Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Les pido disculpas por la tardanza, pero tuve un monumental bloqueo de inspiración y me llevó más de la cuenta recuperar a mi musa. Así que en compensación, les traigo el que se ha convertido en el capítulo más extenso (y seguramente más interesante) de este fic. ;)

Como siempre, millones de gracias por todas sus alertas, favoritos y reviews que tan feliz me hacen. Antes de dejarlos leer, quiero enviarles un saludo especial a Kuroneko1490, yumeatelier, La pooh, mESTEFANIAb, Comodin, jess Granger s y Little Feniix quienes me dejaron sus bellas opiniones en el capítulo pasado. ¡En verdad lo aprecio!

Advertencia: tuve que subir el Rating a M por las explícitas escenas de violencia que habrá en el capítulo. Queda a su total y absoluta responsabilidad continuar leyendo.


My Only Wish This Year: Tiernos regalos, nobles actos de valentía

24 de diciembre de 2001

Dormir. Eso parece ser en lo único que su cerebro es capaz de pensar. Y como viene haciendo durante las últimas tres horas, lo ignora por completo y continúa rebuscando entre la desordenada pila de pergaminos en su escritorio. Sin embargo, el agotamiento comienza a traspasar la parte mental para instaurarse también en la física. Inmediatamente, Harry percibe cómo uno por uno sus músculos empiezan a resentir toda esta extenuación, provocando que dolorosos pinchazos recorran lugares de su cuerpo a los que jamás le brindó la mínima atención. ¡Vamos, que ni siquiera sabía que muchos de ellos podían provocar dolencias! Pero lo hacen y eso sólo consigue que se torne una quimérica tarea el mantenerse completamente concentrado en el trabajo que está realizando.

Soltando un frustrado suspiro, masajea con la yema de los dedos sus irritados ojos por debajo de los sucios vidrios de sus gafas, intentando con ello despejar algo del cansancio que comienza a percibir acumularse en cada resquicio de su cuerpo. Pero es imposible no empezar a notar el insoportable e invisible peso sobre sus hombros, siendo que ha estado despierto y trabajando arduamente por casi once horas consecutivas.

Un irritado gruñido escapa de sus resecos labios al comprender que las leves punzadas que ha estado percibiendo a lo largo de las últimas horas han pasado a convertirse en un intenso dolor de cabeza. Volviendo a reacomodarse las gafas en el puente de su nariz y totalmente resignándose a conseguir desaparecer el malestar que origina su agotamiento, Harry toma el primer pergamino que encuentra sobre la mesa e intenta enfocar toda la escasa concentración que le queda en las borrosas palabras escritas allí.

Después de haber releído el mismo párrafo siete veces sin poder captar una sola frase de ello, se da por vencido y arroja con desbordada ira sobre la mesa el grueso fajo de pergaminos que tiene en sus manos. Y ante esto, la molesta vocecita de su conciencia parece no encontrar mejor momento que ese para ponerse en plan madre-regañona, haciéndole notar que cada segundo que pierde auto compadeciéndose por algo tan insignificante como un dolor de cabeza, es otro segundo que le regala al maldito de Nott para cumplir con su cometido.

A pesar de que se regaña a sí mismo por suponer cosas antes de tiempo, no puede evitar tener una extraña sensación en su pecho diciéndole que hoy será el día; finalmente y después de haber estado oculto por tres años, Nott encontraría la forma de lastimar nuevamente a Draco. No tiene idea de dónde salen tales pensamientos ni mucho menos qué los origina, pero de lo que sí está seguro es que rara vez sus intuiciones le han fallado y, sinceramente, la dolorosa opresión que siente retumbar en su pecho, junto a la silenciosa cuenta regresiva que ha comenzado a correr en su mente, no ayudan en lo absoluto a que Harry pueda ignorar esos nefastos presentimientos.

Tomando la sensata decisión de no seguir perdiendo el tiempo en cavilaciones que no harán más que incrementar la desesperación que ya posee, Harry se levanta de la silla giratoria de su escritorio y dirige sus pasos hacia la cafetería del Ministerio con la clara intención de comprar un cargado té que le ayude a despejar todo el cansancio que empieza a hacerse insostenible, y de paso, aprovechar el trayecto para despejar por unos segundos la mente de todos esos inservibles reportes de casos en los que se ha mencionado a sospechosos con características similares a las de Nott.

No tiene muy en claro qué es lo que pretende al rebuscar en ellos, ya que sinceramente no espera encontrar la actual dirección del Mortífago anotada junto a los márgenes de uno de estos pergaminos. Lo único que sabe es que ésta pareció ser una grandiosa idea después de haber hablado con algunos de sus "contactos" en el Callejón Knockturn, para ver si alguien había visto u oído algo sobre el posible paradero de Nott. Sin embargo, al no haber conseguido nada más que negativas por parte de todo el mundo, a Harry no le quedó más remedio que desistir de sus planes y regresar al Ministerio para tratar de hallar algo en los archiveros. Desafortunadamente, al igual que con los delincuentes de doble moral que contactó en un principio, éstos carecían de información relevante alguna.

Sin duda Draco no exageraba cuando dijo que Nott era mucho más listo de lo que aparentaba, porque sólo alguien con la inteligencia suficiente podría haber continuado con las amenazas hacia uno de sus compañeros de escuela y sin que nadie se percatara de nada. Nadie lo había vuelto a ver, ni había sabido nada más. No obstante, una molesta sensación en su pecho le dice que Nott está más cerca de lo que todos creen y sólo está escondiéndose como la vil serpiente que es para atacar cuando menos lo esperen.

Unos irrefrenables deseos por molerlo a maldiciones lo asaltan al pensar en todo el daño que ese Mortífago está ocasionándole a Draco, pero se fuerza a tranquilizar sus descontroladas emociones y pensar con la cabeza en frío como el buen y competente Auror que es, porque sin duda perder los estribos en estos momentos sólo perjudicaría a una sola persona... y ésta era Draco.

Harry no consigue evitar que una pequeña sonrisa se asome a través de sus cansadas facciones, al rememorar en su mente el momento en el que Draco le confesó que él es parte de la lista de personas a las que no quiere que Nott lastime y, por ende, a las que está protegiendo al mantenerse alejado de ellas. Automáticamente, su ceño se frunce con irritación cuando comprende que Draco no aceptará salir con él hasta que no atrape a Nott.

Sintiendo reforzarse sus deseos por deshacerse del responsable de que no pueda estar junto a la persona que ama, Harry apresura sus pasos para llegar al ascensor. Una vez que alcanza uno de ellos, ingresa en él y presiona el piso que lo llevará hasta la cafetería. No obstante, escucha a alguien llamarlo antes de que las puertas se cierren por completo.

─¡Harry, detenlo!

Inmediatamente, Harry coloca uno de sus pies entre ambas hojas del ascensor para evitar que se cierren, permitiéndole colarse dentro al Auror que viene corriendo.

─¡Uff, gracias, compañero! No estoy de humor para esperar por el próximo.

─¿Qué ocurre? ─Pregunta por simple educación, aunque en estos momentos a Harry no podría importarle menos los inconvenientes que tenga el Auror Savage, por más desconsiderado que suene. Él ya tenía demasiados problemas con el imbécil de Nott como para, además, tener que molestarse por resolver los de otros.

─¡Es ese maldito caso con la desaparición de pociones el que no me deja en paz! No tengo ni una sola pista y mucho menos un sospechoso en la mira, pero aun así siguen evaporándose de las tiendas misteriosamente. Lo más curioso de todo es que quien esté haciéndolo no sigue un patrón. Sus robos son completamente aleatorios y van desde el Callejón Diagon hasta el Callejón Knockturn, sin contar que ahora también se ha sumado Hogsmeade. Y esto sólo hace que se vuelva imposible saber qué boticaria asaltará la próxima vez y en qué día. ─Responde Savage con un irritado gesto plasmado en su rostro.

─¿Qué pociones están robando?

─Multijugos.

─¿Poción Multijugos? ¿Sólo esa? ─Pregunta Harry con desconfianza, sintiendo crepitar con mayor fuerza la desagradable sensación dentro de su pecho.

─Sí, sólo esa. ¿Verdad que es extraño? ¿Para qué querría alguien esa poción si no va a utilizarla para evitar ser reconocido cuando intente robar algo de mayor valor? Y sin duda esa no es la intensión del delincuente, porque nadie ha hecho ninguna denuncia de robo o amenazas. ─Dice con clara confusión. Sin embargo, una divertida risita escapa de Savage a la vez que deja salir en un cómplice susurro algo que hará reír forzosamente a Harry. ─¿Sabes? No me extrañaría en lo absoluto que quien sea que esté robando la poción la esté usando para hacer realidad algún fetiche sexual; y yo aquí, rompiéndome la cabeza intentando atrapar a un astuto ladrón de reliquias antiguas. O quizás… con la Multijugos se esté haciendo pasar por otra persona para conseguir acostarse con alguien que, de saber la verdad, jamás aceptaría.

Harry vuelve a reír con incomodidad, mientras escucha a su compañero carcajearse por tal ocurrencia. No obstante, en su mente resuena sin parar la idea que Savage considera absurda como una pista fundamental para su investigación. Porque esta especie de risible pensamiento explica con certeza cómo Nott ha podido pasar desapercibido para todos por tanto tiempo, sin que nadie se percate de nada.

De repente, pasa fugaz por su mente la imagen de un joven alto y rubio sujetando uno de los antebrazos de Malfoy en la juguetería, a la vez que lo taladra con fuerza el recuerdo de la impotente y desolada mirada que Draco le dirigió por unos segundos mientras el misterioso acosador le hablaba. Y es entonces, donde finalmente Harry descubre la identidad de su "competencia". ¡El misterioso acosador de Draco no era otro más que el maldito de Nott!

Inmediatamente, Harry siente deseos de darse cabezazos contra las paredes de hierro del ascensor al no haberse percatado de ello antes. ¿Cómo diablos no se le ocurrió siquiera que ese hombre podía ser Nott bajo un disfraz? ¿Por qué, en el nombre de todo lo que es bendito, no le dio la debida importancia a todos los detalles y explicaciones que recolectó de ese "admirador"? ¿Cómo pudo ser tan idiota de no volver a repasar la conversación con el dueño de la juguetería, siendo que en ésta se hallaban todas las respuestas que estaba buscando?

El señor Clausell se lo había dicho claramente, ese tipo había venido a ver a Draco durante la última semana y siempre en diferentes días y horarios. Harry vuelve a sentir nuevos e irrefrenables impulsos de autocastigarse tal cual elfo doméstico que ha insultado a su amo por haber pasado por alto tan importantes detalles. Afortunadamente, logra detenerse a tiempo antes de comenzar a golpear su cabeza contra el ascensor.

Tratando de evitar que algo similar a un gruñido escape de su boca, Harry debe reconocer a regañadientes que Nott en verdad era listo. Porque éste se había asegurado de amenazar a Draco en la juguetería en distintos días y horarios, logrando con ello que nadie pueda rastrearlo al no tener un patrón al cual seguir, además de la adicional sensación de impotencia y terror que le generaba con ello a Draco al mantenerlo expectante y alerta por su próxima "visita".

En un intento por aplacar la rabia que lo carcome, Harry cierra sus puños con fuerza a los costados, mientras continúa repasando en su mente toda la conversación con el dueño de la juguetería. Y es en ese momento donde descubre cómo, según el señor Clausell, el misterioso admirador siempre se las ingenia para que sea Draco quien lo atienda. No obstante, tiene la certeza de que eso no es mérito de la astucia de Nott. Porque sí, quizás la primera vez que vino a recordarle que aún planeaba cobrar venganza sí haya esperado a que Draco lo atienda; sin embargo, Harry está casi totalmente convencido de que, a partir de ese día, el mismo Draco fue quien ha hecho hasta lo imposible para ser quien lo atienda, evitando con ello que Nott intente lastimar a alguno de los otros empleados o al mismo Nicholas Clausell.

Y ante esta realización, Harry no puede evitar que la ira que lo carcome traspase alarmantes niveles, a tal punto de hacer que vea todo de un peligroso rojo a su alrededor. Por otra parte, la molesta voz de su conciencia no contribuye en lo absoluto para calmar los instintos asesinos que comienzan a despertar en sí, debido a que ésta bufa con fastidio al recordarle lo torpe que es por no haber hecho antes las conexiones necesarias de algo que ha estado claramente frente a sus ojos por tanto tiempo.

Absolutamente enfadado consigo mismo, Harry vuelve a pensar en lo que el Auror Savage ha dicho sobre los aleatorios robos de Poción Multijugos y con ello siente que darse cabezazos contra la pared no será suficiente castigo por no haber pensado en esa posibilidad antes, porque es algo más que obvio que Nott es quien está robándolas. Y, de hecho, todo parece coincidir perfectamente, ya que la forma en que ha estado asaltando distintos boticarios en diferentes días sigue el mismo patrón que sus "visitas" a la juguetería.

Decidiendo que ya es hora de dejar de perder el tiempo maldiciéndose internamente por no haber notado todo esto antes, Harry concentra todas sus energías en buscar la forma de atrapar al imbécil de Nott ahora que finalmente ha conseguido armar todo el rompecabezas. No obstante, el recuerdo del hechizo que le lanzó antes de que saliera por la puerta de la juguetería provoca que una perversa sonrisa se extienda por sus facciones, incomodando de inmediato al otro Auror a su lado.

─¿Es… estás bien, Harry? ─Tartamudea con incomodidad, no gustándole para nada esa maquiavélica sonrisa.

─Oh, no podría estar mejor. ─Y es cierto, ya que sólo debe sentarse a esperar a que Nott vuelva a acercarse siquiera a unos pocos centímetros del lugar de trabajo de Draco, para finalmente darle su merecido a ese malnacido. Sin embargo, estos pensamientos no son algo que quiera compartir con Savage, por lo que se apresura a poner su mejor máscara de afable Gryffindor antes de preguntar con una solemne expresión. ─Mantenme al tanto del caso de la desaparición de pociones, ¿de acuerdo?

Con un metálico ruido, las puertas del ascensor se abren en el piso que lo llevará a la cafetería. Ante esto, Harry se despide del otro Auror y sale apresurado del reducido espacio, no dándole ninguna oportunidad a Savage de preguntarle el motivo por el que parece interesado en ese aburrido robo de pociones. Una vez que el ascensor vuelve a cerrarse para llevar al ocupante hacia su destino, Harry se dirige al otro elevador junto al que acaba de salir y presiona para llamarlo.

Gracias a este maravilloso e inesperado descubrimiento, totalmente olvidado ha quedado cualquier rastro de cansancio que había en su cuerpo, por lo que Harry no encuentra motivo alguno para quedarse dentro del Ministerio a esperar el momento en el que Nott dé un paso en falso. Pacientemente, aguarda durante unos segundos por el ascensor, y cuando cree que llegará más rápido si simplemente baja por las escaleras, un metálico tintineo se escucha y de inmediato se abren las puertas del mismo. Mientras ingresa y presiona el número ocho, Harry agradece mentalmente que éste se encuentre vacío.

Las puertas se cierran y el ascensor comienza a moverse a gran velocidad para llevarlo a su destino. Harry se permite soltar un aliviado suspiro, mientras observa el desdibujado reflejo de su rostro en la lisa superficie metálica; porque después de dos intensos y agotadores días de trabajo en busca de una simple pista que pudiera ayudarle a dar con el maldito de Nott, finalmente el destino se puso de su lado y le ha permitido encontrar la solución a todo este dilema. Ahora sólo era cuestión de esperar a que ese Mortífago diera el siguiente paso, para que al fin pueda darle su merecido.

Abruptamente, el ascensor se detiene y abre sus puertas, sacándolo por completo de unos perturbadores pensamientos en los que imagina a Nott retorcerse con insoportable dolor. Harry alza la mirada y frente a sus ojos aparece el amplio y silencioso atrio del Ministerio. Apresurándose a salir, comienza a caminar en dirección a las chimeneas, aunque un ruido detrás de sí hace que gire su cabeza. De otro de los ascensores, sale la alta e imponente figura de Kingsley Shacklebolt.

─¡Por amor a Merlín, Potter! ¿Qué demonios haces aún aquí? Por favor dime que vas directo a cenar con tu ahijado y no a enfrascarte en la búsqueda de Nott. Es la última vez que te lo advierto, Harry. Utiliza sólo tus horas laborales para la investigación. No hagas que tenga que poner a Proudfoot en tu lugar. ─Reprende con firmeza, a la vez que coloca una de sus grandes manos en un preocupado gesto sobre el hombro del Auror.

─Descuida, Kingsley, eso iba a hacer. ─Se apresura a responder, aunque Harry no puede evitar que un leve sonrojo tiña sus mejillas al sólo haber recordado la cena con Andrómeda y Teddy gracias a las palabras del Ministro. ─Y sólo para que lo sepas… la reprimenda fue innecesaria, porque ya tengo todo listo para atrapar a Nott.

─¿De verdad? ¿Lograste encontrarlo? ¡Eso es estupendo! ¿Y a qué esperabas para contarme?

Harry comienza a relatarle todo sobre la desaparición de Poción Multijugos, junto a las sospechas que tiene sobre el misterioso acosador que ha estado visitando a Draco durante la última semana, mientras ambos dirigen sus pasos hacia las chimeneas. Una vez que se paran junto a una de éstas, Kingsley frunce el ceño y lo observa por unos segundos con algo similar a la sospecha.

─¿Qué ocurre?

─¿Estás seguro de que no son tus celos los que hablan por ti?

─¿De qué…?

─Me refiero a tus sospechas sobre el "acosador" de Malfoy. ¿Estás completamente seguro de que es Nott? ¿O sólo estás aprovechando la situación para alejar a la competencia de tu príncipe? ─Dice con un divertido tono, sin poder reprimir una fuerte carcajada al ver la ultrajada y nerviosa reacción en el muchacho a su lado.

─Yo… yo no… ¡Jamás haría algo como eso! ─Responde con un agudo grito y sintiendo enrojecer al reconocer que, en algún punto, la idea de usar su poder como Auror para alejar al acosador de Draco, sea Nott o no, sí pasó por su mente.

─¡Oh, sólo bromeaba, Harry! Confío plenamente en tus intuiciones y si dices que ese es Nott, entonces te creo. Y no estoy diciendo esto sólo porque todas las pistas encajan y apuntan a que sí es la persona que buscamos. ─El Ministro vuelve a colocar una mano en el hombro de Harry, demostrándole con este gesto que sus palabras son ciertas. Sin embargo, antes de dejarlo ir, Kingsley cambia su expresión por una más seria y dice en un grave tono unas palabras que hacen sentir al Auror como un niño siendo reprendido por su padre. ─Pero en lo que no confío es en que no mates a Nott cuando lo atrapes. Te conozco lo suficiente como para saber que intentarás hacerle pagar por todo el dolor que le ha hecho pasar a Malfoy.

─No voy a hacer eso. Mi trabajo es apresar al delincuente y…

─Sí, sí, todos sabemos ese verso de memoria, Harry. Pero cuando hay sentimientos involucrados de por medio, las cosas se tornan completamente diferentes. Sólo mira lo que Robards ha hecho por culpa de ellos.

─¡No voy a apartarme del caso! Fui quien descubrió todo y él único que durante todo este tiempo se ha preocupado por…

─No estoy pidiéndote que te apartes del caso, porque sé que de todos modos no acatarías mi orden y seguirías inmiscuyéndote en él. ─Harry se sonroja ante la intensa y reprobadora mirada que el Ministro le da, mientras admite para sus adentros que éste no está tan equivocado con sus suposiciones. Aunque no tiene mucho tiempo para realizar análisis sobre su dudosa moral, ya que Shacklebolt vuelve a hablar. ─Pero sí voy a exigirte que me incluyas en la alerta del hechizo. Al menos con ello impediré que muelas a maldiciones a Nott y evites con ello que podamos interrogarlo como es debido.

No encontrando una forma de librarse de esta petición y reconociendo a regañadientes de que Kingsley está en lo cierto y quizás sea prudente que alguien se aparezca junto a él cuando la alerta sea dada, Harry asiente de acuerdo y saca su varita. Al instante, el Ministro lo imita y con unos pocos movimientos de la suya, Harry realiza los encantamientos necesarios para que también Shacklebolt esté al tanto del momento en el que Nott vuelva a acercarse a la juguetería.

─¡Oh, ya cambia esa cara! Esto no cambia nada, aún serás tú quien se lleve todo el crédito y los halagos de tu amado príncipe cuando atrapes a Nott, porque sin duda no creo que Malfoy quiera besarme a mí en agradecimiento. ─Deja salir con un divertido tono, a la vez que le guiña un ojo en complicidad.

─Yo no… eso ni siquiera es… ¡Ya deja de decir que es mi príncipe, porque no lo es! ─Suelta Harry en un ininteligible balbuceo, haciendo reír con mayor fuerza al alto hombre a su lado.

─¡Oh, pero no puedes negarme que te gustaría que lo fuera!

Y con esa última declaración, Kingsley toma un puñado de polvos flu del jarrón junto a la chimenea, antes de ingresar en ella y desaparecer hacia su hogar. Rumiando su descontento al haberse convertido en la víctima de las bromas del Ministro, y maldiciendo internamente a la voz de su conciencia que traicionera deja en claro lo mucho que le gustaría que Draco se convierta en su príncipe, Harry mete la mano en el jarro y saca algo de ese grisáceo polvo. Una vez que lo arroja a las llamas e ingresa en la chimenea, grita con firmeza la dirección de su hogar. Inmediatamente, un torbellino de esmeraldas flamas lo transportan hacia el solitario número doce de Grimmauld Place.

Luego de salir a trompicones por la chimenea, Harry parpadea confundido ante la anormal quietud del lugar. Sin embargo, su momento de desconcierto dura sólo unos pocos segundos ya que al instante recuerda que fue él mismo quien le ordenó a su elfo doméstico ayudar a Andrómeda con la cena para asegurarse con ello de que, en el improbable caso que Nott decidiera atacarlos mientras él se encontraba en la oficina, Kreacher pudiera defenderlos con su magia.

Sacudiendo su cabeza de estos pensamientos, se apresura a subir las escaleras. Una vez que ingresa en el desordenado dormitorio, Harry comienza a quitarse descuidadamente sus prendas con la clara intención de darse una breve ducha antes de partir a la casa de Teddy. El baño no sirve para eliminar cualquier vestigio de agotamiento que recorre su cuerpo, pero sí logra que varios de sus músculos se relajen bajo esa caliente lluvia.

Todavía secando su despeinado cabello con una suave toalla, Harry vuelve a ingresar en la habitación tenuemente iluminada. Cuando considera que ya ha quitado el mayor rastro de humedad de su cabeza, va directo al armario para rebuscar entre el gran desorden de ropa que dejó el día anterior. Sin embargo, las únicas prendas que parecen haber sobrevivido a la avalancha que ha arremetido dentro del ropero, sin tener en ellas considerables arrugas, son un par de ajustados pantalones negros y la camisa de color rojo claro (bermellón, según la sabionda corrección de Hermione) que Charlie le regaló para su pasado cumpleaños.

Encogiéndose de hombros, las toma y comienza a colocárselas distraídamente, sin importarle demasiado si éstas combinan o lo hacen ver más atractivo. Después de todo, no es como si Draco fuera a cenar con ellos y tuviera que esforzarse al máximo por captar su atención. No queriendo adentrarse en esta clase de depresivos pensamientos que sólo lo llevarán a despertar los instintos asesinos que desean arrancarle la cabeza a Nott con sus propias manos, Harry termina de arremangar a la altura de sus codos las mangas de la camisa y busca por todo el gran desorden que hay algo para cubrir sus pies.

Luego de estar debidamente enfundado en unas botas negras, se coloca la chaqueta de cuero colgada en la silla de su escritorio y sale directo hacia las escaleras. Una vez que la tétrica sala de su hogar lo recibe, Harry toma del viejo sofá los regalos de Teddy y Andrómeda que dejó preparados allí para recordar llevarlos. Mientras camina hacia la chimenea, saca su varita y los reduce para poder guardarlos dentro de uno de los bolsillos de la chaqueta. Después de encender una pequeña hoguera y arrojar un puñado de polvos flu, ingresa en ella y suelta con firmeza la dirección a la que desea ir.

Segundos después, aterriza con torpeza dentro de la sala de Andrómeda entre un flameante remolino esmeralda. Casi con macabra ironía siente un leve rastro de alivio al saber que Draco no aceptó cenar con ellos, porque sin duda no quiere que éste lo vea tambalearse tan precariamente al salir de una chimenea. Con una mezcla de vergüenza e irritación, se pregunta cuándo será el día que aprenda a viajar por este medio de trasporte mágico sin hacer el ridículo en el proceso.

Harry sale del mental momento de auto desprecio al escuchar una suave risita a la izquierda, lo cual provoca que su actual sonrojo se incremente alarmantemente; porque no necesita oír ni una sola palabra salir de los finos labios de esa mujer, para saber qué es lo que tanta gracia le causa.

─Hola, Andrómeda. Siento la tardanza.

─¡Oh, no hay por qué disculparse, querido! Adelante, pasa.

Harry da unos cautelosos pasos hacia adelante, rogando a cualquier deidad que lo esté escuchando por no tropezar con su túnica al salir de la chimenea. Tardíamente recuerda que sus miedos son completamente infundados, porque en estos momentos no está vistiendo una de ellas. Más confiado al percatarse de este hecho, se acerca hacia la bella mujer todo lo imponente que su escasa estatura le permite ser y deja un torpe beso en la mejilla de ésta. Andrómeda simplemente vuelve a reír y le regala una divertida mirada.

─Estás muy apuesto, Harry. Creo que jamás te he visto poner tanto empeño para vestirte. ¿Por qué será que te has producido tanto? ¿Acaso planeas ver a alguien?

Inmediatamente, siente sus mejillas calentarse ante la maliciosa mirada que le dirige la astuta mujer, mientras una especie de sudor frío eleva cada vello de su cuerpo. Harry no tiene idea de qué decir a continuación ni mucho menos cómo negar tal afirmación, porque está seguro de que pretender que no sabe de qué está hablándole no será una solución. Principalmente debido a que Andrómeda no le creerá, por más cierta que esta aseveración sea. Afortunadamente, su cerebro parece estar en su máximo apogeo y le brinda una salida a dicho conflicto.

─¡Por supuesto que planeo ver a alguien! Y ese mismo es un hombrecito de escasa estatura que ama los dragones. ─Responde con una gran sonrisa, girando la vista hacia todos lados para hallar la figura de su ahijado.

─Lo siento, Harry, pero creo que no estaría comprendiendo... ¿A quién exactamente estás refiriéndote con lo de "hombrecito de escasa estatura que ama los dragones"? ¿A Teddy o a ti mismo? ─ Replica más afilada que nunca, sacando a relucir toda su astucia Slytherin en una sola pregunta.

─Yo… no es… ¿Qué? ¡Andrómeda!

Harry siente su rostro quemar en vergüenza ante esta clara y para nada sutil insinuación hacia sus sentimientos por Draco, a la vez que se pregunta internamente si debería sentirse más ofendido por la forma en que lo que siente por Draco es motivo de risa para ella o por el hecho que lo haya llamado "hombrecito de escasa estatura". Por su parte, Andrómeda no hace más que lanzarle otra divertida risita antes de desaparecer por la puerta que la llevará a la cocina.

Inmediatamente, Harry se hace una nota mental de jamás reunir en la misma habitación a Kingsley Shacklebolt con esta astuta mujer porque si ambos son así de molestos por separado, no quiere ni imaginar las cosas que podrían llegar a decirle de estar los dos juntos. Negando para sí y tratando de eliminar el leve rastro de sonrojo que todavía lo asalta, Harry se dispone a encontrar a su ahijado que, extrañamente, aún no ha dado señales de vida. Sin embargo, no alcanza a dar más de dos pasos antes de sentir un característico peso apresando sus piernas.

─¡Harry! ¡Viniste!

─Claro que vine, enano. ¿Cómo no iba a hacerlo? ─Responde con alegría, tomando al pequeño entre sus brazos para darle un fuerte beso en su rechoncha mejilla.

─¡Es Navidad! ─Deja salir con regocijo, retorciéndose inquieto entre los brazos de su padrino a la vez que le señala el gran árbol sobre una de las esquinas de la sala. Y con todo este despliegue de emoción, Harry no encuentra el valor suficiente para sacar al menor de su error y aclararle que, en realidad, hoy es la víspera de Navidad. ─¡Y hay regalos! ¿Me trajiste regalos? ¿Puedo abrirlos?

Harry no puede evitar derretirse ante la tierna e inocente mirada que Teddy le regala, una que es capaz de forzarlo a hacer instantáneamente la voluntad de ese pequeño bulto en sus brazos. No obstante, segundos antes de que saque el obsequio que tan perfectamente Draco eligió y envolvió, Andrómeda aparece con varias bandejas flotando detrás para colocarlas en la preparada mesa, a la vez que le dirige una severa mirada a su nieto.

─¿Qué hablamos sobre eso, Teddy? Primero cenaremos y luego abriremos los obsequios.

─Pero…

─Sin peros, jovencito. Ven, vamos a lavarnos las manos. ─Dice Andrómeda en un tono que no admite derecho a réplica y Teddy parece comprender este hecho, porque deja que su abuela lo tome entre sus brazos y lo lleve hacia el baño sin rechistar. ─Toma asiento, Harry. En unos segundos estaremos contigo.

Harry los ve alejarse por el pasillo sin poder creer que estuvo a punto de caer en una de las tretas de su ahijado para conseguir lo que quiere. Sin duda pasar tanto tiempo con una Slytherin está convirtiéndolo en un astuto niño. Y si estos cambios ya comenzaban a notarse con la sola presencia de Andrómeda, no quiere ni imaginarse lo que será de ese pequeño cuando Draco regrese a sus vidas. Soltando una especie de resignado bufido, Harry les devuelve el tamaño normal a los obsequios y los coloca junto a los otros que hay desperdigados estratégicamente alrededor del árbol de Navidad.

Una vez hecho esto, se saca la chaqueta de cuero y la coloca en el perchero junto a la puerta. Harry posa la vista en el pasillo que conduce a las habitaciones cuando escucha unos apresurados pasos acercarse en su dirección, es entonces donde ve a su ahijado corriendo alegre delante de una cansada mujer que le repite una y otra vez que tenga cuidado. Harry sonríe ante la marcada emoción en el pequeño, mientras toma asiento en la mesa frente a uno de los platos.

La cena pasa tranquilamente entre risas y anécdotas, aunque Harry no puede evitar tener una desagradable sensación en su pecho que le dice que, a pesar de estar junto a personas que en verdad aprecia, sin duda hay algo que falta para que el momento sea perfecto. Y ese algo tiene muy en claro que es un imposiblemente atractivo y sarcástico rubio que responde al nombre de Draco Malfoy.

Rápidamente, aleja estos tristes pensamientos antes de que comience a sentir su corazón apretar dolorosamente al recordar que, en estos momentos, Draco debe estar cenando solo en su pequeño departamento. Por fortuna, un suave tirón en sus pantalones lo saca de ese estado de melancolía en el que parece haber caído. Bajando su mirada, Harry observa al causante de traerlo nuevamente a la realidad.

─¿Regalos? ─Pregunta Teddy con un ilusionado tono que consigue derretir al instante el pequeño témpano de hielo que se ha formado en el pecho de Harry.

─Mmm… no lo sé. ¿Qué dices, Andrómeda? ¿Este pequeño se portó lo suficientemente bien durante todo el año para recibir obsequios? ─Deja salir con fingida desconfianza, haciendo reír a la mujer a su lado.

─No lo sé. ¿Tú qué dices, Teddy? ¿Has sido un buen niño?

─¡Sí! ¡Soy bueno!

─Muy bien, ya que estás tan seguro… entonces creo que puedes ir a abrirlos.

Y Teddy no necesita más confirmación que esa para salir corriendo directo hacia la gran pila de la izquierda, la cual contiene todos los regalos dirigidos a él. Andrómeda y Harry se apresuran a seguirlo, desapareciendo con pases de su varita los fragmentos de destrozados papeles que comienzan a acumularse en el suelo, mientras ríen ante los emocionados grititos que el pequeño da con cada juguete nuevo que recibe.

Poco a poco, la gran pila de obsequios en el lado de su ahijado disminuye hasta que sólo queda el que Harry le ha traído. Al ver el gran tamaño de la caja, los ojos de Teddy refulgen con alegría y emoción. A pesar de que éste no deja salir ni un sonido de su boca, ambos adultos pueden asegurar que por la mente del pequeño sólo puede oírse una especie de mantra que grita "dragón". Y antes de que Teddy comience a rasgar sin miramientos el papel que con tanta dedicación Draco colocó, Harry lo detiene y deja salir unas palabras que quizás debió haberse percatado de expresar antes.

─Teddy… ese regalo es…

─Ese regalo es el que tu padrino compró en la tienda donde trabaja el primo Draco. Él fue quien le ayudó a elegirlo. ¿Verdad, Harry? ─Se apresura a responder Andrómeda, evitando que Harry pueda incluir a Draco dentro de los que le han dado ese obsequio.

─Mmm… sí, así es. ─Responde algo confundido, dándole a la mujer a su lado una significativa mirada que clama por una explicación. No obstante, Andrómeda lo ignora y se dirige a su nieto.

─¿Qué tienes que decirle a tu padrino, Teddy?

─¡Gracias, tío Harry!

Con una envidiable velocidad, se incorpora y corre para abrazar a su padrino, amortiguando estas palabras contra el pecho del Auror. Harry lo envuelve con fuerza por unos segundos antes de dejarlo libre para que pueda finalmente abrir ese gran obsequio. Sin embargo, Teddy ha dejado de lado cualquier rastro de desbordado descuido que hasta ahora ha demostrado para romper los envoltorios. Por el contrario, toma una de las puntas del papel y comienza a retirarlo con suavidad, como si se tratara de algo valioso.

Harry no entiende el repentino cambio en el accionar de su ahijado, mas no está seguro de querer preguntar. Afortunadamente, Andrómeda lo rescata de su dilema interno al brindarle una explicación.

─Siempre que recibe un regalo que Draco ha envuelto se comporta de esa forma. Además de tratar el papel como si fuera algo sumamente precioso, Teddy me prohíbe tirarlo y se asegura de que lo guarde. Creo que, como Draco no puede estar cerca nuestro, es la única forma que él encuentra para asegurarse de tenerlo siempre presente. De seguro te estás preguntando por qué no pareció tener el mismo cuidado unos instantes atrás, ¿verdad? ─Cuando Harry asiente con la cabeza, Andrómeda continúa con su explicación. ─Eso es porque no fue Draco quien envolvió los regalos, sino la otra chica que trabaja allí. Él no quiso arriesgarse a atendernos, alegando que sería mucho más peligroso para nosotros acercarnos a él en estas fechas.

Inmediatamente, Harry siente sus ojos picar por las contenidas lágrimas ante este inocente y dulce gesto que su ahijado tiene con su primo. Sin embargo, lo que termina de llenar su corazón de un abrumador y agradable calor es la forma en que Draco continúa protegiéndolos a Andrómeda y Teddy. Aunque Harry no tiene demasiado tiempo para pensar en ello, ya que un agudo gritito retumba con fuerza por toda la sala, sacándolo de los perturbadores deseos asesinos que comienzan a despertar dentro de sí y que están dirigidos únicamente hacia el maldito de Nott.

La expresión de pura felicidad en el rostro de Teddy es inigualable y esto sólo hace que deba agradecerle internamente a Draco por haberle aconsejado tan bien qué regalarle. Harry posa la vista en su ahijado y se asegura de apartar los inoportunos pensares que comienzan a surgir dentro de su cabeza. Unos que tienen como protagonista a un ardiente rubio y en donde le demuestra con actos para nada púdicos cuán agradecido se siente con él. Sin duda lo que menos desea en estos momentos es excitarse por obra de su imaginativa mente.

Al bajar la vista, Harry observa cómo Teddy saca de la caja una afelpada imitación de un Colacuerno húngaro con temblorosas manos, y sin pensarlo dos veces, toma con fuerza el gran y suave muñeco y lo abraza contra su pecho. Ambos adultos no pueden evitar reír al ver el imparable e ininteligible balbuceo que suelta el pequeño contra la cabeza del dragón, como si estuviera contándole un importante secreto.

─Creo que eso significa que le gustó su regalo.

─Oh, sólo espero que Draco te haya dado un dragón a prueba de manchas, Harry. Porque estoy segura de que será imposible quitárselo para lavarlo. ─Suelta Andrómeda con algo de preocupación, mientras lee la caja del dragón para ver si allí se especifica algo sobre hechizos de auto limpieza.

─Descuida, Draco es un experto en esto. Estoy seguro que él pensó en ello mucho antes de que nosotros lo hiciéramos. ─Responde distraído, mientras abre el regalo que Andrómeda le ha dado. Y es gracias a esta desatención, que no consigue ver la divertida mirada que la astuta mujer le da.

─Mmm… Que Draco nunca te oiga hablando bien de él o harás que vuelva a ser el vanidoso y presuntuoso chico que era.

─¡Por Merlín bendito! Nunca vas a dejar de molestarme con ello, ¿verdad?

─No hasta que ustedes dos estén juntos. ─Replica de inmediato, giñándole un ojo en complicidad y haciendo que Harry suelte un resignado suspiro.

─Entonces voy a tener que darme prisa y capturar a Nott cuanto antes.

─Por cierto, ¿cómo vas con eso? ─Pregunta distraída, a la vez que abre el regalo que Harry le ha dado. ─¡Oh, muchas gracias, Harry! He querido comprar este libro desde que salió, pero no he tenido ni un minuto de respiro estos días.

Harry le da una tímida sonrisa y comienza a relatarle todas las sospechas que tiene sobre ese misterioso acosador que ha visitado a Draco durante toda la semana, mientras observa fijamente a su ahijado jugar con el gran dragón junto al árbol de Navidad. Cuando termina su relato, Andrómeda lo mira en silencio por unos segundos y suelta una pregunta que reafirmará su anterior determinación de jamás hacer que ésta se encuentre en el mismo espacio físico que Kingsley.

─¿Estás completamente seguro de que el acosador que pone nervioso a Draco no eres tú en vez de Nott?

─¡Andrómeda! ─Espeta nerviosamente, tratando de ocultar la vergüenza que le provocan los astutos comentarios de esa ladina bruja.

─¡Sólo bromeaba, Harry!

Sin embargo, y a pesar de que se ha convertido en el blanco de las bromas de esa bella mujer, Harry no puede enfadarse con ella. No cuando finalmente parece haber recuperado algo de la luz que desapareció de sus ojos desde el mismo instante en que la guerra le arrebató a casi toda su familia.

Un reprimido bostezo frente a ellos los saca a ambos de su ensimismamiento, haciendo que eleven la vista hacia el pequeño que intenta infructíferamente disimular el cansancio que comienza a vencerlo. Decidiendo que ya se ha hecho tarde para que un niño de tan escasa edad esté fuera de la cama, Harry toma a Teddy en uno de sus brazos y al dragón en el otro y los lleva a la habitación de su ahijado para acostarlo. Una vez que éste se encuentra debidamente arropado en la pequeña cama junto a su nuevo juguete, Harry le da un suave beso en la mejilla y sale del cuarto. Cuando regresa a la sala, descubre que todos los platos ya han sido retirados de la mesa, mientras que Andrómeda se encarga de ordenar un poco algunos de los envoltorios que todavía quedan desperdigados por el suelo.

─Ya se durmió.

─Gracias, Harry. Por todo.

Y con estas palabras entiende que no sólo se refiere a haber acostado a Teddy. Dándole una de sus más brillantes sonrisas, se acerca a la mujer que a veces logra exasperarlo y le da un fuerte abrazo. Sintiendo el cansancio de todo el día pasarle factura, Harry se disculpa por no acompañarla a tomar una taza de té y promete volver a visitarla mañana, a la vez que le asegura mantenerla al tanto de cualquier novedad con respecto a Nott. Tomando su regalo y la chaqueta, dirige sus pasos hacia la chimenea para regresar a su hogar. No obstante, antes de desaparecer entre un remolino de llamas verdes, Harry puede vislumbrar un divertido brillo en la mirada de Andrómeda que no augura nada bueno.

Nuevamente aterriza con torpeza en la lúgubre sala de Grimmauld Place, maldiciendo para sus adentros el tener dos pies izquierdos. Luego de enviar con un hechizo todo lo que trae en las manos hacia su habitación, Harry se tira completamente agotado en el desvencijado sillón, sin importarle que pueda quedarse dormido en cualquier momento. Sin embargo, un radiante destello debajo del árbol de Navidad capta de inmediato su atención. Extrañamente, ese resplandor nada tiene que ver con las pequeñas hadas que perezosas revolotean entre las ramas cubiertas de adornos. Inmediatamente, saca su varita y se levanta del cómodo asiento en el que se encuentra para acercarse con cautela al extraño objeto.

Desconcertado, observa el pequeño obsequio perfectamente envuelto con un resplandeciente papel de color verde que se parece demasiado al color de sus ojos. ¿Por qué se encuentra ese regalo aquí? Harry está totalmente seguro que Kreacher siempre se asegura de enviar todos los presentes a su habitación para que, al igual que ocurría en Hogwarts, al despertar en la mañana los tenga a los pies de su cama. ¿Acaso su elfo se había olvidado de ese regalo?

Teniendo la certeza de que es muy poco probable que Kreacher haya cometido un error como éste, Harry eleva con firmeza la varita y comienza a realizar distintos hechizos para detectar magia negra. De inmediato, su conciencia despierta y le susurra que quizás sería más sencillo si simplemente le preguntara a Kreacher sobre este misterioso hecho.

─¡Kreacher!

─¿El amo llamó a Kreacher? ¿Qué puede hacer Kreacher por el amo?

─¿Qué hace ese regalo aquí? ─Pregunta sin dejar de convocar hechizos que puedan revelar alguna mala intención en lo que hay dentro de ese paquete.

─La señora Andrómeda Black le ordenó a Kreacher que lo pusiera aquí. Ella le dijo a Kreacher que cuando el amo le preguntara por él, le dijera que era un regalo proveniente de la juguetería.

─¿De la juguetería?

─Sí, amo.

Harry siente un repentino y excitante hormigueo ante las palabras de su elfo. ¿Podría ser que ese regalo provenga de parte de Draco? El leve cosquilleo en su estómago se convierte en una fuerte corriente eléctrica, la cual hace que se le erice por completo la piel. Por otra parte, su corazón comienza a latir desenfrenado ante la perspectiva de que la persona que le ha robado el pensamiento le haya regalado algo.

No queriendo perder más tiempo, toma rápidamente el obsequio entre sus manos y comienza a rasgar el papel con incontrolable entusiasmo. Totalmente olvidado queda cualquier rastro de sospecha que pudo haber tenido sobre la posible magia negra que contenga el mismo. Cuando finalmente logra apartar el brillante papel verde, una caja de color azul eléctrico aparece frente a su campo visual.

Harry no puede evitar observar con absoluto desconcierto la figura dentro de ésta, porque frente a sus anonadados ojos se encuentra la réplica que se parece a él de "Aurores al Combate" sólo que, esta vez, el juguete tiene grabada en su frente una precisa copia de la cicatriz que la maldición asesina le dejó. Totalmente confundido, saca al pequeño muñeco de la caja y lo sostiene cerca de su campo visual para examinarlo mejor. Es entonces, cuando comprueba que no se ha equivocado y el mini-Auror sí tiene estampada una fiel imitación de su famosa cicatriz en forma de rayo.

No entiende con qué propósito alguien le regalaría un juguete como ese, pero lo que más lo desilusiona es no tener la seguridad de que sea Draco quien lo haya enviado. Un decepcionado suspiro escapa de sus labios, a la vez que siente desaparecer cualquier rastro de ese excitante cosquilleo en su pecho. Harry percibe por el rabillo del ojo una figura moviéndose frente a sí, no obstante, vuelve a posar su completa atención en el pequeño Auror al ver que sólo se trata de su elfo doméstico que está quitando del suelo los restos de destrozado papel.

Inmediatamente, pone a trabajar su agotada mente para encontrar una explicación a tan peculiar obsequio. A su vez, Harry trata de convencerse de cualquier forma posible que éste sí fue enviado por Draco. Por fortuna, no debe pensar demasiado en diversas excusas, ya que Kreacher encuentra una pequeña nota entre uno de los fragmentos de papel de regalo.

─Amo… Kreacher ha encontrado una tarjeta. ¿Debe Kreacher tirarla también, amo?

─¿Qué? ¡NO! ¡Dámela!

Soltando un exasperado gruñido por la exagerada exclamación, Kreacher toma la olvidada tarjeta y se la entrega. Sin perder un solo segundo, Harry le da vuelta y comienza a leer la misiva. Aunque la estilizada y afilada caligrafía con la que está escrita es más que suficiente para hacer que el rostro del Auror se ilumine con dicha, mientras que a su cuerpo retornan las tan conocidas mariposas en el estómago.

Harry-me-considero-el-mejor-Auror-del-mundo-Potter:

Ya que tu sensible ego pareció sentirse ultrajado por la imprecisa caracterización de "Aurores al Combate", decidí tomarme la total libertad de utilizar mi varita (recientemente recuperada) para corregir dicho defecto. Considéralo mi buena acción de Navidad para este año.

Sólo roguemos a Merlín que no tenga que lamentar haber tomado esta decisión. Y antes de que comiences a despotricar en vano… no, no me estoy refiriendo al hecho de que Nott pueda llegar a desquitarse contigo si descubre que fui quien te envió esto. Después de todo, como tan humildemente lo has expresado, Nott nunca se atrevería a atacar una casa en la que se encuentra el mejor Auror del cuartel. Además, me he asegurado de que sea mi jefe quien coloque este paquete en la bolsa que Andrómeda llevó hoy, por lo que no tendría por qué sospechar nada de ello.

En cambio, el que me preocupa eres tú. Porque estoy seguro que esta nueva y mejorada versión de juguete sólo incrementará el inflado ego que tienes. Así que trata de no pasar el resto de tu vida admirando la perfección del pequeño mini-tú que tienes en tus manos. Recuerda lo que le ocurrió al pobre Narciso, no querrás terminar igual que él, ¿verdad?

No digas que no te lo advertí, Potter.

Draco.

Una vez que termina de leer las sarcásticas palabras, una fuerte carcajada escapa de los resecos labios del Gryffindor. No tiene idea alguna de cómo se le pudo ocurrir a Draco que éste sería un buen regalo de Navidad. Sin embargo, Harry no consigue evitar pensar que jamás ha recibido algo más perfecto en toda su corta vida, por más extraño que parezca. A pesar de que ese pequeño juguete no vaya a serle de mucha utilidad, más que para entretener a su ahijado cuando tenga que cuidarlo, es lo que éste representa lo que realmente lo conmueve. Porque Harry está completamente acostumbrado a leer entre líneas, obra de los interrogatorios que debe realizar en su trabajo a los distintos delincuentes, como para saber qué es lo que trata de decirle Draco con esa críptica carta.

No queriendo darse falsas esperanzas, vuelve a leer la nota para asegurarse de que no ha malinterpretado las señales. Sin embargo, después de releerla tres veces más y llegar a la misma conclusión en cada una de ellas, no le queda más opción que admitir con regocijo que no ha sido su ilusionado corazón quien ha visto cosas donde no las hay. Porque Harry entiende que la única y retorcida forma que tiene Draco de desearle una feliz Navidad es a través de sardónicas palabras. Y con esta carta, también se aseguraba de agradecerle por haberle devuelto su varita. Pero lo que sin duda eleva aún más las esperanzas del Auror, es el hecho de finalmente poder confirmar sus previas sospechas. Porque enmascarado detrás de todo ese característico sarcasmo, Draco vuelve a demostrarle que Harry está incluido dentro de la lista de personas que no desea que Nott lastime.

Y como si todo esto no fuera suficiente, descubre con marcada felicidad que Draco en verdad confía en las aptitudes de Harry como Auror, lo suficiente como para haberse arriesgado a enviarle un regalo por medio de Andrómeda. El abrumador calor que comienza a sentir crepitar en su interior es capaz de derretir hasta el mismísimo polo norte. Y ante esta eufórica sensación que recorre su cuerpo, Harry no consigue evitar preguntarse cómo diablos hará para contenerse y no salir directo a besar hasta la inconciencia al sarcástico y por demás atractivo joven del que está perdidamente enamorado.

Tan ensimismado está tratando de reprimir los vergonzosos deseos de tomar a la pequeña réplica de sí mismo en sus brazos y apretarlo en un fuerte abrazo como Teddy hizo horas atrás con su dragón, que no percibe el llamativo zumbido que comienza a escucharse desde el bolsillo de su pantalón. Y sólo consigue descender de esa nube de fantasía, misma en la que imagina cientos de felices finales junto a Draco, cuando siente a alguien jalar insistentemente su pierna. Al bajar la mirada, Harry observa la anciana figura de su gruñón elfo.

─Amo… su pantalón está zumbando. ¿Qué debe hacer Kreacher?

─¿De qué estás…?

Abruptamente, su embotado cerebro despierta de esa ensoñación en la que se encuentra saltando de felicidad ante lo mucho que significa para Draco, para posar toda su atención en el bolsillo derecho de su pantalón quien, indudablemente, está zumbando desenfrenado. Cualquier rastro de alegría desaparece por completo de su rostro al comprender lo que esta alerta significa. Nott había vuelto a acercarse a la juguetería.

Harry abre desmesuradamente sus ojos, mientras siente un desagradable escalofrío recorrerlo entero. Y aunque lo intenta, no puede evitar que un terrible sentimiento se apodere de su pecho, mismo que le dice que algo terrible ocurrirá si no se da prisa. ¿Cómo pudo ser tan idiota para no haberse percatado antes? ¿Cuánto tiempo hacía que su varita estaba sonando? Sin duda con ello puede comprobar el dicho popular que afirma que el amor vuelve idiota a cualquiera.

Harry se golpea mentalmente por estar perdiendo el tiempo de esta manera y sin siquiera preocuparse por colocarse una abrigada chaqueta, toma con fuerza su varita y se desaparece con la clara intención de terminar con esto de una vez por todas.

Cuando abre los ojos, las desérticas y heladas calles del Callejón Diagon lo saludan. Rápidamente, alza su varita y realiza un conjuro para evitar que nadie pueda desaparecerse en ese sector, no queriendo darle la oportunidad a Nott de que pueda escapar en el improbable caso de que no consiga apresarlo. Con todo el sigilo que puede reunir, Harry comienza a caminar con cautela los pasos que lo separan de la juguetería, mientras aferra con mayor firmeza su varita. Sin embargo, nada fuera de lo normal parece encontrarse en la vacía tienda. ¿Acaso había llegado tarde y Nott ya se había desaparecido?

Gracias a sus entrenados reflejos de Auror, Harry logra captar por el rabillo del ojo un leve movimiento a su derecha, dándole el tiempo suficiente a ponerse a cubierto detrás del callejón sin salida en el que vio a Draco la vez que se reencontraron. El hechizo que iba dirigido a él impacta en la vidriera de la juguetería, pero ningún ruido se escucha cuando el cristal se hace añicos. Con ello, Harry comprueba que Nott ha realizado un conjuro para que nadie pueda oír lo que ocurre, evitando así que las personas que viven en los alrededores se percaten de lo que éste ha venido a hacer.

Desafortunadamente, el brusco movimiento hace que sus gafas caigan y se estrellen contra el piso, ocasionando que los cristales de las mismas se resquebrajen. Harry se agacha a juntarlas justo a tiempo de que otro encantamiento pase volando en el lugar que se encontraba su cabeza unos segundos atrás. Luego de enviar un hechizo paralizante en la dirección por la que vino el conjuro, toma los anteojos y se los coloca con prisa. Aunque Harry no tiene tiempo de arreglarlos, ya que otro haz de luz verde pasa volando cerca su rostro.

Harry aprieta con mayor fuerza su varita, reprendiéndose por haberse confiado a tal punto de no realizar un encantamiento desilusionador sobre sí mismo antes de aparecerse. Sin perder más tiempo, alza la varita para ejecutar este conjuro. Al instante, la desagradable sensación de que alguien ha partido un huevo sobre su cabeza le indica que el hechizo se ha activado. Sigilosamente sale del callejón sin salida, justo a tiempo de que la porción de pared sobre la que estaba apoyado estalle.

Inmediatamente, Harry envía un Finite Incantatem hacia el lugar del que provino el hechizo, logrando que el conjuro que mantenía oculto a su atacante se termine. Y esta acción sirve para finalmente comprobar que todas sus sospechas eran acertadas. Portando una desquiciada sonrisa, aparece frente a sus ojos la delgada y alta figura de Theodore Nott.

Al instante, y como si se tratase de una macabra película que avanza a rápida velocidad, pasan por su mente los nefastos accionares que ha hecho este Mortífago por obra de una venganza sin sentido. Los crueles asesinatos de Lucius y Narcisa Malfoy… Todo el dolor y sufrimiento por el que ha tenido que pasar Draco sin nadie a su lado que lo consuele… Y todas las amenazas que ha estado prodigándole a lo largo de estos tres años, las cuales provocaron que Draco deba apartarse de sus seres queridos para poder protegerlos...

Es por obra de estos recuerdos que Harry siente a la mortífera bestia que vive dentro de su ser despertarse y comenzar a rugir con fiereza, instándolo a hacerle pagar al responsable de todos los tormentos de Draco. Su esmeralda mirada refulge en la oscura noche como dos iracundas y peligrosas gemas, capaces de matar sólo con la intensidad que poseen. No obstante, el encantamiento desilusionador que tiene puesto evita que Nott pueda percatarse de ello.

─¡Oh, pero miren a quién tenemos aquí! El grandioso e invencible Auror estrella del Ministerio… El Elegido… Nuestro "Niño Que Vivió".

Nott suelta una desquiciada carcajada cuando termina de decir estas palabras repletas de sarcasmo, pero sin dejar de apuntar con su varita hacia todos lados a la espera de un ataque. Aprovechando la ventaja que le brinda el no poder ser visto por el otro, Harry envía un hechizo aturdidor hacia el Mortífago. Sin embargo, éste es fácilmente desviado gracias al escudo que Nott alza sobre sí mismo, a la vez que lanza una maldición asesina en la dirección que provino el rayo rojo. Nuevamente, debe reconocer que este trastornado joven no es tan inútil como creía en un principio. Sin duda Draco estaba en lo cierto al afirmar que Nott era más peligroso de lo que aparentaba.

─Nunca creí que diría esto del Gryffindor que clama ser el mago más poderoso de Inglaterra, pero no eres muy valiente que digamos, Potter. Porque de serlo, te enfrentarías a mí sin ese hechizo desilusionador. ¿Qué ocurre? ¿Acaso tienes miedo de no ser capaz de vencerme si pierdes tu pequeña ventaja?

Otra malvada carcajada acompaña esta provocación, haciendo que el odio que siente por este desagradable ser alcance temibles niveles en cuestión de segundos. Totalmente enceguecido por las venenosas palabras, y con unos irrefrenables deseos por demostrarle quién es el verdadero cobarde aquí, Harry cae en la trampa y accede a la implícita orden de Nott. Alzando su varita, realiza un Finite Incantatem sobre sí mismo y elimina el hechizo que lo vuelve invisible a los ojos del otro hombre.

Cuando aparece frente al campo visual de Nott, la amplia e inquietante sonrisa que se extiende por todo el rostro del Mortífago le hacen pensar que quizás haya cometido un terrible error al dejar que su herido orgullo tome el control de sus actos. Sin embargo, y a pesar de que internamente está maldiciéndose por haber perdido los estribos de esa forma, Harry no flaquea ni muestra señal alguna de debilidad. Por el contrario, apunta firmemente su varita al pecho de Nott y se asegura de estar alerta ante cualquier mínimo movimiento que el otro realice.

─¿Ya estás contento? Ahora no tendrás excusa alguna para justificar la forma en que voy a destrozarte. ─Deja salir Harry con el mayor rencor que puede impregnar en su tono.

─¿En verdad estás tan seguro de que podrás vencerme? ─Pregunta con incredulidad, mientras lo observa con una maliciosa mirada. ─¿Sabes? Draco siempre te sobreestimó.

La simple mención de Draco hace que Harry sienta su mano izquierda cerrarse en un puño, mientras intenta con todas sus fuerzas mantener bajo control su cordura, antes de que comience a lanzarle hechizos a diestra y siniestra. Nott parece percatarse del sensible punto que ha tocado, y como el desquiciado mago que es, utiliza toda su artillería pesada para terminar de romper la calma del Auror.

─A pesar de que nunca lo diga en voz alta, cualquiera puede ver la patética admiración que siente por tus "grandes hazañas". ─Harry comienza a sentir un eléctrico cosquilleo por todo su ser, el cual no puede distinguir si es producto de la adrenalina que recorre su cuerpo o por el hecho de saber que Draco en verdad lo admira. Desafortunadamente, no puede continuar pensando en ello porque Nott vuelve a hablar. ─¡Oh, pero yo no soy tan idiota como él! Porque sé que no eres más que un fraude. Tus hazañas no son grandiosas ni mucho menos excepcionales. Simplemente eres un tonto niño que has tenido siempre la suerte de su lado y que sólo has podido sobrevivir gracias a que tuviste detrás un mago mucho más capaz que te respaldara, manipulando la situación de manera tal que todo te fuera más sencillo.

─Es increíble que un Mortífago como tú reconozca que Dumbledore fue un mago sumamente capaz, siendo que tu querido amo lo odiaba. ¿No es eso irónico? ─Replica con gran sarcasmo, sintiendo sus venas arder ante esa declaración que Nott ha hecho. Porque a pesar de que se repita una y mil veces que ésta es sólo la forma que tiene el otro de jugar con su mente, una pequeña parte de sí aun siente sobre sus hombros el peso de todas las muertes que han contribuido a que pudiera deshacerse de Voldemort.

─¡Me hieres en lo más profundo, Potter! No porque haya querido ver muerto a ese insufrible viejo amante de sangres sucias, quiera decir que no reconozca su capacidad mágica. Pero basta de aburridas charlas, terminemos con esto cuanto antes, ¿quieres? Aún tengo que darle una pequeña visita al afable ancianito que tanto protege a Malfoy. ─Harry abre desmesuradamente sus ojos al comprender que Nott está aquí para asesinar al señor Clausell. Sin embargo, la maldición que estuvo a punto de lanzarle se ve interrumpida cuando éste vuelve a hablar. ─¿Lo ves? No soy tan malvado como piensas. Sólo quiero darle un increíble regalo de Navidad a Draco.

Cansado de estar parado sin hacer nada y sintiendo nauseas al ver la perversa mueca que forman los labios de Nott, Harry le lanza un poderoso maleficio al demente hombre frente a sí, mas éste logra apartarse hacia un costado y contratacar sin problemas. Harry lo desvía de inmediato y comienza a enviar una imparable seguidilla de diversos hechizos paralizantes. La velocidad y fuerza con la que son conjurados hace que Nott no consiga bloquearlos a todos a tiempo, ocasionando que uno de ellos impacte por completo en su pecho.

Con un ruido sordo, Nott cae atado desde el pecho hasta los pies con gruesas cuerdas negras y sin poder escapar de esa prisión. Inmediatamente, Harry convoca la varita del Mortífago y la guarda en uno de los bolsillos de su pantalón, mientras mantiene la vista fija en el joven que se retuerce en el suelo pretendiendo librarse de las ataduras. Después de varios fallidos intentos, finalmente Nott parece resignarse y se queda inmóvil. No obstante, y para mayor desconcierto de Harry, éste comienza a reír con maldad.

─¡Oh, ahora lo comprendo todo! Finalmente entiendo por qué Draco está tan empecinado con protegerte. ¿Cómo no pude verlo antes? ─Nott hace una pausa mientras se incorpora lo máximo que las ataduras le permiten y posa su pérfida vista en el Auror. E incluso antes de que éste diga una sola palabra, Harry sabe que lo que salga de esa boca hará que pierda por completo los estribos. ─¿Quién iba a decir que el siempre orgulloso y altanero heredero de los Malfoy se convertiría en la puta particular de Harry Potter?

Y este malicioso comentario es lo único que necesita para hacer que cualquier rastro de cordura desaparezca de sí. En un abrir y cerrar de ojos, Harry lo toma del cuello y estampa un fuerte puñetazo en el rostro de Nott. El ex Slytherin gime por el dolor y la sorpresa, mas no tiene tiempo de siquiera recuperarse del primero cuando otro golpe estalla sobre su nariz, rompiéndola con un sonoro crack. La sangre comienza a derramarse por todo el rostro de Nott y las manos del Auror, aunque esto no hace que Harry cese la golpiza.

─¡REPÍTELO! ¡REPÍTELO Y HARÉ QUE TE ARREPIENTAS DE HABER NACIDO, MALDITO BASTARDO!

Nott intenta decir algo, pero el firme agarre que Harry tiene sobre su cuello oprime dolorosamente sus cuerdas vocales, logrando que solo unos entrecortados quejidos escapen de su boca. Por su parte, Harry se encuentra completamente enceguecido y no parece mostrar señales de querer detener la mortífera golpiza que le está prodigando a quien acaba de insultar a su novio.

Tan ofuscado está en su tarea, que ni siquiera se percata que en su mente ha llamado a Draco como su novio. Lo único que su cerebro parece hacer es brindarle indicativos de dónde asestar el siguiente puñetazo. Harry estrella su cerrado puño sobre el ojo derecho de Nott, consiguiendo arrancarle con ello otro lastimero gemido. Extrañamente y a pesar de la intensidad de los golpes, Theodore no cae en la inconciencia.

─No volverás a lastimar a Draco. Voy a hacerte pagar por todas y cada una de las cosas que le has hecho. Y para cuando termine contigo… no quedará nada de tu patético y repugnante ser. ¿ME OÍSTE?

─¡SUFICIENTE AUROR, POTTER! ¡SUÉLTELO DE INMEDIATO!

Harry despierta de ese trance en el que sólo desea destrozar con sus propias manos a Nott cuando escucha una familiar voz a sus espaldas. Al bajar la vista, la tenue iluminación del callejón le muestra la irreconocible fisonomía del Mortífago. Completamente aterrado por lo que acaba de hacer, Harry suelta la masa uniforme en la que se ha convertido el rostro de Nott como si de repente éste lo hubiera quemado.

La sangre brota a borbotones por todos lados, mientras que los ojos del Slytherin están totalmente hinchados y comienzan a adquirir un alarmante color negro. Por otro lado, la alargada nariz de Nott se encuentra en un extraño ángulo, a la vez que sus labios están absolutamente cortados y dilatados por la brutal golpiza. Más horrorizado que nunca, Harry se aparta de inmediato y observa desesperado al alto hombre de piel negra a su lado. La imponente figura del Ministro de Magia se alza como un ángel vengador en el empedrado Callejón Diagon, mientras dirige un rápido vistazo a las condiciones en las que quedó el escurridizo Mortífago.

─Sí. Sin duda estabas en lo cierto cuando me aseguraste que no dejarías que tus emociones tomaran el control y sólo te dedicarías a apresar al criminal. ─Inmediatamente, Harry siente sus mejillas enrojecer en vergüenza ante el claro sarcasmo con el que Kingsley deja salir estas palabras. ─Ahora entiendes por qué insistí tanto en que me incluyeras en la alerta, ¿verdad?

Harry no consigue forzar sus cuerdas vocales a reaccionar y darle una respuesta al Ministro, demasiado conmocionado por la forma en que permitió que sus emociones se descontrolaran y lastimaran de esa forma a Nott. Porque sin importar cuánto el maldito se merezca cada uno de los golpes que le ha dado, está completamente consciente de que ese no es el accionar que debería seguir un Auror que se precie. Internamente, Harry no puede evitar rogar a cualquier deidad que lo esté oyendo porque el Ministro no decida suspenderlo por la indecorosa forma en la que actuó, o Merlín no lo permita, de expulsarlo del Cuerpo de Aurores por su falta de control.

Sin embargo, Kingsley no parece dar indicios de ir a regañarlo. Por el contrario, eleva una de sus gruesas cejas y le lanza una divertida sonrisa, antes de acercarse al herido prisionero que se encuentra gimoteando de dolor en el suelo. Inmediatamente, Shacklebolt alza su varita y la coloca a la altura del rostro de Nott. Ese simple movimiento es más que suficiente para que éste intente alejarse, mientras murmura algo que suena a una súplica porque no lo lastimen.

Tal reacción por parte del Mortífago hace que Harry tenga una serie de contradictorios sentimientos en su mortificado ser. Por una parte, no puede evitar sentirse orgulloso de la forma en que consiguió vengar al menos una mínima parte de todo el dolor que éste le ha causado a Draco, no obstante, la parte más racional y moral de sí le reprocha el haber perdido el control de esa manera, a tal punto que, de no haber llegado Kingsley a tiempo, podría haberlo matado.

Harry sale de su ensimismado estado cuando percibe un tenue haz de luz blanca frente a sí. Dando unos tentativos pasos, descubre que éste proviene de la varita del Ministro. El mismo se encuentra arrodillado cerca de Nott, mientras lanza varios hechizos curativos hacia el destrozado rostro del Mortífago. Rápidamente, las deformadas facciones comienzan a recuperar algo de normalidad, al mismo tiempo que los negros cardenales se atenúan hasta adquirir una verdosa tonalidad. Kingsley conjura un último encantamiento para limpiar toda la sangre del rostro del Slytherin y otro para eliminar la que ha quedado en las manos de Harry.

Poniéndose nuevamente en pie, eleva su varita y conjura un Patronus para enviar una alerta al Cuerpo de Aurores. Cuando el plateado lince desaparece por el oscuro cielo, baja la vista hacia el silencioso Mortífago a sus pies. No queriendo tomar innecesarios riesgos, le lanza un Desmaius y se asegura de que las cuerdas que aún lo mantienen prisionero sigan en su lugar. Cuando se da por satisfecho, gira su rostro hacia el avergonzado Auror a su lado.

─Será mejor que reparemos todos los estropicios antes de que los refuerzos lleguen.

Harry no dice nada y simplemente comienza a lanzar Reparos sobre toda la vidriera de la juguetería. A su lado, Kingsley hace lo mismo con una astillada pared. Después de unos segundos de arduo trabajo, el callejón vuelve a estar en las mismas condiciones que antes de que se produzca la batalla. Ambos hombres vuelven a acercarse al inconsciente cuerpo de Nott, perdidos cada uno en sus pensamientos. Sin embargo, la quietud del lugar se rompe cuando una divertida risita se oye en el solitario lugar.

─Y, nuevamente, el caballero de brillante armadura ha saltado en defensa de su amado príncipe.

─Oh, Merlín, Kingsley… en verdad no creo que éste sea el mejor momento para bromear con eso.

─¿Por qué no? ─Pregunta con fingido desconcierto, pero sin poder ocultar la divertida mueca de su rostro.

─¿Por qué? ¿Por qué? ¡Estuve a punto de matar a Nott! ─Grita desesperado, tratando de hacerle entrar algo de sentido común al otro hombre. Aunque dentro de su mente, la voz de su perversa conciencia lo reprende diciéndole que, si el mismo Ministro no parece preocupado por su pequeño desliz, él no debería tratar de autocastigarse.

─¡Oh, no exageres, Harry! Jamás hubiera dejado que llegues tan lejos. ─Responde despreocupado, realizando un gesto con su mano para desechar las inquietudes de Harry.

─Sí, lo sé, pero… Aguarda un momento… Estuviste aquí desde un principio, ¿verdad? ─Pregunta con incredulidad, totalmente desconcertado ante lo que esto significa. Por su parte, Kingsley no afirma ni niega nada y simplemente se dedica a observarlo con diversión, ocasionando que Harry sienta la irritación comenzar a crepitar en su interior. ─¡Sí estuviste! ¿Por qué demonios no me detuviste cuando comencé a golpearlo?

─¡Oh, vamos, Harry! ¡No puedes negarme que disfrutaste cada golpe que le diste! ─Harry abre desmesuradamente su boca al comprender que, no sólo el Ministro estuvo presente durante toda la batalla, sino que además parece haber consentido el que golpeara de esa forma a Nott. Sin embargo, no puede decir absolutamente nada, ya que Kingsley vuelve a hablar con ese grave tono de voz. ─Además, no es como si el imbécil no se lo hubiera buscado. Y sólo imagina lo muy agradecido que estará tu amado príncipe contigo cuando le cuentes en las condiciones que has dejado a Nott.

Harry abre y cierra la boca sin poder terminar de decidirse si preocuparse por la salud mental del Ministro o agradecerle infinitamente por haberle permitido golpear de esa manera a Nott, para que al menos así haya podido hacerle pagar por una parte de las cosas que éste ha hecho. Desafortunadamente, unos pasos se escuchan frente a sí y evitan que tenga que decir nada. Después de unos segundos, las figuras jadeantes de los Aurores Savage y Proudfoot se acercan hasta ellos, completamente ataviados en sus túnicas azul eléctrico y con las varitas en alto.

─Podrían… al menos haber levantado… el hechizo anti-desaparición. Tuvimos que… aparecer cerca del Caldero Chorreante… y correr desde allí. ─Replica Savage entrecortadamente, mientras que Proudfoot toma amplias bocanadas de aire para estabilizar su inestable respiración.

─Ya dejen de quejarse y lleven a Nott a la sala de interrogatorios. Encontrarán toda la investigación sobre el detenido en el escritorio del Auror Potter. Cuando terminen de interrogarlo, llévenlo directo a Azkaban. Lo mantendremos encerrado en una celda de alta seguridad hasta que fijemos una fecha para su juicio. ─Ordena con firmeza el Ministro, eliminando de su rostro cualquier rastro de jocosidad que minutos antes poseía. ─Y tengan mucho cuidado. Puede que parezca que Nott está completamente derrotado, pero aun así no se confíen. Este Mortífago es más astuto de lo que aparenta. No vayan a dejarlo solo ni un segundo y mucho menos se atrevan a liberarlo de las ataduras.

Ambos Aurores asienten de inmediato y levantan a Nott del suelo para hacer como se les indicó. Sin perder tiempo, Kingsley eleva su varita y levanta el hechizo anti-desaparición para que éstos puedan trasladarse hasta las salas de interrogatorios lo más pronto posible. No obstante, antes de que Savage y Proudfoot desaparezcan, el Ministro vuelve a dirigirse a ellos.

─Y después de que dejen a Nott en Azkaban, diríjanse a mi oficina para que les dé las indicaciones correspondientes para la detención que tendremos que hacer a continuación. ─Los dos Aurores asienten con solemnidad, mientras se preguntan qué clase de misión requiere que sea el mismo Ministro quien los dirija. Sin embargo, no consiguen preguntar nada porque Kingsley vuelve a hablar con su profunda voz. ─Espero que les guste el clima cálido, caballeros, porque iremos a realizarla al Caribe.

Por el rostro de ambos Aurores puede distinguirse de inmediato gran confusión y algo de alegría ante la inesperada oportunidad de poder dejar detrás el gélido clima de Inglaterra, al menos por unos días. Sin decir nada más, Savage y Proudfoot se desaparecen directo al Ministerio con un aturdido Mortífago a cuestas.

Y ante todo lo que acaba de ocurrir frente a sus ojos, Harry debe cerrar sus puños con fuerza para no comenzar a despotricar de inmediato contra las decisiones que ha tomado el Ministro. Porque debería ser él quien se esté encargando del interrogatorio de Nott. Después de todo, le correspondía dicha tarea por ser quien se había encargado de reanudar la búsqueda del fugitivo y dar con la captura del mismo. ¿Con qué derecho Kingsley podía venir y apartarlo del caso? ¿Acaso no había demostrado con creces su valía como Auror al poder hallar en unos pocos días al mago que durante tres años consiguió salirse con la suya? ¿Y cómo demonios puede Kingsley enviar a los idiotas de Savage y Proudfoot a apresar a Robards? ¡Ese es un derecho que él se había ganado!

Harry debe tomar grandes bocanadas de aire para poder apaciguar la magia que comienza a chisporrotear molesta por todo su cuerpo. Cuando cree que podrá hablar sin lanzarle un hechizo al Ministro por tal osadía, posa sus enfadados ojos en Kingsley y le hace saber su gran descontento por la inesperada decisión.

─¡No voy a dejar que envíes a Savage y Proudfoot a apresar a Robards! Esos dos jamás podrán contra él y sólo conseguirán que escape. ─Espeta con un irritado tono, aunque Kingsley no parece inmutarse ante esto y simplemente continúa observándolo con diversión.

─¡Oh, por Merlín, Harry! ¿De verdad tienes tan bajo concepto de mí como para que creas que sería capaz de enviar a esos dos solos en tan importante misión? No tienes de qué preocuparte porque yo iré con ellos. Al menos así Robards no sospechará nada cuando nos acerquemos a él.

─¿Por qué no puedo ir contigo? ¡Fui quien descubrió todo en un principio! Savage y Proudfoot ni siquiera tienen idea alguna de…

─No puedes venir porque Robards sospecharía. Ya has visto cómo se puso cuando le preguntaste por la investigación del asesinato del matrimonio Malfoy. Si le digo que serás mi escolta cuando vaya a verlo para tratar unos "asuntos", sabrá que algo no anda bien. ─Se apresura a interrumpirlo antes de que comience a realizar una rabieta. Por otro lado, Harry debe reconocer a regañadientes que lo que Kingsley dice tiene sentido. ─Pero no te preocupes, porque serás tú quien dirija el interrogatorio de Robards.

─Hablando de interrogatorios… ¿Por qué no soy quien se está encargando del de Nott? ─Pregunta con renovado enfado, dejándole en claro lo muy molesto que se siente al no ser quien se encargue de ello.

─¿En serio? ¿De verdad crees que Nott haría algo más que implorar por piedad de ser tú quien lo interrogue? ─Deja salir con un descreído tono, como si no pudiera comprender cómo no se le ha ocurrido a Harry esta idea con anterioridad. Kingsley suelta una divertida risita al ver que las mejillas del Gryffindor se colorean al recordar la brutal golpiza que le prodigó a Nott. ─Entiendes por qué no te envié a interrogarlo, ¿verdad? Nott está en un completo estado de shock y si tú lo interrogas, no obtendremos más que lastimeros balbuceos. Es por ello que la faceta de "Auror bueno" de Proudfoot nos servirá para que le infunda confianza y comience a soltar todos sus sucios secretos.

Nuevamente vuelve a maldecir por dentro la sensata explicación de Shacklebolt, misma que no admite derecho a réplica. Resignándose a no poder hacer entrar en razón al Ministro, en especial cuando entiende que Kingsley está en lo cierto al haber tomado tales decisiones, suelta un desganado suspiro y sacando la varita de Nott del bolsillo de su pantalón, se la entrega a Shacklebolt. Y sólo en ese momento percibe el frío aire que recorre las heladas calles.

Mientras estaba enfrascado en una fiera lucha contra Nott, no pudo ser capaz de apreciar dicho hecho gracias a los altos niveles de adrenalina en su cuerpo. No obstante, tras haber recuperado la tranquilidad, la presencia del gélido viento comienza a hacerse notoria. Otra ráfaga de glacial briza se cuela a través de la fina camisa de Harry, produciendo una desagradable sensación similar a la de cientos de afiladas dagas clavarse contra su piel.

Inmediatamente, el Ministro advierte la delgada prenda que lleva el Auror y una amplia y maliciosa sonrisa se extiende por las rústicas facciones del alto hombre cuando una idea asalta su mente. Dándole un fuerte manotazo al hombro derecho de Harry, Kingsley deja salir unas palabras que volverán a hacerlo enrojecer.

─Te estas congelando. Será mejor que busques algo que haga elevar tu temperatura. ─Harry lo observa suspicaz al notar la ladina mueca en el rostro del Ministro, preguntándose internamente qué pasa por la retorcida mente del hombre. Sin embargo, nada de lo que imagina llega a igualar la depravada idea en la que Kingsley está pensando. ─Aunque no me preocupas, porque tu amado príncipe te hará entrar en calor de inmediato. Estoy seguro de que tendrá varias ideas en mente para hacerlo. Y eso sin contar lo que hará cuando sepa que has atrapado a Nott.

─¡Kingsley!

El Ministro deja salir una fuerte carcajada ante el avergonzado tono de Harry. Y antes de que gire sobre sí mismo para desaparecerse, eleva una de sus cejas y suelta unas palabras que exaltarán aún más el sonrojo del Auror.

─No te preocupes, Harry. Me aseguraré de excusarte mañana en el cuartel porque estoy seguro de que Malfoy no te dejará salir de su cama en todo el día.

Y con un último guiño de ojo, Kingsley desaparece hacia el Ministerio, dejando detrás de sí a un boquiabierto joven absolutamente sonrojado. Luego de que Harry logra recuperar algo de la compostura que ha perdido, da unos pasos con la clara intención de desaparecerse. No obstante, los divertidos comentarios del Ministro se aglomeran insistentes en su mente, mientras que su malvada conciencia le hace notar lo muy tonto que sería por desperdiciar la increíble oportunidad que se presenta frente a sí.

Sin querer pensar en lo que está a punto de hacer, Harry reúne todo su gran valor Gryffindor y cambia de dirección sus pasos. Una vez que se encuentra frente a la vidriera de la juguetería, comienza a caminar hacia la derecha para doblar en otro callejón sin salida; aunque éste no conduce a la trastienda, sino a una escalera que lo llevará hacia el departamento ubicado encima de la tienda.

Harry no tiene idea de cuántas horas ha pasado en las noches imaginado los mil y un pretextos con los que podría justificar su presencia en la entrada del apartamento de Draco, en el caso de que se decidiera a ir a verlo fuera de su trabajo. Es por ello que, ahora que sí tiene una factible excusa, los nervios comienzan a sobrepasarlo. Y a pesar del frío viento que puede percibirse, las manos del Auror empiezan a sudar copiosamente.

Teniendo la certeza de saber que si deja a su mente pensar demasiado en ello terminará acobardándose y desapareciéndose del lugar sin siquiera haber puesto un pie en la escalera que lo guiará hacia su felicidad, Harry eleva la vista y sube el primer escalón. Haber podido dar el primer paso parece ser lo único que precisa para reunir toda la confianza que necesita y completar la tarea.

En menos de unos segundos, alcanza el pequeño rellano y es allí donde siente toda la valentía que lo acompañó hasta el momento abandonarlo por completo, porque frente a su esmeralda mirada se halla la puerta del departamento de Draco. A pesar de que ésta no tiene nada de especial, Harry no consigue evitar pensar que un simple trozo de madera jamás se ha visto tan alto e imponente, contrastando notoriamente con el gran manojo de nervios que recorre su baja estatura.

Harry se maldice mentalmente por hacer tales comparaciones que no consiguen más que disminuir la poca autoestima que posee, mientras trata de hacer reaccionar a su cerebro para que pueda brindarle una señal de lo que debe hacer a continuación. Sin embargo, su fastidiada conciencia parece perder por completo la paciencia, y en un involuntario movimiento, fuerza a sus neuronas a tocar la brillante aldaba que hay en la puerta.

Inmediatamente, Harry siente su alma caer a sus pies después de que escucha el fuerte golpeteo, mientras lo abordan nuevos e irrefrenables deseos por huir de allí antes de que Draco alcance la puerta. Con un titánico esfuerzo consigue obligarse a permanecer de pie en el umbral del apartamento, a la vez que se fuerza a mantener los brazos a los costados de su cuerpo para no comenzar a retorcer sus dedos con nerviosismo. Y sólo consigue salir de su estado de ensimismamiento en el que piensa una forma de hablarle a Draco sin que sus palabras salgan en un ininteligible balbuceo, cuando escucha unos firmes pasos acercarse.

Sin embargo, no tiene tiempo de siquiera intentar colocar en su rostro una despreocupada expresión, porque al instante la puerta se abre para revelar la alta y musculosa figura de Malfoy. De repente, entiende que ha estado absolutamente equivocado todo este tiempo y la imagen más excitante que ha visto no es la de Draco infundado en el traje rojo que debe usar en la juguetería, porque ese honor acababa de pasar a lo que sus ojos captan en este preciso momento. Nuevamente, se dice a sí mismo que sin duda debería ser ilegal tener tanta belleza junta en un solo cuerpo.

Harry observa hipnotizado al hombre que le ha robado el corazón, mientras hace lo indecible por no comenzar a babear frente a él. No perdiendo ni un segundo, recorre de arriba hacia abajo la alta figura de Draco como si se tratara de un famélico ser frente a un delicioso banquete. Con los ojos completamente nublados por la lujuria que lo asalta, marca a fuego en su mirada lo bien que pueden apreciarse los fuertes músculos del Slytherin debajo de la blanca e imposiblemente ajustada camisa que lleva puesta, sin poder evitar que su mente comience a fantasear lo mucho que le gustaría que Draco lo acercara contra su firme pecho y lo abrazara con esos largos y pálidos brazos que se vislumbran en su arremangada camisa.

Y si toda la imagen en sí no era suficiente para que la excitación que Harry siente recorrerlo alcance niveles imposibles de controlar, el frío viento lo saca de su error al desplegar sobre ambos una helada ráfaga, provocando que los pequeños pezones de Draco se marquen al instante a través de esa fina y ajustada capa de tela. Afortunadamente, Harry consigue retener el necesitado gemido que está a punto de escapar de sus labios gracias a que Draco sale del estado de sorpresa en el que se encuentra.

─¿Potter? ¿Qué haces aquí? ¿Y cómo diablos conseguiste mi dirección? ─Aunque al instante Draco parece pensarlo mejor y cambia de parecer. ─No, olvídalo. Esa fue una pregunta totalmente estúpida, siendo que eres el maestro del acoso.

─¡Hey! ¡Eso no es cierto, imbécil! ─Se apresura a reprenderlo, a pesar de que su traicionera conciencia le da inmediatamente la razón al Slytherin y se asegura de dejarle en claro que no puede negarlo, él es todo un maestro del acoso en cuanto a Draco concierne.

─Si eso te hace sentir mejor… entonces, no, no lo eres. Aunque eso lo desmiente la realidad, Potter. ─Replica elevando una ceja de la forma en que sólo él puede hacerlo, provocando que una placentera corriente eléctrica recorra cada parte del cuerpo de Harry ante tan sensual imagen. Por fortuna, Draco vuelve a sacarlo de sus lujuriosos pensares con una pregunta cargada de desconcierto y un leve rastro de temor. ─Hablando en serio… ¿Qué haces aquí?

─Yo…

Harry muerde su labio preguntándose a sí mismo a qué exactamente había venido en un primer lugar. Tan deslumbrado está por el atractivo joven frente a sí, que ni siquiera pasa por su mente el recuerdo de todo lo ocurrido instantes atrás. Sin embargo, cualquier palabra que estuvo a punto de escapar de su boca queda atorada en su garganta, porque Draco eleva la barbilla de Harry en un suave movimiento y frunce el ceño con sospecha.

─Tus gafas están rotas. ¿Qué les ocurrió?

Draco pregunta con enmascarada preocupación debajo de su imperturbable máscara de frialdad, pero de inmediato desliza los anteojos de Harry fuera de su rostro y las acerca hacia su campo visual. Rápidamente, saca su varita de espino y las repara con un hechizo. Ese simple y adorable gesto es lo último que Harry necesita para que el calor que siente en su pecho abrume por completo su raciocinio. En un inconsciente movimiento, acorta los pocos centímetros que lo separan, y poniéndose en las puntas de sus pies, une sus labios con los de Draco.

Por unos segundos, la sorpresa que le provoca esta inesperada acción evita que Draco corresponda. No obstante, cuando el desconcierto se aparta de sí, acerca a Harry a su cuerpo con su brazo derecho e incrementa la intensidad del beso. Olvidadas por ambos quedan en la mano izquierda del Slytherin las reparadas gafas del Auror.

Un alegre gemido escapa de su boca al sentir el posesivo agarre con el que Draco lo sostiene, mientras que sus ojos se cierran con fuerza al percibir las descontroladas mariposas en su estómago extenderse hacia cada recoveco de su cuerpo. No tiene idea de cuánto tiempo pasan en ese intenso y apasionado beso, aunque a Harry no podría importarle menos. Lo único que su mente atina a hacer es disfrutar de la gloriosa y tan anhelada sensación de finalmente estar entre los brazos de Draco, con sus labios danzando al compás de los del otro.

Inconscientemente, Harry desea que este momento jamás termine. Desafortunadamente, el vil destino no parece escuchar sus plegarias y algo de sentido común regresa a Draco, recordándole lo muy idiota que está siendo por poner en riesgo la vida del Auror de esta forma, sólo por no poder controlar sus anhelos. Rápidamente, trata de apartarse de esos tentadores labios, pero Harry no permite que esto ocurra y toma entre sus manos las mejillas de Draco para acercarlo a sí.

─Potter… no… no deberíamos… es peligroso que… ─Draco trata de advertirle sobre el riesgo que representa estar haciendo esto a la vista de todos, siendo que Nott se encuentra suelto. No obstante, sus palabras salen entrecortadas debido a que Harry intenta hacerlo callar mediante besos. Después de infructíferamente tratar de hacer entrar en razón al otro, a Draco no le queda más opción que darle un pequeño empujón para conseguir apartarlo de sí. ─Basta, Harry. Hablo en serio. No podemos hacer esto.

─¿Por qué? ─Pregunta Harry sin poder ocultar la gran sonrisa que se extiende por su rostro al escuchar llamarlo con su nombre de pila por primera vez.

─¡Sabes muy bien por qué, idiota! Si Nott descubre que…

─Ya lo sabe.

─¿Qué? ─Deja salir entrecortadamente, a la vez que su rostro se llena de temor. Y esto sólo hace que Harry quiera volver a besarlo hasta la inconciencia, porque en esos bellos ojos grises puede vislumbrarse claramente el terror que siente por pensar que Nott pueda lastimarlo. Sin embargo, la preocupación que Draco tiene es reemplazada rápidamente por enfado. ─¡Maldita sea, Potter! ¡Te lo dije! ¡Te dije que te apartaras de esto! ¿Por qué demonios no pudiste escucharme y hacer como te pedí?

─Ya sabes el por qué no lo hice, pero de todos modos eso ya no importa ahora.

─¿De qué estás hablando? ─Pregunta con fastidio, apretando con cansancio el puente de su nariz en un intento por contener las descontroladas emociones que empiezan a crepitar en su ser.

─No importa en lo absoluto lo que Nott quiera hacer, ya que en donde se encuentra no podrá realizar sus viles deseos.

─¿Qué…?

─Te prometí que atraparía al maldito antes de que finalice el año, ¿verdad? ─Responde con una autosuficiente mueca plasmada en su rostro.

─No… no puede ser… ¿Lo atrapaste?

La esperanzada pregunta hace que el corazón de Harry apriete con fuerza, a la vez que los renovados deseos de asaltar la boca de Draco comienzan a hacerse difíciles de ignorar.

─En este preciso momento Savage y Proudfoot se lo han llevado para interrogarlo. Una vez que terminen de sacarle hasta la última confesión, lo trasladarán a una celda de máxima seguridad en Azkaban hasta el día de su juicio. ─Responde apresuradamente, mientras siente elevarse las comisuras de sus labios en una tierna sonrisa gracias a la gran emoción que se vislumbra en la gris mirada de Draco. ─Se terminó, Draco. Él ya no volverá a dañarte.

El Slytherin lo observa fijamente durante unos segundos, tratando de hallar la verdad entre esas bellas esmeraldas. Y justo cuando Harry cree que sus mejillas comenzarán a colorearse por la intensidad del escrutinio al que está siendo sometido, Draco acorta los escasos pasos que lo separan del otro y vuelve a besar con fervor al Auror.

Harry coloca automáticamente sus manos en el níveo cuello de Draco, mientras vuelve a perderse en la paradisíaca sensación provocada por la emoción de poder estar junto a la persona que ama. Por su parte, Draco atrae aún más el otro cuerpo hacia el suyo, hasta hacer que ambas entrepiernas se froten. Ambos sueltan un necesitado gemido dentro del beso, aunque ninguno de ellos da indicios de querer separarse.

Lentamente, Draco comienza a caminar hacia atrás en dirección al interior de su departamento, arrastrando consigo al Auror que aún sostiene de las caderas en un posesivo abrazo. Harry se deja guiar más que gustoso, mientras siente recorrer en su interior una excitante y cálida sensación. Ninguno de los dos tiene muy en claro quién es el que cierra la puerta de una patada, aunque eso no es algo que les preocupe. No cuando sus mentes están demasiado ocupadas atesorando cada gemido y placentera sensación que perciben.

Milagrosamente, ambos llegan hasta el sofá sin tropezar ni romper nada a su paso, y en un ágil movimiento, Draco lo empuja hasta hacerlo caer sobre éste. Aunque Harry no tiene tiempo de protestar por la brusca caída o la falta de contacto entre sus bocas, porque de inmediato Draco lo cubre con su cuerpo y reclama con incontenida pasión sus labios.

El calor en la habitación empieza a elevarse a gran velocidad y las finas capas de ropa que poseen han dejado de enmarcar agradablemente sus figuras, para pasar a convertirse en molestos pedazos de tela que obstruyen el camino. Lentamente, Draco comienza a trazar un suave camino de besos en dirección al cuello de Harry, al mismo tiempo que aprovecha su mayor fuerza y estatura para hacer que el Auror se recueste sobre el sofá. No obstante, Harry lo aparta de su cuerpo de un empujón cuando siente un extraño calor en su espalda baja que nada tiene que ver con su creciente excitación.

─¡Qué demonios…!

─Sentí que algo quemó mi trasero.

─Aún no llegamos a esa parte, Potter. Pero no tienes de qué preocuparte, porque no falta mucho para eso. ─Deja salir con una pagada mueca, mientras vuelve a rozar su dureza contra la de Harry.

─¡Draco! ─Inmediatamente golpea el brazo del Slytherin cuando lo ve carcajearse ante la indignada expresión que Harry le ha dado, mientras trata de descubrir el origen de ese extraño calor sobre su espalda. ─Hablo en serio, idiota. Creo que uno de tus almohadones está calentándose.

─¿Almohadones? No tengo almohadones en el sofá. ─Dice totalmente confundido, dejando de lado las bromas para tratar de hallar aquello que está provocando que no puedan finalmente disfrutar el uno del otro. ─Ven. Levántate un poco.

Harry trata de removerse un poco en el lugar, aunque la tarea no es nada sencilla porque Draco no parece querer apartarse demasiado de su cuerpo. Para mayor horror de Draco, el motivo de su incomodidad aparece al instante frente al campo visual de los dos. Y sin importar cuánto éste intente apartarlo de un manotazo para que Harry no lo vea, la flameante figura de un fénix de peluche capta de inmediato la atención del Auror.

Al ver que Harry muestra indicios de querer tomarlo entre sus brazos, Draco suelta un derrotado suspiro y se aparta del cálido cuerpo que segundos atrás estaba cubriendo con el suyo, mientras trata con todas sus fuerzas de no permitir que su rostro se sonroje. Rápidamente, Harry toma el afelpado muñeco entre sus manos, a la vez que un sorprendido jadeo escapa de su boca al notar que las plumas del fénix desprenden un agradable calor. Totalmente confundido, Harry no puede evitar preguntarse por qué demonios Draco tiene un peluche en su sofá. Pero aún más extraño es el hecho de que sea el fénix que, si mal no recuerda, cree haber visto en uno de los estantes de la juguetería del señor Clausell.

Y es entonces, donde una descabellada idea lo asalta. Una que es capaz de explicar el motivo por el que Draco tendría tal objeto en la sala de estar de su casa.

─No ibas a regalarme la versión modificada de "Aurores al Combate", ¿verdad? ─Pregunta en un suave tono, no queriendo sobresaltar al joven que adrede intenta evadir su mirada. ─Ibas a regalarme el fénix que tanto me gustó la vez que fui a comprar el regalo de Victoire, ¿cierto?

─Pff… claro que no, Potter. ¿Por quién me tomas, por un Hufflepuff? Eso sería totalmente cursi y...

Sin embargo, no deja que Draco siga enumerando todos los desagradables descalificativos hacia esa simple idea, porque de inmediato se incorpora del sofá y se acerca al sonrojado joven para volver a besarlo. El agradable calor retorna a su cuerpo, aunque esta vez Harry está totalmente seguro de que no es obra del fénix de peluche que aún sostiene en su mano izquierda, sino a ese cálido sentimiento ocasionado por el tierno gesto que Draco ha tenido con él.

Inmediatamente, Draco deja de lado cualquier vestigio de vergüenza que haya tenido y de nuevo lo acerca con posesividad a su cuerpo. Sin dejar de besarse, ambos comienzan a caminar inconscientemente en dirección a la habitación del Slytherin, con la clara intención de volver a demostrarse qué es lo que sienten el uno por el otro. Aunque esta vez lo harán de una manera más apasionada y excitante, dejando de lado cualquier rastro de inocentes obsequios y nobles actos de valentía.

Una idea asalta la embotada mente de Harry antes de que pierda absolutamente su capacidad por hilvanar algún pensamiento coherente, para pasar a concentrarse por completo en las placenteras sensaciones que Draco le está haciendo percibir. Luego de haber pasado por cientos de inconvenientes, problemas y vergonzosas situaciones… finalmente ha conseguido que su amado príncipe sea suyo. Y ese, después de todo, era su único deseo para este año.


oOoOoOo

Aclaración dentro del capítulo (carta de Draco): tal vez la mayoría lo sepa, pero para aquellos que no, en la mitología griega, Narciso era un joven muy hermoso y engreído que fue castigado por la diosa Némesis por culpa de su vanidad. Némesis hizo que Narciso se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. Incapaz de apartarse de su reflejo, éste acabó arrojándose a las aguas, lo que le produjo la muerte.

Notas finales: y con esto hemos llegando casi al final de la historia. Espero que la espera haya valido la pena. Ahora sólo resta una pequeña especie de "epílogo" que trataré de subir cuanto antes.

Besito enorme y nos leemos pronto.