Capítulo Segundo: Nadie lo Vio
Nick se detuvo frente a la puerta del Departamento Forense en el sótano del Precinto 1. Escuchó con una sonrisa en su rostro en la puerta.
"Sí, mis preciosos catalizadores. Sean buenos y aceleren la desalinización para mami y ella le dejará subir al centrifugador."
Nick rió en silencio. Una hermosa química hablando con sus reactivos. Ahora lo había visto todo.
"¿Quién es un buen compuesto orgánico liposoluble? Sí, ¡tú lo eres! Mi precioso fosfato de diclorobenceno."
Nick llamó suavemente a la puerta. Se oyeron pasos cruzando el laboratorio. La puerta se abrió y una hermosa figura femenina con anteojos lo recibió.
"¡Oficial Wilde!" dijo Ámbar Sofía Latrans, la chica coyote a quien él y Judy habían ayudado durante el incidente que la gente había apodado el 'caso del carnaval criminal'.
Ella se sonrojó profusamente, jugando con el bloc de notas que llevaba en las manos.
"Tan agradable sorpresa... pensé que estaba de permiso," dijo Ámbar.
"Lo estoy. Pero necesito tu ayuda con algo," dijo Nick.
"Oh, lo que sea, Oficial Wilde. Soy toda tuya."
Ella se sonrojó aun más.
"Em... quiero decir... estoy aquí para ayudar... en todo... lo que necesite... que pueda serle de ayuda..."
"Sé que siempre puedo contar contigo, Ámbar," dijo Nick amablemente. "Necesito que analices esto para mí."
Él levantó la bolsa hermética con la zanahoria marchita que había traído de la granja Hopps.
"¡Oh pobrecita!" dijo Ámbar, tomando la bolsa. "Nunca he visto una zanahoria tan triste."
"Me gustaría saber si hay algo que la enfermó, como un virus o productos químicos," dijo Nick. "Los agricultores dicen que es a consecuencia de esporas de oídio, pero tengo mis dudas."
"Claro, déjemelo a mí, Oficial," dijo Ámbar, llevando la zanahoria y poniéndola en una unidad de refrigeración detrás de ella. "Voy a trabajar en ella de inmediato. Los resultados tal vez mañana, entre el mediodía y la tarde."
"Gracias, Ámbar," dijo Nick. "Eres la mejor y lo sabes."
Ámbar enrojeció aún más profundo y se dio la vuelta, mirando tímida a Nick.
"Siempre estoy aquí para ti, Oficial Wilde," dijo Ámbar. "Em... es decir... ya sabes dónde encontrarme... si alguna vez me necesitas, sabes que estoy aquí, y más que dispuesta... a ayudar, claro..."
"Sí, lo sé. Y no puedo agradecerte lo suficiente," dijo Nick, poniendo su mano sobre el hombro de la coyotecita. "Me alegro de tenerte en el equipo."
Si había una gama hasta ahora desconocida de color carmesí, Ámbar la había inventado. Ella miró a los ojos verdes de Nick, casi sin poder respirar.
"Bueno, será mejor que me ponga en marcha," dijo Nick. "Tengo que hacer unas consultas con unos viejos contactos."
"Sí, sí, como no," dijo Ámbar, abriendo la puerta para él. "Em, que tenga un buen día... eh, o buena tarde, en todo caso, Oficial Wilde. Le llamaré cuando tenga los resultados."
"Está bien. ¿Tienes mi número?"
"Me lo dio Garraza. ¡Eh! Ah... quiero decir..." balbuceó, muy nerviosa.
"¡Súper! Voy a estar esperando tu llamada," dijo Nick con una sonrisa y se despidió.
"Adiós, Oficial Wilde," dijo Ámbar. "Vuelva cuando guste."
Mientras Nick subió las escaleras desde el sótano hasta el vestíbulo de entrada, se rió entre dientes.
"Espero que tenga bragas limpias en su casillero."
El edificio delante de Nick era enorme. Opulento era quizás la mejor palabra para describirlo. Sus cuarenta pisos brillaban con ventanas cristalinas y la entrada principal se encontraba al final de un largo tramo de patio, con una fuente en el centro y bancos para sentarse y relajarse.
"Al parecer, nunca han oído hablar de sutileza en Terra Firma, Inc."
De repente vio a tres guardias de seguridad osos pardos enormes que se aproximaban. Se alejó y se ocultó detrás de unos arbustos, mirando de cerca. Un pequeño topo con gafas gruesas caminaba entre los guardias. Y junto a él...
"Hmmm..."
Vestido de traje impecable, con una corbata cara y reloj de oro, caminaba... un conejo.
"Señor Presidente, le aseguro que el asunto será atendido con prontitud y eficacia," tembló el topo mientras caminaba. "Voy a atender personalmente este asuntillo."
"Eso espero, Jenkins," dijo el conejo en un tono tan altivo y lleno de soberbia que el mismo Isidoro Dorado habría estado celoso de él. "Mi paciencia se agota, y ya sabes lo que pasa cuando mi paciencia se agota."
"Sí, Señor Presidente," dijo el topo.
Un coche negro elegante se detuvo en la parte delantera del edificio. El conejo y el topo se metieron en el coche, todo el tiempo acompañados por los guardaespaldas osos pardos.
"Por alguna razón, no creo que cuidar del "asuntillo" ese implique firmar documentos y escribir en libros de contabilidad," dijo Nick a sí mismo mientras se alejaba del edificio.
Eran las ocho de la noche cuando Nick finalmente regresó a su edificio de apartamentos. Había pasado el día caminando y juntando información de sus contactos en la ciudad.
Abrió la puerta de su apartamento con sus llaves.
"Bueno, ahora a llamar a mi conejita y decirle que estoy de vuelta en casa," dijo Nick, sacando su teléfono.
Pero no tuvo oportunidad de marcar un número cuando de pronto alguien saltó sobre sus hombros y lo abrazó por la espalda. Alguien pequeña y suavecita y cálida...
"No hay necesidad de eso, Señor Wilde," dijo una voz conocida detrás de él. "Si quieres hablar, estoy aquí."
Nick se dio la vuelta y vio a Judy, de pie delante de él con una sonrisa en su rostro.
"¡Zanahorias!" dijo, abrazándola con gusto. "Cuando, cómo…"
"Hay un invento llamado "autobús" que la gente descubrió hace mucho," dijo Judy. "Y por suerte alcancé el último. Más lento que un tren, pero hace el trabajo. Estoy aquí, ¿verdad?"
"Sí que sí," dijo Nick, tomándola de la mano. "Adelante, déjame servirte algo de beber."
Judy se sentó a la mesa de la cocina con Nick, bebiendo jugo de zanahoria de su granja familiar. Nick se había vuelto muy aficionado del jugo de la granja Hopps y lo compraba en la tienda de la esquina. Nick se sentó junto a Judy y le mostró todo lo que había descubierto hasta ahora, poniéndola al día con todo.
"Así que esta es la lista de las granjas que fueron adquiridas por Terra Firma Incorporada en el último mes," dijo Nick. "Y no se trata sólo de granjas. Almacenes aquí en Zootopia, una flota de camiones... ¿recuerdas el depósito de Clayton y el incidente con la cabra, el señor Cabrera?"
"Sip."
"Bueno, la propiedad de Clayton fue comprada por Terra Firma, Inc. Y ellos despidieron a todos los empleados así como así, sin previo aviso," dijo Nick. "No es de extrañar que Cabrera estuviera tan molesto. Había trabajado durante 37 años para Clayton."
"Así que esta empresa, Terra Firma, está comprando poco a poco los espacios de cultivo y los almacenes agrícolas. Diez a uno que seguirán con los espacios comerciales," dijo Judy.
Nick asintió.
"¿Cómo te diste cuenta, Nick?"
"Si hay algo que he aprendido en mi vida, Zanahorias, es lo siguiente: Cuando algo suena demasiado bueno para ser verdad, es porque no es verdad," dijo Nick. "Y si algo suena demasiado turbio, es porque lo es."
Nick señaló en el mapa en la pantalla de su ordenador. Había dibujado una línea que unía las granjas compradas por Terra Firma, Inc.
"Quieren monopolizar la tierra quinientos kilómetros a la redonda," dijo Nick. "¿Y quién sabe qué harán después? Industrializar, cambiar tierras de cultivo por fábricas... el que es dueño de la tierra es dueño de la gente, dice un viejo refrán."
Miró a Judy.
"Y tú y yo vamos a evitar que esto suceda."
Alzó su mano. Judy sonrió e hizo lo mismo. Y chocaron las palmas en complicidad.
"¡Amén a eso, hermano!" dijo Judy. "¡Hopps y Wilde entran en acción una vez más!"
La barriga de Nick de repente gruñó.
"Cielos, parece que alguien decidió expresar su opinión," dijo Nick.
Judy de repente tuvo un pensamiento.
"No tienes sueño, ¿verdad?" ella dijo.
"No, en absoluto," dijo Nick.
"¡Bueno!" Judy dijo, poniéndose de pie. "¡Noche de película! ¡Tú y yo! Y unas ricas palomitas de maíz y unos refrescos. Y te lo invita tu conejita."
Nick sólo podía decir "Sí."
Era cerca de la medianoche cuando Judy y Nick salieron del cine, charlando alegremente.
"Estoy tan contento de que me hayas hecho ver la película, Zanahorias. Ahora voy a tener que ir y alquilar las anteriores."
"Ves, ¡te dije que te encantaría!" dijo Judy. "Pero sí que aquellos efectos especiales al final, ¡parecía que fueron hechos con papel maché y témpera en 1983 por un estudiante de tercer grado!"
"¡Sí! Y por eso nos encanta," Nick se rió. "¡Tan malos que son increíbles!"
Judy rió de buena gana mientras cruzaron la calle y se dirigieron hacia el parque.
"Así que, dime, Zanahorias," dijo Nick cuando se sentaron en un banco del parque.
"¿Qué cosa, cielo?"
"¿Por qué decidiste venir de tu ciudad natal así tan de golpe?" Nick le preguntó, poniendo su brazo alrededor de Judy y acercándola.
"¿Realmente tengo que explicarte todo, tontuelo?" Judy dijo con una ceja levantada.
"No... pero es tan divertido cuando lo haces."
Judy sonrió y se quedó en silencio. Su expresión cambió. Le abrazó por la cintura y su mejilla rozó contra el pecho de su querido zorro.
"Sólo... necesitaba estar contigo, Nick."
Apoyó su cabeza en el pecho de Nick, acariciándolo suavemente.
"Estos últimos días han sido... muy emotivos. Para todos nosotros."
Nick acarició la cabeza de Judy con la nariz suavemente.
"Compartimos tanto," dijo Judy. "Yo... realmente sentí que te necesitaba..."
Judy miró a los ojos de Nick.
"…dentro de mí."
Nick entrecerró los ojos y la miró con esa expresión pícara que ella tan bien conocía. Entonces Judy se dio cuenta.
"¡Malpensado!" dijo ella, dándole una palmada juguetona en el pecho.
"Ey, ¡yo no lo dije! Tú lo dijiste," dijo Nick riendo.
"¡Eres absolutamente descarado!" Judy rió.
"¡He-ey! ¡Yo no he dicho nada en absoluto!"
Se rieron durante un tiempo y luego se quedaron en silencio de nuevo. Judy subió al regazo de Nick a horcajadas sobre él, apoyando la cabeza en su pecho y cerrando los ojos. Nick la abrazó amorosamente, sintiendo el calor de su querida conejita cerca de él. Ella era tan preciosa. Tan, pero tan preciosa.
"Lo que hiciste por nosotros, Nick... y cómo pusiste una sonrisa en la cara de papá cuando todo parecía tan sombrío..."
Ella abrió los ojos y lo miró.
"Siempre pensé que eras de esos tipos con la filosofía de 'los hombres no lloran', Nick. Pero tú logras sorprenderme cada vez que pienso que he aprendido todo acerca de ti."
Nick sostuvo la carita de Judy con suavidad en su tibia mano, frotando su nariz con la suya.
"Ya aprenderás todo sobre mí, mi cielo," dijo Nick con una mirada amorosa.
"Siempre siento que me llenas cuando estoy contigo, Nick," dijo Judy.
"Sabes, el hecho de que has dicho esas dos frases en un contexto tan ambiguo," dijo Nick. "Me temo que voy a tener que sentarte en mi regazo y vamos a tener que tener 'la charla', señorita."
"¿Qué? ¿Vas a enseñarme por qué las niñas y los niños somos diferentes?" Judy dijo, deslizándose más arriba en su regazo, abrazándolo por el cuello y mirándolo a los ojos. "Bueno, estoy más que dispuesta, guapo. Pero debo hacerle saber, Señor Wilde..."
Ella se inclinó más cerca de él seductoramente.
"... que yo siempre he sido una alumna empírica."
"Bueno, en ese caso, señorita Hopps, tendré que darle una lección práctica."
Sus labios se unieron en un beso cálido. Se abrazaron fuerte mientras sus labios saborearon el suculento afecto corporal. Ambos sentían que sus corazones latían con fuerza.
"Ay, Nick…" susurró Judy casi sin aliento. "¿Y si vamos a mi apartamento?"
"Tus vecinos metiches nos escucharán," dijo Nick, dándole mordisquitos en el cuello.
"No importa. Que escuchen," dijo ella con un suspiro de deseo. "Que escuchen todo lo que quieran."
"Pues entonces…"
Y los interrumpió un fuerte ¡BUM! Y una lluvia de vidrio roto se escuchó.
Judy y Nick abrieron los ojos y miraron al otro lado de la calle. Un ventanal se hizo añicos y el fuego ardía de ella. Y alguien estaba tumbado en la acera.
Automáticamente, sus instintos de policía se activaron. Ellos acudieron al lugar.
"¡Cuerpo de Bomberos!" Judy gritó a toda prisa en su teléfono. "¡Soy la Oficial Judy Hopps, Policía de Zootopia! ¡Explosión en el número 643 de la calle Hashengu! ¡Paramédicos, tráiganlos!"
Ella colgó y vio a Nick llevando a alguien en sus brazos. Alguien casi del tamaño de ella.
"No está respirando," Nick dijo, poniendo al pequeño alguien en el césped del parque al otro lado de la calle.
Judy se dio cuenta de que era una nutria. Parecía que había sido víctima de la explosión y voló por la ventana. Nick comenzó a darle resucitación cardiopulmonar.
"¡Vamos, no te mueras, amigo!" dijo Nick mientras bombeaba el pecho de la nutria.
Y luego... ¡Judy lo vio!
"¡Nick!" ella dijo. "¡Ese topo!"
Un pequeño topo con ropa oscura y grandes gafas caminaba rápidamente en un callejón al otro lado de la calle.
"¡Es él!"
Nick la miró. Ella lo miró. Y asintieron en comprensión completa.
Judy salió corriendo tras el topo mientras que Nick continuó dando a la nutria reanimación cardiopulmonar.
Ella sacó su teléfono y corrió por el callejón, filmando la persecución. Llegó en el otro extremo del callejón justo a tiempo para ver al topo entrar en un coche grande y negro. El coche huyó lentamente. Judy llegó al final del callejón y siguió al coche a pie media cuadra. Y, de repente, vio una cara conocida...
"Flash," dijo.
Flash, el perezoso amigo de Nick del departamento automotor, caminaba hacia una bodega... muy lentamente. En la acera, detrás de él, estaba su coche.
La mente de Judy corrió a toda velocidad. Para cuando Flash le respondiera si podía prestar su auto, el coche negro que se habría escapado. Y de seguro que no le importaría. Después de todo... era amigo de Nick...
Muy rápida y silenciosamente, con cuidado de guardar su teléfono en su bolsillo, Judy corrió hasta el coche de Flash y entró. Por suerte, el perezoso había dejado la llave dentro.
"Nadie lo vio, no sucedió," dijo Judy y puso en marcha el auto. "No estoy robando... simplemente prestando."
Pisó el acelerador y el coche saltó hacia delante como si hubiera sido un canguro.
"¡Válgame!" dijo Judy, pisando el freno y tratando de acostumbrarse al auto mientras perseguía a su objetivo. "¿Le carga combustible de cohete o qué?"
Judy fue tras el coche negro desde una distancia segura. Fue un poco difícil porque el coche estaba destinado para un animal un poco más grande que ella, pero se las arregló. Tomó su teléfono una vez más y filmó al coche negro, tratando de ampliar la matrícula.
El auto negro dobló una esquina, condujo dos cuadras... y dobló en otra esquina...
"¿A dónde vas, Señor Topo?" Judy dijo entre dientes.
De repente, se dio cuenta de que el semáforo se ponía amarillo y el coche negro pisó el acelerador para vencer a la luz.
"¡Oh, no, no!"
Ella disparó detrás del coche negro, pero era demasiado tarde. El coche negro cruzó, la luz se volvió roja... y un gran camión de reparto cruzó la intersección.
¡Judy clavó los frenos! Se detuvo a un pie de distancia del camión de reparto, que clavó los frenos también para evitar la colisión.
"¡Fíjate por dónde vas, zopenco!" gritó el conductor enojado, un cerdo grande.
Judy maldijo en voz baja. Había perdido al coche negro. Mientras esperaba que la luz cambie a verde otra vez, Judy miró el vídeo en su teléfono. Se las arregló para filmar al topo y conseguir una buena imagen del coche, matrícula incluida. Así que no fue una pérdida total.
Judy trajo el coche de vuelta al lugar de donde se lo había llevado y en silencio bajó de él. Y ni bien salió, Flash estaba abriendo la puerta de la bodega de nuevo, caminando con una bolsa de comestibles en sus garras, con una plácida sonrisa en su rostro, sin sospechar nada.
"Bueno... supongo que lo que él no sabe no le hará daño," dijo Judy para sí misma mientras caminaba rápidamente por el callejón de regreso a Nick.
Ella llegó a la escena de la explosión. Los bomberos elefantes controlaron las llamas usando sus trompas como mangueras de agua portátiles.
Judy notó una ambulancia al cruzar la calle, dos paramédicos y alguien en una camilla. Y junto a ellos...
"¡Nick!"
Nick estaba hablando con los paramédicos, sosteniendo la mano de la nutria en la camilla. ¡Los ojos de la nutria estaban abiertos!
"¿Va a estar bien?" Nick le preguntó a los paramédicos.
"Sí, está fuera de peligro. Derechito al Hospital Ratón Eurípides, lo vamos a arreglar. Si no hubiera sido por ti, Oficial, él no habría estado vivo."
A medida que Judy se acercaba a ellos, vio que la nutria sostenía la mano de Nick con fuerza, tratando de hablar. Judy pudo ver en su boca lo que estaba tratando de decir.
"Gracias… gracias…"
"Vas a estar bien," dijo Nick. "Aguanta ahí, campeón. Vas a estar bien."
Los paramédicos alzaron a la nutria en la ambulancia y cerraron las puertas. Nick se quedó allí mirando mientras la ambulancia se iba, con Judy a su lado sosteniendo su brazo con fuerza.
El Hospital Memorial Ratón Eurípides era un lugar cálido y acogedor para los estándares de un hospital. El vestíbulo de recepción era amplio, decorado con un tapiz con la figura de un ratón en una toga que sacaba una espina de la pata de un león. La imagen era simple, pero Judy sintió que el significado era profundo y muy importante.
Nick golpeó ligeramente la puerta de la habitación 352, haciendo que el ramo de rosas que tenía en su brazo se sacudiera un poco. Judy miró a su alrededor; las imágenes agradables en las paredes y los jarrones de flores en cada esquina eran muy acogedores. Sin duda mejor que el linóleo monótono y papel tapiz que asociaba con los hospitales.
La enfermera, una señora castor muy agradable, abrió la puerta.
"Oficiales," dijo. "Pasen. Acabo de terminar de ajustar su intravenosa."
"Gracias, enfermera," dijo Nick.
Judy tomó la mano de Nick y entraron. Una habitación preciosa con una amplia ventana se presentó ante sus ojos, con una imagen de una pequeña casa con un molino de agua junto a un río en la pared. Y en la cama, sonriendo y mirándolos con gratitud, estaba la nutria a quien Nick había salvado la noche anterior.
"Buenos días, campeón," dijo Nick, caminando al lado de la cama.
"Oficial Wilde," dijo la nutria con una cálida sonrisa.
"Espero que te gusten rosas rojas," dijo Nick, colocándolas en un florero en la mesita de luz. "Son cliché, pero eficaces, por lo que me han dicho."
Judy estaba junto a Nick con una sonrisa de alivio en su rostro. Se alegró de que la nutria estuviera fuera de peligro. La nutria extendió la mano libre de suero intravenoso y tomó la mano de Nick.
"Usted me salvó la vida," dijo la nutria. "No puedo agradecerle lo suficiente por lo que ha hecho por mí, Oficial Wilde."
"Sólo hice lo que cualquier buen ciudadano haría," dijo Nick.
"Estaba haciendo mis rondas, todo estaba en silencio, y luego de repente todo se volvió negro y se escuchó un ruido ensordecedor... y entonces desperté y lo vi a usted, Oficial. Y había bomberos por todas partes."
Judy dedujo que él era un guardia de seguridad en el edificio donde había tenido lugar la explosión.
La nutria giró la cabeza para mirar a Judy.
"Oficial Hopps," dijo la nutria. "Me alegro de poder conocerla por fin. Usted ha hecho tanto por mi familia y nunca tuve la oportunidad de darle las gracias personalmente. Me hubiese gustado que fuera en circunstancias más alegres."
"Siempre dispuestos a ayudar," dijo Judy, preguntándose qué había querido decir la nutria con "su familia". No recordaba haber conocido a esta nutria antes. "Para eso estamos. ¿Señor...?"
"Nutriales," dijo la nutria. "Jaime Nutriales."
Los ojos de Judy se abrieron al oír el apellido. Y justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Y...
"¡Jaimito!"
Judy se dio la vuelta y vio al Señor Emmitt Nutriales y a su esposa, y los dos hijos, entrando en la habitación. Entonces se dio cuenta: Jaime Nutriales, el hermano de Emmitt Nutriales.
La familia Nutriales entró en la habitación y el Señor Emmitt abrazó a su hermano con lágrimas en los ojos.
"Oh, Jaimito, cuando oí..."
"Estoy bien ahora, Emmitt. Y los dos oficiales de pie junto a mí son los responsables de que yo esté con vida," dijo Jaime.
"Oh, Oficial Wilde," dijo el Señor Emmitt, volviéndose hacia ellos. "¿Cómo puedo agradecértelo? Usted y la Oficial Hopps han hecho tanto por mi familia. Ustedes realmente son nuestros ángeles de la guarda."
"Caray, Señor Nutriales," dijo Nick. "Sólo cumplimos con nuestro deber."
Todos ellos se abrazaron. El Sr. y la Sra. Nutriales abrazaron a Judy y Nick, los niños hicieron lo mismo. Fue una reunión muy emotiva.
Después de un montón de gracias y abrazos, los niños dieron su tío las tarjetas de buenos deseos que habían hecho para él. Jaime Nutriales sonrió y acarició las cabezas de sus queridos sobrinos. Toda la familia dio gracias por tenerlo sano y salvo.
Nick dio a Judy una mirada de soslayo, y ella entendió.
"Bueno, nosotros debemos marcharnos," dijo Judy. "Es tan bueno verle en buenas manos, Señor Nutriales."
"Oficiales, se los agradezco una vez más," dijo Jaime. "De parte de todos nosotros. No sé cómo puedo agradecerles lo suficiente."
"Puedes darnos las gracias descansando bien y probando los ricos platillos de primera clase que sirven en este hospital," dijo Nick con un guiño. "Me consta que el puré de manzanas es exquisito."
"Lo haré, Oficial," dijo Jaime. "Gracias de nuevo."
Nick y Judy se despidieron de los Nutriales y salieron de la habitación. Caminaron hasta el ascensor. Judy apretó el botón y la puerta se abrió con una agradable campanita y entraron en el ascensor.
Mientras estaban en el ascensor, la expresión de Nick cambió, de su cálida sonrisa a una mirada de pura determinación.
"Soy todo oídos, Zanahorias," dijo.
"Je je, esa es mi frase, cariño," dijo Judy con una sonrisa.
Nick no pudo evitar reír mientras Judy sacó su teléfono y le mostró lo que había grabado la noche anterior.
El Jefe Bogo apoyó la barbilla en sus pezuñas. Miró el video por tercera vez en el teléfono de Judy antes de decir nada.
"¿Y este topo estaba en ambas escenas del crimen?"
"Sí," dijo Judy. "Bueno... una escena del crimen y la otra presunta escena."
"O las dos presuntas escenas del crimen," dijo Bogo con aspereza.
Nick se sentó en silencio junto a Judy mientras ella estaba de pie en la silla con su teléfono delante del Jefe Bogo, mostrándole lo que había grabado.
"Tenemos que indagar esto, Jefe," dijo Judy. "Si no lo hacemos, puede haber más crímenes..."
"O accidentes," dijo Bogo, moviendo su pezuña a un lado de su escritorio y tomando un periódico. En la portada, el titular decía: FUGA DE GAS CAUSA EXPLOSIÓN EN TIENDA.
"¿¡Fuga de gas!?" dijo Judy.
"Eso es lo que los periódicos están diciendo," dijo Bogo. "Y eso es lo que la prensa va a decir. Y mañana el titular será diferente, tal vez un poco más alegre como 'Finalistas para Miss Zootopia Rompen el Silencio' o alguna estupidez como esa."
"Jefe... ¡tenemos que investigar esto!" dijo Judy.
Bogo suspiró profundamente y habló lentamente.
"Sé exactamente cómo va a terminar esto, Hopps," dijo Bogo. "Les mostraremos esta grabación, van a decir que no hay evidencia para sugerir que el topo tuviera algo que ver con la explosión. Probablemente estaba huyendo de miedo. Quedará en eso. Luego, al día siguiente, un telegrama colacionado muy desagradable llegará del abogado del distinguido Presidente de Terra Firma Incorporada. Él estará entablando una demanda judicial por difamación y calumnia. Cualquiera que sugirió su implicancia en la explosión tendrá que retractarse, y ahí es donde terminará todo este asunto."
Judy no podía creer lo que oía. Pero era cierto. Ella y Nick sabían que no tenían nada. El enemigo tenía todas las cartas.
"Me gustaría que no fuera así, Hopps," dijo Bogo. "Pero así es como son las cosas. Esta conversación no puede servir ningún propósito. Pueden irse."
Judy y Nick sabían que cuando Bogo decía esas palabras, no había nada más que discutir. Bajaron de su silla y se dirigieron a la puerta.
"Hopps."
Se dieron la vuelta y vieron una vez más a Bogo con esa expresión indescifrable que estaba en algún lugar entre empatía y compasión, dos calificativos que no encajaban para nada con la personalidad del jefe.
"Algunos enemigos no pueden ser vencidos por medios convencionales," dijo Bogo. "Este no es un ladrón común o un asaltante de bancos. Si lo que dicen ustedes es verdad, y para que conste, yo creo que tienen razón en lo que sospechan... estas personas están bien conectadas y saben cubrir sus pasos. Si van a investigar este caso, deben hacerlo desde las sombras. No se expongan. ¿Entienden?"
Judy y Nick se miraron entre sí y luego a Bogo, y asintieron.
"Estas personas saben cómo cubrir sus huellas. Y tienen que hacer lo mismo ustedes. No quiero ser el que tenga que sacar sus cuerpos de la bahía porque no fueron lo suficientemente cautelosos. No quiero ser el que tenga que escribir cartas de condolencias a sus familias. A decir verdad, nunca fui muy bueno en escribir cartas."
Bogo se puso de pie y caminó alrededor del escritorio hacia la puerta. Él abrió la puerta para ellos y habló en un tono bajo.
"En lo que a mí respecta, esta conversación nunca sucedió. Y ustedes dos están de permiso y han ido a bailar o a patinar o lo que sea que hacen los jóvenes hoy en día," dijo Bogo. "Pero si ustedes tienen razón sobre esto... sólo sepan que cuentan con mi apoyo, cien por ciento."
Todos ellos se miraron y asintieron en comprensión completa.
"Ahora fuera," dijo Bogo. "Es demasiado lindo día para estar adentro."
El apartamento de Judy era el más cercano.
"Me huele como un encubrimiento," dijo Judy mientras buscaba en Zoogle las noticias, sentada en su mesa al lado de la ventana. "La tienda de comestibles que fue atacada..."
Ella lo encontró en Zoogle. Esa tienda había existido desde la década de 1920.
"Te apuesto un plato de moras y una manzana a que la dueña se negó a vender a Terra Firma, y esta explosión fue la consecuencia."
Nick asintió mientras observaba de pie junto a la silla con sus manos sobre los hombros de Judy.
"Es demasiada coincidencia," dijo Judy mientras buscaba en Zoogle Terra Firma, Inc. La búsqueda le dio varios artículos.
"No existen las coincidencias," dijo Nick. "Sólo las conexiones."
"Sí, y ese topo sin duda está conectado," dijo Judy al hacer clic en un video en su lista de resultados.
El título del vídeo era "Presidente de Terra Firma, Inc. Discurso Inaugural."
Judy vio como el Alcalde Mousawitz dijo unas palabras y luego presentó al Presidente de la Compañía. Y luego... Judy casi se cayó hacia atrás.
"¡Él... él es un… conejo...!"
Y lo era. El nombre del conejo apareció en la parte inferior del subtítulo: Preston Reyes, Presidente de Terra Firma Incorporada.
Judy observó boquiabierta como el presidente pronunció un discurso con una voz sedosa y aceitosa que cautivó a la prensa. Él los tenía comiendo de su mano. El video terminó y Judy se volvió hacia Nick.
"¿Tú lo sabías?"
Nick asintió.
"Pero... ¿por qué no me lo dijiste?"
"No lo creí importante," dijo Nick.
"¡¿Que no es importante?!" Judy soltó. "Nick, ¿qué quieres decir...?"
"Judy..."
Ella paró. Su corazón saltó un latido. Se sonrojó. Nick sólo la llamaba por su nombre cuando él estaba hablando en serio. Muy en serio.
"No importa quién sea. Lo que importa es lo que está haciendo, y la gente que está sufriendo," dijo Nick lentamente. "Tú creciste con ovejas toda tu vida en tu pueblo. Son una especie amable y tímida. Totalmente inofensivas. Y, sin embargo, ¿quién estaba detrás de la conspiración de los aulladores?"
Una cara sonriente con anteojos vino a la mente de Judy. Una cara linda, suave y esponjosa con gafas y benévola... que resultó ser la autora intelectual del crimen más grande en la historia de Zootopia, un crimen que casi destruyó la ciudad.
"Creciste toda tu vida creyendo que los zorros eran brutos de poca confianza, y que nunca debías fiarte de uno," dijo Nick. "Y sin embargo…"
Se quedó en silencio. Judy se levantó y lo abrazó fuerte, presionando su cara contra el pecho de su amado zorro e inhalando su precioso y acogedor aroma.
"Nick… lo siento tanto..."
Nick la abrazó con fuerza y la besó en la parte superior de su cabeza. Y entonces volvió su pícara sonrisa fresca.
"Vamos, no te pongas lacrimógena, Zanahorias," dijo jovialmente. "Tenemos un caso que resolver y un villano que detener."
Judy se limpió dos pequeñas lágrimas en la camisa de Nick.
"Ay, mi conejita. A ver, respira profundo... suéltalo poco a poco... eso es. Vamos a ver esa sonrisa... me muestras los dientes," dijo Nick mientras sostenía la carita de Judy en su mano. "Vamos, a ver una gran sonrisa, muéstrame estas blancas perlas... así, muy bien. Eso está mejor. ¿Quieres un besito exquisito? ¿De tu zorrito, tan mimosito?"
Judy sonrió y se rió, abrazándolo con afecto.
"Bueno, señorita detective," dijo Nick. "¿Cuál es nuestro próximo movimiento?"
Judy se dio la vuelta, cerrando su computadora y tomando su llavero de la mesa. En su llavero había una unidad de memoria portátil con forma de zanahoria.
"Vamos a ir al centro y hacer algunas investigaciones."
"Hmm..." dijo Nick. "¿Y estas 'investigaciones' incluyen la obtención de información por métodos de dudosa legalidad?"
La sonrisa de Judy no podría haber sido más pícara.
"Absolutamente."
El vestíbulo de recepción de Terra Firma Incorporada era casi como un museo. Había pequeñas exposiciones que mostraban dispositivos agrícolas de tiempos remotos, equipos modernos, granjas modelo donde todo era automático... y quizás lo más desagradable, una estatua de 4 metros del Presidente Preston Reyes justo en el medio del recinto.
Judy y Nick entraron en el vestíbulo de recepción. Pero nadie que los había conocido los habría reconocido. Judy llevaba un chal alrededor de su cabeza, las orejas metidas, y gafas oscuras. Nick llevaba gafas oscuras, un sombrero de fieltro y su atuendo campesino que había usado en Bunny Burrow, tallito de heno entre los dientes y todo.
"Creo que esto es lo que ellos llaman 'agricultura científica' o algo así," dijo Nick fingiendo hablar como entrerriano mientras él y Judy iban de una exhibición a la siguiente.
"¡Mah, patrañas! No hay nada como una azada para remover la tierra unas buenas semillas para hacer buenas cosechas, pue," dijo Judy.
Había poca gente en el vestíbulo. Nadie se fijó en ellos. Se pararon frente a la 'Granja del Futuro' y Judy miró a su derecha. Vio una puerta que daba a la zona de oficinas.
"Está bien..." susurró. "Tan pronto como nadie está mirando."
"Te aviso... ¡ahora!" susurró Nick.
Judy abrió la puerta con cuidado mientras Nick la cubría y se escabulló hacia el pasillo de las oficinas. Nick se paró frente a la exposición y fingió estar interesado, vigilando tras sus gafas oscuras.
Judy se quitó las gafas y las colgó en el cuello de la camisa. Ella estaba en un largo pasillo. Había una cesta de paraguas al lado de una puerta que decía RESTRINGIDO.
"Bueno, el mejor lugar para comenzar," dijo y abrió la puerta con cuidado.
Entró en una sala con varios ordenadores de gran tamaño. En el otro extremo había un escritorio, con una computadora normal. No había nadie a la vista. En silencio, Judy caminó de puntillas hacia el ordenador y movió el ratón, haciendo que el protector de pantalla desapareciera.
"Bueno. Veamos."
Ella buscó entre los archivos cualquier cosa que pudiera ser útil. Durante unos tres minutos buscó y buscó, todo el tiempo mirando hacia la puerta en caso de que alguien entrara.
Finalmente, encontró lo que buscaba.
"Las adquisiciones," susurró para sí misma.
Era toda una carpeta, llena de archivos.
"Esto podría servir," dijo ella, tomando su llavero y enchufando su unidad de memoria al equipo.
Ella dio el comando de COPIAR, y los archivos comenzaron a copiarse.
10%...20%…
"Vamos…"
40%...45%...
"Dale, vamos, vamos…"
64%...68%...
"Más rápido, por favor…"
70%...74%...
De repente, oyó que la puerta se abría. Judy se escondió debajo de la mesa. Oyó pasos fuertes como cascos. Caminaron alrededor de la habitación, se detuvieron frente a algunos de los grandes ordenadores... y luego salieron de la habitación.
Judy suspiro. Con mucho cuidado, se asomó por encima del escritorio. La habitación estaba vacía. Y la pantalla decía 99%.
Tres segundos más... ¡y 100%!
"¡Bingo!" Judy susurró mientras desconectó la unidad de memoria y la guardó en el bolsillo. Caminó de puntillas a la puerta, escuchando cuidadosamente. No se escuchaba a nadie en el pasillo de afuera.
Ella abrió un poco la puerta. Pasillo vacío. Se deslizó fuera de la habitación y comenzó a caminar hacia la salida. Estaba justo al lado de la cesta paraguas... cuando de pronto...
"¡Oiga!"
Judy se congeló. ¡Alguien la había visto!
"¡Eh, tú!"
La mente de Judy corrió a mil por hora y actuó inmediatamente. Rápidamente se puso sus gafas oscuras y cogió un paraguas de la cesta y comenzó a golpetear el suelo con la punta, poniendo su otra mano delante de ella.
"¡Señorita! ¡Usted no puede estar aquí!" dijo una voz, viniendo más cerca de ella.
"¿Eh? ¿Eres tú, Claudio?" Judy dijo en voz alta, moviéndose torpemente.
"Señorita, esto es..." dijo la voz, y de repente se detuvo.
Judy se dio la vuelta, fingiendo que no podía ver nada. Pero detrás de sus gafas oscuras, vio exactamente quién era. Un topo estaba de pie frente a ella, con una expresión de sorpresa en su rostro. Un topo con gafas gruesas que llevaba un traje de negocios impecable.
"Um... señorita..." dijo el topo vacilante, al darse cuenta por qué ella probablemente había entrado aquí. "Esta es un área restringida."
"¿Restringida? ¿Cómo se supone que una chica pueda ir al baño de señoras si está restringida?"
"Um... el baño de damas está en el otro lado del vestíbulo, señorita," dijo el topo. "Vamos, te voy a mostrar a la entrada."
"No es probable que usted me pueda mostrar nada, joven," dijo Judy, agitando su paraguas.
"Por favor. Permítame que la ayude."
El topo tomó del brazo a Judy y la dirigió a la salida. Era gentil y caballeroso. Judy no había esperado eso. Pero no se delató, ella usó sus habilidades de actriz para fingir que no tenía idea de dónde estaba.
"¡Condenados edificios modernos! ¿Por qué no pueden ustedes hacer los edificios como antes? El baño de señoras está siempre está al fondo a la derecha. ¡Todos saben eso, pue! Porque a la izquierda hay…"
"Lo siento, querida señorita, de verdad," dijo el topo, genuinamente disculpándose. "Menos mal fui yo el que la encontró y no alguien de seguridad."
Nick estaba esperando afuera en el vestíbulo, sintiéndose cada vez más nervioso. La puerta de la zona de oficinas se abrió, y Nick vio a Judy siendo escoltada por el topo. Vio su actuación y de inmediato supo lo que había sucedido. Le siguió el juego.
"¡Susana Zanahortencia Algodomínguez! ¡He estado buscándote por todos lados!" Nick dijo con severidad, sus manos en las caderas. "¿¡No te he dicho cien veces que no debes caminar solita por ahí!? Si tu madre se entera de esto, ¡me cuece los nabos!"
"¿Eres tú, Claudio? ¿Dónde te metiste?" dijo Judy.
"¡Coneja tontuela!" dijo Nick, tomando de la mano a Judy.
Luego se volvió hacia el topo.
"¡Te lo agradezco, chei!" dijo Nick. "Esta coneja se vuelve más y más tolonga por hora."
"El único tolongo en este recinto eres tú, Claudio," replicó Judy.
"Vamos, señorita, que tu má está esperando por nosotros," dijo Nick, tirando de ella hacia la puerta principal.
"¡Necesito ir al baño de señoras, sotreta!" dijo Judy. "¡Así es como me perdí, pue!"
"¡Ay, estos conejos! No pueden aguantarse las ganas ni veinte minutos," dijo Nick, dando la vuelta en dirección al baño de damas.
El topo todavía estaba allí, mirando a los dos.
"¡Muy agradecido, Topo Gigio!" dijo Nick, dándole una palmada en la espalda al pasar.
"Ah, Jenkins," dijo el topo. "George Jenkins."
"Muy agradecido, Topo Jenkins," dijo Nick, tomando nota mental.
Nick llevó a Judy al baño de damas. El topo, George Jenkins, después de ver que todo estaba en orden, se dirigió de nuevo a la zona de oficinas, desapareciendo por la puerta.
Nick esperó hasta que Judy salió de nuevo. Luego simuló guiarla fuera de la puerta principal.
Judy y Nick salieron del edificio haciendo pantomima todo el camino, hasta que llegaron a la esquina de la manzana. Entonces miraron a su alrededor para ver si alguien estaba mirando, y se echaron a caminar a paso ligero.
"¿Lo obtuviste?" preguntó Nick.
"Justo aquí, Claudio," dijo Judy, tomando su unidad de memoria triunfalmente en su mano.
"Coneja muy astuta," dijo Nick con una sonrisa. "Creo que sé exactamente dónde es nuestra próxima parada."
"No podría haber otra," dijo Judy.
Judy abrió la puerta pintada con un signo 'Radiactivo'. Lo que vieron sus ojos era conocido y sin embargo no fue menos impresionante. Viejos ordenadores y equipos incontables amontonados sin orden en mesas y bancos de trabajo. Mientras ella y Nick entraron al recinto, Judy llamó.
"¡Gari! Sé que estás ahí."
Sin respuesta.
"¿Gari?"
"¡Vamos! ¡Él ni siquiera le toco al infeliz!"
Se escuchó una voz desde el otro extremo del laberinto de chatarra. Nick sonrió mientras conducía a Judy a través de los montones de computadoras y finalmente lo vieron.
Garibaldi de Zar y Güeya, el amigo hacker de Nick, estaba sentado en un viejo sillón frente a un enorme aparato de televisión, comiendo cereal de arroz y viendo lucha libre.
"¡Sí! ¡Sí! ¡Una maravilla! ¡Ahora al suelo con ese zopenco!"
El enorme buey en la televisión hizo un impresionante movimiento de lucha libre desde la tercera cuerda y golpeó a su oponente elefante, tumbándolo al suelo.
"¡Inmovilizado! ¡Vamos árbitro! ¡Uno!" gritó Garth. "¡Dos y tres! ¡VIVA!"
"Um... hola Gari," dijo Judy.
¡La zarigüeya casi saltó de su sillón! Se dio la vuelta y rápidamente levantó la mano y detuvo el programa con su mando a distancia.
"¡Oh!" dijo Gari. "¡Oficial Hopps! ¡Y Nick! ¡Cuánto tiempo sin veros, tíos!"
"Siento interrumpirte," dijo Judy.
"¡Pero si no es molestia, maja! Solo estaba viendo la repetición de cuando Buey Misterio le dio un somero mamporro a Triple E," dijo Gari. "¡Es mi pelea favorita!"
"No tenía idea de que te gustaba la lucha libre," dijo Judy.
"¡Oh, he sido un fanático toda la vida!" Gari dijo, levantándose de su sillón. "Buey Misterio es mi favorito de todos los tiempos, campeón imbatible."
Gari estiró un par de sillas camufladas entre los montones de basura para ellos.
"Entonces, ¿qué puedo hacer por vosotros?" preguntó Gari.
"Tenemos algo que nos gustaría que investigues," dijo Nick.
Judy le dio su unidad de memoria con forma de zanahoria.
"Bueno, vamos a ver lo que tenemos aquí," dijo Gari, caminando a su computadora principal.
Judy y Nick siguieron a su amigo que se sentó frente a su computadora principal y enchufó la unidad de memoria.
"Hmm..." dijo Gari. "Esto sí que está encriptado. ¿Puedo asumir que no se trata de un proyecto escolar de quinto grado?"
"Um, no exactamente," dijo Judy, mirando de reojo a Nick, quien le guiñó.
"Bueno, podría descifrar esto en un instante," dijo Gari. "Pero…"
Se detuvo y se dio la vuelta en su silla, mirando directamente a ellos.
"Me temo que no hay manera de que yo haga esto sin cruzar en el terreno de lo... eh... legalmente dudoso. Y quiero decir muy, muuuy dudoso."
Judy le dio un guiño.
"Nadie lo vio, no sucedió," dijo ella.
"Esa es mi chica," dijo Gari, tomando un disco compacto de un cajón a su izquierda.
Insertó el disco en la unidad y tocó algunas teclas. Una barra de progreso apareció y los archivos comenzaron a descifrarse.
"Esto va a tardar unos minutos," dijo Gari. "Mientras tanto, ¿queréis algo de beber? Creo que hay un poco de jugo de naranja y de uva en algún lugar a su izquierda."
"Ah, estamos bien, Gari. Gracias," dijo Judy.
De repente, sonó el teléfono de Nick. Lo sacó y miró el identificador de llamadas. Era un número desconocido.
"¿Hola?" Nick dijo, contestando.
"¡Oh! ¡Oficial Wilde!" dijo una voz sin aliento en el otro extremo. "Um... Estoy tan contenta de que funcionó. A menudo los números se me mezclan. Pero de todos modos... ¡tengo los resultados! De su zanahoria. Si usted puede pasar por el laboratorio, ¡te voy a mostrar todo!"
Pausa incómoda.
"Um... todo lo que mi análisis descubrió... acerca de la zanahoria y los resultados... y todo eso..."
"Voy para allá," dijo Nick, colgando el teléfono.
"¡Repámpanos! ¿Dónde las encuentras, Nick?" dijo Gari mientras jugaba un juego de ladrillos en su pantalla.
"A decir verdad… ellas me encuentran a mí," dijo Nick, dando a Judy una sonrisa pícara.
Judy le dio un puñetazo juguetón y se rió.
"Tengo que ir al precinto un rato," dijo Nick. "Voy a estar de vuelta tan pronto como sea posible."
"Te llamaré cuando descifremos estos archivos," dijo Judy.
"¡Estate de vuelta antes del almuerzo, Nick!" dijo Gari. "¡Es jueves de tacos!"
"Eh… ¿no se supone que sea martes de tacos?" preguntó Nick.
"Eso es los martes. Jueves de tacos es los jueves."
"Um, oh sí. Tu lógica es irrompible," dijo Nick, caminando hacia la puerta y subiendo las escaleras del sótano. "¡Les veo en un rato!"
Nick llamó suavemente a la puerta del Departamento Forense. Era una hora antes del mediodía. Estaban haciendo un buen progreso.
Ámbar abrió la puerta y se sonrojó como de costumbre.
"¡Oficial Wilde!" dijo Ámbar. "¡Me alegro que esté aquí! ¡Y me alegra decir que pude terminar con su zanahoria!"
Pausa incómoda.
"Um... quiero decir… he terminado de trabajar en la muestra de la zanahoria... que dejó, para su estudio, y los resultados están listos... y me gustaría mostrárselos... los resultados, claro."
"Impresionante, Ámbar," dijo Nick amablemente. "Vamos a ver los resultados."
Entró y Ámbar le condujo a su equipo que estaba en su escritorio bien ordenado. Muy diferente al lugar de Gari.
"Técnicamente, no hay nada malo con la zanahoria, Oficial Wilde," dijo Ámbar, sentada con delicadeza en su silla de computadora y tocando suavemente las teclas con sus dedos, con las piernas dobladas debajo de la silla y su cola en su regazo. "No hay envenenamiento químico, ningún virus. Debería ser saludable y comestible. Excepto que no lo es."
"Así que... ¿murió de causas naturales?"
"No," dijo Ámbar. "Y eso es lo más desconcertante."
Abrió una imagen con varias fórmulas químicas en letra pequeña. Parecía un aumento extremo de una delgada porción de la zanahoria.
"La zanahoria murió de agotamiento de nitrógeno," dijo Ámbar. "Lo que significa que casi no tiene nitrógeno en sus tejidos. Las proteínas en sus células se vinieron abajo y murieron a causa de la falta del componente esencial de sus aminoácidos."
Ámbar giró en su silla para mirar a Nick.
"Imagínese no poder reparar su cuerpo después de un largo día, Oficial Wilde. Usted trabaja largas horas y va a su casa a descansar, pero en lugar de reparar los tejidos durante la noche, como el cuerpo hace normalmente, esos tejidos se mantuvieran dañados y finalmente se dañen tanto que colapsen. Bueno, eso es lo que le pasó a esta pobre zanahoria."
Nick escuchó con atención.
"Este tipo de cosas ocurriría naturalmente si la zanahoria fuera plantada en suelo pobre agotado a causa de exceso de cultivo. Pero ese definitivamente no es el caso. Los agricultores de Bunny Burrow nunca permitirían que eso suceda. Es como si alguien de alguna manera empobreció la tierra de la noche a la mañana, pero es muy difícil creer que alguien pudiera hacer eso."
"Hmm..." dijo Nick. "Empobrecer la tierra de la noche a la mañana. Eso plantea más preguntas."
"Me temo que sí, Oficial Wilde," dijo Ámbar.
"Preguntas a las que voy a encontrar respuestas," dijo Nick con determinación. "Ámbar, ¡muchas gracias! Tengo que irme ahora, tiene que encontrarme con un viejo amigo mío para el almuerzo. Te debo una, en serio."
"Oh, ¡es más que un placer, Oficial Wilde!" dijo Ámbar, levantándose y caminando con él hacia la puerta.
Ámbar abrió la puerta para Nick. Él se detuvo en el umbral, mirándola y sonriendo.
"Sabes, el Departamento Forense solía ser como una especie de limbo al que nadie entraba, hasta que llegaste tú," dijo Nick. "Estábamos acostumbrados a pasar de largo esta puerta como si fuera sólo una parte más de la pared. Pero ya no. Ahora tengo una buena razón para pasar por aquí y entrar y saludar. Siempre es bueno tener una amiga como colega, Ámbar. Realmente aprecio todo lo que haces y me aseguraré de pasar por aquí cada vez que tenga oportunidad."
La cara de Ámbar se iluminó de alegría. Con las mejillas encendidas, cerró los ojos, completamente cautivada.
"¡Oh, Oficial Wilde! Usted puede venirse adentro cuando quiera," dijo Ámbar con deleite.
Hubo un silencio.
"Em... venir dentro del laboratorio... y hacerme una visita... siempre estoy aquí, trabajando en algo," dijo Ámbar, jugueteando con sus manos. "Y contenta de tener compañía... sí, siempre dispuesta..."
"Gracias, Ámbar," dijo Nick. "Eres una santa y lo sabes."
Se despidió y corrió por las escaleras a la entrada.
"Me pregunto cuánto gastará esta minita en lavandería."
