CAPÍTULO 34
POV KATNISS
Peeta se quedó recostado en su lado de la cama y yo me dirigí al baño. Cuando volví vestida con un camisón blanco me acurruqué a su lado contra su pecho. Él me rodeó de inmediato con sus brazos. Lo noté muy pensativo y preocupado.
-¿Qué te sucede?
Elevé mi rostro y apoyé mi mentón sobre su hombro. Me miró unos segundos.
-Nada. –Me respondió.
-No me mientas. Sabes que odio que me ocultes cualquier cosa que te afecte.
-Pienso en lo que pasará en la arena.
-Deberías olvidarlo.
Me dedicó una sonrisa triste. No supe que decir para consolarlo.
Besé sus labios y no me aparté deseé que el beso durara para siempre. Me correspondió de inmediato, me tomó de la cintura y me depositó sobre su cuerpo. Rápidamente me ubiqué a horcajadas sobre su cintura y continuamos besándonos. Nuestras manos recorrieron nuestros cuerpos, hasta que finalmente conseguí desprender los botones de su camisa. Peeta levantó mi camisón y empezó a pasear sus fuertes y cálidas manos por mi piel, fueron amables, pero enviaron descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Minutos después, pidió permiso para profundizar el beso, su lengua se abrió paso entre mis labios entreabiertos y yo gemí cuando él jugueteó dentro de mí. No pasó mucho tiempo hasta que no lo soporté y también hice lo mismo en la suya. Ambos peleamos por saber quien tuvo el control. Mordisqueamos nuestros labios, nuestros mentones, dejamos un camino de besos húmedos en nuestros rostro y cuello. Sin embargo, cuando intenté quitarle la camisa, él no me dejo.
-Peeta. –Mi voz sonó como súplica. Ansié sentirlo cerca, como si fuera otra parte de mí. Fijé mi mirada en la suya.
-Deberíamos… detenernos. –Murmuró con dificultad.
-¿Por qué? –Pregunté decepcionada. Me sentí rechazada.
-La próxima vez que lo hagamos… serás mi esposa. –Peeta depositó un beso en mis labios y acarició mi cabello después de acomodar mi camisón hasta cubrirme nuevamente.
-Hemos hecho el amor desde los catorce. ¿Desde cuándo te has vuelto tan correcto? –Me ruboricé, odiaba hablar en voz alta de estos asuntos. Busqué nuevamente su boca, pero no me correspondió.
-Quiero que sea especial. Seguir la costumbre de no ver a la novia un día antes de la boda. Y ya que eso es imposible, porque nos veremos de todos modos y no quiero apartarme de ti, pensé que al menos podíamos abstenernos de ir más allá de lo aceptable.
-No me importan las malditas costumbres, Mellark.
-Katniss… No te molestes. Sabes cuánto te deseo y te amo.
Él llevó mi mano a su erección que rozaba mi entrepierna por encima la tela. Estaba duro y firme y pude nota lo mucho que le costaba contenerse. Gemí al sentirlo contra mi mano, contra el punto exacto donde debería ingresar, eso me excitó más.
-Aún así, quiero esperar. Poco más de un día ¿Podrás?
-¿Tú podrás? –Le respondí con otra pregunta.
No me respondió. Sus ojos hambrientos me devoraron. Supe que la respuesta era no.
Yo aproveché para hacerme hacia atrás bajo las mantas, bajar su pantalón, su bóxer y finalmente liberar su erección. Jamás entendí de tamaños y demás, pero guiándome por las conversaciones que escuchaba sin querer de mis compañeras cuando almorzábamos solas con Madge los días que Peeta no iba al colegio, me di cuenta que no tenía de que quejarme, que esto era lo que ella definían como grande. Siempre me avergonzó escuchar a las chicas hablando del tema tan cerca de mí, sobre todo porque a muchas les daba igual con quien estuvieran o no; pero cuando estaba en la intimidad con la persona con la que si mantenía una relación seria y sincera, las conversaciones venían a mi mente y lo observaba con ojo más crítico.
Él era capaz darme amor, consuelo, alegría, ternura, seguridad. Pero cuando estábamos solos también era capaz de entregarse en cuerpo y alma a mí; de ofrecerme placer, locura y pasión desenfrenada, pero sin dejar de demostrarme ese amor eterno y esa adoración que sintió desde la infancia hacia mí. Él me hacía sentir la persona más maravillosa del mundo en cada instante de su vida.
Tomé su miembro entre mis manos y empecé a acariciarlo desde la punta hasta el final, aumenté la presión y la intensidad al ver que no opuso resistencia. Sonreí mientras nuestras miradas se encontraron, hasta que él no lo resistió más y cerró los ojos lanzando gemidos y diciendo mi nombre entre gritos que exigieron más. Lo tuve a mi merced y me sentí en la gloria. Sin dejar de retorcerlo con mis manos, introduje la punta de su miembro a mi boca, y la mordisqueé, un fluido tibio salió de la punta, pasé mi lengua por encima y por los costados y lo saboreé.
-Mmm… Delicioso.
Los gemidos de los dos, se combinaron con jadeos más frecuentes.
-¡Kat…niss!
-¿Te gusta?
Peeta intentó hablar pero no pudo.
-Sigue… –Murmuró inteligiblemente, pero pude leer sus labios.
-¿Qué pasó con la tradición? –Pregunté burlonamente apartándome unos segundos.
Peeta no respondió, sólo levantó la cadera en un intento de introducirse más a mi boca.
-Será la última vez. Hasta la boda.
Bajé mis manos hasta casi el final y facilité la intención de Peeta de ser yo quien le diera el placer que deseaba y necesitaba.
-Tú ganas, Everdeen. –Agregó entrecortadamente mi chico del pan. Nos destapó a ambos y llevó sus manos a los costados de mi rostro con fuerza para guiarme, mientras yo lo hacía mío a mi manera. –Sólo esta noche.
Tal vez, de no estar tan ocupada, le habría contestado.
Yo siempre gano.
Me encargué de satisfacerlo, del modo que él me enseñó e hice cientos de veces. Hasta que los papeles se invirtieron, y más tarde acabamos juntos del modo que yo quise desde el comienzo. Pero antes de que eso sucediera, sentí un ruido metálico de algo rompiéndose. Miré a Peeta, que abrió con sus dientes un paquete rectangular pequeño, supe de inmediato que era.
-¿Y eso?
-Haymitch me dio una caja. Dice que no nos arrepentiremos, no son como los del distrito.
-Peeta… sabes que es innecesario. –Le dije. Desde la cosecha no le vi sentido al cuidarnos, cuando íbamos a morir en semanas. Ya no tenía miedo de quedar embarazada. De todas formas, estaba muerta. Jamas vendría un bebé al mundo.
-No fue por eso que me las dio solamente.
Lo miré con los ojos entrecerrados, ni entendí que otro motivo hubo para que le diera eso.
-¿Qué tienen de especial?
-No lo sé. Algo en el sabor y es estimulante. –Peeta me sonrió de forma seductora. –Podríamos averiguarlo.
-Venga aquí.
Se la arrebaté de la mano. Quise acabar con la espera de inmediato. Saqué el preservativo y tiré la bolsita metálica vacía a un costado. Deseé que de verdad tuviera algo tan especial, que valiera la pena usarlo. Mientras nos besamos, le coloqué con cuidado el preservativo, pero mis manos temblaron y Peeta tuvo que ayudarme. Cuando acabamos nos tomamos algunos minutos más para amarnos, antes de que él se hundiera dentro de mi cuerpo y nos convirtiéramos en un ser indivisible. Sólo me bastaron unos minutos para comprender a que se refirió antes.
POV PEETA
Desperté con la luz del sol dándome en la cara. Katniss estaba dormida con la mitad del cuerpo cubierto, dándome la espalda en su lado de la cama y enredada entre las sabanas.
Sonreí ante la imagen de ella con el cabello despeinado y la espalda descubierta. Me acerqué siendo cuidadoso y besé su mejilla derecha. Tomé las sabanas con la intención de taparla, me detuve al cambiar de opinión.
Salí de la cama y busqué el cuaderno con hojas de dibujo que me regaló Portia y el maletín con lápices y crayones de distintos colores especiales para dibujo, el cual ni con todos mis ahorros podría haber comprado en el Distrito Doce. Debió ser un gasto muy grande para Portia, teniendo en cuenta que ella apenas me conoció hace pocos días, pero me dijo que me lo quedará y que si me servía para pasar unos días más tranquilo, ella se sentía bien sabiendo que podía darme un poco felicidad. Se lo agradecí. Me encariñé con ella en pocos días, era una excelente persona y seguramente la figura materna que nunca tuve.
Me volví a vestir y caminé alrededor de la cama buscando la mejor vista de Katniss para dibujarla. Me entristecí, porque fui consciente que no podría admirarla por muchos días más y que el tiempo se agotaba con una rapidez alarmante. Desterré esos pensamientos de mi mente y me concentré en Katniss que estando dormida era completamente ignorante de que se convirtió en mi musa.
Me senté en un sillón, la observé concentrado y en mi cabeza le fui dando forma en trazos de lápiz a su cuerpo perfecto que ella siempre me permitió adorar de todas las formas imaginables. Siempre fue igual, yo observaba un lugar, una cosa o una persona; analizaba las formas, los colores y las texturas; imaginaba como se verían en un lienzo o papel; y luego cuando ya estaba eso definido, lo ponía en práctica y plasmaba el resultado en algo físico y visible.
Katniss me preguntó muchas veces, porque conseguía que me saliera con tanta facilidad, quien me había enseñado a dibujar y porque a veces no demoraba más de un cuarto de hora en terminar un dibujo. Le respondí que lo conseguía de la misma forma que ella con la arquería, o Prim con la medicina; que en mi caso, nadie me enseñó, pero siempre tuve esa habilidad, la cual fui desarrollando y mejorando con paciencia y práctica a lo largo de los años.
Durante una hora y media estuve dibujando y pintando. Terminé con tres dibujos de ella desde distintos ángulos.
De espaldas, resalté cada pequeña marca de su piel, la forma en que sus músculos se tensaban, la luz del sol iluminando su cabello y su espalda.
De frente, como sus delicados brazos sujetaban involuntariamente la manta blanca y el acolchado que cubría su pecho, como las mismas estaban hechas un ovillo a los pies de la cama, porque una de sus piernas sobresalía de las mismas, la posición de sus hombros desnudos, su cabello alborotado, el leve rubor de sus mejillas, su expresión relajada, sus parpados caídos, sus pestañas curvas y sus labios formando una ligera sonrisa
Y el último dibujo, una vista de costado sólo de su rostro, su cuello y parte de sus hombros.
-Cuando muera quiero recordar todos estos momentos, mi amor. Quiero recordarte así. –Susurré.
La miré pacíficamente dormida, alejada de todo peligro y preocupación. Una lágrima solitaria escapó de mis ojos, me la quité y cerré el cuaderno sujetándolo entre mis brazos contra mi pecho.
Me quedé sentado sobre la cama, pero no la acaricié, porque no quise despertarla, hasta que vi un papel deslizarse por debajo de la puerta. Fui a buscar lo que sea que dejaron. Nadie solía molestarnos a no ser que fuera urgente.
"Peeta,
He hablado con los cocineros y me han dado el permiso para que vayas a la cocina cuando quieras. Gracias por darme la lista y los bocetos del pastel tan pronto. La mayoría de los ingredientes ellos los tienen disponibles.
Hoy saldremos con Haymitch, Portia y Cinna para comprar todo lo que necesiten. A la hora que regresen del entrenamiento, estará todo.
Mantendremos la boda en secreto.
Effie."
Salí de la habitación para agradecerle, pero ella desapareció.
Volví a entrar sonriendo. Supe de inmediato en que ocuparía mi tiempo libre hasta el entrenamiento. Arranqué una hoja del cuaderno y escribí una breve nota, así Katniss sabría donde encontrarme. La coloqué en la mesita de luz.
Busqué ropa para cambiarme. Besé los labios de mi prometida unos segundos a modo de despedida, antes de ir a la cocina. Effie me informó donde se encontraba el día anterior, no demoré mucho en encontrarla. Cuando ingresé no vi a nadie, pero en la mesada estaba todo lo que necesitaba para empezar. Observé a mi alrededor impresionado por todo lo que tenían. La cocina era tan grande como la planta superior de mi casa y vi artefactos de tecnología muy avanzada que no supe que eran. Vi un horno eléctrico, que al parecer no requería mucho tiempo para ponerse en funcionamiento. Pensé en la cantidad de tiempo que nos ahorraría tener todo esto en casa y la cantidad de opciones que tendríamos.
Me concentré por completo en empezar a trabajar en la masa, necesitaba su tiempo de reposo, razón por la que podía dejar eso para después. Me aseguré que no faltara nada.
Se sintió como volver a la antigua rutina, mi vida normal. Fue relajante.
Después de una hora, me empecé a sentir observado, pero cuando me volteé a ver, no vi a nadie. Sacudí la cabeza pensando que fue mi imaginación.
Seguí amasando y dándole forma a la masa, que poco a poco fue tomando la consistencia perfecta. Pensé en hacer algunos panes hoy también, así no tendría que prepararlos al día siguiente. También, bollos de queso.
Unos brazos me rodearon la cintura y sentí un pequeño cuerpo tibio presionando contra mi espalda. Por un momento, me asusté debido a que el movimiento me tomó por sorpresa, pero cuando bajé la mirada a los brazos que sujetaban mi abdomen, reconocí el anillo de compromiso y las manos de mi amada.
-Creí que nunca te volvería a ver haciendo esto. –Murmuró. Apoyó su cabeza en mi columna y suspiró.
-¿Eras tú la que me espiaba?
-¿Cómo lo sabes? –Preguntó Katniss sorprendida.
-Sentí un leve cosquilleo en mi espalda y que alguien me miraba.
-Tu sexto sentido.
Ambos nos reímos.
-¿Quieres hacer algo?
Colocó su cabeza en mi hombro y nos miramos a los ojos.
-Me gustaría.
Me alejé de la mesa y me giré a verla. Me incliné, tomé su rostro entre mis manos y nos besamos antes de continuar con nuestra tarea. Ella ayudó en la panadería en los últimos años, no le tuve que decir que hacer, ella lo sabía.
Faltaba una hora para el desayuno, cuando la cocina empezó a ser recurrida, le dejé a los avox la tarea de controlar todo lo que hicimos con Katniss y les dije que lo pusieran en el horno en el momento adecuado. De esa forma, al llegar del entrenamiento, podría encargarme del relleno y la decoración.
El día fue largo. El entrenamiento agotador. Al volver a nuestro piso, con ayuda de Katniss terminé el pastel y horneamos mucho pan. Nuestro equipo consiguió todo lo necesario para decorarla. Ella estuvo conmigo mientras hicimos los cortes del bizcochuelo correspondientes, rellenamos y forré la torta de varios pisos con una pasta idéntica, a la que utilicé para el pastel con el que pedí matrimonio, pero completamente blanco.
Esperé un rato más y le pedí a Katniss que se fuera, le dije que el resto sería una sorpresa. No estuvo de acuerdo al comienzo, pero acabó cediendo. Se despidió de mí con un beso y se fue a la habitación a descansar.
Me pasé los últimos dos días, haciendo bocetos del pastel, hasta que gracias a Portia y Cinna, me decidí por uno. Les pregunté si podían hacer el truco de las llamas falsas, me aseguraron que sí y que el pastel no sufriría ningún daño. Esperaba que Katniss adorara el pastel, porque de algún modo nos representaría a ambos. Iba a ser especial.
Al final del día con todo hecho, fui con Katniss, que dormía profundamente bajo las sabanas, me recosté a su lado y me dormí de inmediato con un único pensamiento:
En unas horas, serás mi esposa.
A/N: La boda será en un capítulo aparte. Decidí separarlo para no mezclar.
