Capítulo 30
La Historia de Jill
Lyndon: Curioso. Normalmente soy yo el que está contando historias. Ahora tú me vas a contar la tuya, por lo que se me hace un poco raro.
Comentaba el grifo con una sonrisa irónica, mientras se recostaba en el sillón. Jill dando la espalda al grifo y con los brazos cruzados, le contestó.
Jill: Espero que después de contártelo, comprendas mejor por qué perseguimos a la conocida Alexandra Wong.
Le comentaba con expresión molesta la grifo. Lyndon con su garra tocándose la barbilla, respondió.
Lyndon: Bueno ¿Qué tal si me cuentas lo que ocurrió exactamente para que esa yegua se ganase tanto tu odio?
Nada mas preguntarlo, la grifo se giró y mirándolo con una expresión seria y molesta, le respondió.
Jill: Ocurrió en un día normal como cualquiera. Hace aproximadamente tres meses.
Historia de Jill. Hace tres meses.
En una ciudad del reino grifo con varios edificios altos. Cada uno de sus habitantes se dedicaba a sus quehaceres diarios. Algunos montaban sus tiendas. Otros se iban a trabajar en oficinas o fábricas. Los barrenderos se ocupaban de limpiar la ciudad. Los padres llevaban a sus hijos al colegio.
Todo iba normal sin que nada alterase aquella paz, hasta que en ese momento ocurrió algo.
Un extraño sonido se oyó en pleno centro de la ciudad que captó la atención de casi todos los habitantes de la ciudad. Acto seguido se escuchó también una fuerte explosión. De la zona central surgió un extraño gas negro que iba cubriendo poco a poco la ciudad. El pánico se desató por toda la ciudad y los grifos asustados trataron de escapar corriendo. Algunos fueron alcanzados por dicho gas y éstos se retorcían en el suelo como si se estuvieran ahogando. En una pared se veía la sombra de un grifo que inexplicablemente iba cambiando a la una forma monstruosa.
El gas cubría gran parte de la ciudad, incluso las últimas plantas de los edificios más altos no estaban a salvo de dicho gas y eran alcanzados por ésta. Los grifos trataban de ganar altura lo más alto posible, pero ni eso servía para evitar dicho gas negro.
Se podían oír gritos de terror por toda la ciudad. Gritos que fueron ahogados en cuestión de horas cuando toda la ciudad fue cubierta completamente por el extraño gas negro que se expandía por todos lados, llegando hasta el último rincón del lugar.
Horas más tarde, la reina Fiora había oído la trágica noticia sobre lo ocurrido en la ciudad de Fell. Los detalles de lo sucedido no estaban claros, por lo que se decidió enviar a un grupo especial. Al grupo conocido a la Orden del Ojo Negro, comandada por la comandante Jill para investigar lo sucedido en aquella ciudad.
La grifo junto con un pequeño contingente de tropas, llegaron a dicha ciudad. Cuando llegaron, no tenían palabras para describir lo que veían.
En todas partes habían cadáveres de múltiples grifos. Todos completamente muertos y sin vida, repartidos en todas partes. Algunos por el suelo. Otros colgados en farolas callejeras. Veían a un grifo metido en una cabina de teléfonos que estaba en el suelo con expresión de terror.
Jill observaba con horror los cuerpos. Lo más extraño de todo, es que los muertos tenían extrañas manchas oscuras en sus cuerpos.
Jill: Revisad el perímetro y procurada no tocar a los cuerpos directamente, podrían tener algo perjudicial o venenoso en sus cuerpos.
Ordenaba la grifo a uno de los soldados que estaba con ella.
Soldado: ¡Sí, señora!
Obedecía el soldado haciendo un saludo militar y se fue de allí con los demás soldados. La grifo seguía observando todo su alrededor, tratando de ubicar pistas sobre lo que sea que haya pasado.
Jill: ¿Qué ha pasado aquí?
Se preguntaba la grifo. Sin que ésta y los soldados se dieran cuenta, algo los estaba observando escondido entre las sombras. Algo cuya visión era infrarrojos. Jill por un momento se sintió observada y miró a su alrededor, mientras lo que los estaba espiando se escondió.
Un soldado examinaba con cuidado el cuerpo de un grifo muerto que estaba sobre una acera cerca de un callejón oscuro. Sin que se diera cuenta el soldado, algo se movía reptando por la pared hasta aparecer justo encima de él. Unas piedrecitas cayeron en el casco del soldado captando así su atención.
El soldado miró hacia arriba y si no fuera por el casco, se podía ver la expresión de sorpresa y miedo que se le formaba en el rostro, justo cuando la extraña presencia se lanzó sobre él.
Un grito de terror llamó la atención de la comandante como la de los soldados.
Jill: ¡Soldados! ¡Rápido!
Ella fue volando al igual que los soldados hacia el origen del grito. Cuando llegaron, se horrorizaron de lo que vieron.
Veían a una extraña criatura parecida a un lagarto negro con alas emplumadas y parte del vientre. Sus mandíbulas eran comparables a la de un cocodrilo. Entre sus dientes tenía agarrado por la cintura al soldado que estaba gritando y pataleando pidiendo ayuda, mientras la criatura lo sacudía como un saco de un lado a otro.
Tanto los soldados como la comandante se sorprendieron ante lo que vieron. Jill recuperándose de la sorpresa, dio la orden a sus soldados.
Jill: ¡No os quedéis ahí parados! ¡Ayudemos a nuestro compañero!
Nada más dar la orden, los soldados fueron hacia el monstruo y rescatar a su compañero aunque ya era tarde. El monstruo apretó con fuerza sus mandíbulas partiendo en dos al soldado, haciendo que ambas mitades salieran volando, siendo la superior la que se caía más cerca del comandante. La comandante veía al soldado medio muerto donde este último miró a su comandante mientras la pedía ayuda.
Soldado: A...Ayu...Ayudaaaa...
Pedía ayuda el soldado extendiendo su garra hacia la comandante, antes de caer finalmente muerto al suelo. Jill estaba impactada ante lo que veía. Un monstruo que nadie sabía de donde salió, estaba atacando a sus soldados, mientras éstos trataban de darle muerte aunque no era fácil. El monstruo era muy ágil y atacaba de forma incesante a los soldados.
Jill empuñó con fuerza la espada que estaba ésta llevando y sin dudarlo, se lanzó volando hacia el monstruo. El monstruo al verla, soltó un rugido y trató de morderla, pero la grifo lo esquivó por un lado y le clavó un espada en un ojo del monstruo haciendo que chillara de dolor. El monstruo contraatacó tratando de darla un zarpazo, pero la grifo se agachó para esquivarlo y aprovechando que estaba de espaldas, le dio un corte vertical en la espalda de la criatura provocando mayor dolor.
Jill saltó para atrás para esquivar un zarpazo del monstruo y acto seguido cargó contra él empujándolo contra un desnivel elevado, haciendo caer al monstruo al duro suelo. Jill sin dudarlo voló hasta la criatura y le clavó en el corazón con su espada haciendo que el monstruo chillara de dolor y agonía, mientras Jill hacía girar su espada todavía clavada para causarle mayor dolor. Finalmente el monstruo cayó muerto al suelo y Jill sacó su espada cubierta de sangre.
Jill: Nunca he visto una criatura como ésta.
Comentaba la grifo mientras se bajaba de ahí y caminó unos pasos. La grifo no comprendía nada. Primero las muertes inexplicables de los habitantes de la ciudad, y ahora la aparición de un monstruo que con mucho pesar, le había costado la vida a uno de sus soldados. Estaba sumida en sus pensamientos hasta que en ese instante, el monstruo presuntamente muerto se levantó levemente e iba a atacar a la grifo, hasta que en ese momento se oyó un disparo y algo le atravesó la cabeza a dicho monstruo.
Jill sorprendida se giró primero hacia el monstruo y luego hacia el origen del disparó. Ahí es cuando la vio. Una extraña yegua de pelaje blanco. Con crin corta lacea negra como cola negra. Ojos naranjas. Portaba una cazadora azul como un fular rojo. Empuñaba en su casco una pistola que es con que había matado al monstruo.
Jill: ¿Quién eres tú?
Preguntaba la grifo, sorprendida de ver a alguien viva que no fuera alguno de sus hombres. La yegua dejando de empuñar, su pistola sonrió levemente y la respondió.
Yegua: Oh. Solo soy una simple turista que pasaba por aquí casualmente.
Decía esto con una sonrisa irónica la yegua. Los soldados aparecieron y apuntaron con sus armas a la yegua. Jill se acercó a ésta para verla mejor.
Jill: Vamos a ver ¿Quién eres tú y qué haces aquí si se puede saberse? ¿No sabes que esta zona esta restringida?
La exigía la comandante a la yegua. La yegua sin abandonar su sonrisa enigmática, la contestó.
Yegua: Como gustes. Me llamo Alexandra Wong. Y vine aquí por unos asuntos. Aunque mucho me temo que tendrán que esperar, ya que por lo visto está aquí todo un poco muerto por así decirlo.
Respondía la yegua conocida como Alexandra Wong con una actitud irónica sin abandonar su sonrisa. Jill miraba con sospecha a la yegua y optó por interrogarla.
Jill: Dime una cosa ¿Sabes qué ha pasado aquí? ¿Cómo se originó este desastre?
La interrogaba la grifo a la yegua. Alexandra tranquilamente la respondió a la grifo.
Alexandra: Poca cosa. Simplemente llegue por tren en una estación fuera de la ciudad y fue caminando hasta aquí. Cuando llegue vi toda esta muerte y desolación. Más algún que otro monstruo mutante por así decirlo.
Jill: ¿Cómo sabes que son mutantes?
Alexandra: Bueno. Obviamente unas criaturas como ésta de aquí no pueden haber surgido de forma natural. Al menos creo yo.
Jill no parecía confiar demasiado en la yegua. Había algo en ella que la parecía sospechosa. En ese momento uno de los soldados la avisó.
Soldado: ¡Comandante! ¡Más monstruos como el que nos atacó están viniendo hacia aquí!
Efectivamente. Más monstruos parecidos al que los atacó, emergían de todas partes. De entre las piedras, por los altos edificios, e incluso emergiendo de las alcantarillas. Dichos monstruos trataban de rodearlos. Jill veía que eran bastantes y en su situación actual si no tenían un plan, sufrirían muchas bajas, por lo que era necesario actuar de inmediato.
Jill: Aquí estamos en desventaja. Tenemos que buscar una posición más ventajosa. Soldados, preparaos para abrir brecha. Que los arqueros disparen en esa dirección limpiando el camino.
Ordenaba la comandante. Los soldados prepararon sus espadas, mientras los arqueros a ordenes de su comandante, armados con unas potentes ballestas, dispararon una salva en la dirección indicaba, logrando matar a varios lagartos que no pudieron evitar las flechas, permitiendo así abrir camino para escapar. Jill mirando a yegua, la dijo a ésta.
Jill: Tú te vienes con nosotros.
Alexandra: Si quieres, me quedó aquí charlando con los monstruos.
Respondía Alexandra con una sonrisa irónica. Jill por un momento se lo pensó, pero no habría sido correcto abandonar a la yegua en un lugar tan peligroso. Además, sentía que ésta la estaba escondiendo algo.
Junto con la yegua, los grifos corrieron hacia la salida hecha previamente por los arqueros para escapar y buscar mejor cobertura. Los soldados con espadas se ocupaban de los que se acercaban demasiado por los lados, mientras los arqueros volando por el aire, disparaban a los monstruos con sus grandes flechas. Algunos de los monstruos escalaban por zonas altas y saltaban atrapando a los grifos que volaba, clavando sus garras en éstos y derribándolos al suelo, para acto seguido ser masacrados y devorados vivos por más monstruos.
Jill con su espada, iba matando a todo monstruo que se cruzaba, mientras Alexandra con su pistola disparaba a todo monstruo que se acercaba. Al contrario de lo que parecía, la pequeña pistola lograba atravesar con facilidad a los monstruos y causarles daños severos o la muerte misma si el disparó era en la cabeza. Mientras huían, la yegua la dijo a Jill.
Alexandra: Conozco un sitio donde podemos escondernos y tener mejor cobertura.
Jill no estaba segura si confiar en la yegua o no. No la conocía y desde que apareció, la parecía muy sospechosa. Aunque teniendo en cuenta las circunstancias actuales, no tenía muchas opciones.
Jill: Muy bien. Guíanos. Nosotros te cubrimos.
La yegua sonrió. Jill no estaba segura si había sido buena idea confiar en la pony, pero como sabía de antes, no había muchas opciones para elegir.
Alexandra: Por aquí.
Se adelantaba la yegua terrestre, mientras Jill y sus soldados la seguían. Corrían o volaban por las calles, evitando a los monstruos y acabando con los que se cruzaban en su camino. Los monstruos los estaban persiguiendo por las calles o por las paredes de los edificios saltando de un lado a otro con gran agilidad.
Cuando estuvieron a punto de alcanzarlos, la yegua los llevó hacia un almacén subterráneo con grandes puertas de metal abiertas.
Alexandra: Por aquí.
Les decía la yegua entrando en la zona y los grifos entraron. Los monstruos atraparon a uno y éste imploraba ayuda y que lo rescatasen. Con mucho pesar, la comandante al saber que ahora mismo ir en su ayuda sería un suicidio, ordenó a los soldados que cerrasen la puerta, mientras Jill veía como el soldado capturado gritaba de horror y pidiendo ayuda, siendo despedazado por los monstruos, visión que terminó cuando los soldados cerraron la puerta y la bloquearon.
La puerta estaba cerrada a cal y canto, pero podían oír a los monstruos golpeando de forma incesante la puerta tratando de entrar como fuese.
Jill: Eso debería retenerlos, al menos de momento.
Alexandra: Mejor no tentar a la suerte y continuar nuestro camino en busca de alguna salida.
Decía la yegua con indiferencia, caminando por las escaleras que llevaban abajo. Jill y los soldados bajaron también. La grifo no se fiaba demasiado de la yegua. Pese a que ésta decía que acababa de llegar, parecía conocer el sitio, por no mencionar el extraño lugar subterráneo por donde andaban.
Tardaron un rato en bajar las escaleras hasta que finalmente llegaron hacia una puerta blindad de acero, tras abrirla mediante una llave como los de cerrar las tuberías de agua, entraron por ella. Cuando vieron su interior, se sorprendieron de lo que vieron.
Era un especie de laboratorio. Un extraño y amplio laboratorio. Había varios tubos grandes con líquidos extraños dentro. Varios tubos de ensayo aislados con un extraño líquido negro en cada uno de ellos. Varios documentos y ordenadores en las mesas que había.
Jill: ¿Qué lugar es éste?
Preguntaba la grifo, mirando el lugar con sumo detalle. No comprendía como podía haber un lugar semejante en medio de la ciudad. Ahí la yegua comentó.
Alexandra: Parece un especie de laboratorio...y por lo visto estaban haciendo ciertos experimentos.
Comentaba la yegua mirando unos documentos que estaban sobre una mesa.
Jill: ¿Qué clase de experimentos?
Preguntaba la grifo, en parte temerosa de la respuesta. La yegua no dijo nada. Simplemente señaló con su casco en una dirección y Jill como los soldados se sorprendieron ante lo que vieron.
En varios tubos estaban metidos varias de aquellas criaturas que los atacaron antes. Solo que estas estaban como dormidas dentro del líquido donde flotaban. Varios tubos circulaban un extraño líquido negro brillante que iba hacia las criaturas.
Jill: Son...Son las criaturas que nos atacaron antes ¿Qué hacen aquí?
Alexandra: Por lo visto los fabrican aquí. Al menos es lo que ponen en estos documentos.
Respondía la yegua, mostrando unos documentos que había sobre una mesa a la grifo. Jill los cogió y se puso a leerlos.
Jill: "Primer día del experimento...Empezamos a hacer las pruebas con los sujetos de pruebas que cogemos en la ciudad para ver que efectos tienen la materia negra en los grifos de la ciudad..."...¿Materia negra? ¿Experimentos?
Jill no comprendía lo que explicaban los documentos ¿Qué era la materia negra que se mencionaba en los documentos? La grifo siguió leyendo.
Jill: "Cuarto día del experimento...A las cobayas les suministramos la materia negra en su estado líquido en sus cuerpos. En pocos minutos sus cuerpos comenzaron a mutar. Algunos sobrevivieron, pero otros en cambio no pudieron soportarlo y acababan muriendo a corto plazo y minutos después de la mutación"...No me gusta como suena esto.
Jill miraba a los monstruos que estaban en los tubos. La costaba creer que aquellos monstruos fueran antes grifos.
Jill: "Décimo día del experimento...Ya logramos mutar a las cobayas según nuestras especificaciones. Muy pronto haremos la primera prueba, cuando el jefe decida cuando debemos activar el dispositivo y aplicar el nuevo estado de la materia negra en su estado gas, y comprobar sus efectos...Para eso debemos hacer lo siguiente...".
Seguía leyendo la grifo y cada vez la gustaba menos lo que leía. Todo apuntaba que en aquel extraño lugar se hacían experimentos que serían considerados prohibidos. Experimentos horribles donde múltiples grifos inocentes estaban pagando las consecuencias. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando oyó el sonido de algo caerse al suelo que alertó tanto a ella como a los soldados.
Lo que oyeron era un tubo de hierro que cayó al suelo de una esquina y luego el sonido de pasos. Jill dio orden a sus soldados de que preparasen sus armas listos para combatir lo que fuera que iba a aparecer.
En ese momento lo vieron. Emergiendo por detrás de un tubo apareció un grifo. El grifo en cuestión le costaba andar como si tuviera debilidad en las patas, sus ojos apenas se les notaba vida en ellos. La comandante como los soldados se relajaron levemente al ver que era un simple grifo.
Jill: Parece que encontramos un superviviente.
Uno de los soldados se acercó al grifo para ayudarlo.
Soldado: Venga. Déjenos que le ayudemos.
Decía el soldado ofreciendo su garra para ayudar al grifo, pero éste nada más verle, se lanzó hacia el soldado y le mordió el brazo donde le habría hecho daño si no fuera por la armadura.
Soldado: Pero ¿Qué hace?
Decía el soldado sorprendido por lo que le hacía el grifo como si un animal se tratase. Los demás soldados estaban impactados por lo que veían, pero fueron rápidamente a ayudar a su compañero. El soldado logró quitarse al grifo y empujarlo a cierta distancia contra el suelo. El grifo se levantó y echó un especie de rugido a la vez que miraba al soldado como si un depredador acechando a su presa se tratase. Un soldado con ballesta le apunto con el arma y le decía.
Soldado2: ¡Quieto! ¡No se mueva!
Le ordenaba el soldados, pero el grifo no le obedecía y fue avanzando con intenciones asesinas. El soldado con ballesta al ver que no obedecía, le disparó a una de las patas delanteras para pararlo y así reducirlo. Al principio se paró momentáneamente, pero sorprendentemente volvió a caminar hacia éstos mientras rugía. El soldado volvió a disparar ahora a la otra pata, pero con idéntico resultado. El soldado al ver que no lograba pararlo, optó por disparar al hombro atravesándolo con una flecha. Pese a las flechas, el grifo seguía avanzando. Los soldados no comprendían como aquel grifo con tales heridas podía seguir avanzando. Finalmente Alexandra dio fin al grifo de un disparo a la cabeza, haciendo que el grifo cayera finalmente al suelo.
Alexandra: Bueno. Esto ya está.
Decía la yegua con una sonrisa irónica. El soldado con ballesta que no se creía que aquel grifo que tras recibir varias flechas no se detuviera en absoluto, comentó.
Soldado2: Le he atravesado con varias flechas ¿Cómo podía seguir bien?
Se preguntaba el soldado, sorprendido ante la enorme resistencia por parte del extraño grifo. Ahí Jill comentó aun algo impactado por lo sucedido.
Jill: Ese tipo no estaba ya bien.
Un silencio se formó en la sala, justo en ese momento, notaron que el cuerpo presuntamente muerto comenzó a contraerse. Lo que pasó después, fue más sorprendente.
Su cuerpo comenzó a mutar, varias plumas de la cabeza como diversas partes del cuerpo comenzaron a caerse y en su lugar aparecieron escamas. Su pico se cayó al suelo y poco a poco la cabeza fue adoptando forma de lagarto. Finalmente el grifo acabó convirtiéndose en uno de los monstruos que los atacaron antes.
Jill y los soldados retrocedieron sorprendidos ante lo que acababan de ver. Alexandra retrocedió también. pero por alguna extraña razón, ella no parecía preocupada en absoluto.
El monstruo rugió y saltó hacia los soldados donde éstos se apartaron. Uno soldado aprovechó para saltar hacia la espalda del monstruo y subir sobre él. El monstruo trató que quitárselo de encima, pero el soldado haciendo gala de gran agilidad, lograba aguantar mientras le clavaba su espada en la cabeza del monstruo. Varios soldados más se unieron y con sus armas le atravesaron el pecho del monstruo y otro le atravesó la boca hasta llegar al cerebro y así matarlo definitivamente.
La bestia cayó al suelo completamente muerta.
Jill: Pero ¿Qué se supone que está pasando aquí? ¡Primero lo que mató a los habitantes! ¡Ahora monstruos! ¿Qué más puede ocurrir aquí?
Comentaba la grifo completamente exaltada ante lo que estaba ocurriendo sin explicación alguna. Sin que nadie se diera cuenta, Alexandra a espaldas de un panel de control, pulsó disimuladamente un botón. Nada mas hacer eso, los tubos comenzaron a vaciarse del líquido que sostenía a las criaturas. Los monstruos abrieron los ojos y soltaron un rugido antes de romper de varios zarpazos los recipientes liberándose así.
Jill: ¡Soldados! ¡Coged las armas y matad a las criaturas!
Decía la grifo empuñando su espada y atacando a uno de los monstruos, atravesando el corazón al monstruo haciéndole chillar de dolor y de un rápido movimiento, sacó la espada y decapitó al monstruo. Los soldados atacaron a los monstruos logrando acabar con ellos. El número de monstruos era menor y los soldados tenían la ventaja.
Jill: ¡Seguid así, soldados! ¡Matad a todos estos monstruos y luego salgamos de aquí!
Decía la grifo animando a sus soldados. En ese momento se oyeron fuertes golpes en la puerta blindada. Los otros monstruos habían llegado a la entrada del laboratorio, cosa que se podía notar por los gruñidos de dichas criaturas y de como éstas iban golpeando la puerta con fuerza. Pese a que al puerta era blindada, ésta iba cediendo antes los golpes.
Jill: Maldita sea. Atrapados como ratas.
Maldecía la grifo al ver que pronto estarían invadidos de monstruos. Alexandra la llamó.
Alexandra: ¡Por aquí!
La llamaba la pony, señalando una puerta trasera. Jill se alegró de que tuvieran una vía de escape.
Jill: ¡Soldados! ¡Coged todo lo que podáis como prueba y larguémonos de aquí!
Ordenaba la comandante atravesando con su espada al último monstruo que estaba en al sala. Los soldados rápidamente cogían lo que podía como documentos y tubos de ensayo, todo lo que sirviera para averiguar lo que estaba pasando, a su vez que hacían fotos de todo, pero el tiempo no estaba de su lado, los demás monstruos golpeaban sin cesar contra la puerta y en un momento a otro iba a ceder en cualquier momento.
Jill: Tenemos suficientes. Vámonos.
La comandante y los soldados fueron corriendo hacia la salida siendo Alexandra la última en entrar, justo cuando los monstruos lograron derribar la puerta y fueron corriendo hacia la puerta, la cual Alexandra logró cerrar con la puerta blindada en el último momento.
Teniendo ahora un respiro, la comandante y los soldados fueron por el túnel donde no estaban seguros hacia donde los llevaba.
Jill era la que estaba delante del grupo. Ella no lograba explicarse que había pasado. ¿Cómo había ocurrido las muertes exactamente en la ciudad? ¿Qué era aquel laboratorio y qué clase de experimentos hacían? ¿Qué era la materia negra que hablaban en los documentos? Esperaba que lo que habían recogido de aquel laboratorio sirviera de algo o las muertes que hubo de valientes soldados habría sido en vano.
Jill estaba sumida en sus pensamientos, mientras un soldado se le acercó a ésta y la comentó.
Soldado: Comandante ¿Qué acaba de suceder exactamente?
Preguntaba el soldado. Ahí Jill respondió.
Jill: No tengo ni idea, soldado. Todo esto es muy extraño y tenemos que investigarlo ¿Los soldados llevan consigo lo que recogimos del laboratorio?
Soldado: Por supuesto, comandante. Llevamos suficiente material para investigar lo sucedido.
Jill: Excelente. Espero que podamos descifrar que está pasando exactamente.
Comentaba la comandante esperando obtener respuesta. Detrás de todos ellos estaba Alexandra, la cual caminaba a cierta distancia de éstos. Su rostro figuraba una ligera sonrisa. Pulsó un botón que llevaba en un brazalete que tenía en su pata y justo en ese momento bajaron dos rejas que rodearon a los soldados impidiendo avanzar o retroceder.
Jill y el soldado que la acompañaba estuvieron atentos y se lanzaron rodando al suelo evitando la verja, quedando los dos al otro lado con los soldados atrapados entre las rejas. Los soldados trataban de salir, pero no podían, aquellas rejas eran bastante fuertes impidiendo salir de ahí.
Jill: ¿Qué está pasando aquí?
Alexandra: Pasa que no puedo dejar testigos. Eso pasa.
Respondía la yegua que estaba al otro lado del pasillo. Aquello captó la atención de la grifo, donde ahí la preguntó a la yegua.
Jill: ¿De qué estás hablando?
La yegua sonrió maliciosamente y la contestó.
Alexandra: Debéis saber que hace tiempo, se puso una bomba de materia negra en su estado gaseoso y que estalló por ordenes mías.
Jill: ¿¡Qué!?
Exclamó la grifo al no poder creerse lo que decía la yegua.
Alexandra: La bomba fue una prueba para comprobar los efectos de la materia negra sobre los grifos del lugar. Y se puede decir que fue interesante aquello.
Jill: ¿Qué es la materia negra? ¡Responde!
Exigía la grifo, queriendo tener respuestas.
Alexandra: Ja, ja, ja, ja...Poco importa eso. Ya que vais a morir todos...
Decía la yegua, lanzando al interior de las rejas una especie de esfera de metal, la cual se desacopló su recubrimiento metálico revelando en su interior cientos de jeringuillas llenas de una sustancia negra.
Todas las jeringuillas salieron disparadas e impactaron en todos los soldados que estaban entre las rejas. Bajo la atenta mirada de Jill y el soldado que la acompañaba, veían como los soldados se retorcían en el suelo de dolor. Las armaduras se iban rompiendo mientras sus cuerpos mutaban en los horribles lagartos. Alexandra se marchó hacia una dirección desconocida, mientras Jill no podía hacer otra cosa que ver como se marchaba la misteriosa pony. El soldado que estaba a su lado, trató de hacerla reaccionar.
Soldado: ¡Comandante! ¡Tenemos que irnos ya!
La decía el soldado, pero Jill no se movía. Ella veía impotente como sus soldados se iban convirtiendo en monstruos.
Jill: Mis hombres. Mi soldados.
Soldado: ¡Comandante, reaccione!
Trataba el soldado tratando de hacer que su superiora reaccionase. Uno de los soldados terminó antes que los demás su mutación y se lanzó hacia los barrotes logrando atravesarlos con algo de dificultad, pero logró llegar al otro lado. Jill y el soldado vieron eso y trataron de contraatacar, pero el monstruo fue más rápido y golpeó con su cola al soldado que lo tiró al suelo, a Jill la golpeó con su brazo lanzándola contra la pared y el lagarto la dio un cabezazo al estomago de ésta, causándola mucho daño.
El lagarto la cogió del cuello a la grifo contra la pared y abrió sus fauces con intención de devorarla, pero antes de que pudiera hacerlo, el soldado que se había recuperado, le atravesó la cabeza con su espada matándolo y así salvar a su superiora. Jill cayó al suelo adolorida por los golpes. El soldado tuvo que cargar con ella en su espalda y sacarla de allí antes de que los monstruos fueran en su persecución.
Interrumpiendo historia.
Lyndon tenía una expresión de asombro ante lo que le había contado la grifo.
Lyndon: ¿En serio pasó todo eso?
Preguntaba el grifo sin apenas poder creérselo. Jill seriamente le contestó.
Jill: Así es. Por culpa de esa yegua, muchos inocentes murieron aquel día, entre ellos mis hombres. Salvo el que me salvó, perdí a todos mis hombres. Hombres valientes que estaban dispuestos a darlo todo por su reino, muertos o convertidos en monstruos por culpa de esa yegua. Habría seguido su mismo camino si el soldado que estaba conmigo, no me hubiera cargado hasta la salida y luego llegar hasta las alcantarillas donde pudimos salir de la ciudad.
Explicaba la grifo con cierta ira en su voz al recordar como por culpa de Alexandra perdió a la mayoría de sus soldados.
Jill: Todas las pruebas las perdimos. Y tuvimos que poner en cuarentena toda la ciudad y se tuvo que enviar al ejercito a exterminar a todos aquellos monstruos que una vez fueron grifos normales y corrientes. Hombre, mujeres, niños. Gente con vidas normales, echadas a perder por culpa de esa maldita pony.
Contaba la grifo sintiendo una gran ira en su interior.
Jill: Juré que la daría caza pasase lo que pasase, y eso es algo que pienso cumplir. Pienso asegurarme de que esa maldita yegua sufra por todo el mal que ha hecho.
Decía con decisión y grandes deseos de venganza al grifo. Lyndon tragó saliva preocupado de que la grifo fuera a tomarla ahora con éste.
Lyndon: Vaya...Quien lo diría.
Jill estaba furiosa, pero logró calmarse levemente y le dijo al grifo.
Jill: Bien. Olvidémonos de eso de momento y ahora centrémonos en volver a la historia principal.
Lyndon: Claro...Me pondré a ello...
Respondía el grifo sin poder evitar sentir algo de lastima por la comandante, donde ésta había perdido soldados muy valiosos para ella aquel día.
Continuara.
No olvidéis comentar.
