que dije que pudiera haberte molestado tanto?
─¡Oh, no finjas que no lo sabes, Potter!
─¡No, no lo sé, Malfoy! ¡No lo sé! Lo único que sé es que te pregunté por qué demonios no usabas tu varita para envolver el maldito regalo. ¡Y te enfadaste tanto o más que si te hubiera pedido que me dijeras el color de ropa interior que usa tu madre!
Ante estas palabras, los ojos de Draco vuelven a reflejar por unos segundos esa desgarradora mezcla de dolor y desilusión. Sin embargo, de inmediato es reemplazado por una peligrosa ira, capaz de hacer temblar hasta al ser más valiente. Y Harry no puede evitar encogerse ante esa mortífera mirada, siendo que la misma está inconfundiblemente dirigida a él.
─Sabes, Potter… A pesar de que tenemos todo un nefasto historial detrás que lo justifica… jamás, bajo ningún concepto, creí que serías capaz de utilizar la muerte de mis padres para atacarme. Hubiera jurado por mi vida que nunca cruzarías esa barrera, sin importar cuánto yo solía hacerlo en el pasado porque estaba totalmente convencido de que tú, más que nadie en este mundo, entendería lo que se siente cuando alguien clava un puñal en esa abierta herida. Pero… obviamente me equivoqué. Porque tú ni siquiera has pestañeado para propinar ese golpe bajo.
─¿De qué…? ¿De qué estás hablando? ─Balbucea completamente aturdido, sin poder soportar la gris mirada de Draco cargada de decepción. Al ver que Malfoy no responde y simplemente continúa reprochándole con la mirada, Harry siente su desesperación desbordarse por completo. Sus deseos por abrazarlo y asegurarse de que jamás vuelvan a lastimarlo nublan todo rastro de coherencia y anulan por completo su juicio, generando con ello que sólo salgan unos simples tartamudeos de sus temblorosos labios. ─¿Cuándo…? ¿Qué les ocurrió? ¿Por qué…?
─En verdad no lo sabes.
No es una pregunta, sino una afirmación. El rostro de Draco se llena de desconcierto e incredulidad, no pudiendo comprender cómo es posible que Potter no esté enterado de ese hecho, siendo que ocurrió hace varios años atrás.
─¿Cómo es posible que no tengas idea de lo que ocurrió? ¡Fue hace tres años! Se habló de ello por días. ¡Incluso estuvo en la primera plana de El Profeta! Es imposible que no hayas visto eso, Potter.
─¿El Profeta? ¿Por qué leería lo que dice ese periódico de cuarta? ¡Está plagado de basura! ─Se apresura a replicar, frunciendo el ceño en el proceso. Por su parte, Draco no puede decidir si propinarle un fuerte golpe para desatar todo el enfado y decepción que aún tiene dentro, o reír desquiciadamente por el disgustado mohín que Potter está haciendo.
─Al parecer, no todo lo que publican en ese amarillista periódico son mentiras. Algunas de sus noticias sí ocurrieron en realidad. Puedo dar fe de ello, Potter.
Harry no encuentra palabras para describir lo muy estúpido que está sintiéndose en estos momentos. Todavía no entiende cómo es que Malfoy no lo ha molido a maldiciones y puñetazos por su ignorancia. Increíblemente y contra todo pronóstico, nada de eso ocurre. Por el contrario, Draco simplemente mueve la cabeza de un lado a otro en un gesto que indica lo resignado que está. Es casi como si estuviera pensando que, sin importar qué haga, Harry ya no tiene cura alguna. Y esto sólo sirve para que el sonrojo del Gryffindor aumente unos cuantos tonos.
Sin decir nada más, Draco gira y avanza por el pasillo. De inmediato, Harry despierta de su ensoñación en la que se repite una y otra vez lo muy idiota que es y lo sigue, aguardando por una mayor explicación del Slytherin a todas sus interrogantes. No obstante, Malfoy no parece tener intenciones de soltar prenda.
Al llegar al fondo de la tienda, deja en un armario la escalera y se gira, sobresaltándose al encontrar a Harry a unos pocos centímetros de él.
─¡Oh, por Salazar bendito, Potter! ¿Y ahora qué quieres?
─¡Que respondas a alguna de mis preguntas, Malfoy!
─Cuando dices "preguntas", ¿te refieres a esos nerviosos e incoherentes balbuceos? Porque déjame decirte que no…
─¡Ni siquiera intentes cambiar de tema, Malfoy! ¡Y ya respóndeme de una jodida vez!
El grito resuena con fuerza en la desierta juguetería, produciendo un siniestro eco detrás. Draco suelta un disgustado bufido a la vez que se cruza de brazos y desvía la mirada. Por su parte, Harry realiza un titánico esfuerzo para mantener toda su concentración en forzarlo a hablar y no en lo mucho que se marcan los brazos de Malfoy en ese condenado traje.
─¿Qué es lo que quieres saber, Potter?
Al oír el derrotado tono con el que es dicho esto, Harry piensa por un instante que quizás esto sólo le cause más problemas, pero sin duda no puede echarse atrás. No ahora que finalmente Malfoy parece dispuesto a brindarle algunas respuestas. Reuniendo todo el valor que posee, suelta todo aquello que lo ha atormentado por días.
─Quiero saber qué les ocurrió a tus padres. ¿Cuándo murieron? ¿Por qué? Alguien los asesinó, ¿verdad? Y si así fue, ¿quién lo hizo y por qué? ¿Por qué tus amigos no están aquí contigo? ¿Por qué, en el nombre de todo lo que es sagrado, estás trabajando en una juguetería? ¿Y por qué no usas tu varita para hacer magia? Y también quiero…
Desafortunadamente, Harry no puede terminar de decir qué es lo que quiere, ya que una anciana ataviada en un largo y grueso abrigo acaba de ingresar en la juguetería, haciendo resonar a su andar unos tacones por el limpio suelo. La mujer busca por unos segundos a su alrededor hasta que posa la vista en los dos jóvenes que están sospechosamente cerca uno del otro.
─¡Oh, ahí estás, Draco! ¡Qué bueno que te encuentro a ti y no a esa chica! ¿Cómo se llama? ¿Chelsey?
─Cheryl. ─La corrige automáticamente, alejándose de inmediato de Potter y acercándose a atenderla. Harry, por su lado, no puede evitar maldecir entre dientes su suerte y resentir al instante la pérdida de la cercanía entre ambos.
─Cheryl. Cierto. No le digas a nadie, querido, pero la chica es algo… bueno, sólo digamos que no se le da tan bien esto de elegir el juguete adecuado para cada niño. Al menos no como a ti.
Draco sonríe cálidamente ante este cumplido y le regala a la anciana mujer una de sus sonrisas más afectuosas, provocando a su vez que las rodillas de Harry flaqueen y que un molesto tirón se instale en su estómago producto de los absurdos celos que siente por no ser él a quien esté dirigida la misma.
─¿En qué puedo ayudarla, señora Maxwell?
─No pude conseguir el regalo ideal para uno de mis nietos. Aquí entre nosotros, ya tenía decidido hace meses el obsequio perfecto. Desafortunadamente, el dragón que pensaba regalarle ya se lo compró su otra abuela. ¡Esa vieja arpía! ─Deja salir con fastidio, mientras arruga sus labios con disgusto. ─En fin, ayer vine, pero tú estabas atareado con otro cliente. Y a pesar de que quise esperar a que te desocupes… Chelsey vino a atenderme de todos modos.
─Cheryl.
─Sí, ella. Y como siempre, no supo qué recomendarme. Así que aquí me tienes de nuevo, querido. Esperando que puedas salvarme. ─La regordeta anciana aparta la vista de Draco y sólo en ese momento nota la presencia de Harry. ─¡Oh, no sabía que estabas atendiendo a alguien! ¡Mis disculpas, señor Potter! No pretendía pasarme por delante.
Harry no tiene tiempo de siquiera responder nada, ya que Malfoy se apresura a tomar la palabra.
─No se preocupe, señora Maxwell. El Auror Potter no está aquí por ello. ─Al oírlo llamar "Auror Potter" con ese sexy arrastre de palabras, Harry siente un excitante cosquilleo recorrerle todo el cuerpo. Totalmente ajeno a lo que su voz provoca, Malfoy retoma la palabra. ─El nieto del que usted habla es el futuro Gryffindor, ¿verdad?
─¡Sí, el pequeño Timmy! ¿Cómo lo supiste?
─Bueno, creo recordar que en alguna ocasión ha mencionado acerca del espíritu aventurero que tiene y lo mucho que lo fascinan los dragones.
Inmediatamente, su inoportuna y ladina conciencia le susurra con malicia que el pequeño Timmy no es el único con una gran fascinación por los dragones. Aunque, si de algo está convencido Harry, es que ninguno de los feroces animales que tanto admira ese niño podrán jamás hacerle justicia al dragón del cual él está totalmente cautivado. Pero quién podría igualar a Draco, ¿verdad?
─¡Oh, querido! Debes ser el único empleado en todo el callejón que realmente escucha las divagaciones de una vieja anciana como yo. Sin duda eres maravilloso. ¿Verdad que estoy en lo cierto, Auror Potter?
Harry siente sus mejillas arder al percibir la apremiante mirada que la mujer le envía. No teniendo idea de cómo responder a esta afirmación sin dejar en evidencia sus profundos sentimientos por Malfoy, desvía la vista hasta poder observar de reojo al objeto de sus anhelos. Y una vez que conecta sus ojos con el pensativo semblante de Draco, se resigna a esperar el momento en el que de su boca salgan a borbotones todos esos empalagosos y vergonzosos pensamientos.
Pero contrariamente a lo esperado, su cerebro parece recobrar a último momento algo de cordura y control sobre sus emociones, evitando que suelte las tan temidas palabras y provocando con ello que un incómodo silencio se instale entre los tres. Un silencio que pareciera implicar, erróneamente, que Harry en realidad no encuentra para nada maravilloso a Draco.
Notando la clara incomodidad en el ambiente, Draco posa la vista en un punto fijo de la pared frente a él y se apresura a tomar la palabra.
─Mejor no comprometamos más al Auror Potter, señora Maxwell. ─Deja salir con toda la indiferencia que puede, pero Harry puede distinguir un leve rastro de pesar en su voz. ─Si es tan amable de acompañarme, creo tener lo que está buscando para dejar boquiabierto a su nieto.
La desconcertada anciana lo sigue de inmediato, no sin antes lanzarle una reprobadora mirada a Harry, como si estuviera muy disgustada por la cobarde forma en la que calló sus verdaderos sentimientos, dándole a Draco una desacertada versión de los mismos.
Totalmente atemorizado, se apresura a seguirlos. No queriendo ni imaginarse lo que esa vieja bruja pueda decirle a Draco una vez que estén a una prudente distancia de él. Cuando logra colocarse silenciosamente a la par de Malfoy, Harry observa la pícara mirada que le dirige la anciana. Una que grita a los cuatro vientos que sabe claramente que ha sido atrapada en el acto de realizar una travesura y que, aun así, no podría importarle en lo más mínimo las posibles consecuencias.
La señora Maxwell levanta una estilizada ceja en su dirección y sonríe con malicia al ver la fulminante mirada que Harry trata de darle con la mayor discreción que puede reunir. Es casi como si estuviera desafiándolo a decirle algo, provocando que la irritación del Gryffindor aumente alarmantemente. Sin embargo, Harry queda a medio camino de dirigirle un mordaz comentario a la molesta e impertinente anciana, ya que un leve susurro a su derecha capta su atención.
─¡Lárgate, Potter! Por si no te has dado cuenta, a diferencia tuya, yo sí estoy trabajando.
Ignorándolo por completo, Harry posa su mirada en la maliciosa anciana al otro lado de Draco, y fingiendo su más educado tono, deja salir la primera excusa que se le cruza por la mente para justificar su presencia allí.
─Espero que no le moleste que los acompañe, señora… Maxwell, ¿verdad? Pero todavía debo comprar el regalo de mi ahijado y aún no tengo idea de qué regalarle. Y quizás lo que Malfoy vaya a mostrarle a usted pueda darme un indicio sobre qué llevarle.
─¿Creí que habíamos quedado en que primero ibas a…?
─¡Oh, no es molestia alguna, Auror Potter! Cuantos más seamos, mejor. Así le ahorraremos trabajo a Draco. ─La señora Maxwell se apresura de inmediato a cortar la reprimenda del Slytherin, zanjando por completo la discusión. Y en ese momento, Harry debe darle a regañadientes las gracias, porque de otro modo no habría sabido qué responderle a Malfoy. ─Bien, querido. ¿Cuál es ese juguete tan maravilloso que me hará seguir siendo la abuela favorita?
Después de lanzarle una reprobadora mirada a Harry, Draco señala un estante a su izquierda y toma una caja de color azul eléctrico. Dentro de la misma, se encuentra lo que parece ser algo similar a una figura de acción muggle, sólo que ésta parece estar vestida con las prendas de los Aurores y portar en su mano derecha una varita. Totalmente anonadado, Harry descubre que no ha visto mal y, en efecto, el muñeco es una fiel representación de un Auror. Uno que tiene el pelo azabache particularmente revuelto, piel pálida y ojos de un color esmeralda muy sospechoso.
─¡Estás bromeando! ¿Eso…? ¿Eso es…? ¿Eso es lo que creo que es?
─Antes de que empieces a entrar en pánico, Potter… te aclaro que no, no es una figura de acción tuya. Si hicieras el favor de mirar a tu izquierda, verás que hay varios modelos de "Aurores al Combate".
Harry hace como se le indica y descubre que Malfoy está en lo cierto. En distintas cajas azules pueden observarse distintos mini Aurores, con variados rasgos y características físicas. No obstante, al posar su mirada en una caja idéntica a la que sostiene Malfoy, la irritación regresa de inmediato. Porque a esta corta distancia puede apreciar mejor el rostro del juguete, notando con fastidio que el mismo porta unas gafas curiosamente muy parecidas a las suyas.
─¡Oh, no me jodas, Malfoy! ¡Sólo le falta la maldita cicatriz y…!
─Y por fortuna, también carece de tu mala educación porque sólo a ti se te ocurriría dejar salir tal blasfemia en presencia de una dama. ─Replica con marcado reproche, aunque sus ojos grises brillan con diversión y malicia. Ante esto, Harry siente sus mejillas colorearse en absoluta vergüenza. Mucho más al captar la socarrona sonrisa que le regala esa despreciable mujer. Totalmente ajeno a la furibunda mirada que Harry vuelve a lanzarle a la anciana bruja, Draco se apresura a disculparse en nombre del Auror. ─Lamento eso, señora Maxwell.
─¡Oh, no te preocupes, querido! El Auror Potter no ha dicho nada que no haya escuchado en el pasado. Créeme cuando te digo que sé de primera mano lo impulsivo que puede ser un Gryffindor. Son tan diferentes a nosotros... primero actúan y después piensan. Mi esposo es igual, Draco. Así que difícilmente voy a asustarme por esto. Simplemente tomémoslo como lo que fue, un desliz.
Al escuchar esta explicación, Harry finalmente entiende por qué la mujer se lleva tan bien con Malfoy. Sin duda ella es una Slytherin. No hay otra explicación al hecho de que sea tan ladina, astuta y de que pueda lograr irritarlo sobremanera con una simple ceja en alto. ¿Es que acaso es un rasgo que todos los de esa casa tienen? Quizás de pequeños los hacen ir a clases en las que les enseñan a alzar sus cejas de esa forma, porque es más que sospechoso que la mayor parte de los Slytherin utilicen este método para expresarse. Y sólo basta con ver a Draco para saber que esto es así.
Golpeándose internamente por ese tonto pensamiento, entrecierra enfadado sus ojos y observa con marcado rencor a la insultante réplica en miniatura de sí mismo que Malfoy tiene en sus manos. Y como si la situación no fuera lo suficientemente desopilante de por sí, Harry se percata con incontrolada irritación que los fabricantes de este pequeño clon de su persona le han brindado al juguete una escasa estatura en una fiel imitación del hombre de carne y hueso. ¡Y cuan molesto era eso! ¡Ni siquiera en un juguete podía cumplir su sueño de tener una estatura decente!
Sin embargo, no tiene mucho tiempo más para refunfuñar su mala suerte, ya que la confundida voz de la señora Maxwell lo aparta de sus lúgubres pensares.
─No quiero ser impenitente, querido… ─Y ante esto, Harry debe morderse la lengua con fuerza para no aclararle a la irritante señora que es demasiado tarde para ello, ya que necesitaría volver a nacer para no serlo. Sin embargo, Malfoy parece conocerlo lo suficiente como para saber cuáles fueron sus pensamientos sin que deje salir una palabra, porque le propina un disimulado codazo en las costillas para evitar que diga en voz alta lo que baila en su mente. ─Pero… ¿Cómo puede ese muñeco superar al dragón que le dará su otra abuela?
─Verá, señora Maxwell, estas nuevas figuras de acción son toda una sensación entre los pequeños magos. Puede preguntarle a cualquier niño y le dirá que estoy en lo cierto. Pero con respecto a su nieto en específico… no se me ocurriría un mejor regalo que éste. Ya hemos dejado en claro lo aventurero que es, por lo que con esta figura de acción podría recrear cientos de escenarios diferentes. Los mismos en los cuales el valiente y audaz Auror se enfrentaría a los peligros más grandes e inimaginables. Desde masivas fugas de Azkaban o gloriosos duelos contra malvados magos. E incluso, también podría aprovechar para enfrentarlo en una épica batalla contra el dragón que su otra abuela le dará. Después de todo, no sería la primera vez que un Auror utilice toda su valía para tratar de resistirse a los ataques y avances de un feroz dragón.
Ante esta declaración, Malfoy posa su acerada mirada en el mago a su lado. Y Harry no puede evitar sentir correr por todo su cuerpo un excitante escalofrío producto de la intensidad reflejada en ella. Una intensidad que parece insinuar que esto último no es más que una completa analogía a la relación que ellos han mantenido durante años.
Harry siente su sangre correr desenfrenada por sus venas, mientras que sus manos comienzan a sudar copiosamente, sin que pueda hacer nada por detenerlo. Por otro lado, su mente está hecha un completo caos tratando de hallar una forma de poder dejar salir un astuto y significativo comentario, logrando con ello demostrarle a Draco que sí… él está dispuesto a tomar el papel del valiente Auror que resistirá todos sus feroces ataques hasta que éste finalmente entienda que Harry no está aquí para lastimarlo. Todo lo contrario, de hecho.
Tan ensimismados están en ese intenso intercambio de miradas que no se percatan de la conocedora sonrisa plasmada en el rostro de la anciana bruja. Y sólo consiguen salir de ese trance cuando escuchan un leve carraspeo a su derecha.
─Muy bien, llevaré al dichoso Auror. Como siempre, me has terminado convenciendo, querido.
Draco le envía una pequeña sonrisa y los conduce hacia la entrada de la tienda. Una vez allí, y al igual que la última vez, comienza a envolver el regalo con sus propias manos. No obstante, la señora Maxwell no parece sorprendida por este hecho. Es como si no encontrara para nada atípico que Malfoy no utilice su varita para hacerlo.
Harry siente unos irrefrenables deseos por volver a cuestionarle el motivo que lo lleva a no realizar magia, mas logra contenerse a último momento porque entiende que este no es el momento adecuado para hacerlo debido a que acarrearía, inevitablemente, otra discusión. Y está seguro de conocer lo suficiente al Slytherin como para saber que lo asesinaría si dejara salir una simple insinuación a ello en presencia de la anciana bruja.
En el momento en que Malfoy se dispone a colocar un moño plateado en el regalo, la aristocrática mujer realiza una pregunta en un despreocupado tono, aunque Harry puede captar de inmediato un leve rastro de picardía en él.
─Y dime, querido… ¿Con quién pasarás estas fiestas? Supongo que, con tu novio, ¿verdad?
¿Draco ya tenía pareja? Por supuesto que tenía. ¿Cómo alguien tan perfecto como él no iba a tenerla? Inmediatamente, Harry siente su alma caer a sus pies al comprender que todas sus esperanzas se han aniquilado en un abrir y cerrar de ojos. Un gran pesar se apodera de sí, junto a unas irrefrenables ganas de destruir a maldiciones al maldito imbécil que ha osado tocar lo que le pertenece. Sin embargo, la abatida voz de su conciencia le susurra con tristeza que Draco jamás ha sido suyo. El destino así lo había decidido y nada de lo que hiciera podría cambiar esa dolorosa realidad. No importa cuánto lo desee.
Algunos de estos desoladores pensamientos deben de haberse reflejado en su apesadumbrada mirada, porque de inmediato Draco carraspea y frunce el ceño en confusión.
─¿Novio? ¿Cuál novio? Si mal no recuerdo… hasta hace unos pocos minutos atrás aún estaba soltero.
Ante esta aclaración, Harry siente su alma regresarle al cuerpo a la vez que sus esperanzas retornan con mayor intensidad que antes. Ahora que sabe que no hay nadie que se interponga entre ambos, está convencido de que nada lo detendrá de hacer que Draco finalmente sea suyo.
─¡Vamos, Draco! De verdad no esperas que crea que un joven tan apuesto y maravilloso como tú no tenga al menos un candidato detrás. ─Deja salir la anciana bruja con marcada incredulidad.
─¡Oh, sí que lo tiene, madame!
Se apresura a intervenir el señor Clausell al acercarse al mostrador y dirigiéndole una divertida mirada a su empleado, provocando que Draco gruña algo ininteligible entre dientes. Ante esto, Harry debe apresurarse a esconder las manos en sus bolsillos debido al temblor que percibe emanar de ellas. El señor Clausell no se atrevería a terminar de delatarlo, ¿verdad? No obstante, siente nuevamente despertarse sus instintos asesinos al percatarse de que el dueño de la juguetería no se refiere precisamente a él.
─¿Es eso cierto, querido? ─Pregunta divertida la señora Maxwell.
─No es…
─¡Claro que sí! Verá, señora Maxwell, este muchacho alto y rubio ha estado viniendo a mi tienda a lo largo de toda la última semana y siempre se las ingenia para que sea Draco quien lo atienda, pero lo más curioso de ello es que nunca ha comprado nada. Simplemente se dedica a "mirar".
─¡Oh, Draco! ¡Eso es fabuloso! ¿Y a qué estás esperando para invitarlo a salir?
Harry le lanza inmediatamente una mortífera mirada a la irritante bruja. La misma pareciera poder asesinar simplemente por la intensidad con la que es dirigida. Totalmente enfadado con la idea de que alguien esté intentando llamar la atención del objeto de su deseo, Harry se hace una nota mental de descubrir la identidad de ese tonto e ingenuo mago para asegurarse de deshacerse de él de inmediato. De ninguna manera permitirá que ese imbécil le gane. Draco sería únicamente suyo.
─¿Podrían dejar de hablar de mi vida privada como si no estuviera presente? ─Espeta Draco con irritación, regalándole una fulminante mirada a su jefe. Por su parte, Harry no puede distinguir si el rubor en el rostro de Malfoy lo ocasiona su enfado o la vergüenza. Realmente espera que sea lo primero, porque no podría soportar saber que Draco siente algo por ese misterioso idiota. ─Aquí tiene el obsequio, señora Maxwell. Mi jefe se encargará de cobrarle. ¡Que tenga felices fiestas!
Y sin esperar por una respuesta de nadie, Draco sale apresurado a ordenar unas cajas cerca de la puerta de salida. Al instante, Harry alcanza a Malfoy e intenta decirle algo, pero justo cuando está a punto de forzar a sus cuerdas vocales a hablar, nuevos clientes entran en la tienda. Malfoy simplemente le da una extraña mirada y desaparece a atender a la primera familia que se acerca a ellos.
Entendiendo que no podrá hablar tranquilamente con él ahora que la juguetería comienza a llenarse, Harry sale apresurado a las frías calles del Callejón Diagon. Una vez que el gélido viento impacta contra sus descubiertas mejillas, alza su varita y se desaparece hacia su solitario hogar. Completamente frustrado, se tira apesadumbrado en su gran cama. Frotando con cansancio sus ojos, Harry trata de quitarse de encima la molesta sensación que percibe recorrerlo entero. Una que es similar a como si un invisible ser estuviera respirándole sobre su cuello, mientras le susurra maliciosamente que el tiempo se le acaba.
Soltando un hastiado bufido, Harry comienza a caer en un ligero estado de sopor, hasta que sus parpados se cierran por completo. Y en unos pocos segundos, queda completamente atrapado en un inestable y frustrante sueño. Uno donde corre con todas sus fuerzas para alcanzar a Draco. No obstante, y sin importar cuan cerca esté de hacerlo, no consigue lograrlo.
oOoOoOo
Notas finales: espero que les haya gustado. Como siempre, trataré de tener listo el próximo lo más pronto posible. Así que… ¡A estar atentos! Besito enorme y nos leeremos en el siguiente capítulo.
