Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola! ¿Cómo están? Aquí les traigo el nuevo capítulo. Como verán, este es mucho más largo que los anteriores. Espero que lo disfruten.
Antes de que los deje leer, quiero agradecerles por todos sus alertas, favoritos y comentarios. En verdad es un placer saber que les gusta mi historia. Y como siempre, les doy un saludo más que especial a Kuroneko1490, yumeatelier, Little Feniix, mESTEFANIAb y La pooh, que se tomaron el tiempo y trabajo de comentar en el capítulo anterior. ¡De verdad se los agradezco infinitamente!
My Only Wish This Year: Un dragón para Teddy y otro para Harry
24 de diciembre de 2001
Silencio. Esa es la primera palabra que le viene a la mente. Un sepulcral y extraño silencio capta por completo sus sentidos auditivos. Y Harry no se siente para nada cómodo con este hecho, ya que el insólito mutismo viene acompañado con una más que preocupante oscuridad. El pánico comienza a crepitar a gran velocidad en su interior cuando descubre que, sin importar cuánto lo intente, sus ojos no son capaces de distinguir nada más que un profundo color negro a su alrededor. Inmediatamente, Harry parpadea velozmente en un desesperado intento por recuperar la visión, aunque lo único que consigue es que blanquecinos puntos aparezcan moteados entre toda esa negrura.
A punto de entrar en un colapso nervioso y sintiéndose completamente indefenso al no poder ver ni oír nada, Harry desea con todas sus fuerzas tener su varita mágica entre sus manos. Este simple pensar parece ser la solución a toda esa extraña situación en la que se encuentra debido a que pequeñas luces comienzan a encenderse en la amplia estancia en la que se halla y, cuando la luminosidad es lo suficientemente intensa, se percata con incredulidad del lugar en el que está parado. A su alrededor y como si de un sueño se tratase, Harry observa coloridas e infantiles cajas de cientos de juguetes… unas que ya ha visto en demasía a lo largo de estos últimos días. Totalmente confundido, se pregunta cómo diablos llegó a la juguetería del señor Clausell.
Harry no tiene idea en qué momento se apareció en el lugar de trabajo de Draco, mucho menos del por qué la juguetería parece estar vacía. No queriendo cometer el mismo error que la última vez que estuvo aquí de desesperarse innecesariamente, eleva la vista al reloj en la pared a unos metros frente a él. Sin embargo, lo que ve en él sólo incrementa aún más sus sospechas de que algo sumamente extraño está ocurriendo allí, porque las manecillas del mismo parecen estar girando a excesiva velocidad y en sentido anti horario.
Dando unos pasos hacia el frente para comprobar que lo que ha visto de lejos no es una ilusión óptica, Harry descubre con satisfacción que su capacidad auditiva ha regresado, porque los pasos de sus pisadas resuenan entre las frías baldosas produciendo que un gran eco retumbe en toda la tienda. Más aliviado de haber recuperado todos sus sentidos, continúa caminando hasta llegar al mostrador. Una vez allí, comprueba que no se ha equivocado y las manecillas del reloj sí giran descontroladas.
La situación ya se ha vuelto por demás extraña y preocupante en especial porque, al girar sobre sí mismo, comprende que no hay ni una sola persona en la tienda, ni mucho menos en las calles. Y ante esta alarmante realización, Harry hace lo único lógico que cualquier persona haría en un insólito contexto como el que se presenta frente a sus ojos.
─¿Malfoy? ¿Estás aquí?
Aguarda unos instantes por una respuesta que jamás llega, consiguiendo que su preocupación comience a aumentar peligrosamente. Nuevamente vuelve a llamarlo, pero el mismo tenebroso silencio sale a su encuentro. Sintiendo un desagradable temblor en la punta de sus dedos y que sólo expresa el intenso temor que empieza a crecer en su interior, Harry pierde el último rastro de calma que le queda en sí.
─¡Malfoy! ─Grita sin poder ocultar el leve rastro de desesperación que tiñe su voz. No obstante, la juguetería permanece en completo silencio. ─¡Malfoy!
El último resquicio de tranquilidad que tiene desaparece por completo, dejando a Harry con una desesperante sensación en su pecho. Una que provoca una disminución en el aire que entra a sus pulmones, junto a un punzante dolor en la parte izquierda de su pecho. Sacando una varita de entre los pliegues de su túnica y con un mal presentimiento crepitando en su interior, comienza a correr a toda prisa por los angostos pasillos de la juguetería, tratando de encontrar al Slytherin.
─¡MALFOY! ¡RESPONDE MALDITA SEA!
No tiene idea de cuántas veces recorre la tienda por completo, pero lo que sí sabe es que Draco no parece estar por ningún lado. Absolutamente desesperado y teniendo el espeluznante presentimiento de que algo muy malo le ha ocurrido a su futuro novio, Harry se deja caer contra unos estantes y hace lo imposible por enfocar su mente a encontrar una forma de hallar al rubio. No obstante, el miedo que siente es más que suficiente para paralizarlo y no permitirle pensar con claridad, porque dentro de su ser tiene la certera intuición de que ya es demasiado tarde. Sus ojos comienzan a picar al instante y siente su garganta realizar infructíferos intentos por retener el angustiado grito que desea soltar. Finalmente, sus esfuerzos por contenerse terminan fallando y unas estranguladas palabras salen en forma de un triste susurro.
─¿Dónde estás, Draco? Por favor… respóndeme.
─¿Harry?
Inmediatamente, levanta la mirada y posa la vista en el cautivador y sarcástico joven que le ha robado el corazón. Sintiendo un gran alivio recorrerlo por completo, Harry se aparta de los estantes sobre los que está apoyado y no puede hacer más que parpadear para asegurarse de que no está imaginando cosas. Sin embargo, Draco no desaparece y simplemente continúa observándolo con una ceja alzada, junto a una pícara mueca en sus atractivas facciones. Sin siquiera detenerse a pensar en lo que hace, elimina en dos zancadas los pasos que lo separan del otro y enrosca sus brazos en el banco cuello de Malfoy, a la vez que entierra su rostro en el amplio pecho frente a sí.
─¡Draco! ¡Estás bien! Oh, Merlín, ¡no tienes idea cuanto me alegra!
─Mmm… sí, estoy bien. ─Responde algo confundido, pero colocando automáticamente las manos en las caderas del Gryffindor para acercarlo hacia su cuerpo. Por su parte, Harry no puede describir lo bien y correcto que se siente estar así, entre los brazos del alto joven e inundando sus fosas nasales con el delicioso aroma que proviene del cuello de Draco. No tiene idea de cuánto tiempo pasa así, simplemente disfrutando de la gloriosa sensación de tenerlo tan cerca. Sólo regresa a la realidad cuando percibe una de las manos de Draco elevar su barbilla hasta conectar las miradas. ─¿Por qué no habría de estarlo?
─¿Por qué no respondías cuando te llamaba? ─Responde con otra pregunta.
─¡Sí te respondí, idiota!
─¡No es cierto! Estuve llamándote por horas y no diste ni una señal de vida. ─Replica con algo de enfado, tratando de vislumbrar algo en esa gris mirada que pueda explicarle el porqué de no haber obtenido una respuesta. Sin embargo, lo único que ve en ella es diversión y una cálida sensación a la cual aún no puede darle un nombre.
─¿Te refieres a las veces que me llamaste Malfoy? ¿No crees que después de lo que hicimos anoche, formalidades como llamarnos por nuestros apellidos son completamente risibles? Especialmente con lo mucho que parecía gustarte usar mi nombre para pedirme por más.
Harry observa boquiabierto la malvada sonrisa en las bellas facciones del rubio y sin saber del todo a qué se refiere con esto, pero haciéndose una idea de a dónde apuntan estas declaraciones. No sabiendo qué responder y sintiéndose completamente intimidado por la lujuriosa y hambrienta mirada que Draco le regala, intenta colocar algo de distancia entre ambos. Desafortunadamente, la mayor fuerza y estatura de Malfoy evitan que escape del enérgico agarre en que lo mantiene prisionero. En cambio, lo acerca aún más a sí, hasta que es capaz de percibir el generoso bulto en los pantalones de éste.
Rápidamente reanuda sus esfuerzos por desprenderse de los brazos del Slytherin, sin embargo, sus intentos son en vano y sólo consigue que la dureza de Draco se frote insistente entre ambos. Harry se sonroja de la raíz de sus cabellos hasta la punta de sus pies cuando nota la clara erección de Malfoy. Comenzando a sentir algo de pánico y un poco de enfado, Harry eleva la cabeza y espeta con irritación.
─¡Suéltame!
─Anoche no parecías querer lo mismo. Si mal no recuerdo, eras tú quien me suplicaba que no me apartara de ti… eras tú quien me rogaba que no saliera de tu cuerpo, incluso cuando claramente te estaba aplastando. ¿Por qué quieres alejarme ahora? ¿Acaso te has vuelto tímido de la noche a la mañana? ─Pregunta con una maliciosa risita, mientras empuja sus caderas hacia delante para que Harry vuelva a percibir su importante dureza. Y este movimiento es suficiente para hacer que Draco note la excitación que también se encuentra retenida dentro de los pantalones de Harry. Ampliando aún más su ladina sonrisa, acerca la boca hacia la oreja derecha del Auror y susurra en ella con voz ronca. ─Mmm… parece ser que una hermosa parte de tu cuerpo está de acuerdo conmigo. No te preocupes, Harry. Nadie puede vernos ni oírnos aquí.
Cuando éste se separa un poco, Harry observa con fascinación y algo de temor la intensidad reflejada en la mirada de Malfoy, mas no dice nada y deja de luchar. De a poco, Draco baja su rostro con la clara intención de besarlo. No creyendo su fortuna, y sin querer resistirse a hacer algo que tanto ha anhelado, Harry se coloca en las puntas de sus pies para ir en su encuentro. Desafortunadamente, segundos antes de que ambas bocas se encuentren en una apasionada danza, un fuerte golpeteo a su izquierda lo distrae del tan ansiado y esperado beso.
Al ver que el molesto ruido no parece querer desaparecer, Harry gira la cabeza a la izquierda y trata de ubicar el origen del mismo. Sin embargo, no logra encontrar nada más que el vacío pasillo de la juguetería. Cuando vuelve a posar la vista en Draco, descubre para su completa desesperación que el bello rostro de éste parece estar desdibujándose entre una brillante luminosidad.
Inmediatamente, trata de tocar las mejillas de Draco para apartar esa extraña luminiscencia. Pero al hacerlo, el blanco resplandor consume por completo a Malfoy y todo su entorno, transportándolo hacia un torbellino de colores. Rápidamente, Harry cierra sus ojos para detener el fuerte mareo que comienza a sentir, mientras escucha incrementarse la intensidad del constante repiqueteo a su izquierda.
Cuando abre sus ojos, la imagen de su iluminada habitación lo saluda. Harry gira la cabeza de un lado a otro completamente desorientado, preguntándose por qué se encuentra de nuevo en su alcoba. Una vez que logra ordenar los confusos pensamientos dentro de su adormilada mente, baja la vista hacia la delgada sábana que lo cubre y descubre, para su mayor consternación, una gran erección atrapada dolorosamente en su ropa interior.
Soltando un frustrado lloriqueo, Harry se dice a sí mismo que esto de tener sueños húmedos con Malfoy como protagonista ya se ha vuelto una rutina diaria cada vez que cae rendido al mundo de los sueños. Y esta costumbre que se ha instaurado en su vida es bastante depresiva y decepcionante, porque no será precisamente el Draco de carne y hueso quien venga a sacarle la gran excitación que lo recorre.
Un irritado bufido escapa de sus labios al comprender que, sin importar los desagradables pensamientos que se fuerce a imaginar, su erección no disminuirá ni un milímetro porque eso ya lo intentó días atrás y no había ayudado en lo absoluto. Sin embargo, no puede seguir maldiciendo su suerte, debido a que vuelve a escuchar el insistente golpeteo que interrumpió el beso en su sueño. Harry tantea con una de sus manos en la mesa de luz a su derecha por sus gafas. Una vez que las toma entre sus dedos y se las coloca, la habitación deja de ser sólo desdibujados borrones para su vista. Enfocando mejor cada parte del lugar, no tarda en ubicar el origen de este molesto ruido, mismo que evitó que tuviera una de las mejores fantasías hasta la fecha.
Más disgustado que nunca por haber sido interrumpido justo en el momento que pudo haber hecho realidad uno de sus mayores deseos, al menos dentro de sus sueños, Harry aparta con fastidio las sábanas que lo tienen prisionero y camina descalzo por la habitación hasta alcanzar la ventana a su izquierda para abrirla. Por el pequeño resquicio que deja abierto entra junto a una gélida ráfaga de aire un búho con plumaje atigrado. La majestuosa ave se dirige directamente al escritorio que hay en su habitación y apoya todo el peso de su cuerpo sobre una de sus patas, mientras la que tiene una carta atada a ella se extiende con firmeza hacia el humano frente a sí.
No soportando el frío aire que entra, se apresura a cerrar la ventana. Una vez hecho esto, observa con sospecha al animal en su habitación. A pesar de la gran e indiscutible belleza que tiene el mismo, siente su sangre hervir con molestia producto de la exasperada mirada que le devuelven esos grandes ojos naranjas. Y a pesar que lo intenta, Harry no puede evitar comparar a Draco con este pequeño e irritante ser. Porque sí, ambos son total y absolutamente hermosos, pero al mismo tiempo son capaces de enfurecerlo a niveles insospechados con sólo una mirada.
Sacudiendo la cabeza ante este irrisorio pensamiento, y temiendo por su vida en el improbable caso de que Malfoy descubra que lo ha estado comparando con un ave rapaz, se acerca al paciente animal que aún mantiene implacable la pata extendida. Una vez que desata la carta que tiene atada a ella, Harry aparta de inmediato la mano por si acaso. El búho no da señales de querer morderlo, pero aun así no se confía y pone la mayor distancia que puede con éste.
Rebuscando en uno de los cajones de su mesa de luz, Harry encuentra una golosina para lechuzas y se la tira a un lado del ave. No obstante, el búho simplemente lo observa como si al Auror se le hubiese saltado un tornillo al pretender que él coma tal basura. Reafirmando con ello que el molesto animal sería la mascota ideal de Draco, Harry lo ignora y abre el sobre que tiene entre sus manos. Cuando saca la carta del mismo, siente las comisuras de sus labios elevarse unos centímetros.
Harry:
Espero no haberte despertado, pero creí conveniente decirte que ya me he encargado de que Robards no interfiera mientras tratas de atrapar a Nott. Lo he enviado a resolver algunos asuntos referentes al Mundial de Quidditch que tendremos el próximo año, lo que se traduce en que éste tomará su tarea como una oportunidad para vacacionar en las cálidas y paradisíacas islas del Caribe.
La misión no durará más de tres días, pero tengo la ligera esperanza de que atraparemos a Nott antes de que Robards regrese. Después de todo, éste debe tener dentro del Ministerio informantes que le habrán notificado sobre el hecho de que el jefe de Aurores no se encuentra en el país. Y si tenemos suerte, Nott creerá que esto le dará carta libre para volver a intentar matar a alguien importante para Malfoy.
Por lo pronto, tú quedas relegado por completo de las actividades rutinarias en el Departamento. Quiero que tus horas laborales las emplees sólo para atrapar a Nott. Pero te advierto una cosa, Potter… Más te vale no enfrascarte todo el día en ello, o me veré forzado a poner a otro Auror a cargo de la investigación. Hablo en serio. Hoy es nochebuena, no quiero oír que te has saltado cualquiera sea el plan que tenías acordado por enfrascarte en tu trabajo.
No tienes de qué preocuparte, porque estoy seguro de que tu amado príncipe estará a salvo y será capaz de protegerse por sí solo. En especial ahora que estará armado. ¿Quién sabe? Incluso hasta sea él quien consiga dar con el fugado Mortífago. Sólo asegúrate de dejarle en claro a Malfoy que no intente tomar venganza por mano propia, porque en ese caso no podremos hacer nada por evitar que la justicia caiga sobre él también.
Suerte en la investigación y ten cuidado.
¡Feliz Navidad!
Kingsley Shacklebolt.
Cuando termina de leer la corta misiva, no sabe si sentirse infinitamente agradecido con Kingsley por haber conseguido que su jefe no esté respirándole tras la espalda durante tres días, o absolutamente mortificado por el hecho de que crea que Draco es el "amado príncipe" de Harry. No queriendo brindarle mayores pensamientos a ello, especialmente porque sólo conseguirá que su sonrojo aumente alarmantemente, comienza a rebuscar entre su mente algo que responderle al astuto Ministro de Magia. No obstante, un ulular frente a sí lo detiene de su infructífera búsqueda.
El atigrado búho lo observa fijamente unos segundos y finalmente desvía su penetrante mirada hacia la ventana de su habitación, dándole a entender con ese silencioso accionar que la carta no espera respuesta alguna. Inmediatamente, se acerca a la ventana y la abre para permitir que la expectante ave emprenda el camino de regreso a su dueño. El majestuoso búho se eleva unos centímetros y comienza a volar en dirección al abierto ventanal, pero justo antes de salir al invernal exterior, se asegura de golpear la parte trasera de la cabeza de Harry con una de sus alas. Es casi como si con este simple gesto estuviera diciéndole que deje de ser tan despistado y le diga a Draco de una vez lo que siente por él.
Sintiéndose abusado físicamente por esa condenada ave y mentalmente incomodado por el dueño de la misma, Harry cierra de un golpe la ventana y dirige sus pasos hacia el cuarto de baño. Una vez dentro, suelta un exasperado bufido al ver que, a pesar de que su erección disminuyó algunos centímetros, aún tiene un considerable y molesto bulto entre sus piernas. Sin perder más tiempo, ingresa en la ducha y se encarga de calmar un poco su excitación. Luego de limpiar todo rastro de la blanquecina sustancia de su cuerpo, sale de la bañera y comienza a secarse.
Ya en su habitación, busca del armario algo de ropa para cubrir su desnudez. Una vez vestido, toma la túnica de Auror colocada en el respaldo de la silla junto al escritorio y se la coloca. Sin embargo, un alargado bulto llama de inmediato su atención. Metiendo la mano entre los pliegues de la misma, saca la alargada caja que ayer colocó con intenciones de dársela a un sarcástico y arrebatador rubio. En ese momento, Harry tiene la ligera sensación de que parecen haber pasado años desde la última vez que vio a Draco y no sólo veinticuatro horas.
Sintiendo una molesta sensación en su pecho ante la imperiosa necesidad de estar cerca de la persona que ama, Harry se apresura a guardar la caja en su túnica y sale de la habitación. Una vez que baja las escaleras y entra en la cocina, descubre que Kreacher ya tiene el desayuno listo en la mesa. ¡Bendito sea su gruñón y elitista elfo!
Sin querer perder más tiempo, toma la humeante taza de té entre sus manos y le da un pequeño sorbo, mientras comienza a pensar en la mejor forma de decirle a Malfoy que ahora es él quien se encargará de atrapar a Nott. ¿Ese simple hecho sería suficiente para conseguir que Draco se fije en él? ¿Aceptaría salir con él a pesar de todo el nefasto pasado que tienen detrás? Pero más importante aún, ¿acaso había alguna chance de que una parte de Draco se sienta atraída hacia su persona, por más minúscula que ésta sea?
No queriendo adentrarse en suposiciones y pensamientos que sólo conseguirán hacer que se incremente el nerviosismo que ya tiene, Harry le da una última mordida a su tostada y se levanta de la silla. Después de realizar un hechizo sobre sí para refrescar su aliento y otro para tratar de alizar sus prendas, suelta en un suspiro el aire que ni siquiera se había percatado que estaba reteniendo y se desaparece hacia el Callejón Diagon.
Una vez que aterriza en el adoquinado y resbaloso suelo producto de la ligera capa de nieve que comienza a asentarse en el mismo, dirige sus pasos a la colorida tienda a unos metros por delante. Afortunadamente, al ver que Harry tiene puesta la túnica de Auror y parece estar de servicio, ninguna persona de la gran cantidad de magos y brujas que se encuentran en las abarrotadas calles parece dar ningún indicio de ir a detenerlo o acercarse a saludarlo.
Harry aprieta el paso para llegar cuanto antes a su destino, a la vez que se golpea internamente por jamás haber pensado en vestir su uniforme cuando realiza las compras, evitando así los molestos y vergonzosos saludos que la gente le brinda. Sin perder tiempo, realiza una nota mental de usar su túnica de Auror cuando quiera estar a solas con Draco. Al menos así nadie los molestaría. Aunque pensándolo bien… no está muy convencido de que Malfoy vaya a estar de acuerdo con que vista tales vestimentas en una cita. Además, ante todo, primero debe hacer que Draco acepte salir con él.
No entiende qué manía tiene su imaginación por ir más rápido de lo que la realidad es, mas no puede hacer nada por detenerla porque él es el primero en disfrutar de recrear dentro de su cabeza cientos de escenarios, mismos en los cuales ellos dos tienen juntos ese final feliz que tanto han deseado o, mejor dicho, que Harry ha anhelado.
De nuevo sacude su cabeza al percibir asomarse nuevos desesperanzados pensamientos. Finalmente, y después de lo que parecen ser horas, alcanza la gran e iluminada vidriera de la juguetería. Sin poder resistirse, Harry busca con la mirada la rubia cabellera de Draco y no tarda en hallarla. No obstante, la sonrisa que automáticamente se había postrado en su rostro al verlo, desaparece por completo cuando descubre que éste no se encuentra solo. Por el contrario, un hombre rubio y de la misma estatura que Malfoy se halla sospechosamente cerca de éste, mientras acerca su rostro para susurrarle algo en complicidad.
Una indescriptible rabia se apodera de sí al comprender que éste debe ser el misterioso candidato del que hablaba el señor Clausell. Harry no puede evitar sentir un agudo e insoportable dolor en su pecho al ver cómo ese imbécil vuelve a acercarse a Draco, mientras aprieta uno de sus brazos en lo que parece ser un juguetón gesto desde el lugar en el que él se encuentra. Sin embargo, lo que termina de destrozar cualquier rastro de cordura en sí es la mueca que se extiende en el rostro de Draco, una que intenta ser algo similar a una sonrisa. Aunque, por algún extraño e incomprensible motivo, ésta no parece llegar a los bellos ojos del Slytherin.
No pudiendo soportar más esta imagen, en especial cuando todos sus instintos le gritan y ordenan que aparte a maldiciones al idiota que está robándole a su futuro novio, aprovecha a ingresar en la tienda junto a un gran grupo de ancianas, logrando con ello que ni Malfoy ni mucho menos su acompañante se percate de su presencia. Sonriendo para sus adentros por esta pequeña victoria, Harry se dispone a dirigirse a uno de los pasillos que sabe lo harán aparecer frente al campo de visión de Draco sin que el rubio que tiene frente a él sea capaz de verlo. Desafortunadamente, el señor Clausell nota su presencia antes de que siquiera alcance a dar un paso y lo detiene.
─¡Señor, Potter! ¡Qué gusto verlo de nuevo!
Por alguna inexplicable causa, el dueño de la tienda deja salir esta exclamación con un tono más alto del acostumbrado, ocasionando que se pregunte indudablemente el porqué de ello. Sin embargo, Nicholas no parece demasiado interesado en los pensamientos que pasan por la mente de Harry, ya que no aparta la vista de Draco y su molesto acompañante. Totalmente extrañado, el Auror ve reflejado en el arrugado rostro del anciano gran sospecha y un leve rastro de preocupación.
Inmediatamente, por la mente de Harry pasa la aterradora idea de que ese rubio hombre esté obligando a Draco a corresponder sus sentimientos, de allí la preocupación del señor Clausell y su intento por hacerle notar al repugnante acosador la presencia de un Auror en la tienda. Más enfadado de lo que recuerda haber estado jamás, y realizando sobrenaturales esfuerzos por no ir directo a moler a puñetazos al maldito imbécil que está forzando a Draco, le pregunta al dueño de la juguetería lo más sutilmente que puede sobre ello. No obstante, en ningún momento aparta por completo la vista de Malfoy y su admirador, preparado para hechizar a la competencia al menor indicio de sobrepasarse con su amado príncipe.
─Hola, señor Clausell. ¿Está todo bien? Lo noto bastante… preocupado.
Nicholas titubea un instante ante esta pregunta, no decidiendo si debería dejar salir lo que realmente cruza por su mente. Después de otro momento de vacilación, finalmente asiente silenciosamente para sí mismo, como si estuviera convenciéndose de haber tomado la correcta decisión.
─La verdad es que no, Auror Potter. No todo está bien.
─¿Qué ocurre? ─Pregunta Harry con verdadero interés, pero manteniendo su mirada periférica en los dos hombres rubios varios metros por delante de él.
─Quizás no debería decirle esto, más sabiendo que Draco sin duda se enfadará mucho conmigo de saber que le molesto con simples suposiciones, pero… no puedo evitar tener una desagradable sensación de que hay algo extraño con ese hombre.
─¿Se refiere al rubio que está junto a Malfoy? ─Pregunta para dejar en claro que ambos se refieren a la misma persona.
─Sí, ese mismo. Estoy seguro de que recordará que ayer mencioné que últimamente un joven viene a mi tienda y jamás compra nada. Y que, además, éste siempre se asegura de que sea Draco quien lo atienda. ─Cuando ve que Harry asiente con marcada irritación, el señor Clausell sonríe levemente y prosigue con su explicación. ─Bueno, como podrá ver… ha vuelto.
─¿Y qué es lo que realmente le preocupa? ¿Acaso está forzando a Malfoy a que acepte estar con él?
Harry no encuentra forma alguna de ocultar la anormal rabia que lo carcome al dejar salir esta última pregunta. Por su parte, el señor Clausell lo observa con una divertida y sabionda mirada, haciendo que sus azules ojos tengan un característico brillo que indudablemente terminan recordándole al difunto profesor Dumbledore. Sin embargo, tan rápido como llega, el destello es reemplazado de inmediato por gran preocupación.
─Oh, no creo que sea eso, señor Potter. Créame cuando le digo que a lo largo de estos tres años he visto a varios clientes intentar ligar con Draco. Después de todo, no es algo de extrañar. Él sin duda es un grandioso joven. No sólo por el atractivo físico que posee, sino también por su gran corazón. Estoy seguro de que ni siquiera se imagina todo lo que ha hecho sólo por ver sanos y salvos a quienes más ama. ─Harry no tiene tiempo de replicar que sí, después de tres años finalmente sabe la historia completa de Draco, ya que el señor Clausell prosigue con su explicación. ─No obstante, ninguno de los anteriores candidatos de Draco le ha generado tanta incomodidad como lo hace este hombre. Y lo más extraño de todo ello es que, sin importar cuántas veces éste venga a verlo, Draco no muestra indicios de querer usar alguna de las muchas tácticas que tiene para deshacerse de las personas con las cuales no desea compartir ni siquiera el mismo espacio físico. ¿Verdad que eso es extraño?
─Muy extraño. ─Deja salir con un pensativo tono, a la vez que observa a ambos hombres hablar en susurros frente a él o, mejor dicho, mientras ve a ese imbécil murmurarle palabras a Draco. Frunciendo el ceño ante la clara incomodidad que se traslucen en las bellas facciones del Slytherin, Harry pone a trabajar su mente en hallar una solución a dicha situación. ─¿Le ha preguntado a Malfoy quién es ése tipo y por qué viene a verlo?
─Sí, lo he hecho. Pero sin importar cuánto insista en que me responda y confíe en mí, Draco encuentra siempre una manera de cambiar de tema o de tranquilizarme diciéndome que todo está bajo control. Y en verdad le creí, pero estos últimos dos días la situación parece haberse salido de control. Draco ha estado muy distraído, lo cual es algo sumamente extraño en él. Y estoy más que seguro de que esto nada tiene que ver con las reiteradas visitas que ha recibido por parte de cierto Auror.
Harry siente sus mejillas arder al comprender que el señor Clausell ha notado el claro acoso que le ha estado prodigando a Malfoy a lo largo de estos días. No sabiendo qué responder a esto, posa su completa atención en observar al joven del que jamás imaginó enamorarse y es allí cuando descubre que Draco tiene la vista puesta en él. El importante rubor que cubre su rostro parece incrementarse ante la penetrante mirada del otro. Aunque no tiene tiempo de forzarse a eliminarlo de sí, porque durante unos pocos segundos en esos bellos ojos grises se refleja algo de impotencia y desolación, antes de volver a desviarse hacia el hombre que tiene frente a él.
No tiene idea del motivo por el cual Draco podría estar observándolo de esa forma, pero de lo que sí está seguro es que esta situación ya ha sobrepasado un límite. Es entonces, cuando Harry jura que será quien se encargue de poner en su lugar al imbécil que ha estado perturbando la tranquilidad del Slytherin, sin importar el motivo por el que lo esté haciendo. Porque sin duda él no permitirá que nadie vuelva a lastimar ni provocar infelicidad en su príncipe.
Desafortunadamente, segundos antes de que empiece a dar los pocos pasos que lo separan de Draco y ese maldito acosador, el señor Clausell vuelve a dirigirse a él. Y con las simples palabras que deja salir, Harry siente que su rostro sería capaz de combustionar en cualquier momento.
─Sé lo que está pensando, señor Potter, pero no creo que intervenir entre esos dos ayude en algo. De hecho, creo que eso sólo empeoraría las cosas. Aunque, si le soy sincero, sería muy divertido ver cómo pone en su lugar a ese inepto muchacho. Al menos con ello usted podría dejar de suspirar por Draco y finalmente dejaría en claro cuáles son sus verdaderos sentimientos. ─Deja salir el anciano con algo similar a la exasperación, pero que indudablemente está teñido con gran diversión. ─Si me permite el atrevimiento, Auror Potter… tal vez usted y Draco tengan toda una vida por delante para confesarse sus sentimientos, pero al paso que va… este viejo costal de huesos no llegará a ver con sus propios ojos el momento en que ustedes dos comiencen a salir.
Harry queda boqueando como un pez fuera del agua ante tal descarada presión que ha ejercido el señor Clausell, misma en la que parece completamente disgustado por la falta de iniciativa que muestra para confesarle sus verdaderos sentimientos a Draco. Por fortuna, no debe carcomerse la cabeza para hallar una adecuada respuesta a ello, gracias a que el acosador de Malfoy gira sobre sí mismo y dirige sus pasos a la salida de la juguetería.
Un inexplicable impulso lo asalta al instante, y sin que Harry tenga tiempo de detenerse a pensar en lo que hace, saca disimuladamente su varita y le lanza al admirador de Draco uno de los hechizos de rastreo que utilizan en el Departamento de Aurores. El mismo es uno muy complejo y poderoso, el cual es utilizado para advertirle cuando el sospechoso se acerque a un determinado lugar, en este caso a toda el área cercana a la juguetería, sin que éste pueda percatarse de la presencia del conjuro y, además, de sólo poder ser retirado por su conjurador.
No tiene muy en claro por qué lo ha hecho, sólo sabe que la intuición que siempre lo ha llevado a concretar airosamente sus misiones tomó control de sí mismo, a la vez que le asegura que esto le servirá más adelante. Tratando de no llamar demasiado la atención, Harry observa a su alrededor para verificar si alguien se ha percatado de lo que ha hecho. No obstante, el dueño de la juguetería es el único que muestra señales de tener pleno conocimiento de lo que ha hecho, mas no parece dar indicios de cuestionar nada. Por el contrario, le guiña un ojo y realiza un gesto con sus dedos sobre sus labios para dejarle en claro que de su boca no saldrá palabra alguna.
Por desgracia, no consigue darle las gracias a Nicholas ya que rápidamente nota un cálido cuerpo rozar su costado izquierdo, junto a un embriagador aroma que nubla sus sentidos y el cual inequívocamente relaciona con Draco Malfoy. Para su mayor consternación, Harry descubre que esta hechizante fragancia es la misma que ha estado rememorando en sus sueños.
─¿Otra vez aquí, Potter? Al menos dime que esta vez sí sabes qué regalarle a tu ahijado. ─Pregunta con un jocoso tono, aunque la diversión no termina de reflejarse en sus ojos grises producto de la leve inquietud que aún se percibe en ellos. ─Mañana es Navidad, y si no te das prisa, terminarás dentro de la lista de los peores padrinos del mundo.
Al apreciar el notorio rastro de incomodidad y temor que el encuentro con ese imbécil le ha provocado a Malfoy, Harry siente algo similar a una furibunda bestia retorcerse en su interior. Y sólo con ello, este acosador ha pasado a ocupar el segundo lugar (después de Nott, claro está) en su lista negra de personas a hacerles pagar lenta y dolorosamente por lastimar a Draco.
No soportando verlo sufrir de esta forma por alguien que no lo merece, Harry deja salir inconscientemente unas palabras que harán sonrojar no sólo a Malfoy sino también a él mismo. Aunque éstas mismas provocarán que el señor Clausell suelte una maliciosa y divertida risita, antes de desaparecer hacia el mostrador a su derecha para cobrarle a otros clientes.
─Vas a estar muy orgulloso de mí, Draco, porque seguí tu consejo y finalmente sé qué es lo que quiere.
El tono con el que Harry suelta estas palabras es casi una especie de ronroneo, lo que inevitablemente ocasiona que sus mejillas vuelvan a adquirir ese para nada saludable carmesí que alcanzaron unos momentos atrás. Por su parte, Draco queda desconcertado por unos segundos ante el obvio coqueteo que ha recibido, aunque logra recuperarse con mayor facilidad y ocultar bajo una indiferente máscara el ligero rubor que aparece en su pálido rostro.
─Bien por ti, Potter. Cinco puntos para Gryffindor por finalmente haber comprendido quién es el inteligente de los dos. ─Suelta con esa maliciosa sonrisita que tanto lo caracteriza, sin ningún rastro de la incomodidad que minutos atrás opacaba esas hermosas facciones. Y a pesar que Harry debería sentirse ofendido por esta clara burla, lo único que puede hacer es rodar los ojos y propinar un suave golpe en unos de los musculosos brazos de Draco, mientras se felicita internamente por haber podido devolverle la paz al Slytherin. ─¿Y bien? ¿Qué es eso que tanto has estado buscando?
─A ti... quiero decir, un juguete que tiene el mismo nombre que tú… un dragón.
Si creía que en su rostro no podría caber un sonrojo más, el destino le demostraría cuán equivocado estaba con sólo unas pocas palabras saliendo de su boca. Porque gracias al desliz que acaba de cometer, Harry está completamente seguro de que no hay forma alguna de que Draco no tome esto como una clara insinuación. ¡Pero no fue su culpa! Es una tarea casi imposible no haber dejado salir lo que pasa por su mente luego de la ambigua pregunta de Malfoy. En especial cuando en lo único que Harry puede pensar es en lo mucho que quisiera que él fuese suyo.
Por otro lado, Draco eleva aún más su ladina sonrisa al ver cómo el carmesí en las mejillas de Harry se torna en un intenso granate. Aprovechando la ventaja que le es proporcionada gracias a esos nerviosos balbuceos, y luego de haber perdido la lucha interna en la que su razón lo regaña por seguir fomentando este peligroso juego, suelta una divertida risita y se asegura de acercarse lo suficiente a Potter, hasta que sólo unos pocos centímetros separen ambos cuerpos.
─Lamentablemente no podrás comprarme para tu ahijado, pero creo poder ofrecerte otro dragón que de todos modos le gustará.
Harry vuelve a quedar boquiabierto al vislumbrar en los grises ojos de Malfoy un característico brillo que jamás le ha visto expresar hacia su persona, al menos no fuera de sus sueños. Una agradable sensación de euforia lo recorre por completo al comprender que no se ha equivocado y Draco sí lo está observando con lujuria y deseo. Al instante lo asaltan unos irrefrenables anhelos de mandar todo al diablo y simplemente acortar la distancia que los separa hasta alcanzar la tentadora boca del rubio en un apasionado beso. No obstante, algo de sentido común parece regresar en la obnubilada mente de Malfoy, porque de inmediato da unos pasos hacia atrás para alejarse del Auror y sin decir ni una sola palabra, comienza a caminar por los largos pasillos de la juguetería.
Harry sale de su estado de estupor en el cual su conciencia no para de dar saltitos entusiasmados al descubrir que no le es tan indiferente al otro, y se apresura a seguirlo. Sin embargo, este momento de alegría se desvanece más rápido que el vuelo de una Snitch, porque Draco parece haber recordado cuál es su situación y lo peligroso que sería si él demostrara demasiado interés por Potter.
Harry camina detrás de Malfoy en absoluto silencio, mientras siente nuevamente incrementarse su rabia por obra del maldito de Nott y su más que retorcida idea de venganza, lo cual ocasiona que Draco no pueda ser libre de demostrar sus sentimientos sin poner en riesgo la vida de otros. Y con mayor pesar, el Gryffindor entiende que completamente olvidado ha quedado cualquier rastro de diversión e inocente flirteo entre los dos.
Durante varios segundos, ambos esquivan a los distintos clientes que presurosos intentan adquirir todos los obsequios de último momento. Sin embargo, a Harry no podría importarle menos, porque su mente está totalmente enfocada en hallar la mejor forma de decirle a Draco que no tiene nada de qué preocuparse, ya que él se encargará de atrapar a Nott y hacerle pagar a todos los que le han causado daño. Tan concentrado está en sus pensamientos, que no advierte el momento en el que Malfoy se detiene frente a unos estantes.
El choque contra la amplia espalda de Draco es inevitable, por lo que Harry debe sostenerse de los brazos del Slytherin para evitar caer al suelo. Este momento de torpeza sirve para sacarlo de su ensimismamiento, pero al mismo tiempo provoca que el rubor vuelva a posarse en sus mejillas.
─Lo siento. ─Se disculpa una vez que consigue mantener el equilibrio y despegarse reticentemente del otro. Malfoy no parece darle mayor importancia a este hecho y simplemente observa el estante frente a sí.
─¿Qué tipo de dragón tenías pensado regalarle? Tenemos todas las razas y colores. Aunque primero sería mejor que me dijeras cuán grande quieres que sea y hasta qué precio estás dispuesto a pagar. Así podremos ir descartando aquellos que no entren dentro de tus requerimientos. ─Responde Draco con una monótona voz, tratando con todas sus fuerzas por evitar mirar a los ojos al mago frente a él.
─No hay límites con el precio. Y en cuanto a lo otro… que sea grande, pero no al punto de tener mayor tamaño que Teddy.
Draco asiente con la cabeza y lo conduce hacia unos estantes por delante los cuales están repletos de cajas de diversos colores que imitan las pieles de cada una de las razas de dragones. Harry queda completamente asombrado por la innumerable cantidad de distintos peluches y muñecos en forma de estas feroces bestias. Desde pequeños Vipertooths peruanos, hasta temidos Colacuernos húngaros que han sido hechizados para lanzar inofensivas llamas por la boca. Por todas las repisas pueden encontrarse fantásticas imitaciones de estos mágicos e imponentes seres. Sin embargo, Harry no puede evitar pensar que, a pesar de que todos estos juguetes son completamente fascinantes, el único dragón capaz de quitarle el aliento y cautivarlo más allá de la razón es el pensativo joven que tiene a su lado.
Reprendiéndose internamente por dejar que su sensible corazón haga tales acarameladas comparaciones, regresa en sí e intenta prestar atención a la precisa forma con la que Draco le explica las ventajas y desventajas de cada uno de los distintos dragones frente a ellos. Al ver que el Slytherin en verdad parece encontrar apasionante este inusual trabajo, Harry siente un cálido estremecimiento expandirse dentro de sí. Aunque esta agradable sensación se ve opacada por el pequeño rastro de abatimiento que se refleja en esos hermosos ojos grises.
Desafortunadamente, tiene una acertada idea del motivo del desánimo de Draco. Apretando sus puños en un intento por refrenar la ira que lo recorre, entiende que cuánto antes le diga a Malfoy que finalmente alguien está encargándose de devolverle su tranquilidad, más fácil le será a él confesar sus sentimientos sin recibir a cambio una absoluta negativa por parte del rubio. Y antes de que siquiera se detenga a pensar en cómo abordar de la mejor manera posible lo que pasa por su mente, Harry interrumpe la extensa explicación sobre la diferencia entre un Galés Verde y un Hébrido Negro al soltar en un apresurado balbuceo unas palabras.
─Lo sé todo.
─¿Disculpa? ─Pregunta totalmente confundido, mientras lo observa fijamente.
─Sé por qué no usas magia. Sé que el Ministerio te quitó injustamente todos tus bienes materiales. Y también sé lo que les ocurrió a tus padres… que fue Nott quien los asesinó; del mismo modo que sé de las amenazas que te ha hecho a lo largo de estos años, ocasionando que debas alejarte de todos los que te importan para mantenerlos con vida. Y por sobre todas las cosas… sé que el maldito de Nott todavía sigue dispuesto a cumplir su venganza.
Draco escucha atentamente el nervioso balbuceo que Harry suelta sin dar indicios de querer interrumpirlo. Por su parte, Harry se percata de todos y cada uno de los distintos cambios físicos en el cuerpo del Slytherin al escucharlo hablar. Lo primero que parece desaparecer de él es cada ínfima parte de tranquilidad, para ser reemplazadas por tensos músculos y manos cerradas en puños en un intento por reprimir la gran molestia que le ocasiona la situación. Por otro lado, toda su postura grita incomodidad y peligro. Pero lo que realmente hace flaquear la valentía de Harry, es la furibunda mirada que Draco le dirige a través del acerado resplandor de sus ojos.
─Bien por ti, Potter. Estoy seguro de que te darán una orden de Merlín por este descubrimiento. Si ya terminaste de expresar lo obvio, regresemos al motivo por el cual el Hébrido Negro no suele ser el primero que los niños eligen. ─Replica con los dientes apretados, en un molesto arrastre de palabras con el que no le ha vuelto a hablar desde Hogwarts.
─No. Espera… no quise… no estoy diciendo esto porque… ¡Escúchame, maldita sea!
Harry se enfurece al ver que Malfoy parece querer ignorarlo por completo al reanudar su explicación. Sacando fuerzas de lo más profundo de sí, lo toma del brazo y lo voltea, hasta que Draco no tiene más opción que bajar la vista hacia el joven frente a él y regalarle una mirada cargada de irritación y desprecio, una que parte el corazón del Gryffindor en dolorosos fragmentos. No obstante, se obliga a tragar el nudo que siente apretar su garganta e intenta transmitirle a través de sus ojos todo lo que no consigue decir con palabras. Por fortuna, su cerebro parece volver a encenderse y envía las órdenes necesarias para que sus neuronas reaccionen.
─Por favor, escúchame. ¿Sí? No estoy aquí para hacerte revivir malos recuerdos, ni mucho menos para regodearme por todo lo que has pasado. ¡Merlín, ni siquiera puedo enfadarme contigo porque nunca hayas dicho nada sobre las amenazas de Nott! Sólo quiero…
Pero… ¿Qué puede decirle? ¿Qué está completamente molesto con él por jamás haberle pedido ayuda para resolver esta situación? ¿Acaso podía decirle que haría lo que sea para hacerle pagar a Nott y Robards por el dolor que le habían causado? ¿De verdad sería tan valiente como para dejarle en claro que todo esto lo hace porque se ha enamorado perdidamente de Draco?
No, sin dudas este no era el momento de expresar tales sentimientos. Sin embargo, nada puede detener a Harry de aprovechar dicha situación para hallar la respuesta a una interrogante que aún no ha encontrado. Soltando el aire que no recuerda haber retenido, eleva la mirada y con firmeza realiza la pregunta que todavía no ha podido responder.
─Sólo quiero que me digas por qué jamás compraste una nueva varita. Sé que tienes prohibido comercializar con el exterior y… bueno, ambos sabemos cuál fue el destino de la tuya, pero… ¿Por qué? ¿Por qué durante estos tres años nunca has comprado una nueva aquí en Inglaterra?
Por unos segundos, Malfoy lo observa sin poder distinguir si Potter realmente no tiene idea del motivo o sólo está regodeándose de su desgracia. No pudiendo decidirse entre golpear a Harry por su torpeza e ingenuidad o lanzarle un puñetazo por deleitarse de su patética situación, Draco suelta un derrotado suspiro y le lanza una resignada mirada, a la vez que cruza los brazos sobre su pecho.
─No vas a dejar de molestarme hasta que responda, ¿verdad?
─No. Y me conoces mejor que nadie, sabes lo obstinado que soy cuando me dispongo a averiguar algo. ─Responde de inmediato con un inocente tono, mismo que logra sacarle una especie de sonrisa a Draco.
─¿Sabes? Pareces estar al tanto de mi vida más de lo que yo mismo estoy. ─Replica con una sospechosa sonrisita bailando en su rostro, provocando que un nervioso escalofrío recorra el cuerpo entero de Harry. ─Pero jamás mencionas nada de ti. ¿Por qué? ¿Por qué siempre pareces estar solo? ¿En dónde están todos tus pelirrojos amiguitos? ¿Acaso te peleaste con Granger y Weasley y es por eso que vienes todo el tiempo a verme, porque te sientes solo y no tienes con quién hablar? O mejor aún… ¿Por qué de repente pareces estar tan interesado en mi persona, cuando en el pasado no me has brindado más que hostiles miradas?
Harry siente un gran mareo recorrerlo ante toda esa interminable lista de personales preguntas. De inmediato, su cerebro comienza a trabajar arduamente para hallar una forma de esquivar aquellas que podrían terminar revelando por completo sus sentimientos. Luego de que un incómodo silencio se extiende entre ellos por varios segundos, finalmente reúne el coraje suficiente para hablar sin balbucear.
─¿Si te respondo algunas de ellas, me dirás por qué jamás has comprado una varita?
─Tienes mi palabra de Slytherin.
Y Harry no tiene tiempo de aclararle que eso no es ninguna garantía, siendo que todo el mundo conoce la mala reputación que tiene esa casa y cómo son los primeros en ser catalogados como personas en las cuales no confiar ciegamente, porque de su boca comienzan a salir las tan ansiadas palabras. Sólo espera que después de ello Malfoy no lo traicione y responda a su interrogante.
─Bien, me preguntaste por qué no suelo hablar sobre mí. Eso es porque mi vida no es algo interesante para el resto de las personas. A lo largo de estos tres años no he hecho más que enfrascarme en mi trabajo, así que, a menos que quieras que te cuente la disputa que se llevó a cabo entre dos señoras por un pavo navideño… no tengo mucho que decir.
Ante esto, Malfoy arquea una ceja con descreimiento y Harry no puede evitar pensar que sí le gustaría poder llegar a casa después de un agotador día de trabajo para contarle a Draco todas esas divertidas anécdotas. Sacudiendo su cabeza de estos pensamientos, reanuda su explicación.
─No estoy solo, tengo a Teddy y Andrómeda, a toda la familia Weasley y otros buenos amigos de Hogwarts. No, no estoy peleado con Ron y Hermione. ¿De verdad crees que El Profeta no lo habría publicado en primera plana si lo estuviera? ─Cuando Draco rueda sus ojos ante esta afirmación, Harry siente las comisuras de su boca elevarse unos centímetros. ─Y en cuanto a todos los Weasley… ellos fueron a pasar las fiestas a Rumania junto a Charlie.
─¿El Weasley gay y domador de dragones? ─Pregunta Draco, tratando de recordar si su memoria no le falla y ha hecho bien la identificación. No obstante, Harry frunce el ceño ante el extraño interés que su futuro novio muestra por el hermano de Ron.
─Sí, ese mismo. ─Responde entre dientes, sin poder evitar un que un leve rastro de irritación escape de sí. ─Pero lamento informarte que tiene pareja, así que si pensabas…
─¡Agh, por Salazar bendito, Potter! ¡Jamás saldría con un pecoso pelirrojo, por más sexy que éste sea! ─Se apresura a aclarar, a la vez que hace un gesto con las manos sobre su boca, imitando sufrir arcadas por lo dicho. Y esto sólo sirve para que Harry suelte una suave carcajada, mientras siente una gran satisfacción al saber que Draco no ha dicho nada sobre nunca salir con chicos de indomables cabellos negros y ojos verdes. Sin embargo, sale de su momento de euforia mental cuando escucha al otro hablarle. ─¿Y por qué no has ido con ellos?
─Porque tengo algo mucho más importante que hacer aquí. ─Harry consigue frenarse a último momento antes de confesar por completo que el único motivo por el que no ha ido es para poder capturar a Nott y así invitar a Draco a salir. Por fortuna, una mejor excusa se le ocurre al instante. ─No quiero que Teddy y Andrómeda pasen solos las fiestas.
Por un instante, los ojos de Draco reflejan algo de tristeza en ellos, lo cual hace que el nudo en la garganta de Harry comprima dolorosamente su cuello; porque en esos hermosos ojos grises puede vislumbrar la gran soledad que Malfoy siente, provocando que lo asalten unos irrefrenables deseos por verlo sonreír. Sin embargo, la perversa voz de su conciencia le espeta que este es el momento ideal para que Draco finalmente responda a su pregunta ahora que parece estar con la guardia baja. Odiándose a sí mismo por tener que darle la razón, y sabiendo que esto sólo lo disgustará más, pero teniendo la firme certeza de que descubrir esa pregunta que tanto ha ansiado conocer le servirá para realizar la tarea por la que vino aquí en primer lugar, Harry pregunta en un suave tono.
─Ahora es tu turno. ¿Por qué no has comprado otra varita?
─No creas que no me di cuenta que olímpicamente has evadido responder mi última pregunta, Potter. ─Deja salir con una reprobadora mirada que hace sonrojar al Auror. ─Pero ya que insistes, te diré el motivo que tendrías que haber descubierto por ti mismo desde un principio. No he comprado una varita aquí porque el único fabricante de toda Inglaterra es Ollivander.
Al ver que Draco no parece dar mayores explicaciones, Harry frunce el ceño en confusión y le hace saber que no ha comprendido.
─¿Y eso es motivo suficiente para que no compraras una porque…?
─¡Por Merlín, Potter! ¿Acaso no te das cuenta de que jamás podría acercarme a la vidriera sin que el señor Ollivander me saque de allí a hechizos? Y en el improbable caso de que siquiera pudiera ingresar a su tienda… ¿qué se supone que le diría? ─Replica con exasperación. ─¡Oh, ya puedo imaginarme lo bien que iría esa conversación!
Incluso antes de que Malfoy abra la boca, Harry sabe que lo próximo que diga sólo lo hará sentirse como un completo idiota por no haber pensado en ello antes. Por su parte, Draco extiende una macabra sonrisa en sus facciones y comienza a hablar con el mayor sarcasmo posible.
─¡Hola señor, Ollivander! ¿Se acuerda de mí? Soy Draco, Draco Malfoy ¿No me recuerda? ¡Qué pena! Déjeme refrescarle la memoria. Usted fue capturado y encerrado en los calabozos de mi mansión por casi dos años a pedido del Señor Tenebroso. ¿Aún no me recuerda? Soy a quién El Innombrable obligaba a torturarlo con la Cruciatus para castigarlo cuando alguno de sus consejos sobre la Varita de Sauco fallaba. ¿Recuerda cómo me gritaba pidiendo clemencia y yo simplemente lo ignoraba y continuaba maldiciéndolo, no queriendo que El Cara de Serpiente torturara a mis padres por mi desobediencia? ¡Ah, ahora sí se acuerda de mí! Grandiosos días los que pasamos en ese entonces, ¿verdad? Ahora que rememoramos viejos tiempos, me gustaría comprar una varita nueva, si no es mucha molestia. ─Termina su explicación con una gélida mirada que hace temblar al valiente joven frente a él. ─¿Necesitas alguna explicación más o con esta es más que suficiente?
Nuevamente, en los ojos de Malfoy puede apreciarse una gran tristeza y abatimiento, junto a un leve rastro de lo que Harry interpreta como vergüenza. Y si creía que la simple posibilidad de que Draco no corresponda sus sentimientos sería lo más doloroso que debería afrontar en su vida, el ver al orgulloso hombre frente a sí totalmente devastado por los fantasmas de su pasado le sirve de referencia para hacerlo cambiar de parecer. Porque, ante todo, Harry sólo desea que Draco sea feliz, sin importar si no es a su lado. Y es gracias a esos imperiosos anhelos por alegrar la existencia del Slytherin, que recuerda el principal motivo por el que vino a esta tienda.
Entendiendo que no hay mejor momento como el presente para hacer algo que debió haber hecho hace años, reúne todo el valor que tiene para cumplir con su cometido. Y por extraño que parezca, una voz dentro de sí le dice que no es necesario realizar ningún preámbulo para tal accionar. Después de todo, eso no es algo que a Draco vaya a interesarle en lo absoluto. Lo único que realmente le hará ver lo mucho que Harry se preocupa por él es recuperar lo que tanto tiempo atrás creyó perdido para siempre. Y con ello no sólo se refiere al instrumento mágico.
Sin querer retrasar más el momento y sintiéndose totalmente emocionado por ver la reacción de Draco cuando le entregue esta pequeña especie de regalo, coloca una mano en uno de los brazos del Slytherin para llamar su atención. Este simple gesto es más que suficiente para Harry sienta los músculos en los bíceps del rubio tensarse al instante. No queriendo causarle mayor incomodidad de la que ya ha tenido en el día, se aparta del otro y posa la vista en esos grises ojos que lo observan con curiosidad.
─Cierra los ojos.
Las palabras salen de su boca incluso antes de que Harry tenga tiempo de registrarlas, sin embargo, no desvía en ningún momento la mirada y se fuerza a mantener una postura relajada; aunque esto termina convirtiéndose en una titánica tarea, porque los nervios que lo carcomen son insoportables. Por otra parte, Draco parpadea confundido durante unos segundos, hasta que finalmente reacciona y deja salir una ahogada pregunta en algo similar a un susurro.
─¿Qué?
─Por favor, Malfoy. Sólo cierra los ojos por unos segundos.
─¿Por qué? ─Pregunta con sospecha y dando inmediatamente un paso atrás, tal cual animal asustado.
─Confía en mí, ¿sí? Te prometo que todo estará bien.
Draco lo mira con desconfianza por unos segundos más, mientras Harry lo observa fijamente a los ojos, enfundándole con su esmeralda mirada la confianza que necesita para ceder a los deseos del Gryffindor. Finalmente, suelta un desganado suspiro y hace como se le indica. No obstante, su cuerpo se torna aún más tenso y alerta de lo que estaba.
─¡No hagas trampas, porque lo sabré!
─No lo haré. Date prisa.
Por su parte, Harry no puede creer que Draco le haya hecho caso y cerrara sus ojos como se lo pidió. Al instante, la molesta vocecita de su conciencia se regodea por ese hecho y le hace notar que Malfoy en verdad debe confiar en él para acceder a tan extraña petición. Más esperanzado que nunca, rebusca durante unos segundos en su túnica hasta hallar la alargada caja. Con reverencia la saca y con la mano que tiene libre, insta a Draco a descruzar sus brazos. Una vez que éste lo hace, coloca el pequeño paquete en las manos del Slytherin y da un paso atrás.
─Ya puedes abrirlos.
Por un instante, un leve rastro de confusión cruza la gris mirada de Draco. Sin embargo, la misma es reemplazada por sorpresa e ilusión al comprender qué es lo que tiene en sus manos. Casi como si temiera que el objeto desapareciera al menor indicio de un brusco movimiento, Malfoy mueve sus dedos con lentitud para quitar la tapa de la caja y así comprobar que sus sospechas son ciertas. Reverentemente, observa en ella una varita de espino muy conocida y que jamás creyó volver a ver.
Decir que el rostro de Draco se vuelve aún más hermoso de lo que es con esa ilusionada mirada es un eufemismo. Harry cree que nunca ha visto a alguien más precioso en su vida. Y algo dentro de su pecho le dice que, por mucho que busque a lo largo y ancho de todo el mundo, tampoco lo encontrará. Y es entonces, donde entiende que a partir de ahora sólo podrá hacer lo indecible por volver a ver esa maravillada expresión en las facciones del joven frente a sí.
Después de lo que parece ser una eternidad, Draco finalmente logra salir del estado de estupor en el que se encuentra y con temblorosas manos, saca la varita de la caja. Sin perder tiempo alguno, la eleva unos centímetros y la agita en círculos. De la punta de la misma brota una pequeña lluvia de chispas plateadas, lo cual provoca que su ceño se frunza en confusión.
─¿Ocurre algo? ─Pregunta Harry con nerviosismo, al ver que las cosas no parecen ir acorde a lo esperado.
─No, es sólo que… no parece estar respondiéndome como antes. ─Se detiene en su explicación, mordiendo inconscientemente su labio inferior. Y con este gesto, Harry siente cierta parte de su anatomía dar un excitado e inapropiado tirón dentro de sus pantalones. Por fortuna, Draco lo saca de sus lujuriosos pensamientos al extenderle la varita de vuelta. ─Haz algún hechizo con ella.
Al momento de tomar la varita entre sus manos, Harry se asegura de rozar los dedos con los de Draco y este simple roce envía una agradable corriente eléctrica por todo su cuerpo. No queriendo darle mayor importancia a ello, en especial porque no está seguro de no perder cualquier rastro de autocontrol que le queda para pasar a intentar besar al expectante joven frente a él, eleva la varita y conjura una gran cantidad de chispas rojas y doradas sobre sus cabezas.
─Parece funcionar bien. ¿Qué es lo que…? ¡Hey!
Harry observa enfadado a Malfoy, preguntándose por qué demonios éste le arrebató la varita de las manos tan bruscamente. Sin embargo, Draco lo silencia con una irritada mirada y vuelve a alzarla. Nuevamente realiza el mismo conjuro que Harry y, esta vez, de la misma sí explota una impresionante lluvia de chispas verdes y plateadas. Con ello, finalmente comprende el extraño accionar del otro. El señor Ollivander se lo había dicho en la casa de Bill y Fleur, la varita de Malfoy le había dejado de ser fiel porque Harry se había apoderado de su lealtad. Y para recuperarla, Draco debería volver a ganarla.
No obstante, a Harry no podría importarle menos todo el mágico y complejo universo de las lealtades de las varitas, porque se encuentra absolutamente cautivado por la amplia sonrisa que se extiende en el rostro de Draco. Y si creía que esto bastaría para terminar de confirmar lo muy atraído que se siente por él, la forma en que sus ojos parecen brillar con rebosante felicidad termina de asegurarle que está totalmente enamorado del Slytherin.
Harry lo observa en silencio unos segundos más, sintiendo sus propios labios elevarse en una boba sonrisa, mientras se congratula internamente por causar tales emociones positivas en Draco. Finalmente, Malfoy parece recobrar algo de compostura y posa su penetrante mirada en el Auror frente a él.
─No esperes que te agradezca por esto. Después de todo, fuiste tú quien la robó en un primer lugar y, como si eso fuera poco, te tardaste tres años en devolvérmela.
─No serías el Draco Malfoy que conozco si lo hicieras.
A pesar de que debería sentirse ofendido por no recibir ni un pequeño "gracias" por haberle devuelto su varita, sólo puede observar al otro con una divertida sonrisa plasmada en su rostro. Porque detrás de toda esa pantomima altanera y arrogante, Harry vislumbra con facilidad en sus ojos grises el claro agradecimiento que Draco siente por lo que ha hecho.
Inexplicablemente, una gélida y peligrosa mirada oscurece por completo su mirada, ocasionando que Harry se pregunte el motivo de tal reacción cuando todo parecía ir bien.
─¿Qué ocurre?
─Nada. ─Responde de inmediato, pero Harry no le cree y se fuerza a hallar el porqué de este repentino cambio. Presurosa, su mente le muestra la imagen de un escuálido y peligroso Mortífago que tanto sufrimiento le ha causado a Draco.
─¡No! ¡Olvídalo, Malfoy!
─¿Qué…?
─Sé lo que estás pensando. Ahora que tienes tu varita de regreso, irás a buscar a Nott para hacerle pagar por lo que hizo.
Draco ni siquiera se muestra avergonzado por tal declaración y simplemente eleva el rostro en un retador gesto, provocando que la irritación y desesperación de Harry se incrementen con rapidez.
─¿Y qué si lo hago? Nott no va a matarme, él quiere otro tipo de venganza. Y sin dudas no esperaré a que el inútil de Robards se digne a reactivar la investigación porque sé que nunca lo hará. Y tengo la impresión de que tu maldito jefe también tiene algo que ver en el asesinato de mis padres. Así que no veo el motivo por el que no deba encargarme yo mismo de ello. ─Deja salir con marcado enfado. Y justo antes de que Harry comience a enumerar los miles de razones por las cuales él no debería involucrarse en tan peligrosa situación, Draco suelta un desganado suspiro y murmura algo que hará apretar aún más el nudo que el Auror siente en su pecho. ─Además… no es como si tuviera mucho que perder en caso de que Nott me mate. Al menos así ese idiota ya no tendría motivo alguno para querer asesinar a las personas que me importan.
─¡BASTA! ─El grito resuena en el vacío pasillo, sobresaltando a Draco. Con los puños fuertemente apretados a su costado, Harry posa su enfurecida mirada en el otro y le espeta con fuerza. ─No vuelvas jamás a decir algo como eso. ¿Me oíste?
Al ver que Draco parece desistir de sus depresivos pensamientos y asiente con algo similar al temor por la orden que le han dado, Harry prosigue con su explicación.
─Todavía tienes mucho por qué vivir y aún más personas que sólo quieren verte feliz. ─Harry no se molesta en aclararle que él es el primero en encabezar esa lista, por el contrario, sigue con su férrea explicación. ─Así que prométeme que no irás de ninguna forma posible tras Nott. O te juro, Malfoy… que te quitaré la varita y sólo te la daré cuando atrapemos a ese imbécil.
─No vas a quitármela, Potter. ─Dice no del todo convencido, a la vez que aferra con más fuerza su varita entre sus manos. ─Y tal vez no lo sepas, como tantas otras cosas de las que no has estado enterado durante estos tres años, pero nunca lo atraparán porque nadie lo está buscando.
─Nadie lo estaba buscando, querrás decir.
─¿A qué te refieres? ─Pregunta con desconcierto, sin poder evitar que algo de esperanza se refleje en sus ojos.
─Después de descubrir toda la verdad y luego de que Robards tuviera una sospechosa actitud cuando le pregunté sobre la investigación del asesinato de tus padres, busqué los informes y allí comprobé que lo habían cerrado. Así que hablé con el Ministro para que me asignara al caso. Puedes estar seguro de que atraparé a Nott antes de que termine el año, Malfoy.
─¡NO! ─El aterrado grito lo descoloca por completo, no comprendiendo el motivo de tal exclamación siendo que esto debería ser una grandiosa noticia para él. No obstante, Draco lo observa con desesperación y una intensa mirada que parece querer tomar a Harry y encadenarlo en una habitación para que no escape. ─Apártate de esto, Potter.
─¿Por qué? ─Responde con un retador gesto, imitando la arrogante postura que adoptó Malfoy unos instantes atrás.
─Porque esto no es un juego, idiota. Tú no conoces a Nott como yo lo hago. Créeme, él es más peligroso de lo que parece. Y si algo te pasa por intentar apresarlo… yo no... ─Draco se detiene segundos antes de soltar algo que no debería, pero Harry comprende con alegría que la gran preocupación que siente es por él. Sin embargo, Malfoy no dice nada más sobre este desliz y pone otra excusa como motivo de su intranquilidad. ─¡Piensa en Teddy! Eres su padrino, no puedes correr tales riesgos por algo que no es tu responsabilidad… por algo que no te afecta directamente a ti.
─¡Pero sí pone en riesgo a las personas que me importan! ─Espeta con fiereza, demostrándole en esa ardiente mirada que él también está incluido entre esa lista de personas. Draco lo observa con resignación, sabiendo que nada de lo que diga o haga hará cambiar de parecer al terco Auror, por más que así lo desee. ─Confía en mí, sé lo que hago. Además, soy el mago que venció a Voldemort, ¿recuerdas? Nott simplemente parece un chiste al lado de él. No te preocupes por mí, estaré bien.
─Pff… no estoy preocupado por ti, imbécil.
Sin embargo, el ligero sonrojo que cubre su pálido rostro desmiente por completo sus palabras. Ninguno de los dos dice nada más, provocando que un gran silencio los recorra. No tienen idea de cuánto tiempo pasan así, simplemente perdidos en sus pensamientos. Aunque después de unos segundos, Draco parece recordar algo y sin esperar a que el otro lo siga, camina por el pasillo hasta dar con unos estantes que están plagados de cajas que recuerdan a escamas negras. Elevando su varita, lanza un Accio hacia una de las que se encuentran en la repisa de arriba y se la extiende a Harry. Cuando éste la toma entre sus manos, descubre que dentro de ella se encuentra una fiel réplica de peluche de un feroz dragón que ha tenido la "dicha" de enfrentar.
─¿Un Colacuerno húngaro? ¿En serio?
─Deberías sentirte orgulloso, eres una especie de celebridad entre los niños. Todos los pequeños que cruzan esta tienda suelen pedirles a sus padres esa raza porque así podrán imaginar que enfrentan a este dragón junto al héroe del mundo mágico. Aunque, últimamente la versión de "Aurores al Combate" que se parece a ti también ha salido mucho estas fiestas. Pero no creo que Teddy quiera uno de ellos cuando puede tener al Harry Potter real para jugar con él. ─Responde soltando una divertida risita al ver el leve sonrojo en las mejillas del Gryffindor. Tornándose más serio, Draco observa a Harry con una intensa mirada y dice: ─Confía en mí, Potter. A Teddy le encantará. Estoy seguro de que él te ha pedido que le cuentes sobre la vez que enfrentaste a ese dragón. Si le regalas esto, pasarás a ser el mejor padrino del mundo. No podrás despegarte de él jamás. Y cada vez que lo visites… querrá que suban a su habitación a revivir la primera prueba del Torneo de los Tres Magos.
─¿Estás seguro de lo que dices? Porque toda esa explicación sólo parece indicar los motivos por los cuales no debería llevarle este dragón. ─Replica con diversión, provocando que Draco ruede los ojos y le propine un fuerte golpe en el brazo. ─¡Auch! ¡Eso me dolió, idiota!
─Eres muy débil, Potty.
─No lo soy. Tú eres el que tiene una fuerza desmedida.
Y entre bromas y leves empujones, ambos dirigen sus pasos hacia el frente de la tienda para envolver el regalo. Cuando finalmente logran alcanzar otro desierto pasillo, Harry logra reunir el valor necesario para hacerle la pregunta a Draco que nunca encontró el momento adecuado para realizar.
─Hoy es nochebuena. ─Deja salir con la mayor indiferencia que puede, pero el efecto se ve arruinado por el leve temblor en su voz.
─Y mañana es Navidad, dime algo que no sepa todo el mundo.
Al escuchar el irritante sarcasmo en las palabras del Slytherin, Harry no puede evitar rodar los ojos con molestia a la vez que le regala un fuerte codazo en las costillas al joven que está soltando una divertida risita.
─Si ya terminaste de comportarte como el idiota más grande en existencia, déjame continuar. ─Harry siente las comisuras de sus labios volver a elevarse al ver que Draco asiente solemnemente y realiza un pomposo gesto para demostrarle que puede hablar. Luego de tomar una bocanada de aire, suelta apresuradamente su propuesta. ─Andrómeda me ha invitado a cenar con ella y Teddy. Y pensé que tal vez querrías venir. Es decir, eres su sobrino y sé que a ella le encantaría tenerte hoy allí… y como ya has recuperado tu varita creí que…
─Potter… ─Harry se ve interrumpido al ver que Draco ha detenido sus pasos y está observándolo con una mezcla de inquietantes emociones. ─Agradezco la invitación, pero no iré. No voy a arriesgarme a que Nott los agregue a su lista de los próximos a asesinar. Por más de dos años he podido evitar que él encuentre a Pansy y Blaise. Y gracias a que nunca supo nada sobre Andrómeda, Teddy y… Lo que quiero decir es que, hasta que no pueda estar seguro de que Nott se halla tras las rejas, no pondré en riesgo la vida de los que me importan.
─¡Pero no puedes pasar Navidad solo! ─Responde con prisa, tratando de convencerlo a todo costo de que desista de sus miedos y los acompañe.
─No será la primera Navidad que pase así. Olvídalo, ¿sí? No es la gran cosa.
─Pero, Malfoy… nadie puede saber cuánto tiempo va a costarme apresarlo. Si es verdad lo que dices y ese maldito es tan peligroso y astuto… no será sencillo. No importa cuánto me esfuerce en ello. Además, voy a estar allí. Nott no se atrevería a atacar una casa en la que se encuentra el mejor Auror del cuartel. ─Deja salir con un pagado tono, creyendo que quizás con esta exuberante confianza que desborda pueda hacerlo cambiar de parecer.
─¡Cuánta humildad junta, Potter! Es increíble que tu cabeza pueda sostener todo el peso de tu gran ego. ─Replica sardónicamente, mientras lo observa con una evaluativa mirada. Y Harry no puede evitar removerse con incomodidad ante este intenso escrutinio. Finalmente, Draco parece tomar una decisión y deja salir con firmeza. ─Bien. Me has convencido. Iré.
─¿En serio? ─El ilusionado tono con el que Harry pregunta esto hace que una nostálgica mueca cubra las facciones de Draco, porque sabe que lo próximo que dirá borrará esa hermosa e inocente sonrisa en el rostro del Auror.
─Sí, pero con una condición.
─¿Cuál? ─Pregunta emocionado, diciéndose que está dispuesto a hacer lo que sea que Draco le pida si eso consigue que cene con ellos.
─Quiero que te apartes de la búsqueda de Nott. Haz que otro Auror tome el caso. ─Responde con absoluta seriedad.
─¿Qué? ¿Estás loco? ¡No voy a hacer eso! ─Expresa con enfado, sintiendo desaparecer de sí cualquier esperanza que haya tenido con respecto a la cena navideña.
─Entonces no iré.
Y sin decir nada más, Malfoy reanuda su andar por la tienda. Inmediatamente, Harry se apresura a seguirlo para al menos intentar hacer entrar en razón al terco joven a su lado.
─¡Oh, vamos, Malfoy! De todas las cosas que podrías haberme perdido… ¿Justamente tiene que ser la única que no puedo cumplir? ─Viendo que no obtiene respuesta alguna, Harry vuelve a tomarlo del brazo para forzarlo a que lo mire a los ojos. ─¡Al menos dime por qué estás tan empecinado con sacarme del caso!
─¡¿Por qué no puedes entender que no quiero que entres en la lista de personas a las que Nott intenta matar?!
Y ante esta obvia declaración, siente su pecho hincharse con una abrumante sensación que parece despertar algo dentro de su estómago. Aunque Harry está seguro de que aquello que se remueve en sí no son mariposas, sino una manada de centauros corriendo eufóricos por el Bosque Prohibido. Por su parte, Draco parece haber quedado completamente petrificado en el lugar por obra de su desliz y sin posibilidad alguna de refutar dichas palabras.
Harry sabe que tiene que decir algo, lo que sea, pero está convencido que de su boca sólo saldrán ininteligibles tartamudeos. Después de lo que parce una eternidad, Draco recupera la compostura. Cruzándose de brazos y evitando lo mejor que puede la expectante mirada esmeralda del Auror, comienza a hablar en desganados murmullos.
─Olvídalo, ¿quieres? Siempre te gustó llevarme la contraria. No me sorprende que con esto ocurra lo mismo. Así que sólo… ─Draco vuelve a morder su labio, como si no estuviera seguro de decir lo que tiene en mente. Por fortuna para Harry, éste parece rendirse y simplemente soltar apresurado lo que tanto lo inquieta. ─…Sólo ten cuidado. No exageré cuando dije que en verdad Theo es más peligroso de lo que parece.
─Descuida, lo tendré. ─Responde en un suave susurro. ─Y sólo para que lo sepas… yo tampoco exageré cuando dije que era el mejor Auror del cuartel.
─¡Y nuevamente, Harry Potter nos conmueve con su gran modestia!
Esto es lo único que ambos necesitan para dejar el tema a un lado y reemprender el camino hacia los mostradores cerca de la entrada. Cuando finalmente llegan a ellos, Draco saca papel de color dorado y unas brillantes cintas plateadas. Quitándole la caja que Harry aún sostiene, comienza a envolver el regalo con sus propias manos. Ante la confundida mirada que el otro le dirige, Malfoy simplemente se encoge de hombros y deja salir algo en un despreocupado tono que lo hace reír de inmediato.
─Por los viejos tiempos.
Luego de colocar el envuelto regalo en una bolsa de papel, Draco guía a Harry hacia el mostrador de la entrada en el que se encuentra sentado el señor Clausell. Afortunadamente, el anciano no dice nada ante la obvia camaradería entre los dos jóvenes, aunque el divertido brillo en sus ojos es más que suficiente para hacer que Harry se sonroje.
Una vez que el señor Clausell le cobra, Harry gira su rostro para intentar convencer una última vez al Slytherin de cenar con ellos esta noche. Desafortunadamente, nuevos clientes ingresan en la tienda, ocasionando que Draco sólo pueda regalarle una última intensa mirada, antes de desaparecer presuroso a atender al siguiente cliente.
Sintiéndose desdichado al no haberle podido siquiera desear una feliz Navidad a Draco, se apresura a despedirse del señor Clausell y reticentemente sale de la abarrotada juguetería. Antes de desaparecer hacia su solitario hogar, Harry gira sobre sus talones y observa entre la gran muchedumbre de la tienda la sonriente figura de Draco, mientras convoca con su varita dos cajas de muñecas de una alta repisa.
Con esta imagen frente a sí, se dice que al menos ha conseguido devolverle algo de luz a la triste y desolada vida de Draco. Y si la magia de la Navidad lo permite… quizás Harry consiga terminar de devolverle toda la felicidad que tanto desea.
oOoOoOo
Aclaración dentro del capítulo: todas las razas de dragones mencionadas en el capítulo han sido sacadas de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos" de J.K. Rowling.
Notas finales: ya estamos a casi nada del final. Espero que este capítulo también les haya gustado. Como siempre, trataré de tener listo el próximo cuanto antes.
Besito enorme y nos leemos pronto.
