Capítulo Cuarto: Tíos y Tías
El tren llegó a tiempo. Eran las cinco y media de la mañana cuando Stuart y Bonnie Hopps, vestidos en ropa abrigada, vieron a su amada hija Judy bajar del tren de la mano de su amado Nicholas Wilde. Y detrás de ellos, caminando del brazo, la pareja más divertida que los Hopps habían visto jamás. Una zarigüeya con anteojos, petizo y rechoncho, con un suéter amarillo y un overol que no combinaban para nada, acompañado de una esbelta y hermosa chica coyote, también con anteojos, luciendo un abrigo precioso y bufanda de color rosa, y una boina de color rosa a juego con su bufanda. Todos llevaban maletas.
"¡Hola a todos!" Judy dijo mientras abrazaba a su madre y a su padre.
"Nos da tanto gusto verles," dijeron los padres mientras abrazaban a Judy y luego a Nick.
Luego se dirigieron a los recién llegados.
"Saludos cordiales, familia Hopps," dijo Gari.
Stu sonrió.
"Usted debe ser Garibaldi de Zar y Güeya, el genio informático que ayudó a resolver el caso de la hipnotizadora del carnaval," dijo.
"El mismo," dijo Gari, dándole la mano a Stu y galantemente besando la mano de Bonnie. "Y os presento a mi preciosa joya, la luz de mi vida y la llama de mi corazón, la señorita Ámbar Sofía Latrans."
"Señor Hopps, tan encantada de conocerle," dijo Ámbar, permitiendo que Stu besara su mano. "Y Señora Hopps, tan hermoso estar aquí en su maravilloso pueblo," dijo ella mientras abrazaba y besaba a Bonnie.
"Estamos muy contentos de que hayan decidido venir y ayudar a nuestro pequeño pueblo humilde en este momento de gran necesidad," dijo Bonnie. "Por favor, deben venir con nosotros y compartir el desayuno con nuestra familia."
"Sería un placer, querida Señora Hopps," dijo Ámbar.
"Vamos a dejar las maletas en la posada y..."
"¿La posada? Oh, ¡de seguro bromea, Señor de Zar y Güeya!" dijo Stu, dándole palmaditas en la espalda con jovialidad. "¡Ambos se quedarán con nosotros! Ustedes serán nuestros huéspedes durante todo el tiempo que quieran."
"Oh, Señor Hopps, es muy generoso de su parte," dijo Ámbar. "No queremos incomodar..."
"Sería un honor tenerlos en nuestro humilde hogar," dijo Bonnie. "Los amigos de Judy y Nick son amigos nuestros también. Vamos a estar todos juntos como una gran familia."
Era la calidez y hospitalidad de la gente buena del campo como los Hopps que recordaba a gente de la ciudad como Nick, Gari y Ámbar que existía la bondad en el mundo. Y mientras había bondad en el mundo, no importaba cuán pequeña, había esperanza.
Decir que los niños Hopps estaban encantados con sus nuevos invitados sería una subestimación. ¡Estaban cautivados!
Garibaldi había pedido permiso para instalar su estación de trabajo de ordenador en la buhardilla del granero, y Stu estaba más que contento en concederle permiso. No había cosecha para almacenar en el granero, así que se sentía bien tener a alguien allí con un alegre fuego ardiendo en un barril de metal para calentar el lugar. Ámbar había instalado su laboratorio en el granero también, así podía trabajar en un espacio ventilado y grande y cerca de su nuevo amor.
A los niños les encantaba verlos trabajar. Gari era tan gracioso cuando saltaba en la buhardilla, enganchando su larga cola prensil en las vigas del techo y moviéndose peligrosamente alrededor con todo el granero con la habilidad de un artista del circo. Y la Tía Ámbar, como los niños le habían llamado, era la figura más femenina y delicada que jamás habían visto. Las niñas estaban fascinadas por sus risas, su delicadeza y su suave y dulce voz. Ella era como una figura de porcelana de Lladró, tan esbelta y perfecta. Incluso Kevin, que normalmente descartaba todas las cosas de chicas como 'maricosas', no pudo evitar sentir un calorcito en su pecho cuando Ámbar le beso en la mejilla y se presentó a su llegada en la granja Hopps.
Penny fue quizás la más fascinada por el trabajo de Ámbar. Ella ayudó a la chica coyote con todo, teniendo mucho cuidado e imitando cada movimiento de la preciosa química, incluso hasta el punto de caminar como ella, moviendo sus caderas muy levemente.
"Me encantaría ser química cuando termine la escuela, tía Ámbar," dijo Penny ese sábado por la tarde mientras trabajaban con muestras de suelo tomadas de todas las granjas que habían sido afectadas, que ya eran ocho. "Me gustaría ser capaz de ayudar a la gente igual que tú."
"Yo conozco a la decana de la universidad personalmente, ella y mi madre fueron a la escuela juntas y ella es la madrina de mi hermano mayor," dijo Ámbar. "Ciertamente puedo hablar con ella para que te conceda una beca. A las mentes jóvenes que desean estudiar y seguir sus sueños hay que ayudarlas."
Penny abrazó a su tía Ámbar y enterró la carita en su bata de laboratorio. La coyotecita olía divina, como a perfume y bondad. Ámbar abrazó a Penny cariñosamente, sintiendo que había encontrado algo más que una amiga: había encontrado una hermana pequeña y una colega futura.
"Tú y yo seremos las mejores amigas para siempre, Penny," dijo Ámbar, dando un beso a la conejita.
Penny no tenía palabras. Sólo pudo abrazarla y respirar su divino aroma.
Kevin estaba igualmente fascinado por el trabajo de Gari. Pasó la tarde haciendo un millón de preguntas, y a todas ellas Gari respondió alegremente. Eran como dos niños jugando a los informáticos, solo que con ordenadores reales y con habilidades reales de computación de alta tecnología.
"Cuando sea grande, voy a ser un pirata informático al igual que tú, tío Gari."
"Pero, Kevin, cariño…" dijo Bonnie Hopps, escuchando y ruborizándose un poco.
"Oh, no se preocupe, señora Hopps. Llamar a las cosas por su nombre, siempre digo," dijo Gari. "Así que, ¿quieres aprender el arte de la informática, Kevin? Pues, yo te enseñaré todo lo que sé, mi pequeño aprendiz."
Judy contempló la escena con una sonrisa de alegría absoluta en su rostro. Eran realmente como una gran familia unida. Trabajan juntos para resolver este caso y hacer que los malhechores paguen por sus crímenes.
"Son las pequeñas cosas como estas que hacen que uno se orgullezca de servir y proteger," dijo Nick mientras él y Judy estaban en la puerta del granero, mirando a sus dos amigos trabajar con sus pequeños ayudantes.
De repente, Nick sintió un pequeño tirón en la manga. Se dio la vuelta, sonrió y se arrodilló para estar más cerca de la pequeña conejita que tiraba por su atención.
"Tío Nick," dijo Bianca. "Mi maestra dice que tenemos que encontrar tres tipos diferentes de hojas para nuestra tarea. Y quiero hacer que mis hojas sean muy especiales. ¿Puedes ayudarme a encontrar unas hojas muy lindas?"
"Por supuesto, pequeña aviadora," dijo Nick.
"Judy, ¿puedes venir también?"
"Por supuesto, cariño," dijo Judy, frotando las mejillas de su querida hermanita.
"Papá dijo que podemos buscar por allí, cerca del claro justo después de nuestro huerto de manzanas," dijo Bianca.
"Bueno, entonces sube y vamos a volar en la búsqueda de las hojas de la tarea," Nick dijo, poniéndola sobre sus hombros y caminando a través de los campos de zanahoria vacíos hacia el huerto de manzanas.
Judy rió mientras miraba con alegría a Bianca y Nick. Incluso en medio de una crisis y bajo la sombra de la incertidumbre, sabía que ellos siempre encontrarían una manera de salir adelante, con esperanza y afecto. Y con amor. Siempre con amor.
Nick y Bianca caminaban lado a lado, Bianca sosteniendo la mano de Nick, en su búsqueda de hojas de aspecto interesante para su tarea. Judy examinaba las ramas cercanas para ver si había alguna hoja que podría servirles.
"¡Ahí veo una, tío Nick!" Bianca dijo, señalando a una hoja cerca de la mitad del claro. "Se ve como una estrella."
"¡Sí!" dijo Nick. "Apuesto a que a tu profe le gustará."
Se arrodilló y miró a la conejita.
"A que no puedes ir a buscarla y volver en diez segundos," dijo Nick juguetonamente.
"¡A que sí puedo!" Bianca dijo con entusiasmo.
"Bueno, entonces... preparada... lista... ¡ya!"
Bianca se rió alegremente mientras corría hacia el centro del claro y Nick contó.
"Diez... nueve... ocho..."
Bianca se detuvo y recogió la hoja.
"¡La tengo, tío Nick!
Y de pronto, un sonido de algo que colapsó... ¡y el suelo se abrió bajo ella!
"¡AAH!"
"¡BIANCA!"
Nick sintió que el mundo se movía en cámara lenta mientras corría hacia ella. No hacía mucho tiempo que había tenido una pesadilla como ésta, y ahora se había hecho realidad. Un agujero redondo y grande había aparecido donde había estado el medio del claro. Y colgando de una raíz que sobresalía en el lado del agujero estaba...
"¡AYUDA!"
¡Bianca estaba sosteniéndose con toda su fuerza, colgando sobre un hoyo negro!
"¡Bianca! ¡No te muevas!" dijo Nick, de rodillas y extendiendo el brazo hacia abajo para llegar a ella.
"¡TÍO NICK!"
Y la raíz se rompió. Bianca cayó hacia abajo por una décima de segundo... antes de que una fuerte mano la agarrara con firmeza y tirara de ella hacia fuera del terrible hoyo.
Judy llegó corriendo y llegó justo a tiempo para ver a Nick sacando a su hermana pequeña del agujero y abrazándola fuertemente contra su pecho, besando su pequeña cabeza con suavidad.
"Estás bien, cariño. Ahora estás a salvo," le decía Nick. "Yo te tengo. No te dejaré caer nunca."
Los sollozos asustados de Bianca se oían contra el cálido pecho de Nick.
"Tío Nick..." sollozó. "Estaba tan asustada…"
"Te tengo ahora, mi pequeña aviadora," dijo Nick tranquilizadoramente. "Estás a salvo. El tío Nick te tiene."
Judy abrazó a los dos de ellos, añadiendo su calidez. Los sollozos de Bianca pronto cesaron y ella se calmó y dejó de temblar.
"Vamos, pequeñita," dijo Nick. "Vamos a la casa. Apuesto a que tu tía Ámbar estará encantada de hacerte una taza de chocolate caliente."
Le secó las lágrimas con el pañuelo y le besó la frente a Bianca. La conejita pudo sonreír un poco, mirando con suma ternura a su tío favorito y a su hermana mayor. Bianca se acurrucó cerca de su querido tío Nick mientras él y Judy la llevaron de vuelta a la casa.
Bianca se sentía mejor. Su tía Ámbar le había hecho una taza de chocolate caliente y ahora estaba sentada a su lado en el sofá de la sala de estar, abrazándola y dándole un montón de mimos. Su tío Nick estaba a su lado también, con su tibia cola envuelta alrededor de ella como una bufanda. Su madre y su padre estaban sentados en el suelo delante del sofá, agradecidos y con los ojos llorosos, consolando a su hija más pequeña.
Toda la familia estaba sentada en la sala de estar, reunidos alrededor del sofá. Bianca se sentía segura en el seno de su familia. La hermana mayor Judy se sentó junto a tío Nick, y el divertido tío Gari se sentó junto a la tía Ámbar, su amable rostro haciéndola sonreír y sentir que ella nunca estaría en peligro de nuevo.
"Gracias, tío Nick," dijo Bianca, mirando con adoración al zorro y abrazando su cintura con sus pequeños brazos. "Eres mi héroe."
Todo el mundo estuvo de acuerdo. Nick había salvado una vez más a la familia de lo que habría sido un acontecimiento devastador. Nadie quería ni imaginar lo que estarían pasando si Nick no habría estado allí para salvar a Bianca de la caída mortal.
Y en el silencio de la sala de estar, de repente escucharon un canto increíble, con una voz de barítono sensacional. Les tomó unos segundos para darse cuenta de que era… ¡Gari!
"¿Pensaron que este zorro era un zorro y nada más? ¡Pues no, el es el héroe más audaz visto jamás!"
"Ay, no exageres, Gari," dijo Nick.
Y una hermosa voz de soprano respondió melodiosa, como el canto de un ángel.
"¡El salva a todo el mundo, diciendo 'No me rendiré'! ¡Él es el Súper Zorro, y su canto os cantaré!"
"¿Tú también, Ámbar?" dijo Nick. "Me rindo. ¿Qué voy a hacer con ustedes dos?"
Todo el mundo rió, incluso la pequeña Bianca. Gari y Ámbar se pusieron de pie y caminaron al centro de la sala, cantando de manera espectacular y gesticulando con la letra de su canción. Los niños estaban cautivados, y también los adultos.
"¡Salva a niños por doquier, y a grandes por igual! ¡Y también a una doncella, sea modesta o sea bella, sea coneja o chacal!"
"¡Súper Zorro es su nombre y su lema es el valor, vuela raudo por la gloria, la justicia y el amor!"
¡Todos aplaudieron encantados con la simpática canción! Gari y Ámbar se inclinaron ante su público.
Judy vio la cara de Nick, húmeda con lágrimas alegres. Bianca se dio cuenta también.
"Ay, no llores, tío Nick," dijo la pequeña conejita y abrazó a su tío con fuerza.
Nick no pudo contenerse. Dos lágrimas rodaron por sus mejillas, llenas de sentimiento.
"Aay, mi vida," dijo Judy, abrazando a su querido zorro junto a su hermana pequeña.
Nick debió de haber lagrimeado más en la pasada semana que en los pasados veinte años, y Judy sabía que le había hecho bien estar rodeado por una familia tan cariñosa y por sus amigos tan maravillosos, Gari y Ámbar.
"Ustedes... son los mejores," dijo Nick, tomando una respiración profunda y secándose los ojos con su pañuelo.
"Eres un héroe, Nick," dijo Gari. "Capa y canción y todo. El dibujo de Bianca pegado por la heladera es la prueba."
Todo el mundo se rió alegremente.
Después de un buen rato, Bonnie fue a la cocina para preparar la cena, y Ámbar tomó a Bianca en sus brazos y se volvió a todos los conejos más jóvenes.
"¿Quién quiere que la tía Ámbar les lea una historia?" preguntó ella con dulzura.
Todos los conejitos dijeron '¡Yo!', incluso los más grandes como Penny y Pablo.
Ámbar y Gari entraron a la habitación de las chicas, seguidos de todos los niños, y Ámbar eligió un libro divertido para leerles.
Judy y Nick quedaron en la sala. Se miraron y asintieron.
"Parece que tenemos una pequeña investigación que hacer," dijo Nick.
"Tú lo has dicho, Súper Zorro," dijo Judy.
Nick no pudo evitar sonreír.
El sol estaba bajo cuando Judy y Nick se acercaron al agujero en el suelo en medio del claro. Tras una inspección más cercana, se dieron cuenta de que había estado cubierta con una delgada alfombra de hojas y ramitas. Cuando Bianca se puso de pie en el suelo falso, su peso hizo que colapsara.
"Okey," dijo Judy, sacando algunas herramientas de un bolsón que trajo consigo. "Sólo un vistazo rápido. No sabemos lo que hay ahí abajo."
"Vale," dijo Nick.
Judy tomó una linterna de cabeza de su bolso y la ajustó por su cabeza. Luego le ofreció una a Nick.
Nick sonrió.
"Gracias. Estaré bien así."
Judy había olvidado, por segunda vez en un año, que él podía ver en la oscuridad. Por un momento fugaz envidió su habilidad natural.
"Muy bien," dijo Judy, sacando el cable elástico que había traído de antiguo almacén de Clayton. "Vamos a atar una piedra al extremo y ver qué tan profundo va esto."
Lo hicieron. Con cuidado, bajaron el cable elástico al orificio hasta que tocó fondo. Sacaron el cable y midieron la profundidad del pozo.
"No es tan profundo como pensaba," dijo Judy. "Nueve metros y un poquito."
"Sigue siendo una caída peligrosa," dijo Nick. "¿Y dices que esto no estaba aquí antes?"
"No, solíamos jugar en este claro todo el tiempo. Este agujero es nuevo," dijo Judy.
"Te apuesto una taza de chocolate caliente de Ámbar y un plato de galletas de grosella de tu madre que esto está conectado a Terra Firma y los cultivos muertos," dijo Nick.
"Lo mismo pensaba," dijo Judy cuando y tomó una estaca de metal, clavándola firmemente en el suelo al lado del agujero con un martillo. Luego conectó el cable elástico a la estaca de forma segura.
"Déjame ir primera," dijo Judy. "Soy más liviana. Si tengo dificultades, será más fácil que tú me saques antes que vice versa."
"Tienes razón."
Judy encendió la linterna en su cabeza y descendió lentamente a lo largo del cable. El pozo estaba cavado de forma lisa y vertical. Definitivamente no era natural.
Judy tocó el suelo en la parte inferior e inspeccionó el hoyo con su linterna. Había un túnel que iba casi horizontalmente hacia la granja. Ella brillaba la luz en el túnel, pero era demasiado largo para ver el final.
Judy tiró de la cuerda tres veces, y al poco tiempo Nick descendió.
"Mira, Nick," dijo Judy. "Alguien ha estado cavando un túnel debajo de la granja. Vamos a ver hasta dónde llega."
Siguieron el túnel con cautela, comprobando todo a su alrededor.
Parecía no tener fin, hasta que...
"Una bifurcación," dijo Nick, mirando como el túnel se dividía en dos.
"Sí, y uno va hacia el sur, hacia la granja Benteen al otro lado de la carretera," dijo Judy. "Papá me dijo que ellos fueron los siguientes en perder sus cultivos."
"Oye... ¿qué es eso?"
Judy se dio la vuelta y su linterna brilló sobre algo metálico.
Caminaron más cerca y lo inspeccionaron. Era una máquina.
Era difícil de describir; como un cruce entre un tractor y una excavadora, amarilla y con las líneas de peligro alrededor de las partes móviles. Letras blancas sobre su lado izquierdo leían X-K-Vadora 9000.
Y entonces, como una llama en su mente, Nick recordó algo.
"¡Ese sonido!" dijo Nick.
"¿Eh?" dijo Judy.
"¿Recuerdas el sábado pasado? ¿Cuando me desperté en medio de la noche?"
"¿Cómo olvidarlo, encanto?" dijo Judy con mirada seductora.
Nick entendió de inmediato.
"No seas pícara, conejita," dijo Nick con una sonrisa. "El morreo de medianoche fue genial, claro está. Pero me refiero al ruido que oí, que me llevó hacia la sala."
"Sí... ¡ah, por supuesto!"
Judy miró la excavadora.
"¡Estaban excavando debajo de la tierra con esta máquina!" dijo ella. "Eso es lo que has oíste. Era demasiado bajo para nosotros poder escucharlo, pero tus oídos podrían captarlo y lo hicieron."
"¡Exactamente!" dijo Nick. "¿Y quién mejor para excavar debajo de las fincas que un topo?"
Judy lo recordó. Había visto al topo en la estación de tren, el miércoles por la mañana, el mismo día que Nick partió para Zootopia.
"Ese topo, George Jenkins," dijo Judy. "Debe haber cavado bajo la granja la noche del sábado. ¡Y quién sabe cuántas noches antes!"
"Los topos conocen la tierra mejor que nadie. Está en su sangre," dijo Nick. "Así que debe ser él el responsable de los cultivos fallidos. Y estoy seguro que..."
Nick se acercó a la máquina y, efectivamente, vio a un mecanismo de pulverización. Era muy parecido a una máquina de irrigación, pero en vez de agua, el tanque translúcido estaba lleno de...
"¡Lo sabía!" Nick dijo mientras mostraba a Judy el líquido viscoso de color naranja en el interior del tanque.
"¡Eso es!" dijo Judy. "¡Tenemos suficiente aquí, Nick! Sin duda podemos usar esto como evidencia."
"Sí... solo que..."
Nick se detuvo por un momento y luego continuó.
"Todavía no tenemos forma de probar que Jenkins fue el que usó esta máquina," dijo Nick. "Podría negarlo por completo y sus abogados podrían cocinar alguna de sus excusas legales y perderíamos todo."
"Tienes razón," dijo Judy, moviendo la cabeza y pensando en ello. "Pero si pudiéramos atraparlo en el acto..."
"...entonces seríamos capaces de demostrar que él es el que destruye los cultivos," dijo Nick.
Judy asintió. Rápidamente sacó su teléfono y tomó fotos de todo. La máquina, el túnel, y sobre todo el químico dentro del mecanismo de pulverización.
"Hay que contarle a los demás," dijo Nick. "Tal vez puedan ayudarnos a pensar en una manera de vincular todo esto a Terra Firma."
"Correcto," dijo Judy, guardando su teléfono. "Vamos, Nick. Me estoy poniendo un poco claustrofóbica aquí."
Era de noche cuando Judy y Nick finalmente salieron del agujero. Se sentía bien respirar el aire de la noche y sentir la luz de la luna que brillaba sobre ellos. Volvieron a la casa, sacudiendo el polvo suelto que tenían en sus ropas.
Ya era hora de dormir para los niños más pequeños. Judy y Nick caminaron en silencio por el pasillo en dirección a sus respectivas habitaciones para conseguir ropa limpia. Se detuvieron, sin embargo, cuando escucharon voces en la habitación de las niñas.
"¿Te casarás con el tío Gari, tía Ámbar?" preguntó la voz de Bianca mientras Ámbar la tapaba con frazadas tibias.
"Sí, mi vida," dijo Ámbar.
"¿Y van a tener muchos hijitos como nosotros?" le preguntó Magda desde su cama.
"Por supuesto, cielo," dijo riendo Ámbar.
"¿Y van a venir a jugar con nosotras?" Isabela preguntó.
"Es una definitiva y una mente," dijo Ámbar y las niñas rieron felices.
Judy hizo una seña con la cabeza para que Nick la siguiera. Se pararon contra la pared cerca de la puerta, escuchando la conversación adorable.
"¿Y Judy y el tío Nick también se casarán?" preguntó Bianca.
Judy y Nick sintieron un saltito en sus corazones.
"Estoy segura de que lo harán, amor," dijo Ámbar. "Y todos estaremos allí en su día de boda, y vamos a bailar y comer delicioso pastel de bodas y cantarles lindas canciones."
"Quiero que Judy se case con el tío Nick," dijo Bianca. "Quiero que venga a vivir con nosotros y sea nuestro tío por siempre."
"Bueno, ¿por qué no piden un deseo al mismo tiempo, entonces?" dijo Ámbar con cariño. "Sólo junten sus manitas así, y digan 'Deseo que Judy y el tío Nick se casen' tres veces. ¡Y se hará realidad!"
Judy y Nick escucharon, tomados de la mano, como todas las pequeñas voces pidieron el deseo junto con Ámbar.
"Deseo que Judy y el tío Nick se casen."
"Deseo que Judy y el tío Nick se casen."
"Deseo que Judy y el tío Nick se casen."
"¡Muy bien, chicas!" dijo Ámbar con deleite. "Ahora, la tía Ámbar les cantará una canción. Cierren los ojitos y escuchen, e irán a la tierra de los sueños, donde sus deseos se cumplirán."
Un breve silencio, y luego Ámbar empezó cantar una dulce canción con una voz tan tierna y melodiosa que de inmediato hizo que Judy y Nick sintieran lágrimas en sus ojos.
El sol saldrá mañana
Sólo de pensar en el mañana
Borra las telarañas y el dolor
Judy y Nick se abrazaron fuerte al escuchar la voz de su amiga, tan llena de amor mientras cantaba su hermosa canción de cuna.
Cuando estoy atascada con un día gris
Sonrió y digo
El sol saldrá mañana
Así que tienes que aguantar hasta mañana
Mañana, mañana, te amo mañana
Siempre estás solo a un día de mí.
La canción de Ámbar terminó. Las niñas estaban profundamente dormidas, serenas y contentas en sus sueños.
Ámbar lenta y suavemente besó a cada una de las pequeñas conejitas.
"Dulces sueños," susurró Ámbar.
Como un ángel caminando sobre aire, Ámbar salió en silencio de la habitación. Y entonces los vio. Judy y Nick estaban acurrucados juntos; había lágrimas en sus ojos.
"Oh..." dijo Ámbar.
Y eso fue todo lo que se dijo. Los tres se abrazaron con mucho cariño, compartiendo su calor y afecto.
Si algo era cierto de la casa de la familia Hopps, era que cualquier cosa podría escasear y las dificultades podrían venir, pero nunca jamás habría escasez de amor bajo de su techo.
Nick y Judy se sentaron con Gari, Ámbar, Stu y Bonnie en la mesa de la cocina. Les contaron todo lo que habían encontrado bajo tierra.
"Así que esa es la forma en que estaban diseminando el tetra-acetato de pan-di-amonio en el suelo," dijo Ámbar. "Están usando una máquina de vaporización para hacer que se filtre hacia arriba a través del suelo. Por eso todas mis muestras tenían una concentración tan baja. Ellos van de abajo hacia arriba."
"Tenemos que desbaratar esa máquina," dijo Gari. "Si permitimos que sigan sus planes, todo el valle quedará estéril."
"Sí, destruir la máquina de excavación es esencial," dijo Ámbar.
"¿Y qué hay del operador?" preguntó Judy. "Tenemos que mostrar evidencia de que alguien de Terra Firma está utilizando esa máquina para destruir los cultivos."
"Puedo configurar unas cámaras de vigilancia," dijo Gari. "Cámaras de vigilancia inalámbricas conectadas a mi equipo en el granero. Entonces podemos vigilar el lugar y grabar a cualquiera que se acerque al hoyo."
"Eso sería justo lo que necesitamos," dijo Nick.
"¿Qué vamos a hacer cuando descubramos quién está operando la máquina?" Bonnie preguntó. "¿Lo mostramos a la policía?"
"Este problema está más allá del alcance de la policía regular," dijo Ámbar. "Me temo que tendremos que llamar al CPA."
"¿CPA?" Stu preguntó.
"Cuerpo de Protección Ambiental," dijo Ámbar. "Fue fundado en la década de 1970 para proteger a la población de los delitos ambientales, tales como éste."
"¡Espera un minuto! ¡CPA!" dijo Nick. "¿Por qué no se me ocurrió antes? Conozco a alguien que trabaja allí."
"¡¿En serio?!" dijeron todos.
"Sí," dijo Nick. "Esto funcionará a la perfección."
"Dime algo, Señor Wilde," dijo Judy con una sonrisa fresca. "¿Hay algún lugar en el que no tienes al menos una persona que te conoce?"
Nick sonrió.
"Es mi personalidad encantadora, cielo," dijo, dándole un guiño. "Y tú tienes experiencia de primera mano."
Judy rió, sosteniendo su mano debajo de la mesa.
"Bueno, voy a encargarme de las cámaras de vigilancia," dijo Gari, levantándose de la mesa.
"Y yo voy a llamar a mi contacto en el CPA," dijo Nick.
"Y yo calentaré el sabroso guiso de la cena para ustedes dos," dijo Bonnie, mirando pícara a Judy y Nick. "Es posible que hayan olvidado, pero yo no. Ustedes dos todavía no cenaron."
Y como una respuesta elocuente, la barriga de Nick hizo un gruñido.
"Uy, jeje... parece que alguien más recuerda también," dijo él, y todos sonrieron.
Era muy temprano el domingo por la mañana cuando el tren se detuvo en la estación de tren de Bunny Burrow. Judy y Nick estaban allí esperando. La persona que Nick conocía del CPA venía en el tren.
"¡Ahí!" dijo Nick.
"¿Dónde?" Judy no distinguió a nadie entre los siete pasajeros que bajaron.
"Vamos, Zanahorias," dijo Nick, caminando hacia los pasajeros que ahora se alejaban cada uno por su camino.
Judy lo siguió y se dio cuenta de que había alguien de pie en la plataforma, con una maleta. Los ojos eran verdes, pelaje rojizo, más claro debajo de la barbilla. Y tenía una cola espesa balanceándose ligeramente en el viento del tren que partía.
Y entonces Judy se dio cuenta.
"¡Bea!" Nick exclamó, abriendo los brazos.
"¡Nick!" respondió la persona, una bella y esbelta zorra. "¡Cuánto tiempo sin verte, sinvergüenza!"
"¡Gracias por venir!"
Nick abrazó la zorra y ella le devolvió el abrazo con afecto, riendo y acariciándolo con gusto.
Y entonces Judy lo sintió.
Ella no quería, pero los sentimientos son inevitables. Una pequeña punzada, como una aguja muy pequeña, que la clavaba, no con dolor físico, sino algo más profundo.
"No seas tonta, Judy, esas son chiquilladas de adolescentes," se dijo a sí misma en su mente, pero no podía evitar la sensación. Sobre todo mirando a la zorra abrazando a Nick y frotándole las mejillas y riendo como una colegiala.
Nick y la zorra caminaron hacia ella, tomados del brazo, y Judy hizo lo posible para recobrar la compostura y sonreír.
"Bea, permíteme presentarte a mi compañera, mi mentora y mi pedacito de paraíso en la Tierra, Judy Hopps," dijo Nick con una mirada de adoración hacia su conejita.
"Estoy tan encantada de conocerla, Oficial Hopps," dijo la zorra con una voz suave y encantadora. "He leído mucho acerca de usted y el ejemplo que representa para todas las jóvenes con grandes expectativas, yo incluida. Quiero que sepa que es mi heroína y la admiro de aquí a la luna y de vuelta. Beatriz Lorena Wilde, para servirle."
Las orejas de Judy se irguieron. Y entonces cayó en la cuenta.
Miró a los ojos verdes grandes de la zorra, y entonces vio algo conocido. Muy conocido. Esa mirada, esos ojos, esa expresión cálida y encantadora…
"Beatriz... ¿Wilde?"
"Sí. Es mi nombre de soltera, pero espero cambiar eso muy pronto."
"Veo que aun crees en los milagros," dijo Nick con una sonrisa de lado.
"¡Eres un patán!" Bea se rió, dándole un golpe juguetón en el brazo. "No has cambiado ni un poquito, sinvergüenza."
Nick se rió y le dio su sonrisa característica.
"Y tú, ¿cuándo vas a sentar cabeza y atar el nudo, y dejar de ser un pícaro, Nick?" Bea preguntó.
"Oh, no soy yo al que tienes que preguntar," dijo Nick, señalando con la cabeza hacia Judy, viendo triunfante que su querida conejita se sonrojó profusamente.
"Siempre es la hembra la que tiene que enlazarse un macho, ¿no es así?" Bea se rió.
"¿Alguna vez fue diferente?" dijo Nick.
"No en este universo," dijo Bea.
Rieron de buena gana.
"¿Te importa si voy al tocador por un momento? Necesito retocarme el maquillaje," dijo Bea.
"Y perder algo de peso extra," dijo Nick pícaramente.
"¡Oh, eres el peor de los peores, Nicholas Wilde!" Bea se rió, golpeando su brazo juguetonamente.
"Vamos a llevar tu maleta a la camioneta," dijo Nick, tomando la maleta.
"Vale," dijo Bea, caminando hacia el baño de damas en el lado del edificio de la estación.
Tan pronto como Bea entró al baño de damas, Nick se volvió hacia Judy.
"Falsa alarma, tesoro," dijo Nick con una sonrisa descarada. "Ya puedes guardar tu tridente."
"¿Eh?" preguntó Judy. "P-Pero…a… ¿a qué te refieres?"
"Oh, por favor, no te hagas de la tontuela conmigo, mi amor. Puedo oler tus celos desde el otro lado de la estación," dijo Nick.
Nick se inclinó más cerca de Judy con una sonrisa sarcástica y la abrazó muy cerca de su cuerpo, haciéndola sentir su calor.
"Descuida, mi pastelito de zanahorias," dijo Nick. "Beatriz es mi prima."
Era muy temprano, pero Gideon Gray estaba trabajando dentro de su panadería, preparando todo, panes y pasteles, para hornear. Colocaba los panecillos recién horneados en cestos y los alzaba en los estantes de madera. Miró por la ventana de su panadería y notó que una camioneta estacionaba afuera. Pertenecía a la granja Hopps. De ella salieron tres personas: Judy Hopps, el Oficial Nicholas Wilde, y una tercera que nunca había visto antes...
"¡Buen día, Gideon!" Judy dijo mientras entraba en la panadería y mantuvo la puerta abierta para Bea y Nick.
"Hola, Judy," dijo Gideon. "Oficial Wilde, buenos días."
"¡Buen día!" dijo Nick y llevó del brazo a Bea hacia el mostrador. "Me gustaría que conozcas a mi prima, Beatriz Wilde. Bea, conoce a Gideon Gray, el mejor panadero que encontrarás por estos lares."
Bea se rió y extendió su mano. Gideon sonrió y extendió su mano sobre el mostrador.
"Encantado de conocerla, Señorita Wilde," dijo Gideon.
"Igualmente, Señor Gray," dijo Bea. "Me gustaría comprar unos deliciosos panecillos recién horneados para la familia Hopps. Me invitaron a desayunar con ellos. Me han dicho que sus buñuelos de grosella son simplemente fantásticos."
"Oh, bueno," dijo Gideon con timidez. "Venden bastante rápido, así que estoy constantemente horneando más."
"Bueno, voy a tener que probarlos, entonces," dijo Bea, caminando hacia el mostrador y tomando una bolsa de papel madera.
"Oh, sí, adelante," dijo Gideon. "Ahí mismo, en esa canasta, al lado del pan de centeno."
Bea y Judy se acercaron a los estantes de pan para elegir sus compras. Nick se acercó al mostrador y se apoyó en ella, con la cara traviesa.
"Oye, parientico," susurró Nick. "¿Qué te parece?"
"Um... ¿qué cosa, Oficial Wilde?" Gideon preguntó en voz baja.
"Vamos, no te hagas el tontuelo conmigo, primo," dijo Nick. "Ella es absolutamente divina, ¿verdad?"
"Ah... um... bueno ..." Gideon tropezó con sus palabras.
"Eso pensé," dijo Nick triunfalmente, inclinándose más cerca de él sobre el mostrador. "Ella está subiendo lentamente los escalones profesionales. Pronto podría convertirse en jefa de su departamento."
"Estoy feliz por ella," dijo Gideon.
"Ella es muy amante de la diversión sencilla," dijo Nick, "fácil de complacer, una excelente cocinera, y lo más importante… ella es soltera."
Le dio a Gideon un guiño travieso.
"Oh, Oficial Wilde, sin duda una señorita de esa posición social..."
"...caería totalmente patas para arriba por un sencillo panadero de pueblo, justo... como… tú," dijo Nick, clavando su dedo en el delantal de Gideon. "Vamos, conquistador. Nunca sabrás hasta que lo intentes."
Bea y Judy volvieron al mostrador con sus bolsas de pan. Pagaron por sus compras y agradecieron a Gideon.
Gideon vaciló, pero luego tomó coraje.
"Um... ¿Señorita Wilde?"
"¿Sí?" Bea preguntó, mirando a Gideon con sus ojos encantadores.
"Um, me... me gustaría darle la bienvenida a Bunny Burrow... y u-una muestra de mi a-admiración... eh, hospitalidad... e-es decir, u-un pequeño obsequio."
Gideon tomó una caja de pastelería y puso en ella una pequeña magdalena decorada como un conejo rosa. Se lo ofreció a Bea, que sonrió con deleite y la aceptó.
"¡Es usted muy amable, Señor Gray!" dijo Bea. "Espero volver a verle antes de regresar a la ciudad."
"Um... ca... ca..."
"¿Cómo dijo?" Bea le preguntó.
"Ca... ¡café!" soltó Gideon. "Pastel de café…eh, de calabaza…y café. Eso es. Calabaza y pastel de café…eh, quiero decir…café con pastel de calabaza, que está en temporada y los estoy horneando. ¿Le gustaría…tal vez…?"
Y sin darse cuenta, él la había invitado a tomar un café y pastel de calabaza. La cara de Bea se iluminó.
"¡Me encantaría, Señor Gray!" dijo Bea. "¿Esta tarde a las cinco?"
"¡S-Sí!" Gideon dijo.
"Entonces así será," dijo Bea. "¡Te veré más tarde, Señor Gray!"
"Sí," dijo Gideon. "¡Tenga usted u-una muy buena mañana, Se-Señorita Wilde! Judy, Oficial Wilde."
Bea y Judy salieron de la panadería. Nick caminó detrás de ellas. Antes de salir por la puerta, se volvió hacia Gideon y le dio un guiño pícaro, haciendo el signo de arco y flecha con sus manos.
Gideon se quedó allí mirando hacia el espacio vacío, medio embobado mientras la camioneta de la granja Hopps se alejó.
El desayuno fue muy agradable. Todos estaban alrededor de la mesa disfrutando de las delicias calientes. Garibaldi y Kevin habían estado trabajando en el montaje de las cámaras escondidas. Gari mostró a Kevin cómo desmontar un ordenador portátil y sacar la cámara, y cómo montar una cámara inalámbrica que transmitía directamente a su equipo en el granero. Kevin había aprendido mucho con su tío Gari y estaba muy entusiasmado por aprender más acerca de las computadoras.
Penny había estado ayudando a su tía Ámbar a preparar una solución de cloruro sódico en la proporción adecuada para neutralizar el tetra-acetato de pan-di-amonio y prevenir que las tierras sufran más daño. Ellas probaron su solución en una muestra de suelo de la granja Benteen, y funcionó a la perfección. Los resultados se veían bien.
Beatriz Lorena Wilde fue inmediatamente querida por los niños. Estaban felices de tener tantos nuevos tíos y tías, todos muy agradables. Bea era tan encantadora y elegante como el tío Nick, sólo que en forma femenina.
"Así que esto es lo que hemos descubierto hasta ahora, Bea," dijo Judy mientras bebían su café, mostrándole todas las pruebas que habían reunido.
"Esto es muy grave," dijo Bea. "Los autores de este crimen sin duda se están buscando una sentencia de por vida. Contaminar la tierra con tetra-acetato de pan-di-amonio es un crimen atroz."
"No hemos sido capaces de obtener pruebas contundentes de que ellos realmente lo hacen," dijo Nick. "Nuestro experto en informática y su ayudante, Gari y Kevin, están trabajando en ello."
Gari y Kevin saludaron desde el otro lado de la mesa.
"Eso sería justo lo que necesitan," dijo Bea. "Si pueden sorprenderles en el acto, será perfecto. Sus abogados no serán capaces de hacer sus truchas galimatías legales si los agarran in fraganti."
Tomó una unidad de memoria portátil de su bolso y se la dio a Judy.
"Copia todo lo que tienen y lo mostrará al jefe de mi departamento mañana a primera hora," dijo Bea. "Vamos a iniciar una investigación y llegar al fondo de esto."
De repente, sonó el timbre de la puerta. Stu fue a abrir. Era el tío Terry.
"Buenos días, Stu," dijo el tío Terry. "Solo vengo a avisarles. Habrá reunión de emergencia en el ayuntamiento. Tenemos que hablar de la crisis y ponernos de acuerdo sobre qué hacer, antes de que venga el invierno."
El tío Terry dio a Stu todos los detalles de la reunión. Stu asintió.
"Gracias, Terry," dijo Stu. "Vamos a estar allí."
Cuando el tío Terry se fue, Stu llamó a Penny y Pablo y a los demás hermanos mayores.
"Chicos, son responsables de la casa mientras no estemos," dijo Stu. "Saben qué hacer."
"Sí, papá," dijo Penny.
"Claro, pa," dijo Pablo.
"Esta reunión es para todos los adultos," dijo Stu. "Cuiden de sus hermanos pequeños mientras estemos fuera."
"Lo haremos, pa."
Stu dio caricias en las cabezas de sus hijos y fue a comunicar a todos la noticia.
Mientras tanto, a trescientos cincuenta kilómetros de distancia, en un apartamento de lujo en la cima de Zootopia, Preston Reyes, presidente de Terra Firma Incorporada, estaba tomando un cóctel delante de un ventanal de cristal grande que ocupaba toda una pared. Detrás de él, una gran puerta se abrió y dos guardaespaldas entraron. Y después de los guardaespaldas, un pequeño topo que llevaba gafas gruesas y un traje de negocios.
"¿Pidió v-verme, s-señor Presidente, señor, su e-excelencia?" preguntó el topo, George Jenkins.
"Sí, Jenkins," dijo el conejo. "¿Ha recibido respuesta de las madrigueras del pueblucho ese, Bunny Burrow?"
"N-No, ninguna en absoluto, señor," dijo Jenkins. "Ninguno de ellos respondieron a nuestras ofertas."
"Muy inusual," dijo el Presidente Reyes, sorbiendo su bebida. "Ninguna de las otras granjas perdieron tiempo en firmar. Sus acuerdos firmados estaban en su escritorio al día siguiente. ¿Por qué se están tomando tanto tiempo?"
"S-Señor, Bunny Burrow es uno de los pueblos agrarios más antiguos, señor. Creo que podrían ser reacios a vender y cambiar sus costumbres," dijo Jenkins.
"Encantador, pero inútil," dijo el Presidente Reyes. "El cambio es inevitable. El fuerte y audaz logra el cambio, y debe eliminar a los no aptos de la sociedad. Somos el futuro, Jenkins. Hay que tomar el timón y hacer que este barco se dirija hacia el progreso."
"Por supuesto, s-señor," dijo Jenkins.
"Tal vez un poco de persuasión haría que cambien de opinión," dijo el Presidente Reyes.
"¿P-persuasión, señor?"
"Sí. Un mero movimiento de relaciones públicas, nada serio. Algo para disipar las dudas y convencer a esos palurdos retrógrados que es hora de progresar," dijo el Presidente Reyes. "Usted va a ponerse en contacto con el alcalde de Bunny Burrow, y organizará una conferencia. Me presentaré personalmente y hablaré con la gente. Después de todo, cuando uno quiere ser influyente y poderoso, hay que saber cómo lidiar con los plebeyos."
"Sí, señor," dijo Jenkins. "Así se hará."
"Bueno," dijo el Presidente Reyes. "Eso es todo, Jenkins."
"Sí...", dijo Jenkins, y vaciló antes de seguir hablando. "Um, señor... si se puede saber... ¿sería aceptable... es decir ...?"
"Habla, Jenkins, mi tiempo es muy valioso," dijo Reyes, sorbiendo su bebida.
"Bueno... ¿cree que yo podría... sólo por unos minutos... hablar con mi familia? Sólo para asegurarles que estoy bien."
"Paciencia, Jenkins," dijo Reyes. "La paciencia es una cualidad que le ayudará enormemente en la vida. Haz lo que te dije, organiza la conferencia en Bunny Burrow, y te dejaré pasar un día con la familia."
"¿Un día?" balbuceó Jenkins. "¿Un día entero, señor?"
"Sí, bajo supervisión, naturalmente," dijo Reyes con una expresión desagradable en su cara. "Y dentro de ciertos límites."
"¡Por supuesto, señor! Por supuesto," dijo Jenkins. "Voy a llevar a cabo sus deseos de inmediato."
"Buen chico," dijo el Presidente Reyes, mirando a la ciudad por debajo de él. "Llámame cuando se hayan hecho todos los arreglos."
"Sí, señor," dijo Jenkins, y se fue rápidamente de la habitación.
Cuando la puerta se cerró de nuevo, el Presidente Reyes tomó su teléfono y marcó un número.
"Sí, ¿Gervasio? Lleva a los Jenkins a mi casa de verano," dijo el Presidente Reyes. "Eso es correcto. No, no, no hay necesidad de hacerle saber. Le diré yo mismo cuando sea el momento adecuado. Sí. Déjame saber cuando está hecho."
