Lejos de Deredes, en un pueblo de comunidad agrícola llamado Illystos, ubicado en las afueras de Pridelands, en la región montañosa de Outlands donde la vegetación de la sabana disminuye pero la tierra es buena para el cultivo y las montañas cubren hasta donde permite la vista, se encontraba un suricato labrando la tierra que comenzaba a dar frutos de su esfuerzo. Los retoños de sorgo y maíz se extendían uniformemente formando líneas de colores rojizos y amarillos en aquel pedazo de tierra que les proveía de alimento año tras año.
El sol empezó a descender dando fin a su jornada de trabajo, tomó su rastrillo apoyándolo sobre su hombro y se dirigió hacia su hogar con su familia. El molino de viento giraba lentamente con la fuerza de la brisa. Los búfalos se movían por los corrales de palos pastando entre la hierba que crecía dentro y las pintadas movían su cabeza de un lado a otro al caminar por el gallinero.
El suricato pudo percibir el aroma a guisado de arroz con carne y verduras cociéndose en la hornilla de su casa antes de abrir la puerta.
"Buenas noches Rafat." Lo recibió su esposa, Taskin, con un beso en los labios.
"Buenas noches cariño." Le contestó con amabilidad Rafat. "¿Dónde se encuentra Arshad? Ya debería de haber llegado." Preguntó al no ver a su hijo por ninguna parte.
"Se encuentra en el cobertizo," señaló con la cabeza la pequeña casucha construida con tablones a pocos metros de donde se encontraba la casa principal.
"Ve sirviendo los platos, ya regreso."
Dentro del cobertizo se encontraba Arshad con un mortero de madera entre las garras intentado machacar una especia de polvo gris oscuro, a su alrededor tenia frascos pequeños con diferentes sustancias y colores, cada uno marcado con una etiqueta nombrando su contenido.
Rafat se acercó sigilosamente por detrás de su hijo, con las garras preparadas para darle un susto. Justo cuando Arshad dejó el mortero sobre su mesa de trabajo, su padre le dio un empujón tomándolo por sorpresa y haciéndole dar un pequeño grito.
"No hagas eso, esto es peligroso." Le advirtió Arshad.
"Claro que no Arshad."
"Tu me dijiste que podía salir volando por los aires si no lo manejaba con cuidado."
"Eso era cuando eras un crio, ya has crecido. Por eso mismo te enseñe a crear polvo negro."
Arshad se sentía feliz de que su padre confiara en él para realizar una tarea peligrosa, pero no se sentía del todo seguro cada vez que molía los materiales en el mortero, pensaba que podrían explotarle en cualquier momento dañando sus garras y cara.
"Aun así, yo no confió en esta cosa. Quiero decir, se lo vendes a los mineros de las montañas para destruir piedras." Dijo mientras extendía sus brazos como si estuviera abrazando una piedra enorme. "¿Por qué no cavan como nosotros? Son suricatas también después de todo."
Rafat soltó una risa callada.
"Bueno, esa seria una solución, pero las piedras son extremadamente duras como para cavar a través de ellas y ellos no se pueden permitir rodearlas cada vez que se encuentran una." Rafat alzó la vista pensando. "Ya sé. Que te parece si te enseño una forma de dejar de tenerle miedo al polvo."
El rostro de Arshad se ilumino de curiosidad a la vez que asentía con la cabeza.
Su padre dejó el rastrillo junto con las demás herramientas del cobertizo y tomó el mortero que tenia Arshad hace unos momentos llevándolo a afuera.
"Dices que esto es peligroso y en eso estas correcto, pero solo es peligroso si se mantiene sellada." Se inclinó al suelo y vertió un puñado del polvos obre le tierra formando una pequeña montaña, no más grande que una piedra de las que estaban tiradas alrededor de él. "Si solamente es polvo esparcido, esto es lo que sucede." De su bolsillo sacó un pedernal y lo golpeó dejando que las chispas cayeran sobre el polvo gris oscuro. De repente, el polvo comenzó a arder sacando chispas y llamas que iluminaron más que cualquier lámpara colgada cerca de ellos. La llama se alzó a un metro de altura dejando a Arshad con la boca abierta.
"Eso estuvo asombroso." El joven suricato no podía dejar de sonreír. "¿Podemos hacerlo otra vez?"
"Por el momento no." Dijo Rafat mientras guardaba el mortero devuelta en el cobertizo. "Tu madre nos está esperando para cenar, ve a lavarte las manos."
Arshad se fue a su casa seguido por su padre un poco preocupado. Una vez la familia reunida sobre la mesa se empezó a cenar; había platos a medio llenar con guisado de pintada con papas, cebolla y zanahoria dentro del caldo, una jarra llena con agua y unos cuantos panes con queso de búfalo.
"¿Qué estaban haciendo afuera?" preguntó Taskin rompiendo el silencio. "Esa luz se pudo ver desde la cocina."
Los dos suricatos se miraron el uno al otro sonriendo y contestaron al unísono:
"Nada."
Aunque intentó mantener una cara seria, Arshad dejó escapar una risa seguido de su padre.
"Ja-ja-ja muy gracioso." Dijo con sarcasmo su madre, aunque tampoco pudo evitar mostrar una sonrisa.
Una vez terminada la cena, Taskin acompaño a Arshad a su habitación. Al abrir la puerta no había muchas cosas, solo una cama de madera y una pequeña cómoda arrinconada al fondo. Arshad sabia que no tenían mas que unos cuantos muebles, ropas y a su familia, pero eso era para él mas que suficiente.
Se recostó en su cama mientras su madre sacaba una sabana café de la cómoda para taparlo.
Desdoblando la sabana, Taskin se inclinó y cubrió a su hijo
"Que descanses cariño." Dijo ella mientras le daba un beso en la frente.
"¿Podrías contarme una historia?"
"Pensé que ya estabas grande para esas cosas."
"Por favor." Le pidió Arshad intentando enternecerla con la mirada.
"De acuerdo." Dejando escapar un suspiro, se sentó en el borde de la cama intentando no aplastarle los pies a su hijo.
"¿Cuál te gustaría escuchar?"
"Cuéntame la historia de los dragones. Es mi favorita."
Taskin se puso en una posición cómoda y buscó las palabras con las cual empezar:
"Hubo una época en la que el tiempo era inexistente, no había nada, ni siquiera la mas pequeña porción de vida en este mundo. Todo era como una gran pagina en blanco esperando a ser llenada. Al ver esto, cuatro criaturas gigantescas bajaron de los cielos, sus cuerpos estaban cubiertos de escamas como los reptiles pero poseían alas que les permitía volar por los cielos como las aves, se hacían llamar dragones." La mano de Taskin se movía ligeramente de un lado a otro imitando el vuelo de los dragones.
"Y ellos comenzaron a llenar el vacío." Dijo el pequeño suricato con ansias.
"Sí, así es." Afirmó Taskin revolviendo su cabello. "No me interrumpas Arshad."
"De acuerdo."
"El primero de ellos se llamaba Kijani; sus escamas eran gruesas como las rocas, sus barbas verdes caían a los lados resaltando la cornamenta que tenia por cuernos. Kijani posó su garras en aquel espacio en blanco y de ellas surgió la tierra roja donde los demás dragones aterrizaron. Al ver aquel lugar tan falto de vida, enterró sus garras en la tierra y de ella comenzó a brotar un sin fin de arboles y flores cubriendo, ahora la superficie roja de la tierra se encontraba cubierta por una capa de césped tan verde como el de la estación de los brotes nuevos.
Al ver lo que su compañero había hecho, un dragón mas rojo que las llamas llamado Sharik alzó en vuelo escupiendo una enorme bola de fuego que permaneció flotando sobre ellos dando luz y calor a la tierra, después tomó un puñado de tierra entre sus garras y comenzó a darle forma.
Mientras Sharik moldeaba la tierra a su voluntad, los otros dos dragones se pusieron en marcha. Ziwa, quien a diferencia que los demás tenia un parecido mas a los peces con sus escamas azuladas y garras con forma de aletas, de un saltó se sumergió dentro de la tierra cavando un agujero del que salieron torrentes de agua llenando las zonas bajas. Sharik le agradeció y mezcló una parte del agua con la tierra que moldeaba.
Por su parte Dakari, a pesar de no tener alas, su cuerpo albino resplandecía con las blancas plumas que cubrían su cuerpo mientras éste se movía de un lado a otro volando por los cielos como si se tratara de un pájaro planeando en círculos. Continuó haciendo esto tan rápido como pudo llegando a mover tanto los arboles como el agua que sus dos amigos habían creado.
Finalmente todos se reunieron junto a Sharik quien había hecho cientos de figuras de arcilla. Cuando dejó la ultima sobre el suelo, inhaló profundamente y cubrió a aquellas figuras con sus llamas. Cuando Sharik cesó, rápidamente Dakari voló alrededor de ellas enfriándolas con sus corrientes de aire.
Entonces de las figuras de arcilla se escuchó un sonido, como un crujido, se estaban agrietando. Poco a poco, pedazos de arcilla se desprendían de las figuras mostrando unos entes que se encontraban dentro de ellas. Los cuatro dragones se habían unido para poder crear los primeros seres vivos de este mundo.
Al ver que su presencia ya no era necesaria, los dragones volvieron a su hogar en los cielos donde esperarían la llegada de aquellos que parten de este mundo..."
Cuando Taskin terminó la historia, en la habitación solo se podían escuchar los ronquidos de Arshad al compás de su respiración.
"Dulces sueños." Dijo ella antes de salir silenciosamente cuidando de no despertar a su hijo.
