Capítulo Quinto: Punto Crítico
Todos los adultos estaban de pie en frente del ayuntamiento. Judy, Nick, el Sr. y la Sra. Hopps, Ámbar y Gari, el tío Terry y su esposa Margarita, y Beatriz Lorena Wilde.
"Bueno, entremos," dijo Stu y subieron los escalones de entrada.
Judy y Nick se quedaron atrás un poco.
"Te dejaré hacer las presentaciones, Zanahorias," susurró Nick. "Tú conoces a la gente de tu pueblo mejor que yo."
"Este es el novedoso e innovador Nick Wilde, alto en nueve nutrientes esenciales, porque aparentemente la picardía es un nutriente ahora," se rió Judy mientras ella y Nick caminaban del brazo por las escaleras.
"Es en serio," susurró Nick.
"Y por sólo doce pagos de diecinueve con noventa y nueve, se puede llevar a casa su propio Nick Wilde," susurró Judy juguetona. "Él cocina, limpia, entretiene… y quién sabe qué otros talentos podría estar escondiendo detrás de esa sonrisa seductora."
Ella le dio un guiño abundante.
"Los accesorios se venden por separado, pilas no incluidas."
"No hagas que te bese delante de todos," dijo Nick entre dientes.
"¿Me estás amenazando, Señor Wilde?" Judy preguntó con una sonrisa pícara.
"No, te estoy tentando," contestó Nick con igual picardía.
Cuando entraron en la sala de reuniones del ayuntamiento, vieron que estaba llena. La mayoría de los habitantes de Bunny Burrow estaban allí, sentados en sillas de madera, todos frente a un escenario que estaba vacío excepto por el podio y cuatro sillas.
Los Hopps y sus invitados se sentaron cerca de la puerta. Varios residentes vieron a Nick y Bea con recelo, susurrando detrás de sus manos. Gari no causó demasiado alboroto. Ámbar era demasiado hermosa para que la gente notara que ella era una coyote, sólo superada por los zorros en la escala de desconfianza.
Uno de los vecinos más antiguos, el viejo Cletus Liebrington, estaba hablando en voz alta mientras se sentaba. Su esposa y sus hijos mayores parecían un tanto avergonzados, pero no decían nada.
Cletus vio a los Hopps y sus orejas se irguieron.
"¡Stuart Hopps!" él dijo.
"Buenos días, Cletus," dijo Stu.
"¡¿Qué tienen de buenos?!" ladró Cletus. "Todas nuestras zanahorias… ¡muertas! Nuestras calabazas, ¡gordas un día y desinfladas el día siguiente! Esto es peor que la podredumbre del 67."
"No estoy de acuerdo, Sr. Liebrington," dijo un conejo adulto joven a su izquierda. "En aquel entonces el pueblo estaba mucho más aislado. Ahora tenemos los medios para pedir ayuda a los pueblos vecinos..."
"¿Ayuda? ¡Bah!" gritó Cletus. "¡No necesitamos extraños metiendo sus narices en nuestros asuntos! En momentos como este, la sangre llama a la sangre, y los parientes se mantienen unidos."
"Sr. Liebrington," dijo una oveja a su extremo derecho. "En tiempos de dificultad y necesidad, hay que dejar de lado nuestro orgullo..."
"¿Dificultad? ¿Necesidad? ¡Já! ¡Ustedes jóvenes pavones no saben nada acerca de los tiempos difíciles! En 1955, cuando la escarcha duró hasta junio, tuvimos que vivir de nuestros libros de texto durante una semana antes de que los primeros brotes comestibles aparecieran."
Cletus se puso de pie en su silla, agitando su bastón.
"¿Qué va a pasar cuando todo el mundo tenga hambre y los come-carne de antaño vengan a arañar nuestras puertas?"
"Ya, calla, Cletus, estás hablando por hablar," dijo su esposa.
"¡No ha nacido todavía el conejo que me haga callar!" Cletus dijo. "¿Qué vas a hacer, Abner, cuando los Gray vengan a tu puerta, deseosos de algunas chuletas de cordero?"
"¡Cletus! ¡Basta!" dijo la esposa.
"¿Qué vas a hacer, Abner?" dijo Cletus, mirando a una oveja de edad avanzada. "Cuando Mamá Gray venga golpeando en tu puerta con una olla en sus garras, ¿qué harás?"
"¡Cletus! ¡Mide tus palabras! Los Gray están presentes," dijo Stu, poniéndose de pie.
Gideon Gray y su familia estaban de pie cerca de la esquina, y parecían muy incómodos. Judy y Nick miraron y vieron que estaban muy callados y tímidos.
"¡Ah! ¡Mejor! Dime, hijo, ¿cuántos moretones en mis nietos fueron puestos allí por ti?" dijo Cletus mientras miraba directamente a Gideon.
"Sr. Liebrington, lamento mucho mi comportamiento en el pasado," dijo Gideon, mirando al suelo. "He hecho todo lo posible para hacer las paces desde que me hice cargo del negocio familiar."
"¡Patrañas! ¡Ustedes los Gray fueron siempre grandes bravucones grasientos! ¡Tu padre era un bravucón, y su viejo también lo era, te lo cuento yo! ¡De tal palo tal astilla! ¡Zorros de pacotilla!"
"¡Cletus! Esta vez has ido demasiado lejos," dijo Stu, acercándose unos pasos hacia su vecino con Bonnie a su lado, lista para apoyar a su esposo. "Deja en paz a los Gray."
"¡Ha! ¡Dice el menso cuya hija coquetea con un zorro!"
Las orejas de Judy se irguieron. Ella inmediatamente se levantó y abrazó el brazo de Nick defensivamente, demostrando a todos que a ella no le importaba lo que ellos pensaban.
"Ya es bastante malo con los Gray respirando el mismo aire que nosotros. Pero despreciables zorros citadinos, contaminando nuestra ciudad..."
"¡Ni una sola palabra más sobre el Oficial Wilde, Cletus!" dijo Stu, cerrando el puño.
"¡Voy a hablar todas las palabras que se me antoje!" gritó Cletus.
"¡No te atrevas!" Stu advirtió.
"¡Voy a poner las cosas bien claras para ustedes y todos los demás! Este pueblo está yendo al infierno."
"¡Cuida tu boca, Cletus!" gritó el tío Terry, caminando al lado de Stu con los puños apretados. "¡Hay damas presentes!"
"¡Que oigan, entonces! Esta ciudad va derechito al infierno! Y tu hija, Stu Hopps, es la causa."
Judy sintió que la ira se le subía por el cuerpo.
"¡Retira eso inmediatamente, Cletus!" bramó Stu.
"Poniendo ideas liberales de la ciudad en las mentes de nuestros jóvenes," siguió Cletus. "Convirtiéndose en policía, ¡ya es una locura de remate! ¡Pero novilleando con un zorro! ¡Eso es el colmo! El amor libre, es lo que dicen en la ciudad. Júntense con quien quieran, no importa qué especie. ¡Es una locura, depravación…"
"¡Ni una sola palabra más, Cletus!" rugió el tío Terry mientras él y Stu se dirigían lentamente hacia su vecino, sus puños apretados como piedra.
"¿O qué? ¿Me vas a hacer callar? No ha nacido todavía el conejo que me haga callar…"
"¡Entonces voy a ser el primero!" gruñó Stu. "¡Nadie insulta a mi familia y se queda con todos sus dientes! ¡Nicholas Wilde es un oficial y un caballero! ¡Ha salvado nuestra granja familiar, salvó la vida de mi hija menor, y de mi hija mayor quién sabe cuántas veces! Si lo ofendes a él, ofendes a mi familia."
"Tienes una idea muy equivocada de la familia, Stu Hopps, dejando que tu hija sea manoseada por gentuza de la ciudad."
"¡Ya basta! ¡Te voy a dar tu merecido, Cletus!" bramó el tío Terry.
"¡Adelante! ¡Ven, que te espero, infeliz!"
Pero los viejos conejos fueron interrumpidos por la puerta que se abrió de repente y una ráfaga de aire frío que sopló en el salón. El Alguacil Perruchio Pastor y sus adjuntos, el Viejo Ben y Ladríguez, entraron al salón. Del brazo de Pastor caminaba Nana Bernardina, la vecina más anciana del pueblo. Todo el mundo se quedó en silencio.
"Mis disculpas por nuestra tardanza," dijo el alguacil.
Entró en el salón y de inmediato vio a Nick.
"Oficial Wilde," dijo Pastor, quitándose su sombrero y dándole la mano a Nick. "Un placer tenerlo con nosotros esta mañana."
Todos estaban en silencio absoluto mientras observaban a Pastor saludando a Nick. Este gesto cambió la atmósfera por completo. Luego Nana Bernardina dio un abrazo cariñoso a Nick. El silencio era sepulcral.
Cletus, frunciendo el ceño, tomó la palabra.
"No lo habría esperado de usted, Perruchio."
"Soy consciente, Cletus," dijo el alguacil, volviéndose hacia él, "de tus pensamientos y opiniones respecto a ciertas personas de esta comunidad. Lo que haces y dices en tu granja y en tu casa es asunto tuyo. Pero cuando estás en el pueblo, donde yo estoy a cargo, mantendrás una compostura civilizada y te abstendrás de lanzar insultos injustificados a tus vecinos. De lo contrario, me veré obligado a hacer uso de mi autoridad como alguacil de este condado y te encerraré por una noche."
"Un momentico, Alguacil," dijo Cletus, ya no en voz alta, sintiéndose un poco intimidado. "Su padre era un buen alguacil, al igual que su abuelo. Tengo mucho respeto por la familia Pastor."
"Y lo aprecio, no creas que no. Y añado lo siguiente: Pondría mis manos en el fuego por el Oficial Nicholas Wilde," dijo Pastor. "Él es un ejemplo de integridad, valor y honestidad, todo lo que debe ser un oficial de policía."
"Y yo saltaría en un lago a mediados de invierno por el Oficial Wilde," dijo Nana Bernardina. "Si no hubiera sido por su inestimable ayuda en la resolución del caso de la hipnotizadora del carnavalito, y todos ustedes presentes sin duda conocen ese incidente, habría sido encarcelada injustamente junto con varias otras gentes inocentes, algunas de las cuales están aquí presentes."
Miró con afecto a Ámbar, a quien reconocía de los diarios.
"El Oficial Wilde es el más merecedor de nuestra confianza en el mundo entero. Y quiero que se entienda sin lugar a duda, dejando muy claro para todos aquí presentes, que yo confiaría mi vida en las manos del Oficial Wilde."
Todo el mundo estaba en silencio como una tumba. Todos ellos respetaban y amaban a Nana Bernardina. Ella era la más antigua de la comunidad y su opinión se trataba con deferencia. Judy abrazó el brazo de Nick al sentir los ojos de todos sobre ellos.
"Adelante," pensó para sí misma, mirando a Cletus. "Di algo, viejo bocón."
Pero no lo hizo. No por mucho tiempo. Entonces finalmente…
"Muy bien," dijo Cletus. "Sé que cuando me derrotaron. Por respeto a mi amiga de la infancia más antigua, querida Nana Bernardina, me callo. Voy a dejar que ustedes hagan lo que tienen que hacer."
"Gracias, Cletus," dijo Pastor.
Los presentes esperaron en silencio mientras el alguacil ayudó a Nana Bernardina a subir al escenario y acercó una silla para ella. Entonces el Viejo Ben y Ladríguez se sentaron a ambos lados de Nana Bernardina, y Pastor tomó su lugar en el podio, y comenzó la reunión.
Preston Reyes estaba holgazaneando en su sofá, mirando por la ventana de su apartamento de lujo. Hojeaba distraído una revista, mirando las fotos pero no leyendo los artículos. Su teléfono sonó de repente y atendió.
"¿Ya arreglaste todo?" preguntó Preston.
"Sí, señor," dijo la voz de George Jenkins. "He arreglado todo. El propio alcalde le recibirá en su residencia."
"Bueno," dijo Preston. "Dile a Jacques que traiga el coche. Y prepara mi equipaje. Nos vamos en una hora."
"¿U-Una hora... señor?"
"Eso es correcto," dijo Preston y colgó, reclinándose cómodamente en su sofá y dejando que sus subordinados resuelvan los detalles.
"...por eso imploro a todos ustedes, mis queridos compueblanos, que dejen de lado los prejuicios insignificantes y unámonos todos ante esta crisis," dijo Judy en el podio, dando un discurso para la gente del pueblo. "Nos afecta a todos, y es el momento de estar unidos, al igual que nuestras antepasadas y antepasados, y varias de las personas mayores aquí presentes, que lo hicieron en 1967. Mi padre nos contó a todos nosotros cómo el pueblo se unió durante la crisis de oídio de 1967, y todos se ayudaron entre sí. Fue un hito histórico y demostró que no importa quién es uno, lo que importa es lo que hacemos por los que nos rodean, por aquellos que más nos necesitan."
Ella terminó su discurso. Todo el mundo se quedó en silencio mientras escuchaban las palabras de la Oficial Judy Hopps, la estrella de la comarca, como el Viejo Ben la llamaba.
Entonces, Nana Bernardina comenzó a aplaudir, e inmediatamente toda la habitación hizo lo mismo.
"Gracias, Oficial Hopps," dijo el alguacil Pastor y la saludó con reverencia. Judy le devolvió el saludo, con una pequeña lágrima de emoción en sus ojos.
Judy bajó del escenario y fue de nuevo a su asiento. Sus vecinos la felicitaron al pasar.
"Todos los aquí presentes seguramente estarán de acuerdo en que las generaciones más jóvenes son nuestro futuro," dijo el Alguacil Pastor, tomando el micrófono. "Debemos ser un ejemplo para ellos todos los días. Y me complace decir que la Oficial Hopps y su familia, una de las familias más antiguas y respetables de Bunny Burrow, sirven como ejemplo vivo de sus nobles palabras."
Todos miraron a la familia Hopps y a sus invitados: conejos, zorros, coyote y zarigüeya, todos juntos y unidos como una cadena sólida frente a esta crisis. Todos reflexionaron, pensando en las palabras que Judy había dicho en su discurso.
"Propongo un comité," dijo Pastor. "Un comité de emergencia que estará formado por miembros del pueblo. Cualquier persona que desee convertirse en miembro dará un paso al frente y se presentará, y todos haremos votación. Entre las responsabilidades de este comité, la principal será la recaudación de fondos para ayudar los más afectados por la crisis, que serán depositados en una cuenta bancaria designada para tal propósito y el número de la cual será de conocimiento público. Todos los recursos esenciales para sobrevivir el invierno se comprarán con estos fondos. Cualquier persona que desee donar puede hacerlo a esa cuenta, y el desglose de todos los gastos será publicado en el periódico al final de cada semana."
Varios gestos de aprobación y algunos aplausos.
"Disculpe, alguacil," dijo una voz preciosa y femenina en la parte trasera del salón.
Todo el mundo miró y vio la figura deslumbrante de Ámbar, de pie en el pasillo con su mano levantada.
"¿Puedo por favor tener permiso para hablar con el pueblo?" Ámbar preguntó cortésmente.
Pastor tuvo que sacudirse un poco para romper el trance de ver una figura tan hermosa.
"Por supuesto, querida señorita," dijo Pastor.
Ámbar se movía con gracia a lo largo del pasillo, con todos mirándola mientras caminaba. Ella subió los escalones del escenario y Pastor ofreció su mano y la ayudó a subir al podio.
"Honorables ciudadanos de esta hermosa comarca," dijo Ámbar con una voz tan apasionante que hizo caer a toda la habitación en un silencio hipnotizado. Tan silenciosos estaban que se podía oír el viento de octubre meciendo las ramas afuera. "Mi nombre es Ámbar Sofía Latrans, y trabajo como especialista forense en el Departamento de Policía de Zootopia, y me siento orgullosa y honrada de ser compañera de los distinguidos Oficiales Judy Hopps y Nicholas Wilde."
Varias personas miraron a Judy y Nick.
"No hace mucho tiempo," continuó Ámbar, "fui acusada injustamente de un crimen, en exactamente las mismas circunstancias que nuestra querida Nana Bernardina."
Ámbar miró con afecto a la vieja Nana, que le devolvió la mirada afectuosa, encantada de ver a una muchachita tan joven y hermosa.
"Yo estaría sentada en una celda de prisión en este momento, si no fuera por los esfuerzos valientes y astutos de los Oficiales Hopps y Wilde. Ese evento me cambió la vida, y decidí convertirme en especialista forense de la policía inspirada por su ejemplo de coraje," dijo Ámbar. "Y ahora, deseo pagar mi deuda con ellos, ayudando a la gente de este hermoso pueblo en este momento de gran crisis."
Se detuvo, permitiendo a la gente reflexionar sobre sus palabras.
"Bunny Burrow es una comunidad maravillosa, y desde mi llegada aquí, me han tratado como a una hermana, una hija y una amiga," dijo Ámbar, mirando amorosamente a los Hopps. "Si una chica de ciudad y una forastera como yo puede sentirse bienvenida y querida en el seno de su pueblo, entonces seguramente ustedes que han vivido aquí toda su vida pueden ayudarse unos a otros en este momento de gran necesidad. Todos nos enfrentamos a esta crisis juntos. Aquí no hay estos y aquellos. Es sólo nosotros, y nosotros tenemos que estar unidos y dejar atrás los errores de nuestros antepasados, complementándonos unos a otros, siendo todos miembros del mismo equipo y trabajando juntos para derrotar al mal y superar las dificultades."
Todos se sintieron conmovidos por sus palabras. Incluso Cletus estaba silencioso y meditabundo, escuchando sin crispar un músculo.
"He aislado la causa de sus problemas. Por razones muy importantes, no puedo revelar los detalles en este momento, pero tienen mi palabra de honor de que todos conocerán la historia completa cuando sea el momento adecuado. Por ahora, lo que ustedes deben saber es que sus tierras se han empobrecido de nutrientes esenciales para sus cultivos. El nitrógeno, tan importante para el desarrollo de las plantas, se ha agotado casi por completo de su suelo."
Hubo algunos murmullos, pero todos se quedaron en silencio cuando Ámbar comenzó a hablar de nuevo.
"La solución a esta crisis es muy simple, pero exigirá de toda su ayuda. Mi asistente y yo hemos descubierto con éxito cómo detener cualquier daño a su suelo," dijo Ámbar, y los Hopps sonrieron, sabiendo que ella se refería a Penny, su futura colega. "Tendremos que pedir ayuda a todos ustedes. Para contrarrestar el daño, se requerirá de agua salada, y sus sistemas de riego. Hay que regar todos sus campos con una solución de sal en una concentración específica. Yo puedo supervisar personalmente esta operación si me permiten ayudar a cada granja que ha sido afectada. Juntos, podemos curar sus tierras y hacerlas fértiles una vez más."
Silencio… ¡y luego todos aplaudieron! Todo el mundo estaba cautivado e inmediatamente convencido. Ámbar sonrió, dándose cuenta de que ella era una excelente oradora.
La reunión siguió durante un tiempo, se hicieron varias propuestas, y al final cada uno parecía estar de acuerdo sobre los temas más importantes.
Al final de la reunión, todos salieron del ayuntamiento y regresaron a sus respectivos hogares. Gideon Gray saludó a la familia Hopps y estaba a punto de regresar a su panadería, cuando una mano tibia sostuvo su brazo.
"Señor Gray," dijo la voz encantadora de Beatriz Wilde. "Me gustaría tomar ese café y saborear el pastel de calabaza que usted mencionó, si no tiene ningún inconveniente."
Gideon miró a los ojos verdes de Bea y su lengua pareció quedar atrapada en la garganta.
"Um... uh... seguro," dijo Gideon. "Un poco más temprano de lo esperado..."
"¡Mejor así!" Bea dijo, abrazando su brazo y llevándolo rápidamente hacia su panadería. "Más tiempo para charlar y disfrutar del día, ¿no cree?"
Mientras Bea y Gideon se alejaron hacia la panadería, Judy los observó mientras sostenía el brazo de Nick, ambos parados en la vereda frente al ayundamiento.
"Zorro astuto," le dijo ella a Nick.
Nick le dio una cálida sonrisa y caminaron por la acera para unirse al resto de la familia.
Ámbar y Penny estaban en la granja Di Algodón. Los hijos estaban ayudándolos con la máquina de riego. Mientras Penny y Ámbar ajustaban la máquina para rociar su solución de cloruro de sodio en los campos, un conejo joven llegó caminando al lado de la máquina, quitándose el sombrero. Él era de color marrón y sus ojos grises oscuros.
"Señorita Penélope Hopps," dijo con timidez.
Penny se dio la vuelta e inmediatamente sus mejillas se ruborizaron.
"Fabrizio Di Algodón," dijo ella.
Ámbar miró a ambos y al instante comprendió lo que estaba ocurriendo. Ella sonrió con deleite.
Fabrizio Di Algodón se volvió hacia ella.
"Señorita Latrans," dijo. "Me gustaría darle las gracias a usted y a Penny... ah... Penélope, en nombre de mi familia, por su ayuda. Estamos todos muy conmovidos por sus palabras y por su esmero en ayudarnos, y sólo quiero que sepa que cualquier cosa que pueda llegar a necesitar, sólo tiene que pedir."
Sonaba como si hubiera ensayado sus líneas diez veces antes de hablar a las damas. Ámbar tomó su mano y Penny tomó la otra.
"Somos una gran familia," dijo Ámbar en su voz encantadora. "Y la familia comparte amor, y nos ayudamos unos a otros en tiempos de necesidad."
Luego tomó la mano de Penny y la colocó en la de Fabrizio, y las mantuvo allí a propósito. Ambos conejos se sonrojaron como locos.
"Penny, querida, ¿por qué no ayudas Fabrizio a instalar el dosificador y le muestras cómo se deben colocar los reguladores?" ella dijo. "Me haré cargo de los controles de presión y les haré saber cuando todo está listo."
"Claro, tía Ámbar," dijo Penny.
Las dos hembras se miraron y compartieron un guiño de complicidad. Penny estaba encantada de tener una amiga que la comprendía.
"Vamos, Fabrizio," dijo Penny, tirando de la mano del conejo.
Ámbar observó felizmente como los dos conejos caminaron juntos al otro lado de la máquina, y luego continuó ajustando los instrumentos dentro de la cabina.
Gari y Kevin realizaron la instalación de las cámaras en el claro. Estaban camufladas en las ramas de los árboles con una línea de visión directa al agujero en el suelo, que habían cubierto una vez más con una alfombra de suelo falso.
"Vale," dijo Gari mientras él y Kevin volvieron a la buhardilla del granero para activar el sistema de vigilancia. "Vamos a poner el sistema en línea."
Gari tecleó comandos y se detuvo. Luego se dirigió a Kevin.
"¿Kev, harías el honor?" dijo Gari.
"Claro que sí, tío Gari," dijo Kevin y pulsó la tecla ENTER.
Una barra de progreso apareció durante unos segundos, y...
"¡Éxito!" Gari dijo al ver las imágenes de video en vivo.
Se volvió a Kevin y chocaron las palmas.
"¡Gran Hermano os está mirando, malandrines!" cantó Gari. "¡Bien hecho, compañero!"
"Gracias, tío Gari!"
Se podía ver todo el claro y podían hacer zoom en el lugar donde estaba el agujero para ver con claridad si alguien se acercaba.
"Ahora, ¿qué hacemos, tío Gari?"
"Ahora esperamos," dijo Gari, "y ver si atrapamos a un malhechor en nuestra trampa."
Judy estaba en la boca del agujero en el claro junto a Gari y Ámbar. Había instalado un travesaño improvisado por encima de la fosa y una polea con cuerda para ayudarles a descender. Nick se aseguraba de que la cuerda era segura. Gari y Ámbar estaban detrás de Judy, esperando a que terminen sus preparativos.
"Todo listo," dijo Judy, poniéndose una linterna de cabeza.
"¿Todos preparados?" preguntó Nick.
Ámbar y Gari se miraron entre sí.
"Bueno, tengo mi súper kit portátil de química de Giro Sintornillos patentado," dijo Ámbar.
"Y yo tengo a mi kit compacto de herramientas esenciales del Profesor Ludwig von Pato," dijo Gari.
"¡Vamos a por él!" dijeron al unísono.
Judy y Nick sonrieron.
"Como dos gotas de agua," dijo Judy. "Igualico, igualico…"
"...quel difunto 'e su agüelico," completó Nick riendo.
Gari fue el primero a descender a lo largo de la cuerda. Ámbar, Nick y Judy lo bajaron lentamente hacia abajo hasta que sintieron que tocó el fondo.
Ámbar descendió después, y finalmente Judy. Nick permaneció en la superficie de vigía.
Judy prendió su linterna y caminó delante, iluminando el camino para los demás. Ella los llevó a donde ella y Nick habían encontrado la máquina excavadora. Todavía estaba allí.
"Ahí está," dijo Judy.
"Estupendo," dijo Ámbar. "Deja el resto a nosotros."
Tomaron sus herramientas y empezaron a trabajar.
"Vamos a desenchufar este tubito... por un ratito..." cantaba Gari mientras trabajaba.
"... y mezclar estos reactivos, muy archi-explosivos," cantaba Ámbar, acompañando a Gari mientras trabajaba con su set de químicos portátil.
Judy se aseguró de que tuvieran mucha luz mientras trabajaban. Gari desmanteló una sección del motor de la máquina y Ámbar vertió un producto químico rojo oleoso que había sintetizado mediante la combinación de algunos otros productos químicos en su kit. Gari luego selló el motor como había estado antes y reunió sus cosas.
"¿Todo listo?" preguntó Judy.
"Sí," dijo Gari.
"Cuando sea quien sea encienda la máquina, tendrá una sorpresa muy desagradable," dijo Ámbar.
En la superficie, Nick vio dos figuras que se acercaban. Bonnie Hopps y su prima Beatriz estaban caminando hacia él. Nick sonrió y le dio la bienvenida a las damas.
"Y, ¿cómo estuvo el café en lo de Gideon?" preguntó Nick.
"Oh, simplemente maravilloso," dijo Bea. "Es todo un caballero."
"Me alegra oír eso," dijo Nick. "Apuesto a que prepara un pastel de boda excelente."
"Precipitado como siempre," Bea dijo, dándole una palmada juguetona en el brazo.
Nick sólo le dio su sonrisa descarada.
"Entonces, ¿estás todavía pensando en tomar el tren de la noche?"
"Sí," dijo Bea. "Gari me dio todos los archivos de vídeo y pruebas que han reunido. Definitivamente hay suficiente para iniciar una investigación. Voy a llevar esto al jefe de mi departamento."
"Estoy seguro de que ganarás un ascenso en el proceso," dijo Nick.
"Crucemos los dedos, primo," dijo Bea.
De repente, Nick sintió un tirón en la cuerda que sostenía en su mano derecha. Estiró la cuerda y al rato subió Judy. Nick le ayudó a subir a tierra firme, y luego ayudaron a Ámbar, y finalmente a Gari. Una vez que todo el mundo estaba en la superficie, Judy retiró el travesaño y se llevaron las piezas de vuelta a la casa. Gari se aseguró de camuflar el agujero de nuevo.
"Ahora viene la parte divertida," dijo Gari. "Viendo al culpable desprevenido caer en la trampa."
Volvieron a la casa y se arreglaron, sacándose la tierra. Bonnie fue a la cocina para preparar la cena. Bea se ofreció a ayudarla y ambas se pusieron a trabajar, charlando alegremente.
Todos se instalaron en la sala de estar para esperar la cena. Penny y Ámbar estaban sentadas en el sofá, leyendo una revista científica que Ámbar había traído con ella. Stu y Nick se sentaron a la mesa de juego, tomando los naipes y jugando siete y medio. Judy estaba ayudando a Magda con su tarea de matemáticas. Y sentado cerca de la chimenea, Gari estaba leyendo un libro con Bianca.
"Así que ese fue el lío," dijo Gari, leyendo con Bianca. "El emperador liliputiense mandó que todos los liliputienses rompieran los huevos cocidos en el extremo pequeño primero. Pero la gente de Blefuscu acusó al emperador de romper una ley sagrada antigua. Y fue el comienzo de una larga guerra entre las dos naciones."
"Creo que es ridículo, tío Gari," dijo Bianca.
"¿Eso crees?"
"Sí," dijo Bianca. "¿Por qué luchar por algo tan tonto? ¿Por qué no se sentaron a hablar de sus inquietudes y llegaron a un acuerdo, en vez de pelear?"
"Ahh, Bianca, eres muy joven pero muy inteligente," dijo Gari. "Esta es sin duda la mejor manera de resolver los problemas. Sentarse juntos y hablar. Ah, si más personas pensaban como tú, habría menos líos en el mundo."
Y entonces, en uno de esos silencios momentáneos, sonó el timbre de la puerta.
"Yo abro," dijo Stu, levantándose de su juego de siete y medio y caminando a la puerta principal.
Era el tío Terry.
"Stu," dijo Terry. "El alcalde ha llamado a una reunión esta noche, a las ocho en punto."
"¿Otra reunión?" Stu le preguntó.
"Esta es diferente. Es más... oficial, o algo así," dijo el tío Terry. "De lo que he entendido, algún pueblero magnate está llegando al pago y va a tener una conferencia en el ayuntamiento."
Las orejas de Judy se irguieron. También las de Nick.
"¿En un domingo por la noche?" Stu le preguntó a Terry, intrigado.
"Tus dudas son las mías, cuñado," dijo el tío Terry. "Creo que deberíamos ir y ver de qué se trata todo esto."
"Muy bien," dijo Stu. "Voy a decirles a todos. Gracias."
"Nos vemos a las ocho, Stu."
Judy se dio la vuelta y miró a Nick, y él a ella. Se leyeron los pensamientos. Este Preston Reyes estaba cambiando su juego. Esta sería una oportunidad perfecta para estudiar al enemigo.
El tren llegó un poco atrasado. Eran unos minutos pasados de las siete de la noche cuando Bea, con la maleta en mano, se despedía de Stu, Bonnie, Judy y Nick en la plataforma del tren.
"Gracias por tu ayuda, querida," dijo Bonnie.
"Espero ayudar mucho más una vez que llegue a casa," dijo Bea, poniendo su mano sobre su bolsillo. Ellos sabían lo que quería decir: llevaba copias de todas las pruebas en su unidad de memoria portátil.
"Esperamos que vuelvas a visitarnos pronto," dijo Stu.
"Definitivamente, Señor Hopps," dijo Bea. "Todos ustedes me han dado muchas razones para venir a visitar Bunny Burrow tan a menudo como me sea posible."
"Yo puedo pensar en una gran razón," dijo Nick, dándole un guiño. Todo el mundo se rió, sabiendo a quien se refería.
"Ay, Nick, eres incorregible," dijo Bea mientras abrazaba a su primo. "Me mantendré en contacto."
"¡Que tengas buen viaje, Bea!" dijo Judy.
"Gracias," Bea dijo, subiendo al tren. "¡Nos vemos pronto!"
El tren se fue. Los Hopps y Nick volvieron a la casa para alistarse para la reunión en el ayuntamiento.
"Me pregunto qué estará tramando," dijo Judy mientras ella y Nick esperaban a Bonnie y Stu en la sala de estar, sentados en el sofá.
"De seguro es una gambeta de relaciones públicas," dijo Nick. "Estoy seguro de que su discurso será meloso y azucarado y tratará de convencer a tus compueblanos que es un benefactor y sólo quiere lo mejor para el mundo. Hay que asegurarse de que no logre convencer al pueblo."
"Sí," dijo Judy, estremeciéndose ante la perspectiva de su ciudad natal siendo tomada por un capitalista despiadado.
Kevin Hopps estaba sentado en la buhardilla del granero, leyendo un libro de historietas que Gari le había prestado. Él vigilaba por si las cámaras que había ayudado a su tío Gari a instalar captaran algo.
De repente, un sonido se oyó del ordenador de Gari. Era la señal. Kevin miró la pantalla y vio que alguien se movía hacia el agujero.
"¡Tío Gari!" Kevin gritó, caminando al borde de la buhardilla y llamando a Gari, que estaba abajo hablando con la tía Ámbar y Penny. "¡Tenemos un sospechoso!"
"¡Estupendo!" dijo Gari y subió la escalera. Ámbar y Penny lo siguieron.
Gari se sentó en su silla de computadora e hizo clic en el botón de grabación del programa de la cámara.
"Buenas noches, querida teleaudiencia, espero que os encontréis cómodos. Esta noche quiero presentaros un episodio titulado 'El Topo Mequetrefe', y como podríais imaginar, se trata de un topo que era bastante mequetrefe," dijo Gari como un presentador de tevé mientras los cuatro vieron la pantalla. "Érase una vez un topo muy mentecato, mis queridos, que se metía bajo la tierra a hacer fechorías..."
Observaron mientras George Jenkins, el topo, miró a su alrededor para asegurarse de que estaba solo. Luego se metió al hoyo, trepando hacia abajo usando sus garras, hundiéndolas en los costados del agujero con facilidad.
Abajo, en el túnel, George Jenkins se quitó las gafas y se dirigió directamente a la máquina de excavación. Él estaba completamente en su casa bajo tierra, siendo un topo. Se sentó en el asiento del conductor, girando la llave de encendido y las palancas. Luego cogió una máscara de gas que había escondido debajo del asiento, respirando profundamente mientras se activaba el mecanismo de excavación.
"Un pueblo más," dijo Jenkins mientras ponía la máquina en movimiento. "Sólo uno más, y luego nos mudaremos lejos, a San Canario o algún lugar donde nunca nos encontrará."
Jenkins de repente sintió un ruido debajo de su asiento.
"¿Eh?"
Y de pronto, humo blanco comenzó a salir del motor.
"¡No!" dijo Jenkins. "¡No, no, no, no ahora!"
Unos ruidos estruendosos siguieron, y el motor paró. ¡Y se incendió!
El humo estaba empezando a llenar el túnel. Jenkins corrió por su vida, abandonando su tarea mientras se dirigía de nuevo hacia la salida.
Se subió a toda prisa a la superficie, emergiendo una vez más, quitándose la máscara de gas y respirando el aire nocturno frío y limpio.
"¡Oh no!" se dijo a sí mismo después de haber tomado unas cuantas bocanadas profundas. "¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué voy a decirle?"
Se paseó alrededor del claro, hablando consigo mismo.
"Señor Reyes, la máquina tiene un pequeño problema... no, no, no… Señor Presidente, señor, un ligero retraso... no, no, odia los retrasos," se lamentó Jenkins mientras ensayaba lo que le diría a su jefe. "Señor Presidente Reyes, estimado señor, podríamos reconsiderar las metas de nuestros objetivos... no, ay por todos los cielos, ¡nos va a matar!"
Jenkins empezó a temblar. Sus manos taparon su cara.
"Yo... no puedo... ¡no lo haré!" Jenkins dijo después de un tiempo. "Sí, eso es. No le voy a contar. Él no va a venir aquí a comprobar por sí mismo. Nunca lo sabrá. Yo sólo voy a decir... misión cumplida. Y eso es todo. Y todo va a estar bien. "
Jenkins tomó la decisión y se alejó del lugar, desapareciendo en el bosque más allá, sin darse cuenta de que las cámaras lo habían grabado todo, incluyendo cada palabra de su conversación con sí mismo.
"Y así, mis queridos," dijo Gari en el granero, "fue como el topo mequetrefe cayó en la trampa de la astuta coyote química y su cohorte zarigüeya."
Había menos gente en la reunión de las ocho que en la reunión de la mañana. Judy y Nick caminaron detrás del Señor y la Señora Hopps cuando entraron en el edificio. Se sentaron cerca del medio. Varias personas que habían estado en la reunión de la mañana estaban presentes. Cletus Liebrington los miró y asintió con la cabeza, sin sonreír, y dando a Nick una mirada clara de desaprobación. No dijeron nada.
El Alguacil Pastor estaba cerca del escenario, de pie junto a sus ayudantes, el Viejo Ben y Ladríguez. Nana Bernardina estaba sentada en la primera fila con Mamá Di Algodón y sus hijas mayores.
Cuando el último de los asistentes encontró un asiento y se acomodó, dos conejos caminaron hacia el escenario desde la trastienda. Eran el Alcalde de Bunny Burrow y su ayudante. El alcalde se puso de pie en el podio. Todo el mundo se quedó en silencio y miró el escenario a la espera de lo que se venía.
El Alcalde Madreselva, un conejo marrón grisáceo con un chaleco y un reloj de bolsillo de oro, dio la bienvenida a los asistentes de la reunión. Luego, después de unas pocas palabras, presentó al invitado de la noche: el presidente Preston Reyes de Terra Firma, Inc.
Todo el mundo miró y vio a un conejo blanco con un traje impecable y una expresión de confianza dirigiéndose hacia el escenario. Podían ver que era un conejo que estaba acostumbrado a dar órdenes. Se escucharon varios murmullos.
"Muy buenas noches para todos ustedes, mis amigos conejos y personas respetables de este hermoso pago," dijo Preston Reyes con una voz melosa.
Judy vio con satisfacción que muchos de sus compueblanos no parecían muy convencidos. Los conejos de la ciudad producían cierta desconfianza entre los conejos del campo. Ellos creían que los conejos criados en la ciudad eran presumidos y carecían de los valores que la buena gente del campo aprendía del trabajo duro en el campo y de ser criados por una familia numerosa y tradicional. 'Los conejos de la ciudad son flojos y fanfarrones', decían los conejos mayores del pueblo.
"Me complace mucho estar aquí esta noche," dijo Reyes. "Mi firma comenzó como una habitación individual en una esquina sucia de un edificio de oficinas, yo y mi compañero de trabajo, largas horas trabajando, quemándonos las pestañas toda la noche, tratando de hacer un mañana mejor..."
Nadie parecía muy convencido. Un vistazo a la ropa y el comportamiento de Reyes hizo a la buena gente de Bunny Burrow dudar mucho que este conejo hubiera conocido alguna vez la adversidad.
"He oído de sus problemas," continuó el Presidente Reyes, "y estoy muy conmovido por su difícil situación. Esta noche estoy aquí para proponer una solución a todas sus dificultades. Una que ayudará a mover a Bunny Burrow hacia el futuro y hacer que se conviertan en el nuevo modelo para una comunidad agrícola ejemplar."
Varios de los conejos de más edad murmuraron en señal de desaprobación. Ellos ya se consideraban un pueblo agrícola ejemplar. ¿Quién se creía este fanfarrón de ciudad insinuando lo contrario?
"Sé que la perspectiva del progreso y el avance es a veces intimidante, pero como mi firma ha demostrado una y otra vez, nuestro nuevo modelo ha revolucionado la agricultura y ha hecho la vida más fácil tanto para los agricultores como para los consumidores."
Dos empleados del ayuntamiento trajeron una pantalla y un proyector, y al poco tiempo las imágenes de las 'granjas modelo' que Reyes había mencionado aparecieron en la pantalla.
"Veintiún granjas ya han implementado el nuevo método revolucionario, y los resultados han sido asombrosos," dijo el Presidente Reyes mientras les mostró un gráfico complicado que significaba poco o nada para los humildes habitantes de Bunny Burrow. "Mejores cultivos, más abundantes, menos desgaste al suelo, y con mucho menos trabajo y esfuerzo que el método tradicional. Es una situación de ganar o ganar para todos."
"¡Es un ganar o ganar para usted, sin duda!" una voz dijo desde el público.
Todo el mundo se volvió y vio a Cletus Liebrington de pie sobre su silla.
"Pero, ¿dónde está la trampa? Tenga la amabilidad de decirnos," dijo Cletus.
"Mi querido señor," dijo Reyes. "Entiendo su preocupación y reticencia, es natural sentirse nervioso ante una nueva e innovadora perspectiva como la que mi firma está proponiendo."
"¡No eche palabras elegantes para marearnos, charlatán!" gritó Cletus. "Cuando algo es demasiado bueno para ser verdad, ¡es porque no es verdad!"
Varias personas murmuraron con aprobación. Judy miró a Nick, leyendo su mente.
"Sabias palabras, esas," susurró Nick.
"Sin duda," dijo Judy, recordando que Nick había dicho lo mismo hacía poco.
"Entiendo su posición, querido señor," dijo el Presidente Reyes. "Le aseguro, sólo tengo su mejor interés en mi corazón cuando digo que este proyecto beneficiará a ambas partes mutuamente."
Bonnie Hopps tuvo una idea. Ella silenciosamente se alejó de su asiento y se ocultó detrás de un gran carnero de edad, y luego habló en voz alta.
"¡He oído que han comprado todas las granjas y expulsaron a los propietarios! ¿Es eso cierto?"
Judy y Nick notaron un repentino nerviosismo en el rostro de Preston Reyes.
"Em… querida señora o señorita..." dijo el Presidente Reyes, mirando en una dirección general, ya que no había visto que había hablado. "Las tierras fueron efectivamente compradas por nuestra firma... pero los residentes no fueron desalojados. Es un falso rumor iniciado por nuestros competidores. Le aseguro que todo el mundo tendrá la libertad de vivir en sus tierras durante el tiempo que gusten y trabajarán en asociación con nuestra firma…"
"¡Vaya, pero que bondad!" Cletus gritó en voz alta. "¡Nos está dando permiso para vivir en nuestra tierra! ¿Han oído algo más generoso en sus vidas?"
Varias voces, ahora animadas, tomaron la palabra. Judy se dio cuenta de que el Alguacil Pastor y sus ayudantes no hicieron ningún movimiento para detener a Cletus o a los vecinos. Les dejaron hablar. Por una vez, estaban en completo acuerdo con Cletus y no les gustaba nada el plan de este conejo pueblero.
"¡No escucharé más patrañas!" dijo Cletus. "¡Yo digo que tome sus ropas elegantes y sus palabras de lujo y toda su payasada con usted, señor pantalones de crin, y vuelva a su condominio de lujo urbanito o lo que sea y deje este pueblo a sus propietarios, que sí saben una maldita cosa o veinte de poner semillas en el suelo y hacer buenas cosechas! ¡Vamos! ¡Úchale!"
Varias personas abuchearon y le dijeron al Presidente Reyes que se largara. Reyes tomó su teléfono celular y habló con alguien. Inmediatamente, la puerta del salón se abrió y tres enormes osos pardos caminaron por el pasillo y al escenario, escoltando a Reyes a la puerta. Varias personas siguieron abucheando. Cletus estaba en el frente de la multitud.
Afuera, un coche grande y negro se detuvo frente al ayuntamiento.
"¡Y no vuelvas nunca más, conejo mantequita de pueblo!" gritó Cletus. "¿Quieres nuestra tierra? Aquí, ¡esto es todo lo que tendrás!"
Se inclinó y tomó un puñado de tierra húmeda. Con toda su fuerza, lo arrojó al Presidente Reyes, ensuciándole el traje y el rostro.
Uno de los osos pardos avanzó sobre Cletus. El viejo conejo se quedó allí, con los puños para arriba.
"¿Quieres un pedazo de mi, osito de pacotilla? ¡Pues ven, que te doy!"
Pero antes de que el oso pudiera hacer algo, Preston Reyes habló.
"Jacques, suficiente."
El oso se detuvo. El Presidente Reyes miró a Cletus y... sonrió.
"Mis más sinceras disculpas, buen señor," dijo el Presidente Reyes. "Me retiro en este instante."
Se metió en el coche, seguido de su escolta, y se alejaron del ayuntamiento.
"Bien hecho, Señor Liebrington," dijo Nick. "Sí que le apalabraste a ese charlatán."
Cletus se volvió hacia Nick. No dijo nada, simplemente le dio al zorro una mirada desagradable. Luego se dio la vuelta y se alejó.
"Nos aferramos a nuestras raíces," dijo el Alguacil Pastor mientras caminaba al lado de Nick, mirando a Cletus. "Para bien o para mal, me temo."
A medida que la gente del pueblo volvió a sus hogares, el coche negro llevó de vuelta a Reyes a la casa del Alcalde, donde se alojaba. En el interior del coche, el presidente Reyes volvió la cabeza para mirar al topo sentado junto a él.
"¿Está hecho?" preguntó.
"M-Misión cumplida, señor," dijo George Jenkins, nervioso.
"Que bueno," dijo el Presidente Reyes. No hizo más preguntas.
Jenkins suspiró mentalmente de alivio. Entonces de repente…
"Tengo una misión más para usted, Jenkins," dijo Reyes.
"¿S-señor?"
"No me gustan los agitadores, interfiriendo con mis negocios," dijo Reyes. "Ese viejo conejo con aires de superioridad. Usted lo vio."
"Sí, s-señor, fui testigo del evento desafortunado," dijo Jenkins.
"Bien. Entonces ya sabes qué hacer," dijo Reyes. "¿Jacques?"
Jacques, el oso guardia, asintió y tomó un maletín de debajo de su asiento, dándoselo a Jenkins. Jenkins lo abrió. Dentro había una pistola de dardos. Y tres dardos, llenos de líquido blanquecino.
"Morris se quedará atrás con el otro coche, sólo para asegurarse," dijo el Presidente Reyes. "Rápido y limpio. Llámame cuando esté hecho."
"Sí, señor," dijo Jenkins nervioso mientras cerraba el maletín.
"Buen chico," dijo Reyes. "Voy a decir a la Señora Jenkins que vas a llegar un poco tarde para su reunión familiar. Pero llegarás al final."
"Sí, señor," dijo Jenkins. "Gracias, s-señor..."
Gari estaba mostrando a todos la grabación de George Jenkins que había capturado mientras estaban en la reunión. Judy y Nick observaban y escuchaban triunfalmente como Jenkins incriminaba no sólo a sí mismo, pero al presidente Preston Reyes también.
"¡Eso es!" dijo Judy. "¡Nuestro boleto de oro!"
"Voy a enviar esto a Bea en un archivo cifrado," dijo Gari, "junto con la clave de acceso para abrirlo. Si lo muestra a los agentes del CPA, hemos ganado la mitad de la batalla."
"Bien hecho, Gari," dijo Nick.
"No podría haberlo hecho sin mi compañero," Gari dijo, poniendo su mano sobre el hombro del pequeño Kevin.
"Ay, no fue nada, tío Gari," dijo Kevin.
"Eres un pequeño héroe, Kevin," dijo Ámbar, y se arrodilló y besó la mejilla de Kevin, abrazándolo cómodamente.
"Vaya, carambolas..." Kevin dijo, sonrojándose.
"¿Entonces, qué hacemos ahora?" Bonnie preguntó.
"Esperamos noticias de Bea," dijo Judy. "Está en sus manos ahora."
Todos asintieron.
Había sido un día largo y lleno de emoción. Todos estaban felices de irse a la cama temprano. Ámbar ayudó a Bonnie y Judy para poner a las niñas en sus camitas y les leyó un cuento antes de dormir.
Bonnie y Stu dijeron buenas noches a todos y se retiraron. Judy y Nick se abrazaron cálidamente y se dieron las buenas noches, sus corazones llenos de esperanza. Gari se retiró a su hamaca en la buhardilla y pronto se quedó dormido.
El hogar Hopps durmió tranquilamente esa noche. Por primera vez desde que la crisis había comenzado, todos se sintieron serenos y seguros de que todo saldría bien.
El lunes por la mañana estaba frío pero soleado. Nick observó el movimiento alrededor de la plaza de la ciudad, mientras él y Judy caminaban por la acera junto a Stu y Bonnie.
Ámbar y Gari seguían de cerca, mirando los monumentos en frente del ayuntamiento y tomado fotografías del encantador ambiente de una pequeña ciudad a finales de octubre. Muchas personas ya estaban esculpiendo sus calabazas con caras espeluznantes o jocosas, preparándose para la noche del 31.
"Definitivamente podría acostumbrarme a esto," dijo Nick mientras tomaba una respiración profunda y observaba el ir y venir del pueblo.
Cletus Liebrington subió los escalones de la tienda de ramos generales con una lista en sus manos. Todo el mundo esperaba en la esquina a que Gari y Ámbar les alcancen.
Y fue entonces que Judy lo vio. A mitad de la cuadra, estacionado y brillando en la luz de la mañana, había un coche negro. Estaba impecable y su matrícula pulida y limpia.
Como una alfombra de fuego en su mente, ¡Judy de pronto se acordó! Ella sacudió el brazo de Nick y señaló a la matrícula del auto.
"¡Nick! ¡Mira!"
Lo hizo, y le tomó unos segundos para darse cuenta.
"43KFQ75," leyó Nick. "Espera un minuto… esa es... ¡la placa que grabaste!"
"¡Sí!" dijo Judy.
Ellos intercambiaron miradas. Esa fue la placa de matrícula del coche que Judy había perseguido el pasado miércoles por la noche, la noche de la explosión que casi mató a Jaime Nutriales.
"¿Está todo bien?" Bonnie preguntó, acercándose a ellos.
Y en ese momento, el coche comenzó a moverse. Condujo lentamente hacia el almacén de ramos generales, justo cuando Cletus Liebrington salía con bolsas de suministros.
"¡Vamos, Zanahorias!" dijo Nick y corrieron detrás del coche.
Pasaron frente a Ámbar y Gari, quienes los vieron y de inmediato supieron que algo andaba mal. La zarigüeya y la coyotecita corrieron detrás de sus amigos.
El coche aceleró y finalmente se detuvo delante de la tienda. La puerta se abrió y un topo salió. Llevaba un abrigo largo y anteojos. Caminó hacia Cletus, que estaba ocupado mirando su lista.
Y entonces, Nick lo oyó. Aire comprimiéndose, un resorte contrayéndose, y la tranca de seguridad siendo quitada... eran los sonidos de una pistola de dardos siendo alistada para disparar.
Con un esfuerzo máximo, Nick corrió hacia Cletus, sintiendo que el mundo iba en cámara lenta. De reojo, vio al topo levantar la mano y sacar una pistola de dardos de debajo de su abrigo.
"¡CLETUS!" Nick gritó mientras empujaba al conejo fuera de peligro.
Y entonces lo sintió.
Una punzada aguda en su mano izquierda, justo debajo de su pulgar. Una aguja fina entró en la carne de Nick, clavándose a gran velocidad.
"¡ARG!" Nick cayó al suelo y rápidamente sacó un pequeño dardo de su mano, lanzándolo a unos pocos pies de distancia.
George Jenkins estaba paralizado, pero sólo por un segundo. Rápidamente se dio cuenta de su error y se volvió a correr hacia el coche. Pero un destello de color gris y púrpura lo tiró al suelo. Judy saltó sobre el topo y lo inmovilizó, sacándole su pistola de dardos.
El conductor dentro del coche vio la escena y apretó el acelerador, dirigiéndose raudo por la calle a toda velocidad, abandonando a Jenkins y huyendo hacia la salida del pueblo.
Bonnie y Stu, Ámbar y Gari alcanzaron a Judy y Nick en el momento en que Nick ayudaba a Cletus a levantarse.
"¡¿Se puede saber qué estaban haciendo, zopencos?!" bramó Cletus.
"Si yo fuera tú, estaría diciendo 'Gracias, Oficial Wilde', Cletus," dijo Stu. "Ese topo iba a dispararte a ti, y Nick te empujó para ponerte fuera de peligro."
Cletus se quedó en silencio. Miró con los ojos abiertos y aturdidos, sin saber qué decir.
"P-por favor," dijo Jenkins, todavía atrapado debajo de la mano de Judy. "Te aseguro... no fue mi idea... hay una buena explicación para todo esto..."
"Espero que así sea, topo mequetrefe," dijo Gari.
Judy volvió la cabeza hacia Nick.
"¿Estás bien, Nick?" preguntó Judy.
"Sí, estoy bien," dijo el zorro. "Necesitarán más que un dardo tranquilizante para... aca… bar… peeero… que me…pasaaa..."
De repente, el mundo se volvió borroso a sus ojos. Todo el mundo vio horrorizado mientras Nick cayó al suelo y comenzó a temblar.
"¡NICK!" gritó Judy.
Ámbar se arrodilló rápidamente sobre él y luego cogió el dardo, oliendo la punta. ¡Su rostro se puso pálido!
"¡Esto no es tranquilizante!" dijo Ámbar. "¡Es veneno!"
Judy sintió que se le helaba la sangre. El mundo se detuvo de repente para ella, y una furia profunda y terrible de repente se apoderó de ella. Se volvió hacia George Jenkins, todavía en el suelo, mirándolo con odio flameante en los ojos.
Judy no era de dar mamporros. Ella nunca había sido partidaria de los puñetazos. Pero en la hirviente cólera que la consumía, sintió que su mano se cerraba en un puño duro como una piedra y lo lanzó con todo el poder de su cuerpo contra Jenkins, golpeando al topo de lleno en la mejilla izquierda. Un horrible sonido crujiente, sus anteojos se rompieron en mil pedazos, la cabeza del topo golpeó el pavimento duro... y este perdió el conocimiento.
¡Las puertas de la oficina del médico se abrieron de golpe! El Doctor Muelitas y su enfermera, ambos conejos, estaban sentados en sus escritorios. Se levantaron de un salto de sorpresa cuando vieron a un grupo de personas irrumpiendo en la oficina.
Gari y Ámbar llevaban a Nick, seguidos de cerca por Judy, Stu y Bonnie, Cletus y Gideon Gray, que había visto la conmoción desde la ventana de su panadería y se había precipitado a ayudar.
"Rápido, doctor, ¡mueva su trasero!" gritó Ámbar con somera autoridad. "¡Tengo que estabilizarlo! ¡Ha sido envenenado!"
El médico y la enfermera la miraron sorprendidos.
"Enfermera, tráeme agua salada y un montón de algodón, desinfectante y vendas. Doctor, jeringa y tubos de ensayo. ¡PERO YAAAA!"
Era sorprendente cómo Ámbar, una esbelta y joven aparentemente frágil, galvanizó a todos a la acción inmediata con sus palabras.
"Gari, mi vida, tú te quedas conmigo, necesitaré tu sangre," dijo Ámbar.
Se llevaron a Nick a la clínica en la trastienda. Ámbar había atado su bufanda alrededor de la muñeca del zorro con fuerza para evitar que el veneno se propague. Todos sabían que estaban en una carrera contra el tiempo.
"Rápido, bisturí y recipiente de metal," dijo Ámbar mientras que colocaban a Nick en la camilla. "Gente, yo me encargo. Por favor, esperen afuera. Gari, quédate. Doctor, enfermera, hagan todo lo que yo les diga, ¡y rápido!"
Gideon, Cletus, Bonnie, Stu y Judy se retiraron de la sala. El médico entró con todo el equipamiento necesario y cerró la puerta.
"Voy a ir a buscar... a los niños," dijo Bonnie con voz entrecortada. "De la escuela... tienen que estar aquí..."
Ella corrió rápidamente fuera de la sala de espera hacia la salida.
Cletus, Gideon, Stu y Judy se sentaron en las sillas de la sala de espera. Estaban pasmados. No podían creer lo que acababa de suceder.
Todo había sido tan rápido. Nick había caído, Judy había dejado a Jenkins inconsciente, se llevaron a Nick a la oficina del médico mientras el Alguacil Pastor y sus ayudantes acudieron al lugar para tomar a Jenkins y llevarlo a la estación de policía. Gideon había llegado corriendo por la plaza para ayudar, irrumpieron en la oficina del doctor... y allí estaban.
La gran pregunta era... ¿qué pasaría ahora?
Judy estaba en shock. Ella apenas parpadeó. Esto se sentía tan irreal. Era como una pesadilla horrible. Una terrible pesadilla, la peor que jamás podría imaginar... pero estaba realmente pasándole a ella.
Su compañero... su amigo... su amado Nick... su primer amigo de fuera de su ciudad natal... el primer amigo que había hecho en Zootopia...
"No," susurró ella. "No, esto no está sucediendo..."
Cuando ella había sido menospreciada por todo el mundo... cuando ella había sido abandonada por todos, casi renunciando a su sueño... él se había enfrentado de lleno al jefe... le había tapado la boca al búfalo malacara... ella aun escuchaba el eco de sus palabras…
"No."
"¿Qué dijiste, zorro?"
"Oh, perdón, lo que dije fue: ¡NO! No le devolverá la placa."
Nick era el único que había sido capaz de hacerle callar a Bogo...
Su cómplice... su compañero...
Nicholas Wilde fue la primera persona fuera de su familia a quien Judy había amado. Un amor profundo, un amor eterno y puro, capaz de cualquier cosa.
No podía perderlo. Ella simplemente no podía perder a Nick.
Los minutos parecían horas. Stu miró por la ventana y vio a Bonnie corriendo por la plaza con los niños. Todos parecían asustados y desesperados.
Entonces, de repente, la puerta de la clínica se abrió de golpe y Ámbar apareció. Sus gafas estaban ligeramente mal puestas, sus ojos estaban en llamas y se veía feroz.
"¡Tú, panadero!" dijo Ámbar con autoridad. "¡Ven aquí!"
Stu, Cletus y Judy miraron a Gideon, que se puso de pie de inmediato, sin saber qué esperar. Entró en la habitación, preguntándose qué estaba pasando.
Ámbar cerró la puerta y se dirigió de nuevo al lado de Nick, que estaba en la camilla. Estaba muy pálido y temblaba. Tenía los ojos cerrados. Había una pequeña tina de metal llena de sangre sobre una pileta no lejos y Gari estaba sentado en una silla junto a Nick, sin camisa y con un aspecto muy preocupado. El médico y la enfermera estaban de pie a un lado.
"Está estable, pero que ha perdido mucha sangre," dijo Ámbar. "Tú tienes más que suficiente para un tipo esbelto como él. Siéntate en a esa camilla de al lado y sube la manga. Vamos a necesitar una transfusión."
Gideon parecía un poco mareado cuando escuchó la palabra "transfusión", pero se armó de valor e hizo lo que le ordenó Ámbar.
"Estoy listo," dijo Gideon cuando se sentó en la camilla y se subió la manga.
"Okey," dijo Ámbar, frotando desinfectante en el brazo de Gideon y calibrando el equipo de transfusión. "Aquí vamos."
El reloj rompía el denso silencio de la sala de espera. Todo el mundo estaba sentado, sin hablar. Era casi como una reunión de fantasmas.
Todos los niños estaban allí. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Se abrazaron entre sí y a los adultos, sin poder creer lo que estaba ocurriendo.
Isabela se secó las lágrimas con la manga mientras se sentaba en el regazo de su madre. Miró a Bonnie con los ojos grandes y húmedos.
"¿Va a estar bien, mamá?" Isabela le preguntó entre lágrimas. "¿El tío Nick va a estar bien?"
"No te preocupes, mi vida," dijo Bonnie, abrazándola con fuerza. "Tu tía Ámbar le curará. Él va a estar muy bien."
Magda abrazó a su hermana Penny con fuerza.
"Por favor... salva a tío Nick, tía Ámbar," dijo Magda en voz baja. Penny abrazó a su hermana. Sus ojos chorreaban con lágrimas. Ella trató de ser fuerte, como su querida tía Ámbar, pero no pudo contener las lágrimas.
Bianca estalló en sollozos en el regazo de Judy. Judy la abrazó con fuerza, besando la cabeza de su hermana pequeña y manteniéndola cerca.
"Él va a estar bien, Bianca," dijo Judy. "Tu tío Nick va a estar bien..."
"Por favor... no te mueras… tío Nick," sollozó Bianca. "Por favor... no lo dejes morir..."
"Él no va a morir, cariño," dijo Judy con dificultad, luchando contra sus propios sollozos.
"Por favor... no mueras... tío Nick ... te quiero tanto... no te mueras…"
"No se va a morir, cielo," sollozó Judy mientras abrazaba a su hermanita. "No se va a morir... no se va a morir..."
Cletus lloriqueaba como un bebé en la esquina. Stu hizo todo lo posible para consolarlo, pero él estaba desconsolado.
"Yo... lo he juzgado mal..."
"Está bien, Cletus," dijo Stu, con los ojos llorosos al igual que el resto. "Va a estar bien."
"Esto... es mi culpa... él… me salvó… del dardo… oh, cielo santo, ¿por qué tuve que menospreciarle?"
"No, Cletus," dijo Stu. "No fue tu culpa, nada de esto..."
El reloj seguía marcando los minutos. La incertidumbre estaba carcomiendo sus almas. Sabían que Nick podría estar yaciendo allí sin vida. Pero ellos no lo quieren creer. Él no podía estar muerto. Su risa alegre, su cara sonriente, sus travesuras... todas esas cosas tan alegres que él hacía desfilaron ante los ojos de los Hopps. Era demasiado doloroso pensar que podría estar sin vida. Que Nicholas Wilde... se había ido.
Ellos no quieren creerlo.
Pero podría ser cierto.
Por fin, la puerta se abrió. Ámbar se puso en el umbral con una mirada agotada pero triunfante.
"Bueno, pueden entrar a verlo ahora," dijo. "Pero sólo por un rato, que todavía está débil. Los niños primero, y Judy. Vengan, chicos."
Los niños más pequeños entraron en la habitación lentamente, tomados de las manos. Judy entró con Bianca en sus brazos.
Y en una cama de hospital, al lado de la camilla de operaciones… allí estaba él.
"¡Tío Nick!" gritaron los pequeños conejitos y corrieron a su lado.
Nick sonrió débilmente.
"Ey chicos," dijo. "Súper Zorro está aquí."
Los niños subieron a la cama y abrazaron a su tío Nick, sollozando en su manta. Judy llevó a Bianca al lado de Nick y la bajó junto a él. Bianca abrazó llorando la cara de Nick. Nick la abrazó, acariciándole la cabecita con su mano tibia.
"No te preocupes, pequeña aviadora," dijo Nick. "Me arreglaron muy bien y voy a volar de nuevo en poco tiempo."
Judy estaba junto a la cama de Nick, con los labios temblorosos. Nick la miró.
"Ey, Zanahorias," dijo, haciendo todo lo posible para darle su sonrisa característica. "¿Me he perdido mi telenovela?"
"¡Oh, Nick!" Judy gritó, estallando en lágrimas, y lo abrazó con fuerza. "Si te hubiera perdido... no sé... lo que... haría… sin ti…"
Ella no podía hablar más. Lo único que podía hacer era llorar y abrazarlo con fuerza.
"Jeje, no te librarás tan fácilmente de mi, nena. Va a tomar más que eso para detener a este zorro," dijo Nick mientras la acariciaba suavemente en la parte posterior de las orejas, sabiendo que ella amaba la sensación calmante de sus cálidas manos sobre ella.
"Oh, Nick... mi amor... mi vida... mi maravilloso Nick," gimió Judy con la voz temblando de emoción y alivio.
Ella sostuvo sus mejillas y le llenó la cara de besos.
"Te amo... te amo tanto...", susurró mientras lo besaba una y otra vez. "Nick, te amo, no te imaginas cuanto…"
"Ayy, yo sé que sí, mi cielo," dijo Nick, poniendo su brazo alrededor de ella y abrazándola fuerte. "Y me imagino cuanto. Igual que yo a ti. Y tú a mí. Y nosotros el uno al otro. La conejita y el zorrito, un solo corazón."
Judy no pudo evitar reír débilmente escuchando sus palabras lúdicas. De veras estaba bien, era el mismo Nick ocurrente y pícaro de siempre.
Después de un largo abrazo, Judy y los niños Hopps se apartartaron de la cama de Nick. Judy se dio la vuelta hacia Ámbar y Gari, y Gideon, que estaba sentado en una camilla detrás de ellos, un poco somnoliento por la transfusión de sangre.
"No puedo ni siquiera comenzar a hacerles entender lo mucho que les agradecemos," balbuceó Judy. "Salvaron la vida de Nick… mi compañero… nunca podre agradecerles lo suficiente…"
Ámbar respondió abrazándola con fuerza y luego a todos los niños. Gari hizo lo mismo.
Los niños salieron de la sala y entraron Penny, Bonnie, Stu, Cletus y el Alguacil Pastor, que acababa de llegar después de asegurarse de que Jenkins fuera encerrado y resguardado por sus adjuntos.
Penny, Stu y Bonnie abrazaron a Nick con lágrimas en sus mejillas, todos agradecidos de tenerlo de vuelta sano y salvo.
Luego vino Cletus.
"Oficial Wilde. Quiero sinceramente... profundamente… pedirle perdón... para todas las cosas que dije," dijo Cletus tembloroso. "Me salvó la vida... y no puedo agradecerle lo suficiente… es un caballero y un héroe..."
No podía hablar más. El viejo conejo abrazó a Nick y lloriqueó como criatura.
"Ese dardo... iba para mí," dijo Cletus lloriqueando. "Si no me empujaba... y tomaba el dardo por mí..."
"No te pongas lacrimógeno, Cletus," dijo Nick. "Soy policía, es lo que hacemos."
Cletus continuó lloriqueando. Nick se rindió y dio unas palmaditas en la espalda del conejo.
"Ay, tu especie... son tan sentimentales."
Perruchio Pastor estaba junto a la cama de Nick. Se quitó el sombrero y saludó al zorro con reverencia, una sola lágrima cayendo de su ojo.
"Oficial Wilde," dijo Pastor. "En nombre de todo el pueblo, me gustaría darle las gracias profundamente por su valiente acto de sacrificio. Estaba dispuesto a dar su vida para proteger a un ciudadano de nuestro pueblo, y tal valor nunca puede ser recompensado lo suficiente. Usted es un verdadero héroe, Oficial Nicholas Wilde."
Nick le devolvió el saludo, sonriendo cálidamente.
"Servir y proteger," dijo Nick. "Vivo para ello, y moriría para ello."
Penny, Pastor y Cletus salieron de la habitación, aliviados al ver que Nick estaba a salvo. Judy se quedó de pie junto a la cama de Nick, ambos tomados de las manos. Stu y Bonnie se situaron en la cabecera de la cama, felices de ver que el novio de su hija iba a vivir para seguir siendo el mismo travieso y bondadoso zorro que ellos habían llegado a amar como a uno de la familia.
Nick se volvió hacia sus dos amigos de la ciudad, Gari y Ámbar. Estaban de pie en el otro lado de la cama, con aspecto cansado pero feliz.
"Ámbar, Gari, me salvaron," dijo Nick. "No puedo agradecerles lo suficiente. Con sus cerebros combinados, no hay fuerza en la Tierra capaz de igualar su pura genialidad."
Gari y Ámbar se sonrojaron.
"Carambolas," dijeron al unísono, y luego se echaron a reír juntos.
"Yo con mucho gusto marcharía hacia el campo de batalla mi veces por ti, viejo amigo," dijo Gari.
"Para eso son los amigos, Nick, para ayudarnos y apoyarnos," dijo Ámbar.
"Hmm, ¿así que no más 'Oficial Wilde', Ámbar?" Nick preguntó en broma. "¿Por fin decidiste llamarme 'Nick'?"
"Bueno," dijo Ámbar. "Hay ciertas cosas de las que no se vuelve sin convertirse en amigos cercanos. Y creo que esta es una de ellas, Nick."
Todos ellos rieron mientras Ámbar lo abrazó cálidamente.
"Y tú allí, Gideon," dijo Nick. "No seas tímido, sé que derramaste sangre por mí, literalmente."
Gideon, todavía sentado en la camilla detrás de Gari y Ámbar, solo rió con timidez.
"Bueno, usted habría hecho lo mismo por mí, Oficial Wilde."
"Humilde hasta el último, Señor Gray," dijo Nick sonriente.
Bonnie tenía una pregunta candente, y ahora que las cosas se habían calmado, preguntó.
"¿Cómo fuiste capaz de salvarlo, Ámbar, querida?"
Ámbar tomó una bolsa hermética de plástico del mueble detrás de ella y les mostró el dardo con que el topo había acertado a Nick.
"Nick recibió un disparo con un dardo conteniendo veneno de Crotalus cerastes, más comúnmente conocido como veneno de serpiente de cascabel," dijo Ámbar.
Todo el mundo se estremeció al oír esas dos últimas palabras.
"El olor lo delató," dijo Ámbar. "En la universidad nos entrenan para reconocer los olores de diferentes venenos, y tengo que admitir que ser coyote me da una ventaja natural," añadió, tocando su pequeña nariz linda con su dedo y riendo musicalmente. Su sentido del olfato era extraordinario. "Nick necesitaba antitoxina y rápido. Afortunadamente, tenemos nuestra fuente viva de antídoto aquí mismo..."
Ella puso sus manos sobre los hombros de Gari y besó la parte superior de su cabeza.
"Mi amorcito tan chatito, rechonchito y mimosito," dijo Ámbar con amor.
"Ayy, carambitas," Gari dijo muy contento.
"Las zarigüeyas producen péptidos en sus organismos que neutralizan el veneno de serpiente," dijo Ámbar. "Yo los aislé y los utilicé para neutralizar el veneno que había entrado en la corriente sanguínea de Nick. La mayor parte de la toxina la pude drenar, afortunadamente, antes de que llegara al resto de su cuerpo. Pero él sangró mucho y necesitaba una transfusión inmediatamente. Y ahí es donde Gideon Gray entró en acción, donando una cantidad abundante de sangre para salvar a Nick. Y bien está lo que bien acaba," terminó ella, ajustando sus gafas felizmente.
"De alguna manera, me siento más cercano a ustedes," dijo Nick. "Tengo sangre de Gideon y péptidos anti-veneno de Gari."
"Siempre fuimos hermanos y compinches de pichinchas, Nick," dijo Gari. "Ahora somos hermanos de sangre."
"Ya lo creo. Y creo que ahora sí somos primos, ¿eh, Gid?"
"Oh, Oficial Wilde," dijo Gideon con timidez.
"Ahora vas a empezar a llamarme 'primo', y tan pronto te casas con Bea, será oficial."
A pesar de que él había donado una gran cantidad de sangre, Gideon se las arregló para ruborizarse.
"Ahora, tengo aún más buenas noticias para todos," dijo Ámbar, tomando la bolsa hermética con el dardo mortal. "Terror Firma Incorporada tiene mucho que explicar. La posesión de veneno de serpiente de cascabel sin autorización es muy, muy, muuuuuy ilegal. Esta sustancia está estrictamente controlada y se necesita una larga lista de permisos y autorizaciones para obtener unos cuantos gramos. Y estos payasos no sólo la tenían en su poder, la usaron para fines delictivos, junto con el tetra-acetato de pan-di-amonio, que sintetizaron en un laboratorio clandestino. Por lo tanto, creo que podemos decir con seguridad que tenemos suficiente para llevar a esos sinvergüenzas a la justicia y hacer que la paguen muy caro."
"Tú lo has dicho, Ámbar," dijo Nick. "Y la última pieza del rompecabezas es George Jenkins."
"Y él está sentado en una celda en la estación de policía," dijo Judy, soltando suavemente las manos de Nick y caminando hacia la puerta. "Y estoy a punto de tener una larga conversación con el susodicho."
El Oficial Ladríguez trajo a George Jenkins a la sala de interrogatorios. Lo hizo sentar en una silla en la que había varios libros apilados. Jenkins se sentó en un diccionario mientras Ladríguez lo esposó con seguridad a la mesa, asegurándose de que no pudiera escapar.
Ladríguez salió de la habitación. El Alguacil Perruchio Pastor y Judy entraron, cerrando la puerta detrás de ellos.
"¿Como está él?" Jenkins preguntó, viéndolos con rostro preocupado.
"Está bien... no gracias a ti," escupió Judy con odio.
"Me… me alegro de oír eso," murmuró Jenkins.
Pastor estiró una silla, también con montones de libros, para Judy y ella saltó sobre ella, sentándose en un libro de cocina. Luego Pastor se sentó en otra silla junto a ella, y ambos miraron al topo.
"Vamos al grano, Sr. Jenkins," dijo el Alguacil Pastor. "Sabemos lo que hizo. Todo. La máquina, el pan-di-mani... eh, el producto químico de color naranja que mató los cultivos, y ahora la pistola de dardos lleno de veneno de serpiente. No necesito decirle que sus crímenes son graves y suficientes para encerrarlo en la cárcel por el resto de su vida."
Jenkins no dijo nada.
"También sabemos que usted no está trabajando solo," dijo Pastor. "Su jefe, Preston Reyes, el presidente de su empresa, también está implicado. Así que lo que necesitamos en este momento es que usted tome una respiración profunda y nos diga, desde el principio, todo lo que necesitamos saber. No omita nada, tómese su tiempo, y sólo díganos todo."
Jenkins se quedó en silencio. Comenzó a temblar.
"¡Empiece a hablar!" Judy lanzó. "¡Usted arruinó nuestros cultivos, puso en peligro a mi ciudad natal, y casi mató a mi compañero!"
Jenkins cerró los ojos.
"Esto termina aquí y ahora," dijo Judy, poniéndose de pie en el libro de cocina, con sus manos sobre la mesa. "Comience a hablar, o por todos lo cielos, te juro que voy a romper ese diccionario en tu cabecita de..."
Se detuvo a media frase, sin embargo, cuando Jenkins rompió a llorar. El topo estalló, llorando en voz alta como alguien que acababa de perder la cabeza.
Judy se encogió. Ella no había tenido intención de hacerlo llorar. Sólo sacudirlo un poco...
"Em, Señor Jenkins..." comenzó Judy.
Pero ella no dijo nada más. Jenkins comenzó a decir algo, tembloroso por el llanto.
"Él va a matar... va a matarlos..."
"¿Quién?" Pastor le preguntó con tacto. "¿Quién va a matar a quién, Señor Jenkins?"
"Reyes... va a matar... a…"
Judy y Pastor esperaron, y las siguientes palabras que Jenkins habló hicieron que todo quedara claro para ellos.
"...mi familia."
