En el Distrito Alto se alzaban los edificios más distinguibles de Deredes como maravillas arquitectónicas elaboradas de piedra con los alfeizares adornados en madera. Y destacando por encima de todos, se encontraba el castillo, con sus estandartescolgado de los muros con sus colores rojizos resaltando el emblema de Pridelands;la cabeza de un león dorado rugiendo de perfil mostrando los colmillos.
Dentro del castillo, en la sala de mapas, se llevaba a cabo una junta elaborada por el Consejo de Deredes, sin saber que sus disputas eran escuchadas por una joven leona escondida en la habitación de al lado con el oído pegado al muro, las paredes podrían ser gruesas pero no eran nada a comparación de su oído sutil.
La sala de mapas era un cuarto ligeramente amplio, lo suficiente para que todos los miembros del Consejo cupieran dentro, el centro del suelo se encontraba decorado con una alfombra de color rojo sobre la cual se encontraba una mesa de piedra con sillas a su alrededor, y sobre esta, un mapa dibujado en papiro de los terrenos y los reinos extendidos por la sabana, las costas, la selva y el desierto.
La habitación careciente de cualquier ventana al exterior, era iluminada por las velas de los candelabros colgados del techo que proyectaban una luz tenue sobre las personas de la habitación haciendo que todas mostraran un semblante serio y formal.
El silencio se rompió cuando un Martín Pescador habló con elegancia:
"Atención caballeros, se les informa de la llegada de una carta del reino de Duma." Anunció Jeijan, el mayordomo real.
"¿Qué dice dicha carta? Tiene que ser sumamente importante para distraernos de nuestras tareas diarias." reclamó el leopardo Sarafu, consejero de la moneda. "Unos tenemos mejores cosas que hacer."
"Tan impaciente como siempre Sarafu," contestó la leona sacerdotisa Luam, "tienes que aprender que las cosas importantes toman su tiempo."
Luam, a pesar de ser la sacerdotisa de Deredes, su vestimenta era simple: Un vestido y un taparrabos violeta, aunque el taparrabos era largo hasta los pies se podían ver un poco las piernas por los costados, sus muñecas y cuello carecían de cualquier joya de alto valor, a diferencia de Sarafu quien presumía de tener brazaletes y aros de oro contrastando con las joyas de madera pintada que poseíaLuam.
"Lo sé. Por eso prefiero estar realizando mi trabajo en lugar de estar aquí."
"No creo que el reino se desmorone solo porque te ausentes un instante Sarafu. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Qué se pierdan una piezade plata?" Se burló de él Luam.
"Con una pieza de plata se puede comprar mucho y tú lo sabes."
"Ya comenzaron otra vez." Murmuró para sí mismo Urath. "¡Guarden silencio!" Les ordenó haciendo callar a todos. "Por los dioses, se comportan como cachorros discutiendo por un juguete."
Avergonzados de su comportamiento, guardaron silencio y cada uno tomó su asiento que le correspondía.
"Gracias Lord Urath." Dijo la reina Palier desde su asiento con amabilidad.
"No hay de qué."
La reina Palier, encargada de gobernar Pridelands, Deredes y sus ciudades menores. A pesar de lucir joven considerando su edad, la leona apenas podía con el estrés de gobernar junto con el de criar a su hija, la princesa hacer que nadie se diera cuenta de su condición, pero eso era casi imposible.
Su vestido azul adornado con telas anaranjadas alrededor del abdomen para resaltar sus atributos y el grueso collar con patrones pintados en distintos colores haciendo parecer que llevaba envuelto un arcoíris alrededor del cuello la hacían casi brillar en aquella habitación.
Ella era hermosa y lo sabía, pero las penas y el cansancio empezaban a apoderarse de ella; su sonrisa iba desvaneciéndose poco a poco con el paso de los días hasta el punto en que era rara la ocasión en que sonreía o llegaba a reírse, sin contar que sus ojos amarillos comenzaban a tener ojeras. ¿Por noches sin dormir? ¿Por llanto? Nadie lo sabía, ella siempre fue un poco reservada, sobre todo después de la muerte de su esposo, el rey Morathi.
"Por favor, prosigue Jeijan." Le pidió Palier al ave mayordomo.
"En dicha carta, se informa acerca de la futura visita del rey de Duma a nuestras tierras. Llegará a Deredesdentro de una luna."
"¿Jata?" interrumpió la leopardaBishara, consejera de comercio y hermana de Sarafu, "Hace mucho que no teníamos noticias sobre él, ¿a qué se debe su visita?"
Petir, un león negro consejero de espionaje, levantó la garra con elegancia para tomar la palabra.
"Uno de mis espías en Duma me ha informado acerca de esto," volteo la vista hacia donde se encontraban los dos hermanos, "se rumorea que el rey Jata quiere establecer una nueva ruta comercial entre Deredes y Duma, buenas noticias para ustedes… y para el reino." Diciendo esto último hacia la reina Palier.
"Mi reina," intervino Urath, "no nos podemos confiar tanto de los rumores que recibimos por las ratas de Petir."
"MIS JERBOS," reafirmó Petir, "han ayudado a recopilar información de los reinos y sus alrededores durante años. No hay ningún secreto que se pueda esconder ante mí." Dirigiéndose hacia Palier continuó. "Los topos y aves confirman los rumores su majestad."
La reina Palier, meditó un momento sobre el crear un tratado de comercio con Jata, no se habían visto desde el funeral por la muerte de Morathi.Él había sido un amigo de ella y su esposo, e incluso había mostrado interés por ella durante su juventud, en aquellos días antes de que se casara con Morathi. Además, al crear nuevas rutas de comercio el poblado de Pridelands podría mejorar notablemente en su economía, sobretodoDeredes al ser la capital del reino y el corazón comercial de Pridelands.
"Sarafu, ¿De cuanta moneda disponemos para hacer un festín?" preguntó la reina Palier.
"El suficiente pero, ¿Qué tiene en mente mi reina?"
"No dejaremos que esta oportunidad se nos escape de las patas. Jata ha sido un gran amigo de mi difunto esposo pero también es quien reina Duma, su comercio se extiende hasta tierras más allá del gran mar y si él viene con una invitación para comerciar y obtener bienes de tierras lejanas tenemos que convencerlo cueste lo que cueste."
"¿Y cómo tiene planeado convencerlo su majestad?" Preguntó Sarafu.
"Su majestad," Dijo Luam asomándose por detrás de Urath para poder ver a la reina directamente, el cuerpo del comandante sentado a su lado era enorme y le impedía lograr verla a menos que se inclinara sobre la mesa, "si el rey Jata vendrá dentro de una luna me gustaría hacer una recomendación para sorprenderlo en su estadía."
"Te escuchamos."
Luam alzó su voz para que todos pudieran oírla.
"Podríamos utilizar el dinero en el Festival del Fuego."
"Me agrada su propuesta." Comentó Sarafu dejando a Urath asombrado ante la posibilidad de que estuviera de acuerdoLuam en algo. "De esa manera podemos matar dos pájaros de un tiro y ahorrar en recursos… Disculpa por mi expresión Jeijan." El mayordomo se limitó a permanecer callado con la mirada en blanco.
Lo sabía. Dijo Urath para sus adentros.
Durante el festival se llevaban a cabo danzas alrededor de una hoguera y un pequeño torneo de pelea para conmemorar el don que les había otorgado una de las deidades que crearon la Tierra, el fuego. Deredes estaba orgulloso de ese don, éste no solo les otorgaba alimento caliente, el fuego también representaba la fuerza de todos los guerreros ardiendo en su interior. El fuego no es destrucción como algunos piensan, sino es transformación, como la inútil piedra que es calentada en los hornos para utilizar en todo su potencial su poder interno convirtiéndose desde el más humilde vaso de arcilla hasta la espada de acero más filosa.
Una oleada de recuerdos le llegó a Urath, en su mente se veía a él mismo llevando a Daudi a un espectáculo de danza, todavía era pequeño e intentaba pararse de puntitas para intentar ver el entretenimiento al aire libre por lo que Urath decidió cargarlo sobre sus hombros.
En medio del recuerdo, algo brotó, un pequeño detalle que todos estaban ignorando.
"Pero el Festival del Fuego se celebra varios días después de la próxima luna." Dijo Urath.
El semblante de la reina se tensó ligeramente mostrando preocupación de que el plan saliera mal.
"¿Podemos adelantarlo por esta vez Luam?" Preguntó Palier.
La sacerdotisa pensó profundamente. Nunca antes había ocurrido eso por lo que no estaba del todo seguro que responderle a su reina.
"Siempre se ha festejado con el alce de la luna llena pero si es tan importante para usted mi señora, creo que podríamos hacerlo cuando la luna oscura se encuentre en el cielo."
"Esperen." Interrumpió Urath. "No creo que sea conveniente que se lleve a cabo durante la luna oscura. Últimamente ha habido casos de robos y atracos por parte de los ladrones, realizar el festival durante la luna oscura les beneficiaria para ocultarse en las sombras."
"Por favor," dijo con ironía Jeijan, "¿No puedes atrapar a unos hambrientos descarriados?"
Urath golpeó la mesa con su garra generando un golpe seco.
"Esos hambrientos descarriados como tú los llamas, han causado problemas por todas las ciudades a lo largo de Pridelands, han atracado a carabinas mercantes de los demás poblados y mis hombre no han podido atraparlos porque son tan escurridizos como el agua. Algunos hasta han afirmado que usan la brujería a su favor. Son un peligro para el pueblo, incluso lo serían también para el rey Jata desde el momento en el que ponga un pie en Deredes."
En la sala de mapas todos permanecieron en silencio. La imagen del rey de Duma siendo atacado se proyectó en la mente de Palier. No iba a permitir que uno de sus más cercanos amigos sufriera tal infortunio.
La reina se levantó de su asiento lentamente y mirando fijamente a Urath dijo:
"Se te ha dado el cargo de Lord Comandante del Ejército de Deredes, y me estás diciendo que no son capaces de proteger siquiera a una única persona de ser asaltada durante unos pocos días."
El cuerpo de Urath se miraba tenso ante los ojos de Palier, aunque la mayoría de la gente dijera que la reina era una leona gentil, poseía una mirada penetrante con la cual se sentía que te podía ver el alma.
"N… no su alteza," tartamudeo Urath, "no quería decir eso. Si se trata de custodiar al rey Jata, con mucho gusto escogeré una tropa para protegerlo durante su visita."
El semblante de Palier se relajó un poco ante la solución de su comandante.
"Te agradezco mucho la protección personal de tus hombres lord Urath, pero eso no solucionará el problema. Tienes suficiente tiempo para intentar erradicar a los ladrones de Deredes antes de la visita de Jata, no lo desperdicies."
El porte de Urath mostraba que este era capaz de cumplir con su cometido sin problemas, pero sus orejas decían otra cosa, el tenerlas inclinadas hacia atrás reflejaba su preocupación interna.
"Y así será mi señora."
"Muy bien. Volviendo al tema del festival." La reina tomó un papel en blanco y carboncillo que tenía a la mano y comenzó a escribir una serie de nombres. "Bishara, comunícate con estos comerciantes, consigue todo lo necesario para preparar las comidas tradicionales de Pridelands e incluso pide a las costureras y sastres vestimentas de la más alta calidad si puedes."
Cuando terminó de escribir, Bishara se levantó de su silla y recibió la lista de comerciantes.
"Les mandaré las cartas de solicitud tan pronto como pueda."
"Si ya no hay nada más que decir, entonces doy la reunión por terminada."
Después de estas palabras, todos dentro de la habitación se pararon simultáneamente de sus asientos para dirigirse a la salida. Todos abandonaron la sala de mapasa excepción de uno de los consejeros.
"Espere mi reina, tengo algo que comentarle." Dijo Sarafu cuando se aseguró de que ya no se encontraba nadie más en la habitación.
"Sarafu, ¿Qué quieres decirme? Hace unos momentos dijiste que tenías mejores cosas que hacer."
"Lo sé su majestad." Dijo el leopardo consejero. "Y sé que no hace más de cinco lunas su difunto esposo yace en su tumba, pero… Pridelands necesita ser gobernado por dos monarcas, y el rey Jata ha perdido a su esposa hace años.
Se escuchó un golpe sordo resonando en la pared que ambos ignoraron.
"¿Me estás diciendo que me tengo que comprometer con Jata solamente porque ambos hemos perdido a nuestros seres queridos?" La voz de Palier se mantenía firme en cada palabra que decía. "¿Osas decirle a tu reina que es lo que debe de hacer?"
"No, por supuesto que no." Dijo Sarafu sin inmutarse. "Lo único que quiero decirle es que su unión traería más beneficios que cualquier tratado comercial, el pueblo se regocijaría de alegría al ver cómo una vez más Deredes vuelve a ser gobernada por dos sabios reyes. Por favor le ruego que lo piense."
Tras la pequeña charla, Sarafu se despidió de la reina inclinando ligeramente la cabeza y desapareció por la puerta dejando a Palier pensativa ante la posibilidad de contraer matrimonio con Jata.
Ajeno a ella, la joven leona de la siguiente habitación apretaba los colmillos de enojo ante lo que había escuchado. La mano le dolía por el golpe furioso que recibió la pared.
"Te vez molesta."
Una voz la sorprendió. Petir había entrado en la habitación que resultaba ser una enorme biblioteca con los libreros atestados de documentos importantes, papiros enrollados y libros encuadernados en diversos colores.
"Es porque lo estoy Petir." Le contestó la joven leona. "Sarafu ha intentado persuadir a Palier para que se case con Jata."
"¿Y qué con eso?" Preguntó Petir. "Jata solo viene para hacer negocios. Dudo que siquiera se le pasé por la mente el casarse con la reina."
"Eso es lo que me digo a mi misma." Reconoció la leona con la tristeza queriendo salir por sus ojos. "Pero yo sé que ella, en el fondo, lo está considerando de verdad." Hizo una pausa dejando que sus emociones se asentaran un poco. "La he visto por las noches, la encuentro en su balcón observando las tierras lejanas con la mirada perdida, a veces sollozando, todavía está de luto por Morathi, aún no lo ha dejado ir, lo sigue extrañando... y yo también."
Las lágrimas de la leona al no poder ser contenidas por más tiempo, salieron empapando su rostro. Se frotó los ojos intentando no llorar más.
"Lo lamento Petir, ya se lo que siempre me dices 'No llores por el pasado, lucha por el presente.' Es solo que no pude aguantarlo más."
Petir se acercó a la leona tomándola por los brazos. La miró a los ojos amarillos y aun húmedos por las lágrimas, la pasó el pulgar por el rabillo del ojo donde una gota había caído dejando un rastro sobre su mejilla. La abrazó entre sus brazos apretándola contra su pecho.
"Está bien, puedes llorar." Le dijo suavemente Petir al oído. "Todos extrañamos a su padre princesa Illaya."
