CAPÍTULO 35: SORPRESAS

POV PEETA

Caminábamos hacia el comedor cuando Haymitch nos detuvo.

-Hola, tortolitos.

-Hola, Haymitch. –Lo saludamos.

-Más vale que se apuren porque se les hace tarde.

-Lo sabemos. –Contesté, ambos estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos más tiempo.

-Síganme.

Haymitch se desvió por otro pasillo y fuimos tras él.

-¿Dónde nos llevas? –Preguntó Katniss.

-Al estudio de Cinna y Portia. Para ultimar algunos detalles. Desayunarán allí.

-¿Por qué? ¿Es por las entrevistas? –Volvió a hablar.

-Muy frío.

-La ceremonia del tueste. –Contesté.

¿Por qué otra cosa sería?

-Caliente. –Dice haciendo referencia al juego infantil.

-No necesitamos nada más. –Dije y Katniss asintió.

-¿Seguros? –Haymitch volteó a vernos. –No pasa nada. Considérenlo un regalo. ¿Saben? Todos los años fueron iguales desde que gané, tributos sin ningún vínculo sentimental, chicos miedosos, o rígidos como una roca pero sin ninguna habilidad. Ustedes han hecho esta edición de los Juegos del Hambre más interesante o menos frívola, como quieran llamarla. Todos están muy conmovidos con ustedes y quieren cooperar juntos por primera vez, hemos preparado muchas cosas para hacerles pasar un momento especial, no lo rechacen.

La expresión de Katniss se volvió seria. Eso no le gustó.

-Tranquilos. No es nada exagerado por suerte estamos yo, Cinna y Portia para ponerle límites a Effie.

Ella se relajó un poco al escuchar esas palabras.

-Se apega a lo que se acostumbra en nuestro distrito.

Haymitch se aleja y nos pide que avancemos. Con Katniss nos miramos unos segundos.

-¿Qué opinas de esto?

-Lo peor que puede pasar es que te hayan diseñado un vestido.

-Vamos. –Dijo.

Apreté levemente su mano y ella caminó junto a mí.

Con Haymitch entramos a uno de los salones, era más grande que la cocina habían cientos de estructuras en las que colgaban perchas y ropa cubierta por fundas especiales, cientos de vestidos, trajes, y conjuntos de ropa estaban esparcidos ordenadamente alrededor del estudio de nuestros estilistas. También mesas, taburetes, pizarras que sostenían bocetos de diversos conjuntos de ropa. Las paredes y el techo eran de un amarillo muy claro, había ventanales que iban desde el techo hasta el piso y daban una perfecta vista de la ciudad. Se notaba que sin importar la hora, siempre había buena iluminación para que ellos pudieran trabajar. Nuestros estilistas estaban concentrados y cada uno sentado en posiciones contrarias alrededor de una mesa llena de papeles, cuadernos, lápices, carboncillos y pinturas. Vimos a Cinna dibujando, y a Portia observando muy concentrada bocetos de algunos diseños. En una mesa cercana de un tamaño considerable, vi telas de todo tipo, vestidos y trajes a medio terminar.

Eso explicó porque los vimos tan poco, en días así trabajaban más que nunca.

-Buenos días, chicos. –Nos saludaron apenas nos vieron.

-Buenos días. ¿Con mucho trabajo? –Pregunté.

-Bastante. –Me respondió Cinna sonriendo. –Vengan aquí, queremos mostrarles algunas cosas.

Nos acercamos, Haymitch se fue para buscar a un avox y decirle que trajeran nuestros desayunos.

Cuando llegamos al lado de Cinna, vimos de cerca los bocetos. El primero era un vestido y justo al lado había otra hoja en el que se pudo apreciar un traje de hombre. Tuve que reconocer que Cinna era muy bueno dibujando y que el vestido del modo que lo presentaba en el dibujo se veía magnífico. Los rostros me resultaron conocidos, Katniss y yo.

-¿Estos son…? –Preguntó Katniss.

-La ropa que usarán para la entrevista. Están casi terminados, de hecho únicamente faltan los detalles.

El vestido de corsé y falda voluminosa era rojo, tenía pequeños puntitos que Cinna nos dijo serían incrustaciones de piedras preciosas. Mi traje sería negro, pero en el boceto pude apreciar, líneas en otros colores en las mangas, los bordes y los bolsillos en formas de llamas.

-¿Más llamas? –Preguntó Katniss.

-Tuvieron éxito así. –Respondió Portia sonriendo hacia nosotros. –Pero exclusivamente el vestido tendrá ese detalle de llamas falsas en la falda.

-Bastará con que gires para que las llamas aparezcan.

-Pero no siempre piden que gires.

-En ese caso, lo propondrás tú. –Le explicó Cinna.

-Te vas a ver hermosa, Kat. –Comenté sonriendo y tomándola de la cintura desde atrás. –Mucho más de lo que eres.

-Tú no te quedarás atrás. –Comentó mirando el que sería mi traje.

-¿Les gusta?

-Sí. –Yo asentí mostrándome de acuerdo.

-Y eso que aún no vieron lo que les hicimos para esta noche.

Cinna y Portia se miraron y asintieron.

-Necesitamos hacerles unas pruebas.

Cinna se llevó a Katniss hasta un vestidor y Portia me dirigió a otro.

Ella me dijo que me desvistiera y me colocara el traje que dejó colgado en una percha a un costado, luego me dejó solo. El traje era completamente blanco y al parecer ajustado a mi figura, consistía en un pantalón, una camisa, y una chaqueta con bolsillos en los costados y uno a la altura del corazón. La tela era muy suave al tacto.

Al terminar de vestirme, llamé a Portia. Ella entró con una corbata entre sus manos que acomodó en el cuello de mi camisa, porque de hecho nunca usé una y no sabía hacer los nudos de las mismas. Abotonó mi chaqueta y observó el resultado. Observé mi reflejo en el espejo. No me reconocí vestido de esta forma tan pura y elegante. Siempre que pensé en una boda con Katniss vestir de esta manera no entró en mis planes.

-¿Qué opinas?

-No parezco yo.

-Ese es el objetivo. Peeta, imagino que sus celebraciones deben ser muy simples, pero nosotros queremos que sea un día inolvidable. Es bueno tener experiencias que valgan la pena recordar. Nada será fácil para ustedes. Así que pensamos, darles un pequeño momento de felicidad en medio de la tragedia.

-Todos nos dicen lo mismo, pero se guardan lo que tienen planeado.

-No les diremos nada. Cuando vuelvan del entrenamiento, cada uno se irá su propia habitación, se bañará y nos esperará, nosotros dos estaremos con la ropa y los arreglaremos. Después les diremos que tienen que hacer. Tienen prohibido verse durante ese tiempo ¿de acuerdo?

-Sí. –Contesté.

Ni Katniss, ni yo tuvimos voz y voto en ese asusto desde el momento que les pedimos ayuda. Creí que me arrepentiría de haberles dicho que íbamos a casarnos.

-Te queda perfecto el traje, aunque creo que podríamos entrarle un poco en los costados inferiores.

Tomó unas agujas y unió las costuras de la espalda para que me quedara más ajustado. Se sintió muy suelto en la parte inferior de la chaqueta.

-Y un par de ajustes aquí. –Tocó mis hombros y mis brazos. Me quedé callado hasta que terminó su inspección profesional. – ¿El pantalón lo sientes cómodo?

Asentí, no vi que hubiera algún problema con él.

Me sacó con cuidado la chaqueta y se fue diciendo que podía cambiarme todo por el equipo de entrenamiento y dejar lo demás colgado con cuidado en las perchas. Me quité todas las prendas del traje con cuidado de no arrugarlo o mancharlo y lo colgué, también los zapatos de vestir blancos que pretendía que usara en la noche, los coloqué en su caja. Antes de volver a la ropa que tenía antes. Cuando terminé, salí y vi a Portia en una mesa abriendo varios maletines.

-Ven aquí. Quiero que veas algo.

Cuando estuve a su lado vi todas las joyas impresionado. Habían cuatro maletines en total, con anillos y dos con collares.

-Cuando venga Katniss elegirán lo que quieran, recuerden que simbolizará su amor.

-¿Dónde conseguiste todo esto?

-Effie hizo un encargo en una importante joyería, y como ustedes no pueden salir del Centro de Entrenamiento, los enviaron para comprar a domicilio. Tienen para elegir. Es importante que lo hagan ahora. De ese modo podremos mandar a hacer la inscripción y los tendrán dentro de unas horas.

Los anillos iban a juego, eran diferentes o iguales, para hombre y mujer, para una pareja que uniría su vida en matrimonio. Dos anillos que se encontraban uno al lado del otro sobre la base. Había un montón pero cada par estaba separado de los demás. Los collares eran variados, relicarios o simples dijes, también iban juntos de a pares.

-¿En el Distrito Doce también los usan cuando se casan?

-Sí.

De hecho, de habernos salvado de los juegos, cuando llegara el día, Katniss y yo debíamos conseguir anillos para casarnos.

-En el Capitolio algunas personas además de anillos de boda, se entregan el uno al otro un collar, por lo general con alguna foto de ellos y un mensaje. Al anillo también se le hace una inscripción, con el nombre del novio y de la novia, fecha de casamiento o algún mensaje.

-¿Por qué hacen todo esto por nosotros?

-Los queremos. –Respondió dedicándome una sonrisa. –Se lo merecen.

Acarició mi cabello.

-¿Lo aceptarán?

-Es demasiado, Portia. –Le contesto. –Nosotros pensamos en el tueste, elegir algo de nuestros guardarropas y casarnos simbólicamente.

-Cariño, esta cuidad es muy cruel, gracias a nuestra gente ustedes están aquí y se les ha arrebatado la oportunidad de un futuro, todos sus sueños quedaron destrozados. Al menos disfruten estos días. Nos gustaría hacer más por ustedes, pero no podemos. Hay gente en contra, pero siempre somos la minoría, y aunque no lo creas muchos de los que trabajamos directamente con ustedes, es porque queremos ayudar a los tributos, darles una oportunidad de vivir del único modo que podemos. –Portia suspiró resignada. –A través de nuestro trabajo.

Sonreí y tomé su mano. Me puse en el lugar de Cinna, Portia, Effie, incluso el equipo de preparación. No eran personas frías y calculadoras. Por lo menos para las primeras tres, nos eran lo que podían aparentar frente a las cámaras. Nos ayudaron, y era evidente que no estaban de acuerdo con los juegos, pero era su trabajo. ¿Qué habría pasado si Katniss y yo fuéramos habitantes del Capitolio? No tengo la respuesta, las posibilidades son muchas y todas van en diferentes direcciones.

No pude rechazar algo cuando fueron ellos los que ofrecieron su ayuda. Tal vez se hubieran sentido mal, porque no podían hacer mucho por nosotros.

Acabé aceptando y agradeciéndoles. Esperé a Katniss para decidir que anillos usaríamos. Pensé que incluso en la arena sería un buen recuerdo al que aferrarse.

Mientras tanto, desayuné. Demoraron. Ella me tranquilizó diciéndome que con las mujeres siempre se necesitaba más tiempo.

Yo reí pensando en las muecas que debía estar haciendo ella ante la atención que le estaba dando Cinna a su vestido mientras lo tenía puesto. A mi prometida nunca le importó involucrarse en esos asuntos. Siempre fue más simple y practica. Por desgracia, la paciencia nunca fue su fuerte.

Cuando por fin salieron Katniss expresó claramente su malhumor y yo reprimí mi sonrisa porque no quise que se enojara más. Katniss se sentó a mi lado y comió de su bandeja.

-¿Cómo te fue? –Le pregunté.

Katniss me miró de reojo y se ruborizó.

¿Qué diablos la avergonzó?

Fruncí el ceño e intenté descifrar sus… De saber que le pasó hubiera sabido que tenía que descifrar.

-Bien.

-¿En serio? No lo parece.

-No te puedo contar nada, Peeta. Son las tradiciones. –De nuevo se ruborizó y yo sonreí de lado.

-Entonces tampoco te contaré sobre mí. Excepto que debemos elegir los anillos y eso nos incumbe a ambos.

Katniss asintió y siguió desayunando en un silencio extraño. Me quedé mirandola varios minutos con extremada curiosidad. Me dije a mi mismo lo normal que era teniendo en cuenta nuestra situación, Katniss y yo estuvimos muy volubles en los días anteriores. Cuando ella acabó con su comida, tomé su mano y la guíe hasta la mesa en la que los maletines se extendieron. Vi a Katniss mirando sorprendida todo.

-Que conste que acepto porque quiero que tengamos algo que simbolice nuestra unión y diga que estamos casados y estaremos juntos por siempre.

-También, yo. Tomaremos únicamente los anillos. –Contestó.

-Estoy de acuerdo.

El tamaño de los mismos era justo para nosotros. No supe como dedujeron nuestras medidas exactas pero todos los que nos probamos nos quedaron bien, incluso en los finos dedos de Katniss. Pareció un ensayo para la boda, porque yo se los probé a ella, y viceversa.

Cinna estuvo a nuestro lado, nos dijo cuales eran los materiales y los nombres de las piedras preciosas, de los cuales estaban hechos. Buscamos dentro de los más simples, nos probamos cerca de diez anillos hasta que la mirada de ambos se dirigió a uno en particular y cuando nos miramos supimos que eran los indicados.

Las argollas bañadas en plata eran más anchas porque tenían pequeñas incrustaciones de diamantes con forma de corazón. Juntos formaban un corazón, separados la mitad de uno. Eran perfectos y simbólicos. Después de todo Katniss y yo teníamos un pedazo de nuestro corazón, nuestra vida y nuestras almas en el otro. Éramos diferentes, pero desde que nos conocimos nos empezamos a complementar mutuamente. Siempre sería así, nada, ni nadie lo cambiaría.

El entrenamiento se nos hizo eterno, pasé tiempo con Thresh, que se empezó a reír por momentos al notar mi nerviosismo. Con Katniss decidimos pasar tiempo separados, entrenando por nuestra cuenta. No pudimos evitar vernos de reojo durante el tiempo restante, vigilándonos, para saber si le sucedía algo al otro. Ella se quedó con Rue y la chica del Distrito Cuatro y juntas estuvieron prácticamente en los mismos puestos.

-Estás más distraído que de costumbre, Peeta. ¿Sucede algo? ¿O no soportas tener lejos a tu prometida?

-Ambas. –Respondí mientras nos mantuvimos ocupados en el puesto de supervivencia básica, intentando encender una fogata, yo lo hice pero no tan seguido por lo general Katniss o yo llevábamos fósforos si podíamos al bosque. Sin embargo debido al trabajo de mi familia en la panadería aprendí a hacer fogatas sin tener que recurrir a los medios fáciles algunas veces. Thresh me pidió que le enseñara y luego él lo intentaría. Le costó pero terminó lográndolo. –Es difícil saber que tendré pocos días para disfrutar de su compañía.

-Te entiendo, a mí me gustaría volver el tiempo atrás y aprovechar los últimos días que me quedaban con mi novia. Planeábamos casarnos en el futuro.

-Te debe estar esperando y extrañando.

Su expresión cambió a una de tristeza.

-Tal vez, pero no donde tú crees.

Su respuesta me desconcertó hasta que llegué a una triste conclusión.

-Lo siento. –Le dije. -¿Qué le sucedió?

-¿Recuerdas a Zafrina Sky?

La imagen de una chica de diecisiete años, alta, delgada, una morena con unos llamativos ojos azules, que contrastaban con su piel vino a mi mente. Fue una tributo valiente, hábil y fuerte, que se negó a ser una más en el grupo de los profesionales y posteriormente, acabó siendo asesinada brutalmente por ellos. Participó de los septuagésimos terceros Juegos del Hambre.

-La tributo del año pasado. ¿Zafrina era tu novia?

Él asintió.

-Lo lamento mucho.

-Yo lo lamento más. Me hubiera presentado voluntario como tú, de no ser porque justo el año pasado estaba gravemente herido y me exceptuaron de estar presente en la cosecha. La amaba tanto, aún lo hago. No pudo ser.

-¿Por eso te caigo bien?

-En parte, no suelo hablar esto con nadie, porque es muy doloroso. Pero siento admiración por ti y por Katniss. Se sacrificaron en el lugar de la persona que amaban y lo siguen haciendo. No importa el motivo, hicieron lo que yo no pude hacer por el amor de mi vida.

-¿Cómo hiciste para salir adelante? Si yo perdiera a Katniss, no me quedaría nada por lo que vivir.

-No fue fácil. Debes imaginarlo. Me obligué a salir adelante por mi familia, mi hermana y mi abuela. Todavía hoy mismo duele. Pensé que lo estaba superando pero estando aquí, no dejo de pensar en ella, en lo que tuvo que pasar, en todo lo que sufrió hace un año ¿entiendes?

-Sí, sé a qué te refieres. Aunque, no creo ser capaz de llegar tan lejos, de estar en tu situación. Katniss es mi vida y si la pierdo, la seguiré sin importar donde se encuentre. Mi familia no depende de mí. Lloraran mi muerte, pero lo superarán. Katniss me necesita y yo la necesito a ella, desde que prácticamente tenemos uso de razón. Y aquí estamos.

-Ustedes no merecían estar aquí.

-Ninguno lo merece. –Le contesté. -¿Obligarnos a convertirnos en asesinos para sobrevivir? Eso es aborrecible. –Dije en un murmullo que únicamente Thresh fue capaz de escuchar.

-Aunque lo terminaremos haciendo de un modo u otro. La diferencia es que unos lo hacen para dar un buen espectáculo, otros para sobrevivir y otros pocos para salvar las personas que aman o sacrificarse desinteresadamente por alguien más indefenso.

-Por suerte, nosotros no pereceremos al primer grupo.

-Definitivamente, no.

Los profesionales generalmente disfrutaban de hacer sufrir a la victimas antes de acabar con ellos. La novia de él, fue una de las víctimas. Tras el relato, no me extrañó su aversión hacia ellos e incluso el negarse a unirse a chicos que disfrutaban ver el dolor de sus víctimas. Él no iba a hacerle a otro tributo, las aberraciones que le hicieron a Zafrina. Me lo imaginé sentado en una silla frente a la pantalla de la televisión, viendo como torturaron a la persona que amaba sin poder hacer nada. Me imaginé su impotencia, su dolor, su corazón rompiéndose a pedazos dejando heridas que no se curarían nunca. Sentí pena por él y porque llevaba un año lidiando con sus problemas sin ella. Era admirable y triste.

De no presentarme voluntario, me hubiera sentido igual de destrozado de ver a Katniss siendo asesinada. Pero a diferencia de él, mi nombre si entró en la cosecha y pude presentarme voluntario. No iba a despegar mis ojos de ella en ningún momento.

Thresh me preguntó qué otra cosa me sucedía mientras ambos trabajamos en encender pequeñas fogatas de distintas formas, en base a lo que nos dijo el entrenador, en la arena no sabríamos que tendríamos a mano para hacer fuego, razón por la que era bueno aprender sobre las distintas formas existentes. Levanté la mirada me acerqué un poco a él para susurrarle que en la noche haríamos la Ceremonia del Tueste y que estaba ansioso. Si me veía más desconcentrado y nervioso de lo habitual, no debía preocuparse, al día siguiente volvería a la normalidad.

Él se río y me deseó suerte. Le agradecí, deseando en el fondo que fuera posible que Rue y Thresh estuvieran en ese momento, porque eran lo más cercanos a amigos que teníamos aquí. Aunque era imposible, lo habíamos hablado con Haymitch y no se permitía el contacto entre tributos, fuera de los entrenamientos. Katniss y yo nos resignamos y decidimos estar solos en ese momento. Posteriormente si compartiríamos tiempo con los demás.

En la noche, seríamos esposos, no importaba si un papel no lo decía, nosotros lo sabríamos y saber eso nos bastó para ser felices.

A/N: Este es el final de la primera parte. En la segunda estará la boda, las entrevistas, el comienzo de los juegos. Posiblemente más adelante pueda reeditar los capítulos de la primera parte, por errores ortográficos y todo lo que en el momento que escribo se me pasa sin querer. Hasta aquí serían recuerdos de todo lo que vivieron hasta llegar a un momento importante de sus vidas. La segunda parte será clave para ellos y su repercusión en los Juegos del Hambre. En unas horas publicaré el siguiente.

Saludos,

Lucy.